Disclaimer: Gundam Seed no es de mí propiedad.
Poco después de que Kira Yamato había aceptado dejarme a cargo de las reparaciones de su Gundam, salí de la habitación, sabiendo que el castaño deseaba cambiarse y ponerse, quizá, el uniforme de la Alianza Terrestre, tal y cómo sus amigos. Eso significaba que todos ya estábamos alistados al ejército, menos Fllay quién parecía no estar interesada en cosas de este estilo. Supongo que l razón por la cual ella todavía deseaba mantenerse alejada de esto es porque creía que no tenía habilidad alguna, o algún uso dentro de esta nave. Eso era algo que ella misma debía de pensar o tener en mente para saber que hacer con su vida.
Cuando menos me lo imaginé, estaba en la habitación dónde había visto por última vez mí mochila; y recorriendo un poco las cortinas que cubrían la cama, allí estaba. La tomé y la posé sobre mí hombro, para después regresar a dónde el Gundam de Kira Yamato se encontraba. La emoción me hacía el querer comenzar a analizar la máquina desde este mismo y preciso instante, y quizá hasta sería capaz de olvidar el cómo dormir o comer por el simple hecho de estar enfocada en sus reparaciones o sistemas. Kira Yamato no se iba a decepcionar por lo que acababa de hacer, sabrá que mi ayuda en la reparación de su Gundam fue una de las mejores elecciones que ha hecho en su corta vida.
En el camino, me había encontrado a varios civiles que se encontraban rondando por los alrededores de la nave de una forma más tranquila y sin preocupaciones, y creo que eso era porque la nave ya no se encontraba dentro de estado de combate. Subí a la misma plataforma que me llevaba a dónde esas máquinas se encontraban, y esta vez el tiempo de traslado se me hizo demasiado corto. Maldito seas Kira Yamato por haberme presentado una cosa así.
El señor que tenía aquella toalla verde en el cuello se encontraba dando órdenes a sus ayudantes para poder arreglar el Mobile Suit a tiempo y cuando giró a un costado se percató de mi presencia y frunció un poco el ceño.
-¿Qué hace una jovencita para tú en una parte tan peligrosa de la nave?- me cuestionó, burlando un poco. Supongo que no se acordaba de mí o del alboroto que hice hace un rato.
-Soy Haru,- comencé a presentarme para luego seguir con mi oración. –Kira Yamato me dejo a cargo de su Mobile Suit.
El señor me miró curioso, arqueando una ceja un tanto confundido. Sabía que la pregunta que rondaba por su mente era "¿qué se supone que una chica como tú haría en este lugar?", o algo en lo parecido ya que no parecía muy convencido por lo que acababa de decirle.
-Soy el sargento Murdoch, ¿mucho gusto?- le alzó una mano, queriendo estrechar manos conmigo. No dude ni nada por el estilo y acepte su mano.
Después de esa presentación el señor Murdoch no me cuestionó nada sobre eso de que yo era quién se encargaba del mantenimiento del Mobile Suit de Kira. Cuando le vi marchar, me dispuse a adentrarme dentro de la cabina del Gundam. Cuando me senté en la silla de piloto, quede más que asombrada. Demasiados botones, palancas, pantallas de opciones, comunicadores, teclados para diferentes funciones, e incluso había un aparata para auto-destrucción.
Saqué mi computadora que había estado cargando todo este tiempo de mi mochila, y comencé a prenderla. Mientras que esperaba que se cargara y esas cosas, seguí analizando el interior del Gundam. Apretando dos botones que estaban un poco arriba de mí cabeza hice que el Gundam funcionará. En la pantalla principal dónde me indicaba el tipo de armas y la energía del Mobile, al principio, hubo cómo una corta introducción al sistema con las siglas de "G.U.N.D.A.M", y supongo que esto era la razón por la cual Kira Yamato lo hacía llamar así.
-¡Haru-san!- levante un poco la mirada, y me percate de que Kira estaba en la entrada de la cabina. Hablando del rey de roma. Al parecer era buena invocando a la gente inoportuna.
-Dime, Kira- después de aquella conversación que tuvimos, el odio entre nosotros dos había desaparecido un poco, y eso me hacía sentir un poco feliz. Tan siquiera, ahora podía considerar a este chico mí amigo, o algo en lo similar.
-Mwu-san me pidió que hiciera algo con el Gundam y—
Sabía que era lo que diría, y antes de que terminara su oración ya me encontraba sentada a un costado de la silla del piloto. Supongo que Kira Yamato deseaba que me saliera del lugar, pero debía tener en cuenta que si lo quería arreglado antes de la próxima batalla debía de comenzar con el análisis de datos lo antes posible.
Kira se adentró al Mobile Suit, y comenzó a teclear de forma rápido con el teclado que antes se encontraba a su costado derecho. Yo también ya había comenzado con mí labor, extrayendo los datos de este Gundam que al parecer su nombre era el de Strike. Hubo veces que yo misma me distraía, admirando de forma incrédula el cómo Kira configuraba cosas del Gundam a una gran velocidad. Él era magnifico.
Cuando terminó con sea lo que sea que se encontraba haciendo, movió el teclado a un lado dejándolo en su lugar original y soltó un suspiro de cansancio. Le mire de reojo. Ahora que lo recordaba, el mencionó a un tal "Mwu-san" quién yo desconocía por completo.
