Agradecimiento a Nalnya y a Connie1 por sus reviews. ;D
Capítulo IV: La entrega
Al salir del trabajo, se pensó un millón de veces si ir o no de nuevo al apartamento de Oliver. Después de lo sucedido la última vez, no le apetecía ir demasiado, pero se lo había prometido a Harry. Además, era algo urgente y no quería sentirse responsable de su despido.
Tomó una buena bocanada de aire mientras llegaba a su casa. La noche ya había caído y ya se habían iluminado todas las farolas. El camino hasta la casa de Oliver parecía hasta diferente de noche. Alzó la vista y vio que la luz de una de las habitaciones del piso de arriba estaba encendida. Al menos sabía que estaría en casa.
—Bueno, Katie—se dijo a sí misma—, llamas al timbre, le entregas el sobre y te vas. Mejor será mantener las distancias. Seguramente...—se quedó mirando la ventana con la luz encendida y vio de refilón a la chica rubia de la otra mañana con una especie de orejas de conejo puestas en la cabeza y riendo sin parar. Katie abrió los ojos como platos cuando vio que Oliver llevaba unas orejas similares y el torso desnudo—¿Pero qué diantres...?
Pensó en llamar al timbre, ya que sería lo más correcto, pero aquello le llamaba demasiado la atención. Sabía que aquello estaba mal, pero sentía demasiada curiosidad por saber qué ocurría en aquella habitación. ¿Y sí...? ¿Y si era eso a lo que se dedicaba por las noches y de ahí que tuviese mala cara? Mientras cavilaba cientos de posibles causas, comenzó a trepar por la enredadera de la pared. Como fuese eso, verdaderamente iba a ser lo último que se esperaría de él. Sí, desde luego había cambiado mucho más de lo que ella pensaba.
Consiguió subir hasta la repisa de la ventana, pero no pudo ver nada, ya que se abrió de golpe e hizo que se golpeara contra ella en la cabeza. Se agarró a la enredadera, pero una de las ramitas se partió y no pudo evitar caer al vacío. Por suerte aterrizó en un seto que le amortiguó la caída.
—¿Qué ha sido ese ruido?—preguntó Oliver mientras se asomaba a la ventana. Cogió su varita e iluminó la entrada—¿Quién anda ahí?—entrecerró los ojos para poder vislumbrar una silueta. Al darse cuenta de quien era, enarcó una ceja, sorprendido—¿Katie? ¿Eres tú?
—Ehm... sí, hola.
—¿Pero qué haces ahí en ese seto?
—¿Me... asusté de un gato?—dijo con una risilla tonta.
—Un segundo, que bajo.
Un minuto después, Oliver volvía a abrir la puerta de su casa para recibir, por segunda vez aquella semana, la visita sorpresa de Katie. Al hacerlo, tuvo que reprimirse una carcajada al ver una pequeña rama enganchada en su pelo.
—¿Y a qué debo el honor de tu visita?—dijo mientras le quitaba la ramita del pelo— Pensé que... no querías verme...
—Bueno, vine a traerte una carta que me dijo Harry que te entregara en mano, que era importante y...—no sabía qué más decir. Se sentía realmente ridícula, ya que caviló la idea de mandárselo por lechuza urgente; aún se preguntaba cómo es que no lo hizo.
Oliver miró la carta con los ojos como platos.
—¡Vaya! Gracias, de verdad—dijo con una amplia sonrisa mientras lo cogía— Cuando me di cuenta, regresé a Las Tres Escobas, pero la camarera me dijo que alguien se la llevó y que escuchó que me la mandaría o algo así. Pero pensé que debía de ser Harry... ¡Eres mi salvación!—exclamó, abrazándola de golpe, haciendo que Katie se sonrojara.
Al separarse, se quedaron unos segundos en silencio, sin saber qué decir. Oliver se fijó en que Katie llevaba la cara manchada de tierra y se sacó un pañuelo del bolsillo.
—Tienes un poco de...—se le quedó mirando fijamente y sus miradas se cruzaron. Katie se sonrojó cuando éste le comenzó a limpiar la tierra de la nariz. Por un momento, se le cortó la respiración— Ya está.
—Gracias—respondió apartando la vista.
—No sabía que te asustaran los gatos—dijo con una leve sonrisa.
—¿Los gatos? A mí no... Ehm, sí, bueno, ese es que... bueno, no, o sea, estaba oscuro y...
—Sigues mintiendo igual de mal que cuando estabas en Hogwarts—comentó entre risas.
—Esto... yo...—la cara de Katie se volvió más roja de lo normal. Realmente no sabía mentir.
