TITULO: EL DEMONIO EN FALDA ESCOCESA
TITULO ORIGINAL: DEVIL IN A KILT
AUTORA ORIGINAL HISTORIA: SUE ELLEN WELLLFONDER
AUTOR ORIGINAL PERSONAJES: KISHIMOTO-SENSEI
CONTEXTO : Escocia, 1325
PROTAGONISTAS: Itachi Uchiha y Sakura Haruno
SIN FINES DE LUCRO
CAPITULO CUATRO
- ¿Has visto su pelo?- Itachi se reclinó en su banco cubierto por el mantel de la mesa presidencial y sus ojos resplandecieron afiladamente en Sir Kisame.
Para su irritación, el Sassunach lo ignoró, o no oyó, su pregunta. En lugar de eso, su más robusto caballero se mostró completamente absorto mirando al arisco y anciano senescal de Eilean Creag, Kakashi, mandando sobre su compañía de criados cuando ellos se encasillaron a través del abarrotado vestíbulo.
Cada uno llevaba en el hombro una gran bandeja de algún tipo de ave de caza elaboradamente adornada o una gran pierna de carne asada, todo preparado con especial cuidado para los festejos de la boda.
Perturbado, Itachi pasó a través del asiento llamativamente vacío a su izquierda y le dio a su amigo un repentino golpe en las costillas. Alzando la voz por encima del jaleo, lo intento de nuevo.
- Digo, ¿has visto su pelo?
- ¿Liebres? - Kisame se vengó de él con la mayor inocencia posible considerando su deformidad. - Es cierto que Kakashi habrá encargado un número considerable. Si tenemos suerte, quizás las haya preparado con su salsa especial de cebolla y azafrán.
-Es su pelo de lo que hablo, ignorante embaucador - Itachi bramó imparcialmente, no importándole si todos en la mesa le escuchaban. - Te daré una explicación, Hoshigaki. Ahora, antes de que su señoría escoja unirse a nosotros.
-¿Explicación? - La ceja de Kisame se elevó con un guiño.
-Deja de repetir mis palabras como un tonto de capirote o te haré reemplazar al bufón que Kakashi dio trabajo para entretenernos esta tarde.
Kisame agachó su frente inmediatamente.
- ¿Qué es lo que te molesta, amigo?
-Es francamente la frase que dijiste - que ella era, tan poco atractiva como el trasero de una cito, su furia siendo severamente engañosa probando su temperamento.
-¿Negarías tú esas palabras?
-No, - Kisame declaró con gran calma, ofreciendo su copa hacia un joven escudero el cual prontamente la relleno con vino especiado. - Y es cierto que es lo que vi el día que visité Dundonnell. Ella estaba en el muro exterior del castillo, enseñando a un pequeño muchacho como blandir su espada de madera cuando llegué. La lluvia había convertido la tierra en un mar de barro. Ambos, ella y el muchacho estaban cubiertos con eso, pero ella no parecía prestarle atención. Tuve la impresión que los gritos de risa del niño tenían más importancia para ella que un poco de barro en su túnica.
Itachi se tragó las enojadas palabras que quiso arrojar a su amigo. El ecuánime ingles era el único hombre vivo que lograba hacerle sentir culpable, incluso cuando tenía razón.
Como ahora.
Así que él, quien la había escogido, había echo el papel de tonto. Él cuyo mundo se inclinaba a los lados con la simple visión de su pelo trenzado este amanecer.
Una esposa con unas gloriosas trenzas significaba problemas, a pesar de los caballerosos intentos de Kisame de pintarla con gran servilismo como una media santa, empalagosa con los niños e ignorante del efecto que su pelo tendría sobre cualquier hombre mortal menor de ochenta y quizás de unos cuantos más.
Pero en vez de hacerse pasar vergüenza adicionalmente por los comentarios del bonito discurso de Kisame, indudablemente diseñado para enfatizar la bondad de carácter de su nueva novia, él apretó sus labios con una mueca disgustada. Él se contentaría con darle al caballero Sassunach otra fría y dura mirada.
- Si recuerdo, que tú me cuestionaste acerca de como ella apareció ese día, y te dije la verdad, - continuó Kisame, obviamente deleitándose con el desagrado de Itachi. - Si me hubieras interrogado si pensaba que ella se limpiaría adecuadamente, mi respuesta habría sido muy diferente.
Eso lo consiguió. Itachi apretó fuertemente con sus dedos alrededor de los apoyabrazos de su silla. Si cualquier otro se hubiese atrevido a burlarse entonces, él habría empuñado la afilada espada apoyada sobre la mesa y cortado la lengua del ofensor.
Mejor aún, usaría una espada desafilada.
-¿Por quien tomaras partido ahora, ingles? - finalmente preguntó, sus manos permaneciendo quietas agarrando la silla como si tratara de romper los robustos reposabrazos de roble en dos.
-Por ti, milord, - Kisame contesto valerosamente, levantando su cáliz en un brindis silencioso. - Como siempre, tú bienestar es mi más fijo deseo.
Itachi cogió su vaso, un intrincado cáliz de plata esculpido con un dragón de mar y con incrustaciones de piedras preciosas, y tomo un largo trago de hippocras , una mezcla intoxicante de vino tinto y especias que Cook había preparado especialmente para el banquete de bodas.
Después de que una considerable cantidad fluyese por sus labios, dejó de golpe el cáliz en la mesa. El festín especialmente preparado sabía tan amargo como su humor, una delicada combinación de sabores se desaprovechaba en él.
Ensuciados por su descontento.
-¿Esta algo mal? - preguntó Kisame, su fina frente arqueándose hacia arriba.
-No, - contestó bruscamente Itachi, reacio a expresar que todo estaba mal, pero incapaz de señalar exactamente lo que le molestaba mayormente.
Todo le molestaba.
- Pareces... angustiado, - comento Kisame. - Toma, bebe algo más de hippocras.
Itachi sujeto su cáliz mientras Kisame, siempre galante, lo rellenaba con una generosa dosis de vino condimentado. Pero a Itachi no le importaba absolutamente nada beber y aun menos durante los festejos.
La verdad sea dicha, él solo deseaba escapar de los confines del decorado y festivo comedor y retirarse a una tranquila esquina del castillo.
Solo.
Sin su nueva novia.
Sin sus cuidados.
Y sin la jauría de miembros idiotas de su clan y su absurda charla.
