"¿Qué escribes?" Xhema caminó hacia la mesa de la cocina, llevando consigo un plato de sopa de verduras. Su cabello plateado se tiño de un suave color anaranjado por la luz del amanecer que entraba por la ventana.

Había papeles esparcidos por toda la mesa. River hizo un pequeño espacio para que Xhema pudiera sentarse.

"Un informe sobre una excavación arqueológica. Lo he estado investigado desde hace algún tiempo" River se inclinó sobre los papeles con una libreta en mano. Con un bolígrafo hizo un círculo perfecto, trazando otros círculos y líneas en su interior.

"¿Eso es Gallifreyan?" preguntó la anciana. Y era verdad, todos los papeles, desde los más grandes hasta simples anotaciones tachadas y remarcadas en la libreta, eran un conjunto de círculos perfectos, líneas y símbolos incomprensibles. "¿Utilizas siempre gallifreyan para tus trabajo?"

"Generalmente, cuando el trabajo es demasiado importante prefiero escribirlo en gallifreyan, para que la gente que quiera leerlo les resulte incomprensible" River se colocó un mechón de su cabello tras la oreja, mientras se inclinaba sobre sus anotaciones. A su lado, Xhema comía en silencio.

No siempre había sido así de simple, principalmente de su parte. Pero ahora que River se concentraba en su investigación, un profundo silencio caía entre ellas.

River recuerda una vez, cuando Xhema le explicó la razón de su silencio, la importancia de disfrutar de su compañía sin las palabras de por medio. Ella era demasiado pequeña y demasiado ruidosa, pero Xhema había sido siempre muy paciente.

Se lo explicó con una simple frase; Cuando el río fluye calmado y silencioso, es porque su cause es demasiado hondo. Como la vida de un anciano, quien ya ha visto demasiado y no tiene nada más que decir.

Pero hay que saber interpretar el silencio, le había dicho una noche. El silencio de una persona atormentada, es un silencio engañoso, un silencio que grita, porque sus labios están sellados a la fuerza producto de reprimir su dolor. Como el río que fluye lentamente, pero quien pone un pie en sus calmadas aguas para cruzarlo, corre el riesgo de quedar atrapado y morir en las turbulentas corrientes de sus profundidades, que su tranquila superficie había estado ocultando como una barrera hacía su trampa mortal.

"¿Qué sucede?" preguntó entonces Xhema, dejando a un lado el plato vacío en el fregadero. Había estado observando a River, quien no había despegado sus ojos de los papeles frente a ella.

Los ojos azules observaron las nudosas y pequeñas manos de la mujer más joven; su tensa postura y las pequeñas arrugas sobre las ojeras bajo sus ojos atormentados, fijos en un punto sobre la mesa.

"¿River, que sucede?"

Fría, mantente fría.

"Nada" Mintió River, sin despegar su mirada de las anotaciones que tenía sobre la mesa. No podía enfrentar los ojos azules que taladraban su figura. Pero el cable que sujetaba su silencio se hallaba tenso y oscilante.

"Dilo" Xhema avanzó lentamente, las tablas del suelo crujieron bajo su peso. "Contenerlo solo hará que el dolor se disemine más lentamente, cuando quieres quitar un apósito los haces rápido, con fuerza"

River se apartó, pero Xhema la agarró de las muñecas.

"¿Sabes porqué cantan los Delph?" River era fuerte, pero Xhema era más fuerte, más vieja. Sabía que si miraba sus ojos vería el mismo dolor, pero más antiguo, más profundo, ya aceptado por los años que había decidido vivir con él. "Nosotros cantamos toda nuestra vida, el canto es un grito, una liberación. Aprendimos hace muchos siglos a cantarle a la vida y las estrellas, aprendimos a honrar a nuestros Dioses con el canto."

