Hola a todos, aquí Zakuro Hatsune reportándose de nuevo después de un buen rato de que no actualizaba, antes de que empiecen a leer les suplico pasar a leer la sección "fumadas de la escritora" pues tiene un mensaje importante que es del interés de todos.

Ya, sin más, les dejo leer.

Paradoja

Mariposa IV: Avatar.

Allí estaba él de nuevo, aquel adolescente que lo persiguió desde la Tribu Agua del Sur hasta allí donde se encontraba con sus amigos. Miró a su alrededor y la culpabilidad empezó a surgir desde su corazón y a acariciar cada fibra de su pequeño e insignificante ser, las llamas empezaban a cubrir los techos de aquel pueblo cuyos habitantes le proporcionaron abrigo y comida a él y sus amigos, ¿Realmente ésta era la manera de agradecerles sus hospitalidad? ¿Trayendo a un joven obsesionado con el honor que no dudaba en quemar todo aquello que estuviese a su alcance? Debió haberle hecho caso a Katara e irse apenas se recargaron con los suficientes suministros que el alcalde de la Isla de Kyoshi les dio, pero no, ser el centro de atención le gustó demasiado como para dejarlo atrás. Él era el Avatar, lo sabía y jamás quiso serlo por el simple hecho de que con ese titulo, él sería encadenado y obligado a vivir una vida que no deseaba, no tendría familia y sería forzado a separarse de la única persona que lo quería como era y no le temía por ser el futuro ser que dominase los cuatro elementos. Pero, ver esa admiración que él causaba en las pequeñas niñas y notar como su presencia le devolvía las esperanzas a aquel poblando olvidado fueron lo suficientemente poderosos como para hacerle olvidar por un minuto aquellos recuerdos que se esforzaba por mantener ocultos en lo más profundo de su memoria y, gracias a esa acción, ahora ese lugar estaba siendo reducido a cenizas. Debía hacer algo, las guerreras Kyoshi le estaban ayudando, así que él se enfrentaría a Zuko quien era el más problemático.

Aang alzó su planeador cerrado y se dispuso a enfrentarse contra el príncipe de la Nación de Fuego o, bien, eso pensaba hasta que decidió voltear de reojo una ultima vez para asegurarse de que todos los civiles estuviese en algún lugar seguro y, en ese momento, fue que su corazón dejó de latir por unos cuantos segundos. A unos cuantos metros de dónde él estaba, uno de los soldados de Zuko estaba a lanzándole una potente e imparable llamarada contra cierta maestra agua que hacia su joven corazón latir de una forma nueva que jamás había conocido. Quería moverse y desviar ese ataque que iba directo contra Katara quien protegía a una pequeña niña isleña, pero sus pies no reaccionaban, sus músculos estaba totalmente paralizados y todo a su alrededor empezó a alentarse. Era el fin de su amiga, aunque saliera corriendo no llegaría a tiempo para poder evitar que sufriese algún daño. Aang estaba en estado de shock ante tal escena y sus ojos empezaban a tintinar con una luz extraña cuando, de entre el caos, vio como una joven morena que vestía ropas de la Tribu Agua del Sur corrió hasta dónde Katara se encontraba y, ante los ojos impresionados de el maestro aire y la maestra agua en esos momentos estaba igual o más asustada que Aang, vieron a aquella joven, que por sus rasgos tribales de seguro era una maestra agua, enviaba como si de una pequeña llamita se tratase el ataque del soldado de la Nación del Fuego a un lado y como de su puño brotaba cual ave fénix una aún más grande que la que había parado. Su cerebro no procesaba aun aquella información recibida, ¿a caso una tribal había hecho fuego-control? Y por lo que pudo observar, uno muy excepcional. Aang movió si cabeza de lado a lado y se volvió a concentrar en su contrincante, pensaría en eso luego, ahora debía enfrentarse contra Zuko y terminar aquella invasión antes de que la Isla de Kyoshi se convirtiese en el cenicero de Kyoshi.

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Al fin habían llegado a su destino, Korra y Asami no dejaron de correr hasta haber llegado a aquel pequeño pueblo que la distancia notaron en apuros y, lo que vieron, las dejó más que heladas. Aquel lugar estaba empezando a calcinarse, la estatua de la Avatar Kyoshi que habían visto hace algunos cuantos minutos atrás ya tenía indicios de las marcas que el fuego le propinaba para denotar su presencia en la madera, en las calles del poblando, se podían ver un pequeño número de guerreras Kyoshi defendiendo su hogar de sus agresores provenientes de la Nación del Fuego quienes eran notoriamente más poderosos a pesar de tener una cantidad menor de soldados y, por otro lado, a una joven de tez morena socorriendo y guiando a pequeños niños a un lugar seguro fuera. Korra y Asami cruzaron sus miradas por unos cuantos segundos y enseguida supieron que debían hacer, la Avatar iría a ayudar a las guerreras mientras que la ingeniero iba a colaborar a sacar a los infantes de la zona de peligro, o bien, ese era el plan antes de que la morena viese como uno de los soldados vestidos de rojo amenazaba con quemar a aquella chica junto con los niños. La ojiazul no tardó en avisarle a la CEO el cambio de planes tan inesperados y, sin detenerse mucho a pensar, salió corriendo despavorida hasta estar frente a aquel sujeto quien ya estaba lanzando una llamarada contra la pobre chica de tez morena quien, por lo ella podía apreciar, provenía del alguna Tribu Agua e intentaba usar aquel elemento sin mucho éxito, tan solo rogaba por poder llegar a tiempo y así poder salvar a aquella joven de una marca permanente de dolor.

Mientras Korra iba a ayudar a aquella tribal, Asami encaminó sus pasos en la dirección dónde la pelea se daba, vio como uno de los soldados de la Nación de Fuego amenazaba a un par de guerreras Kyoshi quienes le hacían frente. Al igual que su pareja, ni siquiera se detuvo a razonar las posibles manera de ejecutar un ataque preciso o certero, simplemente se echó a correr para tomar algo de impulso y, con toda la fuerza de sus piernas, dio un salto lo suficientemente alto para que pudiese girar su cuerpo y, así, sus piernas lograsen aferrar al sujeto y arrojarlo al piso. Asami, a pesar de poseer el semblante de ser alguien quien pensaba las cosas y, de hecho, serlo, usualmente aquello quedaba atrás cuando se trataba de algún combate cuerpo a cuerpo; le habían enseñado a seguir sus instintos para dar un golpe certero y fulminante, el pensar en esas situaciones extremas solamente provocaba perder valiosos segundos que quizá serían cruciales para poder ganar; así que, en un ágil movimiento digno de la pareja de Avatar, derrumbó al soldado dejándolo indefenso en el suelo adolorido y quejándose. La CEO tomó su cabello y lo llevó para atrás para que su visión y comodidad fuesen mayor. Con delicadeza viró el rostro para enfocar al par de guerreras Kyoshi que había salvado, solo esperaba que estuviesen bien.

Sokka estaba impresionado por esa chica que estaba parado frente a él y Suki, si se había quedado anonadado al ver a las guerreras Kyoshi pelear con tal valía y fuerza que podrían compararse a las de un hombre bien entrenado, contemplar a esa joven de hermoso cabello negro derribar a un soldado que estaba arriba de un animal enorme con tan solo un ágil y certero movimiento había sido demasiado asombroso e impactante para el joven tribal. Su quijada amenazó con salir de su posición biológica adecuada para estamparse contra la tierra y la baba deseó salir disparada de sus glándulas para resbalarse por la comisura de sus labios cuando esa hermosa chica volvió el rostro para verlos, su cabello onduló por el aire jugando graciosamente con éste como si ambos se persiguiesen dejando aún más atontado a Sokka quien no despegaba la vista de esa hermosura hecha carne. El pobre chico juró por uno momento ver unos brillos salir de tal bella cabellera negra y, cuando esos ojos verdes oliva que parecían a veces dorados con la luz adecuada lo miraron, sintió como todo a su alrededor desaparecía para que solo quedase la visión de esa hermosa chica que se quedaría grabada en su memoria.