Una rápida mirada alrededor de la mesa presidencial le dijo que nadie más compartía su desagrado. Todos los presentes, desde los amigos en los que más confiaba y parientes hasta el más bajo de sus criados, todos sonreían como estupidos siervos de la gleba.
Bufones hasta el último de ellos.
Insensatos tontos bromeando entre ellos acerca de la prolongada ausencia de la novia. Los más atrevidos, ya profundamente borrachos, ruidosamente proclamaban que ella no tendría duda de las historias contadas sobre la legendaria pericia del MacUchiha en la cama y se habría encerrado en su alcoba, acobardada con miedo, todavía esperando en secreto ser raptada.
¡Como si él desease a la chica! Él no quería hacer nada con ella.
Con trenzas sedosas y llameantes o no.
¿Y que le importaba a él, donde estaba ella de todos modos?
Por los mártires benditos, ¿en que momento tomaría su lugar a su lado? Pero, no, ella perdía tiempo otra vez, dejándole como un tonto del mismo modo que lo hizo esa mañana mientras había estado esperando sus pasos en la capilla.
Con su desagrado acumulándose, Itachi recorrió con la mirada la cámara en neblinas por el humo. Forzando su vista, trató de ver momentáneamente su pelo cobrizo, esperando verla apresurándose hacia la mesa presidencial, mostrándose consecuentemente contrita por su tardanza.
Pero a ella no se la veía en ninguna parte.
¿Y donde estaba su primer escudero?
Fuera observando a la luz de la luna a la nueva dama del castillo, sin duda. Itachi frunció el ceño. Si no fuera por su orgullo, estaría tentado de acudir allí y estropear su estratagema.
No se rebajaría a hacerlo, sin embargo. Un jefe de clan tenía una cierta dignidad que mantener.
No, el trataría con su novia a su tiempo, y en privado. Por lo que respecta a Naruto, el joven era demasiado sensible para su bien. ¡Si él se había permitido ser engañado para ayudar a su esposa a escapar de Dundonnell, ¡entonces él haría al muchacho restregar el pozo negro hasta que brillase como el culo de un niño!
¡Y quizás el tendría la ayuda de su nueva esposa!
Por primera vez en todo el día, Itachi sonrió.
Si él realmente quería mejorar su humor, ordenaría a Kisame que les ayudara. Bien que servía el patán para fingir ser un tonto.
Si, él tendría unas palabras con todos ellos - después. Por ahora, él no tenía mucho donde escoger, solo sufrir los festejos del día y así podría retirarse al santuario de su recámara.
Y la desgracia sea para cualquier tonto infeliz que intentase tratar de detenerle.
-Tienes una expresión más oscura que la armadura negra que más te es extraño que la dama hay preferido más bien demorarse en estar a tu lado -Kisame le dio un fuerte golpe en su hombro. - Ven, brindemos por un futuro feliz para ti y tu novia.
— ¿Un futuro feliz?— Itachi entrecerró los ojos en su amigo. Los severos golpes en la cabeza que Kisame recibió una vez tuvieron que desconcertar sus sentidos. - Tú sabes mejor que nadie porque me case con ella, así que desiste de tus bromas de idiota. Nada me interesa compartir un futuro con ella, te complazca o no.
Itachi hizo una pausa para inspirar, y en el momento en que abrió su boca para reprocharle a su amigo por esos sentimientos ridículos, todos los presentes dejaron escapar un suspiro colectivo.
Entonces el vestíbulo se aquieto.
Excepto por un simplón temerario que gritó.
- ¡Estupendo el fantasma de Caesar!
Esa era ella.
Tenía que ser ella.
Incluso aunque el humo de la hoguera le hacía muy difícil ver justamente más allá de la mesa principal, él lo sabía.
Y a juzgar por lo boquiabiertos que estaban los miembros de su clan el podía ver, que ella había hecho algo desagradable.
O audaz.
¿Pero qué?
¿Ella había rodado entre los cerdos, ensuciando la fina túnica que había provisto para ella? ¿O se había cortado sus gloriosas trenzas, pensando en fastidiarle y hacerle pasar vergüenza acudiendo al banquete de bodas rasurada como un viejo calvo?
Si es así, ella se sorprendería, pues él estaría encantado... ella le habría ahorrado el problema de afeitarla por sí mismo. Los santos sabían que él sentía una gran tentación por hacer eso.
— ¡Eso es! Había traído al muchacho con ella. —
Claras, repentinas, y yendo directamente a su corazón como una flecha bien dirigida, rápidamente las murmuraciones atravesaron la bruma de sus frustraciones.
Itachi se congeló.
No importó nada quien pronunció las palabras. Él nunca lo sabría y no le importó.
Era el significado detrás de ellas lo que le dejó frío.
No se dio cuenta de que había aflojado su cáliz hasta que este topó con la mesa con un seco ruido sordo, su contenido chorreando en el mantel de un profundo rojo como sangre derramada.
Dejando caer su vino pareció quebrarse el hechizo del innatural silencio, también, por un momento él miró el mantel arruinado, el salón entero se convirtió en un pandemonium.
Una cacofonía de voces.
Puro caos.
Y a través de todo eso Itachi oyó solo una palabra: Sasuke.
La muchacha había hecho lo que ningún miembro de su clan se había atrevido.
Ella había traído al muchacho ante él, en su salón, y escogiendo un momento cuando él no podría hacer nada por ello. No con el sacerdote sentado a su derecha y sus hombres observando cada movimiento suyo.
No era ningún secreto lo que pensaban de su comportamiento hacia el niño, escasamente poco les importaba que su corazón hubiera sido retorcido en su pecho y pisoteado, reducido a polvo en la suciedad.
La sangre de Itachi fluyó ardiente y helada mientras él exploraba las sombras, esforzándose en ver momentáneamente a su novia y al muchacho que una vez pensó su hijo.
El temor le llenó cuando anticipó el momento en que su fija mirada caería sobre ellos. Pero profundamente, la anticipación hacia que su corazón bombeara incluso más rápido mientras la cólera de su propia debilidad frunció su frente en una mueca aguda de disgusto.
Su nueva esposa debería sentirse agradecida por su sexo. Si fuera un hombre, él la desollaría lentamente por tal flagrante desatención de sus ordenes. Ni un alma bajo su techo intentaría tal afrenta.
