Disclaimer: Inazuma Eleven pertenece exclusivamente a Level-5 y esta historia está creada sin ningún fin de lucro.

Disfruten el capítulo~


"Apostando esclavos"

Capítulo 3: Por la razón o la fuerza

Un estridente sonido se oyó por todo el palacio y el ruido de unos tacones chocando contra las baldosas de manera fuerte y apresurada indicaba el firme andar del único ser humano en aquella región con la suficiente valentía como para llegar e irrumpir sin ningún tipo de temor una sesión oficial del parlamento de Yokato. Las puertas del salón donde se oficiaba la sesión fueron abiertas de par en par e inmediatamente las miradas de todos los presentes convergieron en aquel punto, encontrando una escena que rayaba en lo cómico. Los dos guardias que custodiaban la entrada, incluso con lanza en mano, se encontraban apuntando al "intruso" con un pésimo pulso que revelaba su vacilación y dicho intruso se erguía con porte imponente, ignorando por completo la pobre amenaza que significaban aquellos dos en armadura. La diferencia de alturas y edades entre los hombres y la recién llegada era abismal, pero aún más lo era la presencia que imponía aquella pequeña y agraciada figura que, sacudiendo su larga cabellera, se adentró al salón sin lograr que nadie se lo impidiera. Todos la observaban fijamente, pero eso a ella no le importaba. Estaba hecha una furia.

— ¡Su majestad! ¡Exijo una explicación! —exclamó ella con su timbre soprano y potente, avanzando hasta donde se encontraba el rey y dejaba caer su mano fuertemente sobre el escritorio, enseñando un papel que, por el sello de cera color rojo vino, era una carta enviada desde aquel reino y por el mismísimo rey.

— ¡Señorita! ¡Quién se cree usted para llegar e interrumpir la sesión y más encima gritarle a su real majestad, el rey! —exclamó un miembro del parlamento, levantándose de su lugar y dirigiéndole una mirada indignada a la joven. Ésta no se inmutó y expeliendo aquel aire imponente, con voz clara respondió.

— ¡Me creo Natsumi Raimon, princesa del reino Raimon y futura reina! Así que hágame el favor de callarse y dejarme continuar —ante la mera mención de su nombre, el hombre se cerró la boca. Tras la mención del título, volvió a sentarse en su lugar y con aquella última orden, se encogió en su lugar sintiéndose humillado por tener que obedecer a una chica que era por lo menos treinta años más joven que él, pero que tenía más del doble de su poder incluso en su propio reino.

El ambiente se había tensado apenas Natsumi había puesto un pie en la habitación y ahora con aquella brevísima discusión con el parlamentario, la cosa había empeorado. Todos se miraban entre ellos discretamente sin saber qué hacer, pero pronto el rey se levantó de su lugar, decidido a manejar la situación. Todos lo observaron intensamente, incluyendo la princesa, mas él simplemente paseó su vista por el salón, bajó la mirada hasta el papel que la pelirroja le había dado y alzó la mirada para observarla con aquellos viejos, pero benevolentes ojos.

— Su alteza, es una sorpresa encontrarla en mi humilde reino, especialmente porque es un viaje de dos días desde Raimon hasta Yokato —confesó él sin alterar su tono de voz en lo más mínimo. De hecho, aunque se había confesado sorprendido por verla allí, su voz no secundaba sus palabras. Es más, todo lo contrario; parecía haber estado esperándola.

— Su majestad, pido una audiencia con usted de manera inmediata para discutir sobre el contenido de aquella carta —reiteró ella, ahora recurriendo a un tono más diplomático, pero no por ello menos demandante. Se veía decidida a conseguir lo que pretendía y no daría su brazo a torcer. Por supuesto, el rey tenía claro aquello, pero también sabía cómo manejar el carácter fuerte de la chica.

— Estoy enterado de la materia a la cual se refiere, así como también sé cuáles son las demandas que hará. Sin embargo, en estos precisos momentos estoy ocupado, por lo que pido que acepte ser escoltada por mi nieto y disfrute de mi hospitalidad. Más tarde hablaremos de política.

— ¡Pero—!

— ¿Le debo recordar que mi nieto es también su prometido?

Natsumi guardó silencio, terminado por suspirar al verse derrotada— Como usted diga, majestad —se reverenció ante él y observó como el príncipe de Yokato, quien hasta ese momento había estado sentado junto al rey, se despedía del hombre también con una reverencia y se acercaba hasta ella, ofreciéndole su brazo para que abandonaran juntos el salón.

