Los libros de Harry Potter no me pertenecen, son de J.K Rowling y de quienes sean sus derechos. Escribo esto por puro gusto personal, y para alegrar a otros fans, y no quiero ni busco nada a cambio. Gracias.

Advertencia: Esta historia contiene yaoi, es decir, amor entre hombres, con mucho drama y sufrimiento, criaturas sobrenaturales y escenas de índole sexual.

Sumario: Cuando siete años después de la guerra, Draco Malfoy escapa de su celda en Azkaban, el ministerio no tiene más remedio que enviar a su mejor auror, Harry Potter, para capturarlo de nuevo. Entre los muros de la prisión más dura del mundo, Harry descubrirá, no solo el origen de las criaturas más terroríficas, sino un amor a contrarreloj.

Nota: Gracias a todos mis lectores por animarme, y seguir esta historia. Siento mucho ser tan lenta en actualizar, me ha costado un montón escribir este capítulo. Lo he escrito y reescrito barias veces, pero espero que el resultado haya merecido la pena.

-Murtilla: este capítulo sí que tiene algo de lo que sucedió con la desaparición de Draco, pero no todo. Solo puedo decirte que tendrás que seguir leyendo para saber más.

-Kikimaru: te aseguro que los sentimientos de Harry por el dementor blanco tienen su explicación pero si te lo cuento reviento uno de los grandes secretos de la historia antes de tiempo. Tendrás que confiar en mí y seguir leyendo.

-Dark: No te preocupes no se cansaron de buscarlo, solo se están organizando mejor. Y de Draco ya sabrás este capítulo. Espero que te guste. Tu entusiasmo me ha animado un montón.

-Sora: Estoy encantada de que mi historia te gustara tanto, le pondré mucho esfuerzo para que este capítulo te guste tanto o más que los anteriores.

-Oscurita: Hola nueva lectora, me ha alegrado una barbaridad al ver que había alguien nuevo leyendo esta historia, gracias por tus ánimos y tu entusiasmo. Prometo hacerlo lo mejor posible.

Ahora sin más dilación os presento:

El Beso del Dementor

Capítulo 4- Alma

Harry observó como la puerta se abría y la criatura al otro lado salía a la luz, con el corazón golpeándole furiosamente en el pecho.

Harapientos ropajes arrastraron el polvo a su paso, susurrantes como un último suspiro. Una sensación de terror inundó brutalmente a Harry durante un instante, haciéndolo estremecer antes de ser capaz de contenerlo con enorme dificultad. Observó que Ron daba un paso atrás con los ojos abiertos de terror, y Henry tragaba saliva ruidosamente.

Ante ellos, oscuro como la más profunda de las noches, terrible y poderoso, estaba el Lord Dementor.

El aire del pasillo se hizo aun más gélido y el aliento de los visitantes comenzó a condensarse. La luz de las varitas pareció hacerse más tenue ante su mera presencia. Su macilento fulgor iluminando el lugar como en una pesadilla.

Harry comenzó a sentir el frío calándole hasta los huesos, el aliento helándose en sus pulmones, las manos húmedas de sudor frío, la varita pesada entre los dedos. Furiosamente la agarró con más fuerza, clavándose las uñas en la palma. Levantó la mirada respirando entrecortadamente. El miedo lo acosaba, instigándolo, susurrándole que huyera, ahogándolo. Apretó los dientes y lo dominó dificultosamente, con la voluntad de acero adquirida a costa de sobrevivir a una guerra, tan sangrienta como dolorosa.

El dementor era más o menos de su misma altura y complexión. Como con todos los de su especie la túnica impedía que pudiese ver su rostro.

Pero la oscuridad. El aura de completa desesperación y terror que lo rodeaban, que lo envolvían, como un manto, lo hacía mucho más terrible que cualquier otra criatura de su tipo.

A su lado Ron luchaba por dominar el repentino ataque de pánico boqueando como un pez fuera del agua. Henry, en cambio, más habituado que ellos, parecía haber recuperado la compostura, aunque pálido y tembloroso.

-¿Qué os trae a nuestros dominios, magos?- la voz, era el susurro del dementor hecho comprensible. Siseante, oscura, atrayente. Se adhería a tus sentidos como el petróleo a la piel. Sintió un escalofrío de total desagrado. A su lado Henry dio un paso al frente, con la placa que lo identificaba en la mano.

