Capítulo IV
- Ha empezado… - es lo único que murmuro Rin
- ¿Qué ha empezado, hermana?
- Len, prométeme que no me dejaras sola
- Claro que no te dejare sola, ¿Por qué lo iba a hacer?
- …
Rin volvió a su habitación, con la cabeza agachada y los ojos tristes. Len preocupado, fue tras ella. Cuando la joven llegó a su cuarto, espero a su hermano, sabiendo que la seguiría y le dejo entrar en su habitación. Len ya había estado muchas veces allí, pero no dejaba de sorprenderse al ver la habitación. El suelo era de un finísimo mármol blanco, y las paredes eran también blancas, pero tenían cierto brillo amarillento. En medio de la estancia, había una gran cama con dosel, era de un color negro y amarillo, que desentonaba completamente con el cuarto. Lujosos espejos colgaban en una pared, cerca de un gran armario y un biombo. Había un gran arco tapado por una cortina, que llevaba al baño privado de la Princesa. Abundaban rosas amarillas y negras por toda la habitación, y había un gran tapiz donde se mostraba una rosa negra, con dos espadas cruzadas. Cerca de la cama, un gran balcón también de mármol blanco. Rin se sentó en su cama y se encogió sobre si misma, su hermano se sentó con ella y la miró con preocupación. Rin levantó la cabeza, tenía los ojos brillantes, Len la abrazó con mucho cariño y ella rompió a llorar. Su hermano asustado esperó a que se calmara un poco y le dijera algo, pero Rin estaba callada, solo lloraba. Cuando pensaba que ella no iba a decir nada, murmuró algo que Len no pudo oír, pero no lo repitió y siguió llorando. Estuvo un rato en los brazos de Len, hasta que el joven notó que ella no lloraba más, la miró y se dio cuenta de que se había dormido. Sonrió y recordó que cuando eran niños, siempre que ella lloraba acababa dormida en sus brazos. La echó en su cama y la tapó con las finas y suaves mantas, le besó la frente y deseó que no tuviera malos sueños, seguidamente salió de la habitación con sumo cuidado, evitando hacer ruido. Fuera una mujer de aspecto preocupado esperaba a Len. Se sorprendió cuando corrió hacía él y le cogió las manos.
- ¿Cómo se encuentra?
- ¿La Princesa? Está dormida
- ¿Ha sucedido algo malo?
- No me lo ha dicho, pero… ¿Por qué se preocupa usted tanto?
- Yo… es como una hija para mí. Cuando esa horrible mujer la trajo a Palacio yo la cuide y mimé como si fuera mi hija… era tan pequeña…
- Entiendo… - Len esbozó una triste sonrisa – Es bueno que alguien la cuidara de pequeña.
- Len… - Len se sorprendió al ver que sabía su nombre, y eso que nunca había hablado con ella – Se que eres su hermano, por favor, cuídala bien. Aunque se hace la fría es muy frágil y se preocupa por las cosas más insignificantes, además es muy orgullosa, y eso no es muy bueno, su orgullo le hace daño.
- Lo sé, y gracias – Len soltó con suavidad a la mujer y se alejó por el pasillo de la derecha.
La mujer esbozó la misma triste sonrisa de Len y se fue por el lado contrario, hacía las cocinas, donde debía estar. Len entró a su cuarto, había pasado por donde Rin había tirado la carta, y aún seguía allí, nadie la había recogido, por si la Princesa volvía a por ella. Posó en su cama los fragmentos de la carta, y se concentró para poder volver a unirla y saber que decía con exactitud. Algunas palabras seguían enteras, por lo que no le fue muy difícil, Rin no había roto en muchos trozos la carta, solo en tres. Al poco, consiguió tenerla entera.
'' A la Princesa Rin
¿Cómo has podido hacerlo? Tu sirviente ha acabado con la vida de mi mejor amiga Miku… Seguramente por una egoísta orden tuya. Kaito encontró su cuerpo sin vida, ha sido un golpe muy fuerte para él. Jamás te lo perdonare, estúpida Princesa caprichosa. Prepárate porque pronto habrá una revolución contra ti. Y entonces serán mis manos las manchadas con tu sangre.''
Unas grandes lágrimas mancharon los trozos de carta, Len se limpió las lágrimas y escondió los fragmentos de nota en su mesita de noche. Se sentó en la cama esta vez dejó que las lágrimas corrieran por su rostro. Era una clara sentencia de muerte hacia su hermana, por parte de Meiko, no había que ser muy inteligente para saber que era de ella. Y todo era por su culpa, porque él había matado a Miku y no se había negado. Él había hecho que esa mujer le jurara la muerte a su querida hermana, solo él. Deseó poder estar muerto y no haber nunca existido, así su hermana podría tener una vida tranquila como Princesa, y no habría llorado por su culpa. Se sintió miserable. Se levantó y salió de su habitación, dispuesto a hablar con su hermana sobre esa carta. Entró sin llamar de golpe, haciendo tanto ruido que despertó a su hermana, que saltó de la cama.
