Capítulo 4: Katherine (Primera parte)

-¡VAMOS, RÁPIDO! –Gritó el Ladrón, exhausto.-

Tras matar al Ogro, Nathan y el resto del grupo siguieron su camino hacia la ciudad de Zirce. Pero para su sorpresa, los trasgos que sobrevivieron salieron de sus escondites para intentar dar caza a los Guardianes.

-¡No… no puedo correr más…! –Exclamó el Mago mientras empleaba las pocas fuerzas que le quedaban para llegar a la salida.-

Sedientos de sangre, los humanoides empezaron a perseguir a los guerreros mientras estos huían hacia la salida del túnel.

-¡Ya casi estamos, aguanta Nathan! –La maga, que encabezaba la marcha del grupo, paró en seco y, mientras casi todos la adelantaban, esperó a Nathan. Tras eso, lo tomó de la mano y tiró de él como pudo- ¡Venga…! –Dijo jadeando por el esfuerzo.-

Varios segundos después, Cónrad, Anna, Taz y Edgar llegaron a la salida y se dieron la vuelta con la mirada puesta en la cueva. Sacaron sus armas de las fundas, dispuestos a esperar a que salieran los magos.

Mientras, Amanda y Nathan estaban a unos 80 metros de la salida, con los trasgos pisándoles los talones.

-¡Ya casi estamos! –Le dijo a Nathan- ¡La salida está a pocos… pasos….!

Los trasgos dejaron de perseguirlos nada más ver como atravesaban la salida de su hogar, pues sus cuerpos no estaban adaptados a la luz solar.

Al salir, los magos se dejaron caer sobre el suelo, exhaustos, para poder descansar un poco de la carrera.

-¿Estáis todos bien? –Dijo la Guerrera, mientras se sentaba al lado del cuerpo de la maga con una sonrisa en su rostro.-

-Siiiii… -El Mago apenas podía hablar- …pero déjame… descansar…

Cónrad dio la espalda a la cueva y clavó su mirada en los muros de Zirce, los cuales se hallaban no muy lejos de ellos.

-No podemos descansar –Dijo mientras guardaba su espada en la funda de la espalda- Si partimos ahora estaremos en Zirce en menos de 10 minutos.

Taz golpeó la cabeza del Mago con su arco.

-Tio, Nathan está muerto de cansancio, un descansito no le vendría nada mal.

Edgar se agachó, agarró el gorro del Mago y lo miró con una fría sonrisa.

-Si no te levantas te quito el sombrero, Nathaniel.

En menos de 1 segundo, Nathan se levantó y colocó la hoja de su cuchillo sobre la marcada nuez del Ladrón, enfurecido. No dijo nada, pero sus actos respondían por él. Edgar empezó a reir despreocupadamente mientras ponía sus manos sobre los hombros del Mago.

-Mira, ya he conseguido levantarte.

-… -Entrecerró los ojos con una sonrisa en su rostro- Te odio Edgar…

El ladrón extendió su brazo por la espalda de Nathan apoyándolo sobre su otro hombro.

-Todos me odian, pero sé que en el fondo me queréis con locura.

-Será eso… -Suspiró mientras flexionaba las piernas, tenía que descansar de alguna manera- Y no me llames mas Nathaniel, odio que me llamen así.

La maga se levantó lentamente con la ayuda de su bastón mientras que Edgar daba toquecitos al gorro del mago para fastidiarle.

-Ay que se cae –Dijo el Ladrón mientras tocaba el sombrero.-

-Para ya –Decía el mago.-

-Ay que se cae.

-Para.

-Ay que se cae.

-¡QUE PARES DE UNA PUÑETERA VEZ!

Edgar se quedó mirando, sorprendido, a Nathan. Tras unos segundos de silencio, dio otro toque al gorro.

-Ay que se cae.

-¡AAAGH!

Todos empezaron a reir con solo imaginarse la cara de asco que tenía que estar poniendo Nathan, cosa que le molestó mucho.

-Bueno… -Apoyó su bastón en el suelo y empezó a caminar hacia la ciudad- No me he levantado para hacer el imbécil, así que vámonos ya.

