Capitulo 4.
La cancha de baloncesto de Shutoku ahora estaba concurrida, los horarios de practica se habían terminado y los integrantes tenían tiempo de realizar cualquier cosa que quisieran. Para ese entonces Midorima y Takao no habían mediado palabra, seguían sintiéndose nerviosos de cruzar miradas y el acercarse demasiado entre sí agitaba sentimientos; Midorima seguía sin darle nombre a estos o al menos identificar si ya los había sentido antes, aunque también era probable que se debieran a su conocimiento de estos que ya le había confesado Takao. Como sea estaba haciendo un muy mal trabajo por evitarle pues se suponía que primero debía aclarar que el suceso de la mañana no había sido del todo enfocado a una agresión, sin embargo, ahí seguía frente a la canasta, lanzando balones uno tras otro más por manía que por real necesidad. Debía pensar rápido en cómo entablar una conversación con Takao o nada cambiaría por ese día. Se acomodó los lentes dispuesto a llamarlo como solía pero apenas articular una vocal fue interrumpido por la gruesa voz de su capitán de equipo
—Midorima y Takao— les llamó, logrando que ambos recibieran una rápida corriente eléctrica que erizó sus cabellos al instante, una llamada directa de su capitán no era buena señal —Los quiero justo delante de mi
Takao fue el único en responder notablemente tenso y, aunque Midorima no hizo más que acercarse, lo hizo el doble de rápido de lo que lo haría en una situación normal
—El día de hoy han reducido su nivel de eficiencia junto con el trabajo en equipo. Sino desean decirme la razón lo aceptaré pero si continúan con esa actitud me veré obligado a someterlos a entrenamientos exclusivos
—¿Ehhh~ ?— se quejó Takao largamente, si bien los entrenamientos no resultaban mayor problema para él sí que lo afectaba entrenar más que el resto del equipo con ejercicios el doble de agotadores —No hablará enserio, ¿verdad, Otsubo-san? Por hoy las practicas estuvieron muy encendidas
—¡Silencio!— lo acalló siendo obedecido al instante, Takao se irguió firme cual soldado cascanueces —También he notado que desde su llegada no se han hablado, es comprensible que hayan tenido alguna diferencia de opiniones pero quiero que lo resuelvan de una vez
—No ha ocurrido tal cosa— Midorima mencionó acomodándose los lentes, había visto la oportunidad de arreglar este problema entre él y el pelinegro —Takao me dijo que deseaba probar otra manera de jugar para el equipo, eso es todo
Ante su afirmación Takao fue quien más sorprendido se vió pues no tenía conocimiento de cuándo es que había dicho tal cosa. Taisuke, por supuesto, se había percatado de la mentira al instante pero prefirió dejar el asunto por zancado, obviamente si Midorima prefería hacerse cargo por sí mismo de este problema, respetaba su decisión
—Bien, pero para la próxima vez informenos sobre esto desde el principio— aceptó, siguiéndole el juego, más después de unos instantes expresó en su rostro una aplastante furia, efecto de la irritación que le causaba el aguantar los caprichos de dos alumnos de grado inferior —De otro modo los golpeare
Takao y Midorima se encogieron de hombros, perceptiblemente tensos. Takao sin abstenerse de tragar dura su saliva, sudoroso y temblando de pronto como si la temperatura del lugar hubiera bajado varios grados. No sabía si era el efecto que causaba el que hablara ante un superior -más siendo su capitán- o si sólo era el hecho de que todos ellos decían todo enserio al poner esa cara de «matones» expertos.
Otsubo les permitió continuar la práctica que llevaban a cabo por unos minutos más pues pronto sería hora de irse y no querían que el entrenador les reprendiera por no obedecer el reglamento de la preparatoria.