-Mi nombre es Henry Cleawater, guardia de Azkaban.- su voz intentaba ser firme, pero Harry pudo apercibir un leve temblor en ella. El Lord asintió reconociéndolo.

-Sé quién eres. Lo que aún no se, es porque vienes a las puertas de nuestro hogar.- Henry reprimió el impulso de arrodillarse ante la opresiva presencia que amenazaba con apoderarse de su cuerpo. Y cuadró los hombros.

-U…uno de los presos del cuarto nivel, Draco Malfoy, ha escapado. – el dementor siseó, provocando que Henry diera un paso atrás involuntariamente.

-Lo sé. Ya nos preguntasteis por él. No lo hemos visto aún, si así hubiera sido lo sabríais.- Susurró maliciosamente. Harry sabía lo que habrían hecho de haberlo encontrado, y en qué condiciones habría regresado a su celda….. o a la morgue. Vio como el monstruo disfrutaba de la incomodidad cada vez mayor de Henry. Furioso dio un paso al frente, incapaz de ver como el Lord Dementor jugaba tan cruelmente con el amable guardia.

-Lo que queremos es que se nos permita registrar la torre.- las palabras salieron de sus labios antes de que pudiese evitarlo. La capucha se giró en su dirección bruscamente, pero Harry se mantuvo firme, rehusando demostrar ningún signo de miedo, a pesar de que el aliento se negaba a llegar a sus pulmones.

-¿Y porque habríais de querer tal cosa?- la cavernosa voz envolvió al auror oprimiéndolo aún más, haciéndole aspirar convulsamente en busca de aire, la vocecilla aterrada en su cabeza se hizo más fuerte, pero él rehusó dejarse intimidar. "Solo es un dementor, he vencido a docenas antes, este no es diferente" se dijo asimismo. Tomó aire bruscamente.

-Pensamos que hay posibilidades de que Malfoy se haya podido ocultar dentro.- su voz sonaba ronca por el esfuerzo. El Lord dementor echó la cabeza atrás, una carcajada siniestra, como el chirrido de metal contra metal surgió de su garganta.

-No hay ningún ser vivo en nuestra torre.-

-Aún así querríamos estar seguros.- insistió tercamente.

-No.- rehusó en el acto el Lord Dementor. Su tono no admitía discusión. La oscuridad del pasillo pareció intensificarse. El frío comenzo a escarchar la humedad en el suelo y las paredes. Harry abrió la boca para replicar, pero Henry puso la mano en su brazo a modo de advertencia.

-Sentimos haberle molestado, por favor disculpe nuestra impertinencia.- murmuró Henry con voz ahogada de terror. Hizo una reverencia convulsa y comenzó a arrastrar a Harry con él, con Ron pegado a sus talones aún totalmente aterrado. El Lord Dementor ni siquiera se volvió a mirarles mientras regresaba al interior de la torre, cerrando la puerta a sus espaldas, llevándose con él el frío y la oscuridad.

Rápidamente Henry se los llevó a la sala de los guardias, ignorando cualquier intento de Harry por hablar.

-¿¡Se puede saber en que estabas pensando!? ¡Os dije que fuerais respetuosos! –Henry estaba rojo de indignación. Harry se encaró molesto por la actitud del guardia.

-Por si no te diste cuenta intentaba ayudarte. ¡Ese dementor se estaba riendo de ti!-

-¡Estábamos en su territorio, era su derecho!- Gesticuló furioso hacia la puerta por la que acababan de entrar.

-¡No, no lo era! ¡Tu eres un guardia y el...

-¡ÉL ES EL LORD DEMENTOR! ¡Te recuerdo que si esas criaturas están controladas es porque el quiere! ¡A lo mejor a ti te da igual, pero yo tengo que vivir aquí!- Harry cerró la boca bruscamente. Henry se dejó caer agotado en el sofá al lado de Ron, que apenas había empezado a recuperarse de la experiencia. El auror de negros cabellos se acercó al guardia contrito:

-Mira… lo siento mucho. No debí meterme. – Henry suspiró.

-No pasa nada. Supongo que ahora no podremos registrar la torre.

-No lo creas.- Harry sonrió. Henry levantó la mirada. En ese momento las llamas de la chimenea rugieron dejando entrar a Hermione.