-Bien dicho –Añadió Cónrad.-

Todos comenzaron a andar de nuevo, aunque a marchas distintas. Taz, Anna y Cónrad tomaron la delantera, y Edgar, Amanda y Nathan se quedaron atrás, hablando sobre lo ocurrido hace unas horas.

-Me alegra verte por aquí de nuevo Nathan –Dijo Edgar- De no ser por ti ahora seríamos comida de trasgos.

-Verdad, gracias Nathan –Añadió la maga mientras esbozaba una de sus dulces sonrisas.-

El mago se sobó el cuello, ruborizado y sonriente ante las palabras de sus compañeros.

-S-solo hice mi deber… -Dijo tímidamente- Además en principio no quería…

-¿…Volver? –Respondió Amanda- ¿Por qué volviste?

-Volví porque… -Alzó la mirada al cielo para poder recordar con claridad lo que pasó- Me enteré de la presencia de un Ogro en la cueva y decidí volver.

El ladrón miró de reojo a la maga y decidió adelantarse, pues notó que la joven quería hablar en privado con el oscuro. Mientras, Amanda miró hacia abajo algo ruborizada.

-¿Te… preocupaste por m… nosotros?

El joven la miró arqueando una ceja, no se esperaba esa pregunta.

-¿P-por qué me preguntas eso?

-No… nada… curiosidad… -Ladeó la cabeza a un lado, forzando una sonrisa- Cosas mías, que tonta soy jejeje –Se dio un golpecito en la cabeza.-

-Pues… bueno… un poco… -Aunque el efecto del hechizo hacía que su rostro se viese negro, pudo verse como se sonrojaba- ¡Pero no me malinterpretes! –Dijo negando con las manos.-

Amanda sonrió tímidamente, pues las palabras del mago era lo que ella quería oir de él.

-¡Lo sabía…! –Amanda se tranquilizó tras aquello- Ah, otra cosilla mas… lo de la discusión de aquella vez…

Nathan paró en seco y la miró mientras posaba su mano derecha sobre el hombro de ella.

-Sobre eso… perdóname, me excedí bastante y… bueno… perdón… ¡Es más, tengo en la mochila todas las cosas que os robé, y también un regalo para Taz!

-¡No, puedo perdonarte, la culpa fue nuestra! –Golpeó el suelo con su báculo- ¡Perdónanos a nosotros!

-¡La culpa fue mía! –Insistía el Mago.-

-¡Qué no! –La maga insistía aún más.

-¡Qué si!

El Guerrero se dio media vuelta hacia ellos algo molesto.

-¡SE OS ESCUCHA DESDE AQUÍ!

Todos ignoraron el comentario del guerrero, como era de costumbre. Después de aquello, los magos se dieron la mano como seña de reconciliación.

En cuestión de minutos, el grupo llegó a las murallas de la ciudad de Zirce. Cónrad dio un paso hacia delante.

-¡Reclamamos que se nos abra la puerta, venimos de Sacral!

Un soldado se asomó por la muralla y los miró fijamente, extrañado.

-¿Quiénes sois y por dónde habéis entrado?

-Somos los Guardianes de la Luz, y hemos pasado por el camino subterráneo de aquella montaña –Señaló la salida del túnel- nos hemos abierto paso entre los trasgos y el ogro del túnel, todo eso para llegar aquí.

-Espera… -Un centenar de soldados armados con arcos y flechas de madera aparecieron a los lados del soldado- ¿Habéis matado al Ogro de veras?

-Si –Respondió Edgar- No fue muy difícil, pero lo hicimos.

"Tendrá valor…" pensó el mago mientras observaba la situación. Los soldados permanecieron quietos en sus posiciones mientras el portón de la ciudad se abría ante el grupo.

-Podéis pasar.

Los 6 guerreros asintieron y comenzaron a caminar hacia el interior de la ciudad. Nada mas atravesar el portón, vieron como una ciudad repleta de pequeñas casas de paja, torreones de piedra y con un colosal castillo de piedra se alzaba ante ellos, eso sin mencionar la concentración de personas que había en la entrada para ver a los Guardianes, pues la muerte del ogro ya era un motivo de expectación.

El portón de Zirce se cerró y el grupo miró a la masa de personas que los rodeaba mientras estos hablaban de los guerreros.

