Hola a todos y a todas :'D No he desaparecido, solo no había terminado de revisar este capitulo porque quería escribir otro que me tenía acomplejada.
Por otro lado, aquí está la actu y verán que esto avanza un poco más. Donde Marinette es BAKA y Adrien es nuestro precioso gatito hermoso también baka xDDDU ¿Qué puedo hacer por ellos para que sean felices en un solo capitulo, eh? ¡Ya sé que son unos niños adorables que se merecen todo lo mejor y lo van a tener!
Por cierto, a las personas a las que no les he contestado aún es porque no me avisó mi correo que tenía reviews y venir a ver acá y checar que había más me dejó IMPAKTADA y les contestaré como se debe x3
Una vez más, gracias por leer esta -no tan pequeña- historia y espero que les guste una vez más. Sigan atentis que yo aún tengo muuuucho material para actualizar, solo debo revisar n_n
Nos vemos más abajo.
4 Fantasías
Marinette avanzaba desde detrás de las escaleras y observaba detenidamente al rubio que entraba por la puerta principal. Esta vez quería hacer las cosas bien, tomaría cada detalle en cuenta para conocer cada aspecto de su querido Adrien. Pero, lastimosamente fue rodeado por un montón de estudiantes apenas terminó de entrar a la escuela evitando que pudiera seguir viéndolo.
–¡Ay, no! Había olvidado completamente el asunto de ayer –se quejó Marinette con su kwami.
–¿Olvidaste que Adrien luchó junto a ti?
–¡No, claro que no! Lo que olvidé es que todos se quedaron con las ganas de saber qué pasó y, como Adrien se fue inmediatamente nadie pudo preguntar nada. ¡Y ahora se pasará el día rodeado de gente que no soy yo! –lloriqueó.
–Calma, amiga. No es tan grave como parece –oyó decir no muy lejos de ella. Tikki se escondió y Marinette volteó para mirar a su mejor amiga.
–¡A-Alyaaa!
–Tendrán que dejarlo en paz tarde o temprano. Tiene que entrar a clases después de todo.
–¡Sí, es cierto! Y cuando lo haga… Cuando lo haga… Yo, supongo que tendré que prestar atención a la clase de Madam Bustier…
–Mmm… No tienes solución, en todo caso. ¿Estás espiando a Adrien otra vez? Pensé que ya podías acercártele y balbucear dos o tres palabras coherentes. ¿Por qué vuelves a los viejos hábitos?
–Estoy probando un nuevo sistema de análisis y no solo lo usaré con Adrien –dijo elevando un dedo orgullosa– Ayer aprendí que debo ser más observadora y lo estoy poniendo en práctica.
–¡Oh, bien por ti! ¿Y está funcionando?
–Bueno, es que acabo de empezar –respondió con una risa lastimera.
–Muy bien, entonces te ayudaré –agregó ella y sacó su celular para luego dirigirse hacia la multitud. Por el camino tomó a Nino de la mano y lo arrastró junto a ella.
Marinette se aterró por unos segundos. ¿Qué pensaba hacer Alya? No iba a decirle nada raro a Adrien, ¿verdad? De los nervios corrió tras ellos y se unió a la multitud escabulléndose entre el gentío. Era lo único bueno de ser tan delgada y pequeña con el agregado de flexible. No le tomó más de diez segundos encontrarse cara a cara con el rubio.
Tenía una sonrisa amable mientras trataba de explicarles sin mucho éxito a los demás que trataría de responder las preguntas pero que le dieran un poco de tiempo porque las clases iniciarían en unos minutos y no quería llegar tarde. En eso, Alya logró colarse hasta el centro junto a Nino.
–Amigos, ya fue suficiente por ahora –intervino la morena en voz alta dejando a todos sorprendidos– Odio ser aguafiestas pero Adrien me prometió una entrevista privada para dar todos los detalles de su encuentro con Ladybug ayer, ¿no es así? –dijo dirigiéndose al rubio.
Nino asintió para que él hiciera lo mismo.
–Sí… Eso prometí –admitió tratando de sonar convincente.
–Bien, ya oyeron. Pueden mandar sus preguntas al Ladyblog y tengan por seguro que se las haré llegar a nuestro héroe escolar –anunció y algunos se alejaron complacidos y otros no tanto.
–Dude, ya estás a salvo –dijo Nino dándole unos golpecitos en la espalda a su amigo –Eres genial –agregó guiñándole a su novia.
–Lo sé –respondió la de lentes con aire orgulloso.
Marinette se había quedado un poco más atrás de su amiga, observando las expresiones del chico de sus sueños. Se veía aliviado pero parecía cansado, tenía los ojos un poco rojos y quizás sus párpados estaban un poco hinchados aún así, se mostraba feliz pero con una falta de ánimo que no era normal en él.
–Gracias. No me imaginaba que estuvieran tan –se detuvo pensando la palabra –ansiosos…
–¡Adrien, luchaste al lado de Ladybug como si tú fueras Chat! –el rubio se tensó en un segundo carraspeando nervioso– ¡Fue la cosa más genial que le haya pasado a cualquiera en la escuela!
–Sí, era obvio que todos querríamos respuestas –agregó Alya emocionada.
–Solo fueron unos minutos… Y ustedes la han visto más veces que yo, en persona.
–Pero no todos fuimos su Chat Noir… –insistió Nino dándole un codazo– Vi las fotos que tomaron desde los edificios cercanos. Peleaste y fuiste genial, hermano.
–Solo hice lo que creí correcto –respondió apenado dimensionando cuánta gente sabía lo que había hecho–, aunque la verdad es que actué impulsivamente y mi padre no estuvo para nada feliz de que me pusiera en peligro.