Mientras ambos se marchaban, el parlamento se mantuvo en silencio y un cuchicheo que iba en aumento fue lo último que oyeron al momento en que se alejaban de las puertas, las cuales se cerraban a sus espaldas. El príncipe ofreció llevarla hasta los jardines, a lo que ella aceptó, y cuando iban de camino Natsumi ordenó a unas sirvientas que les fueran a servir el té a ambos. Necesitaba relajarse. Cuando arribaron a las afueras del gran palacio, siendo recibidos por un esplendoroso jardín (aunque era menos impresionante que el de su reino, pensaba la pelirroja), no perdió el tiempo y la princesa pronto fue a sentarse a la hermosa mesa de cristal que estaba dispuesta para aquellas espontáneas fiestas de té, dejándose caer en la silla acolchonada y refugiando su rostro entre sus brazos.

Él la miró con pena, pero rápidamente una sonrisa iluminó su rostro.

— No te preocupes, Natsumi. Todo va a salir bien —le aseguró, queriendo subirle el ánimo.

Ella suspiró exasperada. Típico de él; se preocupaba muy poco por esas cosas— Tú no entiendes, Endou. No entiendes la magnitud de lo que van a desatar si firman ese pacto—le dijo retomando su postura de señorita y recibiendo la fina taza de porcelana que la joven sirvienta depositaba frente a ella, aspirando el intenso aroma del té rojo que echaba vapor por lo caliente que estaba. Frente a la taza, un plato con pastelillos fue depositado y con una reverencia la sirvienta se marchó. Había un puesto para él, pero Endou no se sentó—. Después de la guerra de hace 6 años, Génesis se ha vuelto muy poderoso. Su poder militar es impresionante y de alzarnos en guerra, podrían aliarse con los otros reinos de Gaia y no tendríamos oportunidad.

— No estés tan segura —le respondió él algo tajante, sorprendiéndola. ¿Qué tanto podía saber él? Solía ser ella la más informada de los de su generación, por lo que la actitud de seguridad que tenía el castaño la descolocaba—. Quienes han pedido la alianza ha sido Epsilón, así que ya tenemos una ventaja sobre los demás. La ventaja de territorio. Gemini Storm ya no es un reino propiamente tal, por lo que de cinco reinos, sólo tres podrían alzarse militarmente contra nosotros. Y si todos los de la región Inazuma nos aliamos, sumando a Epsilón, tendríamos el poder militar de 7 reinos en total —Natsumi debía admitirse completamente sorprendida. El joven príncipe, conocido por ser el más despistado y despreocupado de las políticas entre los reinos, le estaba prácticamente dando un sermón a ella. A ELLA, Natsumi Raimon.

Sin embargo, sus cálculos fallaban.

— En comparación con los tres grandes reinos de Gaia, sólo Raimon y Teikoku pueden compararse en tamaño y fuerza militar. Ni siquiera Yokato o Hakuren podrían hacerle frente solos —argumentó.

— Por algo nos estamos aliando —contra-argumentó él con calma, como siéndole imposible el ver el lado negativo al asunto.

— Zeus no cuenta como aliado. Sabes bien que por mucho que se crean reino, siguen siendo una colonia de Teikoku —y así como él parecía determinado a defender el próximo pacto, ella estaba completamente decidida a evitar que se formara a toda costa.

— Kidou dice que Zeus tiene su propia milicia y que son bastante fuertes. Podrían incluso ganarle a Oumihara si se declararan guerra —recordaba perfectamente esa conversación que tuvo con el príncipe del Reino Teikoku, en la cual Endou expresó sus ganas de ver nuevamente a Aphrodi –su verdadero nombre era Afuro Terumi, pero nadie le conocía así realmente– y enfrentarse en duelo una vez más, y la contestación del de rastas que incluía un tranquilo "no creo que eso sea posible pronto", explicándole que en esos momentos estaban en planes de independizarse como reino.

Ante la insistencia del joven príncipe, la bella pelirroja simplemente suspiró cansada. Hablar con Endou nunca arreglaba las cosas, aunque admitía que sí lograba animarla la mayoría de las veces. Era increíble como ese chico era capaz de ver el sol en medio de la noche más oscura y tenerlo a su lado como amigo era algo que, pese a que nunca iba a decir en voz alta, le reconfortaba y le daba algo de seguridad. Por mucho ego que Natsumi tuviese, el tener a alguien como Endou resultaba vital para su estabilidad emocional.

