Los personajes de esta obra son del manga y anime One Piece, creados por Eiichiro Oda, no son míos.

Capítulo IV: Penitencia y Redención

¿Por qué si yo lo había rechazado de una manera tan terrible, ahora sufría al verlo con otra mujer? Sobre todo, estando yo junto a Robin, a la persona que yo amaba. Sin embargo, el domingo, pensé mucho más en él, tomado de la mano con Pellona, que en mi querida maestra.

- El fin de semana salí con Luffy, ¿lo crees? - me dijo Pellona el lunes, con un rostro muy contento – es un chico muy tierno, espero que esta semana salgamos otra vez.

No era nada contra Pellona, sino lo contrario. Era bueno verla contenta, pero por alguna razón, me causaba malestar que Luffy fuera el que la hiciera feliz. Lo peor, es que en sus ojos, sólo había indiferencia para mí. Al mirarlo, y tener intenciones de saludarlo, yo desistía al ver esa mirada que me profería, causada por mi cruel corte cuando él sólo intentaba ser amable y conquistarme.

Tenía que olvidarme de eso, de mi egoísmo desmedido, de querer todo para mí. No podía querer a Robin y al mismo tiempo ser celosa con Luffy, quien no era absolutamente nada mío. Por mi mente pasó que tal vez lo que yo quería era su perdón, que me volviera a mirar de modo amable y risueño, como él siempre lo hacía. Fue por eso, que en esa semana, traté de pedirle perdón.

El miércoles pude abordarlo a la hora del receso, antes de ir a comer junto a Pellona – Luffy... por favor, necesita hablar contigo.

Él estuvo a punto de no detenerse, pero al fin, decidió hacerlo y me miró a los ojos, con un semblante que no pude soportar, por lo que bajé la mirada al suelo – yo... - no podía decir palabra alguna – no quise decirte esas cosas la otra vez, estaba enojada y no debí hacer eso, por favor, perdóname Luffy.

Pensé que él se enfadaría más, o se iría sin más, pero luego su nobleza superó mis expectativas – está bien, Nami. Tal vez yo te presioné mucho, pero ahora podemos ser amigos – yo no pude evitar abrazarlo. Era muy reconfortante escucharlo hablar así, pero me retiré antes de que Pellona pudiera vernos. Pensé entonces que el asunto estaba zanjado, y que mis celos empezarían a desaparecer al tiempo que él empezara a mirarme de una forma amigable, como antes. Pero eso no sucedió, pues al ver que mi amiga gótica fue inmediatamente a tomarle la mano en cuanto lo vio, mi corazón se estrujó y deseó que yo estuviera en el lugar de la pelirrosa.

Esa misma noche, luego de una tarde de pasión con Robin, ella mismo notó que y o no era la misma – estuviste muy ausente, ¿pasa algo malo? - me preguntó mientras estábamos abrazadas, desnudas en su cama.

- No, perdóname, no pasa nada – no quise decirle nada. No sabía cómo reaccionaría al revelarle que experimentaba celos con un hombre, siendo que en repetidas ocasiones le había expresado mi amor a ella.

- Pues no me gusta hacerlo con alguien que aporta tan poco – me dijo en tono de broma – espero que a la próxima estés más "enchufada" en el asunto – me besó apasionadamente.

Tenía razón. Yo no debía quejarme teniendo su amor y cariño, se suponía que mi vida al fin era como deseaba, y finalmente sonreí, dejándome llevar por la escenas de beso y pasión que sostenía con Robin cada semana. Sin embargo, mi madre me quitó esa felicidad rápidamente al reprenderme por mis frecuentes salidas, y llegadas tardes a casa, casi todas causadas por mis visitas a mi amante.

- Pensé que estabas con esa amiga tuya, Pellona, pero he hablado a su casa en varias ocasiones, y tú no estás con ella, ¿dónde te estás metiendo?

Obviamente no iba yo a revelarlo, además me molestaba que me retara de esa manera – no es necesario que lo sepas, ya tengo 18 años, ¡es mi vida!

