Nota: siento la tardanza, pero este capítulo me ha costado un poco más. Agradeceros vuestros comentarios porque realmente ayudan en esos momentos de falta de inspiración. Prometo actualizar los más pronto posible. Nos vemos.
*Trigedasleng. ( Lengua del clan del bosque)*
- Shof op = Cállate
Capítulo 4
Las puertas del campamento se abrieron dejando ver a la reciente incrementada población del arca, la gente se acercaba con temor a la entrada al ver la presencia de la comandante junto con dos de sus hombres tras su espalda.
La incertidumbre de la gente del cielo se dejaba ver a medida que sus rostros eran visibles, se agolpaban alrededor de los recién llegados al campamento. Kane pasó por su lado para apartar a aquellos curiosos que cada vez se acercaban más. Demasiados pares de ojos sobre ella pero sabía que tenía que seguir con la cabeza bien alta, infundiendo respeto como hasta ahora lo había hecho con la gente del espacio. - ¡Traidora! – se oyó de repente entre el gentío. Lexa dirigió su mirada para intentar hallar al responsable de aquel inoportuno comentario. - ¡Traidores! – gritó otra persona oculta entre el maremoto de personas. Apresuradamente Kane les condujo hasta el interior de los restos del arca.
Los pasillos eran fríos y largos como si nunca se fueran a acabar. El color metálico de las paredes solo conseguía aumentar la sensación sombría del lugar. Caminaron hasta que llegaron a una zona donde había pocas personas, había asientos y una cortina enorme blanca, dedujo que era la enfermería. Entonces las cortinas se abrieron dejando ver camillas y aparatos enganchados a monitores, de ellas salieron Bellamy y Jasper entre risas. Las risas cesaron al ver a la comandante de la gente del bosque. Sus caras cambiaron y pasaron de la risa a la seriedad en un instante.
- ¿Qué hacen ellos aquí? – Preguntó, Bellamy acercándose a Kane apresuradamente.
- ¡Ellos son los responsables de la muerte de Maya! ¡De la partida de Clarke! – declaró con la voz en cólera Jasper.
- ¡Basta! son nuestros invitados – dijo el canciller en prácticas intentado calmarlos.
Lexa sabía que no la recibirían con rosas y una pancarta de bienvenida pero tampoco se esperaba tanta ira, tanto enfado por parte de sus aliados. Ella no había matado a la gente de la montaña, Clarke lo hizo. Lo único que intento fue salvar a su pueblo, llevar a cabo sus deberes, cumplir con su responsabilidad. Traidora la llamaban, no sabían lo que era la traición. Los planes en la guerra no duran, nunca lo hacen, todo puede cambiar en cuestión de segundos y si hacer lo mejor para salvar a todos los suyos la convertía en una traidora entonces lo era. Solo había una cosa que le inquietaba y tenía que ver con alguien que no se encontraba en aquel lugar.
Algo interrumpió sus pensamientos. Un joven celeste aprovechando el despiste del canciller se apresuró entre los pasillos con cuchillo en mano, dispuesto a matarla. En un movimiento rápido Lexa esquivó al moreno que cayó al suelo por la inercia. Cyrus y Tails sacaron sus armas instintivamente y fueron a por el chico. - ¡No! Dejad que se levante, veamos de lo que es capaz – habló la comandante con exigencia. El chico del arca se levantó y volvió a repetir el mismo movimiento impulsivo de antes, la castaña con tremenda calma lo volvió a esquivar para rápidamente sacar su daga de la manga y rajarle la parte superior de su gemelo derecho de forma que el chico cayó al suelo de rodillas. Aprovechó que estaba de espaldas para agarrarle del pelo y con su mano restante poner la daga en el cuello del moreno con el peligro de que si intentaba soltarse de su agarre acabaría con el cuchillo clavado en la garganta.
Jasper al ver el suceso le quitó el arma a su amigo que se había quedado estupefacto ante la escena y apuntó a la comandante. – Suéltalo, sino quieres que te vuele la cabeza – advirtió acercándose a ella. Cyrus hizo amago de ponerse en medio pero Lexa negó con la mirada. – Hazlo y esta no será la única vida pérdida en vano – contestó con una frialdad demasiado potente incluso para ella. Si dudaba estaba muerta, Anya se encargó de que aprendiera la lección. Recordó cada vez que Anya le hizo pagar por mostrarse débil o dubitativa, en cada duelo en que no se dejó llevar de niña, en cada golpe cada uno más fuerte que el anterior, pero gracias a ello era la guerrera que era hoy en día. Aquella capaz de mirar a los ojos a la muerte y reírse de ella. No debilidad, no dudas.
