Hola hola :)
Lo prometido es deuda…aquí un nuevo episodio… vi en sus reviews que hay muchas teorías y especulaciones sobre lo que Well planea, en este capitulo ya lo veremos un poco más y se harán una mejor idea.

Agradezco a Wowy, pumas . orlando, Nina, perdizRyhe, y Lalala Gem por sus comentarios y PM, y por su puesto a todos los que leen, dan Fav y Follow al fics n.n Contesto reviews…

Wowy: oh vaya, quieres MagnusxWell xD creo que eres la única xD pero te apoyo jajajaja un beso :3

Nina: Creo que precisamente, por tener tantos años y ser tan poderoso se puede pecar de confiado al dar cosas por sentadas, como por ejemplo su seguridad. Un beso :3

Lalala: ohh, al final si vi ambos review xD y no sé con cual me reí más jajajajajaj quien le mueva el guiso xD jajajaja Raziel! xD me alegra que le pongas atención a la reconciliación de Izzy y Alec y…O.o coquetear con todos los hombres? Ahh, te refieres a Simon? xD nah, no coqueteaba, estaba confundido porque se le hacía conocido ;) que la historia no se repita? Bueh… no habrá pociones al menos xD y pues, si, acepto el trato ;) un beso :3 P.D: esta vez si recordé responder tu review por aquí a la primera xD

Al resto por PM… ahora si, ¡A leer!

Parte IV: La vida de los muertos

La vida de los muertos perdura en el espíritu de los vivos

Cicerón

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Capítulo 4: Poco más que un recuerdo

La realidad se difumina y todo se convierte en memoria. Hasta tú, poco a poco, has dejado de ser un deseo y te has convertido en un recuerdo.

Oceano Mar (2006) – Alessandro Baricco

X.X.X.X.X.X.X.X.

- Esto es inútil... – Se quejó Isabelle frustrada, habían recorrido buena parte de la ciudad ya, y con ella Central Park, y no tenían rastro de Magnus. La chica se dejó caer en una banca del parque, estaba realmente cansada.

- Tal vez si buscamos en Pandemonium – Sugirió Simon dudoso, dispuesto a seguir caminando en esa dirección.

- Simon - Llamó Izzy, sin levantarse; tenían horas buscando a Bane por toda la ciudad y ya a lo lejos podía verse el resplandor del sol mañanero en el suelo.

- Escuché que estaba pensando en adquirir acciones del club- Dijo él girándose hacía ella con intención de esperarla, no de volver.

- Simon...

- Seguro se entretuvo con algún viejo amigo, ya sabes cómo es...- Continuó el camino.

- ¡SIMON LEWIS! - Gritó Isabelle, el vampiro se detuvo de inmediato y se giró casi con miedo al darse cuenta que había agotado su paciencia. Isabelle se había puesto en pie y caminaba en dirección a su novio en actitud amenazante - Dime que pasa.

- ¿Pasar? No pasa nada

- Tenemos toda la noche dando vueltas en círculo Lewis - Le acusó entrecerrando los ojos con suspicacia, Simon no pudo evitar ponerse nervioso - Y créeme que pasar la noche de navidad dando vueltas por la ciudad sin rumbo, comiendo cupcakes de zanahoria no estaba en mis planes, así que dime que sabes.

- Nada...- Negó sacudiendo las manos frente a ella en actitud negativa - ¿Que podría pasar? ¡Te dije que no lo encontré! – La chica enarcó una ceja, conocía bastante bien a Simon como para saber que estaba ocultando algo.

- Lo cual significa que si pasa algo - Gruñó - Si le pasó algo a Magnus tengo que buscar alguna pista, así que volveremos al loft y...

- ¡NO! - El vampiro se interpuso en su camino y rápidamente notó su error. Isabelle se mostró sorprendida por su actitud únicamente el segundo que le tomó agarrar el látigo de la cintura, y con un rápido movimiento atrapar ambos pies de Simon, derribándolo al suelo con un jalón. El vampiro intentó incorporarse, pero la chica lo tomó del cuello de su chaqueta inmovilizándolo. - No hay necesidad de ponerte en plan Lara Croft

- ¿Qué sabes Lewis? - Dijo ella sin rodeos - ¿Que encontraste en el loft de Magnus?

- Yo...eh...cupcakes de zanahoria – Dijo intentando sonreír inocentemente. Isabelle alzó una vez más el látigo, manteniéndolo a a él sujeto con una mano - Ok, ok, Si; Magnus estaba en su loft.

- ¿Y me tienes dando vueltas por toda la ciudad porque…?

- En serio Iz, no quieres saberlo – Dijo él. La chica lo fulminó con la mirada.

- Simon no me hagas dejarte sin sexo por un año – El chico enarcó una ceja; sabía que Izzy no cumpliría, ella tenía menos resistencia al respecto que él; la chica lo notó y bufó – Bien, iré a tu departamento destruiré el Xbox – Lo soltó dispuesta a marcharse. Simon se incorporó de inmediato.