Sintió a Kisame coger su brazo y hablarle, pero no podía entender sus palabras. Su cabeza martilleaba, y la sangre precipitándose a través de sus venas transformó todo sonido en un zumbido ininteligible.
Todo excepto la palabra que le causaba
tanto dolor y cortaba directamente a través de sus defensas como si fueran absolutamente nada excepto mantequilla.
Sasuke, Sasuke, Sasuke... el nombre hizo eco a través del cavernoso salón, repercutiendo en las paredes de piedra, reverberando en sus oídos hasta que temió que su cabeza explotaría en pedazos.
Si solo pudiese ver mejor, pero el humo del fuego de la chimenea y las antorchas de la pared llenaban la cámara abovedada, nublando su vista, haciéndole difícil divisarlos.
No que él quisiese.
No obstante, que Dios le perdonase, su mirada traicionera registró la oscuridad. Habían pasado cerca de dos años desde que se había encargado del niño, y verdaderamente le hubiera visto.
Librándose del agarre de hierro de Kisame, Itachi empujó hacia atrás la mesa y permaneció de pie. Se apoyó para protegerse, plantando sus manos firmemente sobre la mesa para abstenerse de sentarse de nuevo en su silla... una humillante posibilidad considerando el modo que sus rodillas amenazaban con doblársele.
Con el último acopio de su fuerza de voluntad, obligó a sus piernas a dejar de estremecerse mientras escrudiñaba el abarrotado salón.
Luego, de pronto, la lóbrega apariencia pareció despejarse, y localizó a su esposa casi inmediatamente. Su pelo suelto, resplandeciendo más deslumbrante que la llama más brillante, la delató. Su primer escudero permanecía de pie a su lado, y él, también, se asemejaba a una llama, pero su cara era lo que resplandecía, no su pelo.
Si, Naruto conocía al dedillo a su señor y este podría estar poderosamente disgustado.
Y su arrepentimiento estaba adecuadamente justificado. Pero el castigo de Naruto sería repartido más tarde. Por el momento, no le importaba nada de su escudero y menos aún su nueva señora y esposa.
Su completa atención se enfocaba en el pequeño niño que ella llevaba de la mano.
Más alto y robusto que el niño regordete que Itachi hacía rebotar en su rodilla, Sasuke se había convertido en un buen mozo. Alguien había colocado un tartan del tamaño del niño con los colores
MacUchiha verde y azules sobre su hombro izquierdo, plegándolo en el lugar apropiado bajo un finamente labrado y obviamente nuevo cinturón de cuero.
Un cinturón que él debería haber dado forma.
Itachi parpadeó hacia atrás la picante sensación en sus ojos cuando clavó sus ojos en el cinturón bellamente elaborado. Lo último que él había hecho para Sasuke había sido una espada de juguete que había tallado en madera para el cuarto cumpleaños del muchacho.
Todavía podía recordar la mirada de admiración en la cara de Sasuke cuando se la había dado.
Parecía como si hubieran pasado cien años desde entonces.
Sin previo aviso, una palpitación de última hora comenzó detrás del cuello de Itachi después se propagó más abajo para aferrar su pico en una llave estranguladora tan considerable que exprimió la respiración fuera de sus pulmones.
Entre más tiempo se quedaba mirando en el niño, más dolorosa se convertía la tirantez, pero él no podía apartar su mirada.
A los seis años, Sasuke parecía de todos modos una versión en miniatura de un valiente guerrero MacUchiha. No se podía negar que la sangre del clan corría fuerte y orgullosa a través de sus venas. Incluso a través del vestíbulo, se podía ver francamente que el muchacho tenía un parecido bien definido a Itachi.
No, el se parecía exactamente a Itachi.
Y como de orgulloso se había sentido él una vez del parecido innegable.
El dolor en el estomago de Itachi se intensifico, doliéndole como si ferozmente alguien hubiera clavado un cuchillo a la fuerza en sus tripas y lo hubiese retorcido, cruelmente incrementando la tortura, aprovechándose de un hombre ya acosado por sus rodillas.
Un profundo gemido fluyó en su garganta, y lo disfrazó como una tos. Todo habría sido tan simple si Kenneth MacUchiha, su odiado hermanastro y el amante de su primera esposa, no pudiese ser tomado por su gemelo.
Ciertamente, el destino no había mostrado misericordia al robar todo lo que alguna vez había amado. Él y su enemigo deberían actuar por el bien del niño antes que el suyo como los más sabios hombres, así no habría uno entre ellos que pudiese decir que la semilla que engendró a Sasuke había fluido de él o de las ijadas de Kenneth.
Y la duda le mataba.
Le había matado, pues seguramente su vida no había valido la pena vivirla desde el día que se había enterado de la traición de Izumi.
Pero podía ser que el final de su sufrimiento estuviese al alcance de su mano. Altas esperanzas tenía en que Sakura MacHaruno -no, MacUchiha - pondría fin a sus días, y sus noches, de desesperación.
Cuando clavó los ojos en el niño, un gran desanimo le sobrellevó deprimiéndole. Un pesado, aplastante peso, apartó aun lado todo lo demás, dejando solo una desesperada necesidad para descender a su silla.
Por los crucifijos, no podría aguantar su postura y observar su aproximación.
Era demasiado.
Con gran esfuerzo, se hundió en el respaldo, dejando escapar su respiración en un profundo suspiro en el momento en que reclinó su espalda contra los cojines de su asiento señorial cubierto por el mantel.
Siempre caballeroso, Kisame vertió una dosis generosa de vino que él gustosamente aceptó, agradecidamente apretando sus dedos alrededor del pesado cáliz de plata.
Agarrar firmemente el vaso le proporciono una buena forma de esconder el estremecimiento de sus manos mientras esperaba. Él solo esperaba, una vez que su esposa se abrió paso trabajosamente por el salón y tomó su lugar a su lado, que ella finalmente le proporcionaría la respuesta que sólo ella le podría dar.
Y por el poder del Santo Crucifijo, rezaba para que le gustara lo que ella tenía que decirle.
¡Su nuevo esposo estaba borracho!
O eso o es que la pura furia enojada tergiversaba sus rasgos y vidriaba sus ojos azul oscuro, convirtiéndolos en oscuras piscinas que se quedaron con la mirada fija a través de ella en vez de en ella.
