Mi segunda adaptación, de la Editorial Harlequin, Categoría Jazmín, de la serie: "El Camafeo"

Disclamer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, excepto Kuromi Nakano que pertenece a Atziri Alejandra García y Yuki Uzishiro a Lorena Chávez. Historia original de Marie Ferrarella.

Editado por HARLEQUIN IBERICA, S. A

Núñez de Balboa

© 2005 Marie Ferrarella. Todos los derechos reservados

VECINO Y AMANTE

Titulo original: She's having a Baby

Publicada originalmente por Silhouette © Books


Capítulo 3

Kuromi al fin encontró la llave de la puerta y esperó a que Sasuke preguntara qué demonios significaba ser asistente de producción, pero como empezaba a sospechar, la curiosidad no sería uno de los defectos de su nuevo vecino.

― Trabajo para Yuki al habla ― informó aunque el pelinegro no había preguntado, pero a ella le gustaba tomar la iniciativa en las cosas, algo que le había servido mucho en el trabajo pero la había metido en problemas cuando era niña.

― ¿Qué se supone que es eso? ¿Y por qué debería importarme? ― se contuvo de preguntar el pelinegro con una bien disimulada sorpresa, viniendo de una familia seria el cumulo de información que estaba recibiendo le parecía completamente nuevo y un poco agresivo.

― El programa que ayudo a producir ― Kuromi abrió la puerta y entró, invitando al pelinegro a hacer lo mismo.

― Nunca oí hablar de él ― Sasuke se reprendió mentalmente por lo brusco que había sonado, bien que no quisiera ser amigo de la dueña del bolso asesino pero tampoco quería ser su enemigo, sobre todo si resultaba que su baño estaría sin servir un día más ― la verdad es que no soy de aquí ― soltó a regañadientes para intentar aminorar lo brusco que había sonado antes.

― ¿De verdad? ― El radar de curiosidad de Kuromi se acababa de activar y probablemente no iba a apagarse hasta haber obtenido la suficiente información como para considerar que había sido una verdadera conversación de nuevos vecinos ― ¿Puedo saber de dónde eres?

― ¿Puedo saber si seguirás haciendo preguntas? ― respondió Sasuke de rebote, era la primera vez que se enfrentaba a una situación similar. El moreno no pudo evitar examinar el departamento de la joven, era casi una copia fiel del suyo solo que sin el montón de cajas sin desembalar y con una enorme multitud de detalles femeninos en casi cada esquina.

― Por lo general me ofrecen la información antes de que tenga tiempo de preguntar ― confesó la castaña sin evitar analizar al alto moreno que estaba frente a ella. ¿Alguna vez se relajaba? Había escuchado una leve risa salir del hombre pero había sido de forma tan fugaz que incluso podría habérselo imaginado ―. ¿No tienes mucha curiosidad?

― Yo diría que cubres la cuota de curiosidad de todo el edificio ― murmuró frunciendo el ceño ante la mirada expectante de la mujer, obviamente no iba a quedarse contenta con esa respuesta ―, no soy curioso en lo que respecta a las personas en general.

― Pero eres curioso con algo… ― murmuró Kuromi invitando al pelinegro a completar la idea que ella había empezado a formular.

― Enfermedades ― murmuró sin mirar a su vecina a los ojos, esa mujer parecía una interrogadora profesional.

― No te ofendas pero eso suena morboso ― murmuró Kuromi tratando de no imprimir un reproche en su voz y al mismo tiempo tratando de imaginarse al alto hombre con constitución de corredor detrás de una pila de libros en alguna oficina poco iluminada.

― No es morboso salvar vidas ― se defendió de inmediato aun contra su voluntad, lo que menos quería era darle alas a la conversación que la mujer estaba ansiosa por continuar.

― ¡¿Eres médico?! ― Kuromi trató de ponerle mentalmente una bata a su vecino, aunque médico le quedaba mejor que ratón de biblioteca, también sentía que algo le faltaba para eso.

