Capítulo 4 – Al amanecer

Habían pasado diez minutos desde su escape, y la plataforma que cargaba a la potra y al dragón continuaba su ascenso hacia el exterior a través de aquel túnel vertical únicamente iluminado por el cuerno de la primera. Sweetie ya no prestaba atención al polvo que caía en su pelaje por causa de las vibraciones, ni a la temperatura que disminuía conforme avanzaban, pues se encontraba totalmente centrada en el dragón herido a sus cascos.

Le había revisado durante un buen rato, pero a pesar de que su compañero había dejado de sangrar, le era difícil deducir si aquella herida era mortal. Decidió colocar la mitad del abrigo que había logrado salvar en el pecho del dragón y, levantándolo delicadamente, logró pasar las mangas por su espalda, atándolas de la misma forma con una fuerza moderada. Percibió el quejido de Spike por el dolor, y se sintió impotente al saber que no había otra forma en que pudiera ayudarle.

Si Twilight hubiera estado allí, probablemente podría haber hecho uso de un hechizo para sanarle, o incluso Rarity podría haber hecho con su magia un vendaje mucho más efectivo. Al pasar por su mente aquellos pensamientos, se sentía inútil. Su amigo dragón le necesitaba más que nunca, y era incapaz de hacer nada por él.

Su mente se atormentaba con tales ideas cuando se percató de que Spike no estaba inconsciente, y ahora le miraba con los ojos entrecerrados. Sus miradas se encontraron durante un breve momento, antes de que el dragón hablara.

—Lo... hiciste bien allá atrás. -La felicitó su débil compañero.

En silencio, la yegua se sentó frente a él mientras pensaba que decir, pero le era casi imposible expresar sus sentimientos con palabras cuando la posibilidad de romper en llanto se encontraba al alcance de una sílaba. Solo apoyó la cabeza por sobre la bufanda gris en su cuello, abrazándolo con cuidado.

—Oye, tranquila. Todo... está bien. -La confortó cansadamente.

—Creí que te perdería. -Se lamentó, sollozando y derramando lágrimas sobre él.

El dragón sonrió tristemente al notar cuanto había preocupado a su querida amiga, y dejó pasar unos instantes en silencio antes de tomar su casco en garra, cuando ella se apartó a una corta distancia con sonrosadas mejillas, y una mirada interrogante.

—No lo harás. -Le prometió, sin cambiar su expresión.

Se sonrieron el uno al otro y, por un momento, no hubo necesidad de decir nada más. Spike le permitió reposar sobre él un poco más, aunque la verdad era que la herida en su pecho escocía en sobremanera, pero nunca se lo diría. Pasaron unos minutos en silencio, y una vez que la unicornio se había calmado, con su ayuda el dragón comenzó a incorporarse, intentando mantener el equilibrio de su propio cuerpo.

—Despacio... ¡Cuidado! -Advirtió ella, cuando su cuerpo cedió de repente. La unicornio se apresuró a sostenerle, evitando que cayera nuevamente.- Tómalo con calma, Spike.

—Solo... necesito un momento. Dentro de poco estaré bien.

—Esa herida es muy grave. Si no hacemos algo... -Decía ella, cuando el dragón se apartó a cierta distancia al sostenerse por sí mismo, con una gran dificultad para mantener el equilibrio.

—No te preocupes, tengo... un pequeño as bajo la manga. -Explicó al quitarse la bufanda. Bajó el medio abrigo que cubría la herida, y vertió una gran cantidad de saliva color gris ceniza desde sus mandíbulas directamente sobre la herida. Un vapor pestilente surgió de aquel espacio, mientras la zona de su cuerpo que hasta hace minutos se encontraba al rojo vivo, ahora se oscurecía.

—Au... ¡Qué asco! -Se cubrió el hocico.

—Lo es... pero funciona. -Replicó, exhibiendo la herida que ahora había comenzado a cicatrizar, sorprendiendo a la unicornio.

—¿Cómo hiciste eso? -Preguntó, mientras el dragón acomodaba la bufanda nuevamente, pasando a la "venda" después.

—La saliva de los dragones tiene... "algo", no recuerdo qué, que ayuda a cicatrizar heridas como está más rápido. Lo... lo aprendí de uno de los libros que la princesa le dio a Twilight sobre los dragones hace ya tiempo. Y aunque hasta ahora no había tenido la oportunidad de comprobarlo, parece que era cierto después de todo. Ya no duele tanto. -Decía, mientras intentaba en vano ajustarse la venda por la espalda.- Cielos...

—Espera, déjame darte un casco con eso. -Ofreció, ajustando las mangas de lo que antes había sido una vistosa gabardina de invierno.

—No sé porque, pero esto me hace sentir ridículo.

—Pero evitará que se infecte la herida. -Corrigió.

—Pues... fue una buena idea. -Dijo al voltearse.- Gracias.

—Es lo menos que podía hacer. -Replicó ella, aún preocupada por causa de sus heridas. Algo que no intentó ocultar.- ¿Te recuperarás?

—Creo que necesitaré de un par de semanas, pero si. Estaré bien. Tu tranquila, podré caminar de regreo a Ponyville.

—Es bueno saberlo. -Le sonrió ella, justo antes de estornudar audiblemente.- Cielos, creo que voy a pescar un resfriado...

—Hacía mucho calor allá abajo.

—Sí, y aquí hace mucho frío... -Decía, cuando el dragón se inclinó frente a ella, colocando aquella bufanda gris alrededor de su cuello.- Oh no, no Spike, no puedo-... -Se negó, disponiéndose a quitársela cuando su amigo le detuvo.

—Puedes tenerla, no te preocupes. Es cálida, ¿No? -Preguntó. La unicornio, no menos sorprendida, sonrió ante el gesto al cabo de unos momentos. Tomó entonces la parte que le cubría el hocico con su casco, sintiendo al tacto la suave lana de la misma.

