CAPITULO 3: ENFRENTANDO SENTIMIENTOS Y PASIONES REENCONTRADAS

La mañana del día siguiente fue difícil. Desayunaron en un ambiente tenso, y no podían conversar con espontaneidad. También el viaje en coche para la consulta de la doctora fue pesado. Candy miraba por la ventanilla, mientras que él la estudiaba con la mirada. Ya en la sala de esperas Terry miró su reloj al menos unas tres veces. A ella le parecía más lejano que el día anterior.

Cuando entraron a la consulta, una mujer de mediana edad sentada tras su escritorio los recibió. Señaló dos sillas para que tomaran asiento.

-Pensé que lo mejor antes de cualquier cosa sería hablar-se levantó y estrechó las manos de Candy y Terry-. Soy Martha Coswell. El doctor Hobart me ha enviado sus informes por fax. Sé que la paciente es su esposa, Sr. Grandchester, pero me alegra que usted viniera también. Después del trauma que vivió, Candy necesita mucha ayuda.

Candy lo miró curiosa. Su rostro no expresaba ninguna clase de emoción. Aún así, contestó:

-Ella cuenta con mi apoyo.

-Estoy segura de ello, pero ambos deben saber que existe la posibilidad de que ella no recupere jamás la memoria.

-¿Cuándo lo sabré? ¿Cómo?-la voz de Candy tenía urgencia en su pregunta.

-Si empieza a tener imágenes mentales y leves recuerdos será un indicio positivo. Pero deben entender que no hay pautas específicas para esto, no todas las personas son iguales. Tal vez no le agrade saber esto, pero debe pensar que es muy afortunada. Sobrevivió al accidente, sólo perdió 5 años de su pasado, mientras que otros han perdido mucho más que simples recuerdos.

Candy se había auto compadecido los últimos días, pero la última afirmación de la doctora le estaba haciendo pensar diferente. Estaba viva y completa en casi todos los sentidos. Tenía que luchar por seguir adelante, por recuperar esa parte de su pasado.

Sus ojos miraron a Terry. Podía jurar que él estaba escondiéndole algo, y mentalmente se prometió que indagaría más sobre el matrimonio que antes llevaban.

La doctora la examinó y retiró los puntos de su frente, y como última observación le entregó dos tarjetas. Candy se reunió con Terry en la sala de espera nuevamente.

-La doctora dice que si tenemos alguna duda o se presenta algún inconveniente podemos llamarla-explicó ella entregándole una de las tarjetas.

-¿Le hablaste de tu sueño?

-No me ha parecido algo relevante. Fue sólo un sueño.

-¿Cuándo es tu próxima cita?

-Dentro de dos semanas. La doctora piensa que mis costillas estarán bien para entonces. Tal vez me permita cabalgar.

-¿Todavía quieres hacerlo?-le preguntó él mirándola con detenimiento.

-Sí. Voy a visitar a Teodora un rato cada día para que se acostumbre a mí. Así, cuando sea su jinete ya seremos amigas.

-Buen plan.

-Y se me ocurre otro. No necesitas llevarme a casa para luego ir a tu oficina. Puedo tomar un taxi.

-Candy…

-Sólo tengo que subir a él y me llevará hasta la casa. No puedes seguir tratándome como a una muñeca de cristal.

A Terry no le gustó para nada la idea, pero después de ver su reloj sólo pudo asentir.

-De acuerdo, pero no me separaré de ti hasta que hayas tomado el taxi.

&

La mañana del martes, Candy estuvo un rato con Teodora, y paseó por los alrededores de la casa. Tuvo que admitir que extrañaba un poco a Terry. Él era su apoyo en ese mundo desconocido. Pero no había vuelto a verlo desde la mañana del día anterior, cuando la acompañó a tomar el taxi.

Dorothy le dijo que usualmente volvía muy tarde. Creyó escuchar su coche hacia las tres de la madrugada. Pero en la mañana cuando se levantó Terry ya se había marchado. Empezaba a sospechar que esa era la clase de vida que llevaban. A menos que Terry se estuviera alejando intencionalmente.

Después de comer, Candy buscó a Dorothy para preguntarle si sabía donde guardaba su equipo de pintura. Dorothy se sorprendió al principio pero luego sonrió y la condujo por unas escaleras adyacentes a su estudio personal, donde había otras habitaciones.

-Antes pasaba mucho tiempo aquí, señora-explicó enseñándole una gran sala con televisión y un sofá. Luego señaló otra puerta-. Aquí está su cuarto de pintura-después abrió un pequeño armario donde estaba todo su material para pintar. Había varios óleos, pinceles de diferentes tamaños, y unos cuantos lienzos sin marcos.

