Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk y del universo Naruto no me pertenecen.
.
oOo
Capítulo 5
La decepción de Rukawa
.
oOo
Kenji Fujima sintió su corazón acelerándose al escuchar el sonido de una raqueta golpeando una pelota. Las canchas de tenis estaban muy cerca, podía oírlo, y eso hizo que su pulso se acelerara. Y sin embargo, cuando llegó allí se sintió profundamente decepcionado. Solo había hombres jugando al tenis, y no había señales de Yamanaka Ino por ninguna parte.
—Disculpa —Fujima se giró rápidamente al notar que una alumna de Shōhoku pasaba por ahí, y ella se detuvo, mirando su uniforme con curiosidad —. Lamento molestarte pero, ¿sabes si hoy hay práctica del club de tenis femenino?
La chica lo miró, llevándose una mano a los labios, pensativa.
—No, lo siento. Cambiaron sus prácticas a los miércoles y viernes, creo. Los martes y jueves el equipo masculino ocupa las canchas.
—Oh... —el chico de Shoyo bufó, pasándose una mano por el cabello —¿De casualidad eres de primer año?
La muchacha parpadeó, llevándose un dedo a los labios.
—Sí.
—¿Conoces a Ino Yamanaka? Es una chica extranjera, rubia y muy bonita... Es a ella a quien busco.
—¡Oh, sé quién es! Es decir, la he visto, porque es la única chica extranjera del primer año, pero va a un salón diferente. Lamento no poder ayudarte.
—No. Está bien. Supongo que vendré otro día. Gracias por tu ayuda.
—Por— nada. Hasta luego —el desconocido de Shoyo se despidió con una mano perezosa y se alejó por donde había llegado, y ella se le quedó viendo por un momento, curiosa. No era muy usual ver a chicos de escuelas privadas por ahí.
—¿Haruko? ¿Con quién hablabas?
Haruko Akagi parpadeó, mirando a su hermano con una sonrisa.
—Con nadie. Solo un chico que buscaba a alguien. ¿Qué tal la biblioteca?
—Bien, terminé con todas mis tareas, pero estoy muy cansado, y mañana debo madrugar. Mejor vámonos ya.
—Claro, hermano— sonrió.
oOo
Kaede Rukawa despertó con la última campanada del día, desperezándose mientras uno a uno fueron desocupando sus asientos. Perezoso, le llevó unos pocos minutos guardar sus cosas y salir también, pasando por sus zapatos y después por su bicicleta antes de recordar que después del último accidente que había tenido con ella la estaban reparando; de modo que ese día caminaría a casa, ya que tampoco había práctica. Akagi había decidido darles un día libre antes de empezar con los entrenamientos diarios para el próximo partido.
Rukawa ahogó un bostezo cerrando bien los ojos pero abriendo uno cuando sintió un perfume familiar cerca de allí, notando que Yamanaka Ino salía sola del instituto, como sabía que hacía habitualmente, pues a veces solía observarla desde la entrada del gimnasio; ella se despidió a todos con quienes se cruzaba y salió de los terrenos de la escuela mientras, sin saber porqué, Kaede se le quedaba viendo hasta que los muros del instituto se lo impidieron. Entonces él aceleró el paso, empezando a seguirla pues vivían en el mismo vecindario así que iban en la misma dirección, y la alcanzó en la esquina mientras esperaba a que el semáforo cambiara. Rukawa se paró junto a ella sin hacer el menor ruido, y entonces Ino levantó la mirada y le sonrió, haciendo que el basquetbolista sintiera su corazón latir como si estuviera en la final de un campeonato.
—Hola, Rukawa —saludó, estrechando los ojos con simpatía antes de cruzar la calle. Y Rukawa de nuevo la siguió —¿Vas a tu casa?— preguntó Ino. Él asintió vagamente, caminando a su lado sin decir nada más por unas calles, hasta que llegaron al parque y sintió el extraño impulso de volver a hablar:
—Jugaremos contra Takezono el sábado —le soltó sin rodeos; Ino parpadeó.
—¿Ah, sí?
—¿Irás? —Kaede respondió con otra pregunta, y ella lo miró fijamente; en el poco tiempo que llevaba de conocerlo había descubierto que era extraño ver a su perezoso compañero tan ansioso, así que sonrió, decidiendo alargar un poco más la tortura de Rukawa.