—Bastante. -Reconoció, enternecida.

Instantes después, la plataforma se detuvo finalmente al llegar a su última parada. El dragón y la poni se encontraron nuevamente en el punto de partida, a pocos metros del lugar en el cual habían iniciado su descenso, abrazados por aquella nevada que no se había detenido desde la tarde del día anterior.

La tormenta no había aminorado, ahora incluso era peor. Y la temperatura, menor. Supieron que deberían buscar refugio en aquella fría noche de tormenta lo más pronto posible si lo que deseaban era regresar a casa sanos y salvos.

Una vez bajaron de plataforma, la misma inició su camino de retorno, descendiendo lentamente en la oscuridad hasta que estuvo fuera de su vista. Acto seguido, las placas de piedra en la entrada se cerraron sobre sí mismas, sellando el acceso a aquel extraño templo. Una vez aquel lugar recuperó la calma nuevamente, el dragón se dirigió a la unicornio con seriedad.

—Será mejor que nos apresuremos, no sabemos si esa cosa será capaz de seguirnos el paso. -Dijo al voltearse, buscando con la mirada el camino de regreso.

—¿Tú crees... crees que-...? -Preguntaba ella, recuperando el temor de nueva cuenta, pues ya se creía a salvo de aquellas garras negras.

—No estoy seguro, pero será mejor no arriesgarnos. Vamos, no hay tiempo que perder. -Invitó él para luego ponerse en camino, siendo seguido por la potra.

Habían pasado quince minutos de caminata en el medio de aquella tormenta de nieve. Sweetie se había colocado las gafas de Twilight una vez más para entonces, e iluminaba el camino gracias a su magia mientras Spike lo hacía con la linterna en el vendaje de su pecho.

El silencio en aquella galería de pinos con decoración invernal era sepulcral, lo que le daba a tal lugar en medio de la madrugada un aspecto siniestro, pero al saber que los timberwolves que habitaban en las cercanías habían huido, recorrer nuevamente aquel paraje no resultaba una idea tan desagradable. A razón de ello, esperaban que el viaje de regreso a Ponyville fuese un poco más tranquilo, pero como todo en la vida... nunca es así de fácil.

Los compañeros se voltearon repentinamente cuando, a lo lejos, alcanzaron a oír un rugido bestial. Sintieron su sangre helarse cuando comprendieron que venía de la misma dirección en la que se encontraba el templo, y que la predicción del dragón se había vuelto realidad.

—No puede ser... -Alcanzó a susurrar Sweetie.

Spike no dijo palabra alguna, solo volteó hacia adelante al tomarla de su casco una vez más para correr dificultosamente, esperando que la bestia no les alcanzase demasiado pronto.

—¡Cuidado Spike! Aún no estás-...

—¡Sé lo que hago! -Le interrumpió abruptamente. La unicornio quería enfurecerse con él por tratarle así, pero no era capaz, no cuando había percibido en su voz la desesperación que le había traído aquel monstruo.

En breves instantes habían encontrado aquel precipicio, pero ninguno de los dos se arriesgaría a intentar saltarlo una vez más. El dragón se dirigió a uno de los pinos cercanos al mismo, y comenzó a empujarlo con las fuerzas que le restaban por causa de sus heridas.

—Rápido, ayúdame con esto. -Le pidió. Empujando juntos, les tomó al menos veinte segundos convencer a aquel árbol para que cediera, y hacer del mismo un puente que los llevara de forma segura al otro lado.

El temor se infundió nuevamente en la potra cuando puso un casco sobre aquel frágil tronco, cuya escasa y poco confiable rigidez era lo único que les separaba de un abismo de oscuridad absoluto. Habiendo cruzado, el dragón empujó el árbol al vacío esperando que fuera obstáculo suficiente para detener a la bestia. Una vez listo, reinició su carrera junto a la unicornio.

El sudor en la frente de ambos apenas alcanzaba a recorrer unos pocos milímetros en sus rostros antes de verse congelado por causa de las bajas temperaturas. Si la mantícora negra no los aniquilaba, sería aquella cruel tormenta invernal la que lo haría.

—E-espera, el lago. Si lo cruzamos así-...

—Tendremos que rodearlo.

—Pe-pero tardaremos mucho más. -Replicó ella, tiritando.

—Es mejor que arriesgarse a caer allí. -Negó. En ese instante, una idea cruzó por su mente.- ¡Es cierto, podemos usarlo a nuestro favor!

En poco tiempo ya se encontraban frente al lago congelado, del cual apenas si se distinguía alguna diferencia entre la tierra y el mismo dado que el temporal había descargado su furia en ambos espacios por igual. El dragón se detuvo frente al hielo en el instante, y se volteó a la unicornio.

—Has dos montones de nieve con tu magia sobre el lago, alargados, ¡Rápido!

—¿Para q-qué quieres que-...? -Decía, oyendo un rugido ensordecedor en aquel momento. La bestia estaba cerca.

—¡Solo hazlo!

El cuerno de la yegua se iluminó con un resplandor verde claro en aquel momento, y unificó parte de la nieve sobre el hielo en dos montones. Apenas terminó, el dragón dejó la linterna en el suelo de forma que su resplandor apenas alcanzara a iluminar ambos montones, e inició su carrera una vez más pasando ahora por el borde del lago.

—¿Cr-crees que eso vaya a fu-funcionar?

—Por Celestia, espero que sí. Extingue la luz un momento, necesitamos que ese bastardo solo vea la linterna.

Una vez quedaron a oscuras, solo podían confiar en los sentidos del dragón. Debían de rodear el lago rápidamente y buscar refugio en la cueva, pues no cabía duda de que no lograrían regresar a Ponyville aquella noche.

