Romeo&Julieta
Heme aquí con el siguiente capítulo, señores. Ojalá les guste. Para su comodidad, he decidido poner cuando hablo del presente, y cuando del pasado (todo este capítulo hablaré del pasado). De ese modo, evitaré confusiones. Aclaro que en el pasado de esta historia, Hermione y amigos tienen alrededor de catorce años, y están en segundo grado de secundaria. En el presente, están por cursar el último año de la preparatoria, así que tienen de diecisiete a diecinueve años.
Mariion.Malfoy
Pd.
Todo lo que ya saben pertenece a J.k. Rowliing… Los demás nombres que no conozcan son míos y de mi loca imaginación )
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Un Mal Presentimiento
El balón fue a dar a la jardinera donde Hermione Granger permanecía sentada observando el partido; de ves en cuando tomaba algo de agua de la botella fría que había comprado en la tienda, y otras veces examinaba con cautela el regalo que Draco Malfoy le había dado por su cumpleaños. Le resultaba extraño el asunto. Conocía perfectamente las intenciones de Malfoy, así como las mismas al entregarle el regalo. Y era eso lo que le resultaba aún más extraño... El regalo... Sin embargo, no podía detenerse demasiado en el presente de Draco, pues sabía de antemano que Zabinni la veía, y que por lo tanto, no le había gustado para nada el acercamiento del chico hacia con ella. No podía evitar sentirse atraída a ver el interior del paquete, pero sabía que si lo hacía, le traería más problemas con su novio. Sabía lo que había adentro; sabía porqué estaba eso dentro. Pero aún así, no quería abrirlo. Sentía unas ganas enormes de deshacerse de él, como si eso bastara para evitar ser embrujada por el contenido del regalo.
El viento pegó con un poco más de fuerza desviando el balón de los pies de Nott y tirándolo hacia la jardinera, como por arte de magia. La excusa perfecta para llegar a ella; el momento indicado para hablar con ella sin aparentar. Cosa que al entrenador le pareció sumamente interesante, a juzgar por las expresiones faciales en uno que otro jugador. Antes de que su objetivo se viera truncado por algún otro voluntario, Zabinni salió tras el balón. Pero sonreía diferente... « Definitvamente está molesto » Pensó Hermione. Pero solo se limitó a devolverle la sonrisa. Zabinni trató de alcanzar el balón sin toparse con la niña pero fue inútil: ella lo tenía en sus manos, y al balón también.
- Hermione... - dijo en un susurro, viéndole a los ojos. Era inevitable sonreír dulce ante ella. Y ella notó el cambió en él.
- Hola Blaise. Toma - dijo, extendiendo la mano que sostenía el balón, para entregárselo. El lo tomó habilmente y se dió la vuelta, aventó el balón unos cuatro o cinco metros más allá de la línea de banda de la cancha y se volvió hacia ella.
- ¿Has venido a verme?
- He venido a ver el último juego de Harry - contestó, desviando la mirada hacia el partido que ya había reaunudado; Blaise asintió algo desganado - Esa es la razón oficial... - agregó volviendo a verlo a él.
- ¿Y la extraoficial? - dijo con un dejo de esperanza.
- He venido a verte a ti - Blaise se volvió aparentemente ofendido.
- Pero ves mas a Potter que a mi.
- !Por supuesto que te veo! Que le pongas más atención al balón que a mí, y no te des cuenta de mi, es otra cosa - soltó con algo de recelo y molestia.
- Estas celosa del balón - dijo, con tono pícaro y medio burlón. Ahora fue ella la ofendida.
- ¿Celosa yo, de un balón? - Zabinni rió - !Claro que no! - pero Blaise no dejaba de reír, haciendo en Hermione un sentimiento de culpabilidad aceptada - Bueno, tal vez un poco, porque por ese balón estarás fuera una semana entera...
- ¿Me extrañarás? - el chico se sentía feliz con esa idea.
- No, a ti no - dijo falsamente, y continuando con el sarcasmo - Extrañaré a Hathaway y a Diggory; te llevas a los atractivos visuales del torneo de los recesos. Así ya no valdrá la pena ir a los juegos...
- Hieres mi amor propio. ¿Dices que esos dos tienen algo que yo no? - dijo algo mordaz. Era obvio que no había captado el doble sentido de su sarcasmo.
- !Oh, por Dios Blaise! Claro que no. No te pongas celoso, era solo un sarcasmo - dijo, entre risas.
- Pues si me pongo celoso - dijo, con un enfado para nada disimulado - Me pongo celoso de todos: de Diggory y de Hathaway, de Potter, de Malfoy, de...
- ¿De Malfoy? - preguntó extrañada. Él solo asintió, sintiendo esta vez irritación en sus venas - ¿Por lo que hizo hace rato? - pero no obtuvo respuesta. Era más que obvio que si había observado la escena - Te voy a dar tres razones por las que no tienes que estar celoso de él... La primera, el regalo es un chocolate..
