Witt.- Sé que en el capítulo anterior dije que ya estaba escribiendo este capítulo, en realidad sí pero sólo empecé y hasta hoy lo terminé, disculpen es que también estaba trabajando en mi otro fic Un error del destino (je! ya metí gol, ya le hice promoción) y pues me hice un poco bolas.

Matt.- ¿Tú, cuando?

Witt.- Tú cállate Yama o voy a contar cosas mucho más íntimas de ti, eh?

Matt.- No pues yo... calladito me veo más bonito. Un momento ¿tú que más sabes?

Witt.- ¿Te arriesgarías a averiguarlas?

Matt.- No pues... -.-' mejor ya lean el siguiente capítulo

Witt.- Seh! Háganle caso a este wapo rubio! (Zas! se me salió en frente de él)


Broken Family

By: Zoe Wittgenstein or "Witt"


Me sentía como un extraterrestre siendo analizado por decenas de miradas de doctores, científicos e investigadores psicópatas. Ninguno de los chicos apartaba su vista de mí, miraban mi rostro, mi ropa, mi mochila… todo. No me gustaba ser observado, no era un espécimen animal en exhibición, sólo un niño…

Capítulo IV

El primer día de clases

Yo lanzaba una mirada fulminante, estaba a punto de gritar una nueva palabra que había oído en la televisión por la noche, era una palabra que papá me dijo que era mala, pero en realidad sonaba muy graciosa y los adultos siempre la utilizaban cuando estaban enfadados, así que pensé que sería un buen momento para decirla y que todos dejaran de mirarme de una vez por todas. Sin embargo, la profesora Yamada atrajo mi atención antes de que cometiera un grave error con mi recientemente aprendido vocabulario.

—Vamos Ishida, no seas tan tímido. Toma asiento en aquel lugar —señaló un lugar vacío al lado del gran ventanal, parecía ser un buen lugar había una buena iluminación y vista hacia los jardines de la escuela.

Como compañeros de asiento tendría al niño moreno a un lado mío y la niña pelirroja en el asiento de enfrente.

—Muchachos —se levantó la profesora del asiento y comenzó a escribir algunas operaciones matemáticas en el pizarrón, tan sólo unas cuantas sumas bastante sencillas, pero que parecían ser el "talón de Aquiles" de todos mis nuevos compañeros —. Quiero que resuelvan estas operaciones, tengo que salir unos momentos a la dirección, así que quiero que se porten bien —sonrió insinuantemente mientras veía al niño moreno, quizá se refería al incidente del día anterior —. No quiero que nadie vaya a parar a la enfermería —Ese comentario al menos me hizo sonreír por un momento —. Por cierto Takenouchi —miró a la pelirroja —¿cómo sigue tu pie?

—Ya no duele tanto, sólo me pusieron una férula, tuve un esguince leve —no podía verle el rostro porque estaba detrás de ella, pero, por el sonido de su voz, podía deducir que estaba sonriendo —. No es nada de qué preocuparse, pronto estaré mejor.

Me alegré por ella al oír sus palabras, luego me dispuse a sacar un cuaderno para anotar las operaciones, pero al agacharme desvié mi mirada hacia la parte de abajo del pupitre de mi nueva compañera. Ahí estaban, eran unas pequeñas muletas cubiertas con una mochila y un pequeño suéter rosa cubriéndolas un poco, quizá la niña no quería agravar más las cosas e intentó ocultar las muletas de su maestra. ¿Cómo no me di cuenta de que las estaba usando cuando discutía por segunda ocasión con su amigo? Incluso la vi de pie y la noté normal, ni siquiera con dificultad para mantenerse parada. Sin duda era una niña muy fuerte.

Pero… ¿"Nada de qué preocuparse"? Pensé, sino hubiera sido porque saltó sobre su propio pie seguramente estaría mucho mejor para ese día. Y no sé por qué, pero el hecho que el día anterior me había parecido un acto de sacrificio enternecedor, ese día me había parecido el acto más estúpido y repulsivo del mundo ¿sacrificarse uno por el otro? Pero… ¿a ese precio? Ya no quería un amigo así, incluso el chico moreno parecía no tener remordimiento alguno por lo que había causado, si la niña hubiera permitido que lo llevaran con la directora, a estas alturas él ya hubiera recibido su merecido. En cambio, ahora ella sufría de una molestia en el tobillo mientras su amigo le seguía causando problemas con el dichoso sombrero.