Fue en ese momento que Sweetie sintió sus cascos debilitarse, cediendo poco a poco, hasta que le fue imposible mantenerse en pie. El dragón se volteó al apenas sentir que su compañera no le seguía el paso, y la encontró a pocos metros luchando fervientemente por incorporarse, sin éxito.

No hizo falta decir palabra alguna. Spike rápidamente se inclinó para ayudarle a subir a su espalda, y apenas la unicornio se aferró a su cuello con dificultad, el dragón reinició la carrera por los dos.

Las escamas de aquel funcionaban bien como un aislante contra el frío, pero fue en ese momento cuando cayó en la cuenta de que aún cuando la ropa de invierno de Twilight era bastante abrigada, la temperatura actual debía de rondar al menos los veinte grados bajo cero. Su cuerpo podía soportar esas temperaturas, pero sin duda necesitaba encontrar refugio para Sweetie, pues era capaz de percibir que su calor disminuía gradualmente.

—Resiste solo unos minutos más. Estaremos bien, te lo prometo.

—Pr-prometes m-muchas co-cosas, ¿S-sabías?

—Un dragón cumple sus promesas. -Reafirmó.

Oyeron a lo lejos el rugido de la bestia y la ruptura del hielo, y supieron que su plan había funcionado. Lamentos desesperados y el sonido del agua chocando contra el hielo era todo lo que podían oír. Luego, un silencio sepulcral. Al cabo de unos segundos a la carrera, el viento que los rozaba fue el único protagonista.

Antes de lo que hubieran creído, estaban ingresando nuevamente a la cueva que daba acceso al castillo abandonado, y donde habitaba aquel extraño monstruo. Aunque ahora, para su suerte, la temperatura en aquel lugar era más alta que en el exterior.

Delicadamente, ayudó a la unicornio a descender de su espalda para sentarse contra uno de los muros de la cueva, solo para encontrar con temor al rozar sus brazos que su calor había disminuido más de lo que había esperado. Ahora la potra mantenía sus ojos débilmente cerrados, incapaz de moverse.

El dragón no perdió más tiempo y la tomó en brazos, presionándola contra su pecho para sentarse en aquel mismo lugar, asegurándose de que la mayor parte de su cuerpo estuviera en contacto con el suyo.

—¿Q-qué ha-ces...?

—Tenemos que calentarte, y rápido. Si no cogerás algo grave...

—Spi-ke, lo... lo sien-... -Decía, interrumpida por la tos nuevamente.

—No tienes porque. Estarás bien, te lo prometo. -Dijo por última vez, antes de mirar hacia arriba y generar en sus fauces una débil llama verde.

No planeaba calentar la cueva, eso estaba claro, pero una llama de tal magnitud le permitía mantener una corriente constante calentando su cuerpo y, a la par, el de Sweetie Belle. Le era realmente difícil aspirar aire por la nariz por momentos y expulsar fuego por sus fauces la mayor parte del tiempo, pero debía de lograrlo. No había otra forma. La salud de su compañera dependía de ello.

Se habían cumplido casi quince minutos cuando las capacidades del dragón alcanzaron su límite, momento en que sufrió una repetida tos al tiempo que expulsaba grandes cantidades de hollín a través de sus vías respiratorias. Pero ello no importaba, pues lo único que le preocupaba era el bienestar de la unicornio.

Al bajar la mirada, se sorprendió al encontrar a su compañera con una expresión de paz en el rostro, con ojos cerrados. Su respiración se había normalizado, y sus mejillas habían recuperado el color. Solo entonces, Spike se tranquilizó. Ahora que su amiga estaba con bien, podía descansar. Y así, tan solo medio minuto después de ello, el dragón había caído profundamente dormido, abrazado a la unicornio de melena rosa y purpura.


En un abrir y cerrar de ojos, habían pasado casi dos horas. En el exterior, la tormenta había aminorado en gran medida dejando como resultado una nevada gentil con un viento moderado, aunque la temperatura aún no había aumentado en la misma proporción. La oscuridad de la noche poco a poco comenzaba a disiparse, con aquella luz grisácea que le precede al amanecer.

En tanto, el dragón y la unicornio dormían profundamente en el interior de la cueva, en una posición que cualquier otro poni hubiera considerado "indecorosa", pero no ellos. Ambos habían forjado con el tiempo una relación de amistad tal, que les permitía dormir plácidamente de aquella forma sin pensar que el otro pudiese pretender algo más. Y así hubieran permanecido varias horas más, de no ser por un extraño sonido que provenía del exterior, y hacía estremecer las paredes de aquel refugio.

Al instante de percibirlo, el dragón abrió los ojos de par en par, dirigiendo su mirada rápidamente al pasaje que llevaba a la entrada por la cual habían llegado. Al poco tiempo, gracias a su agudo oído, fue capaz de oír pisadas que con el pasar de los segundos se hacían cada vez más fuertes.

—Sweetie... Sweetie, ¡Despierta! -La llamaba, tratando de no levantar la voz con objeto de no llamar la atención, mientras intentaba divisar algo en las penumbras.

—No... es muy temprano... -Renegaba entre susurros ahogados contra el pecho del dragón.

—Por todos los cielos Sweetie, des-... -Le decía, cuando un fuerte rugido resonó en la totalidad de la cueva.

—¿Eh? ¿Qué? -Se despabiló la unicornio al oírlo, justo a tiempo para ver a lo lejos en la misma dirección que su compañero. En un intento por arrojar luz sobre aquel corredor, la potra encendió el resplandor verde claro de su cuerno, algo que lamentaría al instante. Ahora podían divisar sus ojos, aquellos ojos amarillos resplandeciendo en la oscuridad, avanzando hacia ellos a toda velocidad.

