Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, es de propiedad de Hiro Mashima.

...

Erza volvía de la casa de Natsu. Ella sabía lo mal que lo debían estar pasando él y Juvia. Ella podía asegurar haberse sentido de la misma manera aquella vez que Jellal le dijo que ya tenía a alguien más en su corazón, bueno casi de la misma manera. A ellos lo traicionaron, a ella la rechazaron. Casi.

La pelirroja pensó en ir a los dormitorios de Fairy Hills, no había sabido nada de Juvia desde el día anterior.

Al llegar subió las escaleras a paso tranquilo. Estaba pensando en los posibles estados en los que se podría encontrar la peliazul.

—Puede estar llorando a moco tendido... no, estaría lloviendo ahora mismo —pensaba en voz alta Titania.

Cuando por fin llegó frente a la puerta de la maga de agua dudó sobre si tocar o no. Sabía que estaba mal meterse en los problemas de los demás, en este caso de Natsu, Lucy, Juvia y Gray, pero aun así no podía evitar preocuparse. ¿Y si aquella peliazul había cometido alguna estupidez. O peor, ¿qué si la maga se aislaba y volvía a ser aquella Juvia miembro de Phantom Lord?

Tenía que evitar ambas opciones de cualquier manera.

Luego de reflexionar unos segundos, se decidió por llamar a su puerta.

Esperó, esperó y esperó. No se oía nada del otro lado.

—¿Juvia? —llamó golpeando la puerta nuevamente.

Silencio.

El miedo se acumulaba más y más en el pecho de Erza. Puede que si haya hecho alguna estupidez y ninguno haya estado allí para impedirlo.

—Juvia —Volvió a llamar, con la voz un poco más cargada de desesperación.

Cuando escuchó un estruendo dentro de la habitación y un leve quejido, suspiró con alivio.

Pocos segundos después, apareció una Juvia con el cabello hecho un nido de pájaros y con la ropa del día anterior.

—Erza-san —dijo Juvia mientras la miraba con esos ojos azules, ahora hinchados tanto por el sueño como por el llanto.

—Juvia, vine a verte. ¿Puedo pasar? —preguntó Erza. Juvia asintió y se alejó un poco, dejándole espacio para entrar.

—Tome asiento, Erza-san, prepararé un poco de té —dijo Juvia mientras se dirigía a un rincón dónde estaba una pequeña estufa con una pava encima. La pelirroja obedeció y se sentó alrededor de una mesita ratona.

Erza miró a su alrededor. La habitación estaba casi vacía, exceptuando un rincón el cual se encontraba lleno de cosas y peluches iguales a Gray hechos un lío.

—Aquí tiene, Erza-san —dijo Juvia entregándole una taza de té y sentándose frente a ella.

—Gracias Juvia —agradeció. Dio un sorbo y miró a la peliazul. Realmente parecía un zombi. —¿Cómo estás?

Juvia se sobresaltó ante la inesperada pregunta, pero de inmediato bajó la mirada.

—¿Cómo cree que Juvia está, Erza-san? —dijo y sonrió un poco triste. Erza la miró con lástima. —No mire a Juvia así, Erza-san. Juvia está intentando con todas sus fuerzas no volver a caer en ese agujero negro en el que estaba antes.

—Lo sé, y créeme si te digo que, si tienes algún problema o alguna inquietud, siempre puedes venir a hablarlo conmigo. O simplemente puedes desahogarte todo lo que quieras, estoy aquí para apoyarte, no para juzgarte —comentó Erza sonriendo. Juvia vio en ella una especie de aura maternal que nunca sintió, que no pudo evitar que lágrimas salieran de sus ojos sin poder pararlo.

Titania solo se acercó a ella y la abrazó, siendo correspondida por la peliazul. Ninguna habló, solo se mantenían abrazadas. Juvia lloraba en su pecho, mientras Erza acariciaba su cabello y su espalda de forma protectora.

—Juvia... Juvia tiene miedo, Erza-san. Todos siempre terminan dejando a Juvia. ¿Acaso Juvia no es suficiente? ¿En qué se equivoca? No lo entiendo —sollozó Juvia mientras intentaba calmar su respiración y controlar las lágrimas que seguían saliendo de sus ojos.

—Juvia, no digas eso. Eres más que suficiente, el problema está en las personas que no saben valorar lo que tienen —dijo Erza.

—P-pero...

—Pero nada, si hay alguien que no supo valorarte, tienes a una familia que te quiere y te ama por lo que eres. Fairy Tail es esa familia, que no se te olvide —decía Erza. Juvia solo escuchaba atenta sus palabras, mientras soltaba pequeños hipidos. —Así que mañana ven al gremio y muestrales esa hermosa sonrisa que tienes. No te derrumbes por cosas sin importancia.

—Juvia se lo agradece, Erza-san —susurró Juvia mientras limpiaba sus lágrimas con las mangas de su abrigo.

—No hay problema, Juvia —respondió Erza sonriendo con ternura. —¿Quieres que te ayude a tirar eso? —preguntó apuntando al "rincón de Gray".

Juvia pareció pensarlo, y justo cuando Erza estaba por decirle que no importaba si no quería, asintió.

—Bien, pues manos a la obra —dijo Titania con una sonrisa, mientras se paraba y extendía una mano a Juvia para que la imite.