— ¿Están bien, chicas? — Esa voz, esa voz era la cosa más hermosa que había escuchado en su vida y... «Espera, ¿¡Chicas?!», pensó indignado el tribal.

— ¡Oye! ¡Yo no...! — Se iba a pensar a quejar el joven guerrero cuando la guerrera Kyoshi que estaba detrás de él le interrumpió.

— Si, estamos bien. — Respondió Suki parándose del suelo. — Gracias.

— No hay de qué. — Sonrío la misteriosa chica y Sokka casi se desmaya ante ello. — Me tengo que ir, voy a ver si puedo ayudar un poco más.

— Eso nos vendría de maravilla en estos momentos. — Comentó la guerra. — Mis chicas jamás han combatido contra tantos maestros fuego y tenemos desventaja.

— En ese caso, será mejor que me de prisa, nos vemos. — Soltó la joven de ojos verdes antes de darse media vuelta y salir corriendo despavorida.

Las llamadas de fuego volaban de un lado para el otro al igual que los abanicos dorados, alguno que otro fragmento de tierra y chorros de agua a toda presión salían disparados por parte de la Avatar de mayor edad y una pequeña estela de luz salía de la mano derecha de la CEO quien portaba su guante de respuesta cortesía de cierto espíritu que le permitió conservarlo. Korra trataba de ocuparse de la mayoría de los soldados de la Nación del Fuego junto con Asami, pues la mayoría de las guerreras Kyoshi estaban heridas o muy cansadas para continuar en la riña que se estaba lidiando en esos instantes. La morena y la ingeniero peleaban codo a codo, protegiendo su espalda mutuamente de los lentos, pero potentes, ataques del enemigo mientras orillaban a los uniformados a retroceder con una facilidad tremenda; disputarse con unos cuantos soldados era la cosa más fácil del mundo si lo comparaban contra todos los dementes con los que se habían enfrentado antes: Igualitarios con técnicas de combate cuerpo a cuerpo asombrosas que bloqueaban tu flujo de chi y nervios con armamento tan potente que llegó a hacer templar a la misma Avatar, maestros con habilidades especiales y con un dominio magistral de su elemento que llegó a ser un problema para el equipo Avatar y sus allegados, y, por último pero no menos importante, un traje mecánico enorme controlado por una maestra metal cuyas habilidades en el uso de éste superaban por creces hasta a los más experimentados en esa materia.

Por otro lado, Aang se encaraba de Zuko, quien se negaba a sucumbir el ataque a pesar de que sus tropas estaban siendo cada vez menos gracias a la participación de ciertas chicas a las cuales no les estaba tomando ni diez minutos neutralizar a un soldado y el pequeño Avatar lo sabía. En el corto periodo en el que el maestro aire había convivido con el adolescente, notó que aquel chico de cicatriz no era malo, quizá amargado y un *poco dramático, pero no permitiría que la mayoría de sus tropas saliera herida. Y, así como supuso el joven nómada aire, así pasó, pues, apenas el número de soldados del joven príncipe fuera reducido a menos de la mitad, dio la orden de retirada para que los pocos uniformados que aún le quedaban ayudasen a los que seguían atontados o inconscientes en el pueblo, con una ultima llamarada para alejar al pobre Aang quien se defendió como pudo ante tal inesperado ataque, amenazó con que esa no sería la última batalla que ambos tendrían y, con esas ultimas palabras, subió al enorme barco de guerra que los había llevado hasta allí, alzó el ancla y se retiraron de la Isla Kyoshi, la cual seguía ardiendo debido al enfrentamiento que allí se dio. Aang solo pudo mirar al barco alejarse mientras en su mente se repetían esas palabras, ¿Por qué tanta obsesión para atraparle? No lo sabía y, si era sincero con él mismo, le gustaría saberlo ya que, así, podría encontrar una solución a aquello y resolver el problema, y, ¿Quien sabe? Quizá Zuko y él pudiesen ser amigos después de que solucionaran aquel problema. Pero eso quedaría para después, ahora debía hacerse cargo de la Isla Kyoshi y sabía cómo hacerlo.

Después de que las llamas fuesen apagadas al igual que los humos de miedo y nerviosismo de la gente del pueblo de la Isla Kyoshi, el equipo Avatar al fin había podido reunirse con el pueblo y con esas extrañas chicas quienes les habían ayudado sin siquiera pensarlo. Sokka volvía a usar sus ropas tribales pues no quería que esa hermosa joven de ojos verdes que se encontraba hablando con Suki lo volviese a confundir con una de sus guerreras. Katara charlaba con el jefe del pueblo para agradecerle todo lo que había hecho por ellos y, a su vez, disculpándose por haber atraído a la Nación de Fuego a tan remota y pacífica Isla que no se había involucrado en tal guerra. Aang, por su lado, acababa de llegar volando en su planeador pues, gracias a su idea de usar al gran pez Koi para apagar el fuego, había tenido que volver a sumergirse en las aguas medio frías del océano y bucear un poco para lograr dar con él; apenas tocó el suelo, dirigió sus pasos en dirección a la joven maestra fuego de tez morena quien había rescatado a Katara de uno de los soldados de la Nación del Fuego. Al maestro aire no se le había olvidado aquel pequeño suceso, gracias a esa joven quien estaba hablando tranquilamente con su acompañante Katara seguía sana y salva, debía agradecerle por aquel hecho y por reducir a los soldados de Zuko, si ella ni aquella joven de cabello negro y ojos verdes hubiesen aparecido, solo los espíritus sabrían cual hubiese sido el destino de aquella Isla y, sobre todo, el de Katara y, si Aang debía poner aquellos sucesos por prioridad, el segundo era más importante para él de una forma que no entendía muy bien, pero que lograba hacerle sentir de una manera extraña.

Korra y Asami charlaban con las guerreras Kyoshi tranquilamente, después de que el ejército de la Nación del Fuego se había ido, Suki les había pedido que se reunieran con ella para poder agradecerles junto con sus chicas el apoyo que les brindaron en batalla, sobre todo, a la ingeniero que, a pesar de no ser una maestra, logró luchar tan fieramente que podría compararse con uno. A ésta última le dieron como regalo de agradecimiento un uniforme oficial de las guerreras Kyoshi junto con una medalla que la distinguía como guerrera honoraria y que, desde ese día, ella era una miembro oficial de aquel bando de luchadoras. Mientras todo aquel discurso se daba, Korra se alejó unos cuantos pasos para darle algo de espacio a las guerreras quienes cada vez eran más las que se reunían para darles las gracia. La morena no era de las personas a las que les gustase estar rodeada de gente, así que como pudo, se escabulló hasta poder estar lo suficientemente alejada como para poder respirar su propio aire, pero no demasiado lejos como para perder de vista a Asami, ella seguía siendo su novia después de todo y, si una de las guerreras se le ocurría pasarse de lista con su hermosa CEO, ella lo podría ver y actuar de inmediato. Korra estaba tan concentrada en aquellos pensamientos y mirando directamente las manos y las miradas de toda guerra Kyoshi que interactuaba con Asami que no se dio cuenta cuando un pequeño y risueño maestro aire se colocó junto a ella.

— Hola. — Escuchó la morena a su lado.

— Hey, hola. — Contestó Korra mirando a su interlocutor y, en ese instante, lo reconoció. Era el mismo maestro aire al que había visto pelear contra ese adolescente que lideraba a las tropas de la Nación del Fuego. — ¿Todo está bien? Vi que montaste un pez enorme para apagar el fuego, fue asombroso.

— ¿En serio lo crees? — Preguntó ilusionado el pequeño.

— ¡Claro! ¡Me dieron ganas de hacerlo! — Soltó emocionada la ojiazul, cuando vio a aquel niño montar a la enorme serpiente una emoción extraña nació en su ser haciendo brotar la idea de que quería hacer lo mismo.

— Tú no harás nada, Korra. — Una tercera voz se unió a la conversación y la Avatar mayor sabia de quien se trataba.

— Pero... Pero... — Quiso reprochar la morena.

