Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivos de Rumiko Takahashi. Esta historia está libre de fin de lucro.
Nota: Episodio editado.
Un poco más sobre ti
Las puertas del elevador se abrieron, dando paso a Sesshōmaru, quien estaba llegando a un nuevo día a la oficina.
El edificio apenas estaba tomado vida, aún faltaba tiempo para que fuera hora de entrada de la mayoría de los empleados. Pero un canturreo le hizo saber, que no era el único que se encontraba en ese piso. No tenía interés de saber quién cantaba, pero cada que paso que daba, la voz era más clara y del lugar donde provenía, era nada más que debajo del escritorio de la secretaria.
El bolso negro sobre el escritorio, el saco naranja que descansaba en el asiento vació y el celular con la funda rosa, eran las pistas necesarias para saber que era nada más que ella. Que aparte de ser secretaria, le resulto cantante.
Vio un ligero bulto naranja con blanco moverse por debajo, exactamente donde se encontraba el monitor de la computadora y la impresora. Estaba tan absorta en su actividad, que ni siquiera lo había notado.
Sesshōmaru pudo haber ignorado tal escena e ir directamente a su oficina, pero hizo todo lo contrario. Sus pies no se movieron ni un milímetro, y sus ojos dorados veían el hueco entre el escritorio y la silla, donde en momentos, se dejaba ver esa mancha naranja al moverse torpemente.
—Honjō.
Rin se levantó de golpe, topando su cabeza contra la madera del escritorio. Inmediatamente sus manos tocaron el lugar golpeado, despeinando el trenzado de su cabello negro. Pero, aun así, se irguió frente a Sesshōmaru, que cual le observaba fríamente y con la ceja izquierda alzada, en señal de interrogante.
—Buen día, señor Sesshōmaru —hizo una reverencia, pero con la mano derecha aun sobando el área dañada.
—¿Qué se supone que haces?
—Checando las conexiones de la computadora —fijó su vista en el lugar en el que anteriormente se encontraba—. Desde que llegue, no ha querido encender.
—Que los de sistemas lo arreglen cuando lleguen.
Sin más, retomo su camino, sin darle mayor importancia al percance ocurrido. Sin embargo, aun podía sentir esos ojos marrones fijos en él. No esperaba que la secretaria tuviera una mirada tan pesada.
—¿Qué quieres? —Viró a verla con el cejo fruncido.
—Señor, no puedo esperar hasta que lleguen los de sistemas. Ellos entran a las diez, y yo tengo que revisar el inventario del día, para no tener retraso en su recorrido laboral.
Miró a la mujer, para después ver el dicho aparato inservible. No tenía otra opción, después de todo, Rin sabía la importancia del trabajo y tenía que reconocérselo.
—Usa el ordenador de la oficina, mientras el desperfecto es solucionado.
Rin se quedó estática, sólo miraba al hombre frente a ella, incluso el dolor se le había esfumado repentinamente. Aun no podía creer lo que había escuchado.
De los tres años que llevaba trabajando para la empresa, jamás había tocado la PC de esa oficina. Y ahora como si nada, Sesshōmaru se la ofrecía para que realizara su trabajo.
—¿Qué esperas? ¡Muévete, Honjō!
Rin reacciono ante la voz iracunda de Sesshōmaru, qué ya estaba casi dentro del despacho. Suspiro tratando de controlarse, no quería perder la paciencia y menos tan temprano, no le daría ese gusto a su jefe.
Al entrar a la oficina, se encontró a Sesshōmaru en el archivero, checando algún par de carpetas. Presentía que buscaba datos que estuvieran ligados con Naraku, pero estaba más que segura, que allí no encontraría nada de ese sujeto.
Aun así, prefirió no decirle nada, lo mejor era tenerlo entretenido, que tener que verle la mala cara.
Apresuro el paso hasta llegar a la silla dónde sus tres jefes se han sentado. Sintió pánico. Jamás había cruzado la barrera que imponía el escritorio y ahora estaba ahí.
Podría verse como una idiota, pero le tenía un respeto a ese puesto, que le era imposible verse ahora en esa situación. Pero eso a Sesshōmaru, no parecía importarle que esa delgada línea fuera atravesada, quizás porque si era una reverenda estupidez darle importancia a algo así.
