Capítulo 4

Comentario de la autora: Bueno siento haber tardado en escribir este capítulo pero es que tenía cosas que hacer, aún así no os he traicionado y aquí os traigo más emoción espero que os dejara con la intriga jejeje era mi intención. Pero ahora os traje la continuación; así que disfrutadla.

PD: No olvidéis dejad reviews por favor, me gusta que comentéis, sé que lo leéis pero me gusta leer lo que pensáis de ella. Bueno os dejo y muchas gracias por leerlo.

Abrió los ojos todavía aturdido y confuso por lo que le había pasado cuando perdió el conocimiento, miró a su alrededor pudiendo ver con un esfuerzo a Hotohori a su lado. Éste se sobresaltó y en su rostro asomó una sonrisa a su amigo y capitán, mostrando su alivio y alegría por su recuperación y mejoría derramando unas pequeñas lágrimas de las que pronto se apartó, ya que, en el fondo era una persona muy sensible. Tamahome se acomodó pero lo que verdaderamente quería era incorporarse, apoyar su espalda en la almohada para así poder mirar a su amigo de frente y no en una postura incómoda.

Aún así las contusiones todavía dolían para quererse apoyar, las heridas de la espalda, por lo que las quejas y las maldiciones que soltaba por su boca eran inevitables, pero como era un hombre le daba igual, la cosa es que se sentía en forma sin contar con las lesiones que tenía pero que estaban cicatrizando gracias a los tratos que recibió mientras había estado inconsciente. Hotohori se reía mirando a su amigo cruzado de brazos, por lo que veía seguía siendo igual de cabezota referente a que un capitán daba igual el dolor que sintiera tenía que tomar su papel en el barco. Su superior lo miró levantando una ceja y algo irritable, no entendía a que venía esa risilla suya.

Hotohori se disculpó haciendo un gesto con la manos y se calló finalizando su risa con una pequeña tos. Cuando quedó un poco de silencio Tamahome se puso a pensar que lo último que recordó fue que cayó al suelo por causa de un mareo que le entró el día después de la tormenta, sí era cierto, el día que salvó a Mioru de que se lo llevará la marea. Le dio dolor de cabeza solo el pensarlo, se tocó la frente y frunció el ceño al desconocer que poseía en ella, cuando miró para descubrir que era un paño húmedo. Entonces dirigió la mirada a su compañero y le preguntó:

-Qué ha pasado? Sé que me encontré muy mal y enfermé ¿no?- Su camarada afirmó contándole que había sido el grumete quien había estado curándole mientras se jugaba la vida contra el contramaestre. Él se sorprendió y sus comisuras se elevaron- Así que se enfrentó al contramaestre diciendo que si no era capaz de salvarme el mismo acabaría con su vida jajaja tiene agallas. Dónde está él ahora?- Hotohori miró hacia la puerta imaginando la escena normal después de un arduo trabajo

-... Seguramente durmiendo después de que tuvo que lavarle y hacer tantas cosas por usted, capitán.- Éste se cruzó de brazos pensando en que quizás

había tratado al grumete como un niño y, no era tan pequeño de mente como el creía si de hecho se había enfrentado a Tasuki que era el segundo al mando en caso de que él no pudiera. Viendo la mirada pensativa tan intensa de su capitán el hombre le dijo curioso- ¿Pasa algo capitán?- Tamahome lo miró con decisión.

-Me gustaría que cuando se despertara y esté despejado que le dijeras que viniera a hablar conmigo ¿me harás ese favor?- El que lo acompañaba en ese momento, afirmó encantado. Y enseguida se levantó para volverle a curar las contusiones para que terminaran de cicatrizarse lo mas pronto posible.