—¡Olie...!—se oyó una voz cantarina proveniente de las escaleras. El aludido puso los ojos en blanco al escucharla—No sé qué estarás haciendo, pero que sepas que la bañera ya está lista para el baño...
—¿Tienes que decirlo tan alto?—dijo sin apenas girarse para responderle—Creo que se han enterado hasta los vecinos de enfrente.
—¿Y tú tienes que ser siempre tan gruñón?—preguntó mientras se acercaba hacia la puerta—¡Oh, vaya!—exclamó al ver a Katie—Si es la chica del otro día. Soy Elyanna—le dijo, estrechándole la mano.
—Katie...—le devolvió el gesto y miró tímidamente a Oliver— Pero ya me iba. Tenéis cosas que hacer y no quiero entreteneros.
—Bueno, ejem—dijo Elyanna con media sonrisa—, sí, hay algo que debemos acabar, sí...
—Pues mejor me voy yendo ya que no quiero que lo dejéis por mí...
—¡No, espera!—la retuvo Oliver cuando ésta se dio media vuelta— Podríamos quedar mañana a tomar algo y... bueno, recordar viejos tiempos...
—Pues...—se quedó pensativa. No sabía qué responder— No sé, tal vez a Elyanna no le haga mucha gracia...
—¿A mí? ¡Oh, no te preocupes! Te lo presto todo lo que quieras. Todo tuyo—dijo entre risas.
«¿Debería darle las gracias por "prestármelo"?», pensó Katie. Realmente no se esperaba aquella respuesta.
—Bueno, pues... ya si eso mañana nos vemos. Ya me dirás dónde y todo eso...
—De acuerdo. Hasta mañana entonces.
—Hasta mañana—y se dio media vuelta, desapareciendo en la oscuridad de la noche.
Oliver se quedó mirando mientras se alejaba la muchacha de allí.
—Katie... Katie...—comenzó a decir pensativa Elyanna mientras cerraba la puerta—, ¿de qué me suena a mí?
—Mejor que no lo recuerdes o te dará dolor de cabeza...
—¡Ah!—exclamó, levantando un dedo— ¿No será la chica esa de la foto tuya que encontré con una chica que era amiga tuya de Hogwarts? ¿Cómo se llamaba...? ¿Katie Bell?
—Sí, es ella—contestó con desgana.
—¡Oh! No será la misma Katie Bell de la que me hablaste hace tiempo con la que tuviste "algo", ¿verdad?—la muchacha parecía bastante entusiasmada por saber más cosas de Katie, pero Oliver no quería hablar más del tema.
—Sí, es la misma...
Elyanna se mordió levemente el labio y le sonrió al chico.
—Pues es más mona de lo que me pensaba.
—Basta...—dijo poniendo los ojos en blanco y se encaminó hacia las escaleras arrastrando los pies.
—¿Por qué? Parece buena chica. Podrías invitarla alguna vez a casa y...
—Pues va a ser que no.
—¿No? Quiero conocerla y saber más sobre ella y...
—He dicho que no, Ely...
La rubia le puso morritos y ojos tiernos.
—Porfi... Solo quiero conocer al primer amor del gran Oliver Wood, nada más—comentó poniendo algo de énfasis al mencionar el nombre del muchacho.
—Ya sabes el por qué no quiero.
—¡Ñé! Eres un sosainas y un aguafiestas...—dijo hinchando los carrillos y cruzándose de brazos, a modo de disgusto.
—Lo que tú digas, pero el agua se va a enfriar...
—Sí... sólo me quieres para lo que te interesa...
—Ely...—dijo parándose en mitad de las escaleras, girándose hacia ella y sonriéndole de oreja a oreja.
—¿Sí?
—A veces eres insufrible.
—Lo sé, pero me quieres—le dijo pestañeando exageradamente.
—¡Qué remedio!—contestó entre risas mientras abría la puerta del cuarto de baño.
—¡Lo sabía!—se abrazó a él y le dio un beso en la mejilla.
NDA: La verdad es que no sé cómo carajos se me ocurrió esta locura, pero bueno, creo que me quedó bastante bien, ¿no creéis?
Por cierto, Ely me cae bastante bien. Es demasiado buena y pronto se sabrá más de ella. :3
Nota para los que pusieron fav o follow esta historia: ¿tanto cuesta comentarla? Tampoco es que pida mucho, pero ya que lo has marcado, qué menos que decir algo, ¿no? 'Enga... ¡si lo estáis deseando! No os cortéis, que no muerdo. ;D
Espero que os haya gustado.
Un saludo muy grande.
~Miss Lefroy~
