CAPÍTULO 3 "La propuesta"
Los ojos azules brillantes de Castiel no se apartaban del rubio que canta junto a su padre, el mismo rubio que le ofreció la bandeja de papas fritas que disfruto. Aun así no tenía que olvidarse que estaba ahí por su padre, así que de vez en cuando miraba a Chuck quien tocaba la guitarra con una sonrisa nerviosa al comienzo y después de felicidad.
A su vez, Dean también estaba mirando al chico de ojos bonitos que se encuentra en la barra. Sus miradas cruzaron, una sonrisa le dedicó el rubio. Si Castiel se llegó a ruborizar nadie nunca lo supo pues las únicas luces estaban sobre la pequeña banda mientras que el público estaba en oscuras.
El pequeño grupo tocaba de igual forma como lo hacían en el garaje de Dean, con Crowley tocando la batería con una sonrisa ladina, mientras que un poco tímido Chuck tocaba la guitarra y de pronto Castiel sintió algo por su padre qué feliz estaba en el escenario; por último Dean cantaba con pasión. Los tres captaron la atención del público que mágicamente se habían transformado en cien personas.
La batería y la guitarra dejaron de tocar y la voz de Dean silencio. El pequeño concierto había terminado y un público sonriente aplaudía, hasta algunos silbaban. Los tres sonrieron, a pesar de ser su primer concierto habían "triunfado". Agradecimientos dieron antes de bajarse del escenario.
Chuck y Crowley se dirigieron a la barra como pudieron ya que muchos los felicitaban, por su parte Dean había desaparecido tras la puerta del baño.
— Estuviste bien.— dijo la mujer pelirroja que estaba sentada a unos dos asientos de Castiel. La mujer misteriosa vestida de cuero se levantó dejando su Martini en la barra para luego avanzar y robarle un apasionado beso al pelinegro.
Crowley sonrió con autosuficiencia levantando a Abbadon quien no perdió un segundo enredando sus piernas alrededor de la cintura de su novio.
El peligris sonrojado por la escena avanzó hacia su hijo con una sonrisa.
— Creí que no vendrías.— miró a Castiel con vergüenza, y es que el mayor temía que su hijo llegara a dejarle plantado.
— Estuviste muy bien padre.— aunque su cara no expresaba emoción alguna, la felicitación fue sincera tanto así que Chuck no se contuvo y terminó abrazando a su hijo, como era de esperarse el menor solo se dejo abrazar sin apartarlo.
Justo en ese momento llegó Dean mirando sorprendido como el peligris abrazaba al extraño chico de la barra. Los ojos de Castiel se toparon con los sorprendidos ojos verdes del rubio.
— Gracias hijo.— la voz de Chuck trajo a la realidad a ambos.
—¿Es tu hijo?— preguntó Dean a su amigo que se separaba del pelinegro para mirarlo.
— Así es. Castiel, él es mi amigo Dean.— presentó a su amigo a Castiel, quien inclinó la cabeza al costado derecho sin entender.
— Creí que se llamaba ardilla.
Un silencio se instaló entre los hombres, para luego ser roto por la risa de Chuck.
— No Cassy, ardilla fue un apodo que le puso Crowley.— explicó entre risas a costa del ceño fruncido del rubio.
— Maldito Crowley.— murmuró molesto.
—¿Qué dijiste ardilla?— preguntó el nombrado apareciendo con su novia en brazos.
— Que gracias a ti todos me conocen por ese estúpido apodo.
El mayor se rió junto a su novia.
— Hijo, él es Crowley.— presento su padre atrayendo su atención— Crowley, él es mi hijo Castiel.
— Hola.— saludo sin soltar de la cintura a la pelirroja.
— Abbadon controla a tu novio.— se quejó Dean atrayendo otra vez de todos la atención.
La mujer asintió con una sonrisa.
— Lo haré DemonDean.— ese apodo causó un escalofrío al rubio. Ella era la única que aún usaba ese apodo con él, un apodo que era prohibido.
— Bien, nosotros creo que ya nos tenemos que ir.— el peligris miró a su hijo y luego a sus amigos.
— Los llevo.— se ofreció el rubio.
— Claro Dean—
— Mi hermano nos viene a buscar.—interrumpió Castiel.
— Oh, está bien.— dijo su padre, miró a su amigo y declinó la oferta para la próxima.
— Bueno, adiós amigos.— se despidió de su grupo seguido por su hijo que solo asintió marchándose en silencio.
Castiel no quería ser descortés, pero apenas finalizó el concierto unas ganas de pintar lo inundaron. Quería llegar a casa y pintar ese lienzo vacío.
Y mientras su padre hablaba con Lucifer adelante, él en el asiento de atrás imaginaba lo que iba a pintar. Llegaron a las tres de la mañana a su casa, con un buenas noches se despidió para encerrarse en su habitación.
—¡Buenos días!— gritó Gabriel abriendo la puerta con fuerza descomunal que golpeó contra la pared despertando al pelinegro que lo miro molesto.