Inhaló profundamente y exhaló, tomándose la confianza que necesitaba. Agarro el brazo de enorme silla y la acerco a ella, para tomar asiento y al hacerlo, no puedo evitar sentirse pequeñita en ese espacio.
Los Takashima se caracterizaban por ser muy altos y robustos —para ser japoneses—, tal espacio le parecía exagerado, pero, aun así, Inutaishō, Sesshōmaru e Inuyasha hacían lucir ese espacio tan ordinario. Como si el asiento no representara lo que, para ella, significaba mucho.
Arrastró un poco más el asiento, para poder estar más cerca al teclado y monitor, el cual encendió rápidamente, no podía perder tiempo en sus divagaciones y menos con su jefe al costado. Así que, se puso seria e hizo su trabajo lo más rápido que le fue posible.
Después de todo, ambos ordenadores —el suyo y el de Sesshōmaru— estaban conectadas entre sí, así que acceder a los correos, la agenda y de más programas no serían ningún problema.
Rin estaba tan centrada en su propio mundo, que no se percató las miradas que Sesshōmaru le dedico constantemente.
El albino vio las diferentes expresiones que cruzaron por el rostro de la secretaria, era como si esta estuviera liberando una batalla interior.
¿De qué?
No tenía ni idea, esa mujer era extraña en todo sentido.
Tan sólo en esos días, se dio cuenta de que la secretaria era una persona con diferentes caretas.
Primero con esa actitud amable y dócil, como la de un perro pequeño que mueve la cola a su dueño; después vio a una mujer fuerte y decidida; y ahora, sólo tenía a una torpe y miedosa niña, con cara de no romper ni un plato.
—Señor.
Sesshōmaru le dio una ligera mirada, suficiente para que se diera cuenta, de que tenía su atención. Rin no tardo ni un segundo en entenderlo.
—Hoy tiene cita a las doce con el señor Takeo Himura, para la firma del contrato. Su padre ya lo dejó terminado e imprimido, se lo haré pasar en unos momentos —su mirada seguía fija en el monitor—. Han llegado correos en donde se piden el charlar con usted, de parte de Kotaro Miyamoto, Ryo Todomi, Sanosuke Ichihara y Kagura Ootori.
El albino percibió el desconcierto de la pelinegra al nombrar a Kagura, para ella podía ser raro que la hermana de Naraku, tuviera interés en hablar con él. Pero, para Sesshōmaru era normal. Incluso, creía que dicha mujer se tardó en buscarlo.
—Me comunicas con los tres primeros, cuando termines la agenda del día. Borra el mensaje de Kagura.
Rin asintió y rápidamente se guardó los contactos en su celular, para terminar, borró el correo que mando Kagura a Sesshōmaru.
Rin llegó a ver a dicha mujer, alrededor de cuatro veces, de las cuales, solamente le dio un cordial saludo. Pero de ahí, poco sabía de la hermana de Naraku. Ahora presentía que, tal vez, eso cambiaría y sabría más de la señorita Ootori en un par de meses, de lo que tardo en saber lo básico de ella, durante sus tres años que había estado al servicio de los Takashima.
Sin darle más importancia a un asunto que no le correspondía, siguió con su trabajo. A pesar de eso, no pudo sentirse del todo cómoda al tener a sus espaldas al albino. Que si bien, esté la ignoraba olímpicamente, ella no podía hacer lo mismo.
Escuchaba desde cada hojeada que daba a los documentos que revisaba, como los sutiles movimientos de los pies del hombre. No sabía que podía esperarse de tan singular personaje, le hacía sentir una mezcla de miedo y valentía. Era intimidante. Y a pesar de eso, sentía la necesidad de mostrarle que no le asustaba, aunque por dentro sintiera todo lo contrario.
—Quiero que me comuniques con Kōga Sunakawa, después de que hayas terminado de hablar con Himura.
Rin sintió como se le erizo la piel, al escucharlo tan cerca de ella. No esperaba que este le dijera algo tan de repente. Pero la conmoción duro poco, al reconocer el nombre que le menciono.
Se trataba nada más que del novio de su amiga Ayame.