—Corre... ¡Corre! -Vociferó con desesperación al incorporarse, ayudando a la unicornio a hacer lo mismo y pronto iniciando su carrera hacia el otro extremo, cuando la bestia negra comenzó a perseguirles nuevamente.

Con la cueva iluminada únicamente por el cuerno de Sweetie, la criatura tenía un blanco fijo. Esta vez no podrían darle esquinazo. Y aún peor, dadas las heridas moderadas de Spike, así como el lastimado casco de la potra, su velocidad y agilidad se veía notablemente afectada, lo cual le daba una enorme ventaja a su implacable perseguidor.

Fue gracias a los afilados reflejos del dragón que, cuando la mantícora ya estaba encima de ellos, alcanzaron a agacharse logrando esquivar por un pelo sus garras negras las cuales destrozaron al contacto una columna de roca sólida en su camino.

Justo después la criatura cargó contra ellos, pero la unicornio empujó al dragón a un lado al instante, por lo que solo alcanzó a embestir una pared fuertemente. Como consecuencia, una gran cantidad de escombros cedió sobre la criatura y en los alrededores deteniéndola momentáneamente, oportunidad que ninguno de los aventureros desaprovechó para escapar de ella. Habían ganado varios metros de ventaja cuando la unicornio habló nuevamente.

—¡¿Qué haremos ahora?! ¡Por favor, dime que tienes un plan! -Suplicó agitadamente en medio de su carrera, pero la expresión en el rostro del dragón no necesitaba de más palabras.

—Escúchame bien, Sweetie. Corre tan rápido como puedas hacia Ponyville, por donde vinimos. Yo lo atraeré hasta el castillo, y lo distraeré para ganarte algo de tiempo. Si alguno de los dos va a conseguirlo-...

—¡¿Estás loco?! ¡No voy a dejarte solo con esa cosa!

—¡Esto no está en discusión!

—¡Claro que lo está! -Renegó, entre la ira y la desesperación.- ¡Te guste o no, no voy a irme sin ti! -Prometió.

El dragón se sentía perdido, no podía dejar que su querida amiga se expusiera nuevamente al peligro que representaba aquel demonio, pero ella tampoco tenía pensado permitírselo, sobre todo cuando pretendía arriesgarse a una misión suicida.

Pero antes de que el dragón pudiese responder, un nuevo y poderoso rugido se oyó a través de la cueva en toda su extensión, y un sonoro siseo que provenía desde algún lugar más adelante en el camino fue la respuesta. Ambos recordaron entonces a la criatura que se encontraba cerca de la entrada principal de la cueva, y sintieron terror una vez más al caer en la cuenta de que ahora no contaban con un peligroso enemigo, sino con dos.

Al arribar a la cámara de la criatura en el árbol, respondiendo a las vibraciones sonoras, la misma envió múltiples extensiones espinosas contra la pareja quien, apenas con tiempo a reaccionar, se lanzaban hacia los lados opuestos del túnel, mientras que la enredadera atrapaba a la mantícora que había estado a punto de entrar.

Aquellas extensiones espinosas, más semejantes a tentáculos que a raíces, atraparon tanto brazos y piernas como el aguijón de la criatura a quien poco a poco atraía hacia el árbol, mientras profería aullidos de auxilio al forcejear en un intento por escapar.

Aunque era difícil saber quien vencería en fuerza e iría en su caza, ninguno de los dos pensaba averiguarlo, pues de inmediato se pusieron en camino nuevamente, buscando la salida de aquel refugio perdido.

Segundos después, ambos consiguieron salir al exterior nuevamente, encontrándose en el área inferior del castillo de las Hermanas Nobles. Con un dificultoso correr a través de la nieve, estaban acercándose a la escalera que llevaba al suelo superior cuando un nuevo grito por parte de su anfitrión en el templo y un siseo que disminuía gradualmente su volumen les hizo saber quien había resultado vencedor en aquel juego de "quien devora a quien". Se apresuraron nuevamente al apenas notarlo, alcanzando el final de la escalera en tiempo record, pero ambos sabían que no lograrían ganar aquella carrera contra la bestia. Sabían lo que debían hacer.

En vez de seguir el camino hacia el pueblo, se desviaron al instante hacia el puente, cruzándolo a la carrera mientras suplicaban a las princesas que el mismo no cediera. En un segundo, aquella inmensa figura oscura surgió de la niebla bajo sus pies y cascos en un fuerte salto con su enorme garra derecha extendida, alcanzando a tomar gran parte de las sogas del puente, tirando de ellas.

El lado del puente opuesto a la entrada del castillo se desprendió fácilmente, mientras que el dragón alcanzaba a tomarse del primer tablón de madera al final del mismo, atrapando con su pie por el abrigo a la unicornio.

Rápidamente, la potra trepó a uno de los tablones, siguiendo al dragón hasta tocar tierra -o nieve- nuevamente. Apenas tuvieron tiempo suficiente para recuperar el aliento cuando la mantícora negra comenzó a escalar por aquel mismo lugar con desespero. Sus ojos amarillos enloquecidos y la saliva goteando en cantidad desde sus fauces no ayudaban mucho a los nervios de los aventureros, quienes se apresuraron a refugiarse en el castillo abandonado.

Cerraron la puerta tras de si, hallando apenas después una tabla de madera cercana a la entrada lo suficientemente rígida para trabar la puerta, al menos momentáneamente. Al voltearse, lo primero que encontraron fue un corredor derecho levemente iluminado por la luz que se filtraba a través de los agujeros en el techo, el cual terminaba en una escalinata que conducía a los tronos de las hermanas, señalados por un estandarte que colgaba encima de cada uno, identificando el día y la noche. A los lados del corredor, se abrían diferentes portales que conducían a las distintas áreas del antiguo castillo.