—¿Estás invitándome? —espetó, divertida.
Rukawa parpadeó, consciente de su error.
—No —respondió, parco, acelerando el paso para tomar la delantera, demasiado avergonzado como para seguir caminando junto a ella.
—Kaede —lo llamó Ino, y él se detuvo, observándola por el rabillo del ojo —, me gustará verte jugar. Claro que iré —anunció con una sonrisa, levantando una mano para despedirse.
—Oye —para su sorpresa una vez más, Kaede se encontró a sí mismo deteniéndola, e Ino volteó ligeramente, mirándolo con algo de duda mientras la luz del atardecer hacía brillar su largo cabello rubio con intensidad. Rukawa entonces pensó que se veía muy bonita bajo esa luz, pero de inmediato bloqueó esos pensamientos al bajar la mirada hacia sus pies.
—¿Sí?
—¿Te veo mañana?
—Por supuesto —le dijo ella, sonriendo nuevamente antes de atravesar el parque con paso veloz.
Rukawa la observó irse hasta que la perdió de vista al final de la calle; luego soltó el aire que sin darse cuenta estaba sosteniendo, retomando su camino sin más.
—¡Hey, Rukawa! —escuchó que lo llamaban de repente, y al levantar la vista se topó con la sorpresa de ver a Ryōta y Sakuragi caminando por el parque también.
—¿Por qué sonríes, Zorro Dormilón? —preguntó el ruidoso pelirrojo, sorprendiendo al mismo Rukawa, que en ningún momento se dio cuenta de que había empezado a sonreír.
Rukawa borró esa sonrisa de inmediato, bufando y metiendo las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones.
—¿Qué te importa, tarado? —gruñó, tomando el camino de la derecha para ir a casa.
oOo
Hanagata frunció el ceño, pidiendo la pelota para parar el partido y caminar hacia su capitán, que seguía parado en una esquina, con los brazos cruzados y una mirada pensativa.
—Sigue habiendo un hueco en la defensa. Creo que deberíamos cambiar la jugada para poder cubrirlo. ¿Tú qué piensas?
—¿Disculpa? —Kenji parpadeó, descruzando los brazos y saliendo de su ensoñación; entonces Hanagata frunció el ceño y le lanzó el balón. El capitán apenas pudo tomarlo en el aire —¿Qué?
—Estás distraído, Fujima —lo reprendió su amigo, con una mirada severa, y Kenji bufó, lanzándole el balón de regreso y pasándose una mano por la nuca, avergonzado.
—Lo sé. Lo siento. Debo concentrarme más en la práctica.
—¿Qué pasa contigo? —Hanagata se acercó a él y lanzó el balón de regreso al juego, poniendo ambas manos en las caderas —Has estado muy distraído últimamente. ¿Algo va mal? —; Fujima lo miró y suspiró, encogiéndose de hombros. Ambos sabían que no podían mentirse, por algo no solo eran compañeros de equipo, sino también mejores amigos.
—No, no es eso... —Kenji suspiró, balanceando su peso de un pie a otro mientras cruzaba los brazos y enfocaba la mirada en el juego de práctica del equipo; luego de un momento de breve indecisión volvió a hablar —Es una chica. ¿Recuerdas que te hablé de la chica de la playa?
—¿El capitán Fujima tiene novia? —preguntó Hasegawa con curiosidad, deteniendo el juego y acercándose junto con el resto del equipo, todos mirando a su capitán con sorpresa antes de empezar a lanzar preguntas:
—¿Quién es?
—¿Es bonita?
—¿A qué año va?
—¿Y por qué nunca viene a apoyarte en las prácticas? —empezaron a indagar, exaltados con la noticia; sin embargo, Kenji solo suspiró, hablando entre dientes.
—Porque no va en esta escuela, y no es mi novia...
—No, solo es la chica que te gusta —rió Hasegawa, siendo acompañado por todo el equipo, excepto Hanagata —El capitán Fujima nunca se había interesado por una chica antes, y eso que tiene muchas fanáticas. Esto es toda una novedad...—rió de nuevo, y todo el equipo estuvo de acuerdo, logrando que Kenji Fujima se sonrojara levemente; mas el capitán solo miró a su equipo y frunció el ceño, moviendo la cabeza para despejar su mente y regresarlos a todos a la cancha. No ganaba nada con seguir pensando en Yamanaka Ino, descuidando la práctica y a sus jugadores. Debía concentrarse en el baloncesto.