La profesora salió del salón de clases, mis nuevos compañeros comenzaron a realizar distintas actividades, unos acataban al cien por ciento las encomiendas de la profesora y comenzaron a realizar las operaciones matemáticas que anotó en el pizarrón; otros comenzaron a correr y gritar como locos en un manicomio; se oía ruido por todas partes y yo aún tenía sueño, así que coloqué mi mochila sobre el pupitre y hundí mi cara en ella cual si fuera una almohada. Quise imaginar que me encontraba en mi habitación, en mi amplio y tranquilo cuarto.

Casi nunca había ruido en mi nueva casa, papá llegaba hasta tarde del trabajo mientras yo permanecía bajo el cuidado de una joven niñera de 15 años que me dejaba ver televisión todo el tiempo que quisiera, su nombre era Hiromi. Ella era la hija de una vecina del apartamento, papá necesitaba ayuda conmigo y ella quería el dinero, no había contraste más conveniente en ese momento. Hiromi-san hacía llamadas telefónicas a todos sus amigos al durante el transcurso de la tarde, yo no me metía en su vida y ella no se metía en la mía. Los primeros dos días después de que papá la contrató ella pretendió ser mi mejor amiga, pero nunca obtuvo respuesta de mi parte, los días posteriores decidió dejar de lado esas absurdas intenciones y comprendió que yo era un niño diferente a los demás.

Hiro-chan no podía pedirme nada porque yo siempre le gritaba; me portaba rebelde y molesto, siempre tenía un rostro enfadado y mantenía el ceño fruncido. Así que mi niñera se limitó a permanecer en el sillón haciendo sus llamadas, acompañarme a baño para supervisar que me lavara las manos, cocinando algo sencillo en el microondas o pidiendo por teléfono un poco de comida rápida para ambos. Mi papá llegaba justo antes de que se marcara la hora de dormir, así que Hiromi nunca me acompañó para lavarme los dientes, eso era para mí, sólo para mí. Mientras yo siempre intentaba recordar la absurda canción que mamá había inventado para que Tk y yo aprendiéramos a cepillarnos los dientes: Estaban los dientecitos muy contentitos, cuando llegó el cepillo y la pasta dental

—¡Hola!

Escuché como un estruendo que me sacaba de mis pensamientos y de mi cercana llegada al país de los sueños, mejor así no me hubiera perdonado llorar en mi primer día de clases por recordar a mamá. Sé que dije que la olvidaría, pero eso me costaría más trabajo del que imaginaba en ese entonces.

—¿E-eh? —expresé algo confundido al levantar mi cara, incluso me costaba un poco de trabajo mantener los ojos abiertos por la luz que atravesaba los ventanales, ya me había acostumbrado a la oscuridad al mantener mi cara hundida por algunos diez minutos —¿Q-qué pasa? —pregunté al ver a mi compañera de enfrente volteando hacia mí.

—Sólo dije "hola".

—De una vez te advierto que no tengo ningún ejercicio resuelto —refunfuñé al pensar que ella me pediría que le prestara mi cuaderno.

—No quiero los ejercicios, sólo quería saludarte —me dijo sonriente, aunque algo insegura, quizá mi actitud la sorprendió —. Mi nombre es Takenouchi Sora., el tuyo es Ishida Yamato¿no?

—Seh! —respondí seco.

Y fue justo en ese momento cuando la profesora entró al salón de clases y ordenó a todos los niños que se sentaran mientras ella se dirigía al escritorio y se sentaba.

