Cuarta Parte

2 de Mayo de 1997

¿Donde diablos estaba? Sabía que en el pasado, pues había utilizado un giratiempos. Pero no podía decir con precisión cuánto tiempo hacia atrás había viajado. No es que supiera tampoco cuantos años correspondían a una vuelta… y bueno, tampoco sabía cuantas vueltas le había dado al reloj. Su madrina lo mataría.

Era un pasillo completamente desolado. Las paredes eran de piedra y casi no había luz. Pensó en que podría ser peligroso conjurar un Lumos con su varita, al menos hasta que no supiera exactamente donde se encontraba.

Cree que la mejor idea es caminar hasta encontrar algo que lo oriente, así que eso hace. Los pasillos son interminables. Se mete de uno a otro constantemente. De repente empieza a escuchar sonidos en lo lejano. Son gritos y explosiones. Su cuerpo se tensa en alerta. ¿Por qué demonios era tan impulsivo y había utilizado aquél artilugio?

Dobla en un recodo y se sobresalta al encontrarse con dos personas allí. Casi delatándose. El susto inicial pasa a ser ansiedad, nerviosismo y éxtasis cuando reconoce de quienes se trata.

—Prométeme que tendrás cuidado. —Estaban abrazados hasta que su padre le habló, para hacerlo se alejó hasta mirarla a los ojos.

—Claro que lo haré- —Le respondió ella. Scorpius no podía creer cuan evidente era el amor que se tenían.

—Por favor, Hermione… Si les pasa algo yo…

—Nada nos pasará. No si tú te mantienes a salvo.

—Incluso si yo… Cuida a tu madre… —Las lágrimas corrían por los ojos de Scorpius. Estaba esforzándose por mantener el silencio. Aguantándose por no salir corriendo hacia ellos y abrazarlos. La manera en que su padre se había dirigido a él lo había desarmado.

—Te amo.

—Te amo, Draco. —Lo dicho, para el chico, no era más que poner en palabras lo que se decían en miradas y gestos. Le parte el alma ver a su madre llorar. Y más aún cuando se da cuenta que esas probablemente sean las ultimas palabras que se dijeron.

Ve a su padre ponerse la máscara mortífago e irse de allí. Todo se contextualiza para él. Está en Hogwarts en medio de la jodida batalla. Escuchó hablar tanto de ese día que no pude creer que esté ahí. Se da cuenta que conoce todo el desarrollo de los acontecimientos y eso le da una ventaja. Recuerda esa voz en la cabeza diciéndole que salve a sus padres para salvar el mundo mágico y no necesita ninguna señal más para saber que hacer.

Tiene que ir tras su padre, pero no puede apartar la vista de Hermione. ¡Por Merlín! Él siempre había sabido cuan bella era, pero ahora viéndola por sí mismo se daba cuenta cuan poca justicia le hacían las fotografías. Incluso en ese momento, despeinada, sucia, agitada.

—Todo saldrá bien, Scorpius. —Le escucha decir mientras ella se acaricia el viente. Otro nudo en la garganta. Asiente, como si el mensaje fuese para ese él y no para el que todavía no nació. Le echa una última mirada y sale tras Draco.


Perseguir a su padre no fue tan pacífico como venía siendo su estadía en Hogwarts. Draco no se había mantenido por los corredores desiertos. Había ido directamente al epicentro de la batalla. Al Gran Comedor, a los jardines, al vestíbulo.

Scorpius tuvo que sacar a relucir sus clases de defensa en Ilvermorny. Pronto se dio cuenta que no era invisible, ni mucho menos inmune. Agradeció que el primer ataque le haya pasado rozando la cabeza porque no tenía idea de que podría haber sido de él si hubiese dado en el blanco.

Había desarmado, atacado y maniatado mortífagos a la par de su padre. Si la situación no fuera tan tensa se hubiese reído más de una vez al ver las reacciones de éstos cuando reconocían a Draco Malfoy atacándolos.