Ese día, Midorima dejó de practicar sus tiros a la canasta un poco más temprano a lo acostumbrado y, aunque sus intenciones habían sido aclarar la situación, fue Takao quien lo alcanzó en la salida, comportándose con igual normalidad que si nada real hubiera ocurrido entre ellos y los choques de sentimientos hubieran sido un sueño muy absurdo. Muy pronto fue hora de irse y Takao articuló una serie de quejas y conversaciones que incluso resultaban monologadas camino a sus hogares, ya que -al igual que siempre- Midorima se limitaba a dar respuestas cortas, en su gran mayoría enfocadas a lo ruidoso que resultaba su compañero o más profundas tratándose del partido de practica que habían tenido. Si, todo lucía normal, al menos hasta que Takao no soportó más la desidia del peliverde, acumulando fuerza de voluntad para dar inicio
—Shin-chan...— dijo deteniéndose en seco, con ello logrando que Midorima se detuviera también. Takao se giró, enfrentándolo y luego de largos instantes asechando esa mirada esmeralda se inclinó hacía él simulando una pequeña reverencia —¡Lo siento!— esto sorprendió al otro —Me comporté como un inmaduro. Mis intenciones jamas fueron incomodarte, pero... definitivamente me es difícil contenerme cuando se trata de ti. Es extraño, ¿no crees? Jeje... pero Shin-chan también gozas parte de la culpa. Joder, me gustas mucho
—Takao...— Midorima iba a decir algo pero las palabras murieron en su garganta tras descubrirse presa de esta segunda confesión
—¿Te molesta que te diga cuánto me gustas, Shin-chan?
Takao alzó la mirada, dejando entrever sus mejillas ligeramente sonrojadas y una expresión avergonzada, aunque Midorima no hubiese querido ser afectado por ella se encontró ocultando de nuevo su sonrojo tras su manía de acomodarse los lentes; ¿Cómo podría responder Midorima a eso sin sentirse intimidado? Takao nunca fue alguien que le gustara andarse con rodeos, siempre fue muy directo pese a que algunas cosas fueran demasiado vergonzosas para mencionar
—No me molesta en lo absoluto, es sólo...
—¿Es sólo... ?— repitió, las ansias por recibir una respuesta carcomiendolo por dentro. Vaya que ese «tsundere» se tomaba su tiempo en decir lo que sea
—Lo dices muy fuerte...— sentenció, haciéndolo desviar la mirada a los alrededores para comprobar que, efectivamente, varias miradas se habían posado en ellos, como si fuesen protagonistas de un espectáculo vistoso. Darse cuenta de ello lo insitó a ponerse rigido y a sonrojarse furiosamente
—Shin-chan, enserio me gustas mucho— repitió moderando más el volumen de su tono, lo dijo claro y preciso como si decirlo tantas veces fuera la clave para que Shintaro lo comprendiera y resguardara en su pecho esos sentimientos —Me gustas como no tienes idea, por eso no quiero que te sientas incomodo conmigo ahora que lo sabes. Quiero conservar nuestra comunicación por eso tampoco te pido que me des una respuesta concreta, tan solo quiero que me consideres un poco más. ¿Qué dices, Shin-chan?
Los ojos de Midorima al fin se fijaron en los contrarios, notando la determinación que estos tenían como también el miedo a ser rechazado. Se guardó sus palabras unos instantes, recordando que había sido esa mirada la que varias noches le quitó el sueño pasadas ocasiones. Sin duda Takao le gustaba aunque no de la misma forma que él. Tenía que indagar en esas emociones que le invadían para ofrecer nombre a este sentimiento, jamas se permitiría ilusionarlo cuando sufría del mismo dilema con Akashi. No importaba que la última vez que vió al otro fueron ya hace varias semanas
—Siento no poder corresponderte Takao, al menos no todavía. Aún estoy tratando de comprender qué es lo que siento por ti
—Entiendo...— Takao bajó la mirada, en cierta forma decepcionado pero, ¿qué esperaba? Habia sido mortalmente repentino para los dos poner sobre la mesa el destino final de estos sentimientos, no podía forzarlos en Shin-chan como si fuera un frasco vacío esperando ser rellenado. Tras esas palabras hubo un silencio incomodo, retornados a su recorrido sin decir más palabras de por medio cuando cercanos a despedirse, a la orilla de la calle, la voz de Takao volvió a escucharse —Te esperaré...
Midorima lo miró
—Esperaré cuanto sea necesario por tu respuesta. Me gustas mucho Shin-chan así que ten por seguro que esperaría una vida por ti
Midorima no asintió, girándose de vuelta a continuar su camino sin agregar más, después de todo no estaba seguro de cómo tomarse esas palabras pues resultaban tanto positivas como malsonantes, se encontraba en un gran problema mental. No sabía si era prudente para Takao actuar tan sumiso con él aún si el amor que decía tenerle fuera de tanta magnitud. Sentía como si con el paso del tiempo este amor, en lugar de hacerle un bien, terminara esclavizándolo; Midorima jamas podría hacerlo de verdad aunque hubiese dicho que era como su esclavo mas que como un amigo.
