Capitulo 4:
Sasuke se recostó en el inmenso sillón de su sala de estar, acomodando los almohadones para que le sirvieran de soporte de su espalda dando de tanto en tanto sorbos a la gran tasa de café que sostenía. Su piel despedía un aroma fresco a menta por el baño de espuma que acababa de tomar y solo vestía un ligero pantalón de pijama ideal para una noche calurosa como esa. Estaba viendo en sentido literal como se secaba una capa de pintura. Emitían su programa favorito de reformas y le encantaba ver cómo se podían remozar las habitaciones más decadentes convirtiéndolas en algo sofisticado y elegante.
Desde niño le había gustado crear y diseñar un sinfín de cosas que fueran útiles, que ayudaran a que todo sea más práctico y con su imaginación había hecho los diseños más locos que desafiaban toda ley física. Cuando entro en a estudiar arquitectura, no había perdido el tiempo en adentrarse en todos los aspectos de la construcción de un lugar y en mas de una ocasión había ayudado a la diseñadora de interiores que trabajaba con ellos. Tenten, demasiado apasionada para el gusto de Sasuke y con ideas tan alarmantes como las de Naruto; no le sorprendía en nada que su rubio amigo la apoyara incondicionalmente al momento de decidir si era capaz del puesto o no.
Él siempre había supuesto que ese afán por hacer el lugar perfecto venia desde su infancia. Antes de la muerte de sus padres, no recordaba haber pasado más de un año en la misma casa. Para su padre ninguna cumplía sus expectativas no importaba si ellos la construyeran, pronto descubría que necesitaba mas espacio o que tenían demasiadas habitaciones sin uso. O simplemente sus padres pasaban largas temporadas fuera del país, debido a su trabajo, y su madre había insistido que ellos se quedaran con su Tío Obito para no tener que soportar tantos cambios bruscos. Definitivamente su Tío era lo único constante que habían tenido en su infancia junto con Naruto.
Esos cambios de casa siempre le habían afectado mas a él que ha Itachi, lo hacían sentirse como un extraño donde quiera que fuera y al final afecto hasta su forma de comportarse en el instituto, haciéndolo un poco retraído. Por eso pensó que al encontrar una casa perfecta sus padres se quedarían con ellos siempre.
Eso mismo lo había obligado a no mudar al pequeño Itachi a su apartamento, sino el mudarse donde era la antigua casa de su hermano mayor. Pero no por eso la casa se había salvado de remodelaciones, siempre andaba cambiando cosas de lugar para que quedaran mejor, buscando que fuera perfecta.
Adoraba su profesión, pues le causaba una inmensa satisfacción, y con todas las promociones inmobiliarias de Baile na gCroíthe y las localidades vecinas se había ganado muy bien la vida. Si se construía algo nuevo, era a la empresa Uchiha a la que llamaban los promotores. Defendía a capa y espada que el buen diseño mejoraba la calidad de vida. Los espacios bonitos, cómodos y funcionales constituían la clave de su éxito. Su propia sala de estar era toda una sinfonía de texturas y colores suaves. Almohadones de piel y alfombras esponjosas. Imperaban los tonos claros café y crema, que ayudaban a despejar la mente.
Aquél era su escondite, su nido, el lugar donde alejarse de los problemas que había al otro lado de la puerta. Al menos en su casa mandaba. A diferencia del resto de su vida, podía dejar entrar a quien le diera la gana, podía decidir cuánto tiempo se quedaban y qué partes de su hogar podían ocupar. No como su corazón, que invitaba a personas sin pedirle permiso, les ofrecía un sitio de honor sin contar con la opinión de él al respecto y luego ansiaba que permanecieran más tiempo del que aquéllas tenían previsto. No, en casa de Sasuke los invitados iban y venían según él lo dispusiera. Y había resuelto que se quedaran fuera.
La reunión del viernes había sido vital. Había pasado semanas preparándola, poniendo al día su carpeta de trabajos, montando una proyección de diapositivas, reuniendo recortes de revistas y artículos de periódico sobre lugares en los que su empresa había trabajado. Había condensado el trabajo de toda su vida en una carpeta a fin de convencer a aquella gente para que lo contrataran. Iban a derribar una antigua torre de defensa que se erguía en lo alto de una ladera con vistas a Baile na gCroíthe para construir un hotel. Antaño, en tiempos de los vikingos, la torre había protegido a la villa de los ataques, pero Sasuke no veía a santo de qué debía preservarse dado que no era bonita ni revestía ningún interés histórico. Cuando los autocares atestados de turistas de ávidos ojos procedentes de todos los rincones del mundo pasaban por Baile na gCroíthe, la torre ni siquiera se mencionaba. Nadie se mostraba orgulloso o interesado por ella. No era más que un feo montón de piedras que los lugareños habían dejado que se desmoronara y deteriorase, que de día albergaba a los adolescentes del pueblo y de noche cobijaba a los borrachos.