-Kira,- le llamé, y esté al instante me levanto la mirada. -¿Quién es Mwu?
-¿Mwu-san?- repitió mí pregunta. –Su nombre completo es Mwu La Flaga; él es quién nos separo cuando nos encontrábamos peleando.- terminó embozando una sonrisa. Al parecer recordar eso le daba un tanto de gracia. Me asombre un poco al saber que el rubio se llamaba Mwu La Flaga, aparte de que ese nombre se me hacía un tanto extraño. Siendo sincera, eso era lo que creía.
-Oh.- fue todo lo que logré articular.
-Tengo que irme,- la voz de Kira me volvió a sacar de pensamientos, y cuando menos me percate el ya estaba fuera de la cabina. –Suerte con todo.
Al parecer, me volví a quedar sola dentro de esta majestuosidad. Había mucho espacio para que una sola persona estuviera aquí adentro, y me sentí feliz cuando Kira estaba aquí adentro conmigo, pero cómo él dijo, tenía cosas que hacer y yo también las tenía.
Volví a sentarme en el asiento del piloto, y coloqué mi computadora en mí regazó. Saqué unos cables de color rojo y amarillo de mí mochila y los conecte a un costado de la pantalla principal del Gundam. Después de haber conectado distintos cables a mis alrededores regrese mi vista a mí computadora, esperando a ver qué pasaba ahora.
-¡¿Qué rayos es lo que está ocurriendo aquí?- escuché gritar afuera, y sabía que se trataba del sargento Murdoch ya que con anterioridad le había estado escuchando gritar. No estaba segura si asomarme o no para ver de qué se trataba, pero preferí quedarme dentro de la cabina del Gundam a seguir con mi deber. Los planos y funcionamientos del sistema comenzaban a descargarse en mí computadora y ya no faltaba mucho para eso. Seguí enfocada en esto, hasta que más gritos de los ayudantes de esto se escucharon.
-¡Todos juntos en un solo lugar!- esa voz no la conocía. Había extraños dentro de esta nave.
Ahora que venía recordando, Mwu La Flaga-san había dicho que nos encaminábamos a la zona militar de Eurasia, y eso significaba estar dentro de esa barrera impenetrable. Allí estaba la razón por la cual eso me resultaba demasiado familiar, pero ahora no logró recordar todos los detalles con claridad. Cuando me percaté que la información se había guardado a la perfección en mi computadora, la cerré y guarde todos los cables que había con anterioridad conectado dentro de mí mochila otra vez. Posé mi mochila sobre mis hombros y salí despacio de la cabina. No sabía que me podría encontrar allá afuera.
En el centro del salón se encontraban varios soldados, rodeando al sargento Murdoch y sus ayudantes; después apareció Mwu-san, quién estaba siendo apuntado con una pistola a sus espaldas.
-¿Qué está pasando aquí?- cuestione en alto, y al parecer, eso había llamado la atención de todos los presentes. El sargento Murdoch como Mwu-san me miraron un poco frustrados, casi como si ellos desearan el que jamás hubiera salido de aquí adentro.
-¡Hay una niña allá arriba!- un oficial que portaba arma en mano había gritado, apuntando mi dirección y diciéndole a un subordinado que fuera a por mí. Cuando el subordinado estaba frente al Gundam, el me apuntó con la pistola.
-Baja ahora mismo de allá arriba,- su voz era amenazadora, y su mano estaba sobre el gatillo. –Hazlo o tendré que hacerlo por la fuerza.- supongo que a esa oración se refería: "baja o te disparo". Sí, estaba segura que eso era. Sujeté bien mi mochila en mis hombros y me sostuve de una pequeña manija que estaba en el Gundam, la cual después fue bajando de forma lenta. Cuando toqué el suelo, el oficial se puso a mis espaldas y ahora podía sentir la punta del arma junto a mí cabeza. –Comienza a caminar.
No lo dude, y camine a dónde Mwu-san y el sargento Murdoch se encontraban. Mwu-san me mirada con una cara de duda, cuestionándose del porque me encontraba allá arriba, mientras que el sargento seguía maldiciendo por lo bajo. Los soldados nos dijeron que les siguiéramos o sino tendrían que recurrir a las armas. Cómo nadie de los presentes quería que eso pasara, seguimos en silencio a los soldados.
El camino que nos encontrábamos tomado era el mismo que llevaba a la cafetería de la nave. Mientras más nos íbamos acercando, más soldados de la Alianza Terrestre se veían a la vista. Estos no eran los mismos que había desde un principio, estos pertenecían a la zona militar de Eurasia. Su sitió era en Artemis.
Al llegar a la cafetería, todos los civiles que habían abordado la nave se encontraban aquí reunidos, al igual que los estudiantes y los oficiales de mayor rango que se encontraban en el puente de la nave. El sargento Murdoch había maldecido en alto, gritando cosas cómo "¿Qué rayos pasa con ustedes?" y cosas en lo parecido, pero su respuesta era ser nuevamente empajado por el arma que el soldado tenía en manos. Al llegar, estaba a punto de encaminarme a dónde Kira Yamato y sus amigos estaban, pero antes de poder cambiar de dirección el solado que se encontraba a mis espaldas me jaló hacia el lado contrario, llevándome a una esquina alejada de dónde los demás se encontraban.
