Capítulo 4.

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Pecados.

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Envidia.

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La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.

Arthur Schopenhauer.

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La sucursal de Hamamatsu en productos farmacéuticos, da la cordial bienvenida en sus dos enormes edificios de apartamentos a quienes obtienen una plaza dentro de la empresa. Es una valiosa prestación que otorga a los empleados que quieran beneficiarse de esta.

Morinaga dos meses antes, envió su solicitud para habitar un departamento en el lugar. Fue un momento difícil para él, dejar a Souichi en Nagoya y encima que este también se mudara de sitio; le rompía el corazón.

Sin embargo, se siente motivado, demasiado motivado, por la certeza de que tendrá un futuro junto al hombre del que ha estado enamorado por los pasados 6 años. No le importa que su nueva vivienda este rodeada de personas tan ocupadas como él, al grado de que el edificio que habita, parece un enorme cementerio. Durante el día esta vacío, los pasillos desiertos; extraña a sus antiguos vecinos. Recuerda con calidez, los continuos gritos de juego de los latosos mocosos que varias veces chocaban durante sus corretizas con sus largas piernas.

A pesar de que no conoce a todos en su piso, hay uno en particular a quien no confundiría jamás; su vecino de al lado. Andrés, el único latino en ese edificio.

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Lo que Tetsuhiro no sabe, es que Andrés lo envidia a muerte.

No le envidia por ser japonés, ni por el extraño nombre que se carga el nipón. Lo que le produce rabia es que, el muy boludo, es más alto, más atractivo, más inteligente y más carismático que él. Además, que tiene un puesto en la empresa que le da una buena pasta para viajar, pero no dispone de tiempo para hacerlo como Tetsuhiro quisiera (nada que ver con Andrés, que trabaja de asistente)

Morinaga gana una buena pasta cada quincena (nada que ver con Andrés, que tiene lo justo para vivir), y cada fin de semana tiene el apartamento lleno de visitas (y él, se envuelve en su pijama como un perro comiendo ramen todo el fin de).

Andrés está al tanto de todas las actividades de Morinaga, un verdadero stalker.

Solo los divide una delgada pared de tabla roca. Al latino, le llaman la atención especialmente las actividades nocturnas de su vecino. Los gemidos y jadeos de las visitas de cada mes del nipón le llegan hasta su habitación. Piensa que su vecino es un dios en la cama, y consigue que las minas griten como poseídas durante horas (son los gritos y jadeos de Souichi, que no gana tanto para viajar así, pero que por lo los lloriqueos de Tetsuhiro, es puntual al no desembolsar ni un solo yen. Su amante paga los viajes)

Morinaga desespera tanto a Andrés, que una noche, decide cagarle la fiesta llamando a la policía. Les informa que hace un buen rato que oye gritar a una mina en el departamento de su vecino (que podría ser cierto, solo que no es un mina), y que teme por la seguridad de esta (que podría ser cierto, ha conseguido desmayar a Souichi por el intenso orgasmo más de una vez)

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Todo le sale perfecto al che... Bueno, casi perfecto. Después de un tiempo de hacer la llamada, la autoridad llega. Desde la ventana que da a la calle, Andrés ve que un auto de policía se estaciona sobre la acera, corre a prisa para ver por la mirilla de su puerta. Una mujer uniformada toca el timbre del apartamento de Morinaga y los gemidos al otro lado de su pared se detienen al instante. Poco tiempo después, Tetsuhiro abre la puerta todavía con la respiración descontrolada. La uniformada abre los ojos como platos y el labio inferior de la boca le tiembla. Ese semental frente a ella esta con la espalda descubierta y sudorosa, ve con lujuria como el joven se arregla los cabellos desordenados y posa su mano sobre el marco de la puerta. La mina siente que el pulso se acelera al tener ese busto escultural y musculoso frente a la cara. El chico alto no parece disgustado por la interrupción. Conversa tranquilamente con la agente. La mujer después de hablar con él y sonreírle coquetamente, escribe unos datos para irse.

Aunque no se llevaron a Morinaga, Andrés se durmió satisfecho porque después de la visita, no se volvió a oír ningún gemido más. Se extiende en su cama y se acomoda sonriente.

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A los dos días, Andrés miro de lejos que Morinaga camina a su dirección. Estaban en un parque cercano al edificio donde viven. Tetsuhiro llevaba una sudadera gris con pantalones deportivos negros y una gorra moderna del mismo tono que su sudadera. En la mano sostiene con fuerza una gruesa correa que sujeta a un perro grande y bien cuidado, un Akita. Este can es la mascota de una amiga de la compañía y le había suplicado a su compañero que lo paseara durante unos días, ella saldría de la ciudad y no había quien se hiciera cargo de él.

Andrés no tenía ganas de verle la cara a su vecino y menos se le apetecía hablar con él, intento evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Tesuhiro lo vio desde lejos.

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- ¡Konbawa, vecino! ¿Caminando también? –

Exclamo Morinaga alto, para llamar su atención.

- Hola, Morinaga ¿Qué tal vos? –

- Todo bien. Tengo que pasear a hachiko, el perro de Harai tu compañera de escritorio. Etto... ¿No te despertaron el otro día que vino la policía? –

Morinaga estaba sonrojado, sentía vergüenza que casi todos en el edificio se dieron cuenta y Souichi casi lo mata pensando que los habían descubierto. Pero Tetsuhiro hábilmente le dijo que se equivocaron de habitación (Una mentira era un precio pequeño con tal de tener a su amor)

- ¿La policía? No. ¡Qué va! Tengo el sueño pesado y no escuche nada, che –

Respondió titubeando Andrés. Su paranoia le decía que Tetsuhiro sospechaba de él.