El sol asomaba por la ventana del camarote y daba justo en su rostro, el cual estaba parte cubierto por su brazo, ya que estaba en la cama, pero su melena cobriza y sus largas pestañas se podían ver con gran claridad. Y cuando abrió esos enormes ojos, se pudo ver las esmeraldas mas bellas que existían. Se incorporó para sentarse en la cama mientras se tapaba la boca con la mano por sus bostezos, había pasado otro día más. Y en su mente solo cabía lo que había ocurrido el día anterior, el cómo se encontraría hoy, por supuesto que si había hecho aquello debía de estar bien, pensaba sonrojada recordando la escena del día anterior pero... entonces ¿había descubierto que era una mujer? No podía encararlo, cómo iba a poderlo mirar a la cara después de haber puesto sus manos en su cuerpo para lavarlo, de haber llorado por su recuperación, de que hubiera abierto los ojos mientras ella permanecía a su lado y por último... ¡después de que se besaran, y encima de todo ella fue partícipe activa a mitad del proceso! Muerta de vergüenza se tiró a la cama y se cubrió el rostro con la almohada aunque, sabía que no podía estar así todo el día, ¡claro!, podía dirigirse al contramaestre y que le mandara tareas, así estaría distraída y no tendría que pensar en él, había tenido una muy buena idea, si señor.

Se alistó para salir del camarote, feliz de su ingenio sin embargo, al llegar a la cubierta se sentía extraña, había paz y tranquilidad, ninguno de los gorilas, marineros... -y miles de nombres que darles que se le había ocurrido en la estancia- no se encontraban por los alrededores, qué habría pasado. La joven fue a mirar por todos los lados, en la cocina, retretes, comedor, la bodega y nada, no aparecían. Cuando subió por las escaleras hacia la popa del barco vio en el timonel al contramaestre, pero lo que más le sorprendió es que estuviera tranquilo después de que nadie estuviera trabajando y no solo eso, él estaba ¿durmiendo?. Aunque no por mucho tiempo ya que Miaka era muy ruidosa y éste no pudo evitar oírla llegar, se retiró la gorra que llevaba para cubrir su rostro y le preguntó :

-Qué pasa? Yo también duermo sabes?- La chica tragó saliva y siguió callada, pero pronto tenía una lista llena de cuestiones que hacerle.

-¿Dónde están los otros? Vine porque quería que me mandara tareas y no veo a nadie y no solo eso sino que usted está ahí relajado y ¿durmiendo?- El hombre se levantó y aclaró la voz, suspirando, que iba a hacer, después de todo era gracias a ella que la cosa estaba tan relajada.

-Les he dicho que podían descansar, así que se han ido todos a la ciudad a disfrutad y a celebrar- No entendió a que se refería con eso de celebrar, qué estaba pasando, ¿se echa una siesta y todo el mundo está de juerga?- hotohori ha ido a ver al capitán esta mañana y parece que está bien incluso ya vuelve a ser tan cabezón y tan responsable como siempre, no quiso estar todo el día en la cama pero al menos logramos que se quedara en su camarote, debo darte las gracias fuiste tú quien lo curaste.- El hombre volvió a su posición inicial antes de que Miaka llegara- En fin puedes hacer lo que quieras por hoy, aunque no te recomiendo que vayas a la ciudad... solo, no eres un pirata ni un hombre de mar y en los puertos hay muchos hombres que no solo le gustan las mujeres sino también los jovencitos y a otros les gusta mucho la lucha, no vaya a ser que tengamos una desgracia así que si quieres ir a darte un garbeo que sea acompañado. Esa es mi orden de hoy... ah! Sí, se me olvidaba Hotohori te estaba buscando, parece que quiere hablar contigo.

La chica quedó en silencio pero pronto recuperó el habla al menos para decir "gracias", y partió a buscar a su compañero; de qué querría hablarle.

El hombre estaba en la salida del barco respirando el aire fresco y escuchando el bullicio de la ciudad. A eso que escuchó detrás de él unos pasos, cuando dio la vuelta observó que Mioru estaba cansado de buscarlo por todas partes, era un chico delgado pero no le hacía mal, le favorecía porque en el fondo era- según creían- de la aristocracia, de clase alta, y la piel suave, los jóvenes bien cuidados y alimentados con una dieta equilibrada así era como se hacían las cosas allí, y él lo sabía.

