LIBROS VIEJOS
La luz corre floja por la habitación, desprendiéndose de los resquicios entre las cortinas, pegándose a las pieles blancas y desnudas, a los cabellos castaños y largos que se ondulan sobre la almohada como ríos atravesando cordilleras hechas de arrugas entre las sábanas. Levi observa a Hange dormir y no sabe si despertarla ahora o después, cuando vayan a desayunar. Se sale despacio de la cama para no moverla mucho y expone su piel compacta, adherida con firmeza a sus músculos, a la luz reticente del sol. Cada centímetro de piel con cada uno de sus defectos está expuesto al juicio silencioso de la habitación, cada una de las cicatrices por las que Hange nunca pregunta, pero que siempre recorre con los dedos como si fuesen relatos explícitos de todo lo que pasa por la cabeza y el alma de este hombre.
Hange es un misterio que Levi nunca va a intentar descifrar. Se contenta con recibirla en su habitación de vez en vez y tratar cosas de adultos con ella, porque pocas personas son tan buenas como ella para esos temas.
Se sienta a leer el periódico de ayer. Su piel recibe el contacto frío de la madera de la silla y mullido de su asiento de terciopelo. Su cara de aburrimiento pareciera declarar que nunca ha habido nada interesante que pudiese salir de las manos de un reportero al escribir, pero sin embargo sus ojos siguen escudriñando el contenido del papel.
Hange se despierta después. Está desnuda, como él, manchada de semen entre los senos y en el cabello. La piel se le ha quedado roja, como pasa siempre que no se limpia después de estar con Levi, porque tiene una alergia o quien sabe qué, su piel es demasiado sensible o es simplemente que Levi es tóxico. Quien sabe, pero su pecho está enrojecido y a Levi eso le gusta, le provoca un deseo fuerte.
Pero hoy no. La mira, dice "buenos días" y regresa los ojos al periódico.
Hange se levanta de la cama, con todo lo mujer que es, y empieza a buscar su ropa.
—¿No te quedas a desayunar? —inquiere el otro líder de escuadrón sin levantar la vista para mirarla. Hange sonríe desde un lado de la cama, sin mirarle tampoco. Se hace un espacio de silencio antes de que ella responda.
—¿Sabes que a veces me imagino a otra persona cuando estoy contigo? —la voz de ella recorre la habitación. Levi levanta la mirada. La observa ponerse los pantalones—. Pero es la primera vez que te noto hacer lo mismo.
Le mira por encima de su hombro. Está sonriendo. Levi no lo entiende. ¿Qué cosa hay de chistoso en lo que acaba de decir? Si acaso, debería ser enteramente deprimente.
—Me gustaría saber a quién te imaginas en lugar de mí —dice él. Es una broma. Un chiste dicho sin entonación y sin sonreír, porque Hange entiende su humor y él no necesita endulzarlo con nada para que ella lo capte. La prueba es que suelta una risita. Él sigue luciendo aburrido—. Pero es posible que tú seas demasiado "especial" como para que yo sustituya tu imagen con la de otra persona.
—Ohhh —Hange hace un sonidito como si lo que Levi acabara de decir fuese adorable. Se está burlando de él. De los pocos seres humanos en el mundo que pueden hacer eso—. Seguro que lo soy, pero lo has hecho de todas formas.
Levi regresa sus ojos al periódico y lo hace sonar, como especificando que ese tema está muerto y no hablarán más de él. Hange niega con la cabeza y continúa vistiéndose. Se pone el sostén, la blusa, los anteojos y se recoge el cabello. Hace todo esto antes de que Levi vuelva a bajar el periódico para mirarla.
—¿Por qué piensas que he pensado en alguien más?
Ella se ríe. Victoriosa. Porque Levi no se ha aguantado las ganas de preguntar. Porque sabe que ella lo ha atrapado.
—Me guardaré ese secreto para un momento en el que necesite algo de ti. Entonces te cambiaré un favor a cambio de la información —se voltea y le guiña el ojo antes de salir. Levi la sigue con la mirada con el ceño fruncido y la ve desaparecer tras la puerta que se cierra. El silencio cuando ella se va parece haberse despertado y está repleto del ruido que hacen sus pensamientos.
Endemoniada Hange con sus endemoniadas rarezas.
Echa el tema a un lado y retorna a su periódico.
Esa mañana, Armin está instruyendo a un grupo de soldados sobre el plan que él junto con la líder de escuadrón Hange han diseñado para la ya muy próxima expedición hacia Wall María con la finalidad de sellarla. Todos saben el peligro al que van a enfrentarse pero el plan suena lo suficientemente razonable. Hay confianza y credibilidad. Hay esperanza. Esa cosa peligrosa que a Levi le gusta tan poco.
