Bueno, Kykyo. Sabes que yo siempre te doy conty. Todo con tiempo.

dcromeor, ya nos vamos acercando al final. Quedan un par de giros, abróchate el cinturón.


Emma Swan

Colaborar con un Synth. Iba contra todo en lo que creía. Pero no podía siquiera imaginar lo que era para Regina no tener idea de dónde estaba su hijo, o de si seguía con vida siquiera. Entendía que debía dejarla encontrarlo. Mi sueño seguía siendo volver al refugio ochenta y uno. Pero Regina no querría vivir una vida sin su hijo.

Diamond City no era una ciudad demasiado grande. Pero no había nada que pudiese llamarse "Grande", para lo que antaño era Boston. No obstante, si no fuese por la guía de Ruby, lo más probable es que me hubiese perdido. La agencia de detectives Valentine. Valentine no me decía nada en absoluto. Jamás había escuchado ese nombre. Quizá eso significaba que hacía bien su trabajo.

Ruby tocó en la puerta y hubo silencio durante unos instantes. Escuché el leve sonido de alguien que abría la mirilla, y me aparté ligeramente. Un brillante ojo amarillo se mostraba a través del cristral. Ruby saludó y Se abrió la puerta.

_ Tú espera aquí._ Me dijo, mirándome con severidad.

Bufé y asentí. No me gustaba aquella mujer tan mandona, siempre dando órdenes. No era mi superior. Y no tenía derecho a mangonearme así. Pero me apoyé en la pared, por Regina.

Regina Mills

Me desagradaba el vacío que Ruby le estaba haciendo a Emma. No entendía toda esa historia de la hermandad del acero y por qué Emma parecía llevarse tan mal con la periodista. Estaba claro que estar tantos años fuera hacía que te perdieses muchas cosas. Y pocos periódicos se editaban ya. Quizá tendría que ver algunos de los artículos de Ruby. Para enterarme de algo, al menos.

Entramos en la agencia de detectives. Era una pequeña oficina en la que las tres personas que habíamos apenas cabíamos. Si es que a nuestro anfitrión se le podía considerar una persona. Confieso que para mí fue difícil mantener la compostura. A aquel hombre le faltaba la mitad del cuello, que mostraba todas las conexiones cibernéticas de las que disponía. Su piel daba la impresión de ser plástico quemado. Y aquellos dos ojos amarillos producían miedo.

No quería dar una mala impresión, ni parecer intolerante. Y por eso trataba de fingir que todo iba bien, y que no encontraba extraño a aquel hombre. Ruby fue la que se acercó al Synth. Quizá pudo ver mis miedos. Pero no podía flaquear, por Henry.

_ Esta mujer está buscando a su hijo.

Emma Swan

Esperar fuera no me gustaba. Era una mujer de acción, no una chica de esperas. Fue un rato largo para mí hasta que finalmente aquella media melena oscura salió de la agencia de detectives. Regina parecía turbada, y Ruby, en cambio, estaba exultante.

_ ¿Y bien? ¿Sabéis algo?_ Pregunté, apartándome el pelo de la cara.

_ Al parecer una tal Mary Margaret fue vista con un niño de unos diez años que se parecía a mí._ Dijo Regina, con un suspiro.

_ ¿Diez años? ¿No dices que tu hijo es un bebé?_ Pregunté, mirándola.

_ Me congelaron dos veces._ Suspiró._ Es posible que me haya perdido toda su infancia.

Podía ver el genuino dolor en sus ojos, y no reprimí mi impulso de abrazarla. Ella se dejó llevar y lloró con ganas. No era madre y no podía imaginar siquiera cómo debía ser perder a un hijo. Regina estaba inconsolable, pero hice mi mayor esfuerzo por intentar que se sintiese mejor.

_ Tranquila… le vamos a encontrar, y recuperaréis el tiempo perdido. Ahora no podemos parar, ¿Vale?

_ Vale…_ Dijo, en un susurro.

La tal Mary Margaret vivía en la misma Diamond City. En una casa apartada, en las alturas. No nos costó subir. Sin embargo, al llegar, nuestro mayor obstáculo sería la cerradura.

Regina Mills

No, no podía admitir más retrasos. Ya había perdido nueve años de la vida de Henry, y no pensaba perder más. Me lancé contra la puerta, pero lo único que conseguí fue un fuerte dolor en el hombro. Ruby me sostuvo, porque creía que me iba a caer. Yo miré, buscando a Emma, pero mis ojos no la hallaron. ¿Dónde se habría metido?

