Disclaimer: Los personajes de Free! Son propiedad de Kōji Oji, Hiroko Utsumi y KyoAni y Aviso: Este fanfiction participa en el Reto libre: "Haz una tabla" perteneciente al Foro Iwatobi swim Club.

Desayuno

Makoto se encontraba en su habitación, tenía la vista al techo, hundido en sus dolencias, en sus tristezas, había mandado cientos de mensajes a Haru, esperando una respuesta, pero no llego alguna.

Le dolía, le dolía en demasía saber que todo esto era culpa de un malentendido, que después de haberle explicado a Haru y que este le hubiera dicho que todo estaba bien, aun así lo haya lanzado a la esquina del olvido, podía entender hasta cierto punto su razón, entendía que aunque Haru nunca le había confesado nada, el pelinegro le amaba y ahora su orgullo estaba dolido.

Makoto continuaba tumbado en la cama, la voz de su madre que provenía del primer piso lo trajo de sus pensamientos

— Makoto, baja a desayunar — Grito con dulzura — ¿acaso aun no tienes apetito?

Makoto respiro profundo, no quería que su madre notara lo quebrada de su voz — Lo siento, pero ahora no tengo hambre, mas tarde tal vez. — grito con desanimo.

Un silencio inundo el lugar, recuerdos de hace una semana llenaron la cabeza de Makoto, días en los que el tomaba su desayuno junto a Haru, donde ambos se sentaban uno frente al otro platicando de cualquier cosa, donde ambos disfrutaban de su adhesión.

Ahora una semana después, tras una semana sin ver a Haru, sin escuchar su voz, sin siquiera saber de él, estaba destrozado, lloraba, lloriqueaba con ahogo, sus ojos estaban tan hinchados que era imposible ver el color verde que le adornaban. Ya no tenía lágrimas. Debía hidratarse, hidratarse para poder seguir llorando, continuar con su agonía, con su castigo, para que sus lagrimas continuaran cayendo una a una sobre su cama, manchando las sabanas de aquel liquido salado lleno de sentimientos, cambiarlas cuando en estas ya no hubiera espacio para una más.

— ¿Maldición Haru, porque me ignoras? — Makoto aprendió, asimilo que a veces el hecho de que la persona que ames te ignore, duele más, que ella te haya rechazado. Pensar mil razones para sus motivos, imaginar la causa por la que no quiere verte, creer que es tuyo el error.

Paso sus manos por su verde cabellera llevándola hacia atrás, para esta regresar a su posición seguido, — Demonios Haru, contesta solo uno — tomo su móvil, envió nueva vez un mensaje al pelinegro.

— Haru, ¿podemos hablar?

Pero no hubo respuesta, mantuvo su vista a la pantalla del móvil, pero fue en vano, la respuesta nunca llego.

Se levanto de la cama y tomo dirección al primer piso, llevando su camino a la cocina, lugar donde encontró su desayuno, estaba sobre la mesa, con una nota de su madre.

— Hijo, este es tu desayuno, por favor come, fui al mercado con tus hermanos. Makoto, Come. Tus hermanos y yo estamos preocupados.

Tomo la nota en sus manos, apretándola, conciente de que estaba preocupando a su familia por un sufrir exagerado.

Volvió a recordar su desayuno junto con Haru, cuando más que hablar se conectaban, recordó aquel día en el que por un descuido, ensucio su boca con mermelada, sin decir palabra Haru se levanto de su silla y limpio con su lengua las marcas que rodeaban su boca, fue erótico. Makoto se había quedado mudo, su rostro estaba rojo en su totalidad, esperanzado en que su relación podía avanzar un poco más. Pero no, Haru se sentó en su lugar, continuo su desayuno, sin explicar porque lo había hecho y Makoto tampoco pidió una explicación.

El desayuno estaba bañado con las lágrimas de Makoto. Estaba roto, solo pensaba que era ignorado por algo que no había hecho, que Haru le aplicaba la ley de hielo sin merecerlo. Quería ir, irrumpir en su casa, pedirle una explicación, recordarle que todo era un maldito error, rogare que no lo castigara de esa manera.

Pero no, debía respetar las decisiones del pelinegro, el confiaba que en algún momento Haru llegaría y le diría que todo está bien, Confío en ti Makoto. Pero, ¿podría Makoto soportarlo?, soportar el hecho de que debía esperar a que el corazón inquieto de Haru se tranquilizara y le diera paso a la reconciliación, ¿aguantaría un poco mas el castigo al cual estaba siendo sometido?.

Se sentó en la mesa frete a su desayuno, y empezó a comerlo entre lágrimas, aquel alimento que se había tornado salado a causa de sus lágrimas, este que tenía un mal sabor, el mismo sabor que tenía su corazón.

Dejando aun lado la comida, se recostó sobre la silla con la mirada en frente, imaginando que Haru estaba frente a él, lloraba mientras veía la risa imaginaria de su amado, la mirada fría y desviada para disimular sus rosadas mejillas. Luego, miro la puerta, aquella que le indicaba que fuera, que corriera tras él.

No quiso pelear más, dejo el desayuno sobre la mesa, y se dirigió a su cuarto, aquel lugar donde sentía que sus dolencias no molestaban, aquel lugar donde solo él era fanático del sonido de su llanto.

Cerró su puerta y volvió a la posición original en la que se encontraba antes del desayuno.

En otra casa no muy lejos de allí, un joven pelinegro estaba sentado en su mesón con su desayuno intacto, consumido al igual que Makoto por las sales de sus lágrimas. Leía un mensaje que había recibido del peliverde minutos atrás, las líneas eran cortas pero aun así las leía una y otra vez. Al final solo pudo contestar para sí.

— Lo siento Makoto, aun no estoy listo.