— ¡Oh, allí estás! — Se escuchó decir a una chica. — ¡Te he estado buscando por todas partes y...! ¡Hey! ¡Tú eres la maestra fuego que me salvó! No he podido darte las gracias.

— Cierto, a eso venía. — Reaccionó el niño. — Gracias por salvar a mi amiga.

— No tienes porque, lo hice porque era lo correcto. — Contestó Korra sonriendo.

— ¡Ahí están ustedes dos! Ya esta todo listo para... — Se escuchó decir a un joven de tez morena quien, apenas ver a cierta CEO, dejó sus palabras en el aire y una sonrisa tonta se formó en sus labios. — Hola, señorita.

— ¿Eh? — Se extrañaron Korra y Asami ante tal saludo, pero sobre todo la ingeniero, pues a ella era a quien se dirigía. No pasó mucho antes de que la ojiverde buscara en su memoria y encontrara aquel rostro. — ¡Oh! ¡Tú eres aquella guerrera Kyoshi que estaba con Suki!

Aquellas declaraciones provocaron que los amigos de chico se empezaran a reír de él sin piedad alguna, una de sus actividades favoritas de ambos era esa precisamente, aunque la Avatar y su pareja aun no lo supiesen.

— Sokka con vestido se quedará eternamente en mi cabeza desde ahora. — Comentó entre risas el maestro aire. — ¿No lo crees, Katara?

— Estoy de acuerdo contigo, Aang. — Secundó la joven entre carcajadas.

Korra y Asami se quedaron heladas en su lugar al escuchar aquellos nombres provenir de los jóvenes que tenían delante de ellas y, casi de manera inconsciente, ambas empezaron a indagar en sus memorias cualquier material que fuese relacionado con esos tres. Allí, frente a ellas, estaban nada más y nada menos que el gran guerrero Sokka, ex-líder del consejo de Ciudad República, maestro de la estrategia, gran inventor y, sobre todo, un hombre carismático y justo que había cautivado a cierta ingeniero con las historias que se contaban de cómo con su astucia e intelecto logró sacar a sus compañeros de los aprietos en los que se metían. Después, junto a él, riendo a carcajadas sueltas, se hallaba la gran maestra Katara, quien ha sido y, posiblemente, será, la mejor maestra agua que el mundo haya conocido; con un talento más que innato para dominar el agua control en sus dos vertientes, fue quien le enseño a cierta joven de ojos azules a dominar su elemento natural, y, además, la persona quien le ayudó en más de una ocasión a pararse y seguir adelante. Y, por último, el mas inocente de los tres, pero quien había marcado una diferencia en el mundo y, sobre todo, quien había encaminado a Korra en el verdadero sendero de cómo ser un Avatar completo y aquel a quien recurría cuando ella se sentía desconcertada; el gran Avatar Aang, el último maestro del aire y persona que le puso final a una guerra de cien años enfrentándose con tan solo doce años al temible señor del fuego Ozai.

Korra estaba sin habla, no cabía en su emoción, frente a ella estaba el héroe a quien en su juventud quiso alcanzar de una manera casi desesperada. El Avatar Aang, su vida pasada, fue su ídolo desde que ella supo que podía controlar los cuatro elementos, siempre que le contaban historias de él, lo ponían como un hombre sabio, de carácter fuerte, pero amable y dulce, serio quien siempre cumplía con sus deberes de Avatar sin importar nada, pero muy risueño y con alma de niño que con los años jamás perdió a pesar de que todo lo que vivió. Y, ahora, viéndolo en esa faceta tan dulce e inocente, hacían que Korra entrara más en un estado de shock y emoción que no sabría como expresar con palabras, simplemente estaba ilusionada, asombrada, emocionada y un sin fin de sentimientos que la empezaba a bombardear en ese instante. Cuando su tío rompió su lazos con sus vidas pasadas en aquella pelea que casi le costó el ciclo del Avatar y todo lo que ello conllevaba, pensó que jamás volviera a tener contacto con ese hombre a quien tanto admirada y el que le devolvió su derecho a llamarse "Avatar" cuando Amon le despojó de su control para con los elementos y, ahora, lo tenía cara a cara, riendo por una broma que él mismo le jugó a uno de sus compañeros siendo apoyado por Katara, quien también era una persona más que importante para ella. Simplemente, no lo podía creer, ni en sus sueños más locos llegó a pensar que tal suceso se pudiese dar.

— ¿Tú...? — Se atrevió a hablar Korra para confirmar que eso que estaba pasando no era una alucinación suya. — ¿Tú eres Aang? ¿El Avatar Aang?

— Sí, ese soy yo. — Respondió entre risas el maestro aire. — Y estos son mis amigos, Katara y su hermano Sokka.

— Mucho gusto. — Comentaron los hermano en unísono.

— No lo puedo creer... ¡Esto es genial! — Explotó la Avatar finalmente. — ¡No me lo creo! ¡Estoy frente al Avatar Aang, la maestra Katara y su hermano Sokka! ¡¿A qué no es genial, Asami?!

— Claro que sí, Korra. — Logró articular la ingerido entre avergonzada y sorprendida, pues, había confundido a uno de sus ídolos por mujer.

— ¿Y ustedes son...? — Cuestionó Katara con tono amable, típico en ella.

— ¡Oh, perdón! — Se percató la morena de coleta alta. — Ella es Asami y yo soy Korra, la futura Avatar.

Aquellas ultimas palabras dejaron algo desconcertados al trío de amigos, ¿Cómo era posible aquello? Debía ser una especie de broma de mal gusto puesto que, Aang, el actual Avatar, estaba aún vivo y para que el "futuro Avatar" apareciese, el actual debía haber muerto primero.

— ¿Perdón? — Soltó Sokka, quien era el más incrédulo del gaang. — ¿Sabes que para que seas el "futuro" Avatar, Aang tiene que morir primero?

— Sokka tiene razón. — Le secundó el maestro aire. — Yo sigo vivo, ¿Cómo es posible que tú seas la "futura" Avatar?

Aquellas palabras llegaron al interior de la mente de la futura maestra de los cuatro elementos, ahora que se detenía a pensar las palabras que había dicho, ¿Tenía realmente sentido? Si ella estuviese en la posición de su vida pasada y una chica mayor que ella le dijera esas mismas palabras, de seguro pensaría igual que Aang.

— Es una larga historia, pero en resumen, un espíritu nos trajo hasta aquí y ahora debemos buscarlo para regresar a nuestro tiempo. — Explicó Korra rogando porque le creyeran.

— Así es. — Se metió Asami como refuerzo.

— Claro. — Comentó con sarcasmo el joven tribal de coleta de lobo. — Suponiendo que eso sea cierto, ¿Por qué no nos muestras una prueba?

— ¡Sokka! — Le reprendió Katara al ver el poco tacto de su hermano.

— ¿Qué? Estoy cien por ciento seguro que ustedes les creerían sin prueba alguna. — Se defendió el no-maestro. — Si ella es la "futura" Avatar, podrá controlar más de un elemento, ¿O no?

— Korra, ¿Serías tan amable de mostrarnos algún manejo de otro elemento a parte del fuego? — Preguntó amablemente Aang.

— Claro. — Accedió la muchacha mayor encogiéndose de hombros.

Korra miró a su alrededor y notó un balde con agua, sonrío para sí ante la idea que empezaba a formarse en su cabeza. Alzó su mano y empezó a hacer movimientos fluidos como indicándole al agua que viniese a donde ella estaba. El liquido tardó un poco en llegar hasta donde estaba la maestra y sus acompañantes, pero, una vez allí, el agua empezó a recorrer su mano en forma de espiral hasta que la joven dio la orden de que se materializara en sus manos en forma sólida y, con su manejo del elemento, formó una hermosa flor de hielo que dejó a todos, incluso a Sokka, impresionados.

— ¿Esto es suficiente? — Preguntó Korra mientras le daba la rosa a su compañera. — Para ti, espero te guste.

— Wow... Gracias... — Contestaba la ingeniero ligeramente sonrojada, su novia jamás perdía la oportunidad de coquetear con ella.

— Es increíble. — Soltó Katara boquiabierta. — Tu dominio del agua control es simplemente magistral.