Tenía entendido que Kōga conocía a los Takashima, por que se maneja en este medio, aunque no sabía nada de que esos dos pudieran tener una relación amistosa.
—Honjō, pon atención a lo que te digo.
De nuevo, la fuerte voz la sacó de sus divagaciones. Exhaló tratando de encontrar con esto un poco de calma, para después agendar el número de celular de Kōga.
—Lo siento, es que me sorprendió que mencionara a Kōga.
—Debes ser muy allegada a él, para llamarlo con tanta familiaridad — comentó Sesshōmaru.
—Es novio de una amiga, así que podría decirse que sí.
Sesshōmaru volvió su vista a la pelinegra, que seguía perdida en la pantalla del computador. Estaba vez no se esperó que la secretaria, tuviera alguna relación cercana con el estúpido Lobo.
El silencio se apoderó de la oficina de repente y ninguno de los dos trato de averiguar más del otro. Ambos no lo creían necesario, ya que de alguna manera llegarían enterarse sin siquiera tener interés en conocer dicha información.
La tensión fue rota de golpe, cuando las puertas se abrieron y dejaron ver a Inuyasha, que cargaba consigo una revista y periódico en sus manos. Pero se quedó quieto a la mitad del recorrido del despacho.
Miró rápidamente a Rin y Sesshōmaru, tratando de entender tan peculiar escena.
—¿A caso tu madre no te enseño de modales? Bestia idiota —dijo molesto Sesshōmaru.
—¡Keh! —Gruñó, mientras miraba retadoramente a Sesshōmaru—. Mejor cierra el maldito hocico, que tenemos otras cosas de las cuales preocuparnos.
Inuyasha aventó las cosas sobre el escritorio, dándoles la libertad a ambos de que miraran por si solos de lo que se trataba.
Rin no dudo en coger el periódico, en donde se encontró con un artículo que se centraba en Naraku.
Sesshōmaru agarró la revista, para encontrarse con una cantidad de fotografías de Naraku y Kikyo con los capitalistas de la empresa. Pero centro su atención en la pelinegra, cuando empezó a leer lo que estaba escrito en las hojas grisáceas.
—Naraku Ootori ha comenzado a destacar en el mundo de los negocios, al mostrar su inteligencia y astucia al relacionarse con grandes empresarios del medio, consiguiendo a unos cuantos como sus socios, entre los cuales más destaca, Magatsuhi Kondō y Ryukotsusei Shishio. A pesar de que estos, han sido fuertes competidores de la empresa en la cual es un accionista mayoritario.
»El señor Ootori, se ha realzado como un posible candidato a la presidencia del emporio Takashima, dada a la reciente enfermedad del director general, Inutaishō Takashima, mejor conocido como El Perro Comandante. Pero, aun así, la guerra será complicada al pelear el puesto, ya que su mayor contrincante es nada más que Sesshōmaru Takashima, quien tiene una gran ventaja por ser el hijo ma...
Rin calló al instante, no pretendía echarle más leños al fuego, teniéndola tan cerca de ella. Ese artículo le pareció de lo más pretencioso y absurdo.
¿Qué pretendían con eso?
—No solamente lo adulan en ese periódico. Cómo vez, nuestros queridos inversionistas han entablado una gran amistad con ese infeliz, cuando antes ni siquiera lo soportaban —comentó con hastió el menor de los Takashima.
Sesshōmaru volvió a fijarse en las fotos que esa revista mostraba. Se trataban de cuatro de los inversionistas, que formaban parte de la mesa directiva de la empresa. Viejos y fieles amigos de su padre, ahora mostraban mucho interés en Naraku. Y no sólo ellos, sino también las esposas, las cuales interactúan con aquella mujer llamada Kikyo.
Ese cretino estaba moviendo sus cartas de manera astuta y sin perder tiempo.
—Hace unos días, no se había publicado nada sobre el altercado del señor Takashima, ni mucho menos de la sucesión momentánea del señor Sesshōmaru —Rin habló con seriedad, mientras estaba cruzada de brazo. Los hermanos le vieron—. Es muy curioso que esto aparezca de la nada, sin siquiera tener una precuela que respalde tal información. No hay duda de que el señor Ootori, está moviendo las primeras piezas en el tablero. —Suspiro—. Aun así, sus movimientos son muy fatuos al hacer quedar mal tan rápido a su oponente.