-Mira Noe –Decía una campesina- ese es Cónrad, el guerrero de honor de Sacral.

-Lo se Zoe… –Noe señaló a la maga y a la guerrera- ¡Y esas son Lady Amanda y Lady Anna, la doncella de Sacral y su protectora!

-¡Guau, también está Taz, el mejor arquero de los 10 reinos!

-¡No me creo que mis ojos vean al gran Edgar, el ladrón más famoso de todos los tiempos!

La gente no cabía en sí de gozo al ver a los famosos guerreros, mientras que estos sonreían ampliamente.

-¡Mira papá! –Decía un niño- ¡Un negro con ojos fosforitos!

Nathan lanzó una mirada asesina al niño.

-¡¿A QUIÉN HAS LLAMADO NEGRO DE OJOS FOSFORITOS?! –Exclamó repentinamente el Mago.-

Todo el mundo empezó a reir a carcajadas. Todos menos Nathan. El odiaba dos cosas, que le llamaran Nathaniel y que le dijeran "Negro de ojos fosforitos".

Entre la muchedumbre de gente aparecieron varios guardias que escoltaban a un señor mayor, de unos 60 años, que vestía prendas de lino y una capa de terciopelo rojo.

-¡Saludad al Rey! –Exclamó un soldado mientras se llevaba una mano al pecho.-

Todo el mundo calló mientras el rey se acercaba a Amanda.

-¡Oh, Elegida! ¿A que se debe esta inesperada visita de vos y sus leales compañeros?

-Buenas, Rey –Respondió Amanda con un tono imponente y seco- venimos a cumplir parte de nuestro deber. Vamos de ciudad en ciudad reclutando ejércitos para el dia del despertar de Calgar, y para eso necesitamos vuestra colaboración.

Aquello llamó la atención del Rey.

-¿Buscas el apoyo de mi ejército?

-Exactamente. Comprendo que así a primeras resulta descarado, pero el destino de la humanidad depende de lo que pase ese día y… necesitamos toda la ayuda posible.

-Bueno, si nos ponemos así y si encima me lo pide una hermosa dama como vos… -El viejo Rey se agachó y le besó la mano a la joven- …no podré negarme.

El pueblo entero empezó a gritar eufóricamente al saber que Zirce ayudaría en el día del despertar del demonio. Mientras el tiempo pasaba, la gente se fue yendo a sus respectivos hogares.

-¿Y cuándo va a despertar el demonio? –Dijo el Rey mientras se acariciaba su densa barba plateada.-

-Dentro de 7 meses y 21 dias –Respondió la maga- Con que lleguemos a Elfeim y a Namestria, tendremos tiempo y tropas suficientes para poder plantarle cara a Calgar.

-¿Y dónde lucharemos? El continente es muy grande.

-Según unos escritos, todos los demonios que han aparecido, aparecieron en la Llanura de Yun.

-Eso está cerca de vuestro Reino, ¿No?

-Si, está cerquit… cerca.

-¡NO ME LO CREO! –Dijo una voz desconocida desde la lejanía.-

Sin saber el porqué, Nathan empezó a sentir una fuerte presión en el pecho.

Todos, incluido el Rey, se giraron para poder identificar a la persona que gritó.

-Esa voz… -Dijo el mago para sí mismo.-

Una chica que vestía prendas muy ajustadas de lino, de cabello largo y castaño y de grandes pechos se acercó a gran velocidad al Mago.

-¡NATHANIEL! –Gritó la chica, radiante de felicidad.-

-¡¿KATHERINE?! –El mago reconoció rápidamente a la joven taumaturga- ¡¿Qué cojo…?!

La chica frenó en frente suya y lo abrazó con fuerza. Mientras, todos miraron extrañados la situación, excepto Cónrad, que al verla se le subieron los niveles de testosterona.

-¡¿Qué haces aquí Nathan?! ¡AAAHH! ¡Que has venido a por mí! –Katherine apretó al mago entre sus brazos de tal modo que le crujieron los huesos al mago- ¡Que romántico!