— Cassy buenos días.— saludó su molesto hermano invadiendo la habitación.
— Ya voy Gabe.— dijo sentándose de la cama con pesadez. El castaño asintió, y se disponía a marcharse, de no ser porque vio las paletas y los tarros de pinturas usados.
Eso captó su atención, y mientras su hermano menor se levanta por completo de la cama, él se acercó al lienzo que ya no estaba en blanco.
Allí se encontraba una imagen que lo dejó sorprendido. Unas llamas de diferentes tonalidades de rojo inundaba el fondo del lienzo, un hombre o la silueta de un hombre era arrastrado hacia arriba por otro hombre con alas de ángel, unas alas negras.
—¿Y esto?— preguntó Gabriel saliendo de su asombro mirando a su hermano, el pelinegro solo se encogió de hombros.
— Lo pinte anoche.— dijo sin importancia.
—¡Cassy esto esta genial! ¡Tu inspiración ya volvió!— con alegría volvió a mirar el magnífico cuadro que había pintado su hermano.
El menor se acercó también a observar el lienzo, quedando sorprendido de la misma manera que el castaño ¿Enserio había creado eso? La pintura era perfecta y si no fuera porque su firma estaba a un costado hubiese creído que lo pintó otra persona, a pesar de acordarse de cada pincelada que dio en la madrugada.
¿Por qué había pintado eso? ¿Qué significaba? Se preguntaba mientras su hermano hablaba del cuadro.
— Hola Castiel.—saludó una voz conocida, apenas se giró unos ojos verdes tan profundos lo miraban.
— Hola…— respondió con voz profunda tratando de recordar su nombre.
— Dean.— contesto el rubio al ver como el otro inclinaba la cabeza en confusión, hasta que entendió.
— Sí. Hola Dean.
—¿Qué haces aquí?— preguntó sintiéndose incómodo ante la mirada descarada del rubio que estaba sentado al lado del pelinegro.
— Yo… bueno.
—¿Vienes por un trago? ¿O tal vez por una hamburguesa?
— Creo que por las hamburguesas, no es así Cassy.— contestó Lucifer al ver como su hermanito se ponía nervioso, aunque no lo pareciera ya que la cara de Castiel era serena sin un ápice de emoción.
Solo su familia conocía cuando el pelinegro se ponía nervioso ya que había estado evitando la mirada de Dean observando a su alrededor.
— Entonces ¿un par de hamburguesas?— preguntó el ojiverde a los dos hermanos.
— Sí, y a ti— contestó Lucifer sin ningún descaro apoyándose en la barra para acercarse al rubio.
— Lucifer.— nombró el pelinegro serio haciendo que su vivaz hermano regresara a su silla.
— Bueno, lo que intentamos decir es que si tienes un poco de tiempo podríamos hablar.
—¿Qué?— no entendía que se traían entre manos Castiel y el tal Lucifer pero el Winchester mayor no confiaba.
—¿Tienes tiempo ahora?— preguntó Castiel mirándolo con ese profundo azul que le quitaba el aliento.
Quería decir que no, pero la curiosidad lo carcomía.
— Cuando les traiga las hamburguesas hablamos.— respondió serio marchándose hacia la cocina.
— Viste, te dije que sería sencillo hermanito.
— Creo que está molesto Luci.— el pelinegro miro al mayor de sus hermanos.
Tenía miedo de que el rubio se negara a su pequeña petición. Y es que desde que regresó de aquel pequeño concierto que hizo su padre junto con el rubio y otro hombre su mente se sintió animada y por primera vez en meses logró pintar algo para la exposición que tendría dentro de poco.
Sin duda alguna el cuadro que había hecho de una silueta de un hombre rodeado de llamas siendo rescatado por la silueta de otro hombre, o mejor dicho ángel ya que al último minuto le había agregado unas alas fue el mejor cuadro que había hecho en sus carrera y una vez que termino y colocó su fina firma lo llamo "rescatándote del infierno".
Pero lo que lo traía a este bar no era sino que mientras pintaba aquel hermoso cuadro su mente repetía las canciones cantadas por el rubio esa misma noche, como si tuviera una grabación en su mente que lo inspiraba mágicamente a pintar.
A la tarde del siguiente día intento pintar un nuevo cuadro, pero la música ya no sonaba en su mente y eso sin duda alguna afecto en su trabajo dejando otra vez el lienzo en blanco.
— Preguntémosle a papá cuáles fueron las canciones que tocaron esa noche, seguro te inspirarán de nuevo— esa fue la idea que le dio Gabriel apoyado de sus hermanos Samadriel y Lucifer.
Y si lo preguntan, sí, Castiel sí pidió las canciones a su padre que completamente sorprendido no esperaba que su hijo le gustara el rock. Aun con la impresión tatuada en su rostro y una sonrisa le entregó su ipod con las canciones que había tocado junto con su banda.
Pero de igual manera, aun con las canciones originales sonando a través de los auriculares blancos no pudo pintar nada. Y así junto con sus hermanos llegaron a la conclusión según Lucifer que Dean lo inspiraba.