-Buenas. ¿Que tal ha ido con el Lord dementor?- inquirió. Los aurores y el guardia se miraron entre sí.


La luz del sol apenas alcanzaba a iluminar mortecinamente la habitación. La poca iluminación que penetraba la gruesa capa de nubes, y la bruma que llegaba del mar, eran deprimentes.

"Una luz deprimente, para un lugar deprimente. Que apropiado" Con el borde de la manga, limpió un pequeño círculo de la gruesa capa de polvo que cubría el cristal de la ventana. El paisaje al otro lado no era más que el de un mar embravecido que se perdía en la bruma. Aún siendo mediodía, rara vez se podía ver el sol aquí. La figura sentada en el asiento de piedra a los pies de la ventana, se estremeció.

-Que frío.- murmuró. Se levantó y se arrodilló al lado de la lumbre. La habitación era antigua pero estaba bien conservada. De hecho, el único elemento sucio era la ventana. Las ventanas de la torre nunca se limpiaban, era una medida de seguridad para que nadie viese nada desde fuera. Algo estúpido, si se lo preguntasen a él. Pero aquí no tenía ni voz ni voto. Que familiar. ¿Acaso no había sido así toda su vida?

La cama era una antigualla de madera maciza, labrada con leones y plantas hasta el último centímetro. Tenía un magnífico dosel, con cortinajes de terciopelo carmesí, y bordados de oro gastados por el tiempo. Una cómoda, un espejo barroco y dorado, una mesilla pegada a la pared junto con una silla, y la gruesa alfombra colocada ante la chimenea sobre la cual se había sentado, eran los muebles que poblaban la estancia. Todo el lugar daba una sensación de decadencia, gastada, pero aún así noble. "Un ambiente que se adapta a mí" Se frotó las manos y las extendió para que el fuego las calentara, observó aprensivo la extrema palidez de su piel. El modo en que casi podía seguir el trazado de las venas bajo su superficie. "Ayer no estaba tan pálido" Tragó saliva convulsamente y se levantó para acercarse al espejo.

Dejó caer la capucha que lo cubría. Pelo rubio plata se desparramó hasta descansar sobre sus hombros. Ojos grises bruma rodeados de ojeras, le devolvieron la mirada. Los altos pómulos, los labios finos, la piel pálida… tan pálida. Draco ahogó un gemido de desesperación. "No. No, no, nonononono…. ¡BASTA!" Apoyó la frente en la fría superficie para calmarse, mientras trataba de recuperar el aliento. "Todavía puedo detenerlo, aún tengo tiempo." Se miró a los ojos.

Si, aún tenía tiempo. ¿Pero cuanto? Él solo no podía hacer nada. Necesitaba ayuda.

Se apartó del espejo. Necesitaba centrarse, necesitaba pensar. Volvió a sentarse ante la chimenea, arrebujándose en la blanca túnica. Su calor no era un gran alivio, pero las llamas le ofrecían algo que mirar mientras maquinaba. "No voy a convertirme en uno de ellos." Si algo le quedaba después de siete años en el infierno, eran su orgullo, y determinación. "Me lo han quitado todo. Poder, riqueza, la magia, la libertad, incluso mi cuerpo ha quedado… "miró sus manos, tan delgadas, sabía que bajo la túnica sus costillas también serían prominentes. Poco quedaba ya del atractivo que antes había dado por descontado. "Si lo único que me queda es este alma…" Apoyó la palma de la mano sobre su pecho, sintiendo el latido de su propio corazón "La defenderé con todas mis fuerzas. Cueste lo que cueste"

Observó la túnica blanca que cubría su maltrecho cuerpo. Blanca… por ahora. Si no quería que acabara siendo negra, tenía que actuar pronto.


Cuando Hermione entró en la sala de los guardias enseguida supo que la entrevista con el Lord Dementor no había ido bien. Ron cat-atónico, Harry con aspecto de culpabilidad, Henry evitando su mirada. Pero después de haber escuchado la historia sentía deseos de patear a su amigo. Se frotó las sienes para tratar de disipar el dolor de cabeza.

- A ver si me queda claro. Insultaste al Lord Dementor.

-No lo insulte Mione. Solo fui un poco brusco.- trató de defenderse Harry.

-… - tomó aire para calmarse, de nada le serviría enfadarse con su amigo. Lo hecho, hecho estaba- Supongo que no se le puede hacer nada.