Alya que ya lo filmaba y su amigo lo miraron preocupados. Habían olvidado completamente ese detalle, ambos sabían que su padre podía ser muy difícil de tratar y no le hacía gracia que su hijo se involucrara en problemas de ese tipo.
–Si quieres no subiré ningún video –propuso Alya.
–No creo que haya ningún problema con ello. Solo no sé si es algo que realmente importe tanto. Todos sabemos que Ladybug es asombrosa y que yo me haya involucrado solo parece más interesante por quién soy y no por lo que haya hecho. Estoy seguro de que ella podía manejarlo sola –admitió un poco deprimido.
El rubio había desviado la mirada apenado. No quería recordar el drama de la noche anterior del que había salido victorioso por poco y tampoco quería deprimir a sus amigos con sus problemas.
–A-a-Adrien –llamó una voz femenina– Ladybug quizás sí sea asombrosa… –empezó nerviosa– pero el apoyo que le dan también es muy importante y créeme cuando te digo que estoy cien por ciento segura de que tu ayuda fue realmente invaluable para ella –remarcó Marinette.
–¿Tú, realmente lo crees? –preguntó el rubio expectante.
–Ss-S-Sí –masculló en respuesta– D-de seguro está muy agradecida.
Adrien sintió que se le erizó la piel y bajó la mirada sabiendo que sus mejillas se encendían. Nada más imaginar a Ladybug agradecida con él lo ponía ansioso. Todo era demasiado perfecto y moría de ganas por repetir esa experiencia pero no podía darse ese lujo. La próxima vez que un akuma apareciera, debía transformarse primero. Debía dejar de tontear de una vez o correría el riesgo de perder su vida tal como la tenía ahora para siempre. No había segundas oportunidades con Gabriel Agreste.
Alya y Nino intercambiaron miradas cargadas de confusión. Adrien seguía cabizbajo totalmente sonrojado mientras Marinette luchaba contra la necesidad de salir corriendo.
–Gracias, Marinette –logró decir finalmente el rubio mientras ponía una mano en su hombro –Eres una gran amiga.
Ella solo asintió con fuerza en respuesta porque las palabras ya no lograban formarse en su cabeza.
¡Adrien la estaba tocando! Sentía que se desmayaría ahí mismo.
La campana sonó llamando la atención de todos. La hora de ir a clases ya había llegado y todos se dirigían rápidamente a sus aulas.
–Hora de ir –intervino el moreno y le dio una palmadita al rubio que sonrió en respuesta y lo siguió.
–Va lo mismo para nosotras –dijo Alya quien tomó de la mano a Marinette que parecía clavada al suelo.
Las clases se desarrollaron con tranquilidad y, aunque le tomó unos minutos reaccionar a Marinette durante la primera hora, todo fue normal el resto de la mañana.
Solo había un pequeño detalle que a Alya dejó un poco preocupada pero decidió callarse hasta tener pruebas suficientes. No había razón para armar una tormenta en un vaso de agua. Especialmente si la más interesada parecía tener más ganas de dormir que otra cosa. Marinette ya iba por el quinto o sexto bostezo cuando Alya sintió que debía advertirle.
–¿Anoche dormiste o te quedaste despierta pensando en Adrien?
Su amiga no estaba preparada para oír ese comentario y la miró confundida unos segundos.
–No has parado de bostezar… –apuntó.
–Ah, eso. Emm… –no podía decirle que estuvo consolando a un gatito la mitad de la madrugada así que aceptó esa excusa– Eso mismo, pensaba en Adrien… Solo eso –mintió.
–Esto ya es insano, Marinette. Recuerda que Adrien es una persona también –insistió la morena luego tomó su celular y sonrió– Bueno, Nino me dice que Adrien tiene unos quince minutos libres y me responderá unas preguntas. Así que tengo una entrevista que me espera. Puedes venir o quedarte a esperar a que lo suba al ladyblog.
La aludida se quedó unos segundos pensativa procesando lo que le había dicho su amiga que ya salía corriendo del salón. Se levantó con brusquedad y la siguió deprisa. Quería oír de la propia boca de Adrien qué pensaba sobre lo que había pasado en la noche de anterior.
–Tengo como más de doscientas preguntas que hacerte. ¡Oh, no! ¡Ya son doscientas diez! Ja, ja, ja… Podemos hacer la entrevista por partes –propuso.
Adrien suspiró y miró a Alya con ojitos de gatito abandonado.
–Lo siento pero no voy a responder tantas preguntas. Habremos estado a lo más unos veinte minutos juntos. No es como si me hubiera enterado de tanto –explicó con gentileza. La verdad temía revelar cosas que sabía por ser Chat Noir.
Suspiró resignado porque aún así no sabía mucho en realidad.
–¡Oh, vamos! ¿Cómo fue que terminaron juntos en esa azotea? –insistió Alya.
El rubio esquivó su mirada y sus mejillas se tornaron ligeramente rosas al recordar que lo había rescatado de un supuesto suicidio. No podía decirles que lo cargó como damisela en peligro desde la torre Eiffel porque tendría que dar explicaciones de cómo había llegado allí. Rió nervioso y se encogió de hombros.
–No lo recuerdo muy bien, todo pasó muy rápido –mintió.
–¡Agh, Adrien! ¡Dime al menos una cosa interesante! No sé… ¿Ella te habló o algo que le hayas podido decir antes o después de todo el problema?
El rubio recordó súbitamente la pequeña confesión que le había hecho acerca de la canción.
–Creo que hay cosas que mejor deberían quedar entre ella y yo –respondió sin creer lo que había dicho.