Kira se había sobresaltado por lo que estaban haciendo, y cuando estaba a punto de ponerse de pie, el sargento Murdoch lo volvió a sentar en su lugar. Kira Yamato le miró en duda, pero no recibió respuesta alguna. Regresó su mirada a dónde yo me encontraba parada, y yo sólo le dedique una sonrisa. Moví un poco los labios, deletreando las palabras "despreocúpate", para que no hiciera alguna acción insensata y permaneciera en el lugar. Estábamos tratando con soldados ajenos a los que conocíamos con anterioridad, y por la forma en la que nos trataban, no era bueno el confiarse de ellos.
Fllay también se había percatado de lo que esos soldados habían hecho, y jaló un poco de la manga del sacó de su novio. Sigh le había volteado a ver, sorprendiéndose un poco por la cara un tanto atormentada que Fllay traía en rostro.
-Sigh, ¿Por qué tienen apartada de nosotros a Haru-san?
Ese comentario había sido escuchado por todos los de la tripulación, quienes voltearon también a verme y luego regresaron su atención a la plática sostenida entre esos dos chicos.
-N-no lo sé…- al parecer, Sigh también estaba un poco confuso por el hecho de que un soldado seguía apuntando su arma a mis espaldas y de que no me hubieran soltado cómo los demás civiles. Ellos todavía no sabían sobre lo que realmente estaba haciendo, más que Kira. Así que él era el único capaz de poder entender mí situación. Bueno, eso esperaba.
-Quizá la cacharon haciendo cosas indebidas.- Kuzzuey comentó, recibiendo una mirada un tanto enojada de Fllay. Ese chico si tenía mucho rencor hacia mí. Si tarde un poco en hacerle entender a Kira que debía de confiar un poco en mí y dejarme a cargo del mantenimiento de su Mobile Suit, con ese chico iba a tardar en hacerle entender que no era tan mala persona cómo él creía.
Cuando Fllay estaba a punto de negar o criticar aquel comentario que Kuzzuey había dado, dos nuevas figuras aparecieron por la puerta. Ellos parecían más serios, y por el hecho que portaban un extraño gorro con medalla significaba que ellos dos eran de un rango mayor a estos soldados que se encontraban rodeándonos. Y mis sospechas fueron ciertas cuando éstos saludaron de forma respetuosa al señor de calva que iba delante del señor de cabellera extraña y rubia. Ellos habían llamado la atención de todos los presentes.
-¿Quiénes son el piloto y el mecánico del Mobile Suit que tenemos a bordo?
Esa pregunta había llamado mucho más la atención, sobre todo la mía y la de Kira. Él era el piloto, y yo soy quién se encarga de su mantenimiento. ¿Acaso resulta que si fue un error lo que hice después de todo?
-¡El piloto y el mecánico!- exclamó el rubio de cabello extraño. –Es alguno de ustedes, ¿no?
De inmediato voltee a ver a Kira, quién al parecer casi se pone de pie. El sargento Murdoch había impedido que Kira se diera a conocer, y con un asentimiento de agradecí, no estando completamente segura si se había percatado de mí agradecimiento. Uno de los que se encontraba en el puente de la nave había avanzado al frente, poniéndose frente a ese señor que era de un rango mayor que de él. Parecía como si no le importara el meterse en problemas con su superior, pero igual comenzó a atacarle con preguntas.
-¿Por qué nos lo pregunta?- articulo esa pregunta, para después ser sostenido por la parte del cuello de la camisola por él señor de cabello extraño. Al peli-azul fue lo que menos le importó en ese momento. -¿Es por qué el capitán y nuestros oficiales no le han dicho? ¿O por qué no se lo han preguntado?
Mire a Kira, percatándome que él no había pensado que la situación podría tratarse de una trampa para que se aprovecharan de nosotros. Quizá había recordado algo, ya que sus ojos se habían abierto un poco por la sorpresa que recibió. Después de pocos segundos el señor de calva le indicó a su camarada que soltara al joven oficial, y comenzó diciendo un largo discurso de milicia que no había comprendido en lo absoluto.
-¿Quién es el piloto?- ahora fue él quien volvió a articular la pregunta. He de admitir, que se trataba de un buen actor. A pesar de que hemos estado evadiendo la respuesta a su pregunta seguía manteniendo la misma calma digna de un oficial de elite, pero en su mirada era claro que no le agradábamos en lo absoluto y que deseaba marcharse rápido del lugar.
-El teniente La Flaga es quién se encontraba piloteando el Mobile Suit. Si tiene alguna duda al respecto, pregúntele a él personalmente.
Kira y yo nos asombramos ante la mentira que el sargento Murdoch había sacado, pero quizá esa mentira pudiera salvarle el pellejo a Kira. A mí no me importaba ser interrogada por estos tipos de la Alianza, ya que como el soldado que tengo a mis espaldas me había encontrado dentro de la cabina, él podía dar a conocer que soy el piloto, o el mecánico también.
-Hemos monitoreado el enfrentamiento anterior, y usted mejor que nadie sabe que el Teniente La Flaga es el único capaz de manejar el Zero y sus cañones.- terminó, embozando una sonrisa que me daba mala espina, y se acercó a Miliaria, a quién tomó de forma forzada del brazo y le hizo ponerse de pie. Eso me sacó de mi silencio. Solté un corto gruñido, el cuál juraría que fue pasado por alto por el soldado, ya que sentí que su agarre en mis muñecas había sido forzado un poco más. Kira estaba cómo yo, enojado por la actuación tan canalla que el soldado de alto rango había realizado.