― ¿Tu baño? ― Sasuke casi sale corriendo al ver el brillo de entusiasmo en los ojos de su vecina, mientras más rápido se alejara de ella, más rápido podría volver a su departamento a revolcarse en la autocompasión. Además, creía haber sido ya un buen vecino por lo que quedaba de la vida.

― ¡Ah sí! Ahí, junto al dormitorio principal ― señaló Kuromi hacia el fondo de su departamento, aunque no pudo evitar bufar ante su propio eufemismo, porque lo que ella llamaba dormitorio principal no podía ser más de medio metro más grande que el dormitorio secundario.

― Gracias ― murmuró Sasuke antes de escabullirse hacia el baño, se había sentido casi asustado al ver el brillo de entusiasmo en los ojos de la mujer, era casi como si hubiese encendido la mecha de unos fuegos artificiales.

Kuromi se quedó clavada en el sitio mientras veía a su vecino caminar por todo su departamento, de no haber parecido un modelo de Calvin Klein habría encajado perfectamente con el papel de científico loco, pero Kuromi había aprendido a no juzgar por las apariencias. Aunque le recordara a Kuromi a un jugador de voleibol y no le costara mucho imaginar cómo estaría sin camiseta. Seguramente podría lavar su ropa en el estómago del hombre. Sasuke tenía la constitución que haría babear a todas las mujeres en la zona.

Si no hubiera renunciado al contacto masculino arriba de un hámster. Se recordó Kuromi con un suspiro desganado.

Sin perder tiempo empezó a sacar las cosas de la bolsa de papel y empezó a acomodarlas en la tabla de la cocina para después buscar un plato y un juego de cubiertos. Se detuvo un momento al dudar si sacar un segundo juego o no, su vecino no había dicho nada sobre quedarse pero lo lógico sería que lo invitara a cenar ¿cierto? El sonido de los pasos de Sasuke la distrajo de sus dudas sobre la cena del día al ver al moreno ir a la salida. Definitivamente no se iba a quedar. Sus hormonas estaban volviéndola loca con la sensación de soledad al constatar que cenaría sin su huraño vecino.

― Creo que no escuché de dónde eres ― soltó Kuromi de forma casual, moviendo los palillos sobre su cena sin mirar hacia el moreno.

― Es que no lo dije ― Sasuke miró de reojo a la mujer.

― ¿Por qué? ― Kuromi se acomodó en la encimera, apoyando su cabeza en la palma de sus manos ― ¿Es un secreto de estado?

Sasuke contuvo un suspiro ante la insistencia de la mujer, era en ese momento que consideraba el que debía haber buscado él mismo su departamento en lugar de haberlo dejado en manos de la agencia inmobiliaria. No es que se quejara, el lugar estaba cerca del laboratorio y el departamento tenía todo lo que necesitaba.

Aunque no es como que necesitara mucho y sin duda la exuberante mujer entraba en una de las muchas desventajas del lugar.

― ¿Todos los vecinos son como tú? ― preguntó Sasuke tratando de evaluar el terreno que pisaba.

― ¿Agradables? ¿Empáticos? ¿Curiosos? ― Kuromi no sabía cómo tomarse la pregunta del moreno y por eso preparaba el terreno que pisaba.

― Yo usaría la palabra "fisgón" ― Sasuke soltó una breve carcajada ― pero puedes dejarlo en curioso.

― La verdad es que no sé ― confesó Kuromi encogiéndose de hombros con una sonrisa estampada en la cara ― pero creo que la mujer que vivía aquí antes tenía un sano interés en los demás, algo así como atraparte en el pasillo y someterte al detector de mentiras o hurgar en tu basura para saber en qué tipo de cosas estás y todo eso.

― Soy de Akita ― la sonrisa de su vecina aumentó la electricidad en la habitación, pero Sasuke consideró que no haría daño decirle a la mujer dónde había vivido antes de que morir por dentro.

― ¡Yo soy de Tokio! ― Kuromi asintió complacida con el progreso que el hombre acababa de hacer, además de ser una completa revelación que su vecino también fuera de Japón, no había conocido a muchos compatriotas desde que había llegado a Nueva York.