_ ¿Y Emma?

_ Ojalá se haya vuelto con su maldita Hermandad del acero._ Escupió Ruby.

_ No hables así de ella._ Le dije._ Emma no ha hecho más que ayudarme desde que salí del refugio.

Me sentí enfadada. Es cierto que hacía muy poco que conocía a Emma, pero sentía que podía confiar en ella. Que no me haría daño ni me traicionaría.

_ Su hermandad se dedica a asesinar a todo lo que no consideren que merece existir. Están locos. Si ella hubiese visto a Nick Valentine, lo más probable es que le hubiese asesinado sin pensarlo dos veces.

_ ¡Cállate!_ Le grité._ Emma no es como dices. Yo lo sé.

_ ¿Entonces por qué no está aquí? ¿A dónde ha ido? Por lo que sé podría estar persiguiendo a Valentine ahora mismo.

_ O podría estar viniendo aquí con la herramienta necesaria para abrir la puerta.

Nos giramos y vimos a Emma, enfundada en su servoarmadura. Yo extendí mi sonrisa. No pude ver el rostro de Emma, pero sentí que me la devolvía. Se acercó a la puerta y la golpeó con el brazo, provocando que se aboyase y cayese al suelo. Al otro lado escuchamos un grito.

De modo que aquella mujer era la famosa Mary Margaret. Emma la tomó del cuello al ver que intentaba escapar, y le dio un golpe contra la pared. La mujer gritó.

_ ¡Basta! ¿Qué queréis?_ Exclamó, lloriqueando.

_ Tenías a un niño a tu cargo._ Le dije, tratando de sonar dura._ ¿Qué ha sido de él?

_ ¿De Henry?_ Tragó saliva._ Se lo llevaron.

_ ¿Quién se lo llevó?_ Preguntó Emma, apretándola contra la pared.

_ ¡Un Synth cazador del instituto! ¡No sé más, te lo juro! ¡Dijo que volvería esta noche para darme más instrucciones!

Emma la soltó, y la mujer se quedó echa un ovillo en el suelo. Yo la miré, y luego ambas miramos a Ruby.

_ Emma y yo nos quedaremos aquí a esperar al Synth._ Le dije._ Tú ocúpate de que Mary Margaret no haga ruido mientras estemos aquí.

_ De acuerdo._ Dijo Ruby, de mala gana.

Emma se acercó a la puerta y la volvió a colocar. La falta de esta sería sospechosa. Se quitó la armadura y se sentó en el sofá. Yo me senté a su lado y le di un beso en la mejilla.

_ Muchas gracias._ Le dije en un susurro.

_ Sólo quiero que encuentres a Henry. Y verte sonreír otra vez.

No pude contestarle, porque un resplandor azul llenó la habitación, y una mujer vestida de cuero negro y ataviada con unas gafas de sol hizo acto de presencia.

AZ-66

Al hacer acto de presencia en la residencia de Mary Margaret, hubo un repentino cambio en la lista de objetivos. La traición de la susodicha hizo que pasase a ser objetivo secundario el eliminarla por traicionar al instituto, pasando a ser prioritario el eliminar a las amenazas de la habitación. Mi arma hizo aparición, y disparé mi munición láser sobre la rubia primero. Si bien no se desintegró al instante, sí que se desplomó. Desprovista de su servoarmadura, era un objetivo sencillo. Había bajado la guardia. Yo había llegado antes de lo previsto.

_ ¡Por favor! ¡Por favor, déjala en paz!_ Gritó alguien.

Al ver el rostro de la morena, mi sistema de reconocimiento facial reaccionó y provocó que bajase el arma de inmediato.

Nombre: Regina Mills

Nivel de autoridad 7

_ Emma… ¿Estás bien?_ Preguntó a la rubia.

La rubia se puso en pie, algo aturullada. Mi arma estaba preparada para ejecutar la autodefensa si era necesario, pero el ataque había sido cancelado. No podía atacar a alguien de autoridad siete. Iba contra todos mis protocolos. Regina me observó, incapaz de comprenderlo.

_ Sólo queríamos, hablar contigo._ Dijo, mirándome.

_ Mis protocolos me impiden compartir información del instituto con gente como ella._ Informé, señalando a la rubia.

_ Sólo quiero saber… si mi hijo Henry está allí._ Dijo, mirándome a los ojos.