Sakura se deslizó tan lejos de Itachi MacUchiha como se atrevió considerando las circunstancias estimadas ella ocupó el asiento de honor, un duplicado más pequeño de su asiento cubierto por el mantel, y también la parte de un plato trinchero con él.
Esforzándose en esconder su nerviosismo, ella le miró fijamente bajo sus pestañas bajadas, vigilándole mientras él sostenía apretadamente su cáliz con una mano y agarraba el borde de la mesa con la otra. La blancura de sus nudillos y el rígido gesto de su mandíbula la hicieron creer que era la ira y no una indulgencia excesiva con el licor lo que le afligía.
Ella tragó saliva pero conservó su espalda recta.
Ella nunca habría pensado que él estaría tan contrariado, tan distante y frío.
Él apenas la había reconocido cuando hubo tomado su lugar a su lado. Su saludo para Sasuke había sido aún más escaso. Unas pocas palabras, una inclinación brusca de cabeza, y luego les había ignorado. Él se comportaba como si estuviese a muchas millas de distancia y no tan cercano que ella podía oler las distintas esencias masculinas con cada respiración que tomaba.
Sakura echó otro vistazo a su perfil inflexible. Él se quedó con la mirada fija al frente, a propósito evitándole sus ojos... y los de ese niño que ella había colocado sobre su regazo.
Él no se molesto en ocultar su desagrado, dejando su maldición librada a rienda suelta para pasar a través de él. Esta era visible para todos y muchos para verla.
La cólera de ella hirvió a fuego lento profundamente dentro por su comportamiento despectivo. Ella deslizó una mirada de reojo en él, viendo la expresión sombría en su cara y sintiendo su furia por su atrevimiento con él, al llevar a su hijo ante él.
- ¿Lady? - una voz expectante interrumpió sus pensamientos, y ella se giró, extendiendo sus manos hacia un joven escudero que portaba un aguamanil, palangana y toallas. - ¿Puedo? - él preguntó, respetuosamente inclinado su cabeza hacia delante al verter el agua perfumada sobre sus manos.
Agradecida por la distracción, Sakura dio las gracias al escudero, luego ayudó a Sasuke a lavarse también sus manos. Por su bien, ella trató de ignorar la tensión que emanaba de su marido, pero hacerlo era duro.
A pesar de sí misma, el corazón de Sakura golpeó furiosamente ante la visión del poderoso Laird MacUchiha.
Si la presencia de su hijo no le afectaba es que no sentía verdadero amor por el niño.
Este hombre necesitaba que le enseñaran una importante lección. Si solo ella podía abrirle sus ojos y corazón, entonces le haría entender pronto y admitir que él tenía que cuidar al muchacho ya fuese o no que su verdadera sangre corriese en las venas de Sasuke.
Solo entonces ella le diría la verdad.
Un pequeño tirón de su manga atrajo su atención.
- ¿Debería marcharme, señora?-os ojos de Sasuke estaban redondeados, llenos de la vulnerabilidad de un niño no deseado. - Se supone que no debería acercarme a la mesa principal.
-Que disparate, - discrepó Sakura. - Algún día tú serás el Laird. Todos los jefes, presentes o futuros, deben sentarse a la mesa principal. Sakura dirigió una rápida mirada a su marido. - ¿Es así o no?
Su mandíbula se crispó, y él se tomo su tiempo para contestar, pero finalmente a regañadientes admitió.
- Sí, es el modo acostumbrado.
Sentándose más recta, Sakura alisó el pelo de Sasuke y dijo.
- Es correcto, hijo, tú lugar es aquí así como también es el mío.
- Hijo dices tú, - Itachi se apoyó a su lado y murmuró en su oído. - ¿Y lo es, te pregunto?
Empezando a enfrentarse a él, su respiración se atascó en su garganta, tan intensa fue su fija mirada.
- Yo aun no puedo verlo, milord, - ella mintió, otra vez rogándoles a los buenos santos que la guiaran. - Quizás si los viera más juntos podría decírselo.
Ella no lo habría estimado posible, pero la expresión en su cara se hizo más oscura.
- ¿Quizás si tu afilases tú don algo mas no sería necesario?
- Y si vos, milord, mirase dentro de su corazón, entonces un don como el mío no sería necesario,- murmuró alejándose, no importándole si acrecentaba su ira aún más. - Pero por otra parte, dijeron que no poseía uno.
Al otro lado de ella, Sakura oyó al Sassunach ofrecer a Sasuke barquillos azucarados. Ansiosa por evitar más enfrentamientos, ella le dio la espalda a su esposo feudal no fuera que se pusiera tan irritado que alzase la voz, lastimando al niño con sus crueles palabras.
Aun incluso con la vista lejos de él, ella se sentía envuelta por su oscura presencia.
Sakura tembló. Quizá era mejor fortuna que el insulto de que él no la quería por una verdadera esposa. Ella más bien permanecería virgen el resto de sus días antes de acostarse con un hombre tan despiadado como Itachi MacUchiha.
Contemplando al niño en su regazo, oró por sabiduría. A menudo había oído que nadie recibía cargas mas pesadas de las que podía llevar, pero ella dudaba poderosamente de su habilidad para cargar sobre sus hombros esta nueva que se había impuesto a sí misma.
Sus instintos le decía que ambos, padre e hijo la necesitaban, ambos marido e hijastro sufrían gran dolor.
¿Pero podría ayudarles sin lastimarles excesivamente?
¿Se lastimaría ella en tratar de hacer eso?
¿Era esta verdaderamente la razón por la que ella había sido enviada aquí... o estaba meramente entrometiéndose donde no debería interferir?
Sasuke cambio de posición en su regazo y el blando, calido peso de él ablando su corazón y fortaleció su determinación. Recorriéndole con la mirada, vio que se sentaba firmemente, inocentemente imitando a su padre, mirando a izquierda y derecha, sus manos apretadas en puños en su regazo.
Él miró fijamente haciendo muecas la leche de cabra que un criado había colocado ante él, su cara, tan parecida a la de su padre, ahora pálida y tensa. Él obviamente luchaba tan diligentemente para ignorar a su progenitor como él a su vez luchaba para ignorar a su hijo.
Era antinatural para un muchacho estar tan nervioso, pero ¿como podría no ser tímido y asustadizo con un padre que le había estado evitando?
Y era igualmente antinatural para un padre evitar a su hijo.