Katherine era, posiblemente, la única amiga que tuvo Nathan de la infancia. Era una hermosa y vistosa joven de 19 años, 1,70m de estatura y con un largo y elegante cabello castaño. Desde chica siempre imitaba al mago, por lo que se metió en el mundo de la magia negra para poder viajar con él, pero sin tener mucho éxito.

-Vaya vaya, no sabía que Nathan tuviese fans –Dijo el ladrón con su más que cansino tono chulesco- Mi nombre es Kenway, Edgar Kenw-

Katherine ignoró por completo al ladrón.

-¡No me creo que hayas venido aquí Nathan!

-Zorra… -Murmuró Edgar.-

El mago se separó de su amiga mientras se sacudía la capa.

-No he venido por ti, he venido por trabajo… -Su voz era seria y seca, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa- ¿Cómo estás? Te veo… -Bajó la mirada hacia su vistoso cuerpo y la subió rápidamente a su cara- Bastante bien jejeje…

-Oh… -La taumaturga suspiró algo decepcionada- Bueno, era de esperar… ¡Pues estoy genial, soy famosa y todo!

El Rey asintió a las palabras de la joven.

-Ella es Lady Katherine, una de los 3 defensores de Zirce –Añadió el viejo- Con su magia negra de nuestro lado, nadie puede asaltar nuestros muros.

-¿Sabes usar magia negra? –Preguntó el joven, bastante extrañado.-

-Bueno… jijiji… -Katherine se sobó el cuello algo ruborizado- ¡Se usar piro y electro…!

-O sea, que solo sabes usar los hechizos que te enseñé yo.

-¡Más o menos! –Sonrió ampliamente para intentar cautivar a su amigo.-

-…No está mal –El tono de Nathan ya era más agradable y amigable- ¡Me alegra ver que estás bien y de que te acuerdas de mí!

Los compañeros de Nathan no se creían lo que veía, Nathan siendo agradable con una chica, y lo que era peor, una chica interesada por él…

Nathan presentó a sus compañeros uno por uno hasta terminar en Cónrad, el cual besó la mano de Katherine.

-Un placer, Katherine… -Dijo el guerrero.-

-El placer es mío.

El ladrón cerró los puños, frustrado. "Primero me ignora, y ahora deja que Cónrad le bese la mano… ¿Qué estoy haciendo mal?" Pensó.

-¡Katherine, no te pierdas más!

Una voz, grave y viril, como la de Anna, se escuchó en la lejanía. Poco a poco, el sujeto se acercó a ellos hasta estar en frente del grupo.

-¡Vlad, mira, el es Nathan, del que te hablé hace tiempo!

El hombre, que vestía una gigantesca armadura de Mitrilo plateado, un yelmo con alas doradas a los lados y un tabardo con la insignia de Namestria, miró al Mago Negro y esbozó una sonrisa.

-Soy Vlad, encantado de conocerte, Nathan –Agachó su enorme cuerpo para hacer una reverencia- Katherine me ha hablado mucho de ti.

-Ey, no seas tan cortés –Dijo el mago ofreciéndole la mano- encantado Vlad.

El Paladín se recompuso y estrechó su gran mano con la de Nathan.

Mientras todos mantenían una larga conversación, el Sol iba desapareciendo poco a poco, dando lugar a la oscuridad de la noche. Amanda agarró del brazo al Mago y lo volteó hacia ella.

-Sería conveniente que fuésemos a una posada en vez de hablar –Susurró la Maga.-

-A mi no me digas nada, tu eres la que manda, ¿No?

El aburrimiento de Amanda era notable, no sabía de qué hablar con el resto de personas, y siempre que pasaba eso recurría al Mago, que era el único que no le respondía con una respuesta odiosa o melosa.

-¿Sólo me dices eso?

-¿Y qué quieres que te diga?

-No se… tú sabrás… -Dijo haciendo pucheros.-

-Pues… -Se llevó una mano a la barbilla pensando en que decirle a la joven- ¡Buena idea, Amy! –Dijo sonriente.-

La maga sonrió ampliamente también.

-¡Genial! –Al alzar la voz, todos la miraron- ¡Vayamos a buscar un lugar en el que podamos descansar! ¿No Nathan?

-Seeh –El mago desvió la mirada- (Lo que hay que hacer...)