Vio a su tía Ginny junto a su madrina corriendo por los jardines. Vio a sus tíos Fred, George y Bill subiendo por unas escaleras lo que produjo una enorme desazón por no poder hacer nada y salvar la vida de Fred. Vio a Ron correr a la par de Harry y al instante notó que Draco también los había visto porque corrió directamente hacia ellos.

—¡Potter! —Gritó. —¡Maldita sea, Potter! —Volvió a gritar y recién entonces Harry se dio por aludido.

Instantáneamente Scorpius pudo notar como Ron se tensaba y miraba a Draco con rabia. Harry parecía mucho más relajado, le había dado una mirada de asentimiento y se acercaba hacia él. No sin antes dedicarle otra mirada a su compañero para que siguiera camino.

—¿Hermione? —Preguntó el azabache apenas llegar a él. Scorpius trataba de mantenerse lo suficientemente cerca como para escuchar. Tarea poco sencilla tendiendo en cuenta el contexto en que se encontraba.

—No la veo desde que inició todo. —Respondió.

—Bueno, yo al menos la vi después de eso… —Mencionó. Aunque Draco no lo expresara, era obvio que el que Harry le hubiese preguntado por ella lo había preocupado. Solamente asintió.

—¿Estás seguro que funcionará lo de la varita? —Escuchó a su padre preguntar. Harry simplemente asintió. —Bien. Luna averiguó sobre la diadema…

—Lo sé. Ya está destruida.

—Bien. —Repitió.

—Malfoy… Necesito que te encargues de algo. —Draco asintió sin hablar. Scorpius podía identificar los gestos de su padre como propios. Era raro, pero por su lenguaje corporal podía entender perfectamente en que estaba pensando. —Tienes que encargarte de Nagini. Nadie puede acercarse tanto a Voldemort como para hacerlo antes de terminar muerto…

—Dalo por hecho. —Scorpius pensó en cuan altruista era Draco, a pesar que todos los que le habían hablado de él lo habían tachado de egocéntrico. Harry mismo lo había dicho. Draco llegaría a Nagini sin que Voldemort lo matara, pero una vez que acabara con quien fuera que fuese Nagini, su suerte no sería muy distinta. Y sabía que su padre estaba completamente en conocimiento de ello.

—Utiliza esto. No lo entenderás ahora, pero en su momento lo sabrás. —Le dijo mientras le pasaba un pequeño bolso que le recordaba al que su madre llevaba a cuestas en la mayoría de sus fotos. —Y trata de salir bien parado. Hermione me matará… —Harry había intentado bromear para descomprimir tensión, pero ni Draco ni Scorpius encontraron simpatía en ello.

Draco tenía una misión suicida, y Scorpius tenía, ni más ni menos, la tarea de salvarlo.


Pasa otro buen par de horas persiguiendo a su padre. En algún momento se da cuenta que cuando hablaban de Nagini, hablan de la serpiente de Voldemort. Supone que fue por todas las veces que su padre maldijo cuando los veía juntos a lo lejos.

Draco estaba tratando de llevar a cabo su labor sin perder la vida en el intento. Scorpius se alegró de que el hombre no fuera un completo imbécil que prácticamente pusiera su propia varita en su cien. Aunque, lamentaba admitirlo, no le estaban quedado alternativas.

Todo el mundo estaba cansado. Ya no podían alargar más el final de la batalla. Incluso Voldemort había dado un ultimátum para que Harry se presentara ante él. Scorpius nunca tuvo tanto terror en su vida como cuando sintió la cavernosa voz sonando dentro de su cabeza. Su padre tenía que acabar con Nagini fuera como fuese, y el ser conocedor de la sucesión de acontecimientos que estaban por darse a lugar, aterrorizaba al chico.