-Dudo que una jovencita cómo tú sea capaz de manejar ese Mobile Suit,- seguía con esa sonrisa, esa que a cada segundo comenzaba a odiar. –pero cómo el capitán de esta nave es mujer, no se—
-¡Suéltala de una maldita vez!- si, esta vez ya no me había contenido, y le grite. Había llamado la atención más de lo que esperaba, ya que Kira cómo el sargento Murdoch estaban un tanto enojados por mi acción. Ellos dos todavía no querían dar a conocer quién era el piloto ni el mecánico del Strike, pero lo que estaban cometiendo era una completa injusticia.
Ambos soldados de alto rango enfocaron sus miradas en mí, y en ese instante, el señor de la calva soltó a Miliaria, y se encaminó a dónde me encontraba y siguiéndole detrás estaba el cabello extraño.
-¿Podría saber quién eres?- me cuestionó, mirándome con cierto interés casi cómo un animal extraordinario. Ese pensamiento comenzaba a enfermarme.
-¡Eso a ti—!- iba a seguir con la protesta, pero un nuevo jalón del soldado hizo que cerrara momentáneamente la boca. Estaba más que segura que cuando mirara mis muñecas, estas tendrían una marca de una mano.
-¡Señor!- el soldado saludo, y después regresó a su labor de sostenerme con fuerza. –Esta chica fue encontrada dentro de la cabina del Mobile Suit.- esa información había sorprendido a los estudiantes, y llenando de más interés al señor de la calva.
-¿Así que me estás diciendo que ella es quién pilotea ese Mobile Suit?- él no le creía, y yo tampoco le iba a creer. Soy una mujer debilucha que no viste el uniforme de la Alianza, así que por que sería yo quién piloteara esa cosa.
-¡Ella no tiene nada que ver en esto!- una voz grito en el fondo, y supe al instante que se trataba de Kira. Maldije por lo bajo. -¡Yo soy el piloto!
El señor de la calva ahora estaba confundido. ¿Cómo era que dos niños fueran el piloto del Mobile Suit?, algo me decía que eso era lo que se encontraba pensando de momento. Él de cabellera extraña se quedo parado a un costado mío, mientras que el de la calva se encaminó hacia dónde Kira se encontraba.
-Niño,- comenzó, parándose frente a él. –Apreció que quieres ayudar a estas dos jovencitas, pero eso no es algo que un mocoso cómo tu pueda manejas, ¿no lo crees?
-¡Es más improbable que ella pueda manejarlo a que yo!- sabía que ante ese "ella" se estaba refiriendo a mí, pero desde cualquier punto de vista que lo vieras, había más pruebas en mí contra de que yo fuera el piloto y él un simple mocoso mentiroso.
Ante lo que dijo Kira, el soldado de alto rango pareció más molesto. -¡Déjate de tus comentarios absurdos!- iba a lanzarle un golpe a Kira, pero éste de reflejo lo esquivó y lanzó al piso al soldado.
-¡No he hecho nada para merecer que me golpees!- Kira le reclamó, y ante esa actitud sabía que nuevamente había perdido los estribos.
Los soldados que antes se encontraban vigilándome fueron detrás de su general, menos él que aun sostenía de mus muñecas.
-¡Mocoso!- el de cabellera extraña estaba a punto de también golpear a Kira, cuando Sigh se interpuso para evitar tal golpe, pero él fue quien salió empujado u cayó en brazos de Fllay, quién lo sostuvo de forma protectora.
-¡Kira, detente!- Murdoch tomó de los hombros al castaño, tratando de impedir cualquier otra locura que el fuese a ser capaz.
Fllay, aun sosteniendo a Sigh, se puso a un lado del solado que había golpeado a su novio. -¡Paren de una vez! ¡Lo que Kira dice es verdad!
No…puede ser…
-¡Ese chico es él piloto!- soltó, llamando la atención del cabello loco quien estaba a punto de darle un puñetazo en la cara a Kira.
-¡¿Quieres dejar de decir tonterías de una vez?
-¡No estoy mintiendo! ¡Ese chico es un—!
-¡Basta Fllay!- grite a tiempo, impidiéndole decir la verdad detrás de Kira. No se sabía exactamente que serían capaces de hacer ellos si se enteraran de que Kira era un Coordinador, ya que en esta guerra nosotros éramos los enemigos de la Alianza.
-¡Pero es verdad que Kira es un Coordinador!- a pesar de que había intentado que Fllay no lo mencionara, al final si lo hizo. Me miró de forma agitada, esperando a que yo supiera una verdad que ya conocía y que dejara de defenderle, ya que sino luego cosas malas le pasarían a Sigh y ella no lo deseaba. Era increíble que mientras yo pensaba ser la persona más egoísta, Fllay resulto ganándome. Los dos sargentos miraron a Fllay, y luego regresaron su mirada a un furioso Kira.
-¿Coordinador?- el señor de la calva repitió. Kira sólo asintió con la cabeza. Él, cómo su subordinado, tomaron de brazos a Kira, y antes de salir de la cafetería, se detuvo.