Auxiliado por aquel débil resplandor, Spike no debió buscar mucho mientras oía los fuertes golpes de la bestia llamando la puerta, antes de encontrar lo que buscaba: una barra de hierro, la cual tomó con ambas garras sin vacilar un instante.

—Spike, no... -Dijo ella, preocupada.

—Estoy abierto a otras ideas, si es que tienes alguna. -Replicó él, no convencido de su propio plan, antes de devolver la mirada a aquella suerte de arma cuerpo a cuerpo.- Si no podemos dejarla atrás, esto es lo único que nos queda.

—Está bien... dime que debo hacer. -Habló decidida. Spike sonrió ante el ofrecimiento.

—Si te dijera que te escondieras y esperaras a que termine con esto, estoy seguro de que no me escucharías.

—Somos pocos... -Bromeó ella, a pesar de que la muerte misma estaba ahora tocando a la puerta.

—No muchos ponis han pasado por este lugar desde la guerra de la noche eterna, hace más de mil años. En ese entonces, usaban armas bastante más poderosas que esto. Ve a buscar en los pisos superiores. Con suerte, quizá se hayan dejado algo que nos pueda ser de utilidad aquí.

—Lo haré, pero... ¿Estás seguro de que tú solo podrás con esa... cosa?

—Solo hay una forma de averiguarlo. Te dejo el resto a ti, Sweetie.

—Spike...

—No tengo planeado morir aquí, si es lo que estás pensando. -La confortó, con una confianza en sí mismo que realmente no tenía en aquel momento.

Luego de unos momentos, mientras ambos eran capaces de oír el astillar de la madera de la entrada, la unicornio finalmente asintió para acto seguido correr hacia el dragón, parándose sobre sus cuartos traseros y abrazándole fuertemente durante escasos segundos.

—No quiero perderte... por favor. -Susurró ella al apartarse con la mirada baja, afligida. El dragón levantó su mentón con una garra, invitándole a verle a los ojos, mientras le sonreía cálidamente.

—No lo harás. -Le aseguró.

Permanecieron en silencio durante breves instantes, antes de que un nuevo golpe casi abriera lo poco que restaba de la puerta. El dragón se volteó hacia la misma con aquella barra en garra, sin desviar la mirada de la entrada.

—Apresúrate, y acércate por el corredor del segundo piso apenas encuentres algo. -Le señaló. Sin más que decir la unicornio asintió, partiendo hacia uno de los pasillos laterales cuyas conexiones le eran desconocidas.

Anda... ven a por mí. Tenemos una cuenta pendiente que saldar. -Pensaba él, preparándose para lo que vendría, aun cuando en el fondo realmente estaba aterrado hasta los huesos.

La puerta finalmente cedió ante los ataques del exterior estallando en un violento mar de astillas, seguido de la nieve que ingresaba por causa del fuerte viento a través de la entrada abierta, a la sombra de una criatura que esperaba tras el umbral.

La mantícora avanzó lentamente a través del corredor, en su dirección. Spike hizo un esfuerzo imposible por no retroceder un solo paso mientras esperaba el momento adecuado para atacar. El mismo no se hizo esperar mucho más.

A menos de cuatro metros de distancia de su presa, la bestia negra enseñó sus fieros colmillos, listos para triturar a aquel dragón a la menor oportunidad. Pronto, ambos se encontraron caminando hacia un lado formando un circulo, sin dejar de mirarse a los ojos.

—¡Prepárate! -Vociferó, girando la barra de hierro en sus garras y golpeando el rostro de la bestia cuando se abalanzaba sobre él. Para su sorpresa, debió esquivarla rápidamente pues aquel golpe en el cual había empleado todas sus fuerzas no la había desviado un solo milímetro.

Al voltearse rápidamente ambos, el dragón hizo uso de su arma para repeler los ágiles zarpazos de su enemigo que le llegaron en forma de una furiosa lluvia. La luz en la habitación a duras penas le era suficiente para divisar cada ataque lanzado, pero no para efectuar un contraataque eficaz. Apenas fue capaz de prever el aguijón que se abría paso a través de su melena, cargando un poderoso veneno que sabía era mortal para casi cualquier especie.

Fue una décima de segundo la que tuvo para lanzar un golpe rápido y certero contra aquel arma natural, repeliendo el ataque, pero recibiendo de lleno un zarpazo en su antebrazo derecho, derribándolo prácticamente sin esfuerzo. Al quedar boca arriba, la bestia se lanzó sobre él con intención de arrancar cada miembro de su cuerpo de la manera más espeluznante posible. Pero el dragón fue lo suficientemente rápido como para reponerse de aquel golpe, sosteniendo su arma con ambas garras y evitando que las fauces de la bestia hicieran contacto con su cuerpo.

—¿A-acaso tienes idea a-... a quién estás... e-enfrentando...? -Preguntó, antes de soltar la barra y rápidamente clavar sus garras en los brazos del monstruo, para luego vaciar un torrente de llamas verdes directamente en el rostro de la criatura quien era incapaz de bloquear el ataque.

El dragón no se detuvo hasta que sintió que la resistencia de sus pulmones finalmente le había abandonado -lo cual sucedió al cabo de un total de treinta segundos- mientras la mantícora forcejeaba por apartarse, lo que le resultaba imposible dado que el dragón se había aferrado al suelo fuertemente con sus pies y arqueaba su espalda para compensar el peso. El plan original era atacar únicamente su cabeza, pero las llamas se extendieron tan rápido que en poco tiempo todo su cuerpo era una bola de fuego.

Finalmente Spike no fue capaz de resistir mucho más aquel forcejeo. Sus garras se desprendieron de la carne de aquella extraña criatura, que huyó del dragón desesperadamente por uno de los corredores; el mismo corredor por el cual había partido Sweetie Belle.