- ¡Está bien, está bien! – Saltó – Pero no vayas a enojarte y quitarle la cabeza… y a mi… yo no tengo la culpa…

- Simon…

- ¡MagnusEstabaEnElLoftConOtroChico! – Dijo rápidamente. Isabelle lo miró perpleja; por un instante Simon tuvo la esperanza de que no hubiera entendido, sin embargo, ella se dio media vuelta y empezó a caminar para salir del parque. Simon se apresuró a seguirlo. – ¿Isabelle, a dónde vas?

- Voy a matar a ese brujo – Gruñó ella; estaba enojada y debía admitir que también se sentía bastante idiota: ella había llamado a Magnus hacía tan solo unas horas, habían hablado y él le había admitido que estaba con un chico, pero jamás se le habría ocurrido que lo estuviera en ese sentido ¿Cómo se atrevía Magnus a hacerle eso a Alec? ¡Y el día de navidad! – Y luego te mato a ti por idiota.

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Se desperezó con un gran bostezo mientras se ponía la camisa y hacía una mueca por el ardor fino en su piel: el brujo le había rasguñado con esas uñas de banshee que tenía; ¡Por Lilith! Ni siquiera la Reina Seelie las tenía tan largas.

Observó a Bane profundamente dormido en su cama y sonrió torcidamente: había hecho bien su trabajo, mejor que bien si tenía en cuenta al vampiro que los vio en la noche; incluso si había terminado enojándose en el proceso. Se hinchó orgulloso de sí mismo, asegurando que el collar con la piedra naranja continuara en su cuello antes de salir de la habitación.

Se dirigió a la mesa para tomar el último cupcake de zanahoria que quedaba, dándole un mordisco despreocupadamente. Escuchó el maullido del gato de Bane; Well se acercó a él tomándolo en brazos para acariciarlo un poco. El gato ronroneó. A él realmente le gustaban los gatos, tenía el borroso recuerdo de haber tenido uno alguna vez, pero no se recordaba tomando algún minino en brazos o acariciándolo de esa manera alguna vez.

- ¿Qué tal si te vienes conmigo a Feéra? - Le ofreció - Seguro te gustará más que este lugar. - Hizo una revisión rápida del loft con la mirada, deteniéndose de golpe ante la foto que se exhibía en la mesita de centro de la sala.

Soltó al gato, quien maulló en reprimenda, y en cambio se dirigió a la mesita para ver la fotografía: era de Alexander Lightwood. Un Alexander de apenas unos 18 años que sonreía tímidamente, sin mirar directamente a la cámara, la había visto hacía unas horas, cuando llegó al loft y había sentido el enojo hervir en su sangre, pero ahora que no tenía a Bane allí, junto al enojo había surgido otro sentimiento aún menos agradable, que no dejaban que su pecho respirara adecuadamente: la nostalgia.

Tomó el portarretrato detallándolo; él se parecía a Alec un poco, la noche pasada Bane se lo había hecho ver y ahora él podía detallarlo en esa fotografía, en la línea de sus labios y su quijada; ¿Qué clase de cínico tenía que ser Magnus Bane para tener esa fotografía allí? Apretó el portarretrato con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos, y de pronto, lo soltó dejando que se estrellara contra el suelo y el cristal se esparciera en pedazos por la sala.

El sonido del vidrio haciéndose añicos hizo a Presidente Miau maullar alarmado, Well lo ignoró, tomando solo la fotografía del nefilim pensando que, después de todo, había obtenido un poco más de lo que buscaba esa noche.

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Abrió lentamente los ojos, sentía un dolor punzante que le atravesaba la cabeza con miras a querer partírsela en dos; la luz del día se filtraba a través de las cortinas de la ventana y sus pupilas se contrajeron casi dolorosamente. Volvió a cerrarlos, sentía la mente pesada, igual que el resto de su cuerpo. Se giró en la cama intentando esconderse de la luz saboreando en su propia boca un asqueroso sabor amargo; hacía mucho tiempo que no sentía una resaca de esa magnitud; al menos no desde que solo tomaba alcohol.

El maullido de Presidente Miau junto a su oreja lo escuchó tan chirriante como si Freddy Krueger arañara una vieja pizarra de escuela. Magnus gruñó sintiendo al gato montarle las patas en la cara y un nuevo maullido.

- Bájate Presidente – Balbuceó sacándoselo de encima y notando el dolor en su quijada al hablar; el gato volvió a maullar montándose una vez más; Magnus gruñó chasqueado los dedos para hacer levitar al gato hasta la cocina. Un fuerte estruendo hizo saltar a Presidente quien maulló asustado, pero Magnus no le reclamó, él mismo se incorporó a prisa con el corazón desbocado por el susto y la cabeza a punto de estallarle por el ruido. – ¿Qué demonios?