Al verse vencedor en aquella argumentación, el castaño sonrió ampliamente a la chica. Sabía que no había quedado satisfecha y que pediría de todos modos la audiencia con su abuelo, rey de Yokato, pero era bueno haberla calmado de momento. No obstante, pese a que se veía tan seguro frente a ella, la verdad es que él también tenía sus dudas, aunque estaban dirigidas hacia otro lado. No quería mostrar indicios de inseguridad, pero no podía evitar que éstas se albergaran en su ser. Especialmente porque no el tema a discutir no era nada fácil; la guerra siempre era un tema delicado y él, que era un pacifista, prefería evitarla a toda costa.

Pero tampoco podemos olvidar a aquellos que perdimos en la gran guerra de hace 6 años. Había amargura en sus pensamientos. Tantas vidas perdidas, tantos prisioneros separados de sus familias, pero sobretodo, la traición de Génesis les había dolido a todos los reinos de Inazuma. Tenían motivo para luchar. Y ese motivo les daba fuerzas.

Recuperarían lo que era suyo.


No supo en qué momento se quedó dormido. La conversación que mantuvo con Pandora se cortó rápidamente y aunque había logrado dormir en el trayecto desde Epsilón hasta Génesis, se vio inmediatamente derrotado por la situación. No tardó en caer dormido sobre el frío suelo de roca, apenas cobijado por una mísera manta roída y sucia que encontró en una esquina de su pequeña prisión, y al despertar sintió todo su cuerpo adolorido por la dureza de su nueva "cama". Al comenzar a orientarse y saber nuevamente dónde se encontraba, se forzó a sí mismo a respirar hondo y recitar ciertos mantras que se le habían enseñado de pequeño para hundirse en la meditación, intentando evitar que el pánico volviera a cegarlo y bloquearlo como había ocurrido el día anterior. Le resultó más difícil de lo que esperaba, pero tras largos minutos que no pudo cuantificar, la tormenta que se desataba en su interior comenzó a aquietarse y pronto se vio inmerso en un estado estacionario que le permitía desconectarse del núcleo de sus emociones.

Con la espalda apoyada en la muralla y los ojos entrecerrados, Midorikawa se dejó llevar por aquella sensación que le resultaba tan placentera y poco a poco normalizaba su respiración hasta que la misma comenzó a tomar un ritmo considerablemente más lento del normal. Daba inspiraciones profundas y luego espiraba de manera lenta y acompasada. En su mente, antes turbada, ahora parecía correr lentamente una brisa que permitía despejar los nubarrones de angustia y terror que poblaban su mente, cegándolo y confundiéndolo, dejando salir a la luz de la consciencia los pensamientos coherentes de manera lenta y segura. Poco a poco, como recuerdos muy lejanos, memorias de su infancia comenzaron a inundar su mente e inconscientemente una sonrisa se dibujó en su rostro. No era ni tan amplia ni esplendorosa como solía ser cuando era más pequeño, pero era un pequeño atisbo de ella; una sonrisa verdadera.

Frente a sus ojos cerrados, la imagen del palacio de Gemini Storm se iba volviendo más nítida con el pasar de las respiraciones. Las personas también iban apareciendo, ocupando cada rincón del gran castillo. Reconoció a cocineros y sirvientas, pajes y jardineros. En su mente ellos sonreían con alegría para él, dedicaban ojos amables a su hermosa madre y reverencias respetuosas y llenas de admiración por su padre. Todo era perfecto. Era su paraíso, su lugar feliz, donde podía hundirse sin temor a ahogarse en el miedo y el pánico que incitaba su nueva situación.

¡CLANCK!

El ruido de un pesado candado abriéndose logró sacarlo de su lugar feliz, sobresaltándolo ligeramente. Sintiendo sus emociones descarrilarse rápidamente, se obligó a respirar profundamente y repetir los mantras en su mente para calmar a sus hipersensibles sentidos.

Esto es necesario, completamente necesario se repetía en un rincón de su mente. Lo haces por tu familia, por tu pueblo, por tu reino pero los mantras resultaban más tranquilizadores, por lo que forzó a su mente a dejar de pensar y a hundirse en la meditación.