—No... -Susurró, al oír como la puerta del piso superior era destrozada por aquel monstruo.- ¡Sweetie! -Se atemorizó, tomando nuevamente la barra en su garra derecha.

Se precipitó hacia las escaleras de aquel pasaje y descubrió que los restos del portal encendidos por sus llamas. Corrió a través del pasillo que le seguía, con el temor latente de que la bestia pudiera hallar a su compañera antes que él. Aquel espacio parecía infinito y, mientras gritaba su nombre en un intento desesperado por ubicarla, cada vez temía más lo que pudiera pasar en el tiempo que no estuviese a su lado.

Al final del corredor, se encontró en una sala realmente amplia, poblada de columnas de diseño antiguo que antaño habrían servido de soporte para un techo que en la actualidad se había desmoronado, por lo que no era de extrañar que aquel lugar presentara un ambiente similar al del exterior. Aún nevaba, pero ya no había un viento realmente fuerte, sino uno más bien gentil. La niebla había comenzado a disiparse, pero el ambiente aún presentaba aquel triste tono gris a donde apuntara la vista.

—¿Sweetie? ¿Sweetie, estás aquí? -Preguntó, mientras avanzaba a través de aquella gran habitación. Sus llamados eran respondidos únicamente por ecos, a los cuales les seguía un largo y sospechoso silencio. El dragón permanecía en estado de alerta, pues sabía que no estaba solo en ese lugar.

Al doblar en determinada columna, vio al fondo de la sala a aquella temible criatura de espaldas, refregando su rostro sobre la nieve desesperadamente. En ese momento Spike descendió su arma para sostener el extremo con una sola garra, y el sonido del roce hizo que las orejas de la bestia se irguieran. Para cuando el monstruo se volteó, el dragón no pudo ocultar su sorpresa y asqueo, porque lo que frente a él se encontraba era eso mismo: un monstruo.

—Santa Celestia... -Susurró, pues la bestia ya no tenía piel que cubriera su rostro; estaba en carne viva, dejando a la vista todos sus dientes, así como sus ojos sin parpados. Varias áreas de su cuerpo también habían sido quemadas en su totalidad, dejando el músculo al descubierto.- Cielos... si que eres un bastardo horrible. -Dijo con evidente disgusto.

Mientras la mantícora se acercaba al dragón a paso lento pero decidido, el mismo se percató de que había llegado la hora de su último enfrentamiento con aquel némesis que en poco tiempo se había ganado todo su odio. Alguien iba a caer en aquel lugar, y no planeaba ser él.

—¡Terminemos con esto! -Vociferó, lanzándose a dar el primer ataque. Pero la astuta bestia no tenía pensado permitirse caer en los mismos trucos, lo que dejo en claro al detener el golpe de la barra de hierro con sus poderosas mandíbulas.- Oh no...

Un fuerte crujido, y segundo después el dragón quedó sosteniendo la mitad de su arma, de un largo que a duras penas serviría para defenderse. Soltó aquel trozo del arma que antes le había salvado la vida, mientras su enemigo escupía el otro.

—De acuerdo, esto es malo. -Susurró, poniéndose en guardia mientras pensaba cómo superar aquella situación, ahora que carecía un medio para repeler los ataques de la bestia. Mientras la misma avanzaba, el dragón comenzaba a retroceder. No podía lanzarse sin defensa cuando un solo ataque de su enemigo podía significar el fin. ¿Qué podía hacer?

Su respuesta llegó en forma de salvamento cuando una flecha se clavó a centímetros de sus pies, sobresaltándole tanto a la mantícora como a él mismo.

—¿Qué demo-...? -Se preguntó, dirigiendo su mirada al techo adjunto. Encontró con sorpresa a una unicornio blanca vistiendo ropa de invierno y una bufanda gris, sosteniendo un extraño aparato mediante su magia, con dos flechas cargadas en el estuche de su espalda.

—¡Spike, ten cuidado! -Le advirtió.

—¡Hubiera estado bien que me lo dijeras antes! -Le gritó, devolviendo su atención a la mantícora que ahora le daba la espalda, dirigiéndose hacia la potra al encontrar en ella un peligro mayor.- ¡Oh no, no lo harás! -Vociferó, al tomarle de su aguijón y tirando fuertemente.

Instintivamente la bestia se volteó para atacarle con sus zarpas, pero Spike la soltó a tiempo para evadirla, lanzándose a un lado para luego incorporarse en el momento que le atacara, y correr a través de aquella habitación siendo perseguido por la misma, doblando ocasionalmente en alguna columna para esquivar sus embestidas. Ahora tenía su atención.

—¡Apunta bien esta vez! -Le gritó.

—¡Eso intento! -Respondió ella, teniendo presente el hecho de que solo le restaban dos tiros más.

Una segunda flecha salió disparada de aquel artilugio, clavándose directamente en el costado derecho de la criatura. Frente al rugido de dolor de su parte al voltearse Spike se volvió rápidamente y, aprovechando su distracción, la embistió con todas sus fuerzas hacia una de las columnas frente a las cuales se encontraba. El peso de la bestia fue su perdición cuando por causa del impacto la estructura de roca cedió sobre él. El dragón apenas alcanzó a escapar de la caída de los escombros, que terminaron por enterrar a su enemigo mortal en escasos segundos.

Instantes después, Spike permanecía en el suelo, sin desviar la mirada del montón de escombros que ahora sepultaban a la criatura. Su respiración era en extremo agitada y, mientras se levantaba lentamente, buscaba a Sweetie en el techo, hallando a una sonriente combatiente en el mismo lugar.

—¿Se puede saber de dónde sacaste eso? -Preguntó con gracia.