— Aprendí de la mejor. — Sonrío la Avatar ante el cumplido oculto de esas palabra.

— ¿Qué otros elementos sabes usar? — Se interesó Aang emocionado al ver a su vida futura frente a él.

— Soy una Avatar completa, así que puedo usar los cuatro elementos y entrar al mundo espiritual. — Respondió Korra orgullosa de sí.

— ¡Que genial! ¡Seré muy asombroso en un futuro! — Espetó el maestro aire saltando.

— No tienes ideas de cual asombroso serás, Avatar Aang. — Musitó la morena mayor.

— ¿Cómo es el mundo de dónde vienen? — Interrogó el joven con una flecha en la cabeza. — ¿A caso hay cosas muy futuristas?, ¿Hay nómadas aire?, ¿Qué pasó con la Nación del Fuego?, ¿¡Llegué a tener barba!?

— Tranquilo, Aang. — Trató de calmar Katara a su amigo. — Creo que Korra y Asami no están aquí para responderte esas preguntas.

— Así es. — Contestó la CEO. — Estamos aquí buscando a Kenchi, un espíritu que pasea por el mundo físico... Pero no tenemos idea de dónde está y, si no lo encontramos, me temo que no podremos volver a nuestro tiempo.

— ¿Saben por dónde empezar a buscar? — Se interesó la maestra agua de menor edad.

— No tenemos idea, Kenchi se la pasa viajando por el mundo y solo aparece cuando se le da en gana. — Explicó Korra algo desganada y enojada. — Además de que no sabemos mucho del estado del mundo en estos días.

— Uy, que mal... — Susurró el maestro aire, pero en ese instante, una idea surcó su cabeza haciéndole sonreír. — ¡Se me acaba de ocurrir algo!

— ¿En serio? — Preguntó Katara extrañada.

— ¿Les gustaría viajar con nosotros? — Ofreció Aang sonriente. — Vamos en camino a la Tribu Agua del Norte, así que pasaremos por muchos lugares donde quizá puedan hallar al espíritu que buscan.

— ¿En serio? — Parpadearon ambas chicas ante tal proposición.

— ¡Si! — Chilló el Avatar menor. — Claro, si mi amigos están de acuerdo...

— Por mi está bien. — Accedió Katara. — Pero el que me preocupa es Sokka, sabes que a él no le gusta mucho que haya gente nueva en el gru...

— ¡Chicos, ¿qué están esperado?! — Se escuchó la voz del mayor de los hermanos venir desde arriba de Appa.

— Creo que Sokka está de acuerdo. — Se carcajeó el maestro aire. — Bienvenidas al grupo, chicas.

Korra y Asami se miraron entre sí antes de sonreírle al joven nómada quien apenas ver aquello, imitó el gesto y empezó a caminar en dirección a Appa, su fiel bisonte volador; La pareja contempló aquello y solo se limitaron a seguirle el paso a sus nuevos amigos y compañeros. Una emoción extraña inició a crecer en el interior de la Avatar de la Tribu Agua del Sur, en todos sus años como maestra de los cuatro elementos había vivido muchas aventuras, algunas no muy gratas como las de Amon o su tío, y otras que podría decir que le encantaron vivir, como esas hermosas vacaciones con Asami, o cuando la ingeniero y ella se perdieron en un pueblo del Reino Tierra buscando a un nómada aire y, al final, acabaron en una situación para nada casta dentro de un baño, pero eso era otra historia. Pero, la aventura que empezaba en ese momento era distinta, no solo por el simple hecho de que había viajado al pasado con Asami y ambas debían buscar a un espíritu para regresar a su tiempo con sus amigos, sino por el simple motivo de que estaría junto al que ha sido el mejor equipo Avatar del mundo en sus inicios, pues, a pesar de que Korra no podría aprobar ni el examen más básico de historia, sabía que Toph se había unido al equipo Avatar después de que Aang aprendiese agua control y, por lo que intuía de la charla que tuvieron, él aún no sabía hacer agua control y, por eso, se dirigía a la Tribu Agua del Norte.

El viaje en Appa fue increíble, o bien, eso pensaban las chicas que en ese momento acompañaban al equipo Avatar. Aang les había informado a Korra y a Asami que se estaban dirigiendo a un pequeño poblado olvidado en el tiempo cercano al gran continente del Reino Tierra dónde se podía ver bellas flores abrir sus hojas todos los días cada vez que el Sol se ponía, además de que aquel poblado estaba rodeado de grandes y hermosos ríos de agua dulce, y, allí, podrían practicar un poco de agua-control básica. La idea no era mala, a Korra le había hecho una ilusión tremenda el poder enseñarle al más grande Avatar, después de Kyoshi, agua control que era, justamente, su elemento natural a pesar de que ella se sentía más identificada con el fuego y el aire. Pero no solamente tenía aquella idea en mente, pues, antes de que Aang sugiriera aquella idea, le había hablado acerca del pueblo y de unas flores llamadas "lunas llenas" que brillaban con el brillo de ésta y, si se daba la oportunidad, quería llevar a Asami a verlas, después se todo y, a pesar de que ella era muy olvidadiza con las fechas, si mal lo recordaba, dentro de unos días sería su aniversario y, a pesar de que estuviesen en otro tiempo, quería que aquel suceso fuese único para la ingeniero; aunque, ahora que lo pensaba, ¿Había cosa más única que pasar tu aniversario en otro tiempo? Quién sabe, pero aun así, haría de aquel momento inolvidable para la CEO.

Estuvieron sobre volando los cielos un buen rato hasta que el Sol empezó a caer y eso sólo indicaba una cosa y era que debían aterrizar antes de que la noche los alcanzara para levantar el campamento y, así, descansar un poco pues el pueblo al que se dirigían estaba a tres días en bisonte volador. Una vez en tierra, el primero en bajar del gigantesco animal fue el menor del grupo y, después, todos los demás acompañantes que estaban en la silla de Appa. Katara y su hermano bajaron por la inmensa cola del gran bisonte resbalándose por ella como era ya costumbre mientras que, Korra y Asami, preferían un método algo más rápido. La maestra multielemental prefirió tomar a su compañera y cargarla estilo nupcial para que, así, solo tuviese que saltar de la espalda del bonachón Appa y usando algo de aire-control parase su caída. Un método algo burdo, pero efectivo, así como aquella morena que cargaba a la ingeniero quien se mantenía aferrada a ella, cosa que hacía dudar de las verdaderas intenciones de tan inusual forma de bajar. Para nadie -de las personas que conocían la relación de ambas chicas y, sobre todo, el carácter de ambas- era un secreto que Korra disfrutaba sentir temblar a Asami bajo su cuerpo de cualquier forma imaginable y siempre aprovecharía cualquier ocasión que permitiese que ambos cuerpos femeninos pudiesen estar en contacto muy íntimo.

Una vez todos estuvieron en el suelo, se reunieron a un costado del gran bisonte volador, quien ya se había acostado en la hermosa hierva que estaba bajo sus pies, para ponerse de acuerdo sobre las labores que cada quien realizaría para levantar el campamento. Katara y Sokka se ocuparían de levantar las tiendas, cosa que hicieron en varios minutos ya que no dejaban de discutir entre ambos, típico en los hermanos. Korra y Asami serían las que se encargarían de buscar leña para la fogata y perderla, algo muy fácil para ambas ya que, una de las dos era una maestra fuego graduada y la otra una ingeniero que sería capaz de hacer fuego hasta con las cosas más rudimentarias que le dieran. Y, por último, Aang solo tenía la simple y llana tarea de buscar algo de comer porque, al parecer, en la euforia de Sokka por hacerle un pequeño espacio a cierta chica se cabellera negra de ojos verde olivo y a su acompañante, se había dejado las provisiones en la Isla de Kyoshi -cosa que hizo que las disputas entre los hermanos fueran aún más frecuentes de lo que ya normalmente eran- y ya estaban muy lejos como para regresar a buscarlas. Todos confiaban en que el maestro aire trajera algunas frutas para la merienda, hasta que la noche cayó y el joven Avatar ni se había asomado al campamento para comunicarles si logró conseguir al minero o, simplemente, no consiguió nada comestible o, lo que era más probable, que se hubiese distraído jugando con algún animal.

