CAPÍTULO 4: ¿A DÓNDE HAS IDO?
Grisam dejó caer la nota de entre sus temblorosas manos. ¿Qué acababa de ocurrir? ¿Acaso Vi se había ido a alguna parte…? Tenía que averiguarlo. Abrió la ventana y se descolgó por el canalón antes de llegar a tierra y alzar el vuelo en busca de la casa de los Periwinkle. Por suerte, la ventana de la habitación de las gemelas estaba abierta, y el rubio pudo asomarse. En el interior de la estancia, Vainilla Periwinkle sostenía una carta que se empapaba con sus abundantes lágrimas.
-¡Babú! –Exclamó sentándose en el marco de la ventana.
-¡Grisam! –La pelirroja corrió a abrazar a su amigo, y le tendió la carta- ¡Oh, Grisam! ¡Vi se ha ido!
-Lo sé, lo sé, es todo… -Tragó saliva- es todo por mi culpa…
Sus brillantes ojos reflejaban tal cantidad de culpabilidad que Vainilla no pudo dejar de llorar. Comprendía la decisión de su hermana, y comprendía los sentimientos de Grisam… Lo que no entendía era cómo, queriéndose tanto, no arreglaban las cosas y seguían como siempre. En momentos así, la dulce Babú recordaba a su querido Jim, y se veía a sí misma entre sus brazos, como solía estarlo su hermana con Grisam.
-Deja de martirizarte, lo que tenemos que hacer es buscarla para que podáis hablar. Mis padres todavía no saben nada, si salimos ahora podemos evitar que corra la voz.
-Tienes razón, Babú –Se sentó sobre la cama de Pervinca, y se percató de que esta todavía conservaba su aroma-. Pero no sé si podré hacerla cambiar de opinión.
-¡Grisam! –Lo sujetó por los hombros y lo miró con seriedad, segura de sí misma- Mi hermana es la persona más cabezota y orgullosa que conozco, pero si hay alguien que puede hacerla entrar en razón eres tú. Esta vez es distinto –Se secó las lágrimas con la manga del vestido-, se ha ido para no convertirse en un obstáculo en tu felicidad, no porque se haya enfurruñado. Creo –Cruzó los brazos sobre el pecho- que es su forma estúpida y alocada de disculparse por todo lo que ha pasado.
-Sea como sea, tengo que encontrarla –Se puso en pie, decidido, y a Babú se le iluminaron los ojos.
-Eso es –Sonrió.
-Le diré que la amo, y que sólo ella puede hacerme feliz –Explicó, paseando entre las camas de las gemelas.
-¡Así se habla! –Se entusiasmó la pelirroja.
-Y después –Tragó saliva antes de continuar- le pediré que se case conmigo.