El peliverde se encaminó sin mirar atrás, abandonando la figura de Takao sobre la banqueta quien se quedo admirándolo a sus espaldas igual que un simple campesino observando a un rey, una figura masculina digna de verse, acreedora de toda atención.
En Takao aún crecía la duda de confiar todas sus esperanzas en alguien como Midorima, no era que le hubiese fallado antes o haya cometido un error irreparable, pero sentía que valía la pena hacerlo, lo había estado haciendo en los partidos de gran dificultad y siempre habían salido victoriosos, ¿porqué debería preocuparse de hacerlo en su relación aún cuando su rival, posiblemente, pudiera ser un controlador del primer mundo como Akashi Seijurou? No era por presumir, pero él también tenía sus estrategias bien calculadas y sabía cuándo actuar para garantizar sus maneobras. No tenía miedo de Akashi, no temía por su poder -ya disufo- sobre Shin-chan. Quiere creer que ese sádico y el de ojos verdes no poseen un futuro juntos apesar de sí haber tenido un pasado.
Con pensamientos perdidos en la conversación de hace unos momentos, el tono del celular de Midorima exigió por ser respondido. El peliverde retuvo una posible replica al silencio tomando entre sus manos el teléfono celular ya que debía tratarse de Kise, dispuesto a darle las nuevas -buenas o malas- de su problema con Kuroko. Realmente no tenía mucho interés en conocer el resultado que sus consejos hubieran ocasionado, era sólo que no podía abandonar a ese rubio cuando él había resuelto su propio problema, sin enterarse de los detalles relacionados cabe aclarar
—¿Si?
—Buenas noches, Shintaro
Al escuchar esa voz Midorima se congeló, detuvo todo paso sobre los escalones del vecindario con rumbo hacia su hogar, atrapado por un poder extraño ejercido sobre todo su cuerpo
—Akashi...
—No esperabas que te hiciera esta llamada, ¿cierto?
—Bien, admito que fue una verdadera sorpresa— asintió acomodándose los lentes con pesades, descubriendo que algo se movía en su interior como una serpiente de fuego cada vez que escuchaba a esa voz contra su oído
—Deberías recuperarte de ella ya que ahora mismo me encuentro frente al jardín de tu casa
—¿Qué... ?
—Te espero, Shintaro
Habría podido preguntar cómo fue que el pelirrojo llegó a ese lugar antes que él y tan rápido -si consideraban la distancia que existe entre ambas ciudades y la cual los separa suficiente para impedir que hubiera encuentros casuales entre ellos- pero le es imposible hacerlo cuando Akashi ya ha cortado la llamada y lo deja con todas las dudas que ha podido tolerar en un día. Como sea, cruza rápido las avenidas que le quedan y así es como se encuentra con la figura de un coche lujoso estacionado junto a la banqueta, el cual delata toda su procedencia de familia poderosa, y con Akashi ante su puerta vistiendo aún el uniforme reglamentario de Rakuzan sin llegar a abandonar su porte siempre majestuoso, más bien amplificandolo. A simple vista, la presencia de Akashi podría dar la impresión de un exitoso empresario de corta edad, pero enserio el lanzador estrella de Shutoku agradecía que ésta no fuera la realidad y que no se tratara más que de otro estudiante como él, sin negar también lo admirable que es Akashi Seijurou academicamente, siempre tras la victoria.
Midorima avanzó hacia él, quitado de toda timidez al ser su destino su propio hogar, aunque de pronto sintiéndose nervioso por verlo otra vez, un día siguiente de recibir uno de sus mensajes. Akashi no tardó en distinguirlo y le sonríe ladinamente apenas se presenta ante él, en su mano derecha todavía sujetando su teléfono móvil y la otra en el bolsillo del pantalón pues estuvo observando el aparato con tanta atención que si tratara de visualizar en la pantalla la imagen de quien recientemente había llamado
—¿Cuándo llegaste, Akashi?— cuestiona al pelirrojo una vez ha abierto la puerta hacia el jardín del hogar, invitándolo a pasar con un gesto del brazo. Akashi le menciona que no debe preocuparse ya que sólo han pasado unos cuantos minutos desde que se detuvo ante las puertas de su hogar.