- Te fascina el chocolate - dijo entredientes, deseando con la mirada lo peor para su mejor amigo.
- Pero este tiene amendras, y como sabrás, soy alérgica a ellas... Solo lo ha hecho con el puro objeto de torturarme: típico de Malfoy - Blaise volteó a verla - Y lo ha dado muy tarde, lo que significa que ni siqiera lo había recordado.
- ¿Y como explicas el acercamiento?
- ¿Te refieres a cuando me lo dió? Estaba como a medio metro de mí. ¿Desde donde me veías?
- Desde allá - dijo señalando una de las ventanas que solían usar como banca para el equipo, en los entrenamientos.
- Una buena vista, si lo que deseas es ver el partido; lo sabes - y lo que él más odiaba del caso, es que ella tenía razón. El estaba distorsionando las cosas, y ahora se sentía estúpido por sus celos - Solo fue un regalo de cumpleaños. Blaise, no quiero que pierdas la confianza en tu mejor amigo por algo como esto - él estaba a punto de decir algo cuando Harry los initerrumpió.
- Zabinni, entras por mí. Órden de Flitch - dijo, con el aliento entrecortado por haber corrido.
- Oh bueno, el entrenador se ha acordado de mi existencia - dijo sacando de nuevo a flote su sonrisa de siempre - Hermione - dijo para despedirse, y luego se marchó corriendo, hacia el pasto.
- Harry, dejaste pasar dos y muy buenas - recalcó - oportunidades para anotar cuando Sloan te pasó el balón - se apresuró a decir, para desviar la atención del chico sobre Zabinni.
- Malfoy no dejaba de marcarme; secundado por Goyle y Kirk logró cerrarme el camino. Por lo visto, hoy está de malas - pero la chica ignoró ese último comentario, no despegaba la vista ni del partido, ni de cierto jugador... - Pero no negarás que la finta que hice al último fue lo mejor.
- Cualquier gol anotado por el capitán Harry James Potter Evans es una obra maestra, querido - dijo, bastante alegre.
- No digas eso - dijo con algo de modestia, pero el comentario le había agradado en lo absoluto.
- No lo digo yo - dijo divertida - Lo dicen ellas - señaló con la vista hacia un grupo de niñas fans de Harry, ubicadas detrás del entrenador, entre las ventanas y la cancha. Ambos rieron.
- ¿Qué quería Blaise?
- Nada - dijo, con expresión normal - Solo hacer tiempo en lo que lo metían. No dejaba de hablarme sobre lo injusto que suele ser Flitch con ustedes, a veces.
- Si lo dice por los castigos, estoy de acuerdo con eso - dijo, asintiendo levemente - Ese entrenador está chiflado.
- Nadie puede estar más chiflado que Snape, querido. Nadie - y rieron a gusto - Hablando de Snape, paso hace rato solo para decirme que ni me parara a los ensayos mientras Malfoy estuviera ausente...
- ¿Por?
- No tengo idea. De todos modos es una preocupación menos.
- Sigues con esa sensación de que algo malo va a pasar... - dijo Harry en tono de reproche - Hermione, tranquilízate.
- No puedo evitarlo - dijo con dejo de melancolía en su voz y rostro, haciendo memoria - Pero aún así... Trataré de olvidarlo al menos por el día de hoy - comentó, recobrando un poco la alegría, y recordando la promesa que se había hecho apenas hoy en la mañana.
- Nada malo pasará. Lo prometo - dijo, un tanto consolador. La chica asintió, tratando de despejar su mente, cuando recordó lo que tenía entre sus manos...
- Harry - el chico gimió en señal de respuesta, pues su vista estaba fija en el partido - ¿Qué te gusta más: las almendras o las pasas?
- Las almendras.
- Lo sabía. Toma - puso el chocolate que Draco Malfoy le había regalado sobre el regazo de Harry; si no le había pregutado por ese hecho, esta claro que no lo había visto.
- ¿Y esto? - dijo, con algo de estupor.
- Suerte en el viaje - sonrió franca - El chocolate de la buena suerte - mintió levemente. Lo cierto era que no quería comerse el chocolate.Pero ella solamente le había entregado el chocolate, la envoltura se la había quedado ella...
- Gracias, Hermione.
La verdad es que eso del asunto del mal presentimiento la estaba poniendo a dudar demasiado. Le preocupaba que algo malo les pudiese ocurrir a Harry y a Blaise. Y nunca había sentido algo tan feo como esto...