Al decirle eso, me dejó claro que mientras yo viviera en esa casa, tendría que acatar sus reglas, pero fui y me encerré a mi habitación, y no salí de ahí sino hasta el siguiente día. No tenía pensado ir con Robin, ya que mejor iría a visitar a Pellona, pero ella iba de salida, estaba por verse con Luffy y otra pareja, Usopp, un amigo de Luffy desde hacía tiempo y Kaya, la novia de éste. No me quedó más remedio que recalar en el apartamento de Robin, a quien conté mis penas.

- Bueno, es que tal vez es cierto que te has ausentado mucho de tu casa últimamente, tu madre sólo se preocupa por ti.

- Tal vez sea cierto, pero en cuanto termine la preparatoria, buscaré un trabajo de medio tiempo, y ya que esté en la Universidad me mudaré aquí contigo. Así ya no habrá ningún problema, ¿qué te parece? - le pregunté, pero su rostro no demostró mucha alegría.

- Es pronto para pensar en eso. Te sugiero que mejor te abras más con tu madre – comentó y luego cambió el tema – estaba por entrar a bañarme, ¿me acompañas?

- Claro – acepté yo, a sabiendas de la sesión pasional que se venía.

Ya era viernes y como de costumbre, Zoro estaba bastante adormilado por la mañana, por lo que me apresuré a despertarlo lo suficiente como para que siguiera caminando – vaya que tu hermanita es rara, ayer peleamos por primera vez – me dijo, pero yo no le presté demasiada atención - ¿qué pasa? ¿Tienes problemas con tu maestrita?

- No es eso, sólo que peleé con mi madre ayer.

- Sí, Nojiko me contó... antes de que nosotros peleáramos. ¿Pero segura que no tienes problemas con tus amores? - volvió a preguntarme, lo que ya se me hizo extraño en él.

- No, ¿por qué la insistencia?

- Menos mal, que yo pensé que tu relación con ella era formal, pero si es libre, entonces no hay ningún problema – no comprendí mucho a lo que él se refería, pero no tenía un buen presentimiento acerca de ello, aun así, pregunté – yo me refería a que vi a la maestra Robin con un hombre la otra vez, y no estaban en plan de amigos precisamente.

- Es mentira – atiné a decir.

- Yo no acostumbro a mentir, puedes preguntarle a Nojiko, que ella estaba conmigo y también la vio.

No pude resistir esas palabras y me separé de él para llegar a la escuela. No uqería escuchar una palabra más. Estuve a punto de llorar, no podía ser que Robin estuviera con otra persona mientras yo fuera su pareja, no quería creerlo, llegué con lágrimas en los ojos y me derrumbé en mi asiento. A la mayoría les llamó la atención, pero siendo que no era yo tan popular, no les importó mucho, hasta que cierto chico llegó.

- ¿Qué te pasa Nami? ¿Por qué estás llorando? - me preguntó Luffy con preocupación.

- No es nada Luffy, sabes que yo soy muy escandalosa – sonreí, en parte para ocultar mi estado de ánimo, y en parte porque él se preocupó por mí. Me limpié las lágrimas y traté de calmarme. Justo a tiempo, ya que Pellona estaba llegando. Seguro que me contaría otra de sus salidas con Luffy, pero no fue así, por lo que yo tuve que preguntarle.

- No fue muy bien – me dijo – de pronto él comenzó a hablar de ti, creo que te sigue queriendo. Además ya después de esta salida, vi que no somos el uno para el otro, somos distintos – sonrió resignada – pero tú tienes otra oportunidad, digo, si te gusta.

Mi cabeza estaba en otro lado en ese momento, y en cuanto tuve tiempo en la tarde, fui al departamento de Robin a aclarar las cosas, debía saber la verdad, y en mi corazón, esperaba que lo que había dicho Zoro, fuese mentira, o al menos, no una verdad acertada.

- No te esperaba hoy – me dijo ella al abrirme la puerta – pero pasa, así preparo más comida.

- Robin... – la detuve – dime que me amas por favor – ella se quedó frente a mí, sin abrir la boca para nada – dímelo, por favor – la abracé.