- Jasper, baja el arma – intentó convencerle Bellamy
- Hazle caso, Jasper – le apoyó Kane
- ¡No! – miró a Bellamy - ¿Acaso su vida es más importante que la de Joe? ¿Qué la de Clrake? ¿Qué la de Maya? – con esta última se le quebró la voz – Tails aprovechó la distracción y lo apartó bruscamente, el arma calló al suelo y en un intento de Jasper por cogerla el terrícola lo agarró por ambos brazos impidiendo que se zafara. Cyrus fue a por Jasper y le golpeó en la cara – Nunca más vuelvas tan siquiera a mirarla – le amenazó con brutalidad. En consecuencia Bellamy se echó encima del gigantesco guerrero. Comenzaron a forcejear y nadie parecía hacer nada para impedirlo. En cuestión de segundos el caos se hizo eco de la sala. Kane intentaba sin mucho éxito separar a los terrícolas de los suyos. Los puñetazos volaban a diestro y siniestro como si de una pelea típica de pub irlandés se tratase. Lexa mantenía su agarre mientras observaba a sus guerreros.
De repente sonó un disparo - ¡Parad! – dijo una Abby muy desmejorada, adentrándose en la sala. – ¡Soltadlos! – ordenó a los foráneos. Los terrícolas miraron a su comandante esperando la orden. Lexa asintió. Bellamy se levantó y junto a Jasper se pusieron detrás de la canciller. – También iba por ti, Lexa, suelta al chico.
- Yo no recibo ordenes de nadie, Canciller – contestó apretando más la daga contra la garganta de Joe.
- Comandante, no era nuestra intención que esto pasara, ha sido un error, perdió a su madre en la montaña – intentó explicarle el segundo de Abby. Lexa se giró para mirar a Kane fríamente pero no articuló palabra – por favor, es solo un crio.
- Heda, no, – dijo Cyrus – ha intentado matarla déjeme acabar con su vida.
Lo…siento – se disculpó el joven moreno – Lexa bajó su rostro lentamente al darse cuenta de que quien había hablado era el chico, le miró por primera vez desde que lo había atrapado, las lágrimas surcaban sus mejillas, sus ojos azules estaban rojos de la impotencia. Vio tanto dolor en sus ojos, que llegó a sentirlo. Y precisamente ese fue su error, porque la mirada de ese chico de aproximadamente catorce años fue lo que le hizo abrir los ojos. La empatía le hecho un pulso que no fue capaz de ganar. Había algo en él que le resultaba familiar y enseguida lo recordó. Sintió una punzada en el corazón. Lo volvió a mirar, no podía matarlo. Comprendió su dolor y enseguida supo porque lo había hecho.
- No, Cyrus nadie va a morir hoy aquí. Estamos en una misión de paz – y soltó al chico que salió corriendo en cuanto estuvo de pie.
Nadie dijo nada, el silencio se apoderó de la pequeña sala en tal inmensidad que parecía que un ángel acababa de pasar. Al ver que nadie estaba dispuesto a hablar, prosiguió su camino hacia el cuarto de donde Abby salió momentos antes. Estaba realmente molesta, pero lo que más le enfadaba era saber que antes lo hubiese matado sin contemplaciones y ahora lo había dejado escapar. Clarke había conseguido algo más que derrumbar su muralla emocional o adentrarse en su corazón, había conseguido cambiarle la forma de pensar y de actuar. ¿Se estaba volviendo débil? No podía consentir que sus guerreros la vieran como alguien débil, el chico debía tener su castigo.
- Eso ha sido un ultraje, Marcus del pueblo celeste – se dirigió al canciller con suma calma en cuanto atravesó las cortinas – si no eres capaz de controlar a un niño, que clase de líder debes ser, el chico será llevado a mi campamento.
- Comandante solo es un niño, ha sido un acto inmaduro…está dolido, no haga esto. – pidió el.
- No estás en condiciones de pedirme nada, bastante he hecho perdonándole la vida. Vine para firmar una alianza, no para ser atacada. – prácticamente escupió las palabras. Su ira comenzaba a apoderarse de su voz.
- ¿Y qué vas hacer perdonarle ahora para matarlo allí? – preguntó Abby, que había entrado justo después de Kane, con una ironía impropia de ella.
- No, será adiestrado como uno de los míos, servirá en mi ejercitó. Ahora me debe la vida. – afirmó con suma seguridad, Lexa.
- ¿Por qué adiestrarlo y no matarlo? – quiso saber Kane.