El partido iba en el minuto sabrá Dios, del segundo tiempo. La verdad Hermione solo estaba ahí por que no tenía ganas de estar en la empresa de su madre. El marcador iba empatado a uno, lo que significaba que el equipo estaba lo suficientemente preprado y que si bien los goles se habían metido por simple ego personal del mismo equipo; ya eran cerca de las siete de la noche. El primer gol fue de Malfoy, al recibir el balón por parte de Hathaway quien estaba siendo peligrosamente seguido por Harry y Cedric. Eran dos equipos, conformados por siete jugadores: los de casaca verde y los de casaca roja. Malfoy era de verde, y Harry de rojo. Luego del elegante gol que metió Malfoy, vino otra oportunidad para él pero le fue bloqueada gracias a Hunt, colocado en ese punto por Harry luego del gol de Draco. Después el balón pasó a manos de los de rojo al pasarla por error a Sloan; una oportunidad para anotar de Diggory bloqueada por Kirk; Potter recuperó el balón y no fue hasta el tercer intento en que logró anotar, gracias a una brillante finta. Luego de eso, el entrenador cambió a Harry por Zabinni, a Malfoy lo movio al equipo rojo por Tigobanner, Zan entró en lugar de Diggory y Hunt fue cambiado de equipo por Kirk. Eran interesantes lo movimientos que hacía el entrenador, pues a sabiendas de que parejas como Potter y Hathaway asi como Malfoy y Zabinni eran invencibles jugando en el mismo equipo, los separaba. Y ahora se hallaba sentada a lado de Harry, su mejor amigo, viendo jugar a Blaise, su novio, y a Draco, su exnovio. Era curioso, pero podría jurar que Malfoy jugaba enojado.
- Señorita Granger - se oyó una vieja conocida voz venir detrás de la chica - Su madre me ha enviado por usted.
- Oh, eres tu Demetrio... No podré verte terminar el partido Harry, no me queda de otra - exclamó desalentada, mientras Demterio solo sonreía sincero - Me voy - se puso en pie, alisándose la falda. Al mismo tiempo, el entrenador paraba nuevamente el partido - Harry, te deseo mucha suerte con lo de capitán.
- Al rato iré a tu casa, Hermione. No pienses que he olvidado tu regalo - anunción con cierto tono de misticismo y sorpresa.
- Tu vas a hacer que me vuelva cardiaca con tus sorpresas. Pero bueno, espero que se muy buena - dijo decidida, a lo que rienron, incluyendo Demetrio.
- Señorita, su madre le ha enviado esta ropa.Desea que se cambie antes de llegar a la empresa, pues tiene la ligera impresión de que llegará al mismo tiempo que ella salga con los nuevos inversionistas, y desea que usted se vea presentable.
- Como si ponerte más bella fuera posible, amiga.
- Harry, no empieces, que luego se me suben las infulas - dijo con algo de realismo - Está bien Demetrio. Espere en el auto si lo desea. Yo iré a los vestidores de mujeres, aprovechando que son más espaciosos - el señor asintió y se retiró del lugar - Harry, te veo en la noche. La reunión empezará cerca de las nueve y media; tienes tiempo suficiente de ducharte y arreglarte como Dios manda.
- Como si ponerme más guapo fuera posible - y tras verse fijamente, rompieron en risas.
Luego la chica se dirigió a los vestidores, atravesando al cancha, aprovechando que el partido estaba detenido. Pudo notar que el entrenador no dejaba de gritarle cosas a alguien que había entrado a los vestidores, ignorando sus gritos. Vio la persistente mirada de Blaise por retenerle, pero ella solo sonrió avergonzada. Sabía que a pesar de que el chocolate fuera de almendras, y fuera entregado a destiempo, y no fuera blanco, su novio seguía intrigado y sumamente celoso de Malfoy. Lo ella no sabía (y obviamente Blaise si) es que el chocolate que acaba de regalar a Harry era uno de los más preciados para Draco, y por tanto, muy exclusivo y difícil de conseguir. Blaise sabía perfectamente que regalar una cosa como esa no era exactamente lo más normal del mundo. Ya Hermione se lo había aclarado, también su propia conciencia y su sentido común le decían que dejara de darle vueltas al asunto. Pero él no podía evitar sentirse intranquilo. Sonó el silbato, y el juego se reaunudó, mas no pasaron ni diez minutos cuando el entrenador volvia a parar el tiempo y hacer cambios. Spencer entraba por Kirk, quien satisfecho consigo mismo fue a sentarse a la banca-ventana, Mckey por Finnigan, Delawey cambiaba de casaca con Sloan y Harry entraba en lugar de Malfoy. El entrenador había visto en el muchacho su desinterés por seguir jugando, y la agresividad con que pateaba al balón; evidentemente tenía la mente en otro lado. Una vez fuera del juego, le aventó la casaca a Harry y fue directo a los vestidores sin siquiera darle explicaciones al entrenador. De todos modos no hacía falta; por eso mismo lo había sacado.