-Esa niña también viene con nosotros.- se refería a mí, y el soldado acató órdenes. Empujándome otra vez con la pistola y con manos aun sobre mis muñecas, hizo que siguiera caminando. Antes de salir completamente, mire a Fllay, quién aun se encontraba mirando de forma preocupada a Sigh. Sólo solté un suspiro, y comencé a hacerme varias ideas sobre lo que ahora podría ocurrir.
Al principio del camino, nadie dijo nada, y eso comenzaba a hacerme dudar. ¿Para qué nos desean entonces? Buscaban al mecánico cómo al piloto, y ahora que los tenían, ¿Por qué no nos decían que rayos desean de nosotros y listo?
Cuando bajamos del elevador en que nos encontrábamos, los soldados hicieron que Kira fuera caminando al principio, mientras que yo le seguía por detrás aun siendo sostenida. Comenzaba a sentirme como si fuera un animal salvaje o algo por el estilo ya que desde que me encontraron dentro de la cabina del Mobile Suit, no me habían soltado en ningún momento.
-¿Entonces solo quieres que quite el bloqueó del sistema operativo?- cuando estábamos frente al Strike, Kira les cuestionó un tanto irritado. Debía de pensar en algo rápido, ya que estaba segura que Kira podría meterse en grandes aprietos después de esto.
-No, eso es lo que menos nos importa ahora.- el señor de la calva siguió con su tono meloso de buen actor y con esa sonrisa que tanto odiaba. A pasos lentos, fue encaminándose a un costado de Kira, mirando al Strike desde abajo. –Sabemos que los Coordinadores son capaces de hacer cosas magnificas,- hizo una corta pausa –y lo que queremos es que nos construyas un Mobile Suit idéntico a este, o una arma para poder destruir este tipo de máquinas.
Lo siento auto-control, pero ya no podía soportar más las tonterías que este soldado de la alianza estaba diciendo.
-¿Por quién toman a ese chico?- le cuestioné, llamando su atención al igual que la de las personas que se encontraban alrededor. –Ese niño no es nada, más que un simple estudiante que vivía en la ciudad de Heliopolis; así que no tienes el derecho de hablarle de esa forma.- conocía a la perfección los derechos que los civiles tenían ante los miembros del ejército, y estos no podían hablarle de una forma tan grosera a un simple civil.
-Pero es el quién pilotea este Mobile Suit y alguien que lleva puesto el uniforme de la Alianza, ¿no es así?- se acercó a mí, su sonrisa incrementando a los segundos. –Portar ese uniforme lo hace parte del ejército; así que eso me hace su superior y puedo tratarlo cómo quiera.
Maldito señor enfermo…
-¿Pero acaso tiene identificación que pruebe que sea miembro del ejército?- esa pregunte le llegó desapercibida, ya que no obtuve respuesta después. – ¡Por el simple hecho de que este niño porte ese uniforme y que pilotee ese Mobile Suit es porque desea proteger a sus amigos que están a bordo de la nave!
Kira había permanecido callado todo el rato que estuve discutiendo con este señor, y al parecer, el general de la calva comenzaba a frustrarse más y más con mis palabras. Parecía como si él fuera el tipo de personas qu le gustaba siempre tener la última palabra al igual que siempre la razón, pero ahora se daba cuenta que una simple niña logró cerrarle la boca. Aquel soldado que de cabello extraño fue el único que actuó después de mis palabras, y se encamino a dónde estaba y me sostuvo del cuello de la playera casi cómo lo había hecho con el otro soldado del puente.
Le mire de forma retadora, esperando a ver cuál sería su próxima acción. Me percaté de que estaba apretando los puños, y eso significaba que deseaba golpearme como el cobarde que era. Supongo que Kira Yamato se había percatado de ello, que incluso mostró nuevamente ira en su rostro.
-¡Haru-san no tiene nada que ver en esto!- exclamó, y el señor de la calva volvió a mirar a Kira. Le indicó a su subordinado que me soltara, y por primera vez pude sentirme libre ya que él otro soldado había dejado su agarre de mis muñecas. Cuando las mire, me di cuenta de que estaba en lo correcto; rojas, con dedos de las manos marcados y cerca de le vena tenía una ligera cortada. Era increíble lo fuerte que me habían sostenido todo este rato.
-Sí ella no tuviera nada que ver en esto, ¿por qué fue encontrada dentro de la cabina de este Mobile Suit?
-Eso—
-La razón es por qué soy quién se encarga de su mantenimiento.- sabía que Kira deseaba que no estuviera con el dentro de este embrollo, pero yo siendo un Coordinador cómo él, no sería capaz de rendirme y dejarlo sólo. Eso se le llamaba traición entre camaradas.
Los soldados se echaron una corta pero ruidosa carcajada, casi como si hubieran escuchado el chiste más gracioso de toda su vida. Fruncí un poco el ceño, molestando por el hecho de que me estaban tomando en broma.
-¿Qué clase de nave es esta dejando que un simple mocoso pilotee esto y que una mocosa lo repare?- seguía mofándose.
A pesar de que nos encontrábamos rodeados por soldados armados, me fui encaminando a dónde Kira se encontraba y me paré a un costado de él. Supuse que haciendo esto le daría un corto sentimiento de confianza para que supiera que no estaba solo en esto. Me miró de reojo, y yo simplemente le respondí con un corto asentimiento en la cabeza.