Cuando Armin retorna al edificio, se encuentra al capitán Levi apoyado sobre una pared apenas dobla en una esquina. Se detiene y Levi voltea el rostro para mirarle. Hay más personas ahí en ese momento, yendo de un lado a otro de los pasillos. Armin suspira. Desvía la mirada y decide irse.
—Armin.
Se detiene. Levi está junto a él.
—Camina conmigo —indica el capitán. El menor asiente sin mirarlo y le sigue a donde va. Se introducen al cuartel general, pasando junto a múltiples personas, ignorándolas a todas, sin decir una palabra y sin mirarse. Armin no sabe hacia dónde van, pero en algún momento terminan en un pasillo olvidado en el que Levi va a abrir una puerta. Entra al cuarto y Armin le sigue. Levi cierra la puerta tras él y ésta es una especie de bodega, con el sol entrando por tres cuadros de luz repartidos en una de las paredes, iluminando al polvo adormilado. Hay cajas viejas, mantas y cosas rotas. Después de cerrar la puerta, Levi se adentra a la bodega, deteniéndose ahí donde hay una silla de apariencia lo suficientemente saludable, la cual mueve y luego señala—. Siéntate —ordena al menor. Armin no sabe nada de lo que ocurre, pero le obedece. En un instante está sentado frente a Levi, quien le contempla con los brazos cruzados y sin expresión. El hombre parpadea una vez, despacio y, tras un momento, se inclina rápido, toma a Armin del rostro y le besa presuroso.
Porque puede. Nada más por eso. Porque puede y sabe que Armin no va a negarse. El menor, por el contrario, separa los labios para él. Cierra los ojos de cielo y su lengua joven se mueve con la de Levi, que le invade y le calienta la boca. Levi se separa tras unos segundos y le observa. Esos ojos de mar, grandes como el firmamento, brillantes como estrellas en la noche y acuosos como un campo azotado por la lluvia. A Levi le fascinan. Eleva los labios y le da un beso sobre la frente. Después se endereza y le suelta.
—¿Por qué intentaste huir de mí antes? —inquiere, serio. Armin parpadea un par de veces, confundido.
—No estaba huyendo, capitán —aclara. Levi entrecierra los ojos. Vuelve a inclinarse de golpe, poniendo una mano sobre el respaldo de la silla y dejando el rostro a centímetros del de Armin. El menor hace la cabeza hacia atrás de manera involuntaria, intimidado—. Simplemente pensé que… que era mejor. No quiero causarle problemas… —finaliza de explicar.
Levi eleva una ceja. ¿Problemas? Repite en su cabeza.
Armin es un problema. Eso es definitivo. Pero Levi está en el proceso de hacer que deje de serlo. Pronto, de alguna forma. Pero no comprende por qué Armin piensa que al alejarse de él está ayudándole en algo.
Ah. Pero entonces le queda repentinamente claro. Sonríe un poco, con diversión y algo de jocosidad.
—¿Piensas que tengo miedo de que alguien se dé cuenta de lo que hago contigo?
Armin traga saliva, apenado.
—Pensé que…
—Que Levi Ackerman tenía miedo de que alguien le reprenda, ¿es eso?
Exhala divertido. Armin frunce un poco el ceño.
—¿Acaso no podría meterse en problemas? Usted lució algo preocupado cuando le dije lo que le había dicho a los chicos.
—Porque no quiero un sermón —espeta Levi con algo de brusquedad, pero sonriendo aún—, y si llega a oídos de Erwin, seguro que voy a recibir uno. Pero no me importa que la gente se entere. Soy el tipo más letal de los Survey Corps. De la humanidad, ¿crees que alguien puede decirme qué puedo hacer y qué no?
Armin le mira con cierta incredulidad en sus palabras.
—Si realmente no le importa, entonces tampoco debería preocuparle que el comandante Erwin le diga algo. Eso no tiene lógica.
La sonrisa de Levi se borra. Tan rápido que da un poco de miedo y Armin se arrepiente de lo que acaba de decir. Levi vuelve a enderezarse, haciendo una mueca con los labios, mirando al rubio por encima. Entonces levanta una mano y en un movimiento repentino se la estrella contra la cara.