Cariñosamente, Sakura frotó el hombro de Sasuke, esperando reconfortarle, extraordinariamente contenta cuando él no se apartó, sino que se apoyó en su mano como si diese la bienvenida a su toque.
Su aceptación hacia ella le dio una satisfacción que nunca había conocido, hincho su corazón con un amor para el niño que ahora podía llamar suyo.
Si su marido respondiera tan voluntariamente a sus avances, quizás tuviese una mediana oportunidad para atraerlos conjuntamente. Las ocasionales miradas furtivas que él dirigía hacia su hijo le dieron esperanzas.
Pero la apariencia inquebrantable de su perfil no dejaba dudas en lo que se refería a la enormidad de su tarea. Incluso, aún si él la dejara de lado como mujer, negándole que el niño fuera de su carne, ella le estaría por siempre agradecida por que le dio a su hijo para amarlo.
Con una mano amorosa, alisó el pelo de Sasuke sobre su frente. En su honor, ella dio la palabra de llevar calor y amor a su vida. Por tanto tiempo como podía recordar, ella había tratado de creer que todas las cosas ocurrían por una razón.
Una buena razón.
A menudo era difícil de ver al principio, pero ella comprobó que si uno tenía paciencia, el tiempo usualmente revelaba la respuesta. El hijo de Itachi MacUchiha la necesitaba, y si los santos habían escogido enviarla para ayudarle, ella humildemente aceptaría el reto.
Una pequeña voz profundamente dentro de ella le decía que el le necesitaba, también. Ella no lo dudaba tampoco.
Con un solo dedo, tocó el exquisito cinturón que rodeaba las pequeñas caderas del muchacho.
- Es un lindo cinturón el que llevas puesto, Sasuke, - dijo ella, esperando aliviar su timidez. - Yo pienso que nunca he visto uno tan bueno.
Ella fue recompensada por una tímida sonrisa que se desvaneció excesivamente rápida.
- Kakashi lo hizo para mí, - le dijo.
-Y, ¿quién es Kakashi?
-El es el senescal de papa, - Sasuke canalizó en respuesta. - El me dio mi tartan, también.
- ¿Lo hizo él entonces? - dijo Sakura, no perdiéndose la forma en que su marido escogió el momento para despejar ruidosamente su garganta como para ahogar completamente las palabras del niño. - Y es un elegante tartan. ¿Sabes lo que quieren decir los colores?
Sasuke inclinó la cabeza solemnemente, luego comenzó a recitar,.
- El verde es por el bosque y los campos, el azul por el cielo y el mar, atravesado con blanco por... por... - él tropezó con las palabras, mirándola con preocupados ojos profundamente azules tan parecidos a los de su padre que el corazón de Sakura se encogió.
Mordiéndose su labio inferior, el muchacho luchaba por recordar la línea del verso.
Su marido extrajo una profunda, audible respiración, entonces proveyó, - Blanco por la pureza, rojo por la sangre y audaces guerreros...
- ... y todo significa libertad, justicia, honor y coraje, - terminó Sasuke, su pequeño pecho parecía hincharse orgullosamente con cada palabra. Luego, él hecho una mirada de adoración pura al héroe de su padre.
Pero aunque él había ayudado al niño a recordar las palabras, Sakura había percibido más bien que sentido a Itachi MacUchiha endurecerse a su lado con cada línea del verso que su hijo tan valientemente había recitado.
- Y después de este recital tan excelente, yo pienso que es hora de que subas hacia tu cama, - dijo Kisame, empujando hacia atrás la mesa. Con una afilada mirada a Itachi, él cogió a Sasuke en sus brazos. - Un futuro laird necesita dormir si quiere tener lo suficientemente anchos sus hombros para su futura posición, ¿no crees?
Itachi inclinó rígidamente la cabeza pero no dijo nada. Solo cuando el Sassunach y Sasuke estaban a unos buenos diez pasos de distancia, exclamó hacia ellos.
- Fue bueno oírte recitar el significado de nuestros colores, muchacho.
Aunque una clara ocurrencia tardía, las palabras alentaron a Sakura. Era un comienzo. La mirada fija de Sasuke se aferraba a su padre mientras Kisame le llevaba fuera. La escena hizo que el corazón de Sakura se encogiera.
Antes de que él llevase a Sasuke escaleras arriba, Kisame se volvió.
- Oye, Itachi, no dejes que Kakashi vaya a buscar la piedra matrimonial hasta que regrese.
- Maldición, cogeré la tonta piedra y tendré que esconderme de Kakashi si él la trae. - se quejó su marido aun cuando en el salón brotaba un clamor amistoso, todos los presentes pidiendo la piedra.
Ceñudamente, Itachi se puso de pie.
- Cesen de gritar como bobos, - rugió él por encima del estrépito. - No habrá ceremonia de la piedra del matrimonio.
- ¿La ceremonia de la piedra del matrimonio? - Sakura preguntó cuando él se volvió a sentar.
En vez de responderla, él apretó sus labios en una fina línea, su entera conducta tensándose.
-¿Qué te aflige, Itachi? ¡Nunca ha habido una celebración de boda MacUchiha sin una! - Una alborotadora voz repentinamente grito a voz en cuello desde las profundidades del salón.- ¡Y hemos estado esperando entusiasmados verte brindar con tu nueva novia!
-¡Si! ¡Un brindis con la novia! - Un coro de hombres MacUchiha cantaba con un bullicioso ritmo, elevando sus voces para rivalizar con los sonidos de las trompetas acompañantes. - ¡Larga vida y muchos hijos para Lady Sakura!
Itachi clavó los ojos en la mesa, claramente poniéndose más incomodo con cada grito áspero. Como Sakura le miraba atentamente, Kisame volvió sigilosamente al asiento al lado de ella. A través de la conmoción, Sakura pensó que oyó susurrar a Kisame que no tenía nada que temer, todo estaría bien, pero cuando ella se volvió a mirarle, él tranquilamente sorbía su vino y no parecía haber dicho nada.
- ¡Larga vida y muchos hijos para Lady Sakura! - los miembros del clan continuaban cantando, aporreando sus jarras en las mesas y golpeando el suelo con los pies, mientras un viejo miembro del clan andaba a zancadas por entre medio de ellos, una gran copa de plata levantada por encima de su cabeza.