-¿Desde cuando dejé de pintar?

-Hace casi dos años.

-¿Conoces los motivos que tuve?

-Nunca me dijo nada, señora. Imagino que sus responsabilidades en las obras de caridad le absorbían demasiado. Éste es su despacho.

Dorothy abrió una puerta que dejaba ver una habitación con un amplio escritorio, un ordenador y una impresora. También había un equipo de música sobre un armario archivador. Seguramente era el mismo del que Terry le había hablado.

El despacho estaba pintado de blanco, y de las paredes colgaban varios cuadros abstractos.

-Imagino que yo tampoco decoré esta habitación-murmuró Candy.

-No señora, siempre se llamaba a la decoradora del señor Grandchester.

-Esta habitación necesita color, y esos cuadros desaparecerán.

-Son originales, señora.

-Me gustaría saber en qué-arrugó la nariz en señal de desacuerdo.

Dorothy rió.

-Imagino que la decoradora pensaba eso.

-Supongo. Pero a mi no me lo parecen. Y por favor, Dorothy, llámame Candy…

-De acuerdo, se…Candy.

-Me quedaré un rato aquí.

-Allí ahí un intercomunicador. Llama si necesitas algo.

Candy se quedó sola en el despacho pero no por mucho tiempo. Regresó a revisar su equipo de pintura. Halló un boceto que antes disfrutaba pintar en la universidad. Quiso pintarlo, pero ninguno de los frascos de óleo estaba en buen estado. Sintió muchos deseos de pintar. Iría a la galería West Farms para comprar lo que necesitaba.

Se cambió de ropa y pidió un taxi, y le dijo a Dorothy que iría de compras. La mujer le dijo que Tom podía acompañarla, pero Candy le explicó que ya había pedido un taxi. Quería salir, y hacerlo sola, por sus propios medios.

& & &

Tres horas habían transcurrido desde que dejó la mansión. Había tardado más de lo que esperaba en hacer sus compras. Notó su cabello cayendo en sus hombros, en sus pechos y sonrió.

Después de encontrar los óleos y encargar los demás utensilios, se cruzó con una peluquería y no pudo reprimirse de entrar. En la universidad, acostumbraba a usar su cabello rizado, manteniéndolo al nivel de su pecho. Tras concederse el lujo de cortarlo y arreglarlo como antes lo hacía, se sentía con más seguridad. Después de arreglar su cabello, fue a otra tienda para comprar unos cojines en tonos rosados para la habitación del televisor, y dos alfombras del mismo tono para su despacho. El siguiente cambio sería descolgar esos cuadros.

El taxi se detuvo frente a la mansión y Candy vio el auto de Terry aparcado adyacente al garaje. Le pagó al taxista y salió del auto. Subió las escaleras pensando en el cansancio de las compras cuando la puerta principal se abrió y Terry salió al porche con gesto de disgusto.

-¿Dónde estabas?-preguntó él sin permitir algún saludo amable de ella.

-En la galería.

-¿Qué le has hecho a tu cabello?-no había notado ese cambio en ella hasta ese momento.

-Quise arreglarlo como lo usaba en la universidad. ¿No te gusta?

Terry se quedó atónito, limitándose a mirarla sin hablar.

-¿Ocurre algo malo?

-Ocurre que he llamado para saber de ti y Dorothy me dice que no sabe a donde saliste-su voz parecía reclamarle.

-Le dije que iría de compras. Soy una mujer adulta, no me trates como si fuera una adolescente que viola las reglas.

-¿Te tardaste tres horas en comprar eso?-señaló la pequeña bolsa que ella cargaba.

-¡Claro que no! El resto de mis compras lo van a enviar, no quería cargar con todo.

-¿Y por qué no le pediste a Tom que te llevara, o por qué no esperaste por mí?

-Quise salir sola. Tengo más de 18 años, y eso me permite decidir que hacer. ¿Qué es lo que he hecho mal?

-¡Estaba preocupado!

-¿Estabas preocupado?-repitió ella irónicamente- ¿Por eso regresaste ayer a las 3 de la madrugada? ¿Por eso te fuiste esta mañana sin desayunar? ¿Por eso no te molestaste en avisar si llegarías a cenar? No creo que la excusa de "estoy preocupado" sea la correcta. ¡Y si pretendes controlar mi vida en este matrimonio, no me extraña que ninguno de los dos no sepamos que hacía en una carretera en Newark!