–¡Oíste eso, Nino! –gritó Alya emocionada.
–Sí, lo oí bien.
–¡Adrien! ¿Y qué pasó "entre ustedes"? –preguntó Alya filmándolo ya con su celular.
–¿Enfrentamos a un akuma? –respondió automáticamente con una ceja levantada. Estaba en pánico y no sabía qué decir para contrarrestar su confesión involuntaria.
–¿Y qué sentiste?
–Estuve tan asustado como emocionado –siguió cauteloso de no hablar demás otra vez.
–¿Y por qué estabas tan emocionado?
Adrien se veía evidentemente incómodo con las preguntas. Alya estaba atosigándolo como lo habían hecho los demás en la mañana y el pobre rubio no sabía qué responder.
–Alya, creo que estás incomodando a Adrien justo como todos los demás –intervino Marinette.
El rubio volteó a ver a su amiga como si fuera un ángel caído del cielo mientras Alya hizo un mohín molesta.
–No es cierto. ¿Verdad que no, Adrien? –replicó.
–Quizás solo un poquito –admitió él cruzándose de brazos.
–¡Oh, está bien! –admitió su derrota la morena. Apagó el celular y lo guardó– Hablemos normal.
–Entonces, habla, dude. Cuéntanos –pidó Nino ansioso – Dinos lo que quieras y ya.
Adrien sonrió con más júbilo del que debió mostrar. La verdad aún no había tenido la oportunidad de expresar la felicidad que sentía de haber tenido esa oportunidad. Acercó a sus amigos un poco antes de hablar.
–No se imaginan para nada la emoción, la adrenalina corriendo por mis venas –empezó gesticulando– Y, Nino, tenías razón. Fui su Chat Noir. Ella misma lo dijo. ¡Fue un momento fabuloso!
–¡WOW! – soltó Alya.
–Me alegro que te hiciera tan feliz –comentó a su vez Marinette con voz dulce.
–No me creerías si no lo vivieras tú misma –insistió el rubio tomándola repentinamente de las manos –Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Ladybug es fantástica y pasar esos pocos minutos con ella, definitivamente se quedarán grabados dentro de mí para siempre.
Marinette enrojeció hasta los cabellos.
Después de soltarla siguió contándoles su gran experiencia como ayudante temporal de la súper heroína favorita de París. El chico terminó sobrepasando el tiempo libre que tenía y tuvo que retirarse a toda prisa para poder llegar a sus clases de esgrima. Nathalie lo regañaría si supiera que estaba llegando tarde y podría comunicárselo a su padre con quien no quería tener problemas por un buen tiempo.
Marinette seguía agitando una mano despidiéndose del rubio mientras se iba y Alya le dedicó una mirada preocupada a Nino.
–Hasta mañana… Nos vemos… –balbuceaba para sí misma.
–Ya te lo había mencionado antes… –susurró Nino.
–Lo sé pero, ¿cómo iba a creerte? ¡Es muy irreal! –susurraba.
–Yo entiendo perfectamente. Sabes que él es muy impresionable, esta experiencia solo ha empeorado esta situación.
–Pobre Marinette. No sé cómo se lo va a tomar.
–Tendrás que decirle tarde o temprano.
Alya suspiró y asintió. Luego se giró hacia su amiga.
–Hora de ir a casa. Tenemos tarea qué hacer.
Marinette asintió aún ida y se dejó llevar por su amiga. Nada en ese momento borraría la imagen de Adrien completamente ilusionado hablando sobre ella. ¡Oh, sí, sobre ella!
Comenzaba a oscurecer cuando terminaron de hacer sus tareas. Alya guardaba sus libros y su tablet dentro de su cartera. Marinette había pasado mucho tiempo suspirando esa tarde antes de poder concentrarse seriamente en sus deberes.
Eso hacía más difícil a su amiga encontrar un momento apropiado para echarle la noticia encima de forma que no la hiriera tanto como esperaba que lo hiciera. Quería tener tiempo para poder apoyarla.
–Marinette, –dijo finalmente con seriedad –tengo noticas malas para ti y necesito saber si estas lista para oírlas.
La aludida que también guardaba sus cosas en su mochila rosa levantó la mirada confundida.
–No me digas que hay examen mañana –dijo a punto de entrar en pánico.
La otra arrugó la frente y negó con la cabeza.
–¡N o! –soltó en respuesta y su amiga suspiró aliviada.
–¿Entonces, qué clase de noticias son? –preguntó cautelosa.
–Es sobre Adrien –admitió su amiga con voz grave.
–¿Adrien? –repitió aterrada –¿Qué le pasa?
–¡Calma, él está bien! –tuvo que especificar antes que nada – Es sobre otra cosa…
La chica suspiró aliviada y volvió su atención a su amiga.
–¿De qué se trata, entonces?
–Nino cree que le gusta alguien.
Marinette sintió una debilidad en las piernas y agradeció estar sentada en su silla de escritorio. Su corazón dio un vuelco y trató de controlar sus impulsos de echarse a llorar sin saber aún toda la historia. Pero luchar contra su imaginación era difícil puesto que el modelo siempre estaba rodeado de bellezas y no sería muy difícil que una conquistara fácilmente su corazón.
Alya la tomó del brazo y le volvió a hablar.
–No desesperes aún… No te he dicho de quién. Y no es cien por ciento seguro, quizás un setenta por ciento… -agregó y Marinette solo sintió más confusión.
-–¿Eh?
–Lo que quiero decir es que… -Alya carraspeó dubitativa– Parece que a Adrien le gusta Ladybug –dijo finalmente.