—Chicos, para mí también es extraño, pero estoy al cien por ciento con el equipo, como jugador y capitán. ¡Así que sigan jugando! ¡Y tú, Hasegawa, cubre el hueco a tu izquierda y deja de vacilar en los tiros libres o no serás titular en el próximo partido! —ordenó, pidiendo el balón para correr y anotar una canasta.
Más adelante se preocuparía por encontrar a esa chica, y cuando eso pasara sí hablaría con ella.
oOo
Kaede bostezó con cansancio, luchando por mantenerse despierto y no soltar la bolsa con sus nuevos tenis de básquetbol. La tarde caía lentamente por el horizonte, pero la claridad del día persistía, al igual que la cálida temperatura; era claro que el verano estaba cerca, y no podía sentirse más feliz al respecto, porque eso significaba más entrenamientos y menos escuela. No veía la hora de que las vacaciones al fin comenzaran.
—Ah... Estoy muy cansado —pensó en voz alta, deteniéndose frente a una luz roja mientras soltaba un bostezo. Entonces algo en la acera frente a él llamó su atención; Kaede entornó la mirada y parpadeó después, dándose cuenta de que la señal ya había cambiado. Rukawa cruzó la calle y se detuvo un momento frente a la tienda de discos, mirando hacia el interior a través del ventanal. Normalmente no le hubiera prestado atención a nada en la calle, pero hubiera reconocido ese largo cabello rubio en cualquier parte, y no pudo apartar la mirada hasta que la chica se movió de un estante a otro, haciendo que Rukawa bajara la mirada y rápidamente se diera la vuelta, sintiendo un escalofrío en la espina. No obstante, al cabo de unos segundos, con disimulo, regresó la mirada hacia la tienda, dándose cuenta de que Ino seguía mirando discos sin haberlo visto.
Gruñiendo, Kaede dio media vuelta y siguió caminando para alejarse, pero se detuvo unos pasos más adelante y regresó sobre ellos. Pasó delante de la tienda, pero ella de nuevo no lo vio, así que, deteniéndose otra vez, regresó sobre sus pasos de nuevo, pero Ino se distrajo hablando con una de las vendedoras y siguió sin prestarle atención. Rukawa frunció el ceño, decidiendo irse nuevamente, pero antes de tomar la decisión sus pies ya se habían movido solos hacia la tienda de discos, entrando antes de que él siquiera pudiera darse cuenta de lo que hacía, mirando discos al azar sin buscar nada en particular, pues ni siquiera sabía por qué había entrado allí en lugar de seguir su camino, sobre todo porque Ino seguía sin notar su presencia, pagando sus discos de espaldas a él.
—Ujum...—todavía mirando discos que en realidad no quería, Kaede se aclaró la garganta, no por nada en particular, solo porque sentía un molesto nudo que no lo dejaba tranquilo; y volvió a mirar hacia su compañera, que aún no lo había visto, fastidiándole —¡Ujum! —elevó la voz, todavía dándole la espalda mientras revisaba discos sin ver realmente.
—¿Rukawa? —la escuchó llamándolo, y entonces volteó, mirándola como si no supiera que estaba allí —¡Qué sorpresa encontrarte aquí! ¡Hola!
—Yo... Compras —Kaede se encogió de hombros, tratando de lucir tan indiferente como siempre mientras sentía los ojos de Ino sobre su persona.
—¿Qué compraste?
—Unos tenis —masculló, sin saber qué más decir, pero no queriendo ser cortante. Ese era su mayor problema cuando hablaba con otros, y no era que le importara; al menos no hasta ese momento —Los míos se gastan rápido. Las prácticas y...eso.
—Claro —Ino le sonrió, y después bajó la vista también, como él, como si no supiera dónde posarla.
—¿Y qué estás mirando? —le sonrió, pasando de él para observar los discos que supuestamente habían captado su atención —¿Te gusta U2?
—¿Eh? Ah... claro, ¿por qué no? —Rukawa se encogió de hombros, viendo a Ino revolver los discos y después los casetes*.
—Este te gustará —dijo de pronto, sacando un casete de entre los demás —Achtung Baby, la tercer canción. Es mi favorita.