Sin embargo, un nutrido grupo de habitantes había emprendido una lucha para impedir que se construyera el hotel arguyendo que la torre encerraba una historia mítica y romántica. Comenzó a circular el rumor de que, si el edificio se derribaba, se perdería todo el amor. El caso captó la atención de la prensa popular y las tertulias de radio y televisión, hasta que finalmente los promotores supieron ver en él una mina de oro aún mayor de lo esperado. Decidieron restaurar la torre hasta devolverle su antiguo esplendor y construir edificios a su alrededor, dejando la torre como elemento histórico en el jardín central y salvaguardando así el amor en la Ciudad de los Corazones. De repente Baile na gCroíthe suscitó un vivo interés entre creyentes de todo el país deseosos de alojarse en el hotel para estar cerca de la torre bendecida por el amor.
Sasuke habría manejado la excavadora él mismo. Pensaba que se trataba de una historia ridícula, creada por una localidad temerosa de los cambios y por ende resuelta a conservar la torre en la montaña. Era una historia que se mantenía viva para regocijo de turistas y soñadores, aunque no podía negar que el trabajo de hacer aquella vieja torre en un esplendoroso hotel le venía como anillo al dedo. Sería un establecimiento pequeño, pero aun así proporcionaría empleo a los ciudadanos de Hartstown. Y lo que era aún mejor, sólo quedaba a unos pocos minutos de su casa y por tanto eliminaba la preocupación de tener que separarse de Itachi durante prolongados períodos mientras trabajase en el proyecto.
Antes de tener que encargarse de Itachi, Sasuke había tenido demasiado arraigado las costumbres de sus padres y no pasaba mucho tiempo en un lugar, sus vacaciones en la universidad se convertían en una maratón por quedarse con la mayor parte de sus compañeros posibles, acompañado siempre de Naruto, y solo pasaba unas semanas en casa de su hermano. Excepto cuando Itachi se había mudado a Italia junto con Saoirse, donde había pasado toda la temporada con ambos y fue hasta que ella quedo embarazada que ambos regresaron a Baile na gCroíthe y su hermano quedo a la cabeza de la empresa familiar.
Con la llegada de hijo de Itachi había pasado a estar temporadas mas largas en casa y había vuelto a sentir lo que era un hogar. –Lo que solo había sentido cuando estuvo al cuidado de su Tío Obito después de la muerte de sus padres. – y también ayudaba a cuidar a su sobrino hasta que este empezó a ir al instituto. Él nunca había querido quedarse en ese pueblo, su vida la había imaginado en la ciudad, a pesar de que su forma de ser era mas adecuada al ambiente pasivo y relajante que inundaba siempre el pueblo, excepto en los momentos en que Naruto estaba cerca. Pero al morir Itachi y Saoirse, había abandonado todo para cuidar al pequeño de seis años que probablemente no entendía nada de lo que sucedía. Obito se encontraba muy lejos y Madara – el mas viejo de todos los Uchiha. – se negaba rotundamente a darle la custodia del niño al mas irresponsable entre todos ellos, era obvio que creía que con el y su hermano había hecho un pésimo trabajo. Por eso él se ofreció, además era su sobrino y el pariente más cercano, era su deber con su difunto hermano. Su vida cambio, de eso no había duda, e incluso algunas cosas le frustraban demasiado, pero ver a Itachi feliz le producía una grata satisfacción aunque no lo demostrara la mayor parte de las veces.
Tendría que haber asistido a la reunión del viernes, nadie era capaz de vender su trabajo y el talento de su equipo mejor que el mismo. Naruto, era demasiado fantasioso con sus diseños y probablemente incluiría un puesto de ramen en cada piso, aunque nadie en todo el pueblo lo consumía; Tenten, se acababa de graduar de a Facultad de Bellas Artes, llena de montones de ideas creativas y maravillosas imposibles de realizar y ansiosa por pintar el mundo de un color que aún tenía que inventar y por ultimo estaba Ino, su secretaria que tenia como único propósito perseguirlo hasta que llegara el fatídico día que el finalmente accediera a tener algo con ella. Pero al menos hacia su trabajo bien.