Dentro, Akashi es recibido cordialmente por la sorprendida madre de Midorima quien a lado de su hija habían esperado pacientemente en la sala leyendo cada una un libro. Akashi no hace más que agradecerles el té que le ofrecen y disculpar su repentina visita tras reverenciar a la mujer con todo el respeto que puede entregar mientras esta se siente alagada por sus buenos modales.
Midorima pretende continuar neutral pero le es imposible ignorar lo extraño que le resultará tener la compañía del pelirrojo en un momento a solas y aunque está hambriento por algunas respuestas prefiere dejar pasar por zancado el tema mientras guía a Akashi hacia su habitación donde podrán tener un ambiente más intimo, aunque quizás peligroso, no se sabe.
Transcurren algunas horas sin que Midorima pueda obtener explicación alguna al respecto y aunque la charla va por terrenos de sumo interés para él -de hecho para los dos- no puede evitar seguir preguntándose de qué se trata todo este suceso, importándole poco el tantear el terreno hacia una conversación a la que en realidad no quiere llegar
—Akashi, ¿a qué se debe tu visita? No es muy común que hagas una sin haber dado aviso de ello primero
La sonrisa que se dibujó en los labios de Akashi logró hacer a Midorima estremecer, como si sus gestos ejercieran alguna clase de dominio sobre el viento fresco que entraba por la ventana corrediza de su recamara
—A decir verdad, Shintaro, ni siquiera yo lo tenía planeado. Simplemente se dio
—¿Qué significa eso?— cuestionó Midorima incrédulo, no logrando creerse semejante respuesta y cuyo acento consiguió hacer reír al otro de forma corta
—Te sorprenderá saber que fue un impulso. Quizás los deseos tengan algo que ver
—¿Los deseos? ¿Quieres decir alguna situación indeseada?
—Tan intuyente como siempre. Me agrada eso— alagó Akashi, no dando razón de ser a las preguntas de su anfitrión, quien comenzaba a desesperarse por recibir una pronta respuesta más comprendía que estas no llegarían a mandatos suyos sino al momento que Akashi lo dispusiera. Era así como funcionaba, estaba resignado a obedecer eso, aún cuando hubiesen pasado tantos años su mente no perdía la costumbre de aguardar paciente a que ese chico se dignara a corresponder sus exigencias —Aunque...— habló, atrayendo los orbes de Midorima al instante. Akashi abandonaba su taza de té sobre la mesita de noche y recargaba media barbilla en el dorso de su mano con cierta elegancia —... si en verdad te interesa saberlo, vine hasta aquí porque tenía deseos de verte
Antes de siquiera reaccionar a tremenda confesión, los ojos de Midorima se habían entornado un poco y al sentir al calor subir a su rostro apenas atinó a ocultarse el rostro tras su mano al reacomodar los lentes pero él bien sabía que no podía engañar a nadie con eso, mucho menos a Akashi cuya mirada lo mantenía bajo mira, esperando como buen cazador los movimientos que haría su presa sobre el señuelo de la trampa, algo muy parecido a la reacción retardada que había obtenido a cambio de sus palabras
—Supongo que debo estar agradecido porque mi presencia provoque alguna clase de atención en ti, ¿no es cierto?— se atrevió a decir Midorima, esta vez ocultando su nerviosismo a la perfección y ahí estaba otra vez esa sonrisa en el rostro de Seijurou, delatora de cuánto disfrutaba oír el sarcasmo de su compañero, pero sobre todo al ser el único que no se rendía a someterse a él por completo. Un digno rival, sin duda, ya fuera en baloncesto, shogi o en cualquier otra cosa
—Shintaro... yo no lo he olvidado— agregó entonces, intercambiando el tema de manera sutil, como fijándose cruzar una nueva meta —No he olvidado el hecho de que me atraes en diversos sentidos y de que nuestro último encuentro ha quedado inconcluso. Vine hasta aquí porque deseaba verte, es cierto, pero no puedo negar que lo hice también por conocer lo que piensas sobre mi, en este preciso momento
Cuando Midorima tuvo el impulso de encontrarse con los ojos contrarios, casi al instante se vió obligado a desviar la mirada, al menos lo que fue capaz de lograr. Akashi se había acercado a él, un poco pero lo suficiente para que consiguiera notarlo, sus ojos carmesí devorándolo, sus labios entreabiertos, una clara invitación para cometer pecados imperdonables
—Akashi...— trató Shintaro de responder, tiñendo ese nombre en señal de advertencia, notando la forma en que Seijurou se acercaba cada vez más, a cada minuto pero sin llegar a concluir tan tortuoso recorrido hacia sus labios. Estaba provocandolo pero también dándole tiempo a reaccionar, decidir en tomar la iniciativa y con ello corresponder a sus sentimientos o alejarse y rechazarlo. Sin embargo logró arreglar sus ideas justo a tiempo, tembloroso pero sin apartarse de los escasos centímetros que les separaban, dándole a los dos una tercera opción para elegir —Y-yo... necesito tiempo— murmuró y tras sus palabras sintió al cuerpo de Akashi tensarse —Necesito tiempo para aclarar mi mente al respecto, además... estas muy cerca
Akashi se alejó, expectante, no logrando creer que fuera el mismo Midorima a quien tantos años había conocido
—¿A qué se debe esto, Shintaro? ¿Me dirás que te inquieta establecer lazos que antes ya habíamos tejido?