El ruido de la piel golpeando piel casi hace eco dentro de la bodega. El rostro de Armin se voltea con violencia hacia su derecha. Su mejilla pálida queda enrojecida. El menor espera un segundo antes de mover lentamente la cabeza para volver a mirar al capitán, sin tocarse el área afectada, con la boca ligeramente entreabierta y el ceño un poco fruncido. Levi le mira inconsecuentemente, como si nada, abriendo y cerrando la mano con la que le golpeó.
—Cuida tus palabras, Armin.
El rubio aprieta los labios y le mira con una gran incomprensión.
—No tenía que hacer eso… —se atreve a murmurar. Levi levanta una ceja otra vez.
—Te voy a golpear las veces que sea necesario hasta que aprendas a comportarte, ¿entiendes?
Armin no asiente. Ni dice nada.
No sabe qué esperaba. Qué esperaba del capitán. ¿Qué un día fuera más gentil? ¿Qué fuera más amable con él sólo porque le ha dado lo que ha querido?
Baja el rostro, pero Levi le toma bruscamente de la barbilla y se lo vuelve a levantar.
—Te pregunté que si entendías.
Armin tiembla. Y asiente. Levi asiente también y le suelta.
—No quiero ser desagradable contigo, así que no me obligues a serlo.
—Yo no quiero que usted me golpee —reclama el menor. Porque no sabe qué más hacer. Si esto sigue así, si le permite a Levi tener la libertad de comportarse de ese modo cada vez que se le dé la gana, entonces, ¿en qué va a convertirse este… loquesea que tienen entre los dos?
—Armin, así es más divertido, ¿no crees?
Armin frunce más el ceño. Levi sonríe otra vez y se inclina nuevamente, poniéndole las manos sobre las rodillas y respirándole sobre los labios.
—No actúes como si te sorprendiera o como si no te lo hubiese advertido, ¿no fuiste tú el que me siguió hasta aquí? ¿No eres tú el que quiere más de mí?
Armin se sonroja. Desvía el rostro. Levi sonríe más. Empieza a mover las manos para tocarle los muslos y Armin se sobresalta. En ese momento no quiere que el capitán le toque, pero teme las consecuencias de intentar detenerlo, así que le deja. Levi le acaricia y luego se acerca para lamerle el cuello. Introduce una mano debajo de su camisa y siente así con claridad la respiración entrecortada del rubio.
—Me encantas, Armin.
Las palabras resbalan sobre su piel, se convierten en humo caliente que se estrella contra la dermis húmeda de saliva. Armin levanta temerosamente las manos, pone una sobre la cabellera oscura del capitán, la otra sobre la parte superior de la espalda de su camisa. Se aferra a ambas y suspira entre temblores. Levi le muerde como respuesta, está extasiado, se separa y con velocidad jala la camisa para arrancársela. Armin le deja. Respira pesadamente y no se atreve a mirarle. Pero entonces lleva las manos a la cintura del capitán. Le rodea, le abraza, le aprisiona y le besa el vientre sobre la tela de la camisa. Levi, con suavidad, levanta la tela para dejar su piel desnuda y recibir los besos directamente sobre ella. Armin le complace. Besa casi con desesperación, con una expresión extraña en el rostro, como si no quisiera esto realmente, y sin embargo lo sigue haciendo. Empieza a lamer y Levi suspira. Le recorren escalofríos y corrientes eléctricas. Su entrepierna se empieza a notar por debajo de la ropa.
—Desvísteme, Armin —ordena Levi en voz suave y sosegada. Armin deja de besar para asentir. Le suelta. Aún no le mira a los ojos, sino que se concentra en su tarea, arrodillándose frente a él y llevando las manos al cierre de sus pantalones. Lo deshace y empieza a bajar la prenda, con el corazón palpitándole en la boca y en los dedos.
Sus ojos lagriman, porque no tiene idea de qué es lo que está haciendo. Porque Levi le hace daño, pero él no quiere que Levi se vaya. Tampoco quiere que lo lastime. Y esta parece ser su única salida para evitar ambas cosas. El miembro del capitán resalta entre la tela apretada de su ropa interior. Armin percibe su tamaño, casi el doble de lo que él mismo mide, y bastante más grueso. No se imaginaba que un hombre pequeño como Levi pudiese tener ese tamaño en otras áreas.
—Apresúrate —le urge el capitán. Es como si de pronto Armin recordara lo que está haciendo. Levanta la mirada y nota los ojos opacos de Levi reposados en él, contemplándolo expectantemente. Armin le besa sobre el miembro, por encima de la tela, sin dejar de mirarle. Levi se muerde el labio y después sonríe un poco—. No juegues conmigo, Armin. Apresúrate.
