Yuri! on Ice pertenece a sus respectivos creadores. Yo escribo esto por simple pasatiempo, así que no se obtienen beneficios económicos por esto. Nada más y nada menos.

Personajes: Victor Nikiforov/Yuuri Katsuki.

Advertencias: Relación homosexual. AU!Mafia y cositas varias. Esta historia narra una relación entre dos hombres, una fumada de la buena cuando escribí esta historia y un alucín de aquellos que bien podría gustarles o causarles un profundo trauma sobre estos. ¡NO PUDE EVITARLO! Así que, si te animas, bienvenido. Sino, ¡huye como alma que lleva el diablo! Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.


Cristal

Por:

PukitChan

«¿Lo entiendes ahora?

Hay encuentros que

nunca debieron existir.»

Capítulo 3

Aquella noche en la que brillaste como nunca antes

Con un andar lento pero firme, Victor entró al Flaming Ice sin saber cuál sería su destino a partir de ese momento; sin estar seguro si viviría lo suficiente para ver el siguiente atardecer. Las luces, que emitían una suave tonalidad violeta, junto con la pausada música que una erótica voz femenina se encargaba de acompañar, envolvían al local de una atmósfera tranquila y diferente. Sobre todo en una noche como esa, en la que Victor descubrió que, sin siquiera proponérselo, él era el máximo invitado.

Había pocas personas; quizá veinte, si se animaba a hacer un cálculo rápido. A todos los conocía de vista, e inclusive con más de uno conversó. Negocios, curiosidad, simple socialización. O, cuanto menos, eso era lo que había pensado durante todas esas noches en las que estuvo allí, esperando por el regreso de Cristal, suplicando porque alguien se acercara y le dijera que aquel misterioso bailarín no había sido un mero producto de sus fantasías o la alucinación de una droga que ni siquiera recordaba haber tomado; quería que alguien se acercara, le sonriera divertido, para luego asentir y decirle que sí, que Cristal había sido real. Tal y como Chris lo había hecho.

Victor lo había investigado. Christophe Giacometti era el dueño de un renombrado banco en Suiza. Dotado de una gran neutralidad y famoso por su alto secretismo, no era sorprendente descubrir que era uno de los clientes favoritos del lugar. Y arriesgándose a una suposición que podría ser incorrecta, Victor imaginaba que Chris era el encargado de proteger las cuentas y las inversiones de la familia Katsuki. Y tal vez fue por eso que había ayudado y tratado de alertarlo al mismo tiempo.

—¿Me engañaste? —preguntó Victor, girando su rostro hacia la izquierda y deteniendo sus pasos un momento. Allí, sentado en un sofá de color negro, con una copa entre sus manos y envuelto en un aura de descarada sensualidad, Chris lo miró de soslayo y sonrió. Se tomó unos segundos para terminar su bebida y dejarla sobre la mesa de enfrente antes de incorporarse a un lado de Victor, para guiarlo hacia un punto que, sin duda alguna, ya había sido determinado desde mucho antes.

—No lo hice —respondió tranquilamente mientras caminaba—. Te dije la verdad: no debías vigilarlo. Te di exactamente lo que querías: una forma de contactarlo. Lo que ocurrió después de eso, fue porque así tú lo quisiste. Si ellos encontraron una manera de descubrir dónde estabas y atraerte hasta aquí, fue porque lo permitiste… o porque estabas metiéndote en sus asuntos.

Victor estaba por replicar cuando Chris se detuvo y extendió su mano, señalándole un asiento. Al mirar con atención, notó que estaban frente al mismo escenario donde había visto a Cristal por primera vez y que al no haber otras personas, aquel espectáculo era exclusivamente para él. Pero ¿con qué fin? Con una dosis de humor negro, Victor pensó que tal vez, si su muerte era inminente, bien podría mandar un último mensaje pidiendo que si algún día se hacía otra película de mafia intentando imitar el éxito de El Padrino, la suya bien podría ser una muerte interesante para la introducción.

—¿Así que hasta aquí llegan mis días? —divagó Victor en voz alta a nadie en particular, pero ocasionando que la sonrisa en los labios de Chris se volviera exasperada.

—Eres tan dramático —dijo, acomodándose el cabello mientras agitaba su mano. De inmediato un mesero colocó frente a Victor una bebida, cuyo ingrediente principal era vodka—. ¿De verdad crees que si alguien de aquí quisiera matarte, se hubiera tomado la molestia de cancelar las actividades de hoy para tener la privacidad que tenemos en el Flamming Ice?

Victor se rio, con esa manera suya tan infantil que le daba un toque de ternura a ese maduro y atractivo rostro suyo.

—¿Dices que mi muerte no vale la pérdida de ganancias de una noche? —Ante la ironía en su tono de voz, Chris levantó su ceja y murmuró:

—Solo digo que la muerte debería ser la menor de tus preocupaciones.

Chris lo dejó solo, por supuesto. Y Victor, sentado como estaba, no le quedó más remedio que seguirlo con la mirada, para descubrir sorprendido, que se dirigía a la planta alta del Flaming Ice, desde donde algunas personas, todos hombres, observaban hacia él y el escenario con sumo interés.