Seguido del candado abriéndose, le siguió el ruido de pisadas descendiendo por los escalones que él mismo había bajado el día anterior. Eran pisadas ligeras y apresuradas, demasiado rápidas e insonoras como para pertenecer a algún guardia en armadura. ¿Algún sirviente quizás? Podría ser que fuera la hora de alimentar a los prisioneros, tal y como él y Hiromu se encargaban cuando estaba aún en Epsilón, pero este nuevo sujeto parecía estar con demasiadas prisas como para encargarse de algo que tomaba mucho tiempo, especialmente en Génesis que debían de haber una cantidad considerablemente mayor de prisioneros teniendo en cuenta que ellos habían sido, dentro de todo, los ganadores de la guerra de hacía seis años.

Pssssst —escuchó. Era un sonido muy bajito, casi como un susurro, pero gracias a los mantras había logrado recuperar parte de sus agudos sentidos y pudo escucharlo perfectamente—. Pssssst. Atsuya —oyó y esta vez pudo reconocer un débil timbre masculino en la voz.

Procurando mantenerse quieto, siguió escuchando el desarrollo de tan curioso e inesperado evento. No alcanzó a oír el crujir de las duras mantas del prisionero de cierta celda no muy alejada de la suya propia, pero pudo oír sus pasos acercarse a los barrotes y su voz quebrada por el poco uso, pero sorprendentemente fuerte. No podía creer que un prisionero que seguramente llevaba como mínimo tres años allí encerrado pudiera hablar con tanta fortaleza. Era como si aún albergara algo de esperanza en su interior.

— Te he dicho que no vengas. Te podrían descubrir —había un dejo de regaño en la voz, pero también gratitud.

— Te traje un poco de comida —respondió la otra voz, débil en comparación con la del prisionero.

— Que no es necesario, Shirou. Puedo aguantar esto y más por la princesa —dijo con un poco de orgullo que perdía un poco su tono por la voz rasposa.

Hubo un breve silencio— No digas eso, hermano. Sé que te han condenado a una semana sin alimento por desobediencia —Midorikawa se sorprendió al oír aquello. ¿Una semana? Imaginando el estado de un prisionero normal, una semana sin comida era prácticamente una condena a muerte—. Por favor, déjame ayudarte. Es lo único que puedo hacer por ti.

Un suspiro exasperado y el sonido de algo crujir suavemente.

No hubieron más palabras, pero por el silencio que había estaba seguro que los hermanos no se habían separado. Sintiéndose un intruso por estar espiando su conversación –poco podía hacer contra ello, pues las celdas estaban completamente en silencio volviendo fácil el oír cualquier cosa– se movió con sigilo hacia la parte más oculta de su celda, lejos de los barrotes, queriendo evitar oír lo que seguiría. No quería aceptarlo, pero una sensación que hacía mucho que no sentía comenzó a bullir en su interior.

Celos.

No podía evitarlo. Escuchar a aquel par de hermanos, que no tenía idea qué aspecto tenía o cómo habían acabado en esa situación, uno libre y otro atrapado, le hacía pensar en la propia familia que él había perdido. Rememoraba el rostro de sus progenitores y sentía su ausencia pesarle en el corazón. Su maestro, los sirvientes, sus amigos… todo lo había perdido. Incluso había perdido a Osamu ahora que había sido llevado por la fuerza lejos de Epsilón tras perder la apuesta del juego. Estaba solo en el mundo y oír al par de hermanos era como si el maldito destino le estuviera restregando su soledad en la cara. Sintió sus ojos escocer, pero previendo las lágrimas, cerró con fuerza los ojos y volvió a recitar mentalmente mantras, intentando evitar que las traicioneras gotas saladas cayeran por sus mejillas, delatando su sentir.

¡CLANCK! ¡CLANCK!

Un jadeo. Seguramente era del hermano libre.

Pasos apresurados, literalmente corriendo. Una mínima luz que provenía de una lámpara de aceite que iba muriendo por la falta de combustible oleoso. El muchacho fuera de las celdas volvió a jadear, reconociendo a la persona, pero apenas abrió la boca el susodicho se la tapó con su enguantada mano libre, callándolo. Intercambiaron una mirada conocedora y, a regañadientes, el muchacho llamado Shirou tomó las llaves que colgaban lejos de cualquier celda mientras el recién llegado terminaba por apagar la lámpara, impidiendo que Midorikawa pudiera apreciar su físico cuando pasara por frente su celda. No intercambiaron palabras, pero parecían entenderse bien, puesto que cuando oyeron ruidos al exterior de las mazmorras, el muchacho se apresuró a abrir una celda al azar y el misterioso recién llegado se apresuró a entrar, dejando la lámpara de aceite apagada en el suelo y pegando su propio cuerpo contra la pared, guardando el más profundo de los silencios.