—Puede ser, ¿pero qué me dices de esos viejos traidores? —Masculló entre dientes.
—Es simple, señor Inuyasha.
El nombrado chasqueo la lengua, al escuchar que le hablaba de nuevo de usted.
—La señora Ootori, es una pieza más en el tablero y ésta es sin duda alguna, la pieza más fuerte que se ha mostrado hasta el momento.
—Sigo sin entender. ¿Qué tiene que ver Kikyo en todo esto?
—¿Qué eres? ¿Idiota? —Intervino Sesshōmaru—. Está usando su matrimonio, para obtener un voto seguro entre los capitalistas de la empresa.
—¡Keh!
Inuyasha simplemente se cruzó de brazos, dando media vuelta y mirando hacia otra parte que no fuera a Sesshōmaru y Rin. Ésta última, se dio cuenta que Inuyasha no entendió la explicación de su hermano.
—La mayoría de los que conforman la junta directiva, son hombres con valores y costumbres diferentes a las de hoy en día. Consideran de confianza a una persona que ya tienen una responsabilidad tan grande como el de tener una esposa y una familia, que alguien que sigue en la soltería y se basa en creencias modernas.
»En este caso, ellos ven al señor Ootori a alguien de confianza y con mayor sentido de la responsabilidad. Hecho que no ven en el señor Sesshōmaru, por el simple hecho de ser soltero.
—¿Es decir que Kikyo ayuda ese bastardo deliberadamente? —Cuestionó con un semblante decaído.
—Lo más seguro es que así sea.
Otro silencio se apodero de la oficina, cada uno en sus propias cavilaciones. Después de todo, no esperaban que Naraku jugaras sus cartas tan rápido o las hiciera conocer.
—¿Entonces, que vamos hacer? —Indagó Inuyasha—. Haremos casting para conseguirte a la esposa de tus sueños, ¿o qué?
Rin cubrió su boca con la mano, para no reír por la ocurrencia de Inuyasha, la cual imagino al instante.
Ya se veía haciendo pruebas a las mujeres, mientras otras esperaban su turno en una larga fila.
—No planeo recurrir a semejante estupidez. Naraku puede alegar ante el mundo, que es el hombre perfecto.
Rin dio un pequeño brinco en el amplio asiento, al escuchar el fuerte golpe de la revista contra el escritorio. Viró a su costado izquierdo y se encontró con Sesshōmaru, que mostraba un rostro inexpresivo. Al verlo así, no sabía que pensaba y mucho menos lo que pudiera llegar hacer.
—Aprende esto Inuyasha, estas guerras no se ganan con actuaciones —miró fijamente a los ojos dorados de su hermano—. Las ideas y planes, pueden cambiar en cuestión de segundos, si otros infligen mayor control sobre las mentes de los implicados. Y yo destrozare enfrente de todos, la imagen de Naraku, el día en que nos enfrentemos. No se dará cuenta por donde fue atacado.
—¡Keh! —Inuyasha se dejó caer en uno de los asientos—. De ti, puedo creer cualquier cosa. A pesar de ello, no podemos darle tantas libertades a Naraku, hay que estar al pendiente de lo que hace o deja de hacer.
—Es ahí donde ustedes dos entran en escena.
Ambos miraron a Sesshōmaru, ninguno le agrado la manera en que dijo aquellas palabras, pero no podrían hacer nada, estaban hundidos hasta cuello en la guerra que se desato, para obtener el poder.
~O~
El día se había tornado ameno, después de aquella reunión que tuvieron los tres en la oficina de Sesshōmaru.
Inuyasha había vuelto a su despacho a realizar sus deberes, en contadas ocasiones cruzaron palabra, por algunos papeles que eran necesarios checarse, antes de pasar a manos de su jefe.
Su computador fue arreglado, un gran alivio, ya que no quería trabajar encerrada al lado de ese hombre.
Llegadas las doce de la tarde, el señor Takeo Himura se hizo presente, por lo cual, Sesshōmaru no tardo en atenderlo y darle la especifica orden de no ser molestados.
Llegada la hora del descanso, Sesshōmaru partió a cumplir su cita con Kōga, con quien habían quedado en verse ese mismo día.