Pero Armin vuelve a besarle encima de la ropa. La sonrisa de Levi desaparece y frunce el ceño. Armin vuelve a besarle y después le lame, sintiendo las fibras secas de la tela pegándose en su lengua húmeda. Es incómodo y desagradable, pero igual lo hace desde la mitad del miembro oculto hasta el glande. Levi se enseria más.
—¿Quieres provocarme, Armin, es eso? ¿Te gusta que te maltrate? —toma la cabeza de Armin con las manos. Se prende de su cabello y la jala hacia atrás. Armin suelta un quejido de incomodidad y Levi sonríe—. Esto te gusta, ¿verdad?
Le jala hasta obligarle a quedar sentado sobre el suelo, con la espalda quedando contra la base de la silla que está detrás de él. Armin apenas suelta aire, silencioso. Levi le libera para llevar sus manos a la prenda insulsa que le impide obtener lo que quiere y se la retira, dejándose expuesto, piel roja y estirada, palpitante. Los ojos de Armin se dirigen inevitablemente hacia su desnudez y se estremece por dentro, con emociones entremezcladas. El capitán toma de pronto al menor de la barbilla con brusquedad y le clava los dedos en las mejillas.
—Abre la boca.
Armin obedece, instado por el dolor. Y a Levi le toma un instante introducir su miembro a su cavidad, obligándole a abrirla de más para evitar lastimarle con los dientes. Siente el golpe en la base de su garganta y suelta un quejido ahogado. Aun así, Levi no ha podido entrar completamente. Se hace hacia atrás y vuelve a embestir, golpeándole nuevamente en la garganta. A Armin le lagriman los ojos y lleva sus manos a sus caderas, intentando evitar que el capitán sea tan agresivo, pero fallando miserablemente, porque Levi regresa al movimiento previo, extrayéndose y metiéndose con fuerza. Le sostiene la cabeza para evitar que la mueva y cuando busca el ángulo correcto empieza a hacerlo con mayor fuerza y velocidad. Armin no puede evitar soltar quejidos, porque cada vez que Levi entra le golpea en la garganta con la punta de su miembro y le lastima y le genera una sensación de ahogo. Empuja sus caderas desesperadamente con las manos, sin resultado. Levi casi se ríe mirándole luchar, observando su expresión contrariada. Pero tras un rato finalmente se sale por completo y le permite descansar. Armin tose, tose e intenta recuperar el aliento. Levi se ríe.
—Ven aquí, Armin —se hace hacia atrás hasta topar con unas cajas. Reposa los codos sobre las más altas y espera. Armin levanta el rostro para mirarle, enrojecido y nervioso. Pero no le toma mucho entender lo que el capitán quiere y, obediente como siempre, vuelve a arrodillarse y se posiciona frente a él. Lo primero que hace es tomar el miembro con su mano y empezar a masturbarlo. Levi se relame los labios. Observa atentamente.
Levi tiene un aroma distintivo en la entrepierna. Armin lo siente mientras acerca su rostro a él, untándose la punta del glande contra la mejilla de forma suave y delicada. Levi quisiera más que esto, pero a la vez le fascina esa estúpida dulzura de Armin, porque es Armin, es la forma en que él lo hace, y si hiciera las cosas diferentes no sería él y es probable que así no fuera tan placentero. Levi quiere al Armin real, con sus reacciones reales, con su manera de tener sexo real.
Armin empieza a besar dulcemente por debajo, desde la base hasta la punta, sintiendo algunos vellos quedando atrapados entre sus labios. Lame justo debajo del glande, donde es más sensible, y Levi gime. Gutural y profundo como siempre, el sonido se esparce por la bodega y Armin cierra los ojos. Vuelve a bajar la boca y con la mano libre levanta un poco los testículos del capitán. Le lame con fuerza justo en la base del escroto y Levi vuelve a gemir, esta vez más fuerte.
—Armin… —suelta en un suspiro y, cuando el menor levanta la mirada, nota que Levi ha cerrado los ojos. Armin chupa uno de los testículos, metiéndolo en su boca con cuidado de no hacer demasiada fuerza. Luego el otro, y luego lame y besa en medio de los dos. Levi gime sin contenerse, lleva una mano a la cabellera rubia y empieza a acariciarla.
