CAPITULO III
El Callejón Diagon
La noche del 30 de Agosto paso muy lentamente, era incapaz de dormirme, me leí una y otra vez la carta de Hogwarts, Sol y Carol no pararon de contarme cosas sobre la comunidad Mágica, las verdades y las mentiras que habían en los libros de Rowling. Tenia unas ganas tremendas de entrar en ese mundo, pero ¿y si todo había sido un sueño? ¿Y si me dormía y al despertar descubría que nada era cierto?
Mi mente que iba a doscientos por ciento no dejaba de pensar en lo que pasaría, pero había una cosa a la que no encontraba solución… Yo era hija de muggles… ¿Cómo iba a solucionar mi deseo de ir a Slytherin? Yo era, lo que ellos llamaban una… sangre sucia.
Lo peor de todo era que, si se lo decía a Carol o a Sol, pensarían que estaba loca, ¿Por qué querría ir a Slytherin? La casa que más magos malvados había consagrado. Yo no era mala, pero esa casa me tenia fascinada, por mucho que Rowling la hubiera dejado por los suelos…
Quedaban solo cuatro horas para que abrieran las tiendas en el Callejón Diagon así que, ya pensaría mañana en como engañar al Sombrero Seleccionador.
Apenas me pareció que cerraba los ojos cuando el sonido del despertador me los abrió, eran las 9.30 y tocaba ir desfilando hacia mi magia.
A medida que nos acercábamos al Caldero Chorreante mi corazón latía más y más deprisa, pronto pude distinguir el nombre en el cartel, como los muggles pasaban de largo de ese establecimiento. Carol abrió la puerta y me dirigió la mirada para verme totalmente atónita.
Cruzamos rápidamente una sala llena de mesas y gente variada, con vestimentas realmente pintorescas. Nos dirigimos hasta una puerta trasera. Respire hondo cuando Carol golpeo los ladrillos, tres horizontales y tres verticales, y así se abrió ante mi, un mundo totalmente distinto.
Era una calle larga y con adoquines, a los laterales las tiendas se amontonaban, tenia razón cuando decía que la arquitectura mágica era totalmente… embriagadora. Parecía que nada tenia sentido.
"No sería difícil que reconocieras a algunas de las personas que te cruces May" me dijo Carol sonriente "Piensa que mañana sale el tren hacía Hogwarts y los alumnos estarán haciendo las últimas compras".
Mis ojos se movían de un lado a otro intentando reconocer a alguien, no era tan fácil.
Nos dirigimos casi al final de todo del callejón, allí se encontraba el banco Mágico, Gringotts. Sus columnas se aguantaban por arte de magia, era del color del mármol y en la puerta dos duendes nos saludaron sin mostrar una pizca de simpatía.
Cambie todo el dinero muggle que me habían dado mis padres para comprar las cosas de la supuesta academia en sickles, knuts y galeones.
Al salir de allí, sabia donde quería ir primero, a Olivander's. Quería tener mi varita y tenerla pronto, sería como siempre había soñado…
Al entrar en la tienda mohosa, hacia un olor a cerrado algo particular, como los libros viejos. El polvo se acumulaba en las estanterías repletas de cajas de varitas de todos los colores.
Cuando entramos, el señor Olivander nos miro por encima de sus gafas, y sin dirigirnos la palabra se escapo hacia la trastienda a buscar algo.
Dos minutos más tarde el hombre volvía con una cajita de color verde oscuro llena de polvo.
"Aquí la tienes, has tardado más de lo que debías, se estaba impacientando" dijo el hombre ofreciéndome la cajita.
Al abrirla, había una varita de color castaño oscuro y mango decorado con un pequeño borde más clarito.
"Es una varita de madera de parra, 22 cm. y el interior es de nervio de corazón de dragón" y así como lo dijo alargo la mano para recibir el dinero que valía esa preciosidad.
"¿Y ya esta?" les dije enfurruñada a las chicas "¿ni luces, ni cantos de aleluya? ¿Ni unas pequeñas chispas? Pues vaya desilusión"
"May, ya te dijimos que no todo lo que sale en los libros es real" se rió Carol.
Después de comprar todos los libros y materiales varios, nos metimos en Madame Malkin: Túnicas para todas las ocasiones. Que, aunque ellas insistieron que era la tienda de túnicas más cara, yo quería ir allí, y podéis imaginar porque.
La mujer me subió a un pedestal, mientras una cinta de sastre media cada parte de mi cuerpo, era bastante embarazoso. La campanita de la tienda sonó al abrirse detrás de mí. Una chica morena, con melenita y de estatura muy parecida a la mía entro, la colocaron en el pedestal de mi lado y empezó a hablar sin ningún reparo.
"No te había visto nunca… ¿vas a Hogwarts?" la chica me miro directamente a los ojos.
"Pues, empiezo este año yo…"
"No tienes mucha pinta de primer año" me corto.
"Por supuesto que no, cumpliré 16 dentro de nada, vengo de…" tenia que inventarme algo rápido, no podían saber que era hija de muggles "vengo de intercambio, de España" sonreí.
"Ah..." supuse que su atención se había desviado hacia algún otro lugar, porque estuvo unos dos minutos sin hablar "Bueno, yo me llamo Pansy, Pansy Parkinson. Voy a Slytherin"
Mis ojos se abrieron de par en par. Es cierto, era ella, todas las descripciones encajaban. "May Thomas… y espero… ser de Slytherin también" conteste flojito, para que las chicas no lo escucharan.
"Nos vemos entonces" dijo cuando la mujer que me atendía se acercaba ya con una túnica acabada.
"¡Era Pansy!" le dije zarandeándole el brazo a Carol. Ella puso cara de asco.
"Si, esa, es una petarda, ya lo irás viendo, no te fíes, nunca, ni un instante de esa serpiente, bueno, de esa ni de ninguna serpiente, ya sabes donde acaban siempre" contesto ella.
Me sentí culpable. ¿Significaría el fin de mi amistad con ellas si entraba en Slytherin? Con Sol supongo que podría mantener una buena relación, ella era de Hufflepuff pero… ¿Y con Carol? Gryffindor hasta la médula…