Ron por fin se había recuperado, pero se mantenía ocupado deshaciendo la maleta que Hermione les había traído. Todo con tal de no tener que admitir que se había quedado paralizado por el miedo al ver al Lord Dementor.

- ¿Y a ti que tal te fue? ¿Lograste el nuevo hechizo?- inquirió el auror moreno.

-Por supuesto.- la pelirroja aprovechó para lanzar al resto de ocupantes de la sala una mirada de suficiencia. Sacó un grueso tomo de la mochila titulado "Hechizos detectores y rastreadores" Lo abrió en la página marcada.- Creo que este servirá.- Señaló con el dedo el párrafo- Es un hechizo muy potente que detecta presencias mágicas y flujos de magia. Espero que sea suficiente.

-¿Lo probamos?- inquirió Ron ya más animado. –Harry asintió sonriente.


-¡¿Hermione, que pasa?!- Ron sacudió levemente a su amiga. Él y Harry habían estado acompañando a la auror mientras probaba el hechizo en la celda de Malfoy, cuando al acabarlo se había desplomado directamente en los brazos del pelirrojo.

-Ponla aquí.- Harry extendió su abrigo en el suelo para que Ron pudiese tumbarla. ¿Qué había sucedido? La miró preocupado. Si a Hermione le pasase algo… Se levantó para ir en busca de un medimago, cuando un grito lo hizo volverse.

-¡Hermione! Nos tenías preocupados.- Ron estaba estrujando a una rojísima Hermione - No nos vuelvas a asustar así.- Sonrió aliviado, solo había sido un susto. Menos mal.

-Si, si. Estoy bien. Ron por favor, suéltame, que me vas a asfixiar.- Trató de disimular el sonrojo tosiendo, mientras el pelirrojo la soltaba.

-¿Qué te ha pasado? – la auror acabó de sacudirse la ropa y se levantó tratando de guardar la compostura a pesar de los colores que le habían salido.

-Solo ha sido una sobrecarga, no esperaba que el hechizo me revelase tanta información. La próxima vez tendré que tener más cuidado.

-¿Has averiguado algo interesante?- Ron estaba estático. Hermione asintió sombríamente, su semblante serio.

- Antes no lo había notado porque el aura oscura que tiene la prisión lo enmascara. Pero algo…alguien, ha practicado magia tenebrosa en la celda. Y no cualquier hechizo. Nunca, nunca, había sentido algo así. Sea lo que sea lo que hizo no puede haber sido bueno para Malfoy. – Harry frunció el ceño pensativo.

-Bueno, alguien hizo algo a Malfoy antes de que escapara. ¿Y qué? Se lo merecía.- intervino el pelirrojo.

-No sabes lo que estás diciendo Ron. Esto no es como un hechizo picapica, creo que podría incluso ser más oscuro que los imperdonables. – el auror pelirrojo hizo oídos sordos a las palabras de su compañera. Harry sintió una oleada de odio y asco contra quien quiera que hubiera sido tan maligno, como para ejecutar un hechizo semejante.

-¿Quién podría haber hecho algo así?- dijo casi para sí mismo.

-No lo sé.-murmuró Mione- pero esto complica las cosas.

-Por ahora no podemos hacer nada. Lo mejor será seguir con el plan original y registrar la prisión por niveles. Volvamos a la sala, es hora de ponernos en marcha.

En el salón se reunieron con Henry y su compañero Tomas, quien continuaba mirándolos a todos con superioridad.

-Bueno, entonces todo claro. –dijo Harry señalando el amplio mapa de la prisión que habían vuelto a extender sobre la mesa. – Hermione y Henry registrarán los cuatro niveles bajo tierra, yo y Ron los cuatro superiores, y Tomas hará guardias en la cocina por si Malfoy decide aparecer por ahí. Recordad, todas las puertas deben permanecer selladas, para evitar que Malfoy pase de un nivel a otro, así no podrá moverse libremente por la prisión. Registrad minuciosamente cada nivel antes de pasar al siguiente. Así lo iremos arrinconando. ¿Alguna pregunta? En ese caso empecemos, pararemos a las ocho para volver aquí a cenar, si hay algún problema enviad vuestro patronus.- todos asintieron y se dividieron para dirigirse a sus respectivos deberes.

-¡Al fin comienza la caza en serio!- dijo Ron alegremente.

(continuará)