Miaka que apoyaba sus manos en las rodillas y jadeaba porque le faltaba el aliento al cabo del rato pudo respirar y se puso en pie retirándose el pelo de la cara, que cada vez lo tenía más largo, en aquel momento le llegaba por los hombros pero sabía que no le dirían nada ya que Hotohori tenía una larga melena castaña atada a un lazo- aunque muchas veces, para hacer los trabajos se lo recogía en un moño, en lo alto de la cabeza con una pasada- .

Puso los brazos en jarra, si la estaba buscando sería por algo, sin embargo cuando la vio, volvió a mirar al horizonte, a escuchar la ciudad, sus distintos sonidos, y el aire de allí, diferente al del mar.

La chica se acercó a él ya no porque la estuviera buscando sino porque parecía algo melancólico y ella sentía a Hotohori como a un amigo desde que empezó la travesía.

-¿Me llamaste?- Preguntó dudosa, ¿era eso lo que debía preguntar?

Hotohori volvió a mirarlo y de nuevo inspiró el aire de la ciudad y se relajó

-Que bien huele el aroma de la ciudad, es diferente al del mar ¿eh Mioru?- Dijo alegre al chico

Eso le fastidió a Miaka, claro que era diferente, ella ya ni se acordaba de cómo olía un helado ni de lo que se sentía en la boca, o como era el sabor de un hamburguesa, solo imaginarse esas cosas hizo que el estómago le sonara.

-Y qué lo digas- dijo cruzándose de brazos en el poyete del barco, Hotohori lo miró y empezó a reírse

-Entiendo, la comida tampoco es la misma.- dijo señalando el estómago de Miaka. La chica se ruborizó, jamás había visto a Hotohori reírse a carcajadas. Pronto paró y empezó a pensar en voz alta- Hay tantos olores en la ciudad, puedes oler los coches...

-Querrás decir la contaminación ¿no?- Lo interrumpió, pero él no llegaba a descifrar esa frase, pues no sabía que era contaminación, ya no. Así que evadió el contestarle como si hubiera dicho el olor a los coches, no al humo

-Quiero decir que los carruajes, cada uno huelen distinto, igual que el cuero, cada uno huele distinto. El aire de ciudad y el de cuando estás en alta mar, es diferente, el bullicio, mientras que en el mar solo escuchas las olas. La comida, el darte una buena ducha... esas cosas son diferentes cuando estás en un sitio que en otro- Decía pensativo mientras suspiraba y le brillaban los ojos. Miaka suspiró y se dejó caer sobre el poyete del barco, empezó a recordar a Japón:

-Claro que es diferente, la comida nunca escasea, puedes ir a tiendas, leer distintos libros... como has dicho darte un baño en condiciones, ir al cuarto de baño de casa sin que no haya cola detrás, vestirte con vestidos diferentes, oler bien ahhhhhhhh (sonido de satisfacción), que maravilla. Pero no creí que tú pudieras entender eso- Lo miró incomprendida cuando, éste pensativo le volvió la mirada.

-Verás Mioru, yo no he nacido en el mar, así que yo he visto las calles y la ciudad.

-claro, claro- dijo ruborizada por la tontería tan grande que había dicho- tus padre son eran marineros y no te concibieron en un barco jajajaja

-La verdad es que no, mis padres siempre han servido a una familia de gente rica, y bueno mi padre murió de una enfermedad que cogió, ya que los sirvientes deben estar expuestos a mucha suciedad, y cosas jeje, mi madre era sirvienta de la misma familia pero era muy guapa, antes era cortesana...- sus ojos se turbaron pero luego volvió al presente- bueno, era muy guapa y el amo de la casa siempre, le echaba el ojo. Yo nací de un adulterio entre ese hombre y mi madre. A ella la echaron y a mí no pararon de pegarme palos y así llegué aquí.- EH? Eso era todo, sí, era cierto una historia triste pero había algo que se le escapaba a Miaka de las manos.