Efectivamente había olvidado el cumpleaños de Hermione, pero eso no era lo que le molestaba a sobremanera; ni mucho menos el hecho de que su chocolate favorito fuera a dar a manos de Harry. Eso también le daba igual. El problema era que aunque por más coraje que trajera no iba a poder hacer nada: su madre se hallaba internada en un hospital por descuido de su padre. Y ahora el se iba a un estúpido torneo, dejándola sola en un lugar tan solitario como lo es un hospital. Lucius, su padre, esta igual o peor de deshecho que su hijo. Todos sabían que este torneo era la oportunidad perfecta para conseguir un lugar en la nacional y con eso, una perfecta carrera en el futbol. No todos tenían la oportunidad para repetir esa increíble oportunidad. Y ésta era la suya para ser un ídolo en el futbol: sabía que no había nadie mejor en el equipo de Hogwarts, excepto tal vez por Harry Potter u Oliver Wood, eso lo tenía claro. Pero la gravedad de su madre pesaba más que sus ambiciones...
- Malfoy, estás tirando el agua... - dijo con voz cansina y mostrando gestos que mostraban lo obvio del asunto al muchacho, quien de inmediato reaccionó. Retiró su vaso del grifo automático del despachador de agua. Se quedó viendo fijamente al vaso de agua; tan cristalina y tan tranquila, un mundo de paz... Bufó cansado.
- No me había dado cuenta - dijo, con algo de vergüenza en su hablar. Se sentía estúpido, vulnerable y miserable.
- Claro, descuida - respondió sin miramiento hacia el estado de Draco - Nos vemos - se dió la vuelta y caminó hacia la puerta; y justo cuando estaba dispuesta a salir, Malfoy reaccionó ante el miedo de sentirse solo en ese instante. Su cara mostraba fragilidad, sin embargo, se hallaba de espaldas a Hermione.
- !Granger! - ella se detuvo al oir el llamado, dándole aun la espalda al niño rubio, posando su mano en el pomo - Digamos que decido no ir al torneo y me quedo aquí... - calló un instante; estaba sonando demasiado franco ante ella - ¿Crees que el mundo pueda esperar un año más a mi aparición estelar en el campo? - ella rió honesta y algo sorprendida ante la pregunta. Draco Malfoy, el arrogante más creído de toda su existencia, pedía la opinión a alguien distinto a él mismo.
- Malfoy¿a que viene eso? - preguntó, mostrando un poco de interés al mostrar de perfil su rostro, aún sin mirarlo directamente. El niño le dio sorbos a su vaso.
- Eso es solo un suposición, Granger - ella asintió algo desesperada: se le estaba haciendo tarde y Draco la importunaba con preguntas que no le incumbían a ella.
- ¿Y porque no habrías de ir a un torneo donde tendrás la oportunidad de irte a un nacional y librarme a mi de otro año mas soportando tu existencia? - el muchacho no respondió; era obvio que había sido una pérdida de tiempo el haberle a preguntado a Hermione el parecer. Cayó un inmerso silencio incómodo para ambos, y entonces ella suspiró - Evidentemente, Malfoy - exclamó con especial énfasis en el nombre - tus habilidades no desapareceran de un día a otro... - él meneó su vaso, contemplando el movimiento del agua: ahora sí que se sentía avergonzado con esa explicación tan obvia - El mundo puede esperar al gran Draco Malfoy un año más. Ahora dime que tengo prisa¿tendrás tiempo para los ensayos?
- ¿Que cosa?
- Los ensayos - dijo perdiendo la paciencia - Teatro, yo Julieta, tú Romeo, práctica...
- Ya, ya... - interrumpió - No lo sé. Mi mamá esta internada y no la quiero dejar sola - cerró la boca al instante: lo había dicho. Ella cambió su rostro y comprendió la verdadera razón por la que Malfoy no quería salir de la ciudad. Quitó la mano del pomo, y girando sobre sus pies graciosamente, se acercó hasta permanecer a una distancia considerable del niño.
- ¿Tu madre está conciente de sí? - él negó - Supongo que sabrás sus palabras si lo estuviera y te oyera decir eso - él asintió dolorosamente, casi como si estuviera oyendo a la misma Narcissa en su mente - Entonces, ve y gana ese dichoso torneo y has que tu madre se sienta orgullosa de ti - Draco volteó algo asustado, por la convicción con la que Hermione le hablaba: Casi igual a su padre, pero con el tacto de su madre.
- Te puedo pedir un favor, supongo - dijo, con voz apagado y expresión gacha.
- No hace falta; yo no voy a decir nada a nadie. ¿Puedo visitarla? - la expresión del niño se volvió más ansiosa ante esa pregunta.
- Lo más seguido - contestó atropellando als palabras, para luego sentirse aun mas avergonzado y darle la espalda a la muchacha - Patrician, habitación 1029.
