Capítulo 4: el Momento Decisivo 1 Parte
Otra mañana que llegaba a Céfiro y en el comedor todos a excepción de Anaís fueron llegado. Como era costumbre los primeros en llegar fueron Guru Clef y Latis, luego llegaron Ascot y Presea y enseguida de ellos arribaron Rafaga, Caldina y por último Paris.
—¡Wow! Guru Clef no fue una buena noche por lo que veo — comentó la más imprudente de las mujeres —¿Marina no paso la noche contigo acaso?
El mago respiró profundo, ya era hora de resignarse, así le diera miles de coscorrones a la bailarina ella nunca iba a cambiar.
—Querida...— Rafaga tomó la mano de su esposa mientras le sonreía indicándole que mejor guardara silencio.
—Está bien… pero, ¿y dónde están las niñas?— preguntó mirando a su alrededor.
—Caldina, ellas están un poco demoradas porque están alistando sus cosas — dijo el mago con seriedad.
—¿Se van? — la bailarina cambió el tono de su voz por uno lleno de tristeza.
Paris dirigió su mirada a su plato como si fuera lo más importante, no quería encontrarse con la mirada triste de nadie, sabía que más de uno esperaba su reacción en ese momento.
—Eso espero Marina... es lo último que te digo — dijo Lucy apareciendo junto con su compañera.
—¡Que si! ya deja la paranoia — Marina le hizo señas para que no hablara más.
—¡Buenos días a todos! — saludaron las dos guerreras con una sonrisa.
—¡Marina! ¡Lucy! — Caldina se levantó y las abrazó —. Mis niñas que gusto verlas, pensé que ya se habían ido y que nunca iban a volver — indicó con drama.
—Nada de eso, es sólo que estábamos solucionando un problema y pues… — Marina bajó la mirada —tú me entiendes.
—Triste… muy triste te digo de corazón —afirmó tomando de nuevo su puesto.
Las guerreras se miraron resignadas y luego se dirigieron a sus respectivos puestos.
—¿Cómo esta Anaís? — le preguntó telepáticamente Clef a su novia.
—Mi cielo, ella no quiere recapacitar, sí reconoció que comentó un error pero hasta ahí, además anoche…
—Sí, ya lo sé — dijo colocando su mano en su frente en señal de preocupación.
La peliazul lo tomó de la mano mirando con preocupación a lo que este contestó con un gran beso.
Paris al verlos no pudo evitar sentir envidia, en la mesa todos a pesar de estar tristes y preocupados por lo que pudiera pasar con las guerreras mágicas se veían enamorados. Su dolor comenzó a carcomerlo de nuevo, con desesperó miró el lugar que ella solía ocupar.
—¿Por qué Anaís? ¿Por qué me abandonas y acabas con este amor? — se dijo mentalmente, nunca había vivido una situación tan difícil y a decir verdad la extrañaba como nunca.
Sobre la cama estaba una especia de maleta con varios objetos y accesorios. Sus amigas le habían pedido que tomara todo con calmada pero ella se había levantado muy temprano y había decidido no darle más esperar a lo inevitable. Sus ojos a veces derramaban lágrimas, pero no le importaba. Ya no había nada que hacer.
Anaís abrió el armario y comenzó a mirar los atuendos, algunos eran demasiados extraños otros no tantos.
—¿Y de aquí que me voy a llevar? — se preguntó con nostalgia. De verdad que nunca se hubiera imaginado irse de Céfiro de esa manera.
Un largo suspiró escapo de su boca mientras miraba su ex habitación.
—¡Bienvenida a tu habitación! — exclamó Caldina con emoción.
La rubia miraba sorprendida todo, era un hermoso lugar, con una gran cama, un pequeña mesa de extraña forma junto a esta, junto enfrente estaba un peinador con diferentes y extraños adornos y a un lado el armario. La habitación además contaba con unas grandes ventanas y un balcón que daba a unos de los tantos y bellos jardines del castillo.
—Caldina esto es…
—Increíble — completó la morena —. Paris me pidió el favor de que les diera a ustedes las mejores habitaciones del castillo.
Con amargura apretó uno de los vestidos.