-¿Llegaste solo hasta el barco siendo un chiquillo?- Él frotó el pelo del chico suavemente y sonriente y le dijo

-Eso es otra historia, pero créeme prefiero estar en mar, y pasar todas las cosas que no te gustan a ti, antes que poner un pie en tierra.- Eso sí llegaba a comprenderlo, podían reconocerlo y quién sabe que harían con él.- Ah por cierto llégate al camarote del capitán, quiere hablar contigo, eso era lo que quería decirte.

-¿Quéeeee?!- Hotohori se extrañó ante el gritó que pegó el chico que parecía más de chica que otra cosa. Ella se dio cuenta entonces rectificó, no podía poner pegas- Claro... ¿tengo que ir ahora?- Decía algo miedosa, de seguro lo que saldría por "esa boca" no iba a ser nada bueno.

-Claro, está en su camarote esperando, anda ve- Ella tragó saliva y se dirigió la cabina de camarotes, "Dios, fuerzas, fuerzas, solo dame fuerzas para poder soportar lo que viene a continuación"

Estaba frente a la puerta frenética, pero debía quitarse los nervios de encima, respiró profundo y llamó a la puerta del camarote del capitán. No escuchaba nada, apuntó la oreja junto a la puerta cuando ésta se abrió. Su sorpresa fue inmediata, jamás olvidaría la imagen frente a ella en ese momento, estaba tan sexy delante de ella. Ni siquiera se podía permitir el lujo de pestañear, sus ojos no paraban de mirarlo de arriba a abajo y , bueno el panorama era todo un espectáculo, así que su rostro sonrojado tampoco era tan imprevisible. Además parecía que la lengua se la hubiese tragado un gato, no podía ni gesticular una palabra; era demasiado para ella.

Él se dio la vuelta después de comprobar que el grumete no decía ni "mu", fuera de estado de shock siguió sus pasos hasta dentro. Y allí justo a espaldas de Tamahome, tragó saliva buscando mirar a una esquina de la habitación solo por no mirarlo, Dios, como poder retirar los ojos de ese cuerpo y ese rostro tan masculino y seductor, tenía el pelo suelto y cubría parte de su cara, era misterioso. En la mente de Miaka existía una revolución, deseaba saber cual era aquella mirada que verdaderamente quería mostrar ante ella, si de verdad la había besado como mujer...

-¿Me había llamado capitán?- Dijo con la vista perdida, y jugueteando con los dedos, el capitán se rió y tomó sus manos para tranquilizarlo.

-Tranquilo, no has hecho nada malo, no te iba a regañar grumete- "Qué, grumete?, es decir que si lo había besado no se había dado cuenta de que era ella ni de que besaba a una mujer, era gracioso. Quería matarlo... después de haber estado tan preocupada por el tema, él lo había tomado como un sueño, a ella , a sus labios, ¡no eran un seño, caray!" Pero no sabía si alegrarse por no ser descubierta o maldecidlo por estúpido, en fin ya sabía que no iba a querer hablar de ese tema por lo tanto... ¿de que quería hablar con ella?

-Capitán- decía sin dejar de pestañear ante la incredibilidad de lo que acontecía. No podía estar dormida, si eso era un sueño no quería despertar, se dio la vuelta para decir- ¿¡Qué está haciendo Dios santo!?- no podía creer que el mismísimo capitán se estuviera desnudando delante de ella, no podía creer

que le fuera a mostrar su cuerpo entero, bueno ella lo había visto pero no era tan promiscua para ver sus partes íntimas el día de la bañera, cuando lo lavó, tenía cierto sentido de pudor, maldita sea, estaba convaleciente, no se iba a aprovechar de él en esa situación mas de la que ya lo hizo.

Se puso de espaldas a él mirando a una esquina, de verdad, si lo miraba un solo segundo, fijo que notaría que era una mujer. Él no comprendía porque tanta vergüenza al mirar a otro hombre que era igual que él, puso las manos en jarras apoyadas en la cintura y enarcó una ceja, a continuación suspiró para decir de su boca.

- No sé por qué te avergüenzas tanto de mirarme..., ¿soy tan horrible?- Ella no podía permitir que creyera que ella pensarais porque era mentira.