Ambas chicas pasaron el resto de la mañana tirando todo. Cuando terminaron, la habitación lucía mucho más amplia y, por supuesto, más vacía y solitaria.

—Creo que Juvia irá de compras —dijo la peliazul con una sonrisita.

—Deberías. Te acompañaría, pero Mira me pidió que le ayude en el gremio. ¿Te molesta? —preguntó Titania.

—Para nada, Erza-san. Creo que ir sola ayudaría a Juvia a concentrarse más en su objetivo —dijo la maga elemental, recibiendo como respuesta un asentimiento de parte de la pelirroja.

—Bien, entonces buena suerte —dijo Titania con una sonrisa y salió de la habitación. Luego volvió y agregó —Espero que pienses en aparecer en el gremio mañana, alegrarías a muchos.

Juvia asintió y Erza por fin se pudo ir.

La de ojos azules suspiró y fue a por un cajón, donde tenía sus ahorros escondidos.

—Creo que por fin podré gastarlos en otra cosa que no sea Gray-sam... san —susurró Juvia, tomó la bolsa con jewels y la dejó en la mesa para poder irse a preparar.

Cuando estuvo lista salió de la habitación, y así, de Fairy Hills.

Caminó por las calles de Magnolia hasta llegar a la zona comercial. El lugar estaba bastante lleno, pero eso no le impidió a la peliazul avanzar.

Miraba los escaparates de las pequeñas tiendas, de los bazares y se permitía ver alguna que otra tienda de moda.

Vió unos preciosos cuadros en un bazar. Ni muy grandes, ni muy chicos, pero perfectos oara decorar su habitación.

Entró en el local y fue directo al vendedor.

—Buen día, señorita ¿En qué le puedo ayudar? —dijo el hombre que atendía.

—Juvia ha visto unos cuadros en el escaparate —dijo la joven peliazul.

—Oh, sígame. Esos cuadros son realmente antiguos, sus marcos están hechos de madera de un árbol que ya no existe... —Juvia iba a seguir escuchando al vendedor, pero unos gritos al otro lado del local la distrajeron.

—¡Demonios! Y yo que creía que no valdría tanto. ¿Puede hacerme una rebajita? —preguntó un joven de cabellera dorada frente al mostrador.

La chica que lo atendía sonrió un poco incómoda.

—Lo siento señor, pero me es imposible hacer eso —respondió con educación.

—Lector ¿por casualidad no tienes unos cuantos jewels más? —preguntó el joven.

El pequeño gatito buscó en los bolsillos de su chaleco, mas no encontró nada.

—Lo siento Sting-kun, pero no tengo nada —respondió el gatito.

Juvia, al escuchar el nombre, cayó en cuenta que era el maestro de Sabertooth, Sting Eucliffe.

Ya había pasado bastante tiempo desde que se vieron por última vez. La única vez que hablaron fue en su batalla en los Grandes Juegos Mágicos.

—Oh rayos, y yo que necesitaba este precioso centro de mesa —dijo Sting haciendo un puchero de forma infantil.

—¿Que le parece, señorita? El precio no es tan elevado —dijo el vendedor tratando de influir en Juvia para que compré aquellos cuadros.

—Los llevo —dijo y se acercó al mostrador, seguida del señor.

—Joder, ahora solo tendré que esperar a que llegue Rogue y pague lo que falta —murmuró Sting a Lector mientras se rascaba la nuca.

—Serían 30000 jewels, señorita —dijo el señor.

Juvia le pagó y tomó la bolsa con los cuadros. Miró a un lado, donde estaba Sting tratando de negociar con la empleada, pero parece que no le estaba saliendo muy bien.

Respiró profundo y se acercó al rubio. Tocó su hombro un poco tímida y el chico se dio vuelta alterado.

—Sting-san, si quiere, Juvia podría pagar lo que le falta —ofreció de manera tímida la maga elemental.

—Oh, enserio no hace falta Juvia-san, estamos llegando a un acuerdo ¿No es así? —preguntó a la empleada y está negó lentamente.

—Insisto. ¿Cuanto le falta?

—1900 jewels —dijo la empleada. Juvia sacó ese dinero y se lo entregó.

—Gracias por su compra, vuelva pronto —dijo la chica.

Ambos magos salieron del lugar acompañados del pequeño exceed.

—Enserio le devolveré el dinero, Juvia-san —dijo Sting un poco apenado.

—Está bien, tome esto como un pequeño regalo —dijo Juvia con una sonrisa.

—¿Va al gremio? —preguntó Sting curioso.

—N-no. Juvia no ha ido al gremio últimamente —dijo Juvia y Sting pudo notar un pequeño cambio en la voz de esta. Iba a preguntar, pero prefirió quedarse callado.

—¿Quiere que le ayude con eso? —preguntó Sting. Antes de que Juvia contestará, le arrebató los cuadros y los llevó él.

—No hace falta, Sting-kun. Puedo sola —murmuró Juvia.

—Tómalo como una muestra de agradecimiento —Le guiñó el ojo y empezó a caminar.

—Guíanos, Juvia-san —dijo Lector.

—E-está bien —susurró Juvia y caminó a la par del rubio.

Mientras se iban perdiendo entre la multitud, una persona había visto todo y ahora observaba con una sonrisa por donde el trío se fue.

—Ara, ara.

•••

Hola

Lamento la demora, pero aquí está.

Espero les guste.

Gracias por sus reviews, me dan mucho ánimo a seguir con esta historia.