Marinette estaba preparada para gimotear con la respuesta pero al segundo de oírla todo murió en su garganta. Ni un sonido salió de ella, solo miró a su amiga fijamente mientras procesaba la información lentamente.
–¡Oh, no! ¡Te quedaste muda de la impresión! –soltó horrorizada su amiga y la abrazó– No quería ser yo la portadora de malas noticias pero… Nino ya me lo había dicho antes. Adrien parece tener una especie de interés hacia ella diferente al mío o al de sus fans. Lo sospechaba desde que los vio juntos cuando atacaron a su padre y la forma en que él habló de ella hoy solo confirmó más y más sus sospechas. ¡Lo siento tanto, Marinette! Pero no hay que ser negativos, piensa en que… Bueno, es Ladybug, no es como si ella estuviera al alcance de él. Ni siendo Adrien Agreste ella se fijaría en él, ¿no?
Marinette aún seguía sin poder hablar ni moverse. Su amiga seguía abrazándola pero cuando sintió que no iba a responderle nada se separó preocupada.
–¿Estás bien? –quiso saber y Marinette al fin logró hacer contacto con la realidad de nuevo y asintió.
–Sí, estoy bien… -respondió y se llevó el cabello hacia atrás. De pronto tenía mucho calor.
–¿Segura? Puedo llamar a casa y decirles que me puedo quedar si es que necesitas compañía esta noche.
Marinette la miró y sonrió negando con la cabeza.
–No, no será necesario. Muchas gracias por ser honesta conmigo.
–Entonces, ¿estarás bien?
–Sí –asintió ella.
–¡Uff! Tenía miedo que te desmayaras o algo así. Al enterarte que tienes competencia. ¡Y vaya competencia!
–Adrien quizás esté solo muy impresionado con todo este asunto de pelear junto a Ladybug.
–Sí, supongo… Aunque Nino dice que lleva un tiempo fascinado con ella.
Marinette se giró pensativa. No quería crearse falsas esperanzas. No quería hacer nada que se viera sospechoso frente a Alya tampoco. Pero la noticia la había golpeado en la cara y luego le había hecho caer en un cojín de plumas en menos de un minuto.
Adrien enamorado de Ladybug…
–¡Oh, es cosa de hace tiempo! Eso explicaría por qué no me nota...
–No te nota porque no te haces notar…
–¡Cierto! Eso significa que debo esforzarme mucho más –soltó– Como dices, la competencia es dura pero sería como un sueño hecho realidad que Ladybug le hiciera caso a alguien. Ja, ja, ja… ¿Verdad?
–Sí, es cierto. Oh, Marinette, pensé que esto sería como un balde de agua fría para ti pero lo estás tomando tan bien. Creo que te he estado subestimando.
Marinette asintió, al principio le cayó como un balde de cubos de hielo pero al instante se recuperó. Claro porque Ladybug no era nada más y nada menos que ella. La chica sonrió y tomó la cartera de Alya.
-Está oscureciendo, es mejor que vayas a casa. Avísame cuando llegues –pidió y le tendió sus cosas.
-Okey. Nos vemos mañana, Marinette –dijo la morena y se dieron un abrazo.
-Gracias por todo, Alya.
Un minuto después de que se había ido y un minuto después de que la observara alejarse desde su ventana fue cuando finalmente cayó en cuenta de todo lo que había oído.
Tikki flotaba al lado de ella expectante.
–¿Crees que haya una posibilidad de que Adrien realmente esté en-ena-enamo… interesado en Ladybug?
–Eso es lo que parece.
–No lo puedo creer… Solo no lo puedo creer…
–¿Por qué no? Como Ladybug siempre dejas ver lo mejor de ti y si a él le gusta eso significa que le gustarás cuando te conozca mejor. Debería ser un incentivo para que ya no balbucees en su presencia.
–Pero no puedo evitarlo –chilló la chica dejándose caer en su diván. Moría de la vergüenza con la sola idea de Adrien sintiendo algo por ella. Como más mariposas en el estómago de lo normal.
–Bueno, no es seguro, quizás solo te admira como todos los ciudadanos de París. Salvaste a todos sus amigos, a su padre y a él también.
Marinette apoyó su cabeza contra la almohada mirándola por el rabillo del ojo.
–Entonces solo me admira…
–¿Por qué no le preguntas? Imagino que si se pone nervioso tendrás una pista –apuntó la kwami que se sentó a su lado.
Marinette apretujó aún más su cara contra la almohada quejumbrosa.
–Jamás podría preguntarle algo como eso. Quieres que me acerque a él mañana y le diga: ¡Ey, Adrien, ayer parecía como que te gustaba Ladybug más que solo como un fan… ¿Podría ser que estés ena-enamo- INTERESADO AMOROSAMENTE en ella?
–Solo di la palabra.
–¡No puedo! no puede reaccionar ahora, por favor inténtelo más tarde.
–Oh, pero lo estabas haciendo tan bien hoy. Como Ladybug ya pudiste mantener un poco de cordura las últimas ocasiones.
–Mmm… Tienes razón –admitió la chica y cambió totalmente su mirada– Si Marinette no puede preguntarle algo así yo creo que Ladybug sí podría, más o menos.
–¿Qué quieres decir? –quiso saber Tikki preocupada por lo que la chica estaba tramando.
–Bueno, él aún quiere saber qué opina Ladybug sobre su canción y yo… Bueno, ella prometió hacérselo saber –explicó guiñándole un ojo a la kwami– Creo que Ladybug le debe una visita a Adrien Agreste.
–No creo que esta sea el camino adecua…
–¡Tikki, transfórmame! –gritó Marinette antes de que la pequeña pudiera terminar y en un parpadeo ya era Ladybug – ¡Oh, esto será emocionante! –murmuró dando saltitos.