Cuando Armin finalmente pone los labios alrededor de la cabeza y empieza a introducir el miembro a su boca, Levi abre los ojos y observa el espectáculo. Le insta con la mano a metérselo lo más posible, pero sin embargo Armin se ve obligado a detenerse cuando lleva algo más que la mitad, porque le duele la garganta donde Levi le lastimó antes y no quiere terminar golpeándose ahí. Así que empieza a chupar, usando su mano para masturbar la parte del miembro que no es capaz de introducir a su boca. Levi le sigue acariciando la cabellera y no da señales de estar insatisfecho. Armin suspira un poco, porque, después de un rato, los músculos de las mejillas empiezan a dolerle. El movimiento y la apertura excesiva de su boca hace que los músculos se fuercen, y le terminan quemando de dolor, pero no se detiene, porque Levi parece complacido y no quiere arruinarlo. Intenta cerrar un poco la boca cuando llega a la punta para aminorar la presión, y eso ayuda. Eventualmente empieza a ir más rápido y masajea con una mano mientras masturba con la otra. Levi entonces empieza a gemir un poco más fuerte y, tras un rato de esos movimientos, repentinamente las dos manos del capitán atrapan su cráneo y le hacen quedarse quieto y en su lugar mientras el miembro de éste palpita, liberándose en el interior de su boca.
El líquido es caliente y amargo. Espeso y desagradable. Armin retira el miembro de su boca y, suponiendo lo que Levi espera de él, se traga lo que hay en ella, bajo la mirada ópalo del mayor. Se relame los labios, intentando deshacerse de todo. Respira profundo y sus mejillas se sienten tremendamente aliviadas. Levi baja las manos, le levanta el rostro. Se agacha y le besa por encima de los labios. Una, dos, tres veces. Armin se aferra a su camiseta mientras responde a los besos rápidos. Levi sonríe. Se vuelve a levantar.
—Otra vez.
Armin no sabe de qué está hablando. No hasta que le ve llevar la mano a su miembro que aún no ha perdido su erección y comenzar a masturbarse. Levi le toma de la cabellera con la mano libre y le guía nuevamente hacia él. Armin le mira suplicante, pero no sabe para qué. Las mejillas le arden cuando vuelve a abrir la boca para volver a recibir al capitán en ella, y nuevamente retoma la felación. Esta vez tiene que sacar numerosas veces el miembro de su boca por completo porque el dolor en las mejillas es insoportable, pero Levi le obliga a regresar casi de inmediato, y tras un rato es Levi quien mueve su cabeza con las manos, controlando tanto el ritmo como la profundidad. Más de una vez le golpea ahí donde le duele y Armin suelta quejidos que se ahogan en su boca invadida.
La segunda vez a Levi le toma un poco más de tiempo venirse. Se sale de la boca de Armin antes de terminar y se masturba él mismo, liberándose en la cara del menor que apenas reacciona lo suficientemente rápido como para cerrar los ojos a tiempo.
Levi quería ver si Armin también se ponía rojo, como Hange. Ve su semen esparcido por su piel blanca y pulcra y la visión es maravillosa. Algunas gotas han caído sobre el pecho del menor. Le ve quedarse quieto, con la mirada hacia un lado, como un juguete que acaba de romperse y sabe que va a ser dejado de lado.
Levi se agacha y le toma el rostro con ambas manos para hacerle mirarle.
—Me gustó —susurra con una voz de basilisco, llena de eco y oscuridad—, me gustas —agrega al final, y Armin dirige sus ojos azules hacia él. Hay manchas de semen entre ellos, debajo de ellos, en sus mejillas y labios. Levi le mueve el cabello a un lado de la cabeza para ponérselo tras la oreja.
Lágrimas, lágrimas se aglutinan en los ojos del rubio y éste de pronto cierra los ojos y contrae el rostro.
Está llorando. Solloza y Levi le suelta, observándole con el ceño fruncido.
¿Qué carajo pasa? ¿No habían superado la estúpida fase de los llantos hace mucho?
Levi se pone de pie. Le observa como si le detestara.
—¿Qué mierda te pasa? —espeta. Armin se cubre el rostro con las manos y sigue llorando, de rodillas sobre el suelo. Levi gruñe. Empieza a subirse los pantalones y a reacomodarse la ropa y después se da la vuelta. Se detiene solo un instante, pero entonces reemprende el camino y sale por la puerta de la bodega sin mirar atrás.
Notas: Gracias por los reviews Dakiny, Dalino, el Guest, Nana y Elisa *corazón* me alegra mucho tener a lectores viejos de vuelta, y realmente me emociona y sorprende que se estén leyendo otra vez el fic conforme lo voy publicando xD se los agradezco mucho! Por otro lado, a los que sean lectores nuevos, nada más les aviso que tengan cuidado con los reviews de otros lectores porque se podrían spoilear cosas.
Gracias por seguir aquí y nos leemos para la próxima!