"Nosotros nacemos cantando, y morimos así, en nuestras batallas, en nuestro dolor, aceptamos el canto y las palabras como un compañero en la soledad, porque nuestras canciones no se diferencian a nuestro silencio, porque aprendimos a crear un silencio cargado de armonía, aprendimos a escuchar las canciones del universo, y cantarlas con nuestras propias voces"

River cerró los ojos, sin atreverse a mirar la profundo azul oceánico de los ojos de la anciana.

"Tu sabes el origen del nombre de la organización del Silencio. Adquirieron su nombre al luchar contra nosotros. Cuando llegaron a los Bosques de Gamma, los Delph que perdían contra el Silencio eran capturados, y…"

"Mis padres están muertos"

Sus palabras fueron como un borboteo, una tortuosa exhalación largamente contenida. Peor que una sentencia de muerte, o la dolorosa sensación de la inyección letal corriendo por sus venas, matando todo rastro de vida a su paso, quemando las fibras de sus pulmones, rompiendo en pedazos el trozo de hielo que se había alojado en su corazón, como una coraza contra la horrible realidad que la acongojaba.

Y en ese momento, y contra todo lo que se había dictaminado a si misma, River Song se permitió llorar.


Todos le tenían miedo.

Eso era lo primero que aprendió Melody Pond sobre su vida.

Toda la gente que conocía, las personas que cuidaban de ella, quienes la entrenaban en el arte de la lucha, los soldados que se cruzaban en su camino cuando se dirigía hacia el cubículo blindado que era su habitación. Todos y cada uno le tenían un miedo aberrante, mezclado con una curiosidad sobre la pequeña niña quien poco a poco se convertía en una máquina de matar.

Ellos siempre la vigilaban, no dejándola ir más allá de la sala de entrenamiento, la enfermería y el laboratorio, donde los científicos y doctores hacían cosas horribles y dolorosas con ella.

Los clérigos observaban sus movimientos cautelosamente, más como un insecto extraño, venenoso, que como una niña que no había tenido contacto físico más que las peleas encarnizadas con sus entrenadores, o como una niña que no había pronunciado palabra alguna durante los 6 años que tenía de vida.

A Melody Pond no le importaba, a Melody Pond solo le interesaba y le preocupaba lo que le enseñaban. Ella se había criado así, acondicionado con el único objetivo de ser un arma; el significado de cosas triviales, o lo que ellos le enseñaban que era trivial y sin sentido, no importaba, no tenían ningún sentido existencial en lo que respectaba a su acondicionamiento, su objetivo.

Desde los primeros años que había aprendido a pronunciar pequeñas palabras, Melody había comprendido que hacer preguntas triviales, como por ejemplo, preguntar que era ese extraño aroma que invadía sus sentidos cuando las enormes puertas metálicas de la base se habrían para dejar pasar a los clérigos, o que era la extraña extensión verde y azul que alcanzaba a observar por entre las rendijas de ventilación que daban al exterior de la fortaleza, cuando lograba evadir a los guardias y los soldados que la mantenían cautiva, o de donde venía esa extraña melodía que había escuchado antes de quedarse dormida, significaban más que una dura reprimend; unos días sin comer y el doble de horas de entrenamiento contra personas que eran diez veces más fuertes que ella. Eso no se diferenciaba mucho a una paliza.

Solo eran pequeñas palabras; canción, agua, verde, árbol, río… palabras que había aprendido de los clérigos, al escucharlos a escondidas, cuando tenía mayor libertad y podía seguirlos y escucharlos. Palabras que habían sido reemplazadas rápidamente por silencio, frío, metal, soledad, dolor y muerte; ese era el único significado que podía darle a sus preguntas, sabiendo que los clérigos quienes se les encontrara tratando de comunicarse con ella por algún medio, solo con que no mantuvieran sus bocas cerradas en su presencia, serían duramente castigados, y ella nunca los volvería a ver. La única respuesta, lo único que existía en su vida en ese momento, eran dolor y muerte.

Y así, Melody Pond se sumió en un completo y profundo silencio.