— Ya, es todo, iré por él. — Decía por enésima vez Katara mientras se paraba de su lugar junto a la fogata.

— Katara, siéntate. — Le ordenaba Sokka con tono monótono debido a las tantas veces que decía eso y tomó a su hermana de la mano. — Ya hablamos de esto, Aang vendrá, no te desesperes, no eres su mamá.

— ¡Pero, es que...! — Quería refutar la maestra agua, pero no se le ocurría nada. — Chicas, por favor, ayúdame.

— ¿Eh? ¿Qué? — Se sobresaltó Korra quien había estado todo ese tiempo mirando atontada a Asami quien reparaba su guante eléctrico pues, en la caída, aquel artefacto la había amortiguado.

— Katara quiere ir a buscar a Aang, de nuevo. — Explicó el guerrero tribal. — ¿Qué tiene esa extraña cosa que Asami tiene en sus manos que te llama tanto la atención?

— Sokka, créeme, lo que menos ve es el guante. — Soltó la ingeniero haciendo sonrojar a la morena quien había sido descubierta en su misión.

— Yo... ah... — Empezó torpemente Korra tratando de aminorar su vergüenza por haber sido pillada. — Apoyo la idea de Katara, quizá Aang se perdió o algo así.

Sokka iba a protestar ante aquello cuando los arbustos que delimitaban el claro con el bosque en el que se encontraban empezó a moverse de manera errática provocando un sonido que crisparía la piel a cualquiera. El sonido de unas pisadas pesadas se coló por el aire llegado hasta los sensibles oídos del cuarteto que había empezado a colocarse en posición defensiva, Katara en una pose típica de maestra agua con los brazos extendidos y relajados, Sokka con su fiel espada de diente de ballena-lobo, Korra con los puños cerrados haciendo la técnica de las dagas de fuego que le habían enseñado cuando empezaba a usar fuego-control y, por último, Asami lanzaba sus puños dispuesta a enfrentar lo que sea en una pelea cuerpo a cuerpo. El ambiente era tenso y los nervios a flor de piel. El sonido de los pasos estaba cada vez más cerca y la confrontación contra la extraña criatura también. El grupo estaba a punto de atacar cuando, de entre las sombras del bosque, unos ojos grises y una sonrisa radiante pertenecientes a cierto maestro aire fueron iluminados con la luz de la fogata junto con un gran culi mi de frutas. Aang había llegado y, por lo que veían, con mucha comida.

— ¡Ya llegué! — Avisó el Avatar. — ¡Y conseguí mucha fruta!

— ¡Aang! — Chilló Katara rodeando al niño entre sus brazos. — Estoy tan feliz de que estés aquí, ¿Por qué tardaste tanto?

— Este lugar es enorme, Katara. — Empezó a contar el joven de tatuajes mientras se sentaba junto a la fogata y repartía le botín. — Hay tanta cantidad de frutas que tuve que ver si algunas eran venenosas o no, y por eso tardé tanto. Perdón por preocuparlos, chicos.

— No te preocupes. — Comentó Asami aceptando la fruta. — De seguro te esforzaste mucho en esto.

— ¡Sí! — Sonrío Aang. — Espero les guste.

— Sí... claro. — Musitó la Avatar viendo la extraña fruta ovalada de color verde con extrañas protuberancias.

— Korra... — Le reprendió la ingeniero al ver el mohín que su novia estaba haciendo con los labios, la morena no era muy fan de las frutas, y mucho menos si era una que no conocía.

— Lo sé, lo sé, la comeré. — Acató la maestra agua el regaño inédito de su chica.

— Y, díganme, chicas. — Habló Aang entre mordiscos. — ¿Cómo exactamente llegaron aquí?

— Pues, todo empezó cuando celebrábamos una fiesta por la boda de un amigo nuestro llamado Bolin, estábamos en plena charla cuando... — Había comenzado a narrar Korra cuando una voz la interrumpió.

— ¿Vamos a comer frutas? — Se quejó Sokka notoriamente molesto.

— Hermano, es de mala educación interrumpir a alguien cuando habla. — Reprendió Katara al joven guerrero.

— ¡Pero, Katara! — Reprochó el chico de coleta. — ¡Soy un hombre! ¡Necesito carne!

— ¡Pues ve por ella! — Le retó la menor.

— ¡Bien! — Accedió el mayor parándose, cogiendo su cuchillo de diente de orca y alejándose de la fogata.

— ¿Es buena idea que vaya solo? — Preguntó Aang viendo a su amigo marcharse.

— Yo puedo ir con él. — Se ofreció Korra imitando a Sokka.

— No. — Alzó la voz Asami poniéndose de pie y tomando de la mano a la joven Avatar. — Yo iré con él.

Ante esas palabras el mencionado se quedó estático mirando como aquella hermosa chica se ofrecía voluntariamente a acompañarle a buscar algo de carne.

— ¿Estás segura, 'Sami? — Preguntó algo preocupada la Avatar.

— Korra, cariño, ¿Estás preocupada por mí? — Cuestionó con tono dulce y quedo la CEO solo para que los oídos de la maestra agua pudiesen escucharla.

— Siempre lo estoy. Además, es de noche y no sabes qué clase de criaturas habrán allá afuera y... — Pero las palabras de la ojiazul fueron acalladas por una pequeña risa juguetona por parte de la mecánica.

— Hemos enfrentado cosas peores... Además, iré con Sokka, el gran guerrero que fue uno de los primeros **ingenieros conocidos. — Argumentó la chica de cabellera negra.

— Sí, pero... — Y, de nueva cuenta, la Avatar fue incapaz de terminar su queja.

— Korra, debes quedarte y hablar con Aang, quizá ésta sea tu última oportunidad de interactuar con él... Tú mejor que nadie sabe el porqué. — La joven morena ante aquellas palabras solo pudo asentir resignada. — Muy bien.

La joven de cabellera negra se soltó de una forma muy delicada del agarre de la morena antes de anunciar oficialmente que ella iría con el mayor de los hermanos, estaba a punto de irse cuando una presión en su muñeca le impidió seguir avanzando y no tuvo que voltearse para saber quién le estaba impidiendo seguir avanzando.

— Cuídate... ¿Sí? — Dijo Korra en un hilo de voz.

— Volveré sana y salva. — Prometió Asami sonriendo. — ¿Qué tal se siente estar del otro lado?

— Solo vuelve en una pieza. — Demandó la Avatar. — Si tienes alguna herida, por muy pequeña que sea, juro que quemo todo el lugar.

— Lo sé y por eso volveré sin ningún rasguño. — Bromeó la CEO antes de soltarse y seguir su camino.

Lo último que la Avatar vio de su pareja antes de regresar junto a la fogata fue la fina y menuda espalda de ésta desaparecer entre el espeso bosque junto con el hermano mayor de Katara. Se sentó en su lugar y cruzó los brazos, a su mente vino aquel recuerdo de cuando Asami y ella se despedían cada vez que le mandaban a hacer algún encargo en Ciudad República. Ahora entendía porque la CEO siempre se comportaba de una manera tan protectora para con ella en esas ocasiones cuando tenía que salir a hacer sus funciones como Avatar, controlar gente o ayudar a Lin y a Mako a atrapar a alguno que otro malandrín que deseaba aprovecharse de la situación de la reconstrucción para ganar alguna entrada extra. Su ceño se frunció y cruzó los brazos con cierta hostilidad mientras refunfuñaba, no le gustaba la idea de que su hermosa y delicada ingeniero estuviese allá afuera donde los peligros proliferaban cual arena en desierto, pero sabía que no podía hacer nada; cuando Asami tomaba una decisión respecto a alguna cosa, podía ser más cabeza dura que ella misma.

— Esa Asami, más le vale que se cuide, no voy a estar allí para cuidarla... Sé que ella se puede cuidar sola, es una chica fuerte, pero eso no impide que me preocupe por ella... — Refunfuñaba en voz baja la Avatar alterando a sus dos acompañantes.