—Tú habitación es mucho espaciosa que la mía — comentó el peliverde mientras se recostaba en la cama de su novia —. La próxima vez que vengas esta ya no va a hacer tu habitación sino la mía.
La chica sonrió y dejó de fingir que dormía — estás loco.
—¿Que no se suponía que dormías? — le preguntó mirándola—. Se supone que estoy aquí para cuidarte — señaló con preocupación.
—Sí, pero ya te dije que estoy bien, la pócima que me dio Guru Clef me hizo bien ya no tengo dolor de cabeza — dijo recostándose sobre el pecho de su novio—. Aún así, si quieres quédate.
Paris con delicadeza empezó a acariciarle el rostro y la cabeza a Anaís mientras que ella lo cubría con la frazada — por mí me quedaría toda la vida así.
Tomó los pañuelos sobre el peinador y se limpió las lágrimas. Le dolía recordar, Paris era la persona más tierna y especial que jamás había conocido. Él se había portado tan bien mientras que ella simplemente había trapeado el suelo con él sin compasión.
—¿Cuándo pensabas decirme la verdad Anaís? — le preguntó su hermana.
—Lulú, si yo no te dije nada es porque es difícil — contestó en medio de lloriqueos —. No creas que no te tengo confianza.
—Aja como sea — indicó con fastidio —. Yo siempre supe que tenías algo bien guardado pero mi mamá me decía que no que era imposible, pero ya ves tenía razón.
—Por favor Lulú no le digas nada a mis papás.
—Claro que no, pero pues no se... esto es un poco complicado y difícil de creer, no se Anaís tarde o temprano tienes que ser sincera — dijo y enseguida salió de la habitación de su hermana.
Se sentó en la cama y buscó en su maleta la piedra mágica y el anillo — ay Paris, ¿qué voy a hacer sin ti?
Sin decir absolutamente nada se levantó de la mesa una vez terminó de desayunar.
—Yo no sé si culparlo o sentir lástima de él — indicó Caldina una vez Paris se fue —. O si sólo decir que Anaís es una desalmada.
—Aquí los dos tiene la culpa Caldina — dijo Presea —, nadie actúa porque sí, pero si opino que deberían hablar para que no queden resentimientos.
—Nosotras le dijimos eso a Anais pero ella está convencida de que Paris no la va a querer escuchar, además él anoche cuando la encontró en la cocina le dijo que tenía hasta hoy para irse — señaló Lucy.
—Pero es que yo lo entiendo, Anaís se portó muy mal y bueno que esperan — comentó Ascot.
Marina volteó a mirar a Guru Clef buscando alguna respuesta. La guerrera del agua no era que se caracterizara por su optimismo.
—Yo lo siento por ustedes, pero como están las cosas prefiero compartir mí tiempo con mi Lucy — dijo Latis agarrando la mano de su chica.
La pelirroja volteó a mirar a su amiga como si le estuviera pidiendo permiso.
La peliazul le sonrió, no quería ser egoísta, si Guru Clef no hacía algo era el final de todo. Ella también quería pasar el todo el día al lado de su hombre.
—Vamos Marina — dijo de repente el mago —. Hoy quiero estar contigo.
—Pero mi cielo mira como estas necesitas descansar.
—Sí, pero no importa, tengo la solución a todos los problemas — señaló levantándose y llevándose a la guerrera.
—Bien al parecer todos van a salir del castillo mi querido Rafaga — afirmó mirando a su esposo.
—Ay querida yo quisiera decirte que pasemos el día juntos, pero me comprometí con Ascot a hacer unas cosas.
Caldina torció lo boca y miró a su entrañable amiga.
Presea le sonrió— está bien acompáñame, tengo que ir a varias aldeas, necesito de algunos materiales.
Paris caminó por los pasillos castillo y subió las escaleras hasta llegar al piso donde se encontraban ubicadas las habitaciones de las chicas. Su roto corazón le estaba exigiendo que por favor le permitiera verla una vez más, la última antes de que se fuera a su mundo.
Al llegar a la enorme puerta volteó a mirar atrás esperando no ver a nadie, aunque estaba más que seguro que Lucy y Marina estarían con Latis y Guru Clef por largo tiempo.