- No puedo – respondió ella, derrumbándome por dentro, haciéndome caer en un abismo interminable. Mis ojos se llenaron de lágrimas, preguntando el significado de esa respuesta – puedes pedirme que te desee, que lo hago, y mucho, pero no que te ame, porque eso no puede ser entre nosotras.

Fue como una puñalada, pero seguí, continué, iba a hacerlo hasta las últimas consecuencias – entonces es cierto que has estado con alguien más... me has engañado con algún hombre.

- No te he engañado. Nuestra relación no es así, no puede ser de tal manera siendo mujeres las dos, ¿acaso esperabas que nos casáramos o algo así, que fuéramos una pareja normal, común y corriente como las demás? Lo mío y lo tuyo, era sólo pasional, la pasábamos muy bien, y no puedes negarlo, pero yo sólo estaba contigo por el sexo.

Esa última palabra terminó por asestarme un terrible golpe. Ella sólo había jugado conmigo, o tal vez mi obsesión no me había dejado ver lo evidente. Era por eso que ella nunca me dijo que me amaba, nunca quería hablar de un compromiso, pero de todas formas, no tenía derecho a hacerme eso - ¡te odio! - le dije antes de irme llorando hacia cualquier lado. No podía ser mi casa, no con la pelea que había sostenido con mi madre. Habría de ser en otro lugar, y a mi mente llegó la persona a la que podía contarle algo como esto.

- ¿De verdad te gustan las chicas? - me preguntó Pellona cuando le conté todo.

- No me veas como a una zorra. Me gustan las chicas, sí, pero yo me entrego a mi pareja sin importarme nada más, de verdad – ni siquiera sé yo si eso que dije era cierto. No cuando había dañado a alguien como Luffy, o acosado a alguien como Vivi.

- Entonces, yo no te gusto, o algo así, ¿verdad?

- No te lo tomes a mal, pero no eres mi tipo – pude sonreír – eres bonita, pero prefiero tenerte como mi amiga, y espero que sigas siéndolo después de esto. Afortunadamente, ella me abrazó, y me aseguró que nuestra amistad no acababa ahí, y que me apoyaría en todo. Algo más de lo que me merecía, seguramente.

A la hora de dormir, analicé la situación. Todo lo que había sucedido desde que inició el ciclo escolar y mis lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, porque me di cuenta, de todo lo que me había causado con mis tonterías. Me creía tan sabia y madura, que no me di cuenta todo lo que me faltaba por aprender, y lo había hecho de la forma dura. Lo de Robin me dolía, y mucho, porque era cierto que yo sentía amor por ella, pero mi dignidad no podía quedar aplastada así como así, tenía que levantarme a como diera lugar.

En los días siguientes, pensé que ella me buscaría al menos para tener sexo, pero no fue así. Era indiferente conmigo, casi como si me tuviera lástima, pero eso no me llamaba mucho la atención, porque ya había alguien que me importaba más que eso. Ese chico que me acogió en mis penas, aquel que me perdonó aún cuando yo le había hecho algo terrible, el que me dedicaba una sonrisa cada vez que me veía, y que me recordaba aun cuando salía con otra chica.

- Luffy – me le acerqué – me gustaría salir contigo otra vez – le dije, pero él se quedó bastante sorprendido de mi petición.

- Pero… yo no soy para ti. Bueno, tú me dijiste que no debíamos ser nada.

No esperaba para nada esa respuesta, me desconcertó que el siempre amable Luffy tomara esa actitud – dame una oportunidad – le pedí.

- Mejor no, no quiero que pase lo de la vez pasada – tomó sus cuadernos y se fue. No iba a ser fácil reconquistarlo, pero yo sonreí, pues aunque él estaba dolido, podía ver que en sus ojos todavía existía un lugar para mí. Por supuesto, yo tenía la culpa de todo y era mi deber recompensarlo.

Conseguí la dirección de su casa con Zoro y me dirigí hacia allá - ¡¡¡¡Luffy!!!! – grité en forma repetida fuera de ahí hasta que se abrió la puerta, pero no era Luffy, sino un hombre ya algo viejo, con barba y bigote.