Abrió la portezuela y observó la ciudad. Buscó la mansión Agreste y calculó el tiempo que le tomaría. Menos de un minuto, pensó y sintió que la invadió la ansiedad.
–¡Vamos, eres Ladybug, puedes hacerlo! –se dijo y lanzó el yo-yo a una chimenea.
Cuando llegó al edificio más cercano a la ventana del rubio notó que estaba abierta y las luces prendidas. Podría ser que esté allí ahora mismo, pensando en ella o en la tarea. Pero estaba allí. Tomó una bocanada de aire y saltó.
Entró dando una voltereta y cayó épicamente tal como una heroína. No podía dar una entrada aburrida a Adrien pero se sorprendió de no verlo por ningún lado. Su habitación era tan grande pero en ese momento se veía tan vacía. Caminó unos pasos mirando hacia arriba donde había una biblioteca pero tampoco estaba ahí.
Se detuvo repentinamente pensando que quizás estuviera en la ducha como las últimas veces que ella se había metido sin avisar a su habitación y pegó la oreja en la puerta del baño pero no oyó nada. Adrien no estaba.
Caminó unos pasos hacia el centro de la habitación deprimida si no estaba entonces dudaba mucho que tuviera valor para volver a realizar otra intromisión como esa. Suspiró resignada y le echó una última mirada a la habitación del chico que amaba.
¿Para qué necesita tantos monitores? Quiso saber repentinamente y caminó hacia la cama. ¿Por qué su cama es tan grande? Es una habitación excesiva… ¿Por qué tiene todas estas cosas extrañas aquí adentro?
Llegó hasta su cama y la miró sintiéndose deseosa de tocar las sábanas.
«¡No, Marinette! Eso sería muy atrevido. Aunque solo son sábanas… ¿Por qué tiene sábanas negras? Bueno, eso no importa… ¡Ay, solo quiero sentirlas! Deben ser suaves y oler a él… O quizás al perfume con el que las lavan… Estoy siendo muy inapropiada… Será mejor que me vaya.»
Se giró hacia la ventana completamente roja e iba a dar un paso pero luego se volteó a mirar de nuevo la cama.
–¡Nadie lo sabrá! –chilló bajito y se tiró en ella– Ahh… Huelen exactamente como imaginé pero mejor, quizás un poco a… ¿jabón de jazmín? Pero también a él –dijo tomó una de las almohadas.
No tenía idea de qué lado usaría Adrien para dormir pero estar allí ya era toda una hazaña y no iba a dejar pasar la oportunidad de abrazarse a una de sus almohadas, cualquiera sea la que usara para apoyar su cabeza, su hermoso cabello dorado y sus mejillas. Rodó un par de veces y cerró los ojos imaginándoselo ahí, dormido… Junto a ella. Sintió que el sonrojo de sus mejillas aumentó descontroladamente mientras dejaba que su imaginación volara hasta cansarse. No debía olvidar poner todo en orden antes de irse, eso sí.
La luna estaba más alta sobre el cielo pero apenas se la veía porque muchas nubes de tormenta se habían reunido sobre la ciudad.
–¡Uff, no sé si haya sido bueno o no que se nublara pero vaya que estaba cansado! ¡Qué bueno que la sesión de fotos se cancelara!
–Yo estoy hambriento –recalcó el kwami por sexta vez desde que se habían quedado solos en las escaleras.
Adrien abrió la puerta y el pequeño entró volando a toda prisa para ir por la provisión de queso que tenía guardada en los cajones del rubio. Adrien iba a quejarse cuando el otro volvió y chocó contra su cara dejándolo con las palabras en la boca.
–Tienes visita –susurró el pequeño y el rubio lo despegó de su cara confundido.
–¿Qué?
–¡Shhhhhh!
Adrien lo miró aún más confundido y el kwami señalaba hacia su cama agitado.
El rubio espió desde detrás de la rampa hacia el lugar. Allí pudo observar con la misma sorpresa (o más aún) lo mismo que había visto el pequeño kwami. Alguien dormía apaciblemente en su cama, alguien con traje rojo y motas negras.
Adrien retrocedió y se pegó a la pared tratando de que no le diera un ataque.
–¿Es esa Ladybug en mi cama? –susurró a su kwami que estaba igualmente shockeado.
–Esta sí que es atrevida… –soltó con una risita maliciosa.
–¡Plagg!
–¿Quizás perseguía un akuma que provocaste siendo tan guapo y la atacó y se desmayó?
–¿Qué? –chilló bajito pero asustado– ¡Me hubiera enterado!
–Solo bromeo, no creo que un akuma pueda causar tal daño mientras lleve el miraculouos activado.
Adrien suspiró aliviado.
–Aunque si tuviera el poder de dormirla…
–¡Ya basta! –lo reprendió en un susurro Adrien y se levantó decidido.
Se acercó hasta la cama y miró detenidamente a la chica. Sí, no cabía duda de que fuera Ladybug, y estaba abrazada a sus dos almohadas con una sonrisa en los labios.
Esa imagen lo dejó completamente desarmado, derretido…
–No la quiero despertar… Parece estar cansada.
–¿Y dónde dormirás tú?
–¿En el sofá?
–Es tu casa, tu cama… Y ella debe tener de esas también, no puede quedarse aquí. ¡Despiértala! –soltó el kwami alzando la voz haciendo que ella se removiera.
–¡Plagg! –chilló de nuevo Adrien y el kwami se escondió en un su bolso.
Ladybug despertó y se sentó mirando confundida las ventanas.