— Korra... ¿Estás bien? — Se animó a preguntar Aang tímidamente mientras comía su fruta.

— ¡Sí, estoy bien! — Gruñó la morena haciendo que el menor diese un pequeño saltito en su lugar. — Yo... perdón... no quise alterarme.

— Te preocupas mucho por tu amiga, ¿No? — Comentó Katara viendo a la maestra agua que tenía enfrente.

— Sí... Ella... — Korra agachó la cabeza para evitar que alguno de sus nuevos compañeros viesen el rubor que se pintaba en sus mejillas. — Ella es alguien muy importante para mí... Pero no creo que estén interesados en saber sobre mi relación Asami.

— Queremos saber cómo llegaron hasta aquí exactamente. — Pidió emocionado Aang.

— Pues, todo comenzó una noche... — Inició a narrar Korra al Avatar de turno y a la maestra agua quienes tenía adelante.

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El silencio que la rodeaba era sepulcral, jamás había estado en un lugar donde pudiese oír hasta al más pequeño mamífero correr, ella estaba acostumbrada a la gran metrópolis urbanizada, nació y creció rodeada de aquellos ruidos que hacían los motores afuera de su hogar y dentro de éste, debido al oficio de su padre, convivió por años con el bullicio que hacían los habitantes de Ciudad República, con esos chirridos mecánicos que resonaban cada vez que iba a ayudar a su padre o a sus trabajadores en la planta. Sus oídos siempre estuvieron bombardeados de miles de ondas sonoras, ya fuesen muy potentes como cuando una maquina era activada o muy mínimos como la risa de algún pequeño, pero jamás faltaba la estimulación de su tímpano. Según Asami, el lugar más calmo en el que alguna vez llegó a estar fue en la Isla del Templo Aire cuando Korra había quedado en silla de ruedas y, a pesar de que aún podía escuchar el sonido de la risa de los hijos de Tenzin, el llanto de Rohan y las charlas que los acólitos tenían de vez en cuando, el lugar por las noches era tan calmo sin las risas de la morena que le llegó a asustar tanta calma, y eso que tenía como música de fondo el bramido de los sonidos metropolitanos de Ciudad República.

Y, ahora, estaba allí, rodeada por el más denso silencio que en su vida hubiese experimentado viendo fijamente una trampa que Sokka había construido y que dudaba que realmente funcionase por las simples razones de que no obedecía las reglas físicas necesarias como para que fuese efectiva. Habían llegado a esa pequeña fracción de bosque hacia ya veinte minutos y entre ambos acordaron que la mejor forma de poder conseguir algo de carne era mediante alguna trampa, en ese aspecto ambos se llevaban muy bien y el tribal, al igual que la ingeniero, agradecían de cierto modo que alguien en su grupo pudiese entender esa faceta de inventores que ambos tenían. No mal entiendan, Asami sabía de antemano que Korra daba lo mejor de ella para poder entender su visión y demás ideas revolucionarias y a la ojiverde le encantaba eso de su pareja, pero no se podía comparar con hablar de un tema mecánico y discutirlo a plena conciencia como había hecho hacia unos minutos con Sokka; lamentablemente, como todo buen tribal que era, el no-maestro era demasiado obstinado como para aceptar su ayuda en la construcción de trampa que, hasta ahora, no había conseguido que ni una sola víctima cayese y no sólo por su notoriedad, pues si ella fuese un indefenso conejo-alce y viese una zanahoria en medio de unas cuerdas sospechosas, no se acercaría allí y, además, estaba el factor mecánico que no deseaba tocar pues las fallas eran más que largas.

Sokka miraba de reojo a aquella chica de ojos verdes que le había acompañado, no solamente era bella, sino que en esos veinte minutos había descubierto su enorme inteligencia mecánica. Cuando empezaron a hablar sobre la construcción de trampa, él no dudó ni un instante en ofrecerse a construirla, de algún modo quería llamar la atención de aquella pelinegra y, después de descubrir que a esa chica le gustaban las cosas muy técnicas, ¿Qué mejor forma que construir una trampa que -para él- fuese ingeniosa y efectiva? Mientras él ponía manos a la obra, Asami le daba conejos y demás ideas que lo ponían muy nervioso y avergonzado, no quería que ella pensara que era un idiota que solo sabía contar hasta el diez y de allí en más todo se encerrase en la planta "muchos". No. Sokka de la Tribu Agua del Sur era una persona inteligente y se lo quería demostrar a la CEO para que así pudiese fijarse en él y, así, empezar a ser cercanos y, ¿Quién sabe? ***Quizá conquistarla y lograr convencerla para que no regresara a su tiempo y pudiese quedarse con él, la llevaría a sus viajes, aprenderían del mundo juntos, crecerían, se casarían, formarían una familia y envejecerían juntos hasta que ambos muriesen para volver a encontrarse de nuevo en Mundo Espiritual. ¡Era un plan perfecto! Pero primero, debía hacer que esa trampa funcionase.

— Hmn... Sokka... ¿Estás seguro de que la trampa va a funcionar? — Escuchó preguntar a la CEO que estaba a su lado. — Quiero decir, no es que no confíe en tu plan, sino que... pues... es muy poco probable que él mecanismo se active...

— ¡N-No te preocupes, Asami! — Respondió el tribal con falsa confianza. — ¡La trampa funcionará, estoy seguro, he puesto millones de éstas antes!

— Si tú lo dices... — Comentó la ojiverde entre susurros desconfiados antes de regresar su vista a la trampa.

Los minutos siguieron su curso y Sokka empezaba a perder las esperanzas de poder impresionar a la ingeniero que estaba a su lado cuando, de entre la maleza, salió un pequeño y peludo animal con cuerpo redondo, cola esponjada y cuernos en la cabeza; era un escurridizo conejo-ciervo que apareció entre el follaje moviendo su pequeña y tierna nariz, de inmediato movió sus separados ojos en dirección a la gran y jugosa zanahoria que estaba rodeada por unas cuerdas. Sin pensarlo mucho, el pequeño conejito-ciervo empezó a andar hacia la gran zanahoria que su fino olfato había detectado algunos metros antes. Decir que Sokka estaba emocionado era poco, sus ojos se habían abierto lo más que sus párpados le permitían y una sonrisa triunfal estaba en rostro en el momento en el que el pequeño animal estaba justo en medio de su trampa. Pero aquello no le duró mucho pues, la trampa no funcionó y el conejo-ciervo tuvo tiempo de comer la zanahoria, limpiarse las patitas y seguir con la vida que cualquier conejo-ciervo vivía en el bosque y, junto a aquel animal, iba también el orgullo de cierto tribal que estaba boquiabierto ante el fracaso de su trampa.

— Sokka, ¿Estás bien? — Preguntó tímidamente Asami al ver el estado de su compañero.

— ¡Esto no es lo que parece, Asami! — Reaccionó rápidamente el tribal que no quería parecer un fracasado ante la chica de ojos verdes. — ¡Yo planeé todo esto! ¡Esa trampa no se debía activar con un peso tan pequeño! ¡Esta trampa es solo para animales grandes!

— Sokka, un alce dientes de sable acaba de pisar tu trampa... — Comentó la ingeniero mientras señalaba al gran animal que inspeccionaba el mecanismo de poleas con su nariz.

— ¡Oye, no huelas eso, es delicado! — Gritó el tribal al gran mamífero quien le dio una mirada amenazante al bípedo. — Por eso digo... puedes oler todo lo que desees.

El alce-dientes de sable miró por última vez antes de bufar y seguir olisqueando la seudo trampa de Sokka. El tribal miró como su invasión era maltratada a lo lejos y, ya derrotado, se dejó caer al suelo con ayuda de la gravedad.

— Soy un asco. — Se dijo a sí mismo el chico. — No puedo ni colocar una simple trampa.

— No seas tan duro contigo mismo. — Le consoló Asami mientras se ponía de su lado. — Hiciste lo mejor que pudiste.

— No, no lo hice... La trampa hubiese funcionado si no me hubiese empeñado en hacerlo solo. — Se reprendió a sí mismo Sokka. — Tú también eres hábil en estas cosas... más que yo por lo que puedo ver... no quería quedar como un tonto delante de ti.