Se incorporó a prisa, la habitación le daba vueltas, pero se sujetó rápidamente a la pared y caminó hacía la cocina. Chasqueó los dedos para que el fuego mágico cubriera sus manos, podía estar teniendo la resaca del siglo, pero si alguien intentaba atacarlo en su casa le demostraría que se metió con el brujo equivocado. Sin embargo, el acostumbrado fuego azul no apareció y en su lugar las cortinas cayeron al suelo con el escandaloso sonido metálico del cortinero.

Magnus se desconcertó, pero aun así salió a la cocina dispuesto a defender su hogar de lo que fuera; confundiéndose al no ver a nadie allí, solo la nevera que estaba caída en el suelo con el contenido esparcido.

- ¿Quién está ahí? – Preguntó volviendo a chasquear los dedos para devolver la nevera a su lugar. Presidente Miau maulló, esta vez con más intensidad y adolorido y los próximo que Magnus vio fue al gato correr despavorido por el loft con la cola encendida en fuego azul, el fuego que debería estar en sus manos ¿Había sido él? - ¡Presidente ven aquí! – Lo llamó queriendo ir por él para ayudarlo, pero no hubo dado más que un par de pasos cuando necesitó sujetarse una vez más a la pared. El mareo estaba comenzando a convertirse en nauseas.

El gato no dejó de correr desesperado; Magnus respiró profundo cerrando los ojos para intentar que su estómago volviese a su lugar; Presidente maulló aún más fuerte y el brujo se apresuró en tomar el florero de la mesa de centro vertiéndolo sobre Presidente Miau apagando el fuego. Fue a tomar al gato gritando adolorido al sentir un dolor lacerante en el pie. Saltó por la sala con un solo pie hasta dejarse caer en el sofá. El brujo se miró el pie, la sangre se escurría en buena cantidad, se había clavado un fragmento de vidrio ¿Cómo…?

Buscó con la mirada el origen de ese fragmento y vio un portarretrato en el suelo, estaba partido y los fragmentos de vidrio se esparcían por todos lados. Magnus ignoró la herida en su pie y la sangre y en su lugar se apresuró a por él: era el portarretrato con la foto de Alec, y no tuvo más que tomarlo para notar la ausencia de la fotografía. ¿Dónde estaba Alec?

La pregunta fue como una amarga ironía; Alec estaba en la ciudad silenciosa desde hace cinco años; no porque fuese navidad eso cambiaría…

Era Navidad…

Y Alec estaba allá…

Y él estaba aquí…

Algo en la mente de Magnus pareció hacer conexión ¿Qué hacía en su loft? Se suponía que él debía estar en la ciudad silenciosa con Alec ¿Se había devuelto después de la fiesta con el ojos azules y Maxxie? Intentó recordar, pero solo consiguió que le doliera aún más la cabeza, se había vestido para ir a la ciudad silenciosa pero no recordaba haber llegado hasta allá. Se restregó el rostro, la noche anterior era una completa laguna en blanco.

Abrió los ojos al sentir algo frio contra su rostro. Magnus observó la mano con la que se estaba masajeando las sienes, no veía nada raro: sus dedos estaban cargados de anillos, y su muñeca llevaba un bonito brazalete de oro con una piedra negra que tenía un resplandor naranja en el centro. La observó un instante, el resplandor naranja titilaba como si se tratara de fuego real. Le era bastante conocido, pero no lo sentía como si fuese suyo. Lo observó fijamente, era realmente atrayente, como un gato atraído por el titilante fuego de la chimenea.

- ¡BANE! – El grito de Isabelle desde el pasillo mientras golpeaba la puerta con fuerza lo hizo apartar la mirada del brazalete y sobresaltarse- ¡Te voy a matar brujo de porquería! ¡A ti y al idiota con el que te estés acostando!

¿Qué?

Las palabras de Izzy fueron un detonante que despertaron los recuerdos de la noche anterior, que se reproducían en su mente como una vieja película de Blockbuster en mal estado: Isabelle hablándole por teléfono mientras él caminaba en dirección al loft, Well drogándose con ciruela de hadas, el chico apareciendo en la pastelería para hacerle conversación: había vuelto a perturbarle lo parecido que se le hacía a Alec; habían cupcakes de zanahoria, y recordaba que le habían parecido deliciosos y había comprado algunos para Maxxie. Recordaba que iba tarde para ver a Alec y Maxxie, y entonces Well lo había besado y…

- ¡ABRE LA MALDITA PUERTA!

- Isabelle cálmate

Los gritos de la muchacha y los intentos de Simon por tranquilizarla apenas y fueron escuchados por el brujo.

No, él no se había dejado besar por ese muchacho; no podía, y sin embargo su boca recordaba el sabor dulce/acido de los labios de Well la noche anterior. Maldijo sonoramente, bien, quizás lo había besado, pero nada más: él no se sentía ni lo más mínimo atraído por ese chico, no engañaría a Alec, mucho menos por un malcriado mocoso que se cree hada.

Well le besó por segunda vez; el sabor dulce/acido en su boca estaba tan concentrado que estaba volviendo loco a Magnus; sentía su cerebro entumecido y todo a su alrededor brillaba como en un caleidoscopio.

