Disclaimer: ¿a que no lo adivináis? Efectivamente, no tengo derecho alguno sobre los Juegos del Hambre. Quién lo habría dicho…xD
Amanecía el día de la cosecha en el distrito 10, entre vaquitas, arbolitos, traficantes y otras cosas bonitas, cuando se escuchó un gran estrépito. La gente salió preocupada de sus casas, y el pánico empezó a extenderse al no poder averiguar el origen del sonido…hasta que se dieron cuenta de que lo había provocado Tributo Niño (le querían tan poco que ni nombre tenía), en uno de sus numerosos intentos de volar tirándose desde lo alto de un edificio. Obviamente, se estampó contra el suelo, porque por mucha piel flácida que le colgara de los brazos como si fuera un ala, las leyes de la física no se pueden desafiar así como así. Triste, pero cierto.
Así que la multitud se dispersó tranquilamente, dejando solo a nuestro protagonista. Él no se inmutó por tanta soledad, de hecho pensaba que era un incomprendido en su distrito y que todos le envidiaban.
La cruda realidad es que nuestro muchacho era un niño indeseado, tanto que lo intentaron perder de vista de mil formas, incluso mandándole disimuladamente a otros distritos, pero nada, oye, que no hubo manera. Así que, ya que estaban, sus padres le usaron como animal de carga en el distrito, y nadie se dio cuenta (o si se dieron cuenta, a nadie le importó, al fin y al cabo el montón de kilos que conforman al Tributo Niño tiene una gran fuerza de trabajo). Pero como seguían queriendo librarse de él, una vez cumplió 12 años le dijeron que los Juegos eran un concurso muy guay de comer insectos (el chico no le hace ascos a nada). Así, nuestro chaval tuvo la brillante idea de presentarse voluntario en la cosecha.
Por tanto, mientras se sacaba un snack rápido de entre los numerosos pliegues de su papada, se dirigió a la plaza con esa idea fija en la cabeza. Estaba tan absorto, que no vio a la chica con la que estaba a punto de chocarse. Suerte que ella tenía reflejos rápidos y le evitó, porque si no podría haber muerto asfixiada entre tanta carne. De todas formas, aunque la chica había evitado la catástrofe, le miró mal con sus ojos azules y le pinchó con un palo (desde lejos, por si acaso…), y acto seguido le regaló un caramelo y le contó un chiste:
-¿Sabes qué, niño gordaco? ¡Van dos y se cae el de en medio! JAJAJAJAJAJAJA…
Y la chica salió de allí haciendo la croqueta, entre risas. Si es que en el fondo era muy alegre. Aun así, el pobre Tributo Niño se quedó estupefacto, como supongo que vosotros estaréis también. Sí, dejando a un lado lo cutre que era el chiste, la chica no tenía un comportamiento normal...
Pero para aclarar la situación, queridos lectores, creo que se debe decir que esa chica era Dana Ryuan, una huérfana que perdió a sus padres en un trágico accidente a muy tierna edad, lo cual dejó profundas secuelas en su personalidad. Como por ejemplo, las aparentes contradicciones en su comportamiento, el gusto por torturar, y lo peor de todo…a partir de entonces, le gustaron las acelgas. Terrible.
Y resulta que esta simpática chica también iba de camino a presentarse voluntaria cuando casi se choca con Tributo Niño. Pero ella no iba engañada, no, sabía perfectamente de qué iban los Juegos, pero quería ir de todas formas porque creía que se lo iba a pasar bien mutilando, sajando, sacando ojos…en fin, torturando y matando en general. No es que quisiera ganar ni nada, era más por diversión. Así de maja era, con solo 16 añitos. Pero tranquilos, los arrebatos sádicos sólo le afectaban a veces. Si esas veces son muchas o pocas, el tiempo y la todopoderosa autora de esta historia lo dirán...
Así pues, todos los niños del distrito 10 acabaron reuniéndose en la plaza, con el Tributo Niño y Dana en primera fila (para poder presentarse voluntarios cuanto antes, aunque Dana también eligió esa posición porque era tan bajita que cualquiera que se le ponga delante le bloquearía del todo la visión. Pero no le digáis nada de su altura, que igual os usa para afilar cuchillos…). Entonces apareció la escolta correspondiente al distrito 10, pero para no perder tiempo, nuestros dos protagonistas de hoy decidieron amordazarla e inmovilizarla (Tributo Niño se le sentó encima), para autoproclamarse tranquilamente los tributos de ese año.
Fue un momento muy emotivo, había lágrimas en los rostros de muchos de los presentes…pero no de pena, no, sino de alegría al librarse por fin del Tributo Niño y de la sádica de Dana. Los padres de Tributo Niño incluso montaron una fiesta de celebración allí mismo, invitando a todos sus amigos y conocidos (y a los desconocidos también), todo lo cual fue atentamente grabado por las cámaras. Fue un desfase total que sería recordado por mucho tiempo en el distrito. Para cuando se levantaron al día siguiente, en medio de la resaca y los destrozos materiales y morales que había causado la fiesta, nadie se acordaba de qué la había originado.
Nadie notó que faltaban dos niños, ya que los dos tributos ya se habían ido por su cuenta y riesgo en dirección al Capitolio. Se ve que no les querían demasiado. Y como, aunque por distintas razones, ambos estaban deseosos de llegar cuanto antes a la Arena, no les importó demasiado dejar su distrito atrás. Aún no sabían lo que les esperaba, pobres inocentes…
Notas de la autora: ¡venga gente, ya queda menos! El próximo capítulo será del distrito 1, y luego…quién sabe. Así que a mandar tributos se ha dicho, para que yo pueda escribir. Y, como siempre, agradezco de corazón los reviews (especialmente los de las personas implicadas en la creación de los dos tributos de este capítulo :D). Por cierto, no esperéis actualización hasta dentro de mínimo una semana, por problemas técnicos. Así tenéis más tiempo para mandarme vuestros tributos…^.^