—Espero que hayan respondido los ejercicios que les pedí —nos dijo sonriente —¿Ishida? —¿me hablaba a mí o sólo era mi imaginación? No-no, realmente me estaba mirando y eso no sería nada bueno —Creo que sería muy bueno revisar tus ejercicios primero¿no crees? —nop, realmente no lo creía, mi cuaderno estaba en blanco completamente —Esta será tu primera evaluación en el ciclo escolar.

Oh-oh —pensé, papá se enfadaría conmigo si llegaba con un reporte en mi primer día de escuela¿cierto? No había nada más que hacer, éste sería oficialmente mi primer regaño en mi nueva escuela. Seguramente todo el día la pasaría de pie en el corredor.

Me levanté de mi asiento algo nervioso con el cuaderno en la mano, incluso mis piernas temblaban sintiéndose frágiles como una varita de madera. Di un pequeño paso mientras mi corazón se aceleraba, di el segundo y tragué saliva, pero al tercero… al tercer paso algo se puso repentinamente frente a mi pie y ¡ZAZ! Luego de eso hubo muchas risas y yo ni siquiera estaba conciente de lo que pasaba ¿estaba en el suelo? Sí, estaba en el suelo pero ¿Por qué? Miré hacia donde estaba mi pie y me percaté de que ahí estaban las muletas de la niña pelirroja.

¡Qué mala suerte, pensé, además de todo me había caído en plena clase y era la burla momentánea de mis compañeros. La niña pelirroja me miró sonriente mientras se agachaba bajo su pupitre para recoger mi cuaderno que se había deslizado bajo sus pies, lo puso sobre su mesita discretamente y me entregó el suyo.

—Aquí está tu cuaderno, Ishida-san —susurró.

¿Mi cuaderno? Pero si ese era su cuaderno.

—Anda —insistió —toma tu cuaderno —me hizo muecas extrañas para que recibiera la libreta.

Lo tomé algo dudoso y me levanté del suelo como un resorte. Un momento¿eso quiere decir que lo hizo apropósito? Acaso ¿movió sus muletas para provocar que yo me cayera? La profesora, al ver que no me había ocurrido nada con semejante estampazo, continuó con la mirada en unos cuantos papeles así que no se percató del cambio de cuadernos.

Takenouchi sabía que yo no había hecho los ejercicios, yo mismo se lo dije antes de que legara la profesora, pero… ¿por qué ayudarme? Después de todo, yo no fui muy cortés con ella. Yo quería devolverle su cuaderno, no porque quisiera que la profesora Yamada me reprendiera pero tampoco entendía la actitud de esa niña. Sin embargo ya no había remedio, ni modo que a esas alturas le regresara su cuaderno en la carota de la profesora, no sólo saldría regañado yo sino ella.

Me acerqué titubeante hacia la profesora, cuando me puse frente a ella me miró y me sonrió cálidamente mientras tomaba mi cuaderno, no, el cuaderno de Takenouchi-san, como sea, daba lo mismo en ese momento. Luego comenzó con la revisión las operaciones matemáticas con sumo cuidado.

—Vaya-vaya —dijo con un tono indiferente, lo que me hizo pensar que algo estaba mal, aunque no tan mal como entregar un cuaderno en blanco —. Parece que tenemos un chico muy inteligente aquí —luego sonrió, eso me calmó un poco aunque no cesó la culpa ya que ese cuaderno no era de mi propiedad —. Tienes tu primer diez en el ciclo Ishida.

Yo sólo intenté sonreír y bajé la cabeza en señal de agradecimiento, sólo me limité a eso, sería una hipocresía de mi parte mofarme de semejante mentira. Luego me dirigí a mi asiento y suspiré profundamente, me había salvado de una buena regañada. Después discretamente deslicé el cuaderno de la niña hasta su mesa.

Luego de calificarme la profesora se levantó y comenzó a resolver las operaciones del pizarrón junto con todo el salón, bueno, eso sólo es un decir porque ya sabemos lo que pasa cuando "supuestamente" todo el salón participa en la solución de los ejercicios en la pizarra, mientras algunos dicen con ávido entusiasmo: 15 más 20 igual a 35, otros apáticos e incluso ignorantes de lo que hacen se limitan a corear a los demás diciendo: 15 más 10 igual a "tststscinco". ¡Qué remedio!