Cuatro fornidos guerreros le seguían. Entre todos, levantan una gran piedra pintada de azul. De forma alargada y esculpida con antiguas runas Celticas, su superficie era lisa exceptuando en la base.
La base de la piedra daba la apariencia de ser rugosa como si hubiese sido arrancada de su emplazamiento original.
Pero lo qué más atrapó la atención de Sakura fue el agujero de su centro. Su marido estaba malhumorado quejándose de que no era necesario que ella conociese lo que era —la piedra del matrimonio.
Y ahora ella sabría su propósito ceremonial, también.
La piedra era una piedra de juramentos. Un talismán. Los ancianos creían que si las parejas se daban la mano a través de la abertura en su centro, su matrimonio estaría bendito.
Una unión jovial llena de amor, armonía y muchos hijos saludables.
Sakura retrocedió tensándose con la implicación. Ahora sabía porque su marido se había encrespado con la mención de la piedra. A él no le importaba realizar la antigua ceremonia con ella, pero no quería arriesgar la oportunidad de que la magia de los viejos dioses pudiese ejercer alguna influencia en su unión.
¡Una unión que a él no le importaba verdaderamente consumar!
Una nueva oleada de pies golpeó el suelo y clamaron dispersando los pensamientos de Sakura. El senescal y los cuatro hombres que cargaban la piedra llegaron a la mesa principal. Deteniéndose ante Itachi y Sakura, el viejo senescal giró en un lento círculo, sosteniendo en alto el cáliz ceremonial para que todos lo vieran. Los hombres con la piedra matrimonial sujetándola detrás, esperaron hasta que la pareja compartió parte de una bebida antes de trasladar la piedra adelante.
Una jubilosa alegría se oyó cuando Kakashi tiró con violencia el enorme vaso, rellenándolo hasta el borde con la jarra de hippocras.
- Contente, Kakashi, - Kisame habló sin temor, deteniendo el brazo del senescal, - el hippocras suele ser demasiado potente para las damas. ¿Qué dices si lo diluimos con agua antes de que ella lo comparta?
La tupida frente de Kakashi se transformo a la vez en un ceñudo semblante feroz, y él soltó bruscamente su brazo del agarre de Kisame.
- Quizá sea demasiado fuerte para una muchacha Sassunach, pero no para una nacida en nuestras Highlands, - él fustigó, vertiendo el brebaje rojo como la sangre en el cáliz matrimonial. - Yo mismo lo preparé para la ocasión, - él agregó, como si desafiase a Kisame a contradecirle.
Todos menos el caballero ingles gritaron con aprobación cuando su nuevo marido obedientemente levantó el pesado cáliz hacia sus labios y bebió de el.
- ¡Deja algo para tú novia! - alguien tronó desde el fondo del salón. ¡Queremos primero el tálamo nupcial!
¿Tálamo nupcial? El jadeo de Sakura fue tragado por la risa ensordecedora y los vítores que llenaban el salón. El calor la inundo cuando la imagen de su marido desnudo montándola a horcajadas pasó a través de su mente. De nuevo, ella le vio surgir amenazadoramente por encima de ella, su despertar descaradamente proclamando que él sentía los mismos deseos que ella.
Pero él le había dicho abiertamente que no la quería como una verdadera consorte...
como una mujer.
Con una brusquedad que hirió su corazón, el había tomado su lastimado orgullo femenino que ella no había sabido que poseía y lo echo por tierra.
¿Y ahora sus hombres clamaban para que la montara, para hacerla una mujer ante sus deseosos ojos en una ceremonia del tálamo?
Una nueva clase de escalofrío se movió furtivamente sobre ella. Uno de miedo, una aprensión natural de doncella por ser montada por primera vez.
Y uno de vergüenza por ser impuesto a la fuerza por sus hombres.
Pues ella no podría soportar si él sentía un sobresalto de repulsión por tener que realizar el acto de amor con ella.
-¡Has perdido suficiente tiempo, Itachi! - gritó alguien repentinamente. - ¡Pasa el vino a la novia, déjala beber, y luego, por Júpiter, márcala como MacUchiha!
-¡Si, márcala como una MacUchiha! - se unieron otros.
Las risas obscenas ascendieron hacia el cielo raso abovedado, y el piso se estremeció con un coro furioso de patadas de pies. Y, por mucho que intentase ignorar los malos recuerdos, la jovial pendencia recordó a Itachi otro banquete matrimonial en el pasado y que era mejor olvidarlo.
Un tiempo cuando él había sido joven y había creído en el amor.
No, entontecido.
¡Y la inútil ceremonia de la piedra del matrimonio había fallado reservándole amargura!
Santos, él había sido engañado tan a fondo por la belleza de su primera esposa y su gracia, que él nunca había creído su pérfida naturaleza incluso si le hubiese advertido el mismo San Pedro.
Alejando todos los pensamientos de Izumi de su mente, obedientemente le freció a su nueva esposa el pesado cáliz de bodas.
- Bebe así podremos terminar con esta tontería. - dijo él, con el tono más chillón que pudo intentar.
- Cuidare de no tomar mucho alcohol, señor, - dijo ella, tomando el gran cáliz con ambas manos pero sin hacer movimiento para beber.
Un oscuro juramento casi traspaso los labios de Itachi antes de que recordase que ella era la hija de un borracho.
- No debes tomar mucho, solo un sorbo, - le dijo, sorprendido con el proteccionismo que sintió hacia ella al tildar a su padre de patán. - Yo beberé el resto.
El observó atentamente cuando ella puso a la vista el cáliz y bebió. El dudo de que ella hubiese tomado más que un sorbo pequeño, pero el potente vino dejo sus labios mostrándose rojos y suaves.
Dulces.
No seductores como los labios de otra mujer que había mirado en el otro día de bodas, pero dulces... inocentes.
Y más tentadores que cualquier otra sirena experimentada que él siempre había tenido la desgracia de conocer.
Fe, pues ella le tentaba más allá de toda razón.
Aun cuando, con toda razón, él debería estar enojado, y estaba, ya que ella paseaba al muchacho bajo sus mismas narices. Despedazándola con su mirada fija sobre ella, Itachi cedió al deseo y juró.
Quizás el debería haber buscado una esposa en la corte, una consumada y cultivada belleza cuyos encerados encantos le hubiesen recordado bien a fondo a su primera esposa, así él no hubiese tenido dificultad ignorándola.