—¿Ah, sí? —Rukawa enarcó una ceja, sin estar demasiado interesado en lo que ella le decía, pero intentando fingir para no ser descubierto. Así que tomó el casete y lo miró, encogiéndose de hombros. No era el estilo de música que le gustaba (aunque, en realidad, la música no era su fuerte), pero no le vio caso a negarse, así que pagó por él y acompañó a Ino hasta la salida con su nueva compre en el bolsillo de su sudadera.
—¿Y dónde está tu bicicleta? —preguntó Ino cuando él empezó a caminar junto a ella, mirándolo con algo de sorpresa.
Rukawa suspiró con cansancio y se encogió de hombros.
—Las dos están en reparación. Supongo que estarán listas para mañana.
—Ah...—Ino se detuvo un momento, mirando en otra dirección, como si debiera irse. Y entonces un extraño retorcijón atacó a Kaede, haciendo que todos sus sentidos se pusieran alerta —Debería...
—¿Te gusta el helado? —preguntó, sorprendiéndose a sí mismo una vez más al decir lo primero que se le ocurrió mientras miraba a una pareja comiendo helado; no se esperaba para nada decir aquello, como tampoco la respuesta de Ino:
—¿Quieres invitarme? —le preguntó, sonriendo, pero su sonrisa, en vez de hacer que la sensación en el interior de Rukawa se calmara, solo la hizo más fuerte.
—N...
—¡Estoy bromeando! Claro que me gustaría un helado ahora. Hace calor. Odio el calor, ¿tú no?
Rukawa quiso responder que no, que le agradaba el calor porque podía despertarse más temprano para entrenar, porque los días eran más largos, lo que significaba más horas de entrenamiento, porque disfrutaba de la ropa ligera, de las bebidas frías y las noches templadas en el balcón de su habitación, pero que sobre todo le gustaba el calor porque eso siempre se traducía en lo mismo: menos escuela. Quiso decirle todo eso, y hablarle de lo mucho que entrenaría ese verano, y de que lo mucho que a ella le gustaría ver esos resultados cuando al fin lo viera jugar, pero, en vez de eso, cuando sus labios se separaron solo una palabra salió de ellos:
—No.
Ino lo miró, sonrió y siguió caminando con la vista al frente mientras él la miraba, sorprendido por su actitud. Según sabía, a las chicas no les gustaba que fueran tan cortantes en sus respuestas, pero a ella no parecía molestarle, como si ya estuviera acostumbrada, o no le importara. Entonces, un pensamiento invadió al basquetbolista: ¿y si a ella no le interesaba porque tenía novio?
De repente, Rukawa sintió la pavorosa necesidad de saber la respuesta. De alguna firma, el solo pensar que ella podría querer a otro chico hizo que se sintiese molesto.
—¿Y qué hay de ti? ¿Siempre has vivido aquí? —la pregunta lo descolocó brevemente, y le hizo darse cuenta de que la fila de helados había avanzado bastante. Kaede miró a Ino, que parecía haberle estado hablando desde hacía bastante, sobre cosas que no había escuchado, a excepción de esa última pregunta.
—Sí —suspiró, perdiendo la vista en la joven que tomaba los pedidos un momento. No estaba acostumbrado a que otros preguntaran sobre su vida, mucho menos a responder, pero le era imposible no hacerlo cuando hablaba con Yamanaka Ino.
Nunca había sido alguien de muchos amigos; realmente, nunca había tenido ninguno. Era demasiado competitivo como para hacerse amigo de sus compañeros de equipo, y demasiado perezoso para ser amigo de sus compañeros de clase. La gente en general le parecía un fastidio, pero no esa chica.
Había algo sobre Ino Yamanaka que, de alguna forma, la hacía diferente. O al menos hacía que él se sintiera diferente.
—¿Rukawa?
Kaede parpadeó y regresó su atención a Ino, mirándola fijamente por lo que le pareció solo un segundo, pero, a juzgar por la expresión de la chica, le pareció que más bien fue por un tiempo más largo.
—¿Qué gusto prefieres?
—Limón. Limón y fresa —respondió lo primero que se le ocurrió, porque en realidad odiaba el helado, pero eso no iba a decírselo a Ino. Ella pidió chocolate y menta, y Rukawa hizo la nota mental de que parecían gustarle las cosas dulces, aunque procuró no prestarle demasiada atención a ese detalle. Sin darle tiempo, sacó dinero y pagó por ambos helados pese a que Ino protestó, pero Kaede, aprovechando la diferencia de alturas solo evitó mirarla y pagó.