Pero Sasuke no estaba ahí para intercambiar confidencias. No sentía el menor interés por saber nada de ninguno de sus vecinos, ni de las personas con las que iba a trabajar. Lo único que quería era poder cumplir con su trabajo y esperar el eventual olvido, porque eso era lo que Sakura había dejado a su marcha. Un profundo y extenso vacío alrededor del cual caminaba.

― No recuerdo habértelo preguntado ― comentó Sasuke sin ocultar la molestia en su voz.

― Lo sé, pero te ofrezco amablemente la información ― los chispeantes ojos de Kuromi se fundieron en los ojos del moreno ― ¿Quieres saber algo más?

― Ni siquiera quería saber lo primero ― Sasuke frunció el ceño. Estaba perdiendo el tiempo que debería usar para estar desempacando.

― Eso es ser brutalmente honesto ― comentó Kuromi sin borrar la sonrisa de su rostro. Aquel hombre necesitaba desesperadamente hablar con alguien que lo salvara de ser un completo ermitaño ― tengo la impresión de que tienes la errónea creencia de que los neoyorquinos somos herméticos ― la sonrisa de ella creció ― pero te aseguro que esa fama se creó solo porque alguien no se tomó ninguna molestia en conocer a sus vecinos ―. Ella lo miró y sonrió aún más abiertamente.

De repente, Sasuke se dio cuenta de que Sakura solía sonreír de ese modo. Y también fue consciente de la calidez que lo invadió al verla sonreír así.

― Tengo que seguir desempacando mis cosas ― Sasuke se enderezó bruscamente, como si la rigidez pudiera mantener los recuerdos a raya. Después señaló con la cabeza hacia la parte de atrás del departamento ―. Gracias por permitirme usar el cuarto de baño.

― Cuando quieras, ya sabes ― Kuromi le dio un vistazo a su plato y después lo movió en dirección al moreno ― ¿Seguro que no puedo tentarte con un rollito o algo así?

― Gracias, ya comí ― contestó él negando con un gesto de la mano ―. Compré una hamburguesa con papas fritas hace un rato.

― Entonces te falta el postre ― exclamó ella de repente. Rebuscó entre las cosas que había sacado de la bolsa de papel y le ofreció la primera galleta de la fortuna que encontró ―. Toma.

Sasuke estuvo a punto de rechazarla, pero supuso que no sería más que una pérdida de aliento y energía y que de todas formas acabaría con la galleta dijera lo que dijera. De modo que asintió y fue inmediatamente recompensado con una galleta de la fortuna.

― Gracias.

Parecía que fuera a meterse la galleta en el bolsillo sin siquiera mirarla. Y allí seguiría hasta que llevara los pantalones a lavar… si es que se molestaba en sacarla antes, pensó Kuromi.

― ¿No vas a abrirla? ― Ella le agarró la muñeca ―. Ya sé que no eres de los curiosos, pero a mí siempre me ha encantado leer el mensaje de las galletas.

― Entonces, quédatela ― él estaba más que dispuesto a devolvérsela.

― ¡Eso es imposible! ― ella levantó las manos ―. Trae mala suerte aceptar una galleta de la fortuna usada.

Él suspiró mientras sopesaba la idea de largarse de allí. Pero en ese caso, aquella mujer era capaz de aparecer en su apartamento a la mañana siguiente para saber qué le había "dicho", la dichosa galleta. Estaba atrapado.

― "El destino ha entrado en tu vida" ― leyó Sasuke tras romper la galleta y sacar la tira de papel que contenía, y antes de formar con él una bola. Aquello era una mentira. El destino había abandonado su vida con el último aliento de Sakura ―. ¿Contenta?

― Por ahora ― contestó ella con sinceridad. Por lo menos no era de las que mentía. Sasuke asintió a modo de respuesta y salió por la puerta. Kuromi corrió tras él, cruzando el descansillo. Parecía que fuera a empezar a llover en cualquier momento. El aire estaba preñado de humedad. Kuromi sacudió la cabeza. El embarazo se le había subido al cerebro ―. Si necesitas algo más házmelo saber ― gritó tras él.