—No se trata de eso...— Midorima desvió la mirada por completo sin descubrirse liberado por la mirada del pelirrojo pero libre de una seria agitación hormonal con el que pudo acceder al magnetismo de la seducción. Akashi lo observó un momento más, estudiándolo, llegando a respuestas tempranas. Ni siquiera necesitaba valerse de su habilidad para comprender que una segunda persona ya pudo acercarse a Midorima, ni tampoco necesitaba pedirle información pues ya se lo imaginaba, debía tratarse del mismo sujeto que vió ir tras Shintaro durante su partido en la Winter Cup: Takao Kazunari sino mal recordaba. Ahora sabía porqué verlo actuar tan devoto ante el peliverde desde un principio no le gustó. Habia visto en su manera de mirarlo que «se moría» por Midorima y por lo visto ya se lo había confesado pues con el simple hecho de que Shintaro se hubiera negado a besarlo ya era un punto a favor de aquel plebeyo, sin embargo el que tampoco se apartara de sus labios era una clara señal de indecisión y Akashi sabía cómo tomarle provecho a ese tipo de circunstancias. De unos cuantos movimientos, casi felinos, volvió a quebrantar la distancia entre los dos pero esta vez recargándose sobre el hombro derecho de Midorima, creando un nuevo espacio intimo surrealista con su, aparente, acción inocente
—Shintaro...— susurró al oído del peliverde, incitante, causándole un escalofrío del que no se recuperaría con facilidad —... te amo— pudo sentir a Midorima ponerse rígido pero Seijurou decidió no detenerse allí —Recuerda eso mientras estas con él...
—¡Akashi... !— exclamó el de ojos verdes exaltado, viéndose obligado a apartarse de él pero al hacerlo ambas miradas chocaron, haciéndolo darse cuenta que esas pupilas color sangre habían aceptado el desafío y que estaba dispuesto a salir vencedor costara lo que costara.
La oscuridad se dejó caer sobre el vecindario con el correr estrepitoso de los segundos, las farolas fueron encendidas a lo largo de cada calle y las luces de las construcciones simularon ser estrellas tras dar inicio la vida nocturna.
Midorima acompañó a Seijurou a la salida y lo despidió cuando este subió a su coche deseándole buenas noches. Aunque esto no fuera más que una reunión de viejos conocidos no impedía que dieran cierto aire pesado a las miradas que se dirigían, muchas de ellas esquivadas por el más alto, inquieto.
Tras el vehículo alejarse, Midorima creyó poder relajarse ahora que todo el embrollo había terminado pero pronto comprobó que la situación no lo dejaría ni dormir esa noche cuando, recién encerrarse en su recamara, un nuevo mensaje de texto perturbó su silencio e intercambiado sus tan necesarias horas de sueño por un impulso sexual imposible de evadir a esas alturas pues Akashi había despertado a ese ser indecente desde el momento en que susurró su nombre con tanta lascivia
"¿Sabes, Shintaro? Esta noche, cuando te vi, tuve serios deseos de probar el néctar de tus labios. Es una verdadera lastima que prefirieras no hacerlo"
Definitivamente Akashi había vuelto a tomar la delantera.
Continuara...