–¿Dónde estoy? –preguntó a nadie en particular cuando la imagen de Adrien se movió ante su vista.
–Ho… Hola, Ladybug… –saludó sonriendo apenado.
La chica chilló y él le tapó la boca inmediatamente. Ambos oyeron unos pasos hasta la puerta de la habitación.
–¿Está todo bien? –sonó tras la puerta la voz de Nathalie.
Adrien tragó saliva sonoramente y vio a Plagg por el rabillo del ojo sosteniendo su celular.
–Sí, solo era uno de esos videos de susto que me envió un amigo. Me pondré los auriculares.
–Ah… –respondió ella algo irritada por el susto innecesario– Bien, nos vemos en la mañana, Adrien. –dijo finalmente la asistente y ambos oyeron a los pasos alejarse hasta que solo reinó el silencio.
El rubio suspiró aliviado y volvió a mirar a Ladybug. Estaba completamente roja. El rubio había sido muy brusco, estaba prácticamente de rodillas frente a ella, tapándole la boca con ambas manos. Podía sentir su respiración acelerada y la calidez de su sus mejillas. Se separó de un salto y miró el suelo apenado.
–Lo-lo-Lo siento mucho –logró decir tartamudeando– Pero no podría explicar esto a Nathalie sin que… Sin que mi padre… Ahm…
El rubio no sabía cómo explicarse pero fue interrumpido por la chica.
–Shh… Entiendo, es mi culpa –admitió sintiéndose como una tonta después de recuperar un poco la compostura.
El rubio estaba asombrado y confundido a la vez mientras ella luchaba contra la necesidad de salir corriendo.
–Bueno, Ladybug. Te imaginarás que me pregunto qué te trae por aquí –dijo finalmente el muchacho curioso y ansioso.
Ladybug lo miró y sonrió nerviosa sabiendo que seguramente hizo una mueca tonta. Y luego se levantó de su cama entre más risitas tontas. Recordaba haber pensando en una buena excusa para haber ido hasta allí pero no la podía recordar en ese instante. Todo porque el rubio estaba frente a ella y eso no la dejaba pensar con claridad. Desvió la mirada avergonzada y vio unas partituras sobre su mesa y lo recordó.
Tomó algo de confianza y se aclaró la voz.
–Bueno, chico bonito… –dijo sintiéndose mal al instante. Demasiada confianza para empezar –Recuerdo que prometí darte mi opinión respecto a tu canción –se explicó finalmente y el rubio abrió los ojos sorprendido.
–¡Quieres decir que viniste hasta aquí solo por eso! –soltó deslumbrado.
–Oh, ¿no querías que viniera a tu casa? ¿Te molesta? ¡Obviamente que te molesta, esta intromisión es hasta ilegal! Si quieres me voy –dijo nerviosa señalando la ventana.
Claro que estaba molesto hasta hizo un desastre con su cama. ¡Oh, la cama! Pensaba ella aterrada en su interior, viendo el producto de su desvergonzado actuar.
Él negó con la cabeza y sonrió.
–No, para nada… Solo estoy sorprendido. Es todo un honor para mí que estés aquí por mi canción. Me hace muy feliz, Ladybug. Siento que mi corazón se acelera ahora mismo solo por la alegría que me invade –confesó sin medir sus palabras.
Ladybug abrió los ojos todo lo que pudo, incrédula de que no estuviera molesto.
Sus ojos reflejaban una felicidad que había visto una sola vez, cuando lo conoció al verdadero Adrien bajo la lluvia. Ella sintió que su interior se llenaba de algo cálido y sonrió aliviada. A fuera, un trueno sonó indicándoles que la lluvia había comenzado.
–Vaya… –dijo Ladybug rompiendo el silencio– Pues no deberías sorprenderte, estoy muy halagada. Eres muy talentoso y esa canción fue hermosa. Me sacó lágrimas de felicidad y no estoy mintiendo– aseveró.
–¿Ah, sí?
Los ojos verdes brillaban con el resplandor de los relámpagos tras los ventanales de la habitación.
–Fue hermoso –admitió finalmente ella– Fue perfecto. Podía verme a mí misma yendo por la ciudad, esa sensación de volar, la libertad… Fue como si vieras a través de mí como si también supieras lo que se siente.
Adrien asintió. Claro que conocía todo eso, la felicidad que provocaba andar por ahí a sus anchas. La satisfacción de saber que hizo algo bueno. Todos esos sentimientos revueltos en su corazón. Los conocía y sabía que Ladybug también. Pues el corazón de la heroína era grande y amable como el de ninguna otra.
–Gracias por dejármelo saber.
Ladybug bajó la mirada incapaz de seguir sosteniéndosela. Decidió que sería mejor irse antes de que la lluvia empeorara, antes de que ella empeorara y se desmayara.
De pronto, recordó la otra razón por la cual había ido allí. Debía averiguar qué sentía Adrien Agreste por Ladybug.
Así que tomó valor, tragó saliva sonoramente y encaró de nuevo al chico que la observaba expectante. Lleno de curiosidad y ansiedad, se balanceaba mientras jugaba con sus manos.
Adrien quería hablarle pero no sabía de qué sin sonar extraño. Ladybug estaba ante él y no sabía qué hacer ni qué decir. Jamás imaginó que una situación así se presentaría. Si al menos tuviera su máscara podría actuar normal porque no pondría en riesgo su identidad porque Chat Noir era libre de hacer lo que su corazón le dijera. Pero Adrien no, debía ser siempre cauteloso.
Esos pensamientos lo inquietaban hasta que ella finalmente habló rompiendo la tensión de su corazón.
–No sabía que fueras un admirador…
Él levantó la cabeza y la miró con confusión.