-Por supuesto que no!- se calmó entonces para continuar- es solo... que mi cuerpo comparado al suyo es como el de un niño (que quieres que diga, soy una mujer, no se que excusa poner)- Dijo para justificar el sobresalto y la adrenalina que tuvo en aquel momento que gritó.

Tamahome acariciaba su mentón pensando que podía ocurrirle al joven para que se pusiera tan distante de él, o para que dijera esas cosas, cuando calló para declarar.

-Claro, ya sé que te ocurre- a Miaka empezó a latirle el corazón sin parar, ¿habría deducido que era una mujer?- Es que cuando estabas en tu casa nunca viste el cuerpo de un hombre tan formado, tu cuerpo es el de un niño y claro, los chicos de tu edad, no estáis tan formados como nosotros los marineros- Suspiró algo más cordial- no te preocupes solo me quité la ropa de arriba, todavía tengo las botas y calzas jejejeje no iba a desnudarme por completo- La chica volvió a mirarle algo asustada, porque no sabía como iba a reaccionar, o si la estaba engañando, sería una broma de marineros pero no se la hizo.

Su rostro era del color de una rosa, sus ojos brillaban como la luz del día bajo ese tono verde esmeralda en sus ojos, cosa que hizo que algo dentro de él cambiara; la boca de ella estaba casi abierta del todo, su mirada a veces se dirigía hacia los ojos de su capitán o al torso del mismo. Algo estaba ocurriendo entre ambos, pero por parte del capitán parecía que había cogido cariño al grumete, debía ser más considerado con él, no podía olvidar que era un muchacho. Lo miró sonriente y se dio la vuelta de nuevo dándole la espalda al chico mientras con sus manos elevaba su cabello negro azabache.

-¿Me harías el favor de ayudarme a cambiar los vendajes, Mioru?- Cómo?, Esperen todos un momento, había ella escuchado bien, no sabía por qué su corazón estaba desbocado en ese instante, no lo había llamado muchacho, grumete ni nada sino le había dicho Mioru, claro que era nombre de chico pero en verdad bajo ese disfraz, bajo ese nombre falso para ella era como si hubiera escuchado decir "Miaka". Cuantas veces había querido que la llamara con un poco de más cariño.- ¿Mioru?- Ella sonrió y eso hizo que él pensara un poco

más en el joven, estaba realmente aturdido, por qué de pronto tanto interés en él, por qué le había entrado un cosquilleo que un chico joven le sonriera de esa manera. Debía evitar pensar tan descabelladamente seguro que era porque lo había curado, debía pensar así o necesitaría pronto dejar su mente limpia de alguna forma.

La chica se acercó aunque no podía evitar el tener esos sentimientos por él, y que su latidos no pararan de escucharse, menos mal que Tamahome no los escuchaba sino podría pensar que más que tener admiración, le gustaba "otro hombre" y eso fuera demasiado, que creyesen que era una chico era suficiente para que después pensaran que era... gay. No tenía nada en contra de ellos, pero los marineros sí... eran muy brutos y antiguos en ese aspecto, no solo eso sino que eran muchas mentiras las que ya había dicho que algún día tendría que decir, para hacer el nudo todavía más complicado.

Estuvieron ambos en silencio, él mantenía su rostro sereno y tranquilo confiando en ella, pero ésta no estaba tan segura porque estaba muy nerviosa, ya que al estar despierto y quitarle las vendas si le doliera podría gritar, eso aunque pareciera malo a ella escucharle le excitaba.

El notó como a la chica le temblaban las manos , y él la miró , sus ojos confiaban en ella, esa sonrisa la iluminó, es que estaba siendo tan amable con ella, la estaba enamorando cada segundo más. Con decisión tomó uno de los extremos del vendaje y empezó a dar vueltas alrededor de él para quitársela, parecía que las contusiones estaban mejorando mucho porque no estaban pegadas ni nada debido al potingue que le untaban en la piel para que cicatrizaran antes.