La verdad era que Draco nunca había llegado a acabar con Nagini. No sabía bien cómo, pero tanto él como su madre se habían topado con una bruja oscura llamada Bellatrix Lestrange y no habían salido con vida de su encuentro. Apenas si lo había hecho él mismo… Maldita perra.

Le preocupaba, como se daba cuenta, que su padre estuviera tan angustiado por averiguar la ubicación y el estado de su madre. Él también se preocupaba, no podía negarlo. Pero sabiendo lo que sabía, quería a su padre con toda la atención puesta en sí mismo.

Draco volvió a encarar su marcha hacia el Gran Comedor. Scorpius supo, por su determinación, que el momento estaba cerca.

No tanto como le hubiese gustado, pensó cuando vio a su madrina y a su tía Ginny peleando con una bruja mayor y a su madre aparecer en ese instante. Inmediatamente la atención de Bellatrix se centra en su madre y el duelo se vuelve una contra una.

Todavía no están en campo de visión de su padre pero sabe que es cuestión de segundos el que suceda por la forma en que se van desplazando entre hechizo y hechizo. Van directo hacia Draco. Scorpius intenta adelantarse y lanza un hechizo de desarme que Bellatrix apenas llega a esquivar.

Pronto todos los ojos están sobre él.

—¿Qué demo…? —Se sorprende la mujer, pero él no le da tiempo a reaccionar. Sabe que tiene todas las de perder con una bruja oscura experimentada. Utilizar el factor sorpresa a su favor es su única opción. Lanza otro Expeliarmus. Bellatrix es empujada varios metros hacia atrás, pero sigue afianzada a su varita.

Hermione clava los ojos en él, y pidiéndole perdón a su madre mentalmente, con delicadeza la hace a un lado. Cree escuchar la voz de Draco insultándolo. No tiene tiempo de pararse a analizarlo o confirmarlo. Da un par de pasos hacia adelante y vuelve a arremeter hacia la mujer.

—¡Expelliarmus! —Insiste. Esta vez logra su cometido y la varita de la bruja sale despedida. No importa hacia donde mientras no esté a su alcance.

—¡Mocoso impertinente! —Chilla la mujer. Como si con sus simples palabras pudiera amedrentarlo. —¿Quién te crees que eres?

Scorpius sonríe. De esa manera tan característica que sólo un Malfoy puede hacer, aunque él no lo sepa. Nunca había matado a nadie… ¡Diablos! Nunca había estado siquiera en un duelo real. Es un sólo segundo en el que la pregunta sobre si es capaz de hacerlo cruza por su mente. Sólo tiene que ver la imagen de sus padres amándose con los ojos, la tristeza que su madrina esconde tras sus dulces sonrisas, el terror y la desolación que se habían apropiado de las calles de París y él había descubierto recientemente. Y finalmente la mira a ella, frente a él, sonriendo. Ella no cree que pueda hacerlo. Él es sólo un chiquillo y ella es la bruja más temida.

—¡Ni siquiera te imaginas! —Le responde él finalmente. Porque otra vez el efecto sorpresa es su mejor carta. Y no hace falta develar su identidad. Pero Bellatrix no conoce todas sus razones, no conoce la fuerza de su odio hacia ella, lo profundo de su dolor. No tiene idea de cuanto desea abrazar a su madre, o averiguar por cuenta propia cuanto más se parece a Draco Malfoy. Bellatrix lo ignora y eso ya la hace perder. —¡Glacius! —Grita él y la sonrisa de la bruja queda congelada en su rostro como toda ella. Es verdad, él es un chiquillo y no tiene la voluntad para asesinarla. Pero no lo necesita para derrotarla.

Draco, que se mantenía abrazando a Hermione, rezagado unos metros atrás, avanza hasta él y lo mira con un gesto despectivo que a Scorpius no lo sorprende.