—Lo sostenía una de las armaduras en el corredor. ¿No es genial? -Replicó, emocionada.

—Genial sería que tuvieras cuidado. Es una ballesta, y por poco me das a mí.

—¡Deberías felicitarme! ¡Incluso me sobró una flecha! -Se excusó ella, cuando la montaña de escombros comenzó a moverse ligeramente. Un segundo después, con un dolido rugido de por medio, la bestia escapó a su cautiverio de piedra nuevamente.

El dragón se sobresaltó y aterrorizó al descubrir que probablemente no había forma posible de detener a aquel demonio. Estaba claro desde un principio que aquella no era una mantícora normal, pues cualquier otra hacia mucho que hubiera cedido; esa bestia había sido puesta en aquel templo específicamente para evitar que nadie tomara aquel diamante, y si lo hacía, asegurarse de que no consiguiera escapar. Ahora lo sabía.

El demonio de perpetuos ojos amarillos rengueaba hacia su enemigo, dispuesto a llegar hasta el extremo para eliminar al dragón y a la unicornio. Desesperado, Spike inició una nueva descarga de llamas verdes sobre la bestia que, a pesar de sentir lo que restaba de su cuerpo quemarse nuevamente, continuó su camino. Al acabarse su aliento, el dragón continuaba retrocediendo, pronto encontrándose cercado contra la pared de aquella habitación.

El monstruo levantó su zarpa derecha con objeto de aniquilar a su presa, quien tenía el horror marcado en el rostro, en un único y último ataque. Pero cuando estaba a punto de arrebatar su vida, sintió sus sentidos comenzar a desvanecerse. Primero fue su oído, pues ya no era capaz de escuchar el silbido del viento. Luego su vista, que se oscurecía a medida que sus piernas cedían. Y finalmente, su tacto, dado que ya no era capaz de sentir nada más. Finalmente, el cuerpo cayó sin vida al suelo, sin nada más que le sostuviera.

La última flecha de Sweetie yacía clavada en su nuca, y el brillo en los demoniacos ojos de aquel monstruo se había apagado para siempre. Detrás de él y frente al dragón, la unicornio mantenía en alto aquella ballesta, temblando, aunque no por causa del frío.

—Yo... yo lo-... lo-... -Decía entrecortadamente, cuando el dragón esquivó a la bestia caída para dirigirse a su compañera rápidamente. La misma dejó caer su arma cuando Spike la tomó en sus brazos, sin ella ofrecer resistencia alguna.- Gracias a Celestia que estás bien. -Susurró ella en su oído, con lágrimas en los ojos y llevando los brazos a su espalda.

—No lo habría logrado sin ti. -Dijo él de la misma forma.

Todo había terminado. Ambos se dejaron caer en el suelo sin dejar de abrazarse, exhaustos pues aquel combate les había debilitado enormemente. Ambos dirigieron su mirada al cuerpo de la mantícora al percibir algo extraño, encontrando que el monstruo había comenzado a deshacerse en un torrente de cenizas, que poco a poco se esparcieron por causa de la brisa. Al haberse desvanecido por completo, ninguno de los dos sabía que pensar.

—La mantícora... e-ella se... -Decía la unicornio, no alcanzando a completar la idea de lo que acababa de suceder.

—Sabía que había algo raro con esa cosa.

—¿Qué quieres decir?

—Ninguna mantícora es tan grande, fuerte y rápida como lo era este monstruo, Sweetie. Tampoco tienen colores como esos y, sobre todo, no se vuelven cenizas cuando mueren. Solo algo creado mediante magia se desvanecería de esa forma. A simple vista parecía una mantícora, pero... estoy seguro de que no lo era.

—¿Y... qué era entonces?

—No lo sé, pero alguien la creó para proteger... esto. -Dijo al extraer con su garra la rosa de diamante en el bolsillo de la potra, quien la observó intrigada.

—Que un diamante como este nos haya traído tantos problemas...

—Pero valió la pena. -Decía él, sonriente, sin quitar los ojos de la joya. Pasaron apenas unos segundos de trance para el dragón cuando sintió a la unicornio dejarse caer contra él.- Sweetie... ¡Sweetie! -Se preocupó.

—Por todos los cielos Spike, estoy bien. Solo... estoy muy cansada, y la cabeza me da vuelas. Solo necesito un momento, por favor... -Decía ella, con ojos cerrados. Spike suspiró profundamente.

—Tomate tu tiempo. -Respondió comprensivo, antes de guardar aquella rosa en el mismo bolsillo.

Fue entonces que ambos compañeros por primera vez en toda la noche se sintieron seguros, fuera del alcance de cualquier peligro. Al cabo de unos minutos, se percataron de que los rayos del sol se colaban a través de las nubes grises, alcanzando aquel castillo. La noche había terminado.

—Está amaneciendo... -Dijo el dragón, sonriendo melancólicamente al dirigir su mirada al cielo, sin soltar a su querida compañera.

—Lo logramos. -Susurró ella.

—Después de todo lo que pasamos aquí... cielos. No puedo creerlo.

—Creo que Rarity y Twilight tampoco lo creerán. -Dijo ella, no muy convencida. Spike cayó en la cuenta de los posibles desenlaces de su arriesgada aventura, que esperaban a su regreso.

—Cuando sepan todo esto... bueno, creo que nos castigaran por un largo tiempo. -Bromeó.

—¿Por un tiempo? Quizá a ti, mis padres me castigarán de por vida. -Se lamentó con gracia.

—Tendremos muchos problemas al llegar a Canterlot, ¿Verdad? -Dijo él, melancólico. La unicornio acompañó aquella expresión solo por un momento, antes de apartarse ligeramente y sonreírle, arqueando una ceja.- Cielos, ¿Ahora que se te ocurrió? -Preguntó, exasperado. La conocía bien.

