Disclaimer: Ni Los Juegos del Hambre ni sus personajes me pertenecen; son propiedad de Suzanne Collins.
Capítulo cuatro:
— ¿Cómo van las sesiones con Peeta? — Pregunta su hermana con un deje de esperanza en la voz.
— Bien. — Miente. Sus ojos vagan hasta el gato sentado en el regazo de Prim, que la mira acusadoramente, como si supiera de su mentira.
— ¡Qué bueno! Estos días no he tenido tiempo para pasar a verlo, mañana pase lo que pase me haré un hueco en mis tareas para visitarlo.
Prim se ve francamente feliz, y Katniss no puede hacer nada más que seguirle el juego. Por primera vez en años siente ganas de encerrarse en algún lugar y echarse a llorar. La última vez que lloró fue luego de la muerte de su padre; desde entonces siempre fue lo suficientemente fuerte para no sucumbir ante nada ni nadie. Excepto ahora.
No sabe por qué la situación le afecta tanto. Seguramente es porque le está mintiendo a su hermana, que es la persona que más quiere en este mundo. Ella piensa que realmente está ayudando al chico, piensa que Katniss se ofreció voluntariamente para ayudarlo, porque le importaba.
No podría estar más equivocada.
Llevan cinco días de sesiones. Después de la primera desastrosa sesión no han cruzado ni una palabra, ni siquiera se saludan. Katniss aparece en su puerta y Peeta se limita a seguirla hasta que cruzan los límites del distrito. Entonces él gira su silla y se va lejos del bosque que tanto parece atraer a Katniss.
Por su parte ella varias veces se vio tentada a seguirlo, pedirle disculpas y simplemente comenzar de nuevo, pero su orgullo se lo impide. Aunque en el fondo sabe que está cometiendo un error no es fácil para ella ir y hablarlo con un desconocido, un desconocido al que está lastimando con su indiferencia.
No debería importarle. Eso se repite todos los días mientras camina hacia el hospital a buscarlo. No debería importarle porque ni ella lo conoce ni él a ella. No debería importarle porque no son amigos ni él es parte de su familia, y ellos son todo lo que importa para ella.
Pero sí debería importarle porque años atrás él les salvó la vida.
Fue la peor época de su vida, sin lugar a dudas. Su padre había muerto en un accidente en las minas y su madre había decidido dejarse morir ella también. Cuando las reservas de comida se terminaron y el dinero también, poco a poco empezaron a morir de hambre, algo muy usual en el distrito doce.
Ella sin duda hubiera preferido morir, pero no de una manera tan lenta y dolorosa. Si hubiera elegido seguir a su padre lo habría hecho de alguna forma mucho más rápida y más eficaz. Y nunca se hubiera llevado a Prim consigo. El mundo estaba siendo cruel con ellas, pero no había forma de sacar a su hermana de él.
El caso es que allí estaba, resignándose a morir, cuando él la salvó. Apenas eran unos niños de once años, pero él quemó dos hogazas de pan con nueces y pasas y, cuando su madre le pegó y le ordenó que se las diera a los cerdos, él las arrojó en su dirección.
Katniss corrió a su casa con el pan asegurado entre sus ropas sin poder creérselo del todo, sin detenerse a pensar que ese niño de once años les estaba regalando la vida.
Nunca se lo agradeció. Y ahora que tiene la oportunidad de saldar su deuda con él está haciendo todo lo contrario.
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Después de seis días prácticamente sin dormir decide que la situación no da para más. Sea como sea va a hablar con Peeta y arreglar las cosas, no importa si no se conocen o si nunca han hablado. Los remordimientos la están matando lentamente. Tanto que no la dejan dormir por las noches. Tanto que ya no puede mirar a Prim a los ojos.
Se levanta antes que todos, decidida a hacer algo. Sale de la pieza en puntillas, sin siquiera detenerse a pasar su brazo por el aparato que pinta su horario. Después tendrá tiempo para hacerlo, se dice.
Todavía no han encendido las luces, por lo que Katniss calcula que deben ser las seis de la mañana aproximadamente. Generalmente el distrito empieza sus actividades a las siete en punto. Los pasillos lucen desiertos; parece de noche. Otro de los motivos por los que odia el trece: nunca se sabe con exactitud cuándo es de noche y cuándo es de día, excepto por el horario.
Camina silenciosamente, como si estuviera cazando, hasta llegar al hospital. Por suerte no se cruza a nadie en su camino, y en el hospital tampoco hay guardias. Es extraño, siempre hay alguien echando un vistazo por allí. Supone que tuvo suerte, y justo están cambiando los turnos. Mejor.
