Lo sé, soy una escoria(?) No actualizo desde...-no lo recuerdo-... mucho. Okay, bueno, este capitulo es mas...emocionante, supongo...
Lean ^w^
owo
A las cuatro de la tarde, Hanabi entró a las oficinas Hyûga vestida elegantemente, con zapatos de tacón y como toda una administradora, el cabello liso, suelto y cayendo en cascada por su espalda, una falda recta hasta unos centímetros arriba de las rodillas, una camisa blanca de tirantes y un abrigo liviano de color negro.
Las puertas del ascensor se abrieron ante ella y con un paso al frente entró, apretó los botones y se tambaleó levemente cuando el ascensor comenzó a ascender hacia el cuarto piso de la corporación. Se colocó un mechón de cabello oscuro detrás de la oreja y salió del ascensor una vez que las puertas volvieran a abrirse.
Llegó a la oficina que regía, anteriormente su padre y entró.
—Hola, Neji—dijo al entrar.
—Hanabi, siéntate por favor—pidió cortésmente.
—Prefiero quedar en pie, gracias—dijo en voz queda.
—Entonces arreglemos lo que te pertenece—cruzó sus dedos y los apoyó sobre la mesa del escritorio.
owo
Kiba insultó en voz baja cuando un mal nacido pasó a toda velocidad en carro y lo salpicó todo con el agua restante de las lluvias continuas que habían sufrido esas semanas. Intentó hacer caso omiso y siguió caminando por la vereda, hasta llegar a las puertas de la empresa Hyûga para una reunión que tenía a las cinco y cuarto de la tarde, y ya iba tarde.
Saludó a la coqueta recepcionista e ingresó al ascensor, debía ir al séptimo piso para hablar con el contador de la empresa, Shikamaru Nara.
El ascensor se abrió ante el y entró sin pensarlo.
Indicó el piso y esperó.
Sorpresivamente el ascensor se detuvo en el cuarto piso, las puertas se abrieron y Kiba se tensó.
Ahí estaba Hanabi, ahora a un costado suyo apretando el botón de la planta baja.
—¿Qué..que haces?—preguntó Kiba— ¡Yo voy al séptimo!
—Lo hubieras dicho antes—replicó la ojiperla, cruzándose de brazos.
—Olvídalo—extendió su brazo y apretó el numero siete.
Hanabi repitió su acción con el número uno.
Kiba imitó a Hanabi pero con el siete.
Un sonido como el de un motor parándose bruscamente los alertó, Hanabi intentó apretar algún que otro botón pero no recibió respuesta.
— ¡Joder! Hanabi ¿Qué hiciste?—preguntó Kiba abatido.
Hanabi lo fulminó con la mirada.
—Yo no hice nada, se descompuso solo—explicó fríamente, sin inmutarse.
—Mierda... ¿Ahora que hacemos?—dijo Kiba entrando en pánico.
—Esperar, supongo—dijo despreocupadamente Hanabi— Cuando se den cuenta de que el ascensor no anda, intentaran hacer algo, ¿no te parece?
Kiba guardó silencio, Hanabi seguía siendo la misma de siempre, inteligente, inmutable y de aspecto frío.
Quedaron sumidos en un terrible silencio guardándose las palabras que no tenían para decir y sintiendo la respiración acompasada de otro.
Ese lugar era pequeño y caluroso, aún mas por las constantes lluvias que trajeron humedad. Hanabi se quitó el abrigo y Kiba no pudo evitar dirigir su mirada a ese bulto que Hanabi tenía heredado generosamente. Recordaba aquella vez en la que...no...no...negó con la cabeza. Aquellos recuerdos no eran nada buenos. Pero aún así, como hombre, debía admitir que Hanabi tenía un vientre plano a pesar de haber estado embarazada, y no se le veía ni un gramo de grasa.
— ¿Qué estás mirando?—preguntó Hanabi molesta— Nunca cambias.
—Tu tampoco—se volteó molesta y lo punzó con la mirada aperlada frunciendo el ceño.
— ¿A que te refieres?—.