El chico se apartó de él; sonreía de medio lado.

-Tengo algo para ti, Bane – dijo agachando la mirada para buscar algo en sus manos. Pero Magnus no se detuvo a escucharlo, lo tomó de la camisa de seda halándolo hacía él volviendo a besarlo.

El escándalo de la puerta siendo echada abajo lo sacó de semejante pesadilla con un sobresaltó que le hizo saltar, maldiciendo en voz alta pero no supo si por lo que acababa de recordar o por el dolor intenso en el pie herido. ¿Qué había estado haciendo?

Isabelle se dio paso por el loft hecha una fiera, látigo en mano; y tras ella se asomó un apenado Simon que susurraba alguna disculpa.

- ¿Tienes alguna idea, brujo de pacotilla, cuanto te estuvo esperando Alec? – Preguntó, los dientes le chirriaban de enojo; Magnus frunció el ceño, tenía muchas cosas en mente, y aún más nauseas como para soportar que le estuviesen gritando, y de todos los que podían reclamarle, no era Isabelle la primera en su lista.

- Menos de lo que te esperó a ti – Siseó mordaz, como una daga. Isabelle chilló aún más furiosa. Simon se apresuró a atravesarse entre ella y el brujo para evitar que se lanzara sobre él.

- No intentes justificarte en mi Bane.

- Y tú no intentes redimirte como la hermana ejemplar a mi costa Isabelle – Contratacó él, se masajeó las sienes intentando mitigar el dolor de cabeza; poco a poco estaba remitiendo, pero no lo suficiente - ¿Qué quieren?

- ¿Eso que huele es sangre? -Pregunto Simon confundido mirando al brujo, notando como le sangraba el pie - ¿Qué te pasó Magnus?

- Pise eso – Dijo señalando los vidrios en el suelo; Simon estaba por preguntarle porque no se había curado a sí mismo, pero Isabelle se adelantó.

- ¿Dónde está el chico con el que engañas a Alec? - Gruñó la chica ignorando a su novio y observando el loft en todas las direcciones, como si esperara conseguirlo agazapado tras algún sofá – Él criado de hadas.

- No hay… ¿Cómo sabes? – Preguntó desconcertado porque Isabelle supiera eso último.

- Yo…vine a buscarte anoche… lo vi y hablamos un poco – Confesó Simon.

- Espera ¿A qué te refieres conque lo viste? – Preguntó el brujo confundido.

- Salía de tu habitación a medio vestir…pues…no muy diferente a ti ahora.

Magnus no entendió de inmediato a que se refería ¿Su habitación? Si su momento de locura había ocurrido en la sala y…

- ¿Q...mm?- Well intentó apartarse del brujo cuando fue este quien inició el beso mientras el submundo lo halaba hacia atrás de vuelta a la habitación, intentando halarle la camisa para sacársela.

Well intentó apartarlo, exclamando una maldición cuando el brujo halándole la camisa hacia arriba le rasguñó la espalda; maldito brujo, ¿que nunca se las cortaba?

- ¡Suéltame Bane! - Masculló; pero el brujo lo lanzó a la cama colocándose sobre el chico, sus ojos de gato se habían cargado de un turbio deseo mientras se quitaba a sí mismo el sueter navideño; y la mirada del muchacho comenzaba a cargarse de miedo.

Magnus palideció ante lo que estaba recordando; bajó la mirada para verse a sí mismo, entendiendo entonces lo que Simon le decía: estaba vestido solo con sus calzoncillos. Por primera vez en su vida se sintió avergonzado de ser visto con tan poca ropa.

- No te voy a permitir que le pongas el cuer…

- Isabelle – La contuvo Simon tomándola del brazo y mirando a Bane preocupado. Magnus no los escuchaba, retrocedía con clara expresión de horror mientras más imágenes seguían reproduciéndose como recuerdos.

Magnus volvió a besarlo y esta vez Well lo mordió con ahínco para apartarlo, pero el brujo no sintió el dolor, ya no estaba en su loft en New York, estaba en Viena hace cinco años, a punto de ir a la opera con Alec: lo había visto por primera vez con traje y estaba tan guapo que no podía evitar querer quitárselo de nuevo y hacerle el amor allí mismo.

Chasqueó los dedos para quitarse el pantalón y el de Well, el propio desapareció, pero el del chico permaneció en su lugar, Magnus observó con una boba sonrisa como el collar dorado que el chico llevaba en su cuello, brillaba con un destello naranja sobre una piedra negra que contrastaba con la piel Blanca de "su" nefilim; lo observó embelesado ignorando los intentos del chico debajo suyo por liberarse de él.

- ¡Bane, apártate!

Magnus chocó con el sofá de una plaza y se dejó caer en él tapando el rostro con las manos completamente horrorizado; no lograba que su mente recordara algo más y sinceramente no estaba seguro de si quería recordar. Simon e Isabelle lo miraron en silencio, la chica se había calmado un poco al darse cuenta que, era ahora, que Magnus estaba entendiendo lo que había ocurrido.