- Descuida. Todo va estar bien - regresó a la puerta de salida de los vestidores - Patrician, 1029 - repitó una vez más, algo cansada. Oyó al niño darle las gracias, a lo que ella solo atinó a agradecer con las manos saliendo de una buena vez de los vestidores. Salió tan ensimismada en sus pensamientos, que ni siquiera se dio cuenta de que tanto Harry como Zabinni esperaban a que ella volteara para al menos decirle adios. Pero ella nunca volteó. Lo único que podía pensar era en Patrician, 1029. Y luego concluyó en que si la mujer estaba en Patrician era porque de verdad estaba grave.
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Era la segunda ves que tocaba la puerta y no había respuesta alguna. Dudo por un instante su presencia ahí; se había jurado jamás volver a un hospital, mucho menos a Patrician. Bajó la mirada, recargando su frente en la puerta de la habitación. El pasillo estaba desierto. Sintió en sus manos el ramo de flores, enlazado finamente con un listón de seda de esos que su abuela adoraba. Sonrió cínica e irónica, sin dejar de pensar en lo que le había prometido a Draco. - Es la última vez que hago este tipo de promesas; sobretodo si involucran visitas a Patrician - susurró de muy mala gana, apretando los dientes. Suspiró cansada. Decidida abrió la puerta, topándose con una cómoda pero a la vez vacía sala de estar. Recordó entonces que la estancia de la señora Narcissa era un secreto. - Debo sentirme alagada en ese caso, por saberlo - pensó irónica ante tal recuerdo. Caminó con cautela, atravesando la sala de estar, y asomando su rostro por el marco de la inexistente puerta que llevaba hacia la cama de Narcissa, la madre de Draco. No quería hacer ruido. El cuarto era bastante amplio y lujoso. Entonces pensó que no era para menos, siendo hija del señor Black y esposa de un Malfoy. Vio a la mujer con la piel sumamente demacrada, conectada a un respirados y otras cinco máquinas mas. Acercó una de las sillas que tenía la habitación, con sumo cuidado. Quería ver de cerca a la señora; hace tiempo que no la veía en persona. Antes de sentarse ció en la cabecera delantera de la cama, la tarjetera metálica con los récords médicos de Narcissa. Entonces sintió como si el pasado volviera al presente: la señora Narcissa estaba en coma. Entristecida, volvió a su lugar en la silla. - Señora Narcissa - su voz sonaba dulce - Yo se que me escucha, a apesar de lo que digan los doctores. Soy Hermione Granger, pero el nombre es lo demenos en un momento como este. Hoy su hijo jugó su último partido como local; yo se que luego de este torneó se ira a un nacional - sonrió algo emocionada al recordar el partido de la tarde - Tuvo que haberlo visto: se veía como un profesional... Aunque, para serle sincera - dudó un instante en continuar, volviendo su rostro hacia la puerta para asegurarse de no ser escuchada - yo no quiero que Draco se vaya a ese dichoso torneo ni a ningú nacional - la plática se volvió en un monólogo - Mientras esté fuera, no habrá teatro para mí - y luego se acercó al oído de la mujer - y las clases no serán lo mismo sin él, tengo que aceptarlo - comentó como si fuera un secreto entre ellas dos - Sin embargo - se levantó de su asiento, y comenzó a pasear por la habitación - deseo que sea el mejor futbolista de todo el mundo, señora; y que no me oiga Harry porque entonces se siente conmigo - solotó un par de risitas acomedidas - ¿Sabe que su hijo no se lleva con Harry Potter? Eso me hace pensar en que pueden llegar a ser grandes amigos; polos opuestos se atraen, los iguales se repelen - dijo sabiamente - Los dos están cortados por la misma tijera, pero muy a su modo - finalizó, dándose cuenta que ya se había desviado del tema. Permaneció en silencio un momento, y sonrió sonrojada - Señora Narcissa, yo se que le gusta la música concertista y en lugar como este creo que mi ipod es lo mas cercano a la vida diaria...
Sacó de su bolsillo el susodicho objeto; tomó asiento en la cama de la señora poniéndole con cuidado los audífonos; uno lo dejó semipuesto, con la intención de que la señora la siguiera oyendo.
- Algo de música no le vendrá mal, señora Narcissa. Siéntase afortunada, no a todos presto mi ipod de buena gana - fijó su vista en la ventana del cuarto. Volvió a la silla - ¿Tiene idea de lo mucho que la extrañará su hijo mientras esté fuera? Cuando supo de su estado, decidió no ir al torneo. Pero yo lo convencí de lo contrario; me tomé la libertad de decirle que si usted estuviera completamente conciente, le diría que fuera y ganara ese estúpido torneo - hizo mueca de molestia - Seamos honestas señora Narcissa, sabemos que una oportunidad como esta dificilmente se repite y por mucho que nos desagrade la idea - bajó màs la voz, y se acercó a Narcissa - ni usted ni yo sabemos vivir sin su desvergonzada y única sonrisa. Si lo recluta un buen equipo, al menos, por televisión podremos verlo... - y terminó riendo algo sonrojada.