—A que sigues mintiendo y escondiendo cosas—afirmó Kiba sin cambiar su semblante serio. Ahora estaba resuelto a aclarar todas sus dudas.
—¿A si? ¿Y que he mentido?—se dio la vuelta
—No, no has mentido, solo ocultaste las cosas—se retractó Kiba.
Hanabi entendió hasta donde quería llegar y se cruzó de brazos. Kiba sintió que algo se removía en su interior ante ese...simple...movimiento...que...resaltó...sus...pechos.
—No...quiero decir...—se sintió nervioso y comenzó a sudar, además del ya calor, estaba seguro que cuando salga de ahí necesitaría una ducha fría urgente.
¡Ay Carajo! Viéndola así, tan...enojada e inmutable, le urgían las ganas de besarla abrazarla y darle-toda-su-ternura*
—Kiba—nombró ella.
Ladeó la cabeza y cayó en cuenta de que se le había quedado viendo como un idiota.
—Eh...bueno...ehm...volvamos al tema—dijo Kiba.
— ¿En que he mentido?—repitió la pregunta Hanabi, ahora bajando sus brazos.
—Simples cosas, ya sabes...el hecho de ocultar el por que te fuiste hace años y...—Hanabi abrió la boca para replicar pero la volvió a cerrar—...y quien es el padre de tus hijas...
—¿Tú...por quien me tomas? ¿Crees que te contaré las razones? ¿Son taaaan interesantes para ti?—lo taladró con las preguntas.
—Le siento, Hanabi, pero quiero saber la verdad ¿sabes? Hace seis años, no fue fácil que te vayas sin avisar, o despedirte como mínimo—dijo un tanto enojado, sin poder evitarlo.
—Tenía una razón.
— ¿Cuál, Hanabi, cuál?
— ¡Estaba embarazada!—gritó en una arrebato de liberar pesos— ¡Estaba embarazada de ti!
Se tapó la boca con ambas manos y se apegó a la pared. Se había vuelto loca, pensó Nunca en su vida había tenido esos descontroles y justo ahora, su control se iba por la borda por... por la simple presencia de Kiba.
—¿Qué?—Kiba agachó la cabeza y sus ojos se ensombrecieron, se acercó a Hanabi y la tomó del la muñeca, obligándola a separarse de la pared— ¿Por que no me lo dijiste?—la sacudió un poco— Responde, Hanabi.
Ella no sabia que hacer tenía un nudo en la garganta que le impedía a hablar, se limitó a levantar la cabeza y mirar los ojos rasgados de Kiba, que desprendían furia por todo lugar.
Se soltó del agarre y retrocedió unos pasos hacia atrás.
—Lamento decir esto, yo, a mis hijas, las amo, las adoro, pero en ese momento, hace seis años, fueron un error—.
Kiba retrocedió, dejando una distancia bastante grande entre ellos-claro, dentro de un ascensor-.
—Hanabi...¿no entiendes el error que...cometiste al irte?—dijo Kiba mientras se pasaba una mano por el pelo, despeinándoselo— Mira, hay que decirle a las niñas...que..
—Todo a su tiempo Kiba—dijo Hanabi mientras se colocaba el abrigo una vez mas. El ascensor se movió y b ajó hasta la planta baja, la puerta se abrió y Hanabi salió. Kiba se quedó mirándola petrificado, inconscientemente levantó su dedo y presionó el numero siete. Las puertas se cerraron y el ascensor volvió moverse.
Todo se había arreglado, o eso suponía.
Owo
Puuuuuuuuuro OoC LO SÉ, pero...admito, desgraciadamente, que ya no se como seguir esta historia, así que, se aceptan sugerencias, o lo dejo así, en un final abierto (opción A), lo abandono(opción B) o lo sigo con ayuda extra-alguien de los que la leen (opción C) o –si, hay otra- se aguantan las porquerías que escribiría por no saber como seguir(opción D)
No me siento bien con esto.
Gracias por leer ^w^
Por los reviews.
Por los fav/alerts.
Por leer...
Good Bye!