Cuando volvió, su jefe ya se encontraba allí, y sólo le llamaba para lo que fuera necesario.
El tema de Naraku, no se volvió a tocar, se mostró apacible ante tal presión que tenía encima. Ese hombre estaba tan seguro de cada paso que daba. Pero ella no podía decir lo mismo, porque desconocía cual era el plan a seguir y, si eso no pudiera ser contraproducente.
No quería que todo eso en verdad terminara siendo una masacre, y, que terminaran dañando a Inutaishō e Izayoi.
Pegó su frente a la fría madera del escritorio, cerró los ojos y suspiro. Tanto pensar le estaba asando el cerebro, tenía que darse un respiro o no prestar tanta atención, al final de cuentas, solo tenía que seguir las órdenes que le diera Sesshōmaru.
—¿Oye mocosa?
Rin levantó la mirada al escuchar esa chillona voz, que se atrevía llamarla mocosa. Sólo alguien tenía permitido llamarle así, y ese alguien, no era esa persona.
Al enfocar al susodicho, sus ojos brillaron de asombro y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
—¡Te estoy hablando, niña tonta! ¿El señor Sesshōmaru, se encuentra en su oficina?
Rin no le prestó atención, simplemente estaba encantada con tan diminuto ser.
Un hombre que tal vez pasaba de los sesenta años, bastante bajo de estatura, calvo, de piel aceitunada y ojos saltones. Parecía un personaje salido de un cuento de fantasía, totalmente adorable para la joven secretaria.
—Qué raro es usted, ¿acaso su princesa se arrepintió al último y sólo le dio medio beso?
—¡¿Qué?!
—Por eso quedo en medio camino de transformación de sapo a príncipe, ¿no es así?
Un pequeño silencio se hizo presente entre ambos, para después pasar a los berreos e insultos que aquel individuo comenzó a gritarle a Rin. La cual en vez de enojarse, le resultaba gracioso tan peculiar personaje, haciéndola reír.
Tal escena estaba siendo presenciada por Sesshōmaru, que escuchó todo lo que la secretaria le dijo a Jaken. Quien ya estaba soltando gritos como un idiota.
A pesar de eso, pudo oír perfectamente la risa de Rin, la cual desconocía, hasta ese momento. Era bastante suave y dulce, algo que podía ir muy de acuerdo a su apariencia.
—Cállate, Jaken.
El nombrado guardó silencio al instante y Rin dejo de reír, para mirar a su jefe, que estaba a sus espaldas. Ambos se vieron, ella no parecía arrepentida de hacer enojar a Jaken, y él no estaba molesto por ello, así que no había nada que decir al respecto.
—Ya te puedes retirar, Rin.
Los labios de la pelinegra se separaron y sus ojos no parpadearon ni una vez, siguiendo al albino que volvía hacia el despacho.
Rin no sabía si había sido su imaginación o en verdad, Sesshōmaru le hablo por su nombre de pila y con amabilidad.
—¡Jaken!
—Sí mi señor.
Jaken siguió a su jefe, no sin darle antes una fría mirada a la secretaria, quien no reparó en aquel gesto, aún estaba fuera de lugar.
Cuando las puertas se cerraron, la sacaron de su trance y trayéndola de nuevo a la realidad. Pestañeo y miró a su alrededor, encontrándose completamente sola.
Movió su cabeza de un lado al otro en forma negativa y dio cortos golpes en sus mejillas con sus manos. Sin duda eso fue su imaginación.
Ese hombre no era amable, ni siquiera con su padre.
Se levantó de un brinco y empezó a guardar las cosas en el escritorio, apagó el computador y se colocó su saco.
Caminó hasta el elevador y al estar a su disposición, se fue hasta al fondo de éste, recargándose en la pared metálica.
Vio entrar y salir a varias personas mientras el ascensor descendía, quería distraerse y olvidar lo que su aturdida mente imagino, pero parecía empeñada a que no fuera así.
Al llegar al primer piso y salir del ascensor, sintió como unos brazos le rodearon afectuosamente, se sorprendió por unos momentos, pero reconoció al ver aquel cabello largo y negro, y esa fragancia tan característica de la mujer.