—Ay Anaís como quisiera poder verte y hacer de cuenta que nada paso…
—Algo si tengo que reconocer y es que la chica que nos atendió estaba muy linda — dijo mientras recordaba la ocasión cuando con Ascot fueron a una aldea cercana o conseguir el dichoso alimento para las creaturas del ojiverde.
Ascot sonrió — si era una chica muy simpática y así lo niegues le gustaste Paris y yo diría que mucho.
—Menos mal fueron a comprar la comida — señaló Rafaga riéndose.
—Creo que eso era lo más lógico, no tengo la culpa de provocar tantas emociones en las chicas.
—Ay claro me imagino — dijo Anaís apareciendo de improvisto justo detrás del grupo de chicos.
Paris abrió los ojos y se dio la vuelta —Anaís… q-que… que bueno… qué bueno que estas aquí… ¿hace… hace cuánto llegaste?
La rubia lo miró con seriedad — hace un rato, pero tranquilo yo ya me voy para que puedas seguir hablando de tus conquistas — indicó dando media vuelta y siguiendo su camino.
—¡Anaís! —la llamó — espera no es lo que estás pensando.
—No me interesa, sigue contándoles tus aventuras — dijo mientras seguía su camino.
—¡Por favor! Déjame explicarte — le pidió deteniéndola en la mitad del pasillo.
—No quiero — se negó desviando la mirada —. El que es nunca deja de ser y ya me canse.
—No me digas eso, tú sabes que la única persona que me interesa y a quien amo es a ti.
—Paris no quiero, ni siquiera estuviste para recibirme ¡Déjame sola! — pidió mientras se dirigía a su habitación.
El peliverde cerró sus ojos. No era la primera vez que peleaban por algo así, él había decidido ser sincero con ella y contarle sobre sus andanzas antes de conocerla, haciendo que la rubia sintiera algo de desconfianza.
—Pero esa vez todo fue diferente, llegué hasta aquí y te golpee hasta que decidiste abrirme. No querías pelear — dijo mientras suspiraba.
—Por favor créeme, a mí sólo me gustas y me interesas tú — señaló mirándola desde la puerta.
—Paris… yo quiero creer en ti, es sólo que bueno... conociendo tu historial, no sé qué pensar — indicó cruzándose de brazos.
—Si fuí sincero contigo es porque quiero que esta relación funcione de verdad — el peliverde se aproximó.
Anaís lo miró fijamente — yo también quiero, pero es que entiéndeme, jamás he tenido novio y el sólo hecho de imaginarte al lado de otra me llena de ira.
El príncipe sonrió y la abrazó — eso jamás va pasar mi amor. Yo te necesito a ti para ser feliz.
—Te amo — dijo con algo de timidez. Ellos llevaban poco más de un año de relación.
—Cómo cambian las cosas, esta vez no sucederá lo mismo — susurró dando media vuelta, disponiéndose a regresa, pero en ese momento la puerta se abrió sorprendiéndolo…
Detrás de la enorme puerta salió la ex guerrera, la ex futura reina, su ex novia. Con algo de cautela la rubia miró a su alrededor temerosa de encontrarse con alguien, con él.
Al verla, Paris se escondió rápidamente tras un enorme pilar.
—Espero no tener problemas, de verdad que quiero recorrer este hermoso castillo por última vez — susurró emprendiendo su camino.
No pudo evitar sentir unas increíbles ganas de acercarse, Anaís extrañamente se veía muy hermosa o así lo veía él. No podía creer que estuviera tan cerca y a la vez tan lejos de él. Ella se iba a ir PARA SIEMPRE, su amada nunca más iba a volver. Otra vez volvería a sentirse solo, como cuando deambulaba sin rumbo fijo por Céfiro, renegando y refunfuñando por la vida que le había tocado, por no tener una familia, ni a nadie que lo quisiera o se preocupara por él.
La guerrera caminaba lentamente divisando todo, quería llevarse los más bonitos recuerdos de aquel lugar donde vivió tantas aventuras buenas y malas, donde tuvo la oportunidad de conocer a personas realmente increíbles que valoraban todo lo que era, donde fue heroína y admiraba por muchos, pero lo más importante y lo que jamás olvidaría era que en aquel mundo extraño había tenido la oportunidad de amar y ser amada por una persona que valía la pena, que era capaz de dar la vida por ella.