-¿Por qué? ¿Pasó algo? –

- Nada, solo tenía visita...tu entiendes y llegó la policía. Querían ver que todo estaba bien. Es bueno que cuiden el vecindario ¿No crees? -

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Andrés no entendía, el pelotudo de su vecino no estaba cabreado por la interrupción y encima le parecía bien que la policía vigilara.

- Pero que bueno sos vos, yo no habría soportado que me cortaran el rollo che –

Quería escuchar a Morinaga maldecir, que sí, que fue una putada lo que le hicieron al interrumpir su coito.

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- ¡No!, como crees, todo estuvo bien –

- Pero ¿cómo, che? ¿Tu visita no se fue, así de fácil? –

- Pasamos a hacerlo en silencio, y descubrí que es mucho más excitante (claro, ver como se tapaba la boca Souichi en cada embestida, lo calentó mas)

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Durante la noche, echado boca abajo en la cama y tapándose los oídos con la almohada para no oír a Morinaga y su compañía, Andrés decidió bañarse con agua fría, la parte baja de su cuerpo estaba despierta y el quería dormir. En la regadera se quemó dos veces las nalgas al abrir el agua caliente ante los ruidos y jadeos que escuchaba, sus manos temblaban y se distraía con cada movimiento al otro lado de su cuarto. Grito de repente cuando le cayó el agua helada en la espalda y se cubrió rápidamente la boca. Del otro lado de la pared por unos segundos los ruidos cesaron, pero no duro mucho.

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- ¡Lo hare más fuerte, sujetate! –

¡haaa! ¡waaah!

- ¡Oh, sí! ¡Así está perfecto! Te amo, te amo –

¡detent...

- ¡Ooooh! Ahhh Mori...no...ahí no!

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Andrés no soporto más, ni bañándose, ni cubriéndose las orejas podía estar tranquilo. Estaba lleno de ira. Le pasó por la cabeza volver a llamar a la policía, pero sospecharían que el que los oía fuerte y claro era el vecino y no quería irritar al semental enorme de al lado.

El demonio de la envidia controlo a Andrés, decidió cambiarse la ropa, ir a un convini de 24x24 horas y comprar pintura en aerosol, tomo un pica hielos y una pañoleta; que cargaron a su tarjeta.

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Al llegar al estacionamiento del edificio, Andrés se puso la pañoleta de la nariz hacia abajo cubriendo medio rostro, aprovecho la poca luz y se acercó cuidadosamente a un coche deportivo azul que estaba aparcado en el número 12. Comprobó que el sitio estaba despejado, cogió el pica hielo y lo clavo en las cuatro ruedas del auto. Después clavo el picahielos en el costado del lado del conductor y arrastro el objeto con fuerzas para estropear la pintura. Hizo lo mismo del otro lado y con el espray escribió algo sobre el parabrisas. Cuando vio lo que había hecho, sintió que la envidia se disipaba...

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Nuevamente en el parque, ambos vecinos hacían su caminata para ejercitarse y pasear al perro. Andrés fue quien saludo a Morinaga esta vez.

- ¡Buenos días, vecino!, ¿ejercitando antes de ir al trabajo? –

Tetsuhiro sonrió al verle y contesto el saludo muy animoso.

- ¡Kombawa Andrés! Nada mejor que ejercitarse para tener mejor condición (la condición física la quería para tener más noches como la anterior con Souichi en sus vistas mensuales)

Andrés esperaba que Morinaga estuviera mortificado y deprimido por lo ocurrido al auto, se preguntó: ¿por qué está tan contento? ¿Es que no ha visto como quedo su coche? Este boludo está loco.

- Vos estáis contento, supongo todo fue de maravilla a noche -

- ¡Me ha ido más que bien!...a quien no le fue bien, es al supervisor en jefe. Le jodieron el coche a noche, lo rayaron, le poncharon los neumáticos y le pusieron un letrero en el parabrisas que ni te digo lo que decía (Soy un lame culos, se leía en letras rojas muy grandes) Menos mal que el estacionamiento está lleno de cámaras de vigilancia y dicen que ya tienen identificado al tipo cobarde que hizo todo.

Andrés sintió que se le hizo un nido en la garganta (que se le subieron los hue... Testiculos a la garganta y tragó saliva con dificultad)

- Pe pero el coche destrozado, ¿no era de vos? –

- ¡Entonces lo viste! No, no, era mío, el supervisor me lo prestaba cuando necesitaba que hiciera algo rápido. Yo ni auto tengo, jejeje -

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- ¿Esta seguro jefe? ¿Fue Andrés el que destrozo el auto y lo pinto? No puedo creerlo, él es tan amable y correcto -

- Es un hecho, las imágenes son claras y el muy estúpido se descubrió la cara en las escaleras, las cámaras lo captaron claramente ¡Fue él! –

Morinaga sin poder creerlo aún, pregunto:

- ¿Pero qué razón podía tener mi amigo para hacer una cosa como esa? Y menos a usted Señor –

-¿Envidia?-

Con inocencia, Morinaga se cuestionaba:

Pero ¿Envidia de qué?

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La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.

Arthur Schopenhauer.

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Como siempre, pueden comentar que lo que deseen.

Saludos!

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