—¡Kagome! —Correspondió el abrazo—. Milagro que te dejas ver.
—¿Yo? —Se separó de la chica y le miró molesta—. No soy yo la que vive y mora en éste edificio. Dime, ¿acaso mi querido cuñado ya empezó a sobre explotarte?
—No.
Los dos pares de ojos marrones se encontraron, mirándose fijamente, pero al final ambas sonrieron ante ello.
—Te voy a creer por esta vez, Rin.
—Gracias —rió—. Sí buscas a Inuyasha, ya tiene más de media hora que se fue con Miroku.
—Lo sé.
—¿Entonces qué haces aquí?
—He venido por ti —le guiñó el ojo derecho—, y no acepto ninguna excusa de tu parte. Hoy estarás conmigo y con Sango.
—¿Sango está aquí?
—Sí, está en el coche, así que no hay que hacerla esperar.
Kagome posó sus manos en los hombros de Rin y la hizo caminar hacia la salida del edificio.
En ese momento pudo ver a Sango, quien se apoyaba en el coche, percatándose de que ambas mujeres vestían con una blusa y jeans. Así que supuso que irían a la casa de alguna de ellas dos. Aunque esperaba que fuera a la de Kagome, en verdad lo rogaba.
—Hola, Rin —Le saludó Sango.
—Hola, Sango.
Kagome las miro a ambas y suspiro. Eso sería más difícil de lo que la pelinegra imagino.
—Vamos, vamos, no hay que perder tiempo aquí paradas.
Las dos obedecieron las palabras de Kagome y montaron el vehículo. La noche era corta y más para la secretaria del Demonio Blanco, que tenía que madrugar mañana, como era ya costumbre.
~O~
Cuando llegaron a la casa de Kagome, Sango y Rin solamente escuchaban a la anfitriona hablar. Pero después de un duro regaño por parte de la pelinegra, hizo que las dos mujeres accedieran a seguir la charla.
—¿Y cómo te ha ido ahora que trabajas para Sesshōmaru, Rin? —Espetó Sango, quien estaba sentada en el piso y recargada en la cama de Kagome.
Rin miró la taza de café que sujetaba con sus dos manos, como si en aquel líquido café pudiera encontrar palabras, para describir su situación con el hermano mayor de Inuyasha,
¿Pero cómo? ¿Cómo hacerlo sin decir nada de los planes de Sesshōmaru?
—¿Rin, te ha tratado mal? —Fue ahora Kagome, quien preguntó.
Se sintió más incómoda al tener a las dos mujeres tan cerca de ella y con esos ojos mirándola expectantes.
—Pues verán… —Trataba de encontrar las palabras correctas—. Por el momento no he tenido ningún percance con él. Supongo que estamos acoplándonos.
—Eso es bueno, ¿no? —Dijo Sango, que volvió a su posición anterior—. Después de todo, no creo que Sesshōmaru tenga siempre cara de odiar a todo el mundo.
—Tienes razón, Sango —asintió Kagome.
—Veo que tienen un mal concepto del señor Sesshōmaru.
—El mismo se lo ha creado, que te podemos decir.
Sango movió su cabeza afirmando las palabras de Kagome. Después de todo, ellas tenían más tiempo conociendo a tan especial personaje.
—¿Y Kagura ha ido a verlo? —Preguntó Kagome.
Rin repentinamente prestó atención y observó a sus amigas, que se dieron cuenta de su inesperado interés por el tema.
—No. ¿Pero creen que pasara?
—Lo más seguro —comentó Sango—. Después de todo, es su gran amor.
—¿Del señor Sesshōmaru?
—No Rin, de Kagura —le aclaró la pelinegra—. Por lo que veo, es que no sabes nada de lo que paso entre ellos dos.
—Realmente, se muy poco de mi jefe.
—¿Qué tanto desconoces de él? —Preguntaron en coro Sango y Kagome.
Rin se quedó callada por un buen rato, al darse cuenta que desconocía totalmente todo de Sesshōmaru Takashima. Lo único que tenía claro, es que era el hijo del primer matrimonio de Inutaishō, que ahora era su jefe y que era un ser malo hasta los huesos.
—¿Qué edad tiene? —Preguntó curiosa.