Regresó a la silla, fijándose en la hora. Le quedaba un hora. Luego de diez minutos, vio en la repisa el periódico de hoy, intacto. Se levantó a tomarlo, y al abrirlo en finanzas, vio una gran noticia.
- Señora Narcissa, mi mamá ha sido nombrada empresario, bueno, empresaria del año. Estoy segura que ni cuenta se dio por estar al pendiente del nuevo contrato... ¿Qué puedo regalarle por su nombramiento? - no recibió respuesta alguna, así que continuó leyendo la sección con tranquilidad - Hay muy buen augurio sobre inversiones en tecnología surcoreana; no estaría de más tener un par de acciones en esa área. Si queremos internacionalizar la empresa, tenemos que movernos antes que el monstruo de Whiterspoon's Factory. Ese Bunklewi esta ganando puntos con acciones norcoreanas - recordó hábilmente la conversación entre su madre y el secretario de imagen de la empresa - y nosotras posibles esposos - comentó irónica - Mi mamá debería preocuparse más por entablar relaciones extranjeras que por hacer convenios locales. Aún aunque a la larga nos deje renombre, si Whiterspoon's Factory gana el reconocimiento internacional antes que nosotras, el terreno será difícil para la empresa - concluyó, sin dejar de analizar las tablas y gráficas que el periódico mostraba - No está de más recordar el respaldo de la empresa de mi abuelo. Pero conociendo a mi madre, señora Narcissa, yo se que no aceptará nada regalado ni mucho menos sin ningún tipo de esfuerzo. Esos son los verdaderos comerciantes, señora, no los fayuqueros estafadores que se hacen llamar empresarios como Bunklewi con su Whiterspoon's Factory. Puedo asegurarle que muy pronto verá en los periódicos la bancarrota de su empresa, que es tan inminente para cualquiera que lo conozca bien.
- Así que tu conoces la verdadera historia de Whiterspoon's Factory - la voz sono imponente y con ese arrastre de palabras que caracterizaba a Draco. La muchacha supo guardar muy bien su asombro, asintiendo sutilmente.
- Señor Malfoy, buenas noches. Hermione Granger - se levantó inmediatamente de su asiento, proporcionando un leve sonrisa. Mientras tanto Lucius no hacía más que avanzar en su silla de ruedas. A simple vista, Hermione pudo deducir que había sido un accidente automovilístico.
- A juzgar por tu edad, tienes buen juicio en lo que a economía refiere.
- Nada que el periódico no diga, señor Malfoy. La verdad la economía no es lo mío.
- Tienes muy buenos argumentos en esa materia. Si fueras mayor de edad, te contrataba de inmediato.
- Con una familia dedicada enteramente al comercio, señor Malfoy, es muy difícil no saber del tema - dijo con algo de interés, dejando a un lado su porte distraído y el periódico. Lucius se acercó a la cama, del lado contrario a donde Hermione se encontraba.
- Eso es muy cierto. Mi hijo en cambio, - dudó un momento, volteando a ver significativamente a su esposa; luego suspiró - quiere jugar futbol - finalizó algo resentido. Hermione intuía algo que retumbaba en su mente.
- Y quien no, señor Lucius - dijo, llamando la atención del hombre - Como se lo he dicho antes, no estoy interesada en el comercio ni en la economía. Créalo o no, estudiaré arte, o cualquier cosa que se le parezca. Sin embargo, del dicho al hecho - cayó unos instantes - hay un gran y obscuro abismo. Como toda hija mayor, las expectativas de la familia caen en una por simple hecho de ser la primogénita. Sea cual sea el caso - se dispuso a finalizar - este no es momento para hablar de cosas sin importancia.
- ¿No te importa tu futuro? Te aseguro que tu familia solo quiere lo mejor - dijo Lucius, pero la niña lo interrumpió tajantemente, marcando en la conversación un ritmo nervioso.
- Señor Lucius, con todo respeto, el futuro de cada quien solo le concierne a ese quien; nadie tiene el derecho de pensar o actuar en nombre de ese quien.
- Comprendo - respondió asombrado. La niña le hablaba de cosas que solo un adulto podía pensar, y sin embargo, no perdía ese toque de inocencia y ecuanimidad de un joven; recordó entonces lo atrabancado e impulsivo que solía ser Draco, su hijo - Asi que piensas que la tecnología surcoreana es mejor que la de Norcorea¿no es así?
- No lo pienso yo; lo dicen las gráficas.