Candy observó la sorpresa en su rostro, y entendió que no acostumbraba a confrontarlo con frecuencia desde que se conocía. Él le dijo que no discutían. Pero ella no estaba discutiendo, estaba exponiendo su perspectiva. No esperó a que él reaccionara, avanzó hasta la puerta y subió a su alcoba.

Las palabras de Candy habían golpeado a Terry casi físicamente. ¡Nunca se había dirigido a él así! Pero él tampoco la había interrogado de esa manera. Estaba preocupado por ella.

No pudo evitar preguntarse si esa preocupación era causada por pensar que ella habría podido recuperar la memoria y correr a los brazos de su amante.

Maldijo entre dientes mientras frotaba su cabello. Su esposa nunca se había quejado de sus horas de llegada, siempre estaba esperándolo, dispuesta a darle la bienvenida con su cuerpo, o en su despacho, donde trabajaba en nuevos proyectos para obras de caridad, recibiéndolo con una sonrisa…

Ahora, empezaba a darse cuenta de cuanto tiempo la había dejado sola.

Terry no era experto en disculpas, porque casi nunca había tenido que recurrir a ellas, pero sabía que si no se disculpaba con ella podría marcharse. Tal vez estuviera preparando su equipaje en ese mismo instante…

Azotó la puerta antes de subir con velocidad a la planta de las habitaciones. La puerta del cuarto de ella estaba entreabierta. La abrió sin pausas esperando ver una maleta sobre la cama, pero sólo encontró a Candy sentada, revisando un juego de pinceles.

Cuando alzó la cabeza y lo miró Terry respiró aliviado.

-Supongo que debí tocar antes de entrar.

-Dejé la puerta abierta.

-¿Esperabas que yo entrara?

Candy dejó el estuche a un lado de la cama.

-No sé lo que esperaba. ¿Te imaginas lo confundida que estoy?

Terry avanzó con lentitud, y luego tomó asiento junto a ella.

-Creo que no.

-Gracias por ser sincero-le sonrió ladeando su cabeza para verlo a los ojos.

Terry también la observó con aprensión. Pensó que era muy valiente por sobrellevar las consecuencias del accidente a pesar de su desorientación. Internamente, recordó la sombra que se adueñó de su lindo rostro los últimos meses pasados.

Quería besarla, tocarla, hacerle el amor hasta ser el único para ella…pero sabía que aún tenían un largo camino que recorrer antes de volver a ser marido y mujer. Al menos, su cabeza se lo recordaba, porque su cuerpo tenía otras ideas.

-Me excedí cuando llegaste a la casa-dijo decidiendo escuchar a su cabeza-. Lo siento.

-Me trataste como si no pudiera hacer nada sin tu consentimiento. No puedo vivir así.

Terry se maravilló con la convicción que estaba usando ella y la sinceridad que expresaban sus palabras. Se preguntó por qué la antigua Candy se había vuelto tan sumisa.

-Lo sé. Nuestro matrimonio no era así antes. Dices que estas confundida, y creo que yo también lo estoy, aunque no tanto como tú. No sabía si ibas a sobrevivir después de ese accidente. Sólo han pasado tres días desde que saliste del hospital, y lo cierto es que estoy preocupado por ti.

Candy tocó su mano con la suya y esto le dio a Terry la seguridad de tener su confianza. Sólo tenía sus manos sobre las de él, pero ese gesto les hizo sentir una química indiscutible a los dos.

-Estoy bien, Terry. Mis costillas sanarán pronto. Todavía me canso pero cada vez menos. No tienes por que preocuparte.

Deseando que no apartara su mano, le preguntó para mantener la conversación:

-¿Qué compraste?

-Pinceles y varios óleos. Algunos marcos para encuadrar los lienzos. Quiero volver a pintar. También compré algunas cosas para mi despacho. Lo pagué todo con la tarjeta. Espero que no te moleste.

-Claro que no me molesta. No tienes que pedirme permiso para comprar nada. También tienes una chequera en tu escritorio. Dorothy me dijo que ya viste el archivador. Quería mostrártelo, pero…

-Ibas retrasado a tu trabajo-concluyó ella interrumpiéndolo.

Terry nunca se había sentido culpable por las largas horas de trabajo que tenía. ¿Por qué ahora se sentía así?

-Mi negocio no se basa sólo en investigaciones de empresas norteamericanas. También incluye varios mercados extranjeros. Debo hacer muchas llamadas internacionales en la noche.