—¡Muchas gracias! ¡Que tú y tu novia tengan una buena tarde! —le sonrió la mujer de los helados, para que solo Kaede escuchara, sintiendo sus mejillas arder al intante antes de darse la vuelta y caminar delante de Ino un par de metros hasta que ambos salieron de la tienda, yendo en dirección hacia su vecindario.
—Adoro el chocolate. Aunque no debería comerlo. Tengo que bajar un par de kilos —comentó ella, jugando con un llavero en forma de cupcake con su mano libre; y Rukawa bufó, sin entender la obsesión de las mujeres con el peso. Para él, Ino Yamanaka se veía perfecta tal y como era, y eso hizo que se atragantara con su helado —¿Estás bien?
—Se hace tarde —respondió, mirando fijamente al atardecer, solo para evitar volver a mirar a Ino y pasar por idiota —Mañana es el partido contra Takezono.
—Ah, sí... Oh —Ino guardó silencio, mirando hacia abajo cuando el llavero cayó de sus manos. Y para Rukawa fue automático inclinarse para tomarlo, igual que lo fue para ella. Los dos se inclinaron al mismo tiempo en un rápido movimiento, quedándose muy quietos cuando sus miradas se encontraron.
Kaede contuvo la respiración, tan sorprendido como obnubilado por la situación, sintiendo un extraño calor apoderándose de sus mejillas. Nunca había notado lo bonitas que podían ser las chicas, o, mejor dicho, lo bonita que Ino le parecía cuando estaba sonrojada y sorprendida. Y de pronto ya no había basketball en su mente; algo en su cerebro se había desconectado, y sus pensamientos ahora estaban concentrados en la chica frente a él y ese momento. Fue una sensación extraña, de la que no tuvo noción hasta que sintió el calor de sus mejillas repartiéndose hacia su estómago, y de ahí hacia el resto de su cuerpo. De pronto entendió el significado de aquel extraño sentimiento: quería acortar la distancia y unir sus labios; quería besar a Ino Yamanaka.
Él nunca había besado a nadie, por eso no fue capaz de entender lo que su cuerpo le pedía hasta varios segundos después. Era una sensación curiosa, incómoda pero a la vez muy agradable, sobre todo esa cercanía con Ino, como si su cuerpo lo hubiera estado esperando desde hacía mucho tiempo. Y sin embargo, cuando pudo volver a pensar con claridad desvió la mirada, más avergonzado que nunca, e irguió su cuerpo, avergonzado, pero aun así extendiendo una mano para ayudarle a ella a reincorporarse.
Y ninguno dijo nada, pero Rukawa tenía la sensación de que podría morir de vergüenza en ese mismo momento.
¿Qué demonios pasaba con él?
Sin embargo, todos sus pensamientos de reproche pasaron a un segundo plano cuando la mano pequeña y cálida de Ino tomó la suya, y entonces Kaede la miró, y sus ojos se encontraron nuevamente; fue en ese instante que su raciocinio le dijo que era tiempo de soltar su mano, y así lo hizo, tan sorprendido por la situación que sus movimientos fueron demasiado torpes y toscos, y sobresaltaron a Ino, casi tanto como a él mismo.
—Lo siento —murmuró, desviando la mirada rápidamente y dándose la vuelta, sintiendo tantas ganas de salir corriendo de allí como nunca antes, pero antes de dar el segundo paso lejos de ella se detuvo, y mirando sus pies volvió a hablarle:
—¿Mañana irás al partido? —por alguna razón que no llegaba a comprender, el pulso de Rukawa se aceleró. De alguna forma, el que ella no fuera a verlo le molestaba, aunque más que molestarle hacía que sintiera algo muy parecido a la decepción en su pecho. Quería que ella lo viera jugar, eso lo sabía, pero empezaba a sentir que de verdad la necesitaba allí, y sentirse así no le gustó ni un poco.
—Allí estaré —sonrió Ino, y entonces el peso desapareció, y Rukawa pudo volver a respirar, e incluso quiso sonreír, pero se contuvo; se aclaró la garganta y se encogió de hombros, como si lo que ella le había dicho no fuera la gran cosa, y levantó una mano para despedirse, volteando una vez más y caminando lo más rápido que pudo lejos de ella, sonriendo sin darse cuenta.
oOo
—¿Preparatoria Kainan? —Ino parpadeó, sin dejar de observar el folleto de la escuela Kainan, haciendo a un lado su tazón de arroz.