—¡Confingo! —Sisea Draco entre dientes apuntando a su tía. Por un momento, mientras ve la estatua de hielo explotar, Scorpius piensa en la ironía de como un hechizo que él ha utilizado más de una vez para gastar una broma, puede volverse algo mortal. El Avada Kedavra le parece algo sutil, hasta compasivo.

No puede pensar mucho más en ello porque nota la figura de su madre moviéndose tras de sí. No lo piensa dos veces y se voltea para abrazarla. Lo hace con fuerza. Y cuando nota los brazos de ella, aunque titubeantes, cerrarse a su alrededor, siente como todo su cuerpo tiembla.

—Gracias. —Le susurra ella, con notable confusión. Él no responde. Se separa un poco y la mira a los ojos.

—Eres más hermosa de lo que creía. —Susurra, embelesado. No puede apartar los ojos de los suyos. Y sin darse cuenta baja sus manos hasta apoyarlas en su vientre. Hermione se tensa de inmediato.

—¿Quién eres? —La voz de Draco, siseante, profunda, suena tremendamente amenazante. Recién entonces es consciente de la estupidez que acaba de hacer. —¡Exijo una explicación! —Apremió. Y a Scorpius se le hizo muy fácil adivinar como hubiesen sido sus reprimendas de pequeño.

—Yo... lo… lo siento. —Mierda. No podía ponerse tan nervioso como para tartamudear justo ahora. —No puedo decirles nada, pero… juro que he venido a ayudar. —Los dos muestran la confusión plantada en sus caras, pero el gesto de Hermione se suaviza poco a poco.

—Lo has hecho… —Él se sonroja. Idiota.

—Sé que tienes una misión que cumplir. —Se dirige a su padre. —Estoy aquí para asegurarme que la lleves a cabo. —Draco no borra la desconfianza que denotan sus gestos, no desacentúa el fruncimiento de su ceño, y mucho menos muestra alguna señal de confianza. Lo sigue mirando fiero, altanero. Pero sabe que el tipo tiene razón. Se pregunta como rayos lo sabe, pero supone que lo mandó el imbécil de Potter y no se hace más preguntas. No tiene tiempo para eso.

Lo sigue fijamente con la mirada mientras se acerca a Hermione. La toma del rostro y le planta un beso feroz. Un beso que grita a toda legua "Esta mujer es mía". Scorpius está tentado a revolear los ojos, pero aprecia demasiado su vida como para hacerlo. El ambiente está demasiado caldeado de por sí. Ni siquiera puede reír ante la ironía de ver a su padre celoso de su propio hijo. Aunque no lo sepa. Resultaría gracioso si no fuera por la amenaza con que pendía su vida.

Sin dudas Draco Malfoy es un personaje mucho más interesante al que le pintaron.

El aire se relaja notablemente cuando, a regañadientes, Draco se va de allí.

—Ni siquiera puedes decirme tu nombre, ¿verdad? —Le pregunta Hermione luego se soltar un profundo suspiro. Él niega con la cabeza. —Te me haces tan familiar… —Es un pensamiento en voz alta. Y el está tremendamente tentado a decirle que no se imagina cuanto…

—Puedo decirte que nos volveremos a ver. Pronto. —Dice al fin. Le sonríe y ella le corresponde.

—Lo sé… No se cómo pero lo sé. —Responde mientras le acaricia el rostro con ternura. Scorpius nunca sintió nada similar. Tiene ganas de quedarse allí, compartiendo ese momento por toda la eternidad. Pero tiene cosas que hacer. Y si todo sale bien… —Debo… debo volver. —Le dice ella. Y él nota cierta culpabilidad en su voz. Al parecer no es el único que quiere perpetuar ese encuentro. Él asiente y ella se separa. Empieza a correr y cada tanto vuelve la vista hacia él. Siempre con una sonrisa.

Scorpius sacude la cabeza, él también tiene cosas por hacer.


Desde ese último encuentro, no pudo volver a encontrar a su padre. Incluso intentó encontrar la maldita serpiente por su cuenta, pero le fue imposible.