-¿Una nave en la que saben apreciar la ayuda de los civiles sin pedir nada a cambio?- fue una simple y tonta pregunta retorica, la cual esperaba que él lograra entender el sarcasmo de mí voz. Pero lo único que hizo fue fruncir un poco el entrecejo y mirarme de forma ruda. Bien, los soldados de estos días no lograban entender a la perfección las bromas patéticas de los jóvenes de ahora.
-¡Déjate de tonterías!- cabello extraño grito, y fue un grito tan fuerte que en realidad logró hacerme callar. Incluso, siendo honesta, me había asustado un poco.
El señor de la calva aclaró con poca fuerza su garganta, y volvió a posar su atención sobre nosotros. –Hare una última pregunta a ustedes dos…
Ahora sí había logrado llamar í atención, ya que con anterioridad no había atacado con pregunta tras pregunta las cuales exitosamente habíamos logrado evadir. Pero igual, no era tan estúpida cómo para responder algo sin tener otra cosa a cambio.
-¿Y qué si nos negamos a responder?- la respuesta más clara que tuve fue cuando el sargento de la calva hizo un simple movimiento de dedos, y los subordinados ya tenían sus armas apuntándonos a nosotros dos. No sé si era el instinto de un hombre el proteger a la supuesta damisela en peligro, pero cuando menos me lo imagine Kira Yamato se encontraba frente a mí, protegiéndome contra su cuerpo. No pude evitar el ssoltar un coorto grito apagado por la sorpresa.
-Responderemos a tú pregunta, pero por favor, baja las armas.
Deseaba el poder negarme ante lo que Kira estaba por hacer, ya que la pregunta que supuse que estaba formulando iba a causarnos problemas, y que si preguntaba…
-Los dos son Coordinadores, ¿o me equivoco?
Lo sabía…sabía que esa maldita pregunta iba a ser la última que el general de la calva iba a formular, y para mí mala suerte mi sospecha era cierta.
Kira me había mirado de reojo, pensando bien sí respondía con la verdad o con la mentira. Se pudo escuchar en el fondo él como un soldado comenzaba a cargar su arma, y sólo me limité a suspirar. Hice un corto gesto con la cabeza, dándole a entender a Kira que podía responder con toda honestidad a su pregunta.
-Sí, somos Coordinadores.
El general de calva volvió a echarse otra carcajada demasiado cínica, la cual me hizo apretar mis puños en enojo. Nadie sabía esta verdad más que Kira, y también, estoy comenzando a sentir arrepentimiento por haber metido en esto; pero ya había puesto en marcha esta idea, y me había dejado claro que no iba a haber marcha atrás.
-¡Esto es muy interesante!- su risa ya había dado fin, pero la mirada burlona aun estaba posada en su rostro. –Ustedes dos son valiosos, ya que tener dos Coordinadores del lado de la Alianza es algo que muy raramente se ve.
Odiaba esto, realmente lo odiaba pero no podía hacer ya nada en esta situación. Ya nos creía ante el hecho de que Kira Yamato era el piloto y su mecánico, pero aun así seguía burlándose de nuestra naturaleza. Ahora podía comenzar a sentirme, y sin razón, como una rata de laboratorio.
-Así que ahora puedo suponer, que ustedes dos son traidores de los Coordinadores, o mejor dicho, ellos ya los consideran de aquella forma.
¿Q-qué…?
Miré al general, mis ojos un tanto abiertos ante la oración que había dicho en el momento. Sonrió victorioso al ver mí expresión. ¡Eso era lo que deseaba! Ese maldito deseaba confundirme, y para mí desgracia, se había salido con las suyas. ¡Pero jamás había pensado en eso! Nunca me imagine que los Coordinadores que ayudaban a la Alianza…eran traidores de los Coordinadores.
-Bienvenidos sean a Eurasia,- abrió ambos brazos, expresando una cálida bienvenida la cual mejor dicho parecía todo un tormento –Serán tratados de maravilla.
Después de esto, Kira Yamato ni yo dijimos nada al respecto. Ellos habían ganado. Nos habían silenciado completamente. Los dos sargentos se habían quedado con nosotros, y el general de la calva le había indicado a Kira de que comenzara con desinstalar el sistema de seguridad que había puesto en el Gundam. Su mirada estaba indecisa, pero cuando vio que seguíamos siendo apuntados por un arma, no le quedo otra opción.
Cuando tuvimos nuestra pelea, recuerdo claramente que le dije: -siempre existe otra opción, pero al parecer no la pensaste; y en este momento, a pesar de que gaste hasta la última neurona pensando en algún otro nuevo plan, no existía. Me sentía impotente, vulnerable dentro de esta situación. Quizá Kira Yamato cómo el sargento Murdoch tenían razón…jamás debí de haberme delatado a mí misma en aquel momento cuando el sargento de la calva nos tentó.
De un momento a otro, un temblor hubo dentro del lugar, llamando la atención de todos. Eso no era un temblor, estaba muy segura de ello. Era una explosión producida por un disparo de arma laser. Al parecer, el paraguas de Artemis no era tan impenetrable cómo bien decían. Los dos generales cómo los soldados que nos vigilaban salieron corriendo del lugar, tratando de ver que era lo que estaba ocurriendo dentro de su base.