—Sí. Es la mejor escuela del estado —dijo su madre, sonriendo.
—Y es privada, dan clases solo en inglés y tiene una universidad anexa. El hijo del doctor Maki, uno de mis colegas, va ahí —añadió su padre, haciendo una pausa para darle un pequeño sorbo a su taza de café.
—Pero ya entré a Shōhoku —bufó Ino, con el ceño fruncido —Estoy en el equipo de tenis, y me gusta. Además...estoy empezando a hacer amigos. ¿No querían que tuviera más amigos? —preguntó, y sus padres la miraron.
—Lo sé, cariño, pero te enviamos a Shōhoku porque no tuvimos tiempo de buscar escuelas antes de mudarnos, era la que estaba más cerca de la casa y además fue la única que te aceptó de último momento —dijo su madre, suspirando.
—Además, hablamos con el director de Kainan, y con tus notas y tu nivel de inglés no tendrán problemas en aceptarte —su padre le sonrió —Queda un poco más lejos de nuestra casa que Shōhoku, pero será bueno para tu educación, sin contar que estarás con otros chicos de intercambio, así que será como volver a casa.
—Exacto —apoyó su madre, levantando los últimos platos de la mesa.
—Pero...No quiero cambiarme de escuela. Me gusta donde estoy, queda cerca y me gustan mis nuevos amigos...
—¿Cuáles? —cuestionó su padre, levantando una ceja, igual que la señora Yamanaka, que dejó de levantar la mesa para mirar a su hija —No he visto a ningún amigo.
—Hay un chico...—se apresuró a aclarar Ino —, vive cerca de aquí y es mi compañero. Está en el equipo de básquetbol de la escuela y mañana voy a ir a verlo.
—¿Básquetbol? Creí que lo odiabas —su madre levantó una ceja, gesto que Ino imitó.
—Lo odiaba cuando Sasuke jugaba, pero porque no lo entendía.
—¿Y ahora lo entiendes?
—Sí, no. Bueno...Kaede habla de él con tanta pasión que...
—¿Kaede? —su padre parpadeó —¿Quién es ese?
—Mi compañero.
—¿Solo tu compañero?
—¡Papá!
—Inoichi, déjala en paz —la señora Yamanaka golpeó el hombro de su esposo e Inoichi sonrió, pero después soltó un largo suspiro, dejó su café a un lado e intercambió una larga mirada con su esposa, y luego los dos observaron a su única hija directamente a los ojos.
—Ino... —su madre dejó los trastos sobre la mesa de nuevo y se sentó junto a su hija, acariciándole el cabello durante un momento —Cariño, después de lo que pasó con tus amigos, y en especial con Sasuke, ¿estás segura de estar lista? —preguntó, tomando la mano de Ino con la suya y apretándola con afecto —Sé que ambos dijimos que debías volver a hacer amigos, pero no quiero que te precipites. Tal vez éste chico, Kaede...
—No es nada, mamá —la cortó ella, poniendo su mano libre sobre la de su madre y mirando a su padre al mismo tiempo —. Te lo prometo. Solo somos amigos; pero no quiero cambiarme de escuela. Por favor...
—De acuerdo, Princesa. Es tu decisión —suspiró Inoichi, levantando las manos en señal de rendición. Luego volvió a cruzar las piernas para ponerse más cómodo y continuó bebiendo mientras Ino agradecía la comida y ayudaba a su madre a levantar la mesa —Pero quiero conocer a ese tal Kaede y comprobar qué tan bueno es para mi princesa —exclamó. Su hija solo rodó los ojos y rió.
oOo
Al día siguiente, Ino despertó muy temprano en la mañana, empezando a alistarse para ir al partido, no muy segura de si debía vestir su uniforme escolar o ropa casual, aunque se decidió por la primera opción. En Japón todo el mundo iba siempre con sus uniformes puestos, así que no quería arriesgarse.
Una extraña sensación de felicidad se había apoderado de ella apenas había abierto los ojos, nueva pero al mismo tiempo bastante familiar. Así que, alegre, empezó a tararear una vieja nana inglesa mientras se cepillaba el cabello cuando de pronto escuchó voces en el piso de abajo, y, al creer indentificar la voz que acompañaba a la de su padre, rápidamente corrió hacia las escaleras.