—Vamos saca fuerzas de donde no haya — se dijo al sentir que en su corazón se formaba un vacio —. Tú buscaste esto Anaís deja de arrepentirte. ¿Si te iba a doler tanto por qué no pensaste en eso aquella noche? — se preguntó mentalmente deteniéndose.
Paris que la seguía con mucha cautela se detuvo — ríndete, no vas a poder con esto, la necesitas para vivir — se dijo mientras la miraba con tristeza —. Si no fuera así, ¿por qué la sigues? ¿Por qué no quieres que se vaya? Tu vida está ligada a la de ella y así te duela y sientas lo que sientas, la amas.
Anaís cerró sus ojos y respiró profundo, sentía que en cualquier momento sus fuerzas se acabarían y se perdería en medio de la depresión y la tristeza. Ella estaba tan perdida en sus pensamientos que no se dio cuenta del lugar donde se encontraba. Él en cambió al mirar a su alrededor se sintió peor.
En aquel lugar… esa noche… en aquella oportunidad…
—Extraño tanto a mi hermana mayor — señaló agachando su cabeza y cerrando los ojos.
Anaís lo miraba mientras que en sus ojos aparecían pequeñas lágrimas que amenazaban con derramarse en cualquier momento, de su boca escapaban pequeños sollozos.
Paris la agarró de los hombros y la atrajó hacia él abrazándola, compartiendo su dolor y el de ella, era la primera vez que se encontraban solos y que él le abría su corazón diciéndole como se sentía.
—Discúlpame Anaís, el llanto de una mujer me provoca un gran dolor — dijo mientras ella lloraba—. Estuve separado de mi hermana desde que era un niño, todo lo que recuerdo de ella es aquel semblante triste que a invadía desde que era una pequeña — el príncipe la alejó un poco de él mirándola —, al menos regálame tu bella sonrisa, esa sonrisa que se me viene a la menta cada vez que pienso en ti Anaís.
—Paris yo… — y sin poder contener las lágrimas lo abrazó y lloró, sacando todo ese dolor que sentía.
….
La rubia abrió sus ojos y sigilosamente volteó a mirar atrás.
—¿Nikona? — preguntó esperando a la pequeña bolita de algodón aparecer brincando y diciendo lo único que sabía "puu puu".
Paris aún nostálgico por el recuerdo buscó un nuevo y "seguro escondite" detrás de un columna que tenía encima una jarrón.
Anaís frunció el ceño, estaba más que convencida de que alguien estaba cerca — acaso…
El peliverde se molestó al darse cuenta su linda posición, ¿desde cuándo tenía que esconderse?, las cosas jamás serian como en sus recuerdos y ya tenía que hacerse a la idea. Dejándose llevar por la rabia le pegó a la columna haciendo que el jarrón se tambaleara hasta caer al suelo.
El sonido la hizo voltea mirar hacia un lado del pasillo encontrándose con la última persona que deseaba ver en ese momento.
Al sentir la mirada de ella prefirió ignorarla, estaba listo para un nuevo enfrentamiento.
—¿Paris… que… que haces aquí? — le preguntó con temor.
El príncipe fingió no escucharla.
—¿Acaso tú… me estabas siguiendo?
—Yo no tengo por qué estar dando explicacion, andando por donde quiero, esta es mi casa y yo mando aquí — señaló con molestia —¡Largo de aquí! — le gritó acercándosele al oído — Céfiro no necesita de una persona como tú.
Anaís cerró sus ojos evitando a toda costa que lágrimas salieran de sus ojos.
—Pero estabas siguiéndome.
—Tonterías, no te creas tan importante y mejor ya vete — le pidió evitando mirarla.
—Bien tal vez tengas razón, pero… — Anaís no fue interrumpida al escuchar un ruido.
—¿Que fue eso? — preguntó mirando a su alrededor.
Inexplicablemente el suelo comenzó a temblar haciendo que la guerrera cayera al suelo.
—¡Aaaaahhhhh! ¿Qué está pasando?
—¡Anaís! — Paris se aproximó como pudo hasta ella — ¿estás bien?
Una luz cegadora que no era nada desconocida para la guerrera apareció haciéndolos desaparecer.