Katherine, que estaba en medio de los chicos, se fue hacia Amanda y Nathan, los tomó a ambos de la mano y tiró de ellos.

-¡Vamos a mi casa, allí tengo habitaciones de sobra, pero nada de acostarse juntos los chicos y las chicas! –Dijo con un tono energético que escondía un sentimiento de tristeza y, quizás, de envidia.-

Al cabo de unos minutos, todos pararon en frente de una pequeña casa de piedra, que estaba justo en el centro de Zirce.

-¿Y aquí hay sitio para todos? –Preguntó el Arquero.-

-Si –Respondió el Paladín- Por dentro es amplia y acogedora.

Mientras ambos hablaban, Katherine abrió la puerta de la casa.

-¡Entrad!

Todos entraron poco a poco en la casita. Nada más estar dentro, el Mago echó una ojeada al interior. Era una casa llena de velas para que por la noche estuviese iluminada. A su izquierda había una pequeña cocina y en frente una gran escalera que conducía a 2 habitaciones.

-¿Os gusta? –Dijo el Paladín mientras soltaba sus armas y su armadura en una mesa que había cerca de la entrada.-

-Parece acogedora –Dijo el ladrón- Me imagino si habrá algo de valor por aquí… -Sin que nadie se diese cuenta, Edgar se separó del grupo y se dirigió a la cocina a buscar objetos de valor.-

Todos miraron como una de las puertas de la planta superior se abría y como salía un apuesto joven con una vestimenta roja.

-¿Quién coño es…? -Su tono y su forma de andar daban a entender de que estaba ebrio.-

Amanda y Cónrad abrieron los ojos ampliamente al reconocer aquella persona.

-¿Ese no será… Caín? –Dijo el guerrero sorprendido, pues él era la última persona que se esperaban ver en aquel lugar.-

-Hombre… mira quienes están aquí… mi chica y el… capullo… ese… -Caín empezó a bajar las escaleras en Zigzag con la mirada clavada en la maga.-

Amanda miró con horror a Katherine y la agarró del brazo. Aun no se creía que, como llamaba ella, "el depravado" estuviera con ellos.

-¡¿Qué hace el aquí?! –Dijo furiosa.-

-Es nuestro compañero… por mucho que nos pese… -Dijeron Vlad y Katherine al unísono.-

Caín bajó a la planta baja y fue directo a Amanda con los brazos abiertos.

-Que pasa nena mía… -Poco a poco todos pudieron notar el hedor que expulsaba su aliento.-

-¡Ni me toques, depravado! –Amanda se fue rápidamente detrás de Taz, ya que era al que tenía más cerca- ¡Taz, haz algo!

Taz bufó pasando del tema. Se separó de ella rápidamente para no tener que actuar de intermediario en la situación.

-El problema que tengas con el tio este debes solucionarlo tú, no yo.

Amanda miró a Cónrad pensando en que él podría ayudarla, pero sabía de sobra que ambos se llevaban peor que mal, por lo que se puso detrás del Mago.

-Amy… no te escondas…

-¡Déjame! –Gritó.-

Caín se chocó con el Mago y, molesto, le puso una mano en el hombro para intentar apartarlo.

-Tu, bicho, apart-

Aquellas palabras provocaron que Nathan se enfureciese. Estiró rápidamente el brazo hacia atrás para propinarle un puñetazo con tanta fuerza que le partió la nariz. Caín retrocedió dolorido, llevándose las manos a la nariz y notando como brotaba sangre de ella a parte de un intenso dolor.

-¡Agh… joder! –Empezó a agitar su mano por el dolor de su propio golpe- ¡Acércate a ella un milímetro mas y…!

Katherine posó sus manos sobre el hombro del mago para que éste se tranquilizase, no quería que hubieran mas disturbios en su hogar.

-¡Nathan, déjale!

-¡A saber lo que le iba a hacer a Amanda! –Su prioridad era protegerla, pues ese era su trabajo.-

La taumaturga y la rubia se miraron con cierto enojo, no se sentían cómodas cuando el Mago estaba de intermediario. Tras unos segundos, Katherine chocó sus manos para llamar la atención de todo el mundo.