- Aún y conque las acciones en la BVI son más para la casa norcoreana que para la surcoreana - dijo a manera de desafío.
- Señor Malfoy, si viera usted los records hsitóricos, se daría cuenta que la tasa hipotecaria automotriz es cada vez mayor en la casa estadounidense. La crisis será mundial si esto continúa, y afectará a las casas más importantes como Francia, Alemania, Brasil, China, y desde luego Inglaterra. Aquellas casas con menor pérdida tendrán más capital y recursos; Norcorea perderá territorio, quedando por debajo de Surcorea, cuya tecnología nueva se está abriendo paso al éxito.
- ¿Piensas en una crisis mundial con solo el aumento en un servicio bancario?
- No hay otra explicación para los doscientos millones ciento cincuenta mil euros inyectados a los fondos de reserva de la banca inglesa. ¿Qué otra cosa lógica podría ser, señor Malfoy? Si ese depósito se hizo fue para algo. No puede negarlo; mi punto de vista es razonable y tengo fundamentos lógicos. Habrá crisis en América, y se expanderá hasta nuestro mercado y al resto del mundo. Si el gobierno puede hacer algo para evitar que nos afecte lo menos posible, bienvenido - declaró - Mientra tanto, invertir en Surcorea es un buen recurso para reducir los números rojos.
- Déjame pensar en eso un rato. Mientras tanto hablemos de otra cosa - ofreció sutilmente y con cierto agrado por la plática. No todos los días era fácil encontrar a un joven hablar de economía con tanta soltura y buen juicio como lo hacía esa niña, pensaba él - Sé que aún eres joven¿pero que es lo que estudiarás, muchacha?
- Estudiaré arte, sí - sonrió - pero orientado al diseño gráfico mercadotécnico - el hombre rompió en risas; eso era algo alentador para ella: restaba tensión.
- Después de todo, no te librabrás de la maldición en tu familia, con eso del amor al comercio.
- Y más que nada - agregó, con un tono vago - que es una costumbre que el abuelo no quiere que perdamos. Y lo comprendo. Por ejemplo, mi primo Buck y sus deseos por viajar por el mundo. Hace veinte años no había tantas opciones de estudio como hoy, así que sin tener de otra se metió a contabilidad y finanzas industriales; y empezó a perfeccionar su castellano. Luego la universidad empezó a emplearlo como traductor, y entonces se le dijo que si aprendía mas idiomas posiblemente lo contratarían como tutor de juniors en viajes de estudios, al tiempo que revalidarían sus materias en las universidades donde estuviera. Y mírelo ahora, todo un habilidoso con el castellano, francés, italiano, alemán, mandarín y portuges, y terminandosu posgrado, sin dehar aun lado las negociaciones para hacer relaciones internacionales con el abuelo. Ahora tratan de convencer a mi abuelo para meter a Buck en las embajadas.
- Y favorecer el monopolio Granger - sonrió satisfecho ante el comentario, que obviamente, había incomodado a Hermione. De hombre arrogante y pedante no lo bajó.
- Con todo respeto señor Malfoy - contestó - que al menos mi abuelo si haya podido inculcar en sus hijos, y ahora en sus nietos, el amor por el trabajo que desde siempre ha perdurado en la familia, le demuestra a usted que el corporativo de la familia no es un monopolio. Los problemas en la empresa de mi madre solo afectan a la empresa de mi madre, no a la de mi abuelo o a la de mis otros tíos - la reacción en el señor Malfoy fue exactamente la que la niña esperaba: que cerrara la boca. Al parecer, la alusión que había hecho con respecto a eso de que al menos su abuelo si había logrado que sus hijos se interesaran por continuar con el negocio y Malfoy padre no lo pudiese lograr en Malfoy hijo, le había dolido.
- Evidentemente padre, ni tu ni Granger piensan de la misma forma - exclamó Draco, rompiendo la tensión recién creada en el ambiente - Buenas noches, Granger.
- Buenas noches, Malfoy.
- ¿Qué está oyendo mi madre? - habló sumamente extrañado de lo que veía; fue hasta entonces en que Lucius visualizó la existencia del ipod de Hermione.
- Conciertos de violin italianos. Una vez te oí decir que tu mamá oía eso a la hora del té - fijó la vista en Narcissa - Personalmente, puedo decirte que como terapia es muy buena. Relaja, despeja y libera el espíritu de cierto modo.
- Señor Malfoy, no puede permanecer mucho tiempo fuera de cama. Es necesario que regrese a su cuarto - dijo una enfermera que con paso veloz, se acercó hasta la silla de ruedas de Lucius, y tomando las manivelas lo condujo hasta la salida del cuarto, no sin antes recibir la despedida de Hermione. Draco por su parte, se acercó hasta la ventana, dándole la espalda. Una vez que el hombre y la enfermera hubieron salido del cuarto, y la puerta se hubo cerrado, Draco se dignó a hablar.
