IV
Silent Night
Abrió los ojos cuando un alegre chillido en el cuarto de Scorpius le puso en movimiento. Su hijo tenía la costumbre de despertar cuando aún no había ni amanecido, para consternación de Draco, que era dormilón por naturaleza. Arrastrando los pies, se quedó parado en el umbral con la boca un poco abierta. Casi lo había olvidado, Jesús, la verdad es que pensaba que era un sueño. Un poco más alerta, reconoció los inconfundibles y placenteros pinchazos en ciertas partes de su anatomía que hacía bastante que estaban intactas. Se mordió un labio contemplando a Potter, Potter con unos boxer azules y una camiseta blanca, Potter, con el cabello húmedo, Potter que hablaba a los niños, que tomaban la leche mientras le escuchaban fascinados.
Tenía la boca seca y se sentía algo aturdido mientras intentaba alisarse los cabellos. Notó el calor bulléndole desde el pecho mientras imágenes de la noche anterior bombardeaban su mente. Habían pasado un rato besándose hasta que frustrados, se separaron sin dejar de tocarse. La cena fue sencilla y mientras veían una película, el juego empezó de nuevo, roces, miradas, susurros. Con los niños exhaustos y acostados, se entregaron el uno al otro. Joder, Harry de rodillas jadeando mientras Draco le penetraba, él sobre las caderas de Potter mientras montaba esa preciosa polla sonrojada, apretando el trasero con algo que rayaba la agonía. Harry corriéndose mientras se mordía un labio, Harry girándole para recorrerle de pies a cabeza hasta conseguir que Draco eyaculase entre sollozos. Harry abrazándole, con esos pies fríos y la voz ronca, amenazándole con no dejarle ir jamás, confesando que llevaba meses... meses, soñando con él...
—¡Papi aúpa! —Las manitas de Scorpius se alzaron al descubrirle, luciendo una vergonzosa erección que aquel diablo de ojos verdes descubrió a la primera. Con una sonrisa lenta, llena de pura lascivia, Harry se recolocó las gafas y sin titubeos levantó al niño para entregárselo.
—Hola —saludó con un cálido susurro, enviando miles de descargas desde la piel del cuello directas a su entrepierna, por las pelotas de Salazar, Harry era un puñetero provocador.
—Hola —replicó, humedeciéndose los labios con la punta de la lengua, pendiente del modo en que las pupilas del Gryffindor se dilataban al contemplarle—. ¿Qué tal has dormido? —Joder Draco, se recriminó, ¿qué clase de pregunta era esa?, en serio...
—Como nunca —afirmó Harry—. Sé que es imperdonable pero me he tomado la libertad de prepararles el desayuno a los peques y café, lo tomas con crema y azúcar, ¿no?
Asintió, con un nudo apretándole el estómago, dulce Circe, ¿de veras tenía a Harry en su cocina, con una taza en la mano?
—Creo que anoche ya quedó claro que tenemos confianza, ¿verdad...? —Una imagen libidinosa de Draco mordisqueando y chupando la entrepierna del moreno pareció incendiarle las venas. Le recorrió de arriba abajo mientras Harry se sentaba enfrente de él, una diminuta marca en el muslo hizo que su sexo palpitase de ganas por repetir la experiencia.
—Eso creo —ronroneó, sorbiendo su propia bebida. Scorp, que estaba pendiente del modo en que Albus trasteaba en la alfombra, protestó hasta quedar libre. Draco se levantó para acercarse, tenía que tocarle, así, a la luz del día, cerciorarse que aquella no era otra fantasía.
—¿Sólo lo crees? —preguntó, apoyando los dedos en el cuello, allí donde el pulso le latía con violencia.
—Dímelo tú —susurró incitante.
Suspiró con alivio al notar el modo en que sus palmas le acunaban el trasero, acercándole. Hundir la lengua en aquella boca ardiente era puro delirio, succionó la lengua esquiva, antes de apartarle las gafas para poder degustarle a placer.
—¿Te parece esa una respuesta lo bastante convincente, Harry? —inquirió, cuando la estúpida necesidad de oxígeno les obligó a separarse.
—Absolutamente, Draco —afirmó mordisqueándole con glotonería.
Afuera nevaba con fuerza, mientras en la televisión los dibujos animados entretenían a los dos pequeños, que competían por ver quien hacía las torres más altas con el juego de piezas de madera.
—Es genético —suspiró Harry, dejando la cerveza en el mostrador.
—¿Qué esperabas? —Draco le dio un beso y con un guiño, le robó la botella para darle un largo sorbo—. Son tu hijo y el mío, Potter...
—Ey, te la has acabado —protestó.
—Deja de refunfuñar, la comida ya está —anunció Draco, levitando lo necesario hasta la mesa.
Mientras se sentaban el uno frente al otro, volvieron a besarse, un poco ruborizados, era como si en esos días no hubiesen podido apartar las manos el uno del otro. Que Harry no hubiese hecho el intento de ocultar que salían juntos, o que Draco se despidiese con un beso frente al resto de la plantilla, ya había hecho correr ríos de tinta. Esa Nochebuena habían recibido una lluvia de invitaciones, a las que no respondieron, era su primera Navidad juntos y lo que en verdad querían era lo que estaban haciendo en ese momento, disfrutar de su mutua compañía.
—¿Te gustó mi regalo verdad? —indagó después, al verle toquetear el diminuto objeto que le había entregado en medio de la hilaridad de todo el departamento.
—Sí —aseguró, dejándolo sobre la mesa—. Ven —pidió. Le rodeó la cintura con los brazos, y apoyando la barbilla en el hombro de Harry, depositó un leve roce en la tibia piel del cuello—. ¿Encenderás el fuego de Yule conmigo?
—Sí. —El tono grave de Harry le estremeció de placer, le apretó más fuerte, entrelazando sus dedos mientras prendían las velas conjuradas. Recitaron a media voz el hechizo, mientras una a una, las llamas crecían en intensidad—. Somos libres de nuestros pasos y de nuestras decisiones. Aprendamos en esta época a ser sabios y correctos para poder encontrar el camino adecuado. Que nuestra hermana la Tierra, fuente de toda Magia nos escuche y nos otorgue su sabiduría para crecer... —Afuera helaba, pero mientras sostenía el cuerpo de Harry entre sus brazos, Draco nunca se había sentido más cálido y vivo. Concluido el íntimo ritual de agradecimiento, se encaminaron aún tomados de las manos hasta el lecho, que parecía esperar por ellos. Tumbados entre las sábanas, se entregaron a un rito tan antiguo como el mismo mundo. Lo último que escuchó antes de dormirse fue la voz de Harry, que le abrazaba contra su pecho. Feliz Navidad. Nunca dos palabras le habían parecido más ciertas, ese año sus celebraciones habían estado llenas de maravillosas sorpresas.
nox...
Una vez leí en algún lado que en Yule se hacía este pequeño ritual de encender fuego, no por nada es la noche más larga del año, la cosa es que me gustó la idea y decidí incluirla en el texto.
Besos a todos y de nuevo, ¡felices fiestas!