-¡Chicos, vayámonos a nuestras habitaciones y descansemos, que hoy ha sido un dia duro! –Dijo la taumaturga en un intento de calmar la situación.-

-¿Y la cena? –Preguntó el arquero mientras rascaba su barriga- No hemos comido nada en un dia y medio.

-De eso no te preocupes peque –Le guiñó un ojo- mañana desayunaremos fuerte.

-Peque tu put-

La guerrera agarró la oreja del arquero y tiró de el por todas las escaleras.

-¡AAAAHHH! –Exclamó Taz.-

-¡Cuida ese lenguaje, jovencito!

Al llegar a la planta de arriba, Anna se separó del arquero y entró en la habitación de la derecha, que se suponía que era la de las chicas.

-Amanda, no tardes en venir.

Tras decir aquellas palabras, la guerrera cerró la puerta de un portazo, dejando solos en la planta baja a Nathan, Caín, Cónrad y Amanda.

El guerrero y el paladín miraron al resto de personas y decidieron entrar en la habitación de los chicos. "No es hora de preocuparse por las tonterías de estos" Pensó. El Arquero entró junto a ellos.

-Puto mago… -Caín dio la espalda a los magos y empezó a subir las escaleras, tambaleándose- …Mañana te vas a… enterar…

Caín entró en su habitación y la cerró de un portazo al igual que Anna. La atmosfera del lugar pasó de ser tensa a agradable.

-Gracias Nathan –Dijo la maga con un tono dulce.-

-De nada, para eso estoy aquí, ¿No?

-Si, bueno… no tenías porqué haberlo hecho… y aun así lo hiciste.

La maga, sonrojada, dedicó una dulce sonrisa al mago que, sin decir ni una palabra, clavó su mirada en la de ella.

-Será mejor que nos vayamos a nuestros cuartos –Dijo el mago, ruborizado.-

-Mejor… -La maga desvió la mirada a las escaleras.-

La maga se dirigió rápidamente a las escaleras, las subió y llegó a la puerta de su cuarto.

-¡Descansa Nathan!

Finalmente, la maga dejó solo al mago. Cuando Nathan se disponía a subir las escaleras, la voz de Caín se escuchó por toda la casa.

-¡Nathan… hoy no dormirás arriba…!

El silencio volvió a dominar la casa, todos se enteraron y nadie dijo nada al respecto, por lo que el Mago apoyó su espalda contra una pared apoyando su trasero en el suelo. Iba a pasar ahí la noche.

-Joder… -Agachó la cabeza, hundido- más de 4 días sin dormir en una maldita cama y… ahora esto…

De repente, Nathan miró la oscura cocina, extrañado. Había oído algo. Después de unos segundos, la silueta de una persona se materializó en la entrada de la cocina, llevaba un saco.

-Edgar.

-Shh –Se llevó su dedo a los labios- No hagas ruido.

-¿Ya estás haciendo de las tuyas? –Dijo con un tono agradable.-

-Pues claro Nathan, eso ni lo dudes… -El Ladrón metió la bolsa, cargada de utensilios de oro y guiles, en su mochila- Por cierto, ¿Qué haces que no estás en la habitación?

El Mago agarró el filo de su gorro y lo bajó, ocultando la intensa luz que emitían sus ojos. Tras contarle lo ocurrido, Edgar se sentó junto a él.

-Déjame que te haga compañía.

-No seas tonto, arriba hay una cama esperándote.

-Nathan, Nathan, Nathan… una cama me espera siempre y cuando Lucy esté en ella –La perversión de sus palabras provocaron que el mago riera a carcajadas- No voy a dejar a un amigo solo.

-Gracias… me alegra saber que tengo… un amigo en el grupo…

Ambos permanecieron en silencio lo que quedó de noche, pues necesitaban descansar.

-Amy, voy a acostarme –Dijo la guerrera mientras se tumbaba en una de las 3 camas que había en la habitación.-

-Buenas noches Anna –Respondió Amanda.-

El calor de las velas hacía que fuera fácil conciliar el sueño en aquella gran y cómoda habitación.

Katherine, que estaba ordenando sus papeles, se levantó de su asiento para dirigirse hacia su cama con una vela en su mano.

-Oye Katherine… -La maga la miró con cierto interés- ¿Cómo conociste a Nathan?