Me aparté el cabello pelirrojo de los ojos y la observé. En sus ojos se antojaba el miedo, la incertidumbre… todas esas emociones humanas que a mí se me escapaban. No estaba programada para entender las emociones, a diferencia de otros Synth. Los envidiaría… si llegase a entender lo que la envidia representaba.

_ Afirmativo. Henry Mills se halla en halla en el instituto._ Contesté.

_ ¿Y… está bien?_ Me preguntó.

_ Así es._ Contesté.

_ ¿Podrías… llevarme con él?_ Pregunté, con dudas.

_ Es mi deber cumplir vuestras órdenes._ Dije, en voz baja.

_ ¿Mis órdenes?_ Preguntó, mirándome.

_ Tienes nivel de autoridad siete. Es la máxima._ Dije, mirándola.

_ ¿Tienes que hacer todo lo que yo te diga?_ Me preguntó.

_ Así es._ Respondí, sincera.

_ En ese caso._ Puso los brazos en jarras._ Te ordeno que nos lleves a ambas con Henry Mills.

_ Acercaos a mí._ Dije, extendiendo las manos.

Las rodeé con los brazos y, con un estallido, aparecimos en la entrada del instituto.

Emma Swan

Si no hubiese estado tan aturdida me habría negado en rotundo a ir al instituto. Sin embargo, no fue hasta que llegamos allí que recuperé la consciencia del todo y mi primer instinto fue lanzarme al suelo. Esperaba encontrar cualquier cosa. Cientos de Synth preparados para disparar hasta reducirnos a cenizas, armas automáticas… cualquier cosa. Y sin embargo, parecía que estábamos en una recepción normal y corriente, si no se tenía en cuenta el hecho de que estábamos solas.

La Synth cazadora nos miró a los ojos, tras sus gafas de sol. Estaba esperando. Sencillamente esperando a que se nos pasara la conmoción. Alguien como ella no podía entender lo que significaba estar asustado. La habían creado sólo para cumplir misiones. ¿Cuántas veces habría matado sin sentir nada por ello? ¿Cuánta sangre habría en sus manos sintéticas?

Me daba miedo pensar en alguien así. Si hubiese tenido puesta la servoarmadura, las cosas habrían sido diferentes, pero ahora se quedarían así. Regina estaba más cerca de Henry, pero yo… yo me sentía más lejos que nunca del refugio ochenta y uno.

Regina Mills

Estaba preocupada, pero al mismo tiempo, ansiosa. Desconocía lo que buscaba el instituto, y el motivo por el cual retenían a mi hijo. Pero iba a volver a verle, y eso me bastaba para seguir adelante. Quizá Emma no habría querido venir. Se la veía tensa mientras nos dirigíamos al ascensor. La Synth activó el botón del ascensor y este, de cristal, empezó a descender. Las paredes blancas, sin embargo, dejaban poco a la imaginación.

Cuando el ascensor se abrió, nos encontramos en un pasillo del mismo color. Yo avancé con cierto miedo, seguida de Emma, que mantenía la cautela. Por lo que Ruby me había dicho, la hermandad del acero odiaba al instituto más que nada.

Llegué a una pequeña estancia y, atrapado en lo que parecía una pequeña celda de cristal. Estaba él, Henry. De unos diez años, estaba vestido con un traje blanco, y apoyado en la pared blanca. Me acerqué y golpeé el cristal para llamar su atención.

_ ¡Henry!_ Le llamé.

_ ¡Socorro!_ Gritó el niño._ ¡Padre, ayúdeme!

Sentí un agudo dolor en el corazón al darme cuenta de que aquel niño no sentía ningún tipo de conexión conmigo. Me dejé caer sobre el cristal, hasta que se abrió la puerta contigua, con un sonido metálico, y un hombre, de mi edad o algo más, salió por ella. Mi mirada, aguada por las lágrimas, se cruzó con la suya.

_ ¡Padre! ¡Ayuda, por favor!_ Clamaba el niño desde la celda.

Y lo llamo el niño… porque no tardé en darme cuenta de que no era mi hijo. Mi hijo era el hombre que acababa de entrar por la puerta. Podía ver a Daniel en él. Podía verme a mí misma. Emma, sin embargo, no podía verlo, y se lanzó contra él, a voz en grito.

Sin embargo, no llegó a tocarle. Cuando estaba a punto de hacerlo, él dijo algo, y la rubia se desplomó, cayendo al suelo ruidosamente. No se movía. Y yo estaba demasiado helada como para hacer nada al respecto.