Finalmente aquí tengo otro capítulo del pasado de nuestra Malfoy, poco a poco iremos formando la historia de como este par de tontos se conocieron y enamoraron. Hay tanto drama, acción y peleas que quiero escribir de ellos. Aalsklaksñlaksl... Adoro las relaciones complicadas. Por cierto, los que se pregunten por qué Roxanne entró en segundo año y no en primero a Hogwarts se explicará más adelante.
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El vagón del tren se balanceaba con suavidad mientras avanzaba entre las verdes colinas. La pequeña rubia tenía la mirada perdida en el paisaje de la ventana, con un aire lejano, ese que solo se posee al perderse en tus pensamientos. "¡Ninguna Malfoy será una patética Hufflepuff, ni mucho menos una sucia Gryffindor!". El grito de su padre durante su ultima cena en la mansión aun resonaba en su memoria y, al igual que el ardor en su mejilla, se negaba a desaparecer. Los oscuros ojos de la chica se entrecerraron con frialdad perdiendo el brillo que usualmente tenían. Siempre había discutido con Abraxas pero hasta esa noche nunca le había puesto un dedo encima, al menos no fisicamente. Agradecía a Merlín las pociones que su madre había usado en su piel, de lo contrario juraría que ahora tendría un encantador tono violeta que gritaría a los cuatro vientos lo funcional que era su familia. Resopló con fastidio, pero claro, como su madre siempre decía "Los Malfoy no podemos darnos el lujo de un escándalo así".
— ¿Quieres algo del carrito cariño? — La suave voz de la anciana le hizo dar un pequeño salto, tan metía estaba en sus pensamientos que no la había notado hasta ahora.
— Gracias, pero estoy bien así — La mujer de cabello cano asintió con una suave sonrisa antes de retirarse y Roxanne volvió su vista a la ventana.
El vagón que ella ocupaba estaba vacío, ni siquiera su hermano le acompañaba a pesar de ser su primer año en el colegio. No le extrañaba, Lucius hace mucho que había seguido el mismo camino que su padre. Esa enfermiza obsesión por la pureza de sangre había acabado con la poca relación entre ellos. Su madre tampoco distaba mucho de ello, lejana y fría como él hielo, Roxanne sabía que para ella no era más que una muñeca, un simple adorno en la familia. Frunció el ceño con molestia, un sabor amargó se acentuaba en su boca cada que pensaba en eso, pero hay verdades de las que uno no podía escapar por más duras que fueran. El sol comenzaba a ocultarse y la pequeña rubia sabía que debía cambiarse no sin antes ponerle seguro a la puerta. La tela del delicado vestido y suéter se deslizó por la blanquecina piel con suavidad la cual pronto fue cubierta por el uniforme de Hogwarts. "Ya es suficientemente malo que seas mujer…" Acomodó los platinados cabellos tras su espalda aunque eso no evitó que un travieso mechón cubriera sus ojos como de costumbre. Observó su reflejo en la ventana con una pequeña mueca. Se sentía rara así que intento imaginarse con los colores de las diferentes casas. "Te lo advierto Roxanne, sino te seleccionan Slytherin olvídate de la escuela, pasaras los días en la mansión limpiando junto a los inútiles elfos…" Un suspiró escapo de sus labios buscando alejar la pesadez que se había instalado de nueva cuenta en su pecho sin mucho éxito ¿Cómo debía sentirse en ese momento? ¿Qué debía hacer? ¿Acaso estaba mal querer liberarse de un apellido que ella nunca quiso? Esas y millones de preguntas más se sumaban a la maraña de pensamientos que comenzaba a provocarle un horrible dolor de cabeza.
Un golpeteó en la puerta la sacó nuevamente de sus cavilaciones. Solo en ese momento notó que él tren se había detenido y un inevitable vació apareció en su estomago. Mordió su labio inferior con fuerza, el corazón latiéndole nerviosamente. Cada segundo que pasaba, cada paso que daba la acercaba al gran comedor donde se haría la selección de casas ¿Qué elegir? Esa era la pregunta que se repetía una y otra vez en su cabeza desde que había puesto un pie fuera del tren. La bienvenida y el pequeño recorrido hacia el comedor se le antojó demasiado corto para su gusto. Antes de que lo notara ya estaba atravesando las mesas junto con los otros estudiantes. El techo encantado mostraba un calmo cielo nocturno, tan diferente de la tormenta que sentía en su interior. Era una suerte que en sus escasos doce años de vida hubiera aprendido a disimular muy bien lo que en realidad le sucedía. El primer nombre salió de los labios de la profesora Mc Gonagall y ella no pudo evitar tensarse. Por si no fuera suficiente con la presión que ya tenía le harían pasar junto con los estudiantes de primero a pesar de que ella entraría en segundo año. Uno a uno los chicos pasaron al frente siendo repartidos entre las cuatro casas, fue entonces cuando escuchó su nombre.