— ¿Hablas en serio? — Comentó Asami sentándose junto al chico. — Jamás podrías quedar como un tonto frente de mí, tú eras mi héroe cuando yo era pequeña. Fuiste el primer no-maestro en dirigir un ataque a la Nación del Fuego, el primero en desarrollar mecanismos asombrosos que fueron la cuna para todo lo que hago. Eres grande, Sokka... Gracias a ti quise algún día formar parte del equipo Avatar y, sin quererlo, cumplí eso y algo más.

— ¿Lo dices en serio? — Se secó las lágrimas el moreno y absorbió sus mocos que salieron ante las maravillosas palabras que le había regalado Asami.

— C-Claro. — Sonrío la ingeniero arqueando las cejas tratando de ser lo más amable posible y restarle importancia al asco que aquellos fluidos nasales le provocaba.

— ¡Gracias, Asami! — Chilló Sokka sonriente.

— Ahora, ¿Qué te parece si hacemos una trampa juntos? Estoy segura que Korra está muerta de hambre, unas simples frutas no le serán suficientes como para saciar su apetito. — Dijo la CEO mientras se paraba de su lugar.

— ¿Eres muy cercana a Korra, no? — Se animó a preguntar el tribal imitando a su amiga.

— Mucho más de lo que te imaginas. — Sonrío para sí dulcemente la ojiverde ante el significado de esas palabras.

Ambos chicos se miraron, se dieron una pequeña y leve sonrisa mutua que marcaba el inicio de su nueva relación como un equipo y se dirigieron a buscar lo que quedaba de la trampa después de que cierto mamífero cuadrúpedo con cuernos y dos enormes dientes afilados la hubiese tomando como su nuevo juguete y afilador de sables. Asami en conjunto con Sokka, rediseñaron, armaron y montaron de nuevo el artilugio que tenía como objetivo capturar a algún animal desprevenido para que, así, lo pudiesen llevar al campamento y hacer un pequeño festín con lo obteniendo. La ingeniero y el tribal guerrero lograron hacer un mecanismo eficaz y notoriamente superior al primero que no pudo ni activarse con el peso de un enorme alce dientes de sable, con las técnicas avanzadas e inteligencia mecánica-física de Asami y el perfecto manejo de los materiales y gran habilidad para resolver problemas complejos con soluciones simples e ingeniosas de Sokka cumplieron su cometido sin muchos problemas en el proceso. En un abrir y cerrar de ojos ambos chicos ya daban los últimos preparativos y se estaban escondiendo detrás de los arbustos con la confianza de que esta vez sí iban a tener éxito.

Esperaron unos cuantos minutos antes de que la primera víctima cayese, un pollo-langosta que poseía el cuerpo del primero y, en vez de alas, tenía un par de pinzas que podrían intimidar a cualquiera, inclusive, se decía que eran capaces de romper huesos humanos y aquello era algo que ni la CEO ni el guerrero querían meterse a averiguar. El emplumado ser se acercó curioso a la carnada que Asami y Sokka habían colocado, un pequeño trozo de fruta que ambos encontraron en los árboles que les rodeaban y que ambos pesaban atraería a alguna otra criatura más pequeña y menos intimidante que esa ave. El animal olfateo con los agujeros de su pico el extraño fruto y, sin pensarlo mucho, lo tomó activando así el mecanismo de poleas y supuestos engranajes que conformaban la trampa hecha por Asami y Sokka. Todo fue muy rápido, lo único que se pudo escuchar antes de que unos alaridos envolvieran el ambiente fue el sonido del roce de las cuerdas, algunas ramas romperse y el chocar de las tenazas del pobre animal que ya estaba dentro de una bolsa hecha de piel que Sokka, para fortuna suya, tenía entre sus cosas, Asami no quería ni imaginarse el lío en el que se pudieron haber metido de haber dejado la jaula que ella tenía en mente en vez de aquel saco, capturar en una jaula a un conejo-ciervo era muy distinto a encerrar allí a esa gallina-langosta pues, según tenía entendido la ingeniero, eran animales muy temperamentales y de tal mal genio que con tan solo mirarles ya los tenías persiguiéndote por un buen rato amenazandote con sus tenazas.

Con cuidado, los dos jóvenes que habían observado todo detrás de unos arbusto, al fin se dignaron en ir tras su presa. Con cautela, se acercaron al saco que se contorsionaba como si fuese víctima de un maestro sangre, ambos chicos se miraron y, después de una guerra de miradas, Sokka fue quien tuvo la desdicha de poner sus manos sobre la gallina-langosta. Tragó saliva nervioso y, apenas uno de sus dedos tuvo contacto con le piel del saco, el animal dio un graznido tan potente que asustó al tribal provocando que diese un salto hacia tras dando una patada que impactó contra el pobre animal que terminó en los brazos de Asami. La ingeniero contuvo al animal lo mejor que pudo hasta que percibió que se dejara de mover, su cabello estaba desaliñado debido al esfuerzo que había hecho conteniendo los movimientos bruscos de la gallina-langosta, su frente estaba ligeramente aperlada y su gesto demostraba cansancio. Ambos chicos se miraron y se rieron del aquello y, cuando Sokka escuchó la risa de Asami, juró que era el sonido más hermosos que alguna vez hubiese escuchado en su vida.

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Todo lo que Korra les contaba era más que increíble, ¿Realmente aquella morena fue la última y, a su vez, primera Avatar después que él? Le resultaba alucinante aquello que la chica le contaba: Peleas entre no-maestros y maestros, personas que eran capaces de quitarle el control a otras. Locos que pensaban que la única forma de conseguir el verdadero equilibro era sumergiendo al mundo material en un abismo de oscuridad donde solo los espíritus más negros pudiesen habitar y dónde solo un Avatar Negro pudiese ser quien trajera el equilibro a ese agujero negro de desesperación. Organizaciones que tenían como único objetivos aniquilar al ser que traía equilibro al mundo y sumergir a éste en un caos interminable. Dictadoras que deseaban someter a todo un reino uniéndolo bajo el yugo del miedo y la desesperación que, al final, solo deseaban el bien común pero de una forma algo exagerada y errónea. Sin embargo, cuando Korra le contó que en una de esas peleas le fue arrebatado el espíritu de Raava y con ella la conexión de sus vidas pasadas el pequeño maestro aire de quedó helado pues la mayor de los tres le había explicado que para un Avatar, la conexión con sus vidas pasadas era lo que hacían al Avatar... pues... el Avatar. La transferencia de conocimientos. La continuidad del ciclo que Korra ahora debía iniciar de mucho. Aang estaba impresionado con los relatos tan emocionantes e impactantes de la mayor y, a su vez, un nudo en su garganta se formó al escuchar cuánto había sufrido también y se preguntó por aquel futuro que su futura vida se negaba a contarle.

Korra seguía contándole sus aventuras al pequeño Aang, la niña dentro de ella quería impresionar al joven que durante toda su infancia fue su ejemplo a seguir. Estaba a punto de iniciar a contarle la historia de cómo Asami y ella fueron enamorándose ya que, a petición de la maestra Katara o, mejor dicho, de la futura maestra Katara y él mismo Aang por alguna historia romántica para apaciguar tantas tragedias, decidió contar aquella que ni ella misma se terminaba por creer. Ahora que lo pensaba bien, ¿Cuándo exactamente inició a sentirse de esa forma por la ingeniero? ¿Quizá en el baile que hicieron en su honor y dónde vio por primera vez esos hermosos ojos verdes que, cuando la chispa de pasión se apoderaba de ellos, adquirían un tono ambarino? No, estaba muy ocupada juzgándola solo por le hecho de haber estado con Mako. *¿Quizá fue aquella vez cuando la heredera le invitó a dar una vuelta con ella en la pista de carreras? Sí, en ese lugar fue. Descubrió lo maravillosa que era la joven de cabello negro en ese lugar, no era la niña mimada que ella pensaba, no, todo lo contrario, era una chica tan dulce, humilde y lista que logró robarle el corazón con solo una sonrisa y un pequeño viaje en automóvil. Ahora que lo pensaba mejor, quizá los celos que sentía cuando Asami estaba con Mako jamás fueron por el maestro fuego sino por la heredera y debido al berrinche que tenía por el ceñudo se convenció a sí misma en que quería al detective a pesar de que soñaba con besar aquellos labios rojos cereza, pero aquello solo lo sabía y sabría ella.