Sobre todo teniendo en cuenta que cada vez que se metía por algún corredor terminaba perdido. ¡Y ni hablar de las jodidas escaleras a las que se les daba por moverse!

Decide hacer algo más útil que seguir deambulando por los pasillos y se planta en la entrada del castillo para defender sus puertas junto a varios alumnos entre los que se encuentra su madrina. No es difícil reconocerla cuando se ve igual y sigue usando el mismo par de aros con forma de rabanitos. Ella le sonríe en reconocimiento, de manera misteriosa. Él se estremece.

Pronto se escucha un gran revuelo proveniente del Gran Comedor. Sin distinción de bando, todos parecen comenzar a dirigirse hacia allí. Los imita.

El momento llegó. Harry está parado frente a Voldemort en el centro de una gran ronda de personas que se arremolinó a su alrededor. Harry está hablando, pero Scorpius no escucha. Está demasiado nervioso rogándole a todos los magos antiguos porque su padre haya logrado su cometido. Más cosas de las que había sido consciente alguna vez dependían de ello. Había tenido la oportunidad de viajar en el tiempo, de salvarlos y con ello ayudar al Mundo Mágico. No podía salir mal. No podía tan solo quedar todo en la maravillosa oportunidad de conocer a sus verdaderos padres por un momento.

Estaba comenzando a desesperarse entre sus propias cavilaciones cuando la voz de su padre llamando a Potter resonó por todo el lugar. Todo el mundo, unánimemente, se gira para verlo. El rubio muchacho salía altivo por detrás de una columna. Con una espada en la mano y la cabeza de una serpiente en la otra.

La cara de Voldemort se transfigura. Ya no se muestra altivo y soberbio como apenas segundos atrás. El pánico se apodera de él. El pánico, y el dolor y la ira de saberse engañado por uno de sus seguidores en los que más confiaba.

Harry entiende el mensaje, y con toda la confianza respaldándolo, alza su varita. Voldemort está fuera de sí, pero no deja de ser el gran mago que es, y reacciona a tiempo, alzando también la suya.

Un rayo sale de cada varita. Uno verde, uno rojo. Scorpius mantiene la respiración, pero justo en el el momento en que las dos luces colisionan en el centro, todo se vuelve negro para él.


25 de Diciembre de 2013

Siente una luz brillante incitándole a despertar. Lo intenta. No puede abrir los ojos. En cambio, al instante miles de imágenes comienzan a llegar a su cabeza.

Recuerda su primer manifestación de magia involuntaria. Hermione estaba haciendo galletas mientras él la miraba desde su sillita de comer. Debió haber deseado mucho una de esas galletas porque hizo que todas salieran volando de la bandeja… aunque su poco dominio de magia hizo que terminaran todas pegadas al techo.

Recuerda tener alrededor de cinco años. Es su cumpleaños y su padre le regaló una escoba. No sabe si está más feliz por el regalo o porque eso significa que pasará tiempo a solas con su padre enseñándole a usarla. Recuerda también los gritos de su madre.

Recuerda una noche de tormenta en la que se aterrorizó y corrió a la habitación de sus padres. Él no solía asustarse tan fácilmente. Y tampoco acostumbraba irrumpir en su cuarto de esa manera. Fue consciente de ello cuando recién cuando ya había llegado a los pies de su cama y se queda parado allí. Ambos se despertaron y se preocuparon de verlo ahí. Cuando adivinaron de que se trataba, se hicieron a un lado y le dejaron un lugar en el centro. Recuerda también que esa mañana se despertó con las cosquillas de su padre y los tres desayunaron en la cama.

Recuerda la estación King Cross el día se su primer viaje a Hogwarts. Estaba emocionado por comenzar la aventura. Su madre había llorado como una mandrágora al momento en que el abordaba el tren.