- Vaya que eres escandalosa, niña. ¿Qué quieres? – me preguntó de mal humor.

- Quería hablar con Luffy.

- Él no está, lo siento – me dijo, y mentía, porque en ese momento vi que las cortinas de la habitación de Luffy, se habían movido un poco, como si alguien intentara ver hacia afuera. Era lógico pensar que no quería verme, así que me fui, pero su abuelo me detuvo antes de que me alejara más.

- Sigue intentando niña. Mi nieto es algo terco a veces – me sonrió.

Y así lo hice. Desde portarme lo más dulce posible con él, pasando hasta por lo cursi, a veces casi humillándome, pero nada parecía funcionar. Estaba empezando a pensar que no podría recuperar su cariño. Él parecía estar conforme con haberme perdonado, pero ya no quería verme como su pareja.

Y un día, todo parecía terminar. Vi que en clase, él no podía resolver un problema de química, por lo que me presté a ayudarlo – así se hace, ¿ves?

- Gracias, pero no saldré contigo por esto – me respondió guardando una sonrisa inicial.

- Bueno… yo sólo quería ayudarte en verdad – me alejé de él, dándome cuenta de que lo había perdido para siempre. Contuve mis lágrimas y endurecí mi rostro, pero luego su voz me irradió esperanza.

- Oye Nami, ¿sabes lo que me gustaba de ti? Que eras segura de ti misma, orgullosa y que siempre sabías qué hacer. La de los últimos días no eres tú, y me desagradas mucho cuando te portas así.

Él tenía toda la razón ¿Cómo pensaba reconquistarlo cuando me portaba de esa forma, tan distinta a la que era yo cuando le gustaba? Entonces, aprovechando que lo tenía cerca, no dudé y lo besé, así, frente a todos los del grupo.

- Dame otra oportunidad, por favor – le pedí sonriendo. Él puso esa linda sonrisa de siempre, mientras se había puesto muy rojo del rostro. Al fin aceptó salir conmigo, y extrañamente, en el receso comió junto a mí y Pellona, quien aseguraba que hacíamos una linda pareja, Robin pasó cerca de ahí, y se quedó viendo cómo Luffy y yo estábamos bastante juntos, siendo así que al final de las clases, me dijo palabras al fin, después de tantos días.

- Serás más feliz con ese chico – me aseguró.

- Fui feliz muchas ocasiones contigo, no puedo negarlo, por eso deseo que encuentres a alguien a quien sí ames, sea hombre o mujer. Ojalá que no te rompa el corazón como tú lo hiciste conmigo – le dije y me fui. Encontré a Luffy, y lo tomé del brazo para que me acompañara a mi casa.

Ya han pasado dos años desde eso. Ahora estoy en la Universidad y Luffy y yo seguimos siendo novios. No nos casaremos hasta que terminemos la carrera. Él la tiene difícil con la suya, Administración de Empresas, mientras yo estaba con la meteorología. Aun así, trataba de ayudarle en lo que podía. ¿Robin? Me habló hace poco, está viviendo con una chica, llamada Hancock, me envió una fotografía, y debo decir que su pareja es hermosa, espero que no le rompa el corazón, en esa imagen se veían felices juntas. Pensé que nunca volvería a relacionarse con una mujer, pero, irónicamente, terminó encontrando el amor con una.

El amor no distingue, sólo llega, no avisa y provoca una reacción que supera a la razón. Es ciego y no importa quién o qué sea esa persona, sólo sabes que quieres estar con ella.

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Así termina el fic. Me gustó como terminó pero creo que lo hice un poco apresurado. Espero que a ustedes también les haya gustado y sigan mis fics en un futuro. En este mes tengo que ocuparme algo de la escuela, pero ya volveré con otros Shoujo-ai. Si quieren recomendarme parejas, adelante, que a mí se me ocurren varias de todas maneras, pero unas ideas nunca están de más

Muchos besos a todos y todas. Gracias por leer.