—Nada, solo estaba pensando que quizá... tan solo quizá, no deban saber que estuvimos aquí.

—¿De qué estás hablando? Lo descubrirán tarde o temprano, y ahí sí que estaremos en problemas.

—¿Pero cómo? Hasta donde mi hermana sabe, vine a visitar a nuestros padres en Ponyville ayer, y volveré hoy en la tarde. ¿Y qué hay de ti?

—Cielos, lo olvidé por completo. ¡No le avisé a Twilight que saldría! Debe de estar muy preocupada... -Dijo cansadamente.

—¿Pero acaso no tenía ella que ocuparse de los preparativos para la celebración? Sé como es Twilight, y de seguro debe tener toda su atención puesta en el evento. -Razonó la unicornio, tranquilizando al dragón.

—E-es cierto, quizá ni siquiera haya notado que no estaba ahí.

—Eso nos facilita mucho las cosas. -Convino, apartándose del dragón e incorporándose nuevamente, comenzando a caminar hacia la salida junto a él.

—De acuerdo, no le diremos nada de esto... a nadie. Ni siquiera a Applebloom o a Scootaloo, ¿De acuerdo?

—Vamos, ellas saben guardar secr-

—A nadie. -Le interrumpió.- Si queremos que esto sea un secreto, nadie puede saberlo. ¿Trato? -Refunfuñando ante aquella condición, Sweetie terminó por suspirar profundamente, aceptando al final.

—De acuerdo, esta aventura será nuestro secreto. -Resolvió, deteniéndose y ofreciendo su casco. Spike le sonrió confidente, antes de chocarlo con su puño cerrado.

¡Con cerrojo y si no arrojo un pastelillo a mi ojo! -Hicieron su Pinkie-Promesa al unísono, sonriendo amenamente al final, cuando la expresión de Sweetie cambió al instante.

—E-espera, ¿Qué hora es? -Inquirió, preocupada. El dragón revisó su reloj de muñeca al instante.

—Las 7:30, ¿Por qué? -Preguntó, recibiendo una reacción extremadamente dramática en respuesta.

—¡Cielos, debemos apresurarnos! ¡Si el tren no funciona tendremos que buscar un carruaje que nos lleve! ¡Y hoy será muy difícil encontrar a uno que vaya hasta Canterlot! -Se preocupaba ella trotando de un lado a otro, mientras el dragón permanecía en la misma posición con aspecto meditativo.

—Por Celestia, Sweetie, relájate. -La detuvo.- Conozco a alguien que puede llevarnos.

—¿E-estás seguro? Digo, es la Noche de los Corazones Cálidos, y no cualquiera está disponible para-...

—Tranquila, es alguien de confianza. Me debe un gran favor hace un buen tiempo, y creo que es hora de cobrárselo. -Le guiñó un ojo, antes de ponerse en camino nuevamente.

—¡Entonces vamos! ¡No hay tiempo que perder! -Se adelantó ella, trotando velozmente.

—Por todos los-..., ¡Sweetie, espera! ¡No me hagas correr!

—¡Si no te apresuras te dejaré atrás! -Replicó con gracia, perdiéndose en el corredor.

—Cielos... no tienes remedio. -Dijo por lo bajo, para luego sonreír e iniciar su carrera nuevamente.- ¡Espérame!

Y así fue como, al amanecer, su aventura había terminado. Los rayos del sol se paseaban a través de las nubes iluminando el antiguo castillo que en el día presentaba un aspecto realmente diferente. Mientras recorrían el corredor principal, en cuyo extremo se exhibían los estandartes del día y de la noche, ambos intentaban rescatar en sus recuerdos cada paso que habían dado desde la tarde anterior, cuando partieron de la biblioteca.

Fue en ese momento que Sweetie rememoró el episodio que Spike había sufrido horas atrás durante el ataque de los timberwolves, pero al admirar el feliz rostro de su compañero, la sombra de duda en su mirada se desvaneció por completo. Aquel era su amigo, el optimista dragón que años atrás había conocido; eso era todo lo que necesitaba saber.

Antes de lo que hubieran imaginado, se encontraron sobre el puente que daba acceso a Ponyville desde el bosque Everfree, admirando el escenario que frente a ellos se extendía; la bella imagen que daba aquel tranquilo paraje tocado por los rayos del amanecer.

Aquella peligrosa búsqueda, en la que habían aprendido a confiar el uno en el otro con sus vidas quizá hubiera llegado a su fin, pero su historia apenas estaba comenzando. No lo sabían en ese entonces, pero aún les quedaba un largo camino por recorrer.

Pasaría mucho tiempo antes de que la unicornio averiguara lo que realmente le había sucedido a su amigo dragón aquel día, y descubriese la verdad. Y pasaría incluso más tiempo antes de que supieran que la joya purpura que ahora brillaba con intensidad en el bolsillo de la unicornio, no era un simple diamante. Pero ahora, frente a sus ojos un nuevo día había comenzado, y a pesar de ser uno relativamente gris por causa de la estación, el sol lucía más brillante que nunca para ambos.


¡Tarde pero seguro!

Y así llegamos al final del primer acto, que quizá para algunos se haya tornado algo largo. Lo siento, pero quería cerrar bien esta parte de la historia.

Faltan pocas horas y la celebración de la noche de los corazones cálidos está a la vuelta de la esquina. ¿Lograrán nuestros héroes llegar a tiempo? ¡Descúbranlo en el próximo capítulo! Que, con favor de Jebus, postearé dentro de un par de semanas.

En fin, espero que vengan disfrutando de esta historia tanto como yo disfruto al escribirla, y nos estaremos leyendo nuevamente cuando esta aventura continúe.

¡Hasta la vista! ¡Y gracias por leer!