-¡Haru-san!- levanté la mirada para encarar a Kira desde abajo. Él se encontraba asomándose desde la cabina de su Mobile Suit. -¿Qué es lo que ocurre?- fue lo que me pregunto, y sabiendo exactamente el que poder responderle, simplemente encogí los hombros.
-¡¿Qué?- el soldado de la cava grito. Mí atención cómo la de Kira Yamato fue dirigida a él. -¡¿Cómo que un Mobile Suit está dentro de nuestro perímetro?
Solté un corto grito, y mire de inmediato a Kira. Él, supongo, pensó lo mismo que yo, y pateó a esas dos personas que estaban junto con él en la cabina. Los dos soldados cayeron en mis costados, y no pude evitar soltar un corto grito. ¡Por un momento y creí que caerían sobre mí!
-¡Haru-san!- esta vez la voz de Kira venía por la bocina del Gundam, y le voltee a ver. La cabina todavía seguía abierta. Una de las manos del Gundam se puso en frente de mí, y sin dudarlo salte sobre ella. La mano se puso frente a la cabina, y Kira Yamato me indicó que debía ingresar allá adentro junto a él. Y lo hice. Se quejo un poco conmigo por el hecho de que encaje mí rodilla sobre su pierna, pero sólo así podría hacerme camino a un costado del asiento de piloto y para también no molestar.
-¡Maldito!- el sargento de la calva grito, y por la bocina, Kira Yamato le respondió.
-Estamos siendo atacados, ¿no es así?- parecía un tanto más calmado que hace rato. -¡No es momento para estas cosas!- encaminó su camino a la catapulta, teniendo planeando salir.
Estaba asombrada, ya que jamás había visto, personalmente desde la cabina, pilotear a un Gundam. He visto demasiados en acción, pero esta era una primicia para mí.
-¿Puedes hacer algo para sacar el Sword Armor?- me preguntó, y su voz me había sacado completamente de mis pensamiento. Sólo un simple sonido salió de mí boca, y comencé a sacar la computadora de mí mochila para poder ayudarle lo más rápido posible. Tuve suerte de que la había dejado en estado de hibernación, sino prenderla y todo ese procedimiento hubiera hecho que tardara más tiempo. Kira apretaba entre sus nudillos las palancas de control del Gundam, y eso hacía que la presión fuera un poco invadiendo mí cuerpo. Normalmente, cuando hacía este tipo de cosas o trabajos, los hacía con toda la calma del mundo, pero esta situación era completamente distinta. Estábamos en zona de guerra, aquí las cosas se hacían a gran velocidad.
Apreté la tecla de enter, y de los costados comenzaron a salir las partes del Sword Armor que Kira Yamato me había solicitado.
-La próxima vez dime con tiempo…- solté un suspiro, y le comenté de forma burlona. No obtuve respuesta del castaño, ya que él estaba completamente enfocado en proteger esta nave de guerra junto a sus amigos que se encontraban dentro. Kira puso en Shield Armor del Gundam, y salió de la catapulta. Lo primero con lo que nos encontramos fue con un Mobile Suit de color negro. Era uno de los que con anterioridad había atacado la nave.
-¡Sujétate fuerte!- fue lo único que me dijo, y comenzó su batalla contra el Gundam enemigo.
Él también parecía estar un poco estresado, nervioso sobre todo. Tenía razón. Kira Yamato no sabía nada sobre este tipo de batallas, y perdía la paciencia muy fácilmente. Iba a tratar de decirle algo para que pudiera mantener un poco la calma, pero las palabras habían quedado atoradas en mí garganta y sólo me dedique a observar con atención.
-Maldición.- maldijo por lo bajo, y apretando un botón, sacó la espada que hacía en la espalda del Gundam.
Al principio, ninguno de los dos Mobile Suit había hecho ataque alguno. Kira se movió un poco para estar frente de la nave de guerra. Ellos tampoco se habían quedado atrás, y comenzaron la huida de esta fortaleza. El Gundam negro fue el primero en lanzar una estocada, pero Kira logró evadirla a tiempo. Fue su turno de atacar con su espada, pero el Gundam enemigo logró bloquearlo a tiempo. Se trataba de ZAFT, sus pilotos eran aquellos de uniforme rojo, soldados de elite especial. En este momento, y a pesar de que fuera un poco cruel decirlo, existían muy pocas probabilidades de que Kira y yo pudiéramos salir con vida de ésta.
Miré a Kira, percatándome que su mirada comenzaba a llenarse de odio. ¿Qué rayos estaba pensando en una situación tan crítica como esta?
-Demonios…- murmuro. Allí me percate sobre lo que pensaba. Las palabras que ese general de la calva nos había dicho estaba recorriendo la mente de Kira en estos momentos. Pero, aun así tratara de darle algún comentario para ayudarle en algo, sabía que no ayudarían en nada. -¡Déjenos en paz!- grito, y nuevamente se lanzó al ataque.
La cabina del Gundam comenzaba a moverse de una forma ruda, y como no tenía cinturón de seguridad o estaba agarrada de algo, golpee mi cabeza contra una esquina de la cabina. Mordí mi labio inferior, tratando de tragarme el grito de dolor que estaba por salir de mí boca. Comencé a sentir algo recorrer por mi frente. Un líquido frío, y no tuve que tocar ese lugar para saber que lo que recorría mí frente no era otra cosa más que sangre.