—¿Santa? —preguntó, deteniéndose a mitad de éstas. El chico pelirrojo que abrazaba a su padre entonces se dio la vuelta, mirándola con alegría.
—¡Ino!
—¡Santa! —Ino corrió escaleras abajo, lanzándose a los brazos de su primo, que la sujetó en el aire, abrazándola igual que cuando era pequeña, dándole vueltas en el aire —¡Cabeza de chorlito, te extrañé mucho!
—¡Y yo a ti, princesa presumida! —exclamó el joven, haciendo que Ino se deshiciera de su abrazo, dándole un golpe en el brazo.
—¡¿Por qué demonios tardaste tanto en venir a visitarnos, tonto! ¡No tienes idea de todo lo que extrañaba hablar contigo!
—¡Auch! ¡Quieta, pequeña bruja! —rió Santa, tirándole del cabello y haciendo gritar a Ino —No fue mi culpa. Tenía exámenes. La universidad es muy exigente.
—¡Mentiroso!
—¡Es cierto! Igual tú podrías haberme visitado, tonta.
—Ya basta ustedes dos —la señora Yamanaka sonrió ante la escena, feliz también de volver a ver a su sobrino —El desayuno está casi listo. Deja tus cosas aquí y pasemos a la mesa —pidió, y tanto Ino como Santa se le adelantaron, la primera haciendo preguntas sobre su familia, sus tíos, sus abuelos, y preguntándole a su primo sobre la universidad, perdiendo la noción del tiempo, inmersa en la inmensa alegría de volver a ver a su primo.
—¿Y dónde está tío Inoichi?
—Trabajando. Tuvo que ir al hospital temprano —respondió la mujer, con una enorme sonrisa.
—¿Y por cuántos días nos visitas, Santa? ¿Te quedas todo el fin de semana, verdad?
—Temo que solo por un día, Ino-chan —respondió su primo, despeinándole el cabello —Esta noche volveré a Tokio en tren, y de ahí tomaré un vuelo a Australia.
—¿Australia? —preguntó la señora Yamanaka, terminando de servir el arroz para los tres.
—Sí. Tomaré un curso de verano. Creí que mamá te lo había dicho, tía. Pero no podía irme sin despedirme de ustedes.
—¿Australia? —repitió Ino, levantando una ceja —¿Y cuánto te quedarás allá?
—Es un curso de la universidad. Serán dos meses, pero volveré a visitarlos cuando regrese.
—¡¿Eso quiere decir que solo vienes por un par de horas, y que además te irás por dos meses?! ¡Eres el peor primo de la historia!
—Oye, tú tampoco me llamaste en todo éste tiempo, así que cierra la boca —Santa le volvió a jalar del cabello, e Ino protestó, dándole otro golpe después, como si fueran dos niños de nuevo.
—Ya basta, niños —musitó la mamá de Ino por costumbre, sin hacerles mucho caso en realidad —Que bueno que hayas pasado a vernos antes de tu viaje, Santa. Fue una agradable sorpresa, pero tengo que abrir la floreria y ya voy retrasada.
—Gracias, tía. Y no te preocupes. Ino-chan y yo nos divertiremos aquí, ¿verdad, Ino-chan? ¿Qué haremos hoy?
—¿Qué quieres hacer? —preguntó Ino, con una brillante sonrisa. Aunque siempre pelearan, adoraba a su primo como a un hermano.
—Cuando venía para aquí pasé por la playa y por muchos lugares interesantes, así que quiero visitarlos todos.
—¿Crees que te alcanzará con solo un día? La ciudad es muy grande y hay mucho por ver...
—Cariño, sé que pasaste mucho tiempo en el extranjero, pero hoy vivirás una auténtica tarde japonesa —rió el muchacho, e Ino sonrió de nuevo, tan feliz de ver a su primo nuevamente que se olvidó de todo lo demás.
oOo
—¡¿Me viste, Haruko?! ¡El gran Hanamichi Sakuragi les dio una lección a todos! —Hanamichi Sakuragi soltó una enorme y fuerte risotada que molestó a gran parte de su equipo. Sin embargo, embargada por el espíritu de la victoria, Haruko le sonrió con simpatía.