En lugar de eso, se había cargado por si mismo con una apetitosa muchacha de las Highlands cuya lozana gracia y patente inocencia le intrigaban.
- No puedo beber más, señor, - dijo ella, colocando el cáliz en la mesa, la blandura endulzada con miel de su voz justamente le quitaba el animo.
Luchando por reprimir el deseo por ella que de manera involuntaria le arrastraba, Itachi arrebató el cáliz de la mesa y engulló su contenido con un fuerte trago.
Un fuerte rugido de aprobación aumentó entre sus hombres cuando él tiro violentamente el cáliz vacío.
A pesar de la apariencia de alarma en la cara de ella, él rellenó la gran copa y la vació de nuevo antes de que Kakashi pudiese lanzarse a la ceremonia de la piedra del matrimonio. Como si el desobediente patán hubiese leído la mente de Itachi, su senescal asió el curvado cuerno que llevaba puesto alrededor de su cuello, lo acercó a sus labios, y dio un retumbo repentino.
De inmediato, los festejantes cayeron en silencio. Aquellos que se sentaron, se inclinaron hacia delante, y aquellos que se levantaron, avanzaron lentamente más cerca.
- ¡La historia, Kakashi - alguien gritó al fondo del salón, - cuéntanos la historia!
Naruto le dio a Kakashi una cítara, y cuando él rasgueó unos pocos acordes para probarla, Itachi oyó sin querer al Sassunach murmurar al oído de Sakura.
- Kakashi actúa como el clan filidh , o fili- le dijo Kisame a ella. - El nunca estudio las artes de los bardos, así que no puede reclamar un verdadero titulo, pero él es un innato narrador de cuentos y merece respeto. En cada boda MacUchiha, el cuenta la leyenda de la piedra del matrimonio.
Itachi miró encolerizadamente a su amigo.
- Sí, y te olvidas de que todo esto es... una leyenda. Nada sino palabras.
- Entonces no podría ser perjudicado por eso, ¿podría, milord? - dijo su señora, exhibiendo otro vislumbre del fuego que él había admirado en el viaje de Dundonnell.
-No temo a la piedra o a su absurda leyenda, - contestó bruscamente Itachi.
-Estoy feliz de escucharlo,- rebatió Kisame, con un brillo travieso en su ojo sano, - pues entonces no tienes razón de negarnos el placer de verte a ti y a tu justa señora esposa realizar la ceremonia.
Otro fuerte ruido del cuerno de Kakashi silencio a aquellos que todavía estaban hablando y reservó a Itachi de responder a la desfachatez de Kisame.
- Hace mucho tiempo, - Kakashi comenzó su historia, sus nudosos dedos hábilmente rasgueando la cítara. - Los viejos dioses aún dominaban y sus modos eran todavía respetados. Un orgulloso rey Céltico vivía no muy lejos de donde estamos esta noche. Él era un poderoso hombre, y nadie le desafió ni le desafiaría. Él no temía a hombres o criaturas, y algunos dicen que no temía ni a los dioses.
Kakashi hizo una pausa para beber un sobro de una jarra rebosante de cerveza.
- Este rey tuvo cuatro hijas, y eran tan sabias como fueron hermosas, ellas, también, le temían. Todas salvo la hija menor... su favorita.
Cuando Kakashi recitó la legenda, Itachi se reclinó y dobló sus brazos. Dobló sus brazos y cerro sus oídos. Él sabía de memoria ese tonto balbuceo, y la parte más molesta estaba casi llegando.
- Tan cierto como era la mas hermosa doncella del amor de su padre, ella no vio razón en ser reservada sobre haberse enamorado de un joven que ella supo no encontraría la aprobación de su padre. Aunque era un muchacho esplendido y agradable, con fuertes músculos y puro de corazón, él se encontraba sin medios o perspectivas. El orgulloso rey se indignó al enterarse de que su hija favorita deseaba a un hombre de tan baja categoría.
Las palabras fluyeron sobre Itachi, rezumando en sus oídos a pesar de sus mejores esfuerzos por ignorarlas. Santos, él deseaba que el viejo tonto terminase así ellos podrían seguir con el resto de la ceremonia.
La parte que él temía... entrelazar las manos y la parte del beso.
- Consciente de que su padre nunca permitiría el matrimonio, - siguió Kakashi, - pero incapaz de contradecir a su corazón, la muchacha y su amor verdadero corrieron a la piedra del matrimonio. Una piedra de jura, anciana incluso entonces. Su magia era fuerte y verdadera. - Kakashi hizo una pausa y tomo otro sorbo de cerveza. - Pero el padre fue advertido, y él les alcanzo justo cuando ellos metieron sus manos a través de la abertura en el centro de la piedra. -
Haciendo una pausa nuevamente, Kakashi miró alrededor del salón, sus ojos avizores sabios y sabedores. Itachi cerró sus ojos antes de que la miserable y penetrante mirada fija del anciano le pudiese alcanzar.
- ... la furia al rey le dio más fuerza de la que un hombre mortal debería tener y él se lanzo contra ellos, desgarrando la piedra de su base y lanzándola al mar... el joven hombre con ella.- la voz del senescal se alzó cuando él se acercó al clímax de la leyenda. - Horrorizado, pues él no había tenido la intención de matar al muchacho, el rey cayó de rodillas e imploró el perdón de su hija. Pero su pérdida era demasiado grande. Sin una sola mirada a su padre, ella se encaminó hacia el acantilado, uniéndose en la muerte al amor que le fue negado en la vida.
- Tan enojados estaban los viejos dioses porque el rey no respeto la santidad de la piedra, que ellos le pagaron con la misma moneda, destruyendo su fortaleza tan a fondo, que aún ahora, nadie puede decir donde se levantó su corte verdaderamente.
Itachi abrió sus ojos cuando el senescal terminó la historia.
- Pero no todo se perdió, - tañó la voz de Kakashi. - Muchos años después, la piedra del matrimonio surgió a tierra en nuestra bella isla y ha estado en Eilean Creag desde entonces. Su poder es más fuerte ahora, y todo MacUchiha recién casado que junte sus manos a través de la abertura de la piedra y comparta luego un beso, será bendecido por una poderosa unión que nadie podrá destruir, porque los viejos dioses les favorecerán y les observaran.