No parecía ser una reunión formal. De hecho, si las circunstancias fueran otras, Victor hubiera pensado que ellos eran un grupo de amigos que habían decidido salir de juerga tras haber terminado los exámenes finales de su primer año de universidad. Cuando Chris se unió a ellos, un joven sonriente (aquel a quien Victor había visto también cuando su caminó se cruzó con el de Yuuri Katsuki) le dio la bienvenida con una alegría que, le parecía, rayaba en la exageración. Sin embargo, no podía dejar de mirarlos. Parecían demasiado cómodos en ese mundo. Y quizá por ello, por esa excesiva fiesta que no parecía concordar con nada de lo que él sentía, Victor tardó un segundo en notar que allí, sentado en medio con los brazos recargados sobre el barandal transparente y una expresión de aburrimiento infinito, estaba la persona que tanto le habían encomendado encontrar.

Yuri Plisetsky.

Sintió un golpe en el pecho. Había viajado a otro país y estado en los lugares más inverosímiles posibles para buscar la más pequeña pista de su paradero, y el adolescente estaba allí, a poca distancia, rodeado de personas tan importantes como peligrosas, pero que para él solo parecía ser el castigo que le habían impuesto porque se había pasado con uno de sus berrinches. El joven ruso, probablemente sintiendo la mirada de Victor, desvió sus ojos verdes y los fijó en él. Su expresión se tornó seria, porque resultaba evidente que él no quería ser encontrado. Pero esa era la misión de Victor.

Aún eres un niño. ¿De verdad sabes en qué te estás metiendo?

El duelo de miradas fue interrumpido cuando las luces comenzaron a parpadear, pidiendo indirectamente la atención hacia el lugar más importante: el escenario. A la tonalidad violeta se añadió una azul, coloreando con sensualidad el escenario. La música, al igual que las pocas conversaciones, fue descendiendo hasta volverse un silencio en el que Victor repentinamente se sintió incómodo, porque solo hasta ese momento comprendió que solo estaba él contra él escenario. Se mordió el labio inferior.

Entonces, todo inició.

La música comenzó a sonar. Primero, un golpeteo calmo. Luego, la guitarra y el bajo hicieron su aparición. Era una melodía rítmica y sensual que le parecía familiar; como una vieja canción que había escuchado solo vez y nunca había olvidado. Las luces parpadeaban, siguiendo la melodía y tras unos segundos angustiantes, en el que el corazón de Victor palpitó desbocado, él apareció.

Cristal, como se hacía llamar a sí mismo Yuuri Katsuki durante las noches en las que bailaba en el Flaming Ice, caminó por el escenario, luciendo increíblemente sensual. Tenía una sonrisa divertida en sus labios y la mirada café estaba dirigida al único cliente que esa noche lo visitaba: Victor. Sin embargo, eso no era lo que más impactaba: su vestimenta, la de la parte superior de su cuerpo, se limitaba a una tela oscura adornada por cristales plateados que cruzaban sus pectorales y su abdomen desnudo, y cuya finalidad parecía ser únicamente el resaltar la tersa y blanca piel. Un collar hecho de la misma tela marcaba los músculos de su cuello, mientras que, deslizándose casualmente por sus caderas, alguien había decidido que era buena idea simular la mitad de una falda, pues la otra mitad del conjunto, luciendo como si fuese la ropa interior más erótica del mundo, estaba la tela que se adhería a su firme trasero como una segunda piel.

Cuando llegó al final del escenario, mostrando descaradamente el pecaminoso cuerpo del que era dueño, Cristal sonrió y estiró su mano hacia él, no para que Victor la tomara, sino para indicarle que su espectáculo estaba dedicado a él. Luego, se alejó y se colocó de espaldas contra la barra metálica en el momento exacto en el que la voz que acompañaba la música comenzó a cantar. Sujetándose a la barra con una mano por encima de su cabeza, Cristal descendió por esta, moviendo sus caderas en un sinuoso movimiento que, Victor estaba seguro, debía ser ilegal.

Era simplemente imposible apartar sus ojos de él.

Cuando Cristal giró, aferrándose a la barra para sostenerse en esta, Victor vio por primera vez el hermoso tatuaje que recorría su espalda y terminaba adornando sus hombros, identificándolo sin vacilación como un miembro de los yakuza. Era increíble el intrincado diseño que parecía resplandecer en él cada vez que las luces tocaban su piel, haciéndole brillar. De esos pequeños detalles estaba compuesto Cristal.

«Es como una droga, ¿no crees? Una vez que lo pruebas, quieres seguir intentándolo. Le queda bastante bien el nombre, aunque no es esa la razón por la cual es llamado así

Sensualmente, Cristal comenzó a caminar hacia él. Se sentó al borde del escenario y tras relamerse los labios, dio un pequeño salto que lo situó en el suelo, muy cerca de Victor, quien, sonrojado y con la respiración agitada, no pudo hacer otra cosa más que mirarlo con admiración cuando Cristal se acarició el sedoso cabello negro y lo miró. Luego, cuando la música llegó a su punto más alto, el joven japonés se sentó descaradamente sobre las piernas de Victor… y aquello fue para siempre su perdición.