El pasillo donde está la habitación de Peeta está casi al fondo del lugar, junto con las habitaciones de los vencedores, Finnick Odair y Haymitch Abernathy. Katniss nunca los ha visto, lo cual agradece profundamente. Seguramente se sentiría minúscula ante ellos, que son famosos desde hace tiempo. No le agradan los motivos de su fama. Uno es conocido por sus múltiples amoríos y el otro por ser un borracho empedernido. Además de que ambos son asesinos consagrados.
Se detiene frente a la puerta gris, pensando por primera vez en lo que está a punto de hacer. Son las seis de la mañana aproximadamente, todos duermen. Probablemente él esté durmiendo también. Y ella lo va a despertar. ¿Para qué? ¿Para disculparse por ser una horrible persona?
Empieza a caminar de un lado a otro, preguntándose qué demonios decirle. Sin ser plenamente consciente de lo qué está haciendo se lleva la mano derecha a la boca, y empieza a morderse las uñas. Es un hábito adquirido después del bombardeo del doce. Sabe que los dedos le dolerán terriblemente después, pero no le importa. Cuando termina con la mano derecha sigue con la izquierda.
Una vez que ya no quedan más uñas que morder decide que tiene que hacer algo. Todavía caminando de un lado a otro empieza a pensar en qué palabras utilizar. Nunca fue buena expresando sus sentimientos, así que mejor practicarlo antes. Empieza a murmurar.
"Oye, sé que realmente no nos conocemos, pero lamento lo que ha pasado en el bosque, yo me dejé llevar y…"
"Lo siento, no debí involucrarme en esto. Yo no quería…"
"Lo lamento, no me puse a pensar realmente…"
Sus pasos se interrumpen y se tiene que llevar una mano al corazón por el susto cuando la puerta de al lado se abre y un muy malhumorado Haymitch Abernathy le grita:
— ¡Hazlo ya preciosa! ¡O simplemente cállate! — Luego cierra la puerta en sus narices.
Katniss se queda anonadada por unos segundos. Luego, decidiendo que quizás no fue la mejor idea que tuvo, sale corriendo de regreso a su compartimiento.
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Las diez de la mañana llegan dolorosamente rápido para Peeta. Se siente de mal humor con solo ver el reloj en la pared y lo mira ceñudo, como si el aparato tuviera la culpa de sus desventuras.
Le gustaría decir que su estadía en el Distrito Trece está resultando placentera, pero la realidad es que es todo lo contrario. Las mañanas están resultando un infierno y en las tardes se siente tan aburrido hasta decir basta. Si pudiera caminar ya hubiera buscado algo para hacer, algún trabajo por simple que fuera, porque permanecer en esa habitación solo todo el día lo está matando.
El problema es que todavía no puede caminar. Intento varias veces levantarse de la silla de ruedas y dar unos pasos, pero los resultados fueron humillantes. Luego tuvo que soportar los brazos raspados y un dolor en la pierna derecha, la que apoyó al caer al suelo.
Mirándolo en retrospectiva a veces piensa que es mejor que ella no lo haya visto, eso sólo habría servido para que se sintiera más patético de lo que es. Sin embargo una parte de él no puede dejar de odiarla y de odiarse a sí mismo, porque se pasó la vida amando a alguien que no existe.
Todas las mañanas Peeta se repite las mismas frases, con la esperanza de que a las diez no vuelva a esperanzarse inútilmente. Pasa al menos media hora repitiendo en su mente que ella no es cómo él creía, que estuvo equivocado todo este tiempo, que fue un idiota, que es mejor olvidarla.
Pero cuando la ve llegar a las diez, aunque no crucen ni una palabra, no puede evitar que su corazón lata más rápido.
La odia y se odia por ello.
Esa mañana parece transcurrir igual que todas las anteriores. Se despierta con unas ojeras terribles, producto de las pesadillas, y con el cuerpo todo agarrotado. En general sus sueños versan sobre su familia quemándose viva y él paralizado sin poder ayudarlos, simplemente observándolos morir. A veces Katniss también se quema.
A las diez ya está listo para una nueva salida a la superficie, sarcasmo incluido. Todavía no entiende por qué no habla con la encargada del lugar para decirle que prefiere volver a hacer la rehabilitación en su habitación. Supone que no quiere separar a Katniss de su amado bosque. De todas formas cuando en dos semanas se den cuenta de que no avanzó nada va a volver a las sesiones de antes. Tiene que aguantar un poco más.