- ¿Te dijo algo que te incomodara, Granger? - seguía de espaldas.
- No. Al contrario. Tu padre es de esas personas con el sentido nacionalista bastante arraigado en su ideología; mientras yo pienso en un panorama económico mundial bastante posible, él solo piensa en la ya perdida invencibilidad de Inglaterra - dijo con un desinterés marcado por seguir con el tema. Retomó el periódico para ver una vez más la fotografía de su mamá, en el artículo de "Empresario del año".
- No eres la única que piensa que la crisis americana se volverá mundial.
- Por supuesto que no. Cualquiera con más de dos dedos de frente puede ver eso a leguas. La crisis será inevitable en todos los sentidos. Mientras tu padre sigue confiado con que la nueva tecnología de Corea del Norte tendrá mejores remuneraciones para sus inversionistas, yo pienso que será Surcorea la que a fin de cuentas nos agrege más ceros a nuestras cuantas bancarias.
- Piensas muy fríamente, Granger.
- Soy realista Malfoy - contestó incómoda, cambiando de página - Si tu no convences a tu padre de mover sus acciones norcoreanas a otro lado, o al menos, reducir el capital, la economía de la empresa se verá afectada. Eso si la mayor parte de las ganancias están invertidas en eso; y aunque no lo fuera - agregó - no está demás prevenir - Draco no dijo nada - ¿Quién quedó capitán?
- Diggory - contestó a marchas forzadas.
- Me alegro por Harry - dijo, sin mover ni un ápice su vista hacia él - El pobre tenía la ligera impresión de que si quedaba algun otro, se le subieran las sínfulas y le fastidiara el viaje - comentó irónica, recibiendo de Draco una risita muy sarcástica.
- Estúpido Potter - susurró sin dejar de sonreir - Y bien Granger¿como piensas terminar tu día?
- Una hermosa cena familiar, Malfoy - respondió sin ganas, concentrándose aun más en el periódico - A la que no puedo invitarte puesto que no habrá almendras de postre - dijo, conteniendo una risa. Malfoy la vió de reojo, torciendo un poco el cuello.
- Será una pena entonces, que no disfrutes de lo que más te encanta en tu cumpleaños.
- No tanto como el tener que verte fuera de clases.
- Te recuerdo que no te obligué.
- Y no lo hago por ti, Malfoy. Sea lo que sea que haya pasado, tu madre no merece estar así.
- Y te recuerdo que puedes marcharte si mi presencia te molesta.
- No me molestas Malfoy; desde hace rato que vengo ignorándote más de lo que tú lo haces conmigo - respondió, más seca que nunca, sin poder concentrarse ya en el periódico, y siguiendo de soslayo la presencia de su acompañante.
- Así que los dos hemos caído en un desagradable juego - exclamó sarcástico, volteando a verla.
- Algún día uno de los dos se hartará y entonces ya no simplemente nos ignoraremos Malfoy, sino que encima de todo podremos llegar a sentir un desprecio mutuo.
- Me agrada tu forma de pensar - asumió curioso de lo que sentía: nada - No somos tan diferentes después de todo, Granger.
- Nunca lo fuimos, en realidad. De haberlo sido, tu y yo jamás... - pero al caer en cuenta de los que estaba por decir, calló. Malfoy fijó intensamente su mirada en ella, acercándose a paso lento a la cama de su madre, que era lo que se interponía en su camino para acercarse de lleno a ella y mirarla aún mas de cerca. Hermione no articuló ni una sola palabra, ante lo que veía suceder. Y de pronto, el celular de la chica los volvió a la realidad - ¿Qué sucede?... Ah, ya veo... No alcanzo a llegar a la empresa; estoy del otro lado de la ciudad, prácticamente. Mejor dile que salí a comprarme algo y que de ahí me pasé a la casa a arreglarme... Aja... Pefecto. De todos modos, tenía pensado ir a la chocolatería... ¿Amargos? Bueno... Suerte - y colgó la llamada.
- Disculpa la impertinencia de mi padre, y gracias por venir.
- Dormirás aquí, por lo que veo - él asintió - ¿Necesitas algo? - él negó - En ese caso, me marcho. Cualquier cosa, llámame - se dio la vuelta, dispuesta a salir del cuarto.
- Olvidas tu ipod - recordó frío, casi en el mismo tono con el que ella se había dirigido a él hacía unos instantes.
- No, te servirá mas a ti durante la noche, creeme. No solo tiene música concertista - alcanzó a oír decirle, para después comprobar que ya se había marchado.
- Tonta, yo tengo el mío - dijo con un poco de superioridad. Sacó su ipod del bolsillo solo para darse cuenta de que estaba descargado. Entonces empezó a reír - Maldita sea... - y siguió riendo.