El pacifico silencio pareció ahondarse más, interrumpido solo por un sorbo de nariz o dos de las pocas mujeres presentes. Entonces un ensordecedor aplauso hizo erupción, pronto unido por el inevitable cántico;
- ¡Traer la piedra! ¡Traer la piedra!
Los bufones seleccionados por Kakashi desfilaron la piedra tres veces alrededor de la mesa principal, finalmente se detuvieron detrás de la gran silla de Itachi.
Otros miembros de su clan, sonriendo abiertamente como borricos, arrancaron bruscamente a Itachi y Sakura de sus asientos y les empujaron ante la piedra.
- ¡Toma su mano! - una voz se sobrepuso al balbuceo. Los otros rápidamente se juntaron. - ¡Si, toma su mano!
Itachi resoplo una respiración furiosa y metió su mano a través del hueco en la piedra. Era su deber, él suponía, y nunca un alma presente cesaría de molestarle repetidamente hasta que él hubiese hecho su parte. Pero entonces su esposa colocó su mano en la suya y Itachi ya no escuchó el tonto balbuceo de sus hombres.
Su mano estaba sorprendentemente caliente y fuerte, pero su toque le desestabilizó. Santos, simplemente, su calor se movía furtivamente sobre él.
Brotaba de sus manos entrelazadas que se tocaban, abriéndose camino descaradamente subiendo por su brazo y fluyendo a través de él calentándole como el aguamiel.
Antes de que ella le pudiese hechizar más allá, Itachi gritó las palabras que debía decir.
- Oír, todos aquí presentes, ¡estamos unidos! ¡Honor para los viejos dioses, pueden que ellos bendigan nuestra unión!
Para terminar esa parte de la ceremonia, él enlazó sus dedos con los de ella y le dio a su mano un ligero apretón. Ella se quedó sin aliento, un diminuto sonido velado, pero él lo oyó. Aun por encima de los aullidos y golpes de pies de sus hombres. Siguiendo su indicación, ella apretó sus dedos sobre los de él y el corazón de Itachi golpeó ruidosamente contra sus costillas.
- ¡El beso! ¡El beso! - dijeron sus hombres a gritos.
Espoleado por su deseo de realizar este espectáculo y por el deseo abrumador de hacer simplemente lo que los hombres le urgían hacer, Itachi soltó su mano pero asió su brazo acercándola.
- Debemos besarnos, - le dijo a ella, sujetando sus brazos. - Luego tendremos paz.
Algo indefinible dio comienzo en sus ojos, pero ella levanto su barbilla aguardando su beso. Con un gemido bajo que no podía ser probable que hubiese venido de él, Itachi la apretó duramente contra él y presionó su boca contra la de ella en el beso más posesivo que el hubiese dado a una mujer en años.
Cuando, en su inocencia, ella abrió sus labios y la punta de su lengua tocó rápidamente la de él, una ráfaga de crudo deseo inflamó a Itachi, y sus ijadas se apretaron de pura, acalorada necesidad.
El tipo de necesidad con el que él no quería estar agobiado.
De inmediato, él rompió el beso y la apartó de él.
- Esta hecho, - juró él.
Levantando sus brazos por encima de su cabeza, él giró en un círculo y alzó su voz para que todos le pudieran oír.
- No dejemos que nadie diga que no hemos pedido la bendición a los ancianos.
- ¡Que puedan velar siempre por vosotros! - sus miembros del clan respondieron en el cántico ritual. Todavía dando gritos y pletóricos de ego, aquellos que se habían agolpado alrededor volvieron a sus sitios, aquellos aún sentados trataban de alcanzar jarras de cerveza o rellenar sus copas con vino. Al final de cuentas, el clamor murió cuando la celebración volvió a las más serias diversiones como cenar y beber.
Allí en su asiento, Itachi fijó su atención a propósito en los manjares y en las grandes bandejas de suculenta carne sobre la mesa. Él no confiaba en si mismo para mirar a su novia, bajo sus la mesa, su cuerpo aun estaba inquietamente despierto. Santos, incluso el suave sonido de su respiración y su dulce, femenina esencia eran suficientes para tenerle agitado.
No, era más sabio concentrarse en el banquete ante él. Kakashi se había superado, preparando una riqueza de finas vituallas que Itachi no había visto en tanto tiempo que a el le interesara recordar. El viejo senescal había preparado una mesa lo suficientemente buena como para el mismo Bruce.
Itachi trató de alcanzar el hippocras. Quizás si él tomaba suficiente del potente brebaje y comía hasta llenarse, un pesado sueño le ayudaría a olvidarse de que él se había comprometido con otra esposa ese mismo día.
Una esposa cuyo propósito no era aligerar sus ijadas.
-Date prisa y come. No has tocado ni un bocado, - la el amonestó, señalando con la cabeza los mejores trozos de ciervo asado que él cuidadosamente había seleccionado para ella. - Tan pronto como terminemos nuestra comida, nos podremos ir de esta mesa.
-No tengo hambre, milord.
-Entonces yo comeré por ti,-Dijo
Itachi irritado, alzando un suculento trozo de carne fuera del plato trinchero compartido y echándolo en su boca.
Cualquier cosa para alejar de su mente el conflicto de emociones que bullía dentro de él, conduciéndole como un loco.
Cualquier cosa para desviar sus pensamientos de su virilidad, todavía completamente dura y presionada fuertemente contra el aprisionamiento de sus medias.
El había querido nada más que una simple y dócil novia a la que preguntar la cuestión que quemaba incesantemente en su mente. En lugar de eso, había traído a una doncella que encendía sus ijadas sin intentarlo y que desafiaba cada regla que él había impuesto en su familia.
Una doncella cuya visión era probablemente más que un chisme de las Highlands... las exageraciones de un trovador.
Y el había caído en eso.
Una doncella cuya pureza los miembros de su clan rugían, en este preciso momento, para que él tomase.
Y, por los huesos de St. Columba, él ardía en deseos de hacer eso.
Pero él había aprendido que el ardor en las ijadas era rápido de apagar y olvidar mientras que el arder de un arma duraba una eternidad.
Otra vez, Itachi rellenó el enorme cáliz de boda y tragó su contenido en un largo trago.
Si sus hombres insistían en una ceremonia de tálamo, ellos podrían tener una.
Pero sin él.
Él tenía la intención de dormir sin pasar por eso.
POR QUE TE RESISTES TANTO ITACHI JAJAJAJA
Ofi Rodriguez
