Capitulo 4: Nueva casa.

Aún hubo que esperar unas cuantas semanas para poder salir del hospital. En esas semanas terminó de recuperarse físicamente de las quemaduras causadas por las maldiciones de los mortífagos y adquirió también fortaleza mental para prepararse ante lo que vendría a continuación. Porque la promesa que le hizo Dumbledore de intentar que Hermione formara parte de un grupo de defensa contra Voldemort le otorgaba una gran paz y a la vez un enorme pesar. Paz porque ella no era de las de quedarse mirando, Hermione era una chica que quería formar parte de las cosas, tener control sobre lo que estaba pasando, luchar y cuando las cosas no salen como ella quiere no se quedaba lloriqueando por los rincones, sino que cogía lo que tenía y hacía lo mejor posible con ello. Pero por otra parte, y a pesar de que ella no era de deprimirse, la invadía un enorme pesar por la añoranza hacia sus seres queridos.

Pese a ello, tres semanas después de la primera conversación con Dumbledore en ese tiempo, Hermione salió del hospital junto con Albus Dumbledore. Éste la llevó mediante Aparición Conjunta (una experiencia muy desagradable en opinión de Hermione, que sintió como si pasara por un tubo muy estrecho) hasta una casa en Hamilton Street. En cuanto llegaron a esta calle, Dumbledore empezó a andar rápidamente. Hermione, no queriendo quedarse atrás, empezó a caminar hasta alcanzar el paso de su director. Caminaron en silencio por toda la calle, ya que Dumbledore así se lo había hecho saber a Hermione.

-No podemos hablar de cosas como la Orden hasta estar en lugar seguro- le había dicho en el hospital- nunca se sabe quien pueda estar escuchando.

Al cabo de unos cinco minutos andando, Dumbledore se paró delante de un espacio aparentemente vacío de tierra entre dos casas, pero Hermione suponía que Dumbledore la había conducido hacia el cuartel general de la Orden del Fénix, protegido por un encantamiento Fidelio, previo al 23 de Grimmauld Place. En efecto Dumbledore, ataviado con una larga túnica color violeta que hacía que los muggles se giraran para mirarlo, sacó de su bolsillo un trozo de pergamino que puso en la mano de Hermione.

-Memorícelo, por favor.

Ella abrió el papel y leyó:

El cuartel general de la orden del Fénix está en el número 42 de Hamilton Street.

-Ya- dijo Hermione cuando memorizó la nota.

Dumbledore volvió a coger el pergamino al tiempo que una casa crecía en el espacio abierto. Era como ver crecer un árbol.

-Guau- se le escapó a Hermione.

Dumbledore rió entre dientes al tiempo que se adelantaba y le abría la puerta. Al atravesar la puerta se encontró en una entrada amueblada con un gusto exquisito: a la izquierda de la puerta había una mesita y sobre ella un espejo con remates dorados. Las paredes estaban pintadas de blanco, con lo cual era una estancia muy luminosa, todo lo contrario que Grimmauld Place, donde parecía que te ibas a quedar pegada en cuanto te sentaras.

Dumbledore se adelantó en el recibidor y le indicó que lo siguiera. Empezaron a subir unas escaleras de mármol agarrados a una barandilla de roble muy bonita hasta llegar a un descansillo que daba a tres habitaciones. Dumbledore se acercó a la de la izquierda y le dijo:

-Su habitación.

El balcón de su habitación daba a un patio interior en el que había un limonero y tres acacias plantados en un jardín interior. Por lo demás, en la habitación había una cama con aspecto cómodo, un tocador con un espejo y un armario muy elegante.

-Bueno señorita Granger, esta será su habitación en el tiempo que esté con nosotros. Esta casa pertenece a un miembro de la Orden que nos la ha cedido como cuartel general y permite que haya gente viviendo en ella. Mañana por la mañana, cuando haya descansado, tendremos una reunión con el resto de los miembros de la Orden para su prueba de ingreso, podríamos llamarla.

-Sí, señor. Estoy deseando entrar en acción.

-No la molesto mas, la dejo para que se instales.

Tras cerrarse la puerta Hermione empezó a colocar sus cosas. En su mayoría eran cosas básicas de aseo y algo de ropa que Hermione había comprado con el poco dinero que tenía en los bolsillos, pues por su viaje inesperado por el tiempo llevaba lo puesto.

-Bueno, pues ya estoy aquí- dijo para sí.

Se dejó caer en la cama y casi sin darse cuenta se quedo dormida.