- Magnus…- Lo llamó el vampiro diurno preocupado; pero el brujo solo negó con la cabeza.

- ¿Qué hice…? – Susurró, con un hilo de voz.

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Caminó entre los prados de Feéra asegurando la foto que llevaba doblada en la cintura de su pantalón para que no fuese a caerse y alguien la viera, no quería arriesgarse a que se la quitaran. Se acercó hacía el grupo de jóvenes hadas reunidas junto a un viejo serbal pululando alrededor de un humano más que conocido para él, que estaba recostado sobre un montículo de hojas secas. Un chico hada tomaba los frutos del árbol y se lo tendía en la boca al humano quien lo tomaba gustoso mientras tocaba una suave melodía en la cítara que descansaba en su regazo.

Las hadas solían ser así: cuando una de ellas adoptaba a un humano, este se ganaba toda la atención del resto; después de todo, las hadas admiraban la belleza, y no había una más hermosa que la frágil y fugaz de los humanos.

- ¡Mira Richard, ahí viene Well! – Escuchó a una dama Feéra exclamar mientras lo señalaba. Well sonrió en su dirección acercándose a ellos. El atractivo muchacho lo observó con sus llamativos ojos verdes casi con interés. Richard era el otro humano que estaba bajo el cuidado de las hadas; este era mayor; debía estar por los veinticinco años, y a diferencia de él, era totalmente mundano. Había otros tres a lo largo del mundo con los que tenía menos contacto; y un sexto chico, uno mitad humano Nefilim, mitad hada: Mark, pero él había sido entregado como prisionero a la Caza Salvaje y no tenía tanta suerte como ellos.

Las hadas le abrieron lugar para que pudiera sentarse entre ellas. De inmediato una se abrazó a su cuello mientras otro jugaba con su cabello. Well recibió gustoso los mimos, asegurando sutilmente que la fotografía que escondía se mantuviera bien oculta.

- ¿Tu visita a los mundanos fue venturosa? – Preguntó Richard, su voz seguía la melodía que tocaba con sus manos. Well asintió; no entendía ese tono despectivo de Richard para referirse a los mundanos cuando él mismo lo era. Suponía que después de tantos años se sentía más parte del pueblo de las hadas que de sus raíces mundanas; o al menos así se sentía él con su ascendencia Nefilim: al menos las hadas no le habían arrebatado a nadie. En cualquier caso, prefería el tono despectivo de su único compañero totalmente humano dirigido hacia mundanos que hacia él.

- Su comportamiento es totalmente caótico: es navidad - Informó. Richard se mostró ligeramente sorprendido. Las hadas eran egoístas, y Richard tenía mucho tiempo con ellas (toda su vida, a decir verdad) como para no serlo, por eso cuando él llegó allí, había surgido cierta rivalidad, pero ahora, cinco años después (cinco años tan largos como pueden ser en el reino Seelie) podía considerarse que se habían hecho amigos, o al menos no le molestaba tanto que las hadas le prestaran atención también a él.

- Deberíamos salir todos juntos - Propuso una de las hadas con una risita masajeando los hombros del chico - ¿Qué dices Well?

- No sé si Kaelie me permita salir otra vez - Dijo con duda ganándose un puchero del chico hada que le daba la fruta en la boca a Richard.

- Quizás podamos convencerla – Sugirió este olvidando por un segundo a Richard para darle algunos frutos en la boca a Well. Richard frunció el ceño nada feliz al verse desplazado de esa forma.

- Si, hace mucho tiempo que no los vemos juntos - Se quejó otra hada a modo caprichoso. Las hadas amaban la belleza, y amaban ver la belleza humana interaccionar. Richard bufó y dejó la cítara ignorando la queja de las hadas por el cese de la música, se incorporó.

- No es necesario obligar al niño a salir para eso - Aseguró. Well estuvo a punto de replicar cuando sintió los labios de Richard sobre los suyos, mordiendo y arrebatándole el trozo de fruta que la hada acababa de poner en sus labios. – Mío – Susurró con desafío y algo de molestia.

Well no lo dejó escaparse tan fácil, mordiendo su labio en venganza por haberlo llamado niño. Las hadas dejaron atrás las quejas por el cese de la música y estallaron en emoción.

- ¿Ciruela de hadas? – Le susurró Richard por lo bajo entre las exclamaciones de las hadas, había identificado perfectamente el sabor en sus labios; Well le guiñó un ojo llevándose un dedo a los labios en señal de secreto a lo que este asintió retomando la melodía que llevaba con la cítara. Las hadas no tendrían ya mayor queja en irse solo con Richard, salvo que este culminara su suave y alegre melodía antes; Well decidió acompañarlo con el aulos que una de las hadas le alcanzó, tocando juntos para el deleite de las hadas, por al menos un par de horas.