La morena arqueó una ceja, no se esperaba aquella pregunta.

-Pues… lo conozco desde que éramos críos… desde… hace casi 15 años… ¿Por qué lo preguntas?

Amanda se quitó su túnica blanca y de su mochila sacó un camisón blanco con bordes rojos que iba a juego con su túnica.

-Solo era por curiosidad –Dijo en voz bajita- Me impresioné al ver como Nathan te trataba… y…

Katherine se sentó en el borde de la cama de Amanda para poder conversar con ella.

-Si… Nathan siempre me trataba así… -Esbozó una sonrisa al recordar los momentos que pasó con el mago- Aunque le hiciese alguna perrería, el mantenía ese tono amable conmigo…

Durante unos segundos, el silencio hizo acto de presencia. La maga se giró y miró a la taumaturga.

-¿Cómo es él?

-¿Por qué quieres que te diga todas estas cosas?

-Pues… -La joven empezó a tartamudear sin saber que decir.-

-No digas nada mejor –Respondió sonriente- Nathan es… guapo, amable… inteligente… valiente… gr… él es especial…

-Si…

La guerrera, que no conseguía dormirse, se dio la vuelta en la cama para poder mirar a Katherine.

-¿Te gusta? –Dijo Anna con cierta picardía.-

La cara de la taumaturga pasó de ser blanquecina a roja. Aquel gesto lo dijo todo.

-Bu-b-b-bue-bueno… -esbozó una tímida sonrisa- un poco… pero él no siente lo mismo por mi…

La maga se colocó frente a ella y la miró a los ojos con curiosidad.

-¿Cómo sabes tú eso? –Preguntó la rubia con un tono arrogante- A lo mejor el te quiere…

-Soy la persona que mejor lo conoce del mundo y… -Esbozando una triste sonrisa, alzó la vista para poder mirar a la Maga a los ojos- …hoy me dí cuenta de que ya era tarde para mi.

-¿…Tarde? ¿A qué te refieres? –Amanda la seguía acribillando a preguntas.-

-…el tiempo lo dirá todo, rubia.

Aquella frase se le quedó grabada con fuego en la mente de la maga "¿Qué quería decir?" Se preguntaba constantemente. Fueron horas las que se quedaron hablando ambas chicas sobre él, parecía que ambas compartían un interés común, aunque con distinto fin.

-Lo que daría por estar ahora en la cama con mi mujer ahora mismo…

Aquel soldado recorría los muros de Zirce constantemente. Era lo que llamaban, un centinela. Un vigilante mal pagado que trasnochaba para encargarse de avistar cualquier cosa que se acercarse a Zirce por la noche.

La noche de aquel día era como todas las demás, pasear, pasear y pasearse los muros de la ciudad… o eso creía él.

El centinela apoyó su cuerpo sobre el saliente de la muralla y miró al horizonte, exhausto.

-Un día le pediré al rey un aument… -Entonces, el centinela fió la vista en algo que parecía moverse desde la lejanía- ¿Qué mierda es eso?

Tras unos minutos, el centinela pudo reconocer lo que había ante sus ojos.

-N-n-n-no… no es posible… -Dijo con un tono aterrorizado- Esos bichos… no… ¡NO!

Empezó a esprintar lo mas rápido que pudo hacia el campanario. Nada mas llegar, golpeó con todas sus fuerzas la campana 3 veces para alertar a toda la ciudad.

-¡NICK! ¡¿QUÉ MIERDA HACES?! –Dijo un soldado que hacía guardia en la puerta.-

-¡LLAMA A TODOS LOS SOLDADOS DE LOS BARRACONES… NOS ATACAN!

Fin del 4º capítulo.

NOTA DEL AUTOR: Perdonad por la tardanza, pero entre los estudios y otras cosas no he podido escribir mucho (Además, este capítulo lo hice corriendo, por lo que no me ha salido como esperaba… el siguiente espero que salga mejor…), así que vengo a anunciar que subiré un capítulo cada semana-semana y media, ya que estoy falto de tiempo, así que os pido paciencia y que comentéis como os ha parecido el capítulo… y ante todo… ¡Gracias por leer el fic!