Yuuri Katsuki, el yakuza más buscado del mundo, estaba sentado sobre sus piernas. Y Victor, que nunca lo había visto tan cerca, sintió su corazón detenerse cuando apreció ese erótico rostro cubierto de una suave capa de sudor. Sus ojos se perdían en los del otro mientras su cuerpo, aquel delgado y tonificado cuerpo, se mecía descaradamente sobre él, haciéndole jadear. Podía sentir a la perfección los brazos rodeándole el cuello, envolviéndole con su dulce fragancia y sus nalgas moviéndose en círculos sobre su entrepierna, rozándole, ansiando endurecerlo. Las manos temblorosas del ruso sujetaron sus caderas en un desesperado intento por aferrarse a algo y fue cuando el otro le sonrió. Empujando su cuerpo hacia delante, Yuuri unió su entrepierna al abdomen de Victor, haciéndole notar lo duro que estaba. Victor se sonrojó notoriamente y cuando sintió al japonés hundiendo los dedos entre sus cabellos, atrayéndole hacia él, sintió que todas sus fantasías se verían cumplidas cuando sus rostros se acercaron y los hambrientos labios de Victor se entreabrieron.

Pero Yuuri no lo besó. Simplemente, jadeó sobre su boca, apenas rozando sus labios, y recitó un verso de la canción que los acompañaba mientras su cuerpo se balanceaba sobre el otro, disfrutando de las evidentes reacciones que provocaba en él.

I'm sorry to interrupt it's just I'm constantly on the cusp of trying to kiss you…

Se separó, pero Yuuri siguió frotándose contra él mientras su rostro lo escondía en el hombro de Victor, quien no pudo resistir demasiado. Bajó sus manos y tocó el trasero firme de Yuuri, sin importarle nada. En medio del caos, la música, su excitación y la incertidumbre que le producía todo aquello, escuchar el dulce gemido que Yuuri le regaló en su oído fue como disparar la bala que le ocasionaría su muerte.

No lo resistió. Olvidándose de que en realidad allí había otras personas, Victor sujetó al otro y lo arrojó contra el sofá en el que estaba para que él quedase encima del bailarín. Y por un instante, la imagen con la que se encontró contrajo su corazón y estremeció su alma: Yuuri estaba sonrojado, agitado y parecía completamente inocente, como si ni siquiera él mismo creyera hasta dónde había llegado al momento de hacer eso; como si Victor fuese algún plan que él nunca había considerado y ahora no sabía qué hacer con él. Se miraron, con sus pupilas temblando, con una conexión que nunca antes había existido ni sentido.

Tal vez, aquello era…

—¡Yuuri!

El sonido del nombre los hizo reaccionar, aunque Yuuri pareció ser el más sorprendido de los dos. Luego, aquella faceta tan erótica de él, aquella que se hacía llamar Cristal, regresó. La sonrisa descarada volvió a su expresión y levantó su mano para tocar la mejilla del otro. Victor se desconcertó por aquel cambio tan radical de actitud; sin embargo, todo eso quedó en el olvido cuando Yuuri se relamió los labios y ladeó el rostro, logrando que su cabello cayera sensualmente por su mejilla.

—¿Acaso usted pretende tener sexo conmigo en un lugar público? ¿No es más que un sucio exhibicionista?

Victor parpadeó. Estaba estático. Podía sentir las miradas de todos los presentes puestos sobre su espalda y quizá también algún arma señalándolo en el caso de que llegase a tocar de otra manera al líder de la familia Katsuki. El silencio y el repentino miedo que sintió fueron nada cuando, al intentar incorporarse, Yuuri no se lo permitió. Lo miró y Victor supo que aunque hubiera una salida, él no la tomaría cuando el otro pronunció, con esa voz ronca y pausada:

—Detective Nikiforov… usted, sin dejar su trabajo, a partir de este momento, va a trabajar para mí… y encubrirá todo lo que esté relacionado con Yuri Plisetsky.

Una sonrisa.

Una caricia.

Un movimiento.

Cuando dos almas son gemelas,

sin importar en qué lugar y cómo ocurra…

se encontrarán.


Autora al habla:

¡Hola, gente linda! Espero que les esté resultando todo bien. ¿Qué tal? Después de todo un lío para presentar esta historia, finalmente hemos llegado al momento en el que ellos se encuentran, jajajajaja xD. Aunque es un encuentro bastante peculiar, pero... EY, QUE ESTÁ EL ENCUENTRO. Okay, ya xD.

La música que inspiró este capítulo, y la que se escucha cuando está bailando Yuuri y el verso que recita, es específicamente "Do I wanna know?" de Arctic Monkeys :), por si a alguien le interesaba saberlo xD. ¡Es una fantabulosa canción! :3!

¡Muchas gracias a Azraq Bahrir, Kuroneko, Korou Tanako y AegisVi por cada uno de sus bonitos reviews ;3;!

¡Muchas gracias por leer y más gracias si les nace un review! :DDD