Cuando finalmente lo dejaron solo, Well se entretuvo un rato más con el aulos, le gustaba ese instrumento, le ayudaba a entrenar completamente su coordinación, y había sido el primero que Kaelie le enseñó a tocar cuando llegó a Feéra. Su melodía, seguía siendo suave como la que tocaba con Richard, pero ni por asomo expresaba la alegría vivaz de este, era una melodía un tanto melancólica por tener que robar y esconder una fotografía que sería, junto con la pluma de ángel, el único recuerdo que tendría de Alec; una melodía que hablaba de sentir la traición y el abandono de la familia, de la tristeza de no poder tener a las personas que amaba y la esperanza de estar haciendo lo posible para pronto solucionar eso.

No supo cuánto tiempo estuvo allí, solo que el cielo azul celeste se había moteado con hermosas pinceladas rosa y naranja, en cualquier caso ¿Alguien alguna vez sabía cuánto tiempo transcurría en el reino?

La verdad es que habría querido ir de fiesta con todos, pero Kaelie no solía permitirle salir muy seguido, siempre decía que era arriesgado para él estar en el mundo mundano que era dominio de los Nefilims; sin embargo, esta vez no lo lamentaba demasiado: tenía algo importante que discutir y para eso prefería no tener testigos.

Se incorporó dejando el aulos con cuidado junto al árbol y caminó a través de los prados asegurándose de no tener a nadie fijado en él antes de dirigirse a los caminos oscuros del mundo de las hadas. Según las historias uno de ellos llevaba al cielo.

Sacó la foto que mantenía escondida entre su ropa, la fotografía de Alexander Lightwood sonriendo tímidamente. La observó por un segundo cargándose de determinación en su mirada.

Porque él no quería ir al cielo, él quería entrar al infierno.

Y sabía que Kaelie no estaría feliz por eso.

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Isabelle se sentó en el otro sofá observando a Magnus; el brujo sentado, inclinado con la vista fija en el suelo y la cabeza sujeta con ambas manos. Simon de pie los observaba pensativo; Magnus se veía bastante desolado y él consideraba que debían dejarlo pensar solo en ese momento, pero podía ver, en la mirada de la chica, que sacarla de allí no sería tarea fácil.

Volvió la mirada al suelo frunciendo el ceño al ver la misma ciruela a medio comer que notó la noche anterior. Se acercó para tomarla justo cuando Isabelle se incorporaba ya harta del silencio.

- Si no vas a hablar iré a contárselo a Alec – Dijo ella con molestia. Simon frunció el ceño, no le parecía que ese fuese un asunto en el que la chica debiera meterse. Magnus por su parte alzó la mirada a prisa.

- ¡No puedes! – Saltó.

- Isabelle no creo que debas meterte en esto – Dijo Simon.

- Tenemos casi una hora aquí esperando que se explique y no dice nada – Exclamó ella – No voy a permitir que le ponga el cuerno a mi hermano mientras él está en la ciudad silenciosa encerrado. Alec no merece que lo engañen. – Eso último lo dijo mirando en dirección al brujo.

- Nadie habla de engañarlo – Siseó Magnus con enojo; Isabelle lo estaba haciendo enojar totalmente – Pero si se lo dices tú, va a odiarme.

- No me importas Bane; mi prioridad es Alec. – Dijo Izzy cruzándose de brazos.

- Bien, díselo; ¿Y luego qué? - Gruñó este - Vas a hacer que Alec no quiera salir de ese hueco que es la Ciudad Silenciosa; perderá la confianza en mí y peor aún, en sí mismo; y todo lo que me he esforzado por evitar que se hunda en ese lugar habrá sido en vano; ¿Eso es lo que quieres Isabelle?

- Debiste pensar en eso antes de engañarlo - Dijo seria.

- Magnus tiene razón Iz – Dijo Simon intentando hacerla razonar – Es lo único que conseguirás si solo corres a gritarle todo a Alec.

- ¡No voy a ocultarle los cuernos a Alec! – Dijo terca.

- Pero tú no tienes ningún derecho a decirle nada.

- ¡Es mi hermano! – Le gritó.

- Es la primera vez en cinco años que te acuerdas de eso – Isabelle chilló dispuesta a lanzarse sobre él. Magnus hizo un gesto despectivo con la mano que pretendía sacarla a rastra de su departamento, pero en su lugar una bola de energía mágica fue lanzada hacía la chica quien la esquivó gracias a sus reflejos de Shadowhunter. Magnus se incorporó desconcertado, esa no había sido en lo absoluto su intención

- ¡Magnus! – Lo riñó Simon interviniendo.

- ¿Ibas a lastimarme? – Saltó Isabelle sacando su látigo

- Yo…. – El brujo se miró la mano; no entendía que estaba pasando con su magia.

- Chicos, chicos, cálmense – Dijo el vampiro – Isabelle, mejor nos vamos.

- No, esto vamos a resolverlo…

- Isabelle – El vampiro insistió para llevársela de allí, sacando a la Nefilim del loft del brujo pese a sus quejas.

- ¡Simon suéltame!