Con frecuencia requería de otros como la señora Bracken que vivía a enfrente de sus oficinas, tenia sesenta y ocho años, un genio con la aguja y el hilo que regentaba su propio taller de tapicería en el centro. También era una cascarrabias de armas tomar e insistía en que la llamaran señora Bracken y no Gwen por respeto a su querido y difunto señor Bracken, quien, según el parecer de Sasuke, había nacido sin nombre de pila. Y por último estaba Harry, un hombre muy mañoso de cincuenta y dos años que lo mismo colgaba cuadros que efectuaba la instalación eléctrica de un edificio, y hacia muchos trabajos para la empresa dentro de ella o en algún edificio que estuvieran construyendo, pero a quien no entraba en la cabeza la idea de que Sasuke aun siguiera soltero – incluso sin novia – y se dedicara solo a su carrera y mucho menos la de él soltero con una carrera y un hijo que no era suyo.
Según el presupuesto de que dispusieran sus clientes, Sasuke dirigía a pintores y decoradores o hacía el trabajo su equipo, aunque por lo general le gustaba tener las manos ocupadas. Le gustaba presenciar la transformación con sus propios ojos y su manera de ser le impulsaba a querer arreglarlo todo él mismo.
Sasuke frunció el ceño repentinamente y apretó el botón "Mute" del control remoto, dejando la sala en un súbito silencio. Ladeo la cabeza y poso sus ojos azabaches en cada rincón de la sala, creía haber oído un ruido otra vez. Después de echar un vistazo por la sala y comprobar que todo estaba en su sitio volvió a subir el volumen.
Ahí lo tenía otra vez.
Sasuke apago el televisor y se levanto del sillón, dejando a un lado la taza. Eran las diez y cuarto pero aun no había oscurecido del todo, escudriñó el jardín de atrás y en la penumbra sólo acertó a ver sombras y contornos negros. Corrió las cortinas, fulminado con la mirada las formas irreconocibles y regreso a la sala a paso lento mirando sobre su hombro a cada instante y con sus sentidos en alerta. Volvió a sentarse, pero esta vez no se acomodó demasiado. Apoyo sus brazos en sus piernas y encendió el televisor sin relajar su expresión. El sofá vacío de piel crema, frente a él, la miraba fijamente. Tuvo otro estremecimiento, subió todavía más el volumen del televisor y bebió un sorbo de café. El líquido aterciopelado se le deslizó garganta abajo y le calentó las entrañas, Sasuke volvió a intentar quedar absorta en el mundo de la televisión.
Llevaba todo el día un poco raro. Su hermano, siempre decía que cuando tenías un escalofrío significaba que alguien estaba caminando sobre tu tumba. Sasuke no creía en esas cosas, pero mientras veía la televisión tenía que esforzarse por apartar la vista del sofá de piel de tres plazas y quitarse de encima la sensación de que un par de ojos le estaban observando.
Sakura lo observo silenciar una vez mas el televisor y dejar el café a un lado, mientras saltaba del sofá con la mandíbula encajada y los puños apretados, como si alguien lo acababa de insultar y el tuviera todas las intenciones de responder.
-Ahí va de nuevo – pensó, poniendo los ojos en blanco.
Con aquella expresión fulminante que a Sakura le erizaba la piel, Sasuke recorrió la sala de un vistazo. Una vez más Sakura se adelanto hasta el borde del sofá, el cuero crujió ante la fricción con su piel.
Sasuke salto del sofá y en un segundo ya tenia el atizador de la chimenea en su mano, listo para atacar lo que se le apareciera enfrente. Camino con pasos lentos y silencios a traves de la sala, juntando aun más sus cejas. El tapizado de piel volvió a crujir ante el peso de Sakura y Sasuke arremetió contra el sofá. Sakura salto con el corazón en la boca y se escondió detrás de unas cortinas, observándolo como sacaba los almohadones y murmuraba cosas como "estúpidas pestes". Después de revisar todo el sofá, volvió a dejar los almohadones en su sitio.
Sasuke tomo la taza de café con cierto fastidio y camino hasta la cortina; Sakura iba detrás pisándole los talones. Iba tan pegado a él, que podía ver como cada musculo de su espalda se contraía con cada movimiento y como sus hombros anchos danzaban a un ritmo lento. Su cuerpo despedía un embriagante aroma a menta y el cabello a un húmedo se pegaba a la piel de su cuello.