- ¡LEN! ¡¿Pero qué…?! – no pudo acabar la frase, ya que su hermano se había tirado a abrazarla con tanto amor y cariño que Rin abrió los ojos sorprendida.
- ¡RIN RIN, OH RIN! – Len siguió abrazando con fuerza a su hermana, tanto que ella comenzó a tener problemas para respirar.
- L-en, me e-estoy ah-ahogando… - jadeó Rin con esfuerzo
- Lo siento, hermana – Len la soltó y vio que ella tenía las mejillas mojadas, debía haber llorado en sueño.
Se sentaron los dos en la cama, y Len volvió a abrazar a Rin.
- Lo sé todo… - Rin se sorprendió por las palabras de Len
- ¿Qu-qué sabes? – susurró asustada
- Se que te han jurado muerte…
Rin iba a responder pero un gran estruendo hizo que los dos se separaran y miraran hacía el balcón a sus espaldas. Len se levantó sin soltar la mano de su hermana y ambos salieron al balcón. Rin ahogó un grito asustado, mientras que el rostro de Len se contrajo de preocupación. Multitud de personas golpeaban las puertas de la muralla, evitando que lo guardias intentaran detenerlos. Había mucha gente, incluso gente que no era de este Reino, y encabezando el grupo, había una mujer espadachín de rojo, que no era otro que Meiko, y a su derecha iba un siniestro y oscuro Kaito, cargando con una espada a la espalda. Meiko y Kaito levantaron la mirada, y al lo lejos, vieron a Rin y Len mirando por el balcón. Meiko esbozó una sonrisa siniestra y clavó su espada a un guardia que intentaba detenerlos, como intentando avisar a Rin de la que se le venía encima. La Princesa estaba petrificada en su sitio, Len corrió a dentro de la habitación y con rapidez se despojó de sus ropas, sacó un vestido del gran armario de la Princesa y se lo puso con la misma rapidez, posando su ropa en la cama. Rin lentamente fue retrocediendo hasta su habitación con la mirada asustada, y abrió la boca sorprendida al ver un doble suyo en la habitación, pero con el pelo sujetado en una coleta.
- ¿Pero qu-que…?
Len se acercó a su hermana y la beso en la frente con ternura, y mientras la besaba le quitó la rosa que sujetaba su pelo. Rin lo notó y entonces comprendió lo que su hermano iba a hacer. Pero ya era tarde, tenía ante si una replica ahora si perfecta, con el peinado que ella solía llevar. Len ató el pelo de Rin en una coleta como llevaba él, y la abrazó con ternura.
- Len, no…
- Si esto es lo que merecemos, voy a asumir mi culpa. – Len miró con seriedad a su hermana- Voy a prestarte mi ropa, póntela y escapa de inmediato. – Esbozó una alegre sonrisa a su hermana, que lo miraba aterrorizada, con la ropa de Sirviente entre sus brazos. – Estará bien, somos gemelos, nadie se va a dar cuenta.
Soltó a su hermana y ahora sonrió con tristeza, la joven petrificada no se movió. Len comenzó a caminar hacía la puerta, convertido en la Princesa.
- ¡LEN! – Rin alargó la mano intentando detenerle, pero era demasiado tarde y él ya había salido del lugar.
Len caminó con rapidez, pero con serenidad a través de los pasillos, dispuesto a enfrentarse a la multitud como la Princesa. Por el camino se encontró a la mujer asustada con la que había hablado, y ella le miró muerta de miedo, pero se dio cuenta de que era Len. Ella podía reconocerlos aunque se vistieran igual. Corrió hacía la habitación de la verdadera Princesa, para allí encontrarse a Rin en el suelo de rodillas, llorando a mares, abrazada a la ropa de su hermano. Len siguió su camino, llegó a la entrada y la abrió de golpe, haciendo que todos se giraran para verle, pero nadie reconoció a Len, todos vieron a la Princesa Rin. La puerta de la muralla por fin cedió, y la multitud enfadada entró corriendo mientras levantaban sus armas. Meiko y Kaito fueron los primeros en llegar, y Meiko agarró a Len por los brazos, le miró con odio y puso su espada en el cuello de Len.
- Parece que el juego ha acabado, Princesita de pacotilla
Len esbozó una sonrisa, que hizo que Meiko se enfureciera más. Le ató las manos y le tiró al suelo con brusquedad. Len no dejó de sonreír. Meiko hizo una señal a Kaito y este entró a Palacio, para echar a todos los trabajadores de él.
- Yo soy la princesa, tu la sirviente... - murmuró Len tan bajo que nadie pudo escucharlo – Rin…
Si tu eres malvada… yo tengo tu misma sangre corriéndome por las venas… - cerró los ojos, he intento olvidarlo todo, sabía lo que le esperaba. Unos minutos después, Kaito salió de Palacio con la multitud de gente, llevando a los trabajadores fuera de Palacio y liberándolos. Todos evitaron mirar a la ''Princesa'' que estaba en el suelo y salieron corriendo. Meiko levantó a Len y lo puso mirando a Kaito. Se sintió mal por ver la mirada oscura y triste de Kaito. Alguien le golpeó por detrás y quedo inconsciente.