- Izzy, no digo que no lo sabrá - Dijo Magnus con voz cansada aprovechando que el vampiro la sujetaba; estaba emocionalmente exhausto, porque si debía elegir, realmente no se lo querría decir; no, si estuviera en sus manos, volvería atrás y se aseguraría de que nada de eso pasara. - Pero no eres tu quien debe decidir cuándo y cómo: yo se lo diré.

- Simon Lewis bájame – Gruñía la muchacha.

- Intentare calmarla – Dijo él chico lanzándole la ciruela de hadas al brujo para poder sujetar mejor a Isabelle; Magnus la atrapó en el aire viendo confundido el fruto – Estaba ayer aquí cuando hable con el chico.

- Deja de apoyarlo Simon – Gruñó Izzy intentando superarlo para llegar hasta Magnus. Simon suspiró tomándola de la cintura gracias a su fuerza de vampiro y cargándola sobre su hombro, consciente que Isabelle le haría pagar caro eso. - ¡Bájame Lewis!

- Tienes que hablar con Alec, Magnus; porque no sé cuánto tiempo pueda evitar que Izzy lo haga.

- ¡No vas a hacerlo! – Gritó ella. Simon logró sacarla finalmente y Magnus se incorporó para cerrar la puerta.

- ¡Y cura tu pie! – Escuchó el grito del vampiro desde el piso inferior. Magnus cerró la puerta apoyándose sobre ella.

¿Qué se suponía que debía hacer ahora? No podía dejar que Isabelle hablara primero con Alec; a saber, lo que le diría: tenía que hacerlo él mismo, pero…

Sintió un vacío en el estomago

Le aterraba de sobremanera que esto pudiera separarlo de Alexander; que pudiera perderlo por algo que no le interesaba y mucho menos recordaba.

El dolor en su pie le recordó la herida en este. Chasqueó los dedos para invocar un par de gasas y antiséptico, pero solo consiguió aparecer una cubeta de agua que se esparció por toda la sala haciendo un escandaloso ruido metálico. Magnus lo observó y luego sus manos los anillos y brazaletes que usaba brillaban como si nada ocurriera, pero no era así ¿Qué acaso los planetas se estaban aliando en su contra? ¿Qué le estaba pasando a su magia?

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Sus ojos negros se mantuvieron fijos sobre la imagen de la fotografía que descansaba apoyada sobre una piedra; había un fuerte rencor que intentaba ocultar algo más benévolo en su mirada. Él no podía tomar la fotografía, no podía tomar nada que proviniese de la dimensión mundana y los ojos azules que lo observaban desde la foto solo le recordaban el porqué de su derrota hacía cinco años. Entrecerró los ojos, escuchando al adolescente que caminaba de un lado a otro a sus espaldas, y sonrió de lado: al menos estaba sabiendo devolverles el favor a través de ese chiquillo.

- No me gusta - Se quejó Well haciendo un puchero algo berrinchudo sin importarle lo ridículo que se veía en un chico de su edad - Tuve que comer casi toda la ciruela para soportar besarlo y acercarme tanto a él; un mordisco más y hubiese olvidado hasta lo que debía hacer; y encima viene el brujo e intenta aprovecharse de mi – Se quejó. La figura frente a él rio con sorna - ¡No te burles! Pensé que realmente terminaría acostándome con él.

- Me parece recordar que de hecho te mande a hacerlo – Siseó. Well se estremeció ante la simple idea.

- No pude – Dijo – No tienes idea…como me llamó.

Well no dejaba de retorcerse intentando sacarse a Bane de encima, pero este estaba mirando embelesado el collar, ignorando los intentos del muchacho por liberarse de él.

- Bane, apártate.

- Te amo Alec – Dijo con voz ronca intentando besarlo de nuevo, pero sus palabras paralizaron a Well quien en tan solo un segundo mutó el miedo en su mirada por una rabia indescriptible que colmó con un puñetazo en el rostro sacándose de encima al brujo. Magnus lo observó confundido, con una mano en la quijada.

- ¿Qué pasa Al…? – Preguntó Bane incorporándose de la cama con la lengua pesada; apenas se entendía lo que decía.

- Cállate brujo - Otro puñetazo que lo derribó en la cama inconsciente. Well bufó furioso; ¿Quién se creía ese brujo para llamarlo "Alec", para decir su nombre siquiera? Tenía tantas ganas de matarlo ahí mismo por descarado. Se fijó en el brazalete que llevaba en su muñeca a juego con el collar; y respiró profundo, no era matarlo lo que debía hacer, debía controlarse. Quizás se había pasado con la ciruela de hadas, así que mejor se daba prisa en dejarle su "regalo"

- ¿Porque no solo lo mate? – Preguntó derrotado. La figura rubia ante él rio casi con burla apartando finalmente la mirada de la fotografía y girándose para encararlo.

- ¿Matarlo? ¿Tú? – Cuestionó - No habrías podido ni acercarte si ibas en actitud hostil - Se escuchaba una voz chirriante y metalizada a la que el ex Nefilim ya se había acostumbrado

- ¡Pero tenía las joyas de Edom: no podía hechizarme! Y ya luego él no estaba consciente de nada; pude aprovechar y...