Sakura no comprendida su fascinación con él. Le había observado desde el almuerzo del viernes, al principio era para saber si él podía oírla de nuevo, pero al cabo de unas horas, lo encontró cautivador. Era excesivamente pulcro y serio incluso cuando estaba solo. Nunca salía de ningún lugar – ni para contestar el teléfono. – si no dejaba todo tal y cual estaba antes. Bebía mucho café y hacia ejerció casi en todos sus ratos libres. Y reflexionaba. Se le notaba en la cara. Fruncía el ceño al concentrarse y mudaba la expresión del rostro como si estuviera conversando con personas dentro de su cabeza. A juzgar por la actividad de su frente, las más de las veces tales conversaciones terminaban siendo discusiones.
Sakura se percató de que siempre lo envolvía el silencio. Nunca había música o ruidos de fondo como solían tener la mayoría de personas, una radio encendida, la ventana abierta para dejar entrar los sonidos del verano: el canto de los pájaros y las cortadoras de césped. Itachi y él hablaban poco y cuando lo hacían era casi siempre para dar órdenes (Sasuke) o para pedir permiso (Itachi), nada divertido. El teléfono rara vez sonaba; y aparte de Naruto, nadie venía a visitarlo.
Daba la impresión de que las conversaciones dentro de su cabeza eran lo bastante ruidosas como para llenar su silencio.
Sakura pasó gran parte del viernes y el sábado siguiéndolo de un lado a otro, sentándose en el sofá de piel crema al anochecer para verla mirar el único programa de televisión que por lo visto le gustaba. Ambos reían en los mismos momentos, gruñían en los mismos momentos y parecían estar perfectamente sincronizados, sin embargo él no sabía que ella estaba allí. La noche anterior Sakura lo había observado dormir. Había estado inquieto, como mucho durmió unas tres horas seguidas; el resto del tiempo lo había pasado leyendo un libro, dejándolo al cabo de cinco minutos, mirando el vacío, cogiendo el libro otra vez, leyendo unas cuantas páginas, leyendo de nuevo las mismas páginas, volviendo a dejar el libro, cerrando los ojos, abriéndolos de nuevo, encendiendo la luz, garabateando bocetos de muebles y habitaciones, jugando con colores y sombras y retales, apagando la luz otra vez.
Había conseguido que Sakura se cansara solo de verlo desde la silla de paja que estaba a un lado de la habitación, los viajes por rellenar la taza de café también habían contribuido. El domingo se levanto temprano y había comenzado con una extenuante rutina de ejercicios para después ordenar y limpiar cada parte de la casa que ya estaba pulcra desde antes de comenzar. Sasuke había estado especialmente molesto al ver a Itachi jugando y riendo en el jardín a solas. Después de reunirse con ellos a la mesa de la cocina, el chico estuvo observando a Itachi jugar a las cartas, y meneó la cabeza con preocupación cuando éste explicó pacientemente y con todo detalle las reglas del juego al vacío. Pero cuando a las nueve en punto Itachi se acostó, Sakura le leyó el cuento de Pulgarcito más deprisa de lo que acostumbraba hacerlo y luego fue corriendo a seguir observando a Sasuke. Pero notó que se iba poniendo más nervioso a medida que pasaban los días.
Sasuke enjuagó el tazón de café asegurándose de que quedara bien limpio antes de meterlo en el lavavajillas. Secó el fregadero mojado con un paño que luego arrojó al canasto de la ropa sucia del office. Quitó pelusas imaginarias a varios objetos que encontró a su paso, recogió migas del suelo, apagó todas las luces y comenzó el mismo proceso en la sala de estar. Había hecho exactamente lo mismo las ultimas dos noches, esta vez, no obstante, antes de salir de la sala de estar se detuvo bruscamente y a punto estuvo de que Sakura se diera de bruces contra él. El corazón le latió descompasadamente. ¿Acaso había percibido él su presencia?
Sasuke se volvió lentamente.
Sakura se alisó la camisa blanca y arreglo un poco su falda, para tener un aspecto presentable. Una vez le tuvo de cara a ella sonrió.
—Hola—dijo muy cohibida, sintiendo como sus mejillas se encendían.
Sasuke se restregó los ojos con gesto cansado y los volvió a abrir.
—Sasuke, te estás volviendo loco —susurró. Negó con la cabeza y arremetió contra Sakura.