Shirou no cerró la celda, pero dejó todas las llaves donde estaban y también se escondió, pero él bajo las escaleras, justo a tiempo para cuando alguien abrió la única puerta que permitía el acceso a las mazmorras. La figura de un mayordomo se asomó, algo rechoncho, moreno y con arrugas de edad en el rostro. Observó con ojos escrutiñadores lo poco y nada que se veía por la pésima iluminación de las mazmorras, terminando por cerrar la puerta de madera a sus espaldas y con un aire de desconfianza, marchándose del lugar permitiendo que sus pisadas se oyeran morir desde donde Midorikawa se refugiaba. Pasaron unos cuantos minutos, pero no hubo otro sonido, por lo que Shirou se asomó tímidamente desde bajo la escalera para confirmar que no fueran a abrir la puerta inesperadamente. Nada ocurrió y se sintió seguro de salir de su escondite.

— Ya puede salir —dijo bajito, pero audible dentro de las mazmorras.

Un suspiro y una voz ligeramente risueña le respondió— Esa estuvo cerca. Gracias, Fubuki-kun —agradeció. Su voz lo delataba como un muchacho joven, posiblemente cerca de los dieciocho años por tener ya la voz cambiada.

— Algún día me condenarán por esto, ¿lo sabe? —dijo el de voz más débil, yendo por las llaves que reposaban en lo alto de la pared. Debía ponerse de puntitas para alcanzarlas.

— No si yo lo evito —casi pudo oírse el guiño que le dedicó al otro.

Se agachó a tomar la lámpara apagada y mientras salía de la celda en la que se escondió se detuvo un momento, girándose para mirar al prisionero cuya celda había invadido tan apresuradamente. Por la oscuridad no se podía apreciar bien, pero una sonrisa tenue decoró su rostro mientras su cabeza se inclinaba mínimamente en forma de respeto.

— Disculpe la intrusión —fue todo lo que dijo antes de salir. Shirou cerró nuevamente la celda y ambos abandonaron las mazmorras.

Midorikawa estaba literalmente congelado, sentado en el suelo de su fría celda de piedra. Cuando la puerta de su prisión había sido abierta, tuvo que ahogar un grito al ver la sombra de una persona inmiscuirse inesperadamente en su pequeña celda. No habían estado cerca realmente; cada uno en una esquina; la luz tampoco era buena para verse los rostros, pero permitiendo que sus ojos se relajaran para poder ver con más claridad dentro de aquella profunda penumbra, el derrocado príncipe poco a poco pudo distinguir algunos pocos colores entre la oscuridad, sorprendiéndose al verlos pues los reconoció de manera inmediata.

Cabello rojo. Ojos verde azulado.

El rostro de una persona, de un muchacho que en un futuro sería rey, se asomó por su mente. Congelándose frente a sus ojos la imagen permaneció allí y cuando el otro habló, sus sospechas habían sido confirmadas, dejándole una sensación fría y asfixiante en la garganta que sólo podía catalogar como desagradable. Había miedo en él, un feroz miedo incontrolable, que envió literalmente todos sus esfuerzos y su meditación al carajo.

Quien había entrado a su celda había sido el príncipe del gran reino de Génesis.

Gran.

Continuará~


Si leíste hasta aquí, muchas gracias~

N/A: Gracias por mantener aún interés por esta historia. Disculpen la eterna demora, no prometo nada para el próximo capítulo, pero esperemos que la señora inspiración me pille escribiendo mientras trabajo en el próximo capítulo. (Lo gracioso es que tengo toda la historia planeada y aún así se me va la inspiración… o mejor dicho, es reemplazada por otras ideas para el fandom de "El Origen de los Guardianes" y "Kuroko no Basket" OTL).

Gracias a Pau-Chan Espitia, Yuki-chan y Guest por sus comentarios! Si no fuera por ustedes, no habría ni querido actualizar por flojera...