–¿Admirador?
–Sí, eres un gran admirador, ¿no? O sea de mí y de Chat Noir –se explicó– Aunque debo asumir que tengo preferencia sobre él.
El rubio asintió avergonzado. Él mismo se había auto despreciado un poco frente a la chica para resaltar su admiración por ella. Pero decir que él era solamente un fan resultaba doloroso.
Quería que sus sentimientos se reflejaran en la canción que había tocado y ahora no sabía qué decir o hacer. Había sido un niño tonto, un niño soñador. Obviamente no iba a entender el tenor de sus notas sin oírlo directamente de su boca.
Esa clase de sentimientos se deben de decir en alto para que no quepa la menor duda. ¿Pero podría lograrlo? Confesarse a Ladybug ahora que tenía la oportunidad. Otro trueno lo sacó del hilo de sus pensamientos y retornó su atención a ella.
–Una hermosa canción –reiteró– Con una calidez formidable –continuó cautelosa– como si quisieras decir algo con ella…
Adrien asintió. No podía respirar con normalidad. No lo podía creer, Ladybug quizás sí había visto a través de él y de su mensaje. Una emoción lo llenó de nuevo y decidió dejarse llevar.
–Hay algo que quería decirte tras esas notas –admitió finalmente y dio un paso hacia ella– pero no sé si te agrade saberlo.
–¿Por qué no me agradaría?
–Es muy difícil de explicar. No quiero que pienses que soy un chico tonto que fantasea y nada más.
Ladybug respiró profundamente intuyendo adónde llevaba toda esa tensión. ¿Las sospechas de Nino podrían ser verdad? Marinette estaba tan asustada como intrigada tras la máscara de Ladybug.
Necesitaba saber la verdad detrás de todo esto. ¿Adrien Agreste estaba cegado ante la asombrosa figura de la súper heroína de París de forma que no podía ver a Marinette? Sabía que, en parte, era su culpa por ser cobarde y no ser honesta con él sobre sus sentimientos.
Pero ahora era Ladybug, no la tímida Marinette. Era valiente, era osada era todo lo que su alter ego no podía ser libremente. Ella dio un paso disminuyendo aún más el espacio entre ambos. Podía sentir el aliento cálido del rubio
Por su parte, él trataba de no huir ante los ojos que lo atravesaban, azules como el cielo despejado, profundos como el abismo que había en su corazón deseoso de ser llenado con su amor.
–Oh, Ladybug… –empezó él.
–¿Sí…?
–Yo quisiera…
–¿Ajám?
–Decirte que… –el corazón de Adrien latía a mil por hora.
Ladybug había dejado de respirar ante la evidente llegada de una confesión y una ansiedad tremenda la empezó a invadir. Adrien estaba enamorado de Ladybug y no de ella como Marinette. Toda su valentía pareció esfumarse y tembló al darse cuenta que Adrien continuaría hablando.
–Yo te…
–¡Ay, mira nada más! Se ha hecho muy tarde y será mejor que me vaya –anunció iterrumpiéndolo repentinamente y dejándolo completamente desconcertado.
–¿Qué?
–Está lloviendo cada vez más fuerte –agregó ella señalando afuera y sonreía nerviosa– Es mejor que me vaya, te he molestado mucho. Nos veremos en otra ocasión. Ahora ya sabes mi opinión que era lo que querías –dijo rápidamente alejándose cada vez más dejando al rubio desolado.
La chica no podía creer que, estando tan cerca, se había dejado llevar por su temor, no podía enfrentarse aún a esa realidad y necesitaba ir a casa a darse un baño de agua caliente.
¿Podría ser posible que Adrien la amara? No, no estaba lista para eso y debía huir antes de que esto se le saliera de control. Se maldijo internamente por ser una gallina y actuar como una idiota frente a él para luego correr con el rabo entre las piernas.
–Adiós, Adrien –anunció dando un salto a la ventana.
Adrien miró el suelo tragándose sus palabras, un nudo se había formado en su garganta. Un relámpago volvió a iluminar la habitación, cegando a la chica por un segundo y provocando una larga sombra a los pies del rubio.
–Esto se pone cada vez peor –se dijo a sí misma cuando lanzó su yo-yo a una chimenea.
–¡Espera, por favor! –oyó la voz del rubio sobre el ruido de la lluvia. Ella estaba por saltar pero él la tomó de la mano con fuerza– ¡No te vayas aún! –rogó– Tengo algo que decirte.
Ladybug lo miró temerosa.
–Tengo que irme –insistió ella.
-¡Lo sé!
–Entonces déjame ir… –pidió.
–No puedo…
–¿Por qué?
–Porque no puedo seguir engañándome. Quiero ser yo mismo sin necesidad de usar una máscara, quiero ser egoísta por una vez en mi vida y vivir bajo las consecuencias de ello.
–¿Pero de qué estás hablando, Adrien? ¡Suéltame! –insistió otra vez ella tironeando de su mano pero los ojos llorosos del rubio la detuvieron.
–Estoy hablando de que siempre he estado enamorado de ti pero no tengo el valor de decírtelo –confesó.
Ladybug perdió toda sus fuerzas, el yo-yo se desenredó y volvió hasta su mano. Adrien aprovechó para tirar de ella y terminaron cayendo al suelo.
Ambos podían sentir el ritmo acelerado dentro de ellos, la respiración rápida en consecuencia y las miradas cargadas de tantas dudas.
–Lamento tanto ser una molestia –susurró el rubio en voz baja.