Ella aparece puntual, con la clásica trenza en su hombro. Ni siquiera los uniformes del trece, ropa gris unas tallas más grandes de las necesarias, le han quitado la singular belleza que Peeta pasó años admirando desde lejos. Tenerla tan cerca y a la vez tan lejos le resulta particularmente doloroso.
Por primera vez cuando salen del ascensor la luz no lo deslumbra. El cielo se ve tan gris como los ojos de su silenciosa acompañante. Escucha como ella suelta un bufido, seguramente disgustada por el clima. En cualquier momento podría comenzar a llover y tendrían que volver. Debe ser decepcionante para ella, piensa.
Hace lo mismo de todos los días, girar la silla para dirigirse a las ruinas. A veces, cuando está muy aburrido y cansado de estar sentado en la silla se baja como puede y se sienta en algún escombro, deseando tener un papel y un lápiz para dibujar. En la habitación que compartía con sus hermanos tenía una libreta vieja y un lápiz muy desgastado escondidos bajo el colchón; el único regalo que su padre le hizo en la vida. Lo tenía que esconder allí porque estaba seguro que si su madre descubría los dibujos que había hecho lo castigaría de por vida o lo echaría de la casa.
Cuando coloca sus manos en las ruedas de la silla listo para impulsarse un contacto en su hombro lo detiene. Se gira y allí está ella, con una mano en su hombro, mirándolo con una expresión que Peeta no puede descifrar. Aunque está frunciendo el ceño está seguro que no se encuentra enojada ni nada parecido. La mira y ella se ruboriza.
— Yo… — Empieza y parece trabarse con las palabras, porque se ruboriza aún más. Si no estuviera tan dolido seguramente Peeta la encontraría adorable. — Te quiero mostrar algo.
Katniss toma las riendas de su silla y Peeta se lo permite, aunque le gustaría poder protestar. Le gustaría poder ser capaz de hacer lo mismo que ella, ignorarla y perderse en algo que lo apasione, sin que le importe ni un poco. El problema es que lo único que lo apasiona en este momento es ella. Siempre ha sido ella.
La chica lo lleva en dirección contraria a las ruinas, hasta el límite del bosque. Entonces se para frente a él y aunque parece demasiado avergonzada, extiende sus brazos en su dirección.
— Puedes apoyarte en mí hasta que puedas hacerlo solo.
Es lo único que dice, pero Peeta lee el resto en sus ojos. Nunca hubiera esperado una disculpa por parte de Katniss Everdeen, que aparenta ser tan fuerte como orgullosa. Tampoco esperaba que ella estuviera arrepentida o algo así por los días anteriores. No esperaba que ella lo notara tanto como para disculparse por su actitud.
Y es entonces que sabe que él no puede hacer nada por evitarlo. Porque no importa que esté solo, sin familia, sin pierna, destrozado por dentro y por fuera. Cuando se trata de ella él no puede hacer a un lado sus sentimientos. No podría odiarla ni aunque pusiera todo su empeño en ello.
La que tiene en frente es Katniss Everdeen. Orgullosa, tenaz, una sobreviviente consumada. Fuerte de una forma que él nunca será. Fuerte de una forma que él nunca comprenderá. Por eso le gusta tanto.
— Bien. — Responde mientras toma sus manos para incorporarse. Sus manos son pequeñas, con callos seguramente de tanto tiempo con el arco, pero cálidas. Parece imposible que esté tomando sus manos, probablemente se ha pasado la vida soñando con ello. — Espero que no me dejes caer. — Se atreve a bromear. Cuando ella se ríe ligeramente siente que su vida va a dar un vuelco.
— No te preocupes. Conmigo no te caerás.
Este es el momento en que todas nos disculpamos con Katniss porque después de todo no es tan mala...
Hola! ¿Cómo están? Yo con calor -_- Ya quiero que llegue el otoño (mi cumplaños *-*) y el invierno.
Bueno, yendo al capítulo... Me divertí imaginando a Katniss tratando de disculparse. En mi mente era como Neville (de HP) caminando todo encorvado pero con la imagen de Katniss haciendo eso. También me divertí con Haymitch. De a poco la idea es ir introduciendo personajes que tendrán alguna participación. Hoy le tocó a Haymitch, pero apenas...
Espero que les guste, si lo hace (o si no también) pueden dejar un review con su opinión :) Muchas gracias a todas las que se toman un tiempito para dejar reviews, a las que agregan a favoritos o le dan al follow. Me hacen muy feliz :D
Nos leemos la semana que viene. El siguiente capítulo es pura y totalmente Everlark (wiiiiiiiii *-*)
Saludos!