- Porque vi potencial en sus ojos, será un gran guerrero, siempre que esté bajo mi mando. – aseguró la castaña. Sabía muy bien que esa no era la única razón pero eso a ellos no les importaba. Eso se lo reservaba para ella. En condiciones normales él ya estaría muerto. – y ahora vayamos a lo importante, nuestra alianza. – siguió Lexa.
- Creí que no querrías mantenerla sin Clarke – dijo Abby, se notaba que hacía días que no descasaba, posiblemente desde la partida de su hija. Había un toque de dejadez y pasotismo en su voz, como si todo por lo que había luchado ya no tuviese importancia, como si todo se hubiese marchado con Clarke. Una lágrima silenciosa se le escapó al recordarla.
- Hago lo mejor para mi pueblo, independientemente de quien este al mando. – Eso quería creer la comandante, aunque por dentro tenía la fe de que la alianza con Abby con el tiempo volviera ser con Clarke.
- ¿Y por qué crees que es lo mejor para tu pueblo? Pensaba que no nos necesitaríais, es por eso que traicionaste a mi hija. – el tono cada vez era más irónico cosa que empezaba a acabar con la paciencia de la comandante.
Lexa decidió ignorar el último comentario dado que la canciller parecía bastante devastada. Percibió su enfado, y entonces supo que ella también la culpaba como el resto de la gente del espacio. Escogió cuidadosamente las palabras con que iba a contestar. - Porque ella – intentó no decir su nombre al ver el estado de Abby – me hizo ver que juntos somos más fuertes. Vosotros necesitáis nuestro ejército y nosotros vuestra tecnología y conocimientos.
- Sí, eso es propio de Clarke. – concluyó fríamente.
Tras horas y horas de discusión, de diferentes puntos de vista topados y pautas de reflexión… llegaron a un acuerdo donde ambas partes salían beneficiadas. Abby mandó redactar la tregua con la esperanza de hacerla duradera.
- Es una costumbre – dijo al ver la cara de Lexa tras ella mandar la redacción del pacto – antiguamente cuando dos naciones hacían una tegua o se aliaban firmaban las condiciones de su alanza por escrito, así parecía más firme la promesa de paz. – explicó Abby más tranquilamente. – La firmaremos en público si te parece bien, así daremos ejemplo. – Lexa asintió dando su consentimiento.
- Sería nuestro placer que os quedarais esta noche, Comandante – dijo Kane y con eso abandonó la sala tras Abby.
Salió del arca. Mandó a Tails de vuelta a Tond DC para llevar la noticia. Ahora con el tema del pacto iba a perder un día en la búsqueda de Clarke pero como Abby había dicho tenían que dar ejemplo. El tiempo le parecía eterno, miraba a la gente del arca trabajar, odiaba sentirse tan inútil. Sabía que cada segundo que permaneciera sentada a la espera de esa firma era tiempo en el que Clarke podía estar siendo atacada por otro terrícola de alguno de sus clanes amigos, incluso por alguno guerrero de los suyos.
Entre la gente distinguió el rostro de Lincoln que junto a Octavia, disfrutaba de lo que parecía ser una conversación estimulante. Decidida se acercó a ellos.
- Lincoln – él se giró sabiendo que quien hablaba era la única persona que le infundía tanto miedo como el que le tuvo a los segadores anteriormente.
- Heda – su cuerpo se irguió ante la mirada amenazante de su comandante.
Octavia se puso entre su amado y la castaña esperando lo peor. Sabía que lo que Lincoln había hecho se podía considerar traición y conocía muy bien lo que los terrícolas le hacían a los traidores. – Nada debéis temer de mí, Octavia del pueblo celeste – le aseguro la comandante.- Solo quiero hablar con él -. Octavia se apartó y Lincoln la siguió hasta un lugar donde pudiesen hablar a solas.
- Comandante, siento lo que paso y sé que la desobedecí – comenzó a explicarse el sanador, pero fue interrumpido por Lexa.
- No debes preocuparte por eso, Indra responde por ti. Ella tomo la decisión para que salvaras a su segunda… ya sabes cómo funciona.
- Comandante – intentó seguir pero volvió a ser interrumpido.
- Shof op, Linkon – esta vez Lexa levanto la voz. El ansia por saber de la rubia la estaba comiendo por dentro. – Lo que quería saber de ti es si conoces la razón de la partida de Clarke.
La cara del curandero cambió, no se esperaba que su comandante le preguntara por Clarke. Necesitó un momento para saber que decirle.
- Lo único que se mi comandante es que después de la caída de la montaña, Clarke no estuvo bien. No quiso celebrarlo, tan siquiera había una pizca de alegría en su rostro. Sé que no es mucha ayuda. Se encerró bastante en sí misma, Comandante. La única persona que consiguió acercarse a ella lo suficiente como para hablar fue Bellamy. – Miró a Lexa por última vez antes de volver con Octavia.