- No importa cuán drogado por la ciruela de hada estuviera Bane o cuantas joyas de Edom tuvieras – Dijo él - No debes apresurarte mocoso - Lo riñó. Well asintió bajando la mirada avergonzado - Bane es responsable de que yo esté aquí; él me apuñaló con el fuego celestial, ¿crees que no merece sufrir a cambio? – Observó por un segundo la foto en las piedras, y la señaló para marcar su punto - ¿Que morir es suficiente castigo por separarnos de Alec? - El chico apretó los puños con rabia mientras negaba con la cabeza.

- Pero no veo en que pudo afectarle el "acostarnos"

- Créeme, si le afectará; solo debes darle tiempo - Dijo con una sonrisa retorcida y agregó - Gracias a ese brujo no te quedó ni una tumba donde llorar a Alexander, y te volviste poco más que la mascota de las hadas - El joven apretó los puños y la mandíbula furioso por el termino, pero no le contradijo- Y yo soy menos que un recuerdo.

- Lo odio - Escupió - Los odio a todos.

- Lo sé - Sonrió de forma filosa - Pero tienes que dejar que la magia haga su efecto- Le guiñó un ojo - Y entonces sí, podremos volver y matarlo...a todos ellos.

Well asintió con una triste sonrisa que intentaba consolarse en sus palabras. La idea de matar no era algo que lo hiciera sentir cómodo, pero a veces, cuando la noche era tan fría que lo helaba, y tan oscura que la única fuente de luz cerca era el resplandor de la pluma de ángel que conservaba entre sus cosas, en las que se despertaba entre lágrimas llamando a su hermano o cuando Kaelie le negaba el acceso a Edom impidiéndole ir con él para contarle sus últimas hazañas, entonces se descubría pensando, más bien deseando que las personas responsables de su tristeza, de ese sentimiento de soledad que a veces lo atacaba en Feéra, dejaran de respirar.

El demonio frente a él sonrió con triunfo al reconocer esa mirada en sus ojos, podía leerlo perfectamente como a un libro. Pero su expresión cambió por una neutra cuando la de Well lo hizo por una cansada mientras suspiraba:

- Será difícil devolver las joyas de Edom sin que se den cuenta que yo las tomé- Dijo, casi lamentó.

- Quizás debas dejar que sepan que fuiste tú – Comentó el rubio pensativo – Seelie apreciará el valor de la confesión, y necesitamos que confíe en ti – Eso último fue más un comentario hacía sí mismo.

- Pero la Reina Seelie no estará feliz de ver que falta el brazalete – Se quejó el muchacho con miedo ante la perspectiva. El demonio rodó los ojos.

- La Reina Seelie nunca está feliz con nada - Le recordó. Acercándose para colocar una mano en su hombro; Well no pudo sentirla, no realmente: solo era la vaga sensación de un contacto superficial, más parecido a un recuerdo. - Pero tú eres fuerte, puedes lidiar con ella - El chico asintió, irguiéndose con orgullo ante sus palabras con una ligera sonrisa. - He escuchado que no han tenido avances en las negociaciones con la clave.

- ¿Cómo escuchas esas cosas desde aquí? -Cuestionó el más joven riendo divertido y agregó - La clave no está segura de que Mark Blackthorn valga lo suficiente como para correr el riesgo- Había rencor en sus palabras - Los Nefilims han demostrado ya los crueles que pueden ser con ellos mismos.

- Eso lo vamos a cambiar -Dijo dándole una palmada en la mejilla y apartándose nuevamente. Well no dijo nada, ya se había acostumbrado a esa sensación vaga al contacto con el demonio; era lo que pasaba cuando los demonios morían en otra dimensión: volvían a la de origen, vivos, pero al mismo tiempo no lo estaban: no podían tocar nada, no podían salir de esa dimensión. Solo eran imágenes vagas de lo que alguna vez fueron; como bien había dicho, se volvía poco más que un recuerdo.

- Pero para eso – Continuó el rubio - Seelie debe ofrecerles algo que no puedan rechazar.

- ¿Algo como que, Bash? - Preguntó con interés.

Los ojos negros como pozos oscuros lo miraron apreciativamente antes de sonreír; era una sonrisa un tanto malvada, como la de un cazador apreciando la mejor manera de devorar a su tierna presa.

- Tu.

_OO_OO_OO_

Oh Raziel ¿Y ahora? ¿Quién hablara primero con Alec? ¿Isabelle o Magnus? ¿Y que creen que le pase a su magia? :O

Y ese Well, robándole las joyas a la Reina Seelie xD a ver que pasa con eso de que se lo ofrezcan a los Nefilims…

Y ese Bash, sé que lo extrañaron ;) sinceramente, yo también lo extraño xD
El próximo capitulo se llama
"Novedad" nos vemos la próxima semana con él

Nos leemos pronto
Besos :3