A Ladybug le tomó unos segundos reponerse, Adrien estaba completamente quebrado bajo ella y lo pudo entender a la perfección. Un amor que se ve más allá de su alcance, un amor que no podría ser correspondido sino solo en sueños. Estar enamorado y sufrir ese tormento continuo de que todo parece imposible. Ella sentía algo así también y lo entendía.
Tomó las mejillas del rubio con suavidad y lo besó.
Adrien parpadeó un par de veces sorprendido, los labios de ella se movían con suavidad, le tomó un segundo comprender lo que pasaba. La rodeó con los brazos respondiendo a ese beso, su cuerpo sobre el de él se movía con delicadeza mientras sus labios buscaban darle lo que tanto ansiaba. Eran como un néctar que aliviaba a todo su ser y se dejó llevar por esa dulce sensación que lo tentaba a pedir más y más.
Ladybug se encontró reconociendo la textura de esos labios y, sin darse cuenta, buscaba saber por qué. Su corazón latía descontrolado sabiendo que no debía estar ahí, que no debía estar haciendo eso pero lo ignoró todo por ese momento de gozo. Los suaves labios bajo los suyos la llamaban por más y no podía detenerse. Sintió que las manos de Adrien se deslizaban sobre su espalda, acariciándola con delicadeza mientras ella lo besaba con más pasión.
Como si ambos estuvieran completamente coordinados, rompieron ese contacto adictivo y se miraron a los ojos sin parpadear. Adrien sonrió y Ladybug se sonrojó.
–Sabes… Te amo y que te amaré seas quien seas, Ladybug –afirmó con dulzura.
–Te creo.
–Eso me hace feliz.
–Pero no entiendo el porqué –agregó apenada– No me conoces.
–Tú tampoco me conoces y aquí estamos.
–Es-Esto tiene una explicación –se defendió ella apenada– Yo necesito saber por qué… ¿Por qué tú, repentinamente estás enamorado de mí?
–No es nada repentino, Ladybug… Te amo desde hace un tiempo ya, te amo desde que conocí a la chica que se oculta aquí.
–¿A-aa-Acaso sabes qui-qui-quién soy?
–No tengo ni una pista. Solo sé que amo a esa chica tenaz, gentil, inteligente, valiente, dulce, abnegada y un poco torpe –agregó con una sonrisa– que se esconde detrás de toda0s estas motas –finalizó dándole un golpecito en la nariz con la suya.
Ella se sonrojó y se levantó inmediatamente.
–Aa-a-Adrien… ¡Es que tú no entiendes que no puedes estar enamorado de mí!
–¡Pero lo estoy! –se defendió tomándola de las manos y besándoselas– Estoy completamente perdido sin ti.
–No-no entiendes… –siguió ella nerviosa. No sabía en qué momento había perdido toda la compostura, se dejó llevar por sus deseos como Marinette y ahora todo era un embrollo– Yo- yo no puedo…
–Pero por qué no, Ladybug. Tú también sientes algo, ¿verdad? ¡Yo sé que sí!
–Sí, lo hago. Pero esto no tenía que ser así –admitió y se giró hacia la ventana.
–Pero, Ladybug. Yo… Yo sí te amo.
–¡Ya deja de llamarme así! –rogó ella y saltó a la ventana– Tienes que buscar ese amor en otro lado, no en mí –insistió y saltó lanzando el yo-yo inmediatamente después para no darle más oportunidades al rubio de atraparla y, él, se quedó mirando la lluvia caer.
Adrien cerró la ventana y se dio cuenta del frío que sentía por primera vez. La habitación estaba helada y él tenía una larga noche por delante.
Marinette llegó a su habitación y se echó a llorar. Había hecho un montón de estupideces y ahora Adrien estaba destruido, posiblemente odiándola. No había tenido control sobre sus emociones y ahora veía las consecuencias de ello. ¿Por qué tenía que ser tan impulsiva? ¿Por qué no pudo mantenerse calmada e ir por el camino lento? ¿Por qué todo tuvo que terminar en un desastre?
Tikki le tendió un pañuelo rosa y se sentó en su hombro.
–Tienes que ser fuerte. No todo está perdido.
–Es que… Es que no entiendes que acabo de rechazar a Adrien. ¡Es la cosa más estúpida que jamás esperé hacer en toda mi vida! ¡Soy un desastre!
–Te asustaste.
–Y dudo que él me vaya a perdonar.
–Claro que lo hará, él entenderá si eres honesta con él.
–Lo dudo.
–¿Qué, acaso no es el chico más gentil y comprensivo que jamás hayas conocido?
Marinette asintió.
–Mañana tendrás que enfrentarlo de una u otra manera. Debes asegurarte de ser honesta con tus sentimientos esta vez.
–¿Pero cómo lo hago?
–Deja que tu corazón te guíe, Marinette. Es lo único que puedo aconsejarte acorde a las circunstancias.
Marinette miró una de las fotografías de Adrien pegadas a la pared. Se sentía como si lo hubiera golpeado y aplastado contra el suelo. Ahogó unos sollozos y se recostó en sus almohadas, rendida. Ya no quería pensar más en ello.
Ya sé, mucho dolor en sus KOKOROS por los FEELS pero si recibo muchos reviews para la continuación puedo apresurarme y corregir el siguiente a ver si les saco el sabor amargo de la boca... JAJAJAJA Sí, esto es chantaje (?) ;3
Siempre he pensado que Mari es de las que si dudan o tardan mucho pierden el control y salen huyendo (en lo que a Adrien se refiera) Si no hay Adrien TODO es posible en su camino. Pero si hay Adrien to-to-todooo se vuelve di-difi-ficil xDD
Saludos a todos y que pasen un buen día o noche. (Probablemente noche porque acá ya son casi las ocho pm)