— Roxanne Malfoy… — La chica se tensó por segunda vez dando un respingón antes de pasar al frente. El corazón reanudó su acelerada marcha y al parecer el vació en su estomago había decidido torturarla nuevamente. Mordió el interior de su mejilla para mantener la calma en cuanto se sentó en el pequeño banco y el viejo sombrero fue puesto en su cabeza.
— ¿Una Malfoy? — Murmuró el sombrero con sorpresa — No es muy común ver descendientes mujeres de tu familia… Bien, no puedo desperdiciar esta mente tan valiosa… ¿Dónde te pondré? —El sombrero murmuraba por lo bajo moviendo sus solapas levemente sobre su cabeza — Eres todo un caso niña… Astuta y determinada como las serpientes, anhelas grandeza, pero hay más, veo en ti honor y un coraje que yace oculto en lo más profundo de tu corazón... Tu sed de conocimiento también es notable y la nobleza de tu espíritu no puede pasarse por alto… ¿Dónde te pondré? ¿Slytherin, Gryffindor?... — Repitió el sombrero mientras debatía, indeciso.
La pequeña rubia estaba muriendo de nervios por más sereno que su rostro pareciese. ¿Qué elegir? La pregunta se repetía de nuevo en su cabeza. Estaba claro que ella no quería ser una Slytherin, solo debía abrir la boca y pronunciar la casa que en realidad quería. Si el chico Black lo había hecho hace un año ella también podía ¿Verdad? Bastaba con decirlo una vez, Gryffindor, no era tan difícil. La rubia también quería que los leones la recibieran con la misma alegría y calidez con la que habían recibido al Black. Estaba cansada de las sonrisas falsas y miradas frívolas que reinaban en la mesa de verde y plata, las mismas que recibía en casa. Eso no estaba mal ¿O si? Hacer por una vez en su vida lo que en realidad quería sin importar las consecuencias.
— Gry… — Su voz se apagó cuando la penetrante mirada de Lucius chocó contra la de ella. El brillo peligroso y severo en los oscuros ojos de su hermano la cógelo por un segundo. "Te lo advierto Roxanne, sino te seleccionan Slytherin olvídate de la escuela, pasaras los días en la mansión limpiando junto a los inútiles elfos…" De nuevo las palabras de su padre resonaron en su mente con el mismo tono sombrío y furioso de aquella noche. Era un ultimátum y Abraxas siempre cumplía su palabra, Lucius solo estaba recordándoselo.
— ¿Has dicho algo niña?... — El sombrero preguntó bajando un poco las solapas, lo suficiente para cubrirle los ojos. La rubia agradeció eso, así no notarían el brillo ligeramente acentuado de sus orbes oscuros por las lagrimas contenidas. Mordió su labio con fuerza tragándose el nudo en la garganta antes de sonreír con amargura.
— Slytherin… — Susurró por lo bajo, casi con temor de ser escuchada
— ¿Estas segura?... Todo esta aquí en tu cabeza, niña… —
— He dicho que Slytherin… — Interrumpió al sombrero con voz firme mientras apretaba los puños con frustración. Estaba condenándose y lo sabía, la sonrisa satisfecha de Lucius se lo confirmaba — Soy una Malfoy, ambos sabemos que es ahí donde pertenezco… — Se obligó a sonreír con falsa arrogancia, una que no alcanzó para tapar la tristeza de los ojos ónix de la chica.
— Si eso es lo que quieres… ¡Slytherin!... — Tan pronto el Sombrero anunció en una exclamación bajó del banco con lentitud para dirigirse a su mesa con disimulado pesar y curiosamente sus ojos chocaron con los brillantes de Sirius por un segundo. La chica le sonrió entonces con resignación no sabiendo si le tenía envidia o le admiraba. Estaba hecho, ya no podía dar marcha atrás, había dejado ir su oportunidad, una que no tuvo el valor de tomar a diferencia de él…
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