La única respuesta que recibió fue otra breve sacudida de cabeza antes de que la puerta del apartamento de Sasuke se cerrara.

― Parece un chico realmente atractivo.

Kuromi reprimió un grito de sorpresa ante el sobresalto. Se giró para encontrarse con una mujer bajita y algo rechoncha junto al apartamento dos puertas más allá del suyo. La mujer tenía el pelo gris y muy corto. Parecía estar cerca de los sesenta años. Los ojos violeta brillaban ante la visión de Sasuke y a Kuromi le parecía que acariciaba con demasiada fuerza al gato entre sus manos, una pequeña bolita blanca que gruñó suavemente hasta que su dueña finalmente dejó de torturarlo.

― Es el nuevo vecino ― le informó a la mujer mayor.

Sin rastro de hambre, y sin humor para la soledad que tanto creía haber ansiado durante toda la tarde, la joven se acercó hasta su vecina. No le resultaba nada familiar. Se habría acordado de alguien que, sin duda, habría sido contratada para representar a la señora Papá Noel.

― Disculpe, ¿acaba de mudarse usted también?

― ¿Yo? ― la mujer soltó una carcajada mientras apoyaba una mano sobre su pecho. La risa resultaba rotunda, casi atrevida, apenas en consonancia con el aspecto angelical de esa mujer ―. No, mi gato Cyrus y yo llevamos siglos aquí.

― Ah… ― Kuromi estudió a la mujer con detenimiento. No, no le resultaba nada familiar. Con su horario caótico probablemente nunca se había tropezado con la mujer.

― No me habría molestado tropezarme con ese joven ― la mujer echó otro vistazo por encima del hombro de Kuromi en un intento de ver de nuevo a Sasuke. Pero la puerta permanecía cerrada. Si tenía pensado levar más muebles a su departamento, no iba a ser esa noche― Lleva todo el día de mudanza. ¿No sabrás de casualidad su nombre? ― La curiosidad se reflejó en el rostro de la mujer mayor.

― Sasuke Uchiha ― a Kuromi le gustaba cómo sonaba. Rotundo.

― Suena muy masculino ― la vecina parecía estar dentro de su cabeza ―. No parece muy amistoso pero puede que sea porque es nuevo aquí ― reflexionó ella ―. La timidez se confunde con demasiada frecuencia con la frialdad, ¿no cree?

― Supongo que sí.

Kuromi se consideraba a sí misma tímida, pero reaccionaba justamente al revés e intentaba obligarse a parecer lo más amistosa posible, era evidente que con el nuevo vecino no iba a funcionar. Como si alguien hubiera chasqueado los dedos, la mujer más mayor pareció despertar de un trance. Dejó de mirar hacia la puerta del apartamento de Sasuke y contempló a Kuromi.

― Pero, ¿dónde están mis modales? ― cambió al gato de brazo y le estrechó la mano a la joven ―. Me llamo Azura Nara, Zury para mis amigos ― los ojos le brillaban ―. Y tengo la sensación de que seremos amigas… siempre que me digas tu nombre ―. A Kuromi le gustó de inmediato aquella mujer. Había algo en Zury que le recordaba a una tía que había tenido. En realidad Kushina había sido la tía de su padre, pero su espíritu había sido tan juvenil que había parecido más joven que él.

― Kuromi Nakano, encantada de conocerte ― la mujer le apretó la mano con fuerza ―. ¿Cuánto tiempo dices que has estado viviendo aquí? ― Kuromi no podía creerse que no se hubieran encontrado antes. En un sitio tan pequeño tendrían que haberse encontrado alguna vez.