—El destino ya está escrito, yo confío en ustedes— una dulce voz se escuchó por todo el pasillo. Lo cual alarmó al gran mago que se encontraba un poco lejos del castillo.
Cuando por fin pudo abrir sus ojos sintió algo de nostalgia, esa voz hacía ya mucho tiempo no la escuchaba.
—Esmeralda… — murmuró mientras miraba su alrededor.
— ¿Dónde estamos? — preguntó levantándose del suelo algo mareada —¿ qué lugar es este?
Paris se acercó a la ventana — estamos en la parte más alta del castillo, muy cerca de donde se encontraba el símbolo del pilar.
—¿Y cómo fue que llegamos hasta aquí? — la guerrera miró con detenimiento la habitación. El lugar era muy tranquilo, acogedor y espacioso. Hacia un lado había una especie de sala con algo parecido a una chimenea, en el otro lado había un librero con una pequeña mesa y justo enfrente había un gran ventanal — jamás hubiera imaginado que el castillo existiera un lugar como este.
—Nadie puede entrar aquí a menos que pertenezca a la familia real o en su defecto sea el pilar, aquí se encuentran los datos más importantes de este planeta. Hace muchos años lo reyes se reunían aquí.
—Ya entiendo — dijo con alegría al encontrar frente a ella una pintura que mostraba a los reyes y padres de Paris y la princesa Esmeralda.
La reina se parecía muchísimo a la princesa esmeralda en cuando al color de su pelo y de sus ojos, pero sus facciones y algo en su gesto eran iguales a los de Paris. En cuanto al rey se parecía a Paris en el color de su pelo y de sus ojos, su mirada tenía algo que alguna vez vio en la mirada de Esmeralda.
Junto a aquella pintura había otra en la que aparecía Esmeralda abrazando a su pequeño hermano. Anaís sonrió, no había tenido la oportunidad de conocer a fondo la familia de Paris, el ver a su padres la llenó de emoción, y de nostalgia al verlo junto a su hermana, ¿Cómo habría sido su relación con la princesa si hubiera tenido la oportunidad de conocerla bajo otra circunstancias? ¿Serian amigas? ¿Estaría feliz de verla con su hermano? ¿Cómo habría sido la madre de Paris, acaso sería tan dulce y comprensiva como su madre? ¿El rey estaría orgullo de su hijo?, miles de preguntas aparecieron en su cabeza.
El príncipe caminó hasta la puerta tratando de abrirla — ¡maldición!
La rubia lo volteó a mirar volviendo de sus pensamientos.
—Estamos encerrados — aseguró con molestia.
—Pero eso no es posible, tú me acabas de decir que aquí sólo pueden estar los que pertenecen a la familia real de Céfiro, yo no debo estar aquí.
Paris cerró sus ojos — no puede ser Esmeralda… ¿por qué me haces esto?
—¿Esmeralda? — preguntó confundida — acaso tu hermana…
—Sí, y no se la verdad porque se empeña tanto si ya todo está dicho, ¿o no es así mi querida guerrera mágica? — el peliverde la miró con frialdad.
Bajó la mirada —Paris…
—¿Tienes algo más que agregar? ¿Te falto decirme algo más?
—Perdóname… — dijo en un susurró casi inaudible.
—¿Cómo dices? — el príncipe prefirió darle la espalda para intentar tomar con calma lo que ella iba a decirle.
La guerrera al verlo sintió morirse, nunca lo había sentido tan distante, lo había perdido, así estuvieran encerrados de por vida, él no volvería a ser como era y lo peor de todo es que la culpa era suya. Sus temores la envolvieron sin darse cuenta, su vida estaba hecha trizas, se sintió sola, triste y sobretodo sin ilusiones.
—Yo sólo quiero que me perdones — dijo sollozando.
—¿Perdón? — Paris cerró sus ojos y apretó sus puños controlando su rabia — ¿cómo puedes pedir perdón cuando has hecho tanto daño?
—Yo sé, pero…
—Pero nada Anaís — la interrumpió mirándola —. Como pretendes que te perdone cuando dijiste lo que dijiste. Te lo advertí, te dije que no iba a olvidar lo que me dijeras y es así, si yo no signifique nada para t,i pues tú tampoco para mí y lo único que deseo es que te vayas lejos de mi vida.