En el almuerzo todos bajamos al patio, era grande, lleno de árboles, arbustos y flores. La mayoría de los niños esperaba su turno para poder usar la cancha de fútbol, la pasión de muchos niños de esa escuela, al parecer. A mí me gustaba el soccer pero no era mi máximo sueño pertenecer al equipo titular de la escuela, mucho menos de la clasificación 'A' de la selección nacional, simplemente era una forma de entretenerme un rato. Pero en ese momento no tenía ánimos y no conocía a nadie, así que me limité a sentarme bajo la sombra de un árbol y comencé a comer un pedazo de pizza que había quedado en mi casa en la noche anterior, ese era mi almuerzo además de un pequeño jugo de manzana.

En ese momento vi a Takenouchi-san con otras dos niñas caminando hacia las canchas de fútbol. La pelirroja volteó su mirada hacia mí y me sonrió, incluso agitó la mano para saludarme. Yo, como siempre, tenía el seño fruncido y mientras masticaba el bocado de pizza, arrugué la nariz y volteé mi rostro hacia otra parte… si Takenouchi-san pensaba que luego del favor que me hizo durante la primera clase seríamos amigos, estaba muy equivocada… yo no le pedí nada y ni siquiera iba a agradecérselo.

Yo continuaba comiendo mi almuerzo cuando repentinamente el balón de soccer rodó hacia donde yo me encontraba, escuché algunos gritos de los niños que me pedían que se los lanzara de regreso. Tomé el balón entre mis manos y me levanté del suelo, pensé arrojarles la pelota con las manos pero la distancia era demasiada, seguramente no llegaría hasta la cancha, así que decidí colocarla en el suelo y patearla lo más fuerte que podía.

Así fue, la arrojé con mi pierna derecha y me sorprendí al ver lo fuerte que la había arrojado y al parecer no sólo yo me había sorprendido, todos a mi alrededor se quedaron boquiabiertos, hasta que ¡PAZ! El balón había golpeado fuertemente el rostro del niño moreno, el amigo de Takenouchi-san.

Él quedó con los ojos abiertos y la cara roja, incluso se le habían quedado las marca del balón de soccer, parpadeó un par de veces, luego me miró furioso y caminó casi mecánicamente hacia mí.

—Ushatúcómoteatrevesalkahsgfsay!Esosíduelejiegaldah!

En realidad no le entendí nada de lo que me dijo, al parecer le había dolido tanto el golpe que incluso olvidó cómo hablar. Balbuceaba palabras sin sentido, a decir verdad parecía un simio reclamando territorio. Todos los niños lo miraban sorprendidos, incluso asustados, mientras tanto yo miraba lo cómico que se veía al saltar como un mono y hablar un idioma extraño.

—¡Me dolió mucho! —gritó furioso mientras apretaba los puños con impotencia. Al fin había podido emanar de su boca una frase completamente entendible.

Muchos se rieron de él al haber terminado su frase, se veía tan gracioso. Por suerte todo se olvidó pronto porque había sonado la campana para retomar las clases después del almuerzo.

Mi primer día de clases, por lo demás, no fue muy interesante. Sin embargo, yo seguía pensando en la actitud de Takenouchi-san, quizá es sólo una niña rara o lo raro en ella es que era niña, desde mucho tiempo atrás había dejado de comprender a los miembros del sexo femenino. De hecho, había dejado de entender a todos los miembros de la especie humana, yo me sentía fuera de lugar en cada sitio que me encontrara, incluso mi hogar, con cada persona. Nunca sabía qué decir o cómo actuar.

Continuará…


Hola! Bueno aquí les traje el capítulo cuatro, espero que les haya gustado. Agradezco a quienes han escrito reviews me han sido de gran ayuda y me levantan el ánimo.

Je! lo de la canción de los dientes es una babosada que me vino a la mente al acordarme de un comercial muy viejo :b no hagan caso... espero pronto traerles el siguiente capítulo eso si recibo reviews.

Matta ne!

Zoe Wittgenstein or "Witt"