― Lo dices porque nunca me habías visto ― afirmó Zury ―. La explicación es que trabajaba en casa ― agitó una mano en dirección a su apartamento ―. Pegada a la computadora hasta casi quedarme ciega, pero la semana pasada decidí dejarlo. Mi último trabajo fue como diseñadora freelance ― se encogió de hombros antes de callarse y mirar al cielo gris ―. Parece que va a llover. ¿Por qué no pasas y te cuento cómo decidí dejar mi empleo? ― Kuromi se mostró más que dispuesta a aceptar la invitación y siguió a Zury y a su gato hasta el acogedor apartamento ―. La semana pasada hice un profundo y sincero análisis de mi vida y me di cuenta de que estaba harta de correr detrás de mis clientes. Decidí que, si iba a tener que correr, lo haría por la clase de satisfacción que me haría sentir amada.

Kuromi se mordió el labio inferior, sin atreverse a adivinar qué clase de profesión había elegido aquella mujer., la manera de hablar de Zury se parecía a la de una "madame" de lujo que había sido la invitada de Yuki meses atrás. Aunque alegre y jovial, Zury parecía un poco mayor para haberse echado a la calle.

― ¿Cómo qué? ― Kuromi decidió mostrarse prudente y preguntar.

― Monólogos de comedia ― Zury sonrió de oreja a oreja y la expresión la catapultó de vuelta a los treinta años, como mucho. Zury sonrió cuando la joven la miró fijamente ―. Piensas que estoy loca, ¿verdad? ― Los chispeantes ojos azules reflejaban sabiduría y alegría al mismo tiempo.

― Desde luego que no. Opino que no todo el mundo debería intentar hacer realidad sueños ―. Lo último que quería Kuromi era ofender a aquella mujer. Además, ¿quién era ella para juzgar a nadie? Había elegido a Minato como el hombre perfecto y no podía haber estado más equivocada.

― Pero nadie lo hace a los setenta y dos, ¿verdad?

― ¿Setenta y dos? ― ¿Cómo podía haberse equivocado tanto en sus cálculos? El embarazo te está afectando a la vista, pensó.

― Eso es ― Zury condujo a Kuromi hasta la alegre cocina. Unos narcisos florecían sobre el papel de la pared, añadiéndole calidez a la estancia ―. Lo sé, lo sé. No parezco tener más de setenta y uno. Son los genes que heredé de mi madre ― tras encender la cafetera eléctrica, Zury la llenó de agua y, casi de inmediato, empezó a salir el agua caliente a borbotones ―. Claro que, ya están algo viejos, después de haber pasado por mi madre, por no mencionar a todas las mujeres anteriores a ella. Por lo visto la madre de mi tatarabuela parecía tener quince años a mi edad. ¿Qué le vamos a hacer? ― abrió el armario de la cocina y miró en su interior ―. ¿Té?

Kuromi pensó que a lo mejor su vecina no se había equivocado tanto al elegir profesión. Desde luego resultaba amena. A lo mejor era lo bastante especial como para abrirse camino en el inestable mundillo en el que pretendía entrar.

― Sí, por favor.

― Earl Grey, ¿verdad? ― la anciana sacó una cajita con bolsitas de té ―. Sin leche.

― ¿Cómo lo has…? ― miró a Zury con sorpresa. El agua humeaba mientras empapaba la bolsita de té. Zury dejó la cafetera en su sitio y esperó unos segundos antes de subir y bajar la bolsita de té cinco veces.

― Soy un poco psíquica a veces. Eso también lo heredé de mi madre ― confesó con orgullo ―. Vino a este país de joven desde Japón. Muchas personas tenían la visión… así la llamaban. Y tampoco tenían televisión por cable, o sea que tendrían que divertirse de algún modo ― añadió. Al ver que Kuromi no probaba la bebida, Zury señaló la taza ―. Tómatelo bien calientito, querida. El té te ayudará a calmar tu estómago.

― ¿Por qué has dicho eso? ― Kuromi la miró fijamente.

― El bebé te está dando problemas, ¿verdad, querida? ― la expresión de Zury era la viva imagen de la inocencia.

Kuromi se quedó sin habla.


Espero que no se hayan olvidado de este fanfic. Me estaré poniendo al corriente con todos los que debo así que actualizaré una vez al mes. Estaré esperando sus comentarios. Larga vida y prosperidad.