Esta vez los ataques de Kira comenzaban a hacerse un tanto más precisos, ya que desde que la batalla había comenzado el Gundam negro había tenido la ventaja, pero esta vez Kira le hizo retroceder con su espada. Más explosiones comenzaron a detonar a nuestros alrededores, pero en lo único que él castaño se enfocaba era en la pelea contra el Gundam enemigo. Incluso se había olvidado que mi presencia estaba aquí. Fue bueno que me hubiera mantenido callada, ya que si hubiera recordado que estaba aquí adentro junto a él, existía la gran posibilidad de que sus movimientos se hicieran un poco torpes.
-¡Kira, regresa!- una voz se escuchó dentro de la cabina, y por el dolor de cabeza que tenía se me hizo un tanto difícil el poder identificar el portador de esa voz. -¡El arcángel va a despegar!
¿Arcángel? ¿Acaso ese era el nombre de la nave de guerra en la que nos encontrábamos?
Escuché a Kira quejarse. Él no quería huir de la batalla, el instinto asesino que él tanto temía tener se podía percibir en su cuerpo. A pesar de que deseaba seguir con la batalla, tuvo que seguir las órdenes que su superior le había dado, y comenzó a retirarse. Él Gundam del enemigo no nos la quería dejar fácil, y siguió aun tras nosotros, pero una explosión que ocurrió a nuestras espaldas hizo que se alejara de nosotros. Kira llegó a la parte superior de la nave, y posicionó el Gundam en forma de descanso.
Kira suspiro, pero la mirada de ira que con anterior tenía fue remplazada por una llena de tristeza. Una corta sonrisa se vio posada en mí rostro.
-Sigue peleando de esa forma, y para la próxima no saldrás con vida de esta batalla…- fue cómo un corto delirio que salió de mi boca, ya que por el golpe que me di en la cabeza ya ni sabía lo que decía. Kira soltó un corto grito sorpresivo, y volteó a verme en confusión. Sí, tenía razón. Se había olvidado completamente de mi presencia.
-H-haru…-san- musitó mi nombre en un leve murmuro. Le dedique una sarcástica sonrisa, y me deje caer un poco hacia atrás. Mi espada apoyándose contra la esquina de la cabina con la que golpee mi cabeza.
-Eres un gran piloto,- comencé, aun creyendo que mis palabras eran simples e incoherentes delirios –pero lo único que te hace falta es un poco de auto-control.- posé una de mis manos sobre mi ojos izquierdo, tratando de presionar la herida que tenía. Kira se sobresalto cuando vio mi acción. Tampoco se había percatado de eso.
-¿E-estas—?
Giré un poco mí cabeza para ver si la compuerta de la catapulta seguía abierta, y al ver que sí, con mí mano libre le indique en su dirección.
-Entra de una vez…
Sólo asintió con la cabeza, y volvió a mover el Gundam para regresarlo dentro del Arcángel.
Cuando estacionó el Mobile Suit y abrió la puerta de la cabina, él fue el primero en salir, pero se detuvo en la salida. Me estiró una mano, esperando a que yo la recibiera. Trate de reincorporarme un poco, ya que tampoco deseaba aprovecharme de Kira Yamato ni nada por el estilo. Iba a aceptar su ayuda en bajar del Mobile Suit, pero después yo iré sola a la enfermería para que traten mí herida.
Tomé la mano de Kira, y comencé un camino lento hasta dónde él se encontraba. Él castaño tomó la pequeña palanca para poder bajar del Gundam, pero antes de eso amarró su mano libre entre mi cintura. Sí fuera la típica adolescente nerviosa, quizá me hubiera sonrojado o tan siquiera sacado un grito un tanto sorpresivo, pero no era de ese tipo de persona.
Al bajar, Kira me soltó, y después de eso tambalee un poco pero logre mantenerme de pie. Mwu-san cómo el sargento Murdoch se encontraban allí, esperándonos; y se sorprendieron cuando me vieron con Kira dentro de ese lugar. Bueno, Murdoch ya se lo había imaginado, ya que los generales de Eurasia me habían llevado junto a Kira.
Me quede de pie en dónde me encontraba, no haciendo movimiento alguno.
-¿Haru-san?- logre escuchar a Kira articular mí nombre, pero no logré captar bien lo que decía. Todo comenzaba a darme vueltas, y mí única respuesta fue de que el golpe si había sido muy duro. Últimamente, me había estado golpeando con todo. Sonreí de forma ironica.
-Niños, ¿ocurre algo?
¿Quién era quién ahora se encontraba hablando?
-¡Haru-san esta herida!
¿Por qué todo comenzaba a ponerse nublado?
-¿Cómo fue que eso pasó?
Ahora…todo lo que veía era oscuridad.
Lo siento, pero creo que este ha sido el final más patetico que he puesto en este fic. Le agradesco a Tenshin-no-Tsubasa por su comentario. Realmente lo aprecio ^^ Y de hecho, no te sientas aradecida por las actualizaciones rapidas: esto es una OBCESION, por eso es rápido! Y de hecho...este ha sido el episodio más largo que he escrito hasta el momento...