Seguía dando vueltas, y todo era silencio hasta que consiguió quitársela entera y vio como una de las heridas todavía estaba fresca. Se fue corriendo hacia el botiquín y tomó la pomada para ponérsela junto al pecho, la chica se sobresaltó y lo tenía justo en frente, pero se mantuvo firme en solo curar la hinchazón y seguir en lo que estaba, porque si levantaba el rostro no iba poder evitar el querer besarle de nuevo, y no podía ser. Ella no era una chica, era un chico, demonios, un jovenzuelo que estaba aventurado en esa travesía, no una mujer en busca de pasiones y casarse con un hombre que era un bruto y que vivía en una época distinta a ella, y que... se decía mientras miraba ese cuerpo- tenía un aspecto inmejorable. Cogió la nueva venda y puso la mano sobre ella para sujetarla y podérsela poner pero él ayudó, aguantándola también con su mano, con lo que aprovechó ella para quitar la suya y seguir trabajando. Una vez que terminó el trabajo secó su frente del sudor, no solo porque aquella habitación era pequeña sino también por la situación que habitaba allí.

-Bueno yo me voy ya.- él detuvo sus pasos cogiéndola de la mano- ¿Qué... ocurre?

-Quería darte también las gracias, me dijo Hotohori que estuviste cuidando de mí

-Oh...- se sorprendió- no hice nada- el sonrió dudoso

-¿Cómo que no? Cuidaste de tu capitán, ninguno te creyó, nadie se enfrentó a Tasuki solo tú- dijo riendo, eso si que le fastidió, todo lo que había hecho por él y se iba a reír se ella

-Ahora se está riendo de mí? No tiene derecho capitán, creí que iba a morir por mi culpa y estuve día y noche con usted para que no se acuerde...- Volver a aquella noche de nuevo le enfurecía, para que le soltara le pegó un puntapié. Él se enfadó y no la soltó, en el forcejeo, ambos cayeron en la cama él sobre ella, fue extraño porque solo el roce de sus cuerpos hizo que la entrepierna de él se pusiera algo erecta y eso era un problema muy grande. En un primer momento ambos se miraron sin decir nada pero luego ella lo rempujó y lo tiró al suelo- Adiós-, dijo al levantarse rápido de la cama y al irse de allí.

Tamahome se quedó concentrado a ago que le había acabado de pasar, había sido su imaginación ¿verdad? No podía convertirse en un depravado, no podía estar en el mismo rango que aquel maldito que intentó aprovecharse del grumete. A él no le interesaban los niños , ni los hombres. Se había acostado con varias mujeres, por el amor de Dios, él no era esa clase de tipos. Pero su hombría había despertado solo al rozar la pierna suave del grumete.

Cada vez que lo pensaba no era solo eso, si recordaba aquella mirada asustada, y aquella mano que había acariciado su pecho mientras le untaba la crema, su cuerpo se había sentido diferente , no se acordaba desde hace cuanto no se había sentido así y que un niño lo excitara le mosqueaba, lo irritaba, diantres, debía de encontrar a una mujer enseguida. Quizás no fuera por el grumete, simplemente hacía tiempo que no había estado con una mujer y como era obvio un hombre necesitaba satisfacer sus necesidades.

Se le ocurrió una idea, como iba ir a casa de sus tíos, sabía que la viuda Nuriko lo estaría esperando.

Cuando entró en la habitación enfadada dio un portazo y se echó a la cama al parecer cuando la besó no sabía lo que hacía. A decir verdad, para no saber lo que estaba haciendo se le dio muy bien. Aún se le encogía el vientre al recordarlo. ¡Por Dios! Ese hombre estaba resultando peligroso para su cordura; jamás en la vida le había ocurrido algo semejante. Deseaba estar con el capitán, pero sobre todo anhelaba que volviera a besarla de ese modo... y algo más...

Era un tanto decepcionante que el capitán no recordara nada. Quería que él también la deseara, pero por lo visto no era así. Seguía viéndola como un muchacho. Cerró sus ojos hasta que no volviera a amanecer de nuevo.