—No… ¡ay! Paris por favor te pido que me escuches — la rubia comenzó a llorar desesperada.
—No me pidas nada, no quiero escucharte, no más Anaís, ya no quiero humillarme más, se terminó por TÚ lo quisiste, ¿qué es que ya no recuerdas lo que paso? ¿Acaso crees que a mí no me dolió? — El peliverde desvió su mirada —, sabes que no digas nada, no me decepciones más — el hermano de la princesa se acercó a la puerta e intentó abrirla con desespero.
Angustiada se aproximó a la ventana tratando de abrirla, quería llorar, quería gritar, hasta lanzarse por la ventana si podía, el estar en esa posición y tenerlo cerca la estaba matando.
—Ay no… — sin poder hacer nada se sentó en el suelo y abrazando su piernas comenzó a llorar, no le importaba si él la escuchaba.
Él se recargó en la puerta se sentía terrible, odiaba verla así y más escucharla llorar, pero no podía hacer nada, no valía el simple "perdóname", ella lo había lastimado, no se trataba de una pelea superficial o del algo que se pudiera olvidar en un momento. Su querida guerrera la había mostrado una parte que no conocía y que lo había decepcionado. Ya no sabía si valía la pena escucharla.
—¿Cómo quieres que sean las cosas entonces? — le preguntó con resignación acercándose a uno sofás y tomando asiento —. Es evidente que no vamos a salir de aquí hasta que hablemos.
—¿Para qué quieres saberlo? — le preguntó limpiándose lágrimas —yo soy la mala y tú eres la víctima. Yo fui quien se equivocó, tú no. Me merezco esto y más cosas. Muy bien Paris te presento a la verdadera Anais.
—Me da pena decirlo, no me agrada conocerla — dijo con fastidio —sólo quiero que me contestes esta pregunta: ¿de quién me enamore entonces? — el peliverde la miró con desespero.
La rubia guerrera fijó su mirada en algún punto de la habitación —en todo el tiempo que llevamos… juntos me he encargado de mostrarte a una persona que no soy yo. Te mentí, engañé y oculté cosas.
Paris respiró profundo — oye eso suena muy bien — comentó a manera de sarcasmo —, no hay nada mejor que vivir engañado.
Anaís negó con la cabeza — no, eso es mentira.
—¡Ay! ahora es mentira, bien eso es bueno, es decir, es claro que yo no te conozco y creo que viniendo de ti puedo esperar lo que sea — el príncipe sonrió. Estaba tan sorprendido y desilusionado que ya no sabía que pensar.
—¡Basta! ya no me tortures más — le pidió llorando.
—Ahora hablas de tortura, oye lo confirmo, no me agradas para nada Anaís, yo prefiero a la otra, aunque no se, es decir, ella no existe — el príncipe se levantó y comenzó a dar vueltas por toda la habitación.
—Creo que me lo merezco… — señaló cerrando sus ojos.
—Nunca lo dudes — dijo deteniéndose frente a ella, mirándola con tristeza y desilusión — ya nada vale la pena — Paris se acercó y se sentó al lado de ella —, ¿así planeaste que esto terminaría?
El sentirlo tan cerca produjo en ella miles de sensaciones. Era él la única persona que amaba, que necesitaba y tontamente lo había dejado ir.
—Yo no planeé nada — indicó mirándolo —, yo sólo pensé que hacia lo correcto.
—¿Hacer lo correcto? — le preguntó mirándola con frialdad —. Mentirme, engañarme, ocultarme cosas, hacerme creer que todo está bien, ¿eso es para ti hacer lo correcto?
—Paris... escúchame por favor — le pidió tomándolo de la mano.
—Es que no me interesa, ya es tarde para que me quieras explicar el porqué de las cosas — aseguró soltándola y levantándose —, te di lo mejor de mi pensando que tal vez así confiarías en mí, pero me doy cuenta que nunca te interesó. Sí, yo me he equivocado contigo pero he tratado de corregir lo malo porque quería que esto realmente funcionará y todo por una simple razón y es que yo te amo. Pero… — desesperado colocó las manos sobre su cara — ya no importa nada.