Recuerda el orgullo con el que les escribió a sus padres la primer carta, contándoles que había quedado en Slytherin.

Recuerda unas vacaciones en la playa.

Recuerda su primer partido de Quidditch con sus padres alentándolo desde las gradas.

Recuerda también estar jugando Quidditch, pero esta vez en el jardín de la Mansión de su abuela Cissy.

Recuerda estar cayendo de la escoba.

Y las imágenes cesan.

Recién cuando escucha la voz de Hermione llamándolo es capaz de abrir los ojos. Ve la emoción en los ojos de su madre al notarlo despierto, y cómo su padre se abalanza hacia él. Su padre… su verdadero padre. Es consciente de ambas realidades por un momento y una sensación de plenitud le llena el pecho. Lo había logrado.

Gracias al cielo, Scorpius… —solloza ella abrazándolo contra su pecho. Su padre le sacude el pelo con la mano en un gesto cariñoso.

—A tu hermana va a darle un ataque cuando se entere que despertaste justo el único día que ella dejó la habitación… probablemente aproveche que hayas sobrevivido para matarte ella misma. —Bromeó su padre, pero recibió un codazo en el costado como reprimenda por parte de su madre. Una hermana, había dicho. Su hermana… el recuerdo llegó de golpe. Antares.

—No podíamos dejar que pasara aquí la Navidad.

—¿Es Navidad? —pregunta él con entusiasmo. Aunque pronto se da cuenta que internado en una sala de hospital no hay mucho para celebrar.

Es ahí que se da cuenta que técnicamente el tiempo no ha pasado. Ha despertado en el mismo día en que lo había hecho antes en Brasil. Y teniendo en cuenta su recuerdo cayendo de la escoba, es fácil deducir que había llegado a la inconsciencia de la misma manera. Tampoco le extraña mucho el descubrimiento.

¿Qué otra cosa puede importarle cuando después de haber vivido un mágico viaje al pasado, sobrevivió a una guerra, salvó a sus padres, con ello al mundo mágico y ahora los tiene allí con él?

Es entonces cuando la puerta se abre y da lugar a una sonriente Luna que arrastra a con entusiasmo a Ron Weasley dentro de la habitación.

Enseguida ella se echa sobre él y lo abraza.

—¡Lo has hecho tan bien, Scorpius! —Le dice al oído. Sólo él es capaz de escucharla. La mira a los ojos y sonríe.

La imagen frente a sus ojos, con todas esas personas allí, no puede antojársele más perfecta. Su madrina tiene razón. Lo ha hecho bien.

Su padre le guiña un ojo, con complicidad, y termina de convencerse. ¿Cómo de otra forma podía ser? Si incuso, finalmente, ese vacío que tanto lo había atormentado, ya no existía.

-FIN-


N/A: Y hasta acá llegamos! Este es el final finalísimo de la historia... feliz, como prometí.

No puedo más que agradecerles por el apoyo. No he dejado de sorprenderme por el recibimiento que le dieron a la historia en ningún momento. No creí que iba a tener esa recepción, ni por cerca... creí que el drama del principio y que la historia desde el punto de vista y girando en torno a Scorpius podía no llamar mucho la atención o no gustar, etc. Así que realmente créanme sobre cuán sorprendida estoy con todos estos comentarios, favoritos y suscripciones!

Debo hacer un mea culpa respecto al capítulo anterior, pues supuse que era obvio que hablaba de McGonagall cuando apareció el gato, pero al parecer no fue así. Lo siento. Así que lo aclaro: El gato era McGonagall y ella implantó los recuerdos en la cabeza de Scorpius :p

Espero que el final haya estado a las alturas de las expectativas, y lo hayan disfrutado!

Eternamente agradecida por cada palabra que me dedicaron, por cada minuto que gastaron en leer lo que tenía para contar.

Ojalá las encuentre por mis otras historias.

Besos enormes.

Ilwen.