Rin había escapado con aquella mujer que la había mimado de niña. Iba directamente a las ruinas del anterior Palacio, allí estaría protegida y nadie se molestaría en mirar. La mujer la había ayudado a escapar, pero ella había vuelto a su casa, temiendo que algo le pasara a su marido y a su anciano padre. Rin había continuado sola, aún lo veía todo borroso por las lágrimas, pero debía llegar a aquel lugar. Después de mucho caminar, llegó por fin, y fue a donde había ido Len cuando había llegado allí antes de ir a pedir trabajo a Palacio. Se dejó caer agotada y volvió a llorar hasta no poder más. Se frotó los ojos y reparó en una pequeña corona de flores marchita. Los recuerdos llegaron a ella con rapidez. Abrazó la corona con mucho amor, sin temor a romperla, ya que sabía que no se rompería. Vio nuevamente todo lo que había pasado, la sonrisa de su hermano cuando eran niños, el momento en que los separaron, la cara de su hermano cuando la encontró, los sentimientos dolorosos que sintió cuando mando a su hermana matar a aquella mujer llamada Miku, y todo lo que había pasado ese mismo día. Las lágrimas brotaron con más intensidad de sus ojos y se dejó caer, exhausta.
Rin se levantó y se puso la capa con la que había huido de Palacio, debajo llevaba puesta la ropa de Len. Corrió tanto como pudo hasta el pueblo que había Reinado durante años, y allí vio a mucha gente reunida, reconoció a mucha gente que había trabajado para ella en Palacio, a gente del pueblo y otras personas que no conocía que debían pertenecer a otros Reinos por sus vestimentas. Estaban rodeando un escenario de madera, donde había un tocón de un árbol, y encima estaban Meiko y Kaito, al lado de un hombre completamente vestido de negro y con un hacha en la mano. Rin sintió un mareo al verlo, y tuvo que apoyarse a una pared. Cuando se recuperó, se metió entre la multitud para observarlo todo de cerca, pero sin que Kaito o Meiko repararan en ella. Vio a su hermano acercarse al escenario atado por las manos, con la mirada baja, y la cara tapada por su pelo rubio. Al final la hora llego, las campanas anunciaron el final de la Bruja, Len levantó la mirada con serenidad, tenía el ceño fruncido y en sus ojos brillaba la valentía. Le apoyaron en el tocón de madera, y le sujetaron para que no se levantara. Levantó la mirada con esfuerzo y sus ojos brillaron aún más. Sin mirar a ningún lado, anunció algo, sabiendo que su hermana se encontraba entre la multitud
- Tú hablas mi línea
Dicho esto, el hacha cayó sobre Len, segando su vida para siempre. La gente aplaudió cruelmente, excepto una diminuta persona, que sintió como su mundo se derrumbaba. Si él había muerto, ¿Por qué no acababa ya todo? ¿Por qué debía seguir sufriendo? Las lágrimas salían con facilidad de sus ojos, demasiadas lágrimas, no parecía tener fin. La gente comenzó a moverse mientras dos hombres cargaban con el cuerpo sin vida de Len. Rin se dejó caer al suelo, muerta por dentro, aunque lloraba ya no sentía nada, todo había acabado para ella. Miró el bote que tenía entre las manos, donde se encontraba la pequeña corona de rosas marchitas. Recordó entonces, las palabras de su hermano, las palabras que le había dicho antes de desaparecer de Palacio vestido como ella.
- Si alguna vez vuelvo a nacer, quiero que juegues conmigo… Otra vez – había dicho él, esbozando una sonrisa cariñosa.
Y mucho tiempo después, apareció Len, llevando consigo la corona de rosas que le había hecho Rin. Esta supo que había llegado su momento, se cogieron de la mano y esta vez fue Rin quien se sonrojo, Len le besó la frente, y juntos cruzaron al otro lado.
- Gracias… - murmuró Len
Fin
Fue cortito pero bonito, al menos a mi parecer =3!
Me he esforzado bastante en este F. Fic, y me gusta el resultado, adoro a los gemelos. Muchos pensareis: ''Que mala y cruel es Rin'' Pero debeis tener en cuenta que para ella, Len es algo tan maravilloso que teme perderlo, ya que estuvieron separados 6 largos años, además es una chica celosa, pero los celos siempre son por una razón, y los de ella es que quiere demasiado a su hermano.
Y también supongo, habrá dudas con el: ''Tu hablas mi línea'' de Len, si no me equivoco es algo así como ''Tu sabes mi secreto'' No lo tengo muy claro, pero así dicen en el vídeo de la canción, que si alguien lo quiere, no me costara nada pasarselo, es una canción realmente bonita y merece la pena escucharla y verla.
Cuidaos mucho y seguid leyendo F. Fics y libros, que es lo mejorcito. Ya publicaré otros F. Fics que haga n.n