— Antes de que inicie mi historia, quisiera citar unas palabras que alguien me dijo hace mucho tiempo. — Empezó a contar Korra. — El amor es una extraña forma de energía y viene en todas las formas imaginables y, sin duda, la forma en la que me llegó no es nada convencional, pero sí que es hermosa.

La morena estaba a nada de empezar a explicar cómo había conocido a la ingeniero y su tan áspera relación inicial cuando el sonido de unos arbustos moviéndose le obligó a callar por unos instantes, su vista se desvió en dirección a la pequeña pared verdosa que los separaba del espeso bosque y su corazón empezó a latir. ¿Sería un animal? ¿Un ladrón? ¿Una emboscada? Estaba a punto de pararse e ir a indagar cuando, de entre el follaje, brotaron dos figuras, una que ella conocía a la perfección y la otra de su más reciente amigo. Sin detenerse a meditarlo, Korra corrió a darle la bienvenida a cierta ingeniero que tenía el cabello desarreglado y alguna que otra planta enredada en el y aquello, a la morena, le pareció la cosa más adorable del mundo, cuando Asami entraba a su campo de visión, todo lo que le rodeaba carecía de importancia y solo se fijaba en esos hermosos ojos verdes que adoraba ver teñidos de pasión y alegría.

— ¡Asami! — Gritó Korra estrechando entre sus brazos a la CEO quien sonreía ante la cálida bienvenida.

— Me da gusto verte a ti también, Korra — Logró decir la ojiverde. — Veo que no causaste problemas.

— Me porté bien, soy un Avatar bueno. — Dijo la morena con cierto tono infantil que lograba derretir a la mecánica.

— Bueno, te mereces un premio. — Asami alzó la bolsa que tenía entre sus brazos y se la cedió a la joven maestra de los cuatro elementos. — Sokka y yo logramos conseguir esto, quizá no es carne de vaca-hipopótamo que es tu favorita, pero espero sea de tu grado.

— ¿Qué es? — Se interesó Korra mientras abría el saco de piel.

— Una gallina-langosta. — Contestó la líder de Industrias Futuro sonriente.

— ¿Una qué? — Graznó la morena cerrando la bolsa de inmediato.

— Una gallina-langosta. — Repitió Sokka quien se sentía excluido. — Y si no te la vas a comer, yo me como tu parte con gusto.

— ¡Yo nunca dije que no iba a comer! — Reprochó Korra casi de inmediato provocando la risa de todos en el grupo.

Después de una rápida cena y que Sokka contase la pequeña aventura que tuvo con Asami, el recién grupo de amigos se fueron a dormir. Aang se acomodó en la parte superior de la cabeza de Appa, su fiel bisonte-volador dónde se acurrucó y en cuestión de segundos ya soñaba que era perseguido por un montón de pequeños animalitos peludos. Los hermanos, por otra parte, eligieron descansar entre las pelusas patas del gigantesco animal de seis patas, a pesar de que a ambos les gustaba más usar sus respectivos sacos de dormir, el calor que emanaba el ser peludo era tan acogedor que les era fácil conciliar el sueño y, por eso mismo, en tan solo diez minutos ambos ya estaban roncando y soñando sus respectivas fantasías; Katara imaginaba ser una gran maestra agua mientras que su hermano mayor, Sokka, que acababa con la tiranía del señor del fuego y liberaba a todo el mundo con solo sus habilidades de lucha y su astucia. Por último, Korra y Asami decidieron ocupar la cola peluca y amplia del gran bonachón Appa como cama, pues ni una ni otra deseaban dormir en una tienda hecha de piedra -ni que fueran Toph- y no tenían sacos de dormir como los hermanos de la Tribu Agua del Sur; la morena abrazaba a la ingeniero de manera protectora jugando de forma inconsciente con su cabello mientras que la CEO se apegaba aún más al bien trabajo cuerpo de la Avatar para sentir su calor, su olor, su aura, aquello que le hacía sentir segura y que le aseguraba que no tendría pesadillas nunca más.

Asami y Korra habían caído rendidas apenas se acomodaron, la aventura que hacía unos días les llevó hasta ese lugar era demasiado agobiante para ambas, pero no por eso, menos emocionante. A pesar de que estaban durmiendo y soñaban con la persona que estaba a su lado, sus sed de emociones y nuevas experiencias empezaba a surgir de donde se habían escondido después del ataque de Kuvira, demasiado papeleo y reuniones provocaron que aquella pequeña chispa en ambas chicas fuera decayendo hasta que todo eso sucedió y, ahora, volvía a nacer. Quién sabe cuántas nuevas aventuras vivirán ambas chicas, pero apenas el sol volviese a reinar el cielo, estarían dispuestas a experimentarlas juntas.

Continuará…

NOTAS DE LA AUTORA:

Primer*: Todos sabemos que Zuko es una reina del drama. Punto final.

Segundo**: Aunque no lo parezca, Sokka es un gran estratega y soluciona varios problemas de manera mecánica, además de que tiene una capacidad innata para las tecnologías de su época y se emociona con los inventos novedosos.

Tercer***: No hay que olvidar que Sokka suele ser medio soñador xd

Cuarto*: Esto fue lo que las actrices de Korra y Asami dijeron, así que lo tomé de allí.

FUMADAS DE LA ESCRITORA:

Hey… hola… Lo sé, lo sé, tardé mucho en actualizar y pido una disculpa enorme, pero el mes pasado tuve dos semanas de exámenes muy pesados, no me está yendo nada bien en una materia (física clásica) y tengo mucho trabajo por parte de la U y, además, soy la voz de Asami para los FanDubs de Armitage Production y pues, muchas cosas que me consume mucho tiempo, lo que conlleva el punto que quiero anunciar.

OFICIALMENTE "PARADOJA" SERÁ PUBLICADO MENSUALMENTE.

Así es, no puedo decir un día exacto en el cual se subirá "Paradora", pero si que habrá una actualización cada mes. Espero me entiendan y no se enojen mucho conmigo, estoy tratando de organizar mi tiempo de una manera muy meticulosa para que pueda escribir lo máximo todos los días o, mejor dicho, cuando pueda. Lo siento, de verdad…

Otro de los anuncios que deseo decir es que el FanFic especial que tenía planeado para Halloween se CANCELA por cuestiones de que… alguien más ya tenía la idea que quería manejar antes que yo y, pues, respeto mucho a los otros autores y no deseo publicar algo que ya esté aquí en FanFiction o, por lo menos, algo que sea muy reciente. PERO, en cambio, estoy trabajando en un vídeo especial para Halloween que tendrá nada más y nada menos que KorrAsami y otras parejas más, por si a alguien le interesara, será subido a mi canal de Youtube (Zakuro Liddell) el 31 de Octubre (ya hay disponible un pequeño trailer). Las actualizaciones de este proyecto y los FanDubs KorrAsami que hago estarán siendo posteados en mi Twitter (L_HZakuro).

También deseo recordarles que pueden apoyarme en mi (Zakuro Hatsune) y por donaciones vía , pues todo lo que donen será para material universitario y, cuando junte lo suficiente, pagar al fin el EverNotes que es la plataforma que yo, de manera personal, uso para escribir y tener mis trabajos "a salvo" por si mi PC sufre algún daño. Su apoyo será bien recibido.

CONTESTANDO COMENTARIOS DE ANONIMOS O GUEST:

Korra Sato: Que bien que te haya gustado, esa fue una de mis muchas partes favoritas. Espero que la actualización te haya gustado.
Oscar: Las mandé allí para que todo esto se diese v:
Liz: Pues ya está, espero que ye haya gustado.
Ali: ¡Me alegra que ye haya gustado!

Marilinn: Espero que esta actualización se te haya hecho igual de interesante.