Disclaimer: nada de lo que reconozcan es mío. Pertenece a S. Meyer, Alfaguara, y esas cosas.
Summary: La vida me había enseñado que nada es lo que parecía. Las traiciones más voraces podían ser ejecutadas por quienes menos esperas, los besos más dulces podían acabar siendo de tu peor enemigo. Pero estaba consciente de que, como nada era lo que parecía, bien podía equivocarme en mi teoría. "¡Tú no sabes lo que él ha hecho por mí!". "Oh, sí, me lo puedo imaginar. ¡Abre los ojos, por dios, no ha hecho otra cosa que engañarte todo este tiempo!" Más también sabía que no debía confiarme. "¿Cómo pudiste?"
My Family
-¿Estás segura de esto, tía?- le dije mientras me vestía con la blusa de algodón y encaje blanco que me había dado, mas unos vaqueros oscuros.- Después de todo, sigo siendo una extraña.
-Nessie, te he dicho que me digas Alice.- sonrió.- Y no eres una extraña. Eres parte de nuestra familia. Ahora, quédate quieta para poder peinarte.
-Yo puedo sola.
-Escúchame bien, Renesmee Carlie Cullen Swan, he pasado años sin tener una muñeca tamaño real a quien vestir o peinar. Así que, ¡no quejas!- hubiera pensado que se había enojado a no ser por su brillante sonrisa.
Me reí por lo bajo, mientras me calzaba mis ballerinas.
Alice peino mi cabello con extrema delicadeza, haciéndolo lucir mis rizos cobre perfectamente amoldados.
-Wow.- dije viéndome al espejo.- Jamás pude lograr que quedaran así. Aunque… en realidad jamás lo intente. Mi cabello era lo menos que importaba.
Hubo un fugaz atisbo de tristeza en las facciones de duendecillo de Alice, pero luego se recompuso y me dio una sonrisa de diez mil dólares.
-¿Lista?... ¡Ok! Charlie esta abajo. Nos despedimos y vamos a casa.
Seguí sus pasos por la escalera, repitiéndome que podría con esto.
-¿Ya se van?- pregunto mi abuelo, calzándose su cinturón con la pistola ya puesta en su lugar. Arquee una ceja.
-¿No me digas que sigues siendo poli? Creí que te habrías jubilado, abu.- le dije.
Abu… que lindo. Sonreí. Era bonito tener familia.
-No estoy tan viejo.- se quejó graciosamente.
-Es cierto. Además, ¿qué seria del pobre pueblo de Forks si no tuviera al gran Jefe Swan?- sonrió Alice.
-Infiernos, ya lo creo que si.- corrobore, riendo al ver como Charlie se ruborizaba tenuemente.
-Ya, bueno…- mascullo, avergonzado.- Mejor me voy.
-¿Por qué no vienes con nosotras, Charlie?- le sugirió Alice.- Creo que… sería provechoso.
-Tienes razón, Alice querida.
¿Era yo, o estos dos estaban mandándose mensajes con la mirada? Ah, lo que sea.
Los tres salimos de la casa, Charlie se dirigió a su patrulla y yo subí con Alice a su Porsche. Me parecía increíble que después de estos años, ella aun conservara ese Porsche amarillo chillón. La ida a la casa de mi familia se veía larga, así que aproveche de leer un poco el diario.
No contaba mucho y a la vez todo. Esta vez, en las últimas seis fechas, narraba mi madre nuestra vida. Me contaba cómo le ganó a pulso a Emmett, la sospecha de un romance que mi abuelo mantenía con una tal Sue, y otras cosas triviales y a la vez importantes. Era un poco difícil leer, puesto que mezclaba cosas pasadas con las presentes en aquel momento, pero me parecía que recién había empezado a leer cuando Alice me informo que ya estábamos llegando.
Sentí una sensación parecida a una patada en el estómago cuando aparco delante de la imponente mansión. Era tal como la describía mama, excepto por uno o dos cambios en la fachada y jardín.
-Tranquila.- me sonrió, consoladora.
Me alise la camisa con nerviosismo, y mi abuelo me paso el brazo por los hombros en un gesto de apoyo.
-Respira.- me dijo.
Trate de no salir corriendo como quería, y me obligue a seguir a Alice asía la gran mansión que un día fue mi hogar.
Y fue entonces cuando, entrando por la puerta de aquella gran mansión de ensueño, unos brazos pétreos y fríos me rodearon como un náufrago que se aferra a su balsa. La sorpresa fue tal que jadee, atontada, y mi mirada vago por encima del hombro del susodicho, buscando a Alice, pero una cabellera rubia me obstaculizaba la vista.
Gire mi cabeza y aparte al desconocido, buscando su rostro.
-¿Rosalie?- murmure.
Ella volvió a abrazarme fuerte, y sollozo en mi cuello. Yo estaba impresionada, apenas sin poder moverme.
-Renesmee, Renesmee…- canturreaba.- Mi Renesmee…
Mi mirada vago sobre su hombro y descubrió los rostros que turbiamente mi madre había descrito en su diario. Reconocí a Emmett, a Jasper, a mis abuelos… ¿Pero quién era ese hombre musculoso que estaba al lado de Esme?
Los brazos de Rosalie fueron sustituidos por otros, pero apenas fui consciente de la marea de besos y abrazos que me cubrían, no pude dejar de mirar a aquel moreno musculoso que me miraba fijamente con un creciente desconcierto.
-Nessie…- murmuro.
Y fue entonces cuando me desmaye.
.
.
.
-Cuidado, despacio.
Gemí entre dientes mientras sentía que me depositaban en una superficie mullida, quizás un sofá. Me removí, luchando contra la niebla emocional que me había embargado en tan inoportuno momento.
-Tranquilo, despertara en unos segundos.
Alice. Esa era la voz de Alice. ¿A quién le hablaba?
-¿Nessie?- otra voz, gruesa y masculina, susurra junto a mi oído.- ¿Nessie, estas bien?
Se oyó un silbido, parecido a un siseo. Lo reconocí como de Rosalie.
-¿Si?- pregunte más que respondí.
Abrí los ojos, encontrándome de frente con aquel musculoso hombre moreno. Sus ojos oscuros lucían una sonrisa.
-¡Ah! Mi cabeza…- gemí.
-Se te pasara, solo es un mareo.- me dijo Jasper.
Yo lo mire, con una creciente necesidad. Él me sonrió.
-Sí, yo también te extrañe.- y luego me abrazo.
Fue entonces cuando comencé a sollozar. Mirando a mi familia, comprendí al fin que no estaba sola.
-Pero ¿quién diablos eres tú?- pregunte entre hipidos al muchacho musculoso.
Él sonrió.
-¿No me reconoces?
-Por algo te lo estoy preguntando, ¿no?
Él se rio. ¿Qué era tan gracioso?
-Soy Seth, Nessie. De los Quileutes.