Bellamy. El único que podía darle lo que quería era el hombre que dejó abandonado a su suerte en la montaña. Cada acción tiene su reacción y ahora debía dejar su orgullo a un lado, si quería encontrarla. No quiso escuchar más a su consciencia, debía ser impulsiva tanto como Clarke, debía hacerlo. Sin más preámbulos se dirigió hacia la tienda del moreno.
Al entrar no había nadie, solo ropa y mantas en el suelo. Él la sorprendió adentrándose estrepitosamente en el lugar. – Comandante – dijo Bellamy al ver que la chica que estaba de espaldas era la implacable líder del clan del bosque. Su voz denotaba incomodidad con su presencia.
- Bellamy Blake, he venido a ti para que me ayudes – incómoda ella también, quería mantener la compostura, pero estaba claro que la tensión se hacía notar en el ambiente.
- ¿Ayudarte? – preguntó indignado.
- Sí – contestó con sequedad.
- Entiendo que seamos aliados, Comandante, pero no creas que voy a ayudar a la persona que nos hizo tomar la peor decisión de nuestra vida. Incluso conseguiste que Clarke se marchara. – lo último lo dijo con resentimiento.
- Yo no os obligué a nada, Bellamy. – estaba comenzando a hartarse de que todos la culparan por la muerte de la gente de la montaña. Alzó la voz al no poder retener más su enfado. – Yo no bajé aquel interruptor, vosotros lo hicisteis. Yo no maté a esa gente, tú y tu líder los hicisteis, así que no me culpes de tus acciones. Aquellos incapaces de asumir sus actos, son cobardes y débiles. Crees que la culpa de la marcha de Clarke es mía, pues entérate que la única causante de su partida es ella, ella hizo lo que tenía que hacer al igual que yo. – se acercó al moreno – Al menos ella fue lo suficientemente fuerte para cargar con la culpa. – Salió de la tienda dejando a un Bellamy pensativo.
Mierda, la había vuelto a fastidiar, fue a verle con un propósito y se fue sin él. Pero es que estaba tan cansada de cargar con la culpa de los demás. Obviamente era consciente de que su decisión en aquella montaña desencadenó todo lo que vino después, pero la vida es así, todos estamos conectados de cierta manera y es inevitable parar la reacción de nuestras acciones, porque siempre habrá algún afectado. Siempre.
La noche llegó y ahora se encontraba frente los ciudadanos del campamento Jaha, que la miraban atentos. Todavía se podía percibir en algunos rostros un atisbo de consternación. Abby hablaba con seguridad ante ellos, parecía que lo hubiese hecho durante toda su vida. Eso no le impresionaba demasiado a Lexa, ella había hecho lo mismo delante de miles de guerreros, pero la gente del espacio era otra cosa, eran diferentes.
- Vamos a pasar a la firma por la cual el pueblo del arca y el pueblo de los bosques pasan a ser aliados, hermanos en batalla. Por el cual nuestra ayuda siempre será brindada y las diferencias culturales que provocaron una guerra entre nosotros terminarán. Con esto nos comprometemos a aprender de vosotros y a respetaros por el bien de la paz – terminó Abby alzando su copa en dirección a Lexa. La comandante imitó el mismo movimiento que la canciller y juntas bebieron. Seguidamente Abby firmó el tratado. Cuando el turno de la castaña llegó, cogió el cuchillo que Cyrus le ofrecía y se hizo un pequeño corte en el dedo índice y con su huella ensangrentada firmó lo que sería el principio de una nueva era de paz. O al menos eso esperaba.
Pasó la noche en una tienda que Kane le había asignado. No podía dormir como tantas noches, pero esta vez era peor. Era la segunda noche en vela que pasaba pensando en si Clarke seguiría con vida, si estaría bien en ese oscuro bosque que tantas vidas había arrebatado entre sus árboles de largas ramas.
No pudo evitar recordar la primera vez que vio la sonrisa de Clarke. Fue después de una conversación banal, mientras preparaban la batalla contra el monte Weather. Cuando la vio su corazón comenzó a latir tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho, recordó como a ella también se le escapó una sonrisa. Sintió de nuevo esa emoción recorrer todo su cuerpo. Ese fue el momento donde se dio cuenta de lo que sentía por la rubia. Inmediatamente después de la alegría vino la añoranza, para terminar en tristeza. En una tristeza que la invadía y la enterraba en lágrimas.
Estaba en una montaña rusa de emociones. Demasiado irónico para ser una persona incapaz de sentir. ¿No creéis?