—¡Eh! —Gritaron sorprendidas las dos mujeres.
—¿En serio no sabes su edad? —Kagome no podía creerlo.
Rin no dijo nada, esperaba a que le dieran la respuesta que buscaba.
Sango miro incrédula a la pelinegra y Kagome no tuvo más remedio que rendirse.
—No tiene mucho que cumplió los treintaitrés años.
—Es nueve años mayor que yo, vaya.
—¿Cuántos le calculabas? —Indagó Kagome.
—Unos veintiocho o algo así.
—Bueno, es verdad que son traga años la familia de los Takashima —informó la castaña.
Las dos pelinegras asintieron ante las palabras de Sango. Después de todo, el mismo Inutaishō, se veía bastante joven e incluso su atractivo seguía presente.
—Olvidemos a Sesshōmaru, hay que ponernos al día de nuestras propias vidas —sugirió Kagome.
Rin asintió, aunque ahora habían despertado la curiosidad en ella. Su jefe era un mar misterioso. Pero tal vez lo mejor es que siguiera así, no quería meterse en problemas por saber de más.
~O~
Sesshōmaru se encontraba sentado en el amplio sofá negro, con una un vaso de whisky en su mano derecha, mientras sus dorados ojos miraban fijamente aquel folder que aún se encontraba cerrado.
Le había encargado a Jaken, que investigara sobre la secretaria de su padre. Tenía que saber quién era en realidad, no quería correr ningún riesgo y, menos ahora, al ver que la pequeña mujer tenía las garras bien ocultas.
Pero por alguna razón, no quería saber lo que estaba escrito ahí, algo que no era propio de él.
Apretó con fuerza su mandíbula, se inclinó hacia delante, dejando el vaso en la mesa de centro y cogió el sobre, el cual abrió rápidamente antes de cambiar de parecer.
Se dio cuenta que no era un expediente cualquiera, traía algunos recortes de un viejo periódico y más hojas de las cuales esperaba encontrar. Aun así, no le dio importancia y se dispuso a leer el contenido de cada una de los documentos.
Su estoica expresión no cambio en ningún instante, a pesar de haberse llevado sorpresa tras sorpresa. No se le había cruzado por su cabeza, de que la secretaria tuvo una vida como esa.
Ahora entendía porque su padre e Inuyasha la protegían tanto, incluso esa tarde en la que comió con Kōga, éste le pido que fuera lo más considerado que pudiera con Rin.
Todas esas personas la protegían, y estaba seguro de que la muy atolondrada mujer, ni por enterada estaba.
Dejó las hojas sobre la mesa y se recargo en el respaldo del sillón. Apretó el puente de su nariz y dejo escapar un ronco suspiro.
Había encontrado de todo en la vida de esa mujer, pero menos lo que pensó que encontraría.
—Una vida triste, pero, aun así, es una secretaria sonriente —masculló entre dientes—. Si yo fuera ella, estaría odiando la vida que me toco, pero no lo hace. ¿Qué es lo que espera? ¿Qué yo también la proteja?
La última pregunta hizo que frunciera el ceño y se levantara de su lugar, agarrando los papeles que había leído, sin cuidado alguno y camino hasta el bote metálico de basura, donde arrojo las hojas.
No quería tener nada de eso consigo, ojalá no hubiera pedido esa información. Eso es lo que recriminaba internamente.
Sesshōmaru no pretendía que la vida esa mujer fuera una influencia hacia su comportamiento, no tenía por qué sentir pena por ella. Ese sentimiento lo creía aun peor.
Después de todo, ella había logrado salir a flote a pesar de todo lo que vivió. Sentir lastima, era como no mostrar respeto a todo lo que esa mujer logro para seguir de pie y fortalecerse.
Rin no necesitaba de la protección de nadie, y mucho menos la suya.
¡Hola a todos!
Aquí les dejó el cuarto capítulo, espero les guste. Ya saben, espero sus opiniones y criticas referente a la historia, esto me ayudaría mucho para ir mejorando.
Y muchas gracias para los que están siguiendo la historia, en verdad se lo agradezco. Sé que hay muchas dudas al respecto, pero tranquilos, que poco a poco se irán revelando cada una de estas.
¡Nos estamos leyendo! :3