La guerrera se levantó y se acercó — yo también te amo — afirmó mirando a los ojos — y por eso cuando me pediste que te dijera que no te amaba yo no fui capaz de mirarte.
—Ya no… Anaís — dijo mirándola — no me bastan los te amo.
—Paris… ¡por favor! Tú eres mi vida, eres mi todo —le suplicó —, sólo quiero que escuches como pasaron las cosas.
—¿Y que gano con eso? Ya es tarde Anaís — el príncipe le dio la espalda, quería morirse.
—Por lo menos vas a entender el porqué de mis actos — aseguró —. No puedo pedirte que me perdones eso ya me quedo claro pero por lo menos sé que si sabes porque hice lo que hice, me voy a sentir un poco mejor y algo tranquila.
El cefiriano respiró profundo y la volteó a mirar — bien si así lo deseas — Paris la invitó a tomar asiento.
—Gracias.
—Muy bien te escucho — dijo cruzándose de brazos y mirándola fijamente —, sólo espero que por primera vez seas sincera.
—Si… — Anaís tomó un poco de aire, tratando de calmarse — lo que pasa es que... yo soy una persona demasiado insegura y algo temerosa y bueno de un tiempo para acá…
—¿Cuánto tiempo?
—¿Qué?
—¿Desde hace cuánto tiempo?
—Entiendo, no se hace más de un año — contestó con temor.
—Bien — dijo cerrando sus ojos — continua...
—Mis temores e inseguridades se hicieron un poco más grandes…
—¿A que le temes?
—Yo nunca antes había sentido tantas cosas por una persona y bueno creo que me asusto el darme cuenta de todos mis sentimientos — dijo nerviosa —, creo que pensaba que no iba a poder con todo.
—Claro es entendible, pero si mal no recuerdo yo te dije que íbamos a hacer todo con calma, que si algo te preocupaba o inquietaba me lo ibas a comentar, ¿no fue así?
—Paris es que…
—¿¡No fue así!? — le preguntó casi que gritándole.
—Sí, pero... es que no era fácil, es decir, bueno tú vives lejos y yo… no es fácil no poder hablar con tranquilidad de tu novio, comentarle a los demás que hace, quien es, donde vive, es decir, uno escucha a las chicas hablar de sus novios con naturalidad y saber que uno no puede hacer eso porque si lo hace te van a tildar de loca. Además con eso de que no podías ir, no se… creo que llegué a pensar que tal vez era mejor terminar con todo.
—Esa idea ya se te había pasado por la cabeza antes, eso es algo interesante — el peliverde estaba haciendo su mayor esfuerzo por mantener la calma —¿y por qué no me comentaste nada? Mira Anaís por si no sabías yo estaba haciendo todo para ir pronto a Tokio y quedarme una larga temporada, quería conocer tu mundo, tus costumbres, ver dónde vivías, conocer a tus padres y a Lulú, es sólo que como nunca me dijiste nada con respecto a eso yo no te dije nada, quería sorprenderte. Yo pensaba que entendías la situación y eso me dio tranquilidad.
La rubia bajó su mirada, cada vez odiaba más su situación, era una tonta por no hablar a tiempo.
—Es que… bueno igual ya nada importa yo en un mes me voy a ir lejos de Tokio y quizás nunca vuelva — señaló totalmente resignada.
—¡Que! ¿A qué te refieres con irte? — Paris abrió los ojos mientras que ella sentía que su corazón se le iba a salir en cualquier momento, se sentía derrotada, así le dijera todo, no había esperanzas, le agradecía a su "ex cuñada" por tratar de hacer que las cosas se arreglaran, pero ya no había solución.
Hola! Bien aquí les dejo un nuevo capítulo de este minific el cual tenía pensando saldría de 3 capítulos pero como se darán cuenta me excedí, espero que les haya gustado, la verdad es que por decirlo así a mi me duele ver a mis personajes favoritos sufriendo, pero bueno creo que está bien de vez en cuando hacerlo XD
Como siempre le mando saludos a todas las seguidoras y lectoras de mis historias, a mis amigas del face les mando muchos saludos, gracias por el apoyo y por hacerme reír.
Espero actualizar próximamente este y otro fic
Hasta la proxima.
Lina A