—¡Lo hiciste muy bien, Hanamichi! De verdad te felicito —amplió su sonrisa, pero después su atención se disipó, y Haruko Akagi llevó la mirada de un lado a otro, buscando algo —. ¿Hum? ¿Dónde está Rukawa?
—Oh, estaba aquí hace un momento —observó Ayako, mirando en todas direcciones con curiosidad también —Qué chico más escurridizo...
—Rukawa ya se fue —intervino Kogure, encogiéndose de hombros —Parecía muy molesto, como cuando perdimos contra Ryonan.
—Rukawa es un chico extraño —suspiró Ayako, encogiéndose de hombros también —. En fin, ¡vamos todos a la estación! ¡Es hora de regresar a casa! ¡Vamos, vamos!
—Tal vez deberíamos esperarlo... —murmuró Haruko, observando hacia la entrada de la escuela, esperando a que Rukawa apareciera, pero no lo hizo.
—Rukawa sabía que nos encontraríamos aquí, así que si ya se fue no vamos a esperarlo. Andando —Takenori, su hermano mayor, no le dio tiempo a protestar, guiando al grupo hacia la estación. Haruko entonces miró hacia la entrada a Takezono por última vez, suspirando y dándose la vuelta, caminando con la vista baja todo el trayecto hasta la estación.
oOo
Ino no había reído tanto en meses, y en el mismo tiempo no había pensado en lo mucho que extrañaba a su familia y amigos. Fue lindo volver a ver a su primo y sentirse como en casa, pero también era muy triste saber que ya debía despedirse. Odiaba las despedidas.
—Hey... ¿Pasa algo malo?
Ino parpadeó, intentando sonreír, pero no podía ocultar su tristeza.
—Ino, está bien. Volveré en menos de lo que canta un gallo, y prometo traerte algo de Australia... Tal vez un atractivo australiano —dijo Santa, e Ino rió, sorbiéndose la nariz mientras el tren llegaba a la estación. Y en ese instante abrazó a su primo con fuerza, como si se negara a dejarlo a ir.
—Eres un idiota. Pero eres mi idiota. Y eres mi primo favorito.
—Soy tu único primo —Santa frunció el ceño, abrazándola un poco más fuerte también —Ahora debes dejarme ir.
—No quiero —se negó, y su primo rió, jalándole del cabello para alejarla. Ino protestó pero dio un paso atrás. Santa la sujetó por el rostro y la besó en la mejilla, como solían hacer en Gran Bretaña con los niños, en el mismo momento en que las puertas automáticas se abrían. Ya era tiempo de irse.
—Estarás bien. Eres fuerte. Y harás nuevos amigos. Ese Rukawa se oye algo tonto pero podría funcionar —Santa puso una mano en su cabeza con cariño y la empujó levemente. Ino protestó con un mohín, pero para cuando abrió los ojos su primo ya estaba en el tren y las puertas se habían cerrado, llevándoselo lejos de ella una vez más.
Una vez que el tren se perdió en el horizonte, Ino respiró hondo y se secó las lágrimas de las mejillas, caminando de regreso hacia su casa sin pensar en nada en particular hasta que llegó al parque y lo vio.
—¿Kaede? —dijo con sorpresa. Él estaba sentado fuera de las canchas, con la mirada perdida, como si estuviera esperando algo o a alguien, y al escuchar su nombre levantó la mirada y enfrentó la de Ino con ojos fríos y demandantes.
—Jugamos contra Takezono. Y ganamos —dijo, escueto y algo enojado. Solo entonces Ino se dio cuenta de que se había olvidado por completo del partido, y aunque se sintió mal creyó que a Kaede no le importaba realmente.
—Oh, lo lamento. Es que yo... Lo siento. Se me pasó el tiempo. Pero me alegro de que hayan ganado —sonrió sin ganas, todavía abrumada, no solo por la partida de su primo, sino por todos los recuerdos que su visita había conllevado. No obstante, Rukawa no respondió, simplemente se dio la vuelta, yéndose sin mirar atrás, pero ella tampoco lo detuvo o intentó darle explicaciones. Y aunque él fingió que no le importaba, en ese momento, algo se rompió dentro de Kaede Rukawa.
oOo
N del A:
*Recuerden que Slum Dunk transcurre a principios de los '90, y decidí respetar eso, así que habrá muchas referencias a esa época.
Gracias por leer!
H.S