-¿A qué te dedicas exactamente?

-Invierto el dinero de otros, además del mío.

-Y debes hacerlo bien.

La curiosidad de ella lo sorprendió. Él nunca hablaba de su trabajo con Candy pensando que le aburriría escucharlo.

-Cuando era niño aprendí muy rápido. Por eso mis padres me enviaron a una escuela especial, para probar mis habilidades. Pero no me gustó el ambiente que se respiraba, la actitud de superioridad de los otros niños. Me alejaron de lo familiar, de Archie, que era más como un hermano que un primo para mí. El caso es que no me relacionaba con los demás niños como con mis primos, y entonces, cuando no estaba estudiando o jugando fútbol, analizaba los mercados financieros.

-Como pasatiempo-ella sonrió.

-Sí. Al principio era una afición, pero luego me fascinó. Archie, Stear y yo, teníamos un salario en verano por trabajar en la granja de mi tía. Cuando cumplí 14 años, los convencí para que me dejaran invertir su dinero. Hablé con mi padre de mis ideas y él las siguió e hizo la inversión por mí.

-¿Y ganaste?

Terry rió.

-Por supuesto. Desde entonces, Archie y Stear siguieron dándome su salario y también sus ganancias.

Candy lo miró con una leve sonrisa en los labios.

-¿Qué?-le preguntó él.

-Trato de imaginarte con botas y un sombrero de vaquero.

-¿Y?

Candy apartó la mirada y retiró su mano. Terry pudo haber notado el gesto, pero quería saber que estaba pensando ella. Tomó su barbilla y le hizo volver el rostro hacia él. Se había sonrojado.

-Respóndeme-le pidió suavemente.

-Creo que debes ser un vaquero muy atractivo-le dijo bajando la mirada.

Lo dijo con tanta sencillez, con una timidez que excitó tanto y tan rápido a Terry que la cabeza de éste no pudo impedir sus acciones. Rodeó sus hombros con un brazo, deseándola más que nunca buscó sus labios.

Cuando Candy levantó su mano para apoyarla en su hombro, él rogó para que no lo apartara. Pero, en lugar de resistirse, Candy pasó sus manos tras su cuello, haciendo que se le acelerara el pulso por la exquisita sensación de su toque. A la vez que penetraba con su lengua la boca de ella, la tumbó en la cama sin detenerse a pensar…

El teléfono del buró empezó a sonar en ese momento. Por algún motivo, Dorothy no había contestado. Cuando Terry había llamado a casa para saber de Candy, había decidido no asistir a una reunión de negocios, pidiendo a sus asociados que lo llamaran si lo necesitaban.

Se apartó de ella, y con la respiración agitada descolgó el auricular.

-Grandchester.

Hubo un largo silencio antes de que la llamada se cortara. Terry maldijo entre dientes, sintiendo su pulso acelerarse por un motivo diferente al anterior.

Candy tenía el cabello revuelto, y los labios ligeramente inflamados por el beso.

-¿Qué sucede?-preguntó.

Terry cerró los ojos con fuerza, tratando de controlar sus emociones. Alguien había llamado y colgado antes de pronunciar palabra. Una nueva llamada sin respuesta. ¿El amante de Candy?

No sabía como separar el pasado del presente, igual que no podía separar a la mujer que tenia enfrente de su esposa antes del accidente.

-Alguien se equivocó de número-trató de parecer tranquilo, pero su voz delató la rabia.

-Terry…

-Será mejor que baje a ver por qué Dorothy no ha contestado el teléfono. Luego volveré a la oficina. Trabajaré hasta tarde, así que no me esperes.

-No tienes que irte a la oficina para alejarte de mí.

-No voy a…-calló. No tenía sentido mentir-. Tengo que aclarar unas cosas. Será más fácil si no estoy aquí.

-Porque estoy yo-dijo ella con la esperanza de que él lo negara.

-Tu necesitabas salir esta tarde-replicó él-. Ahora yo necesito salir-se levantó y avanzó hasta la puerta. Se volvió antes de salir y vio en sus profundos ojos verdes un desconcierto-. Nos veremos mañana.

Después de salir, no pudo olvidar la expresión de sus ojos. No pudo olvidar su cuerpo presionado contra el de ella. No podía olvidar que tal vez le había sido infiel.

& & &

Dos horas más tarde, Terry esperaba una llamada sentado frente a su despacho. Apenas sonó el teléfono descolgó el auricular. Tal vez era la primera vez que pedía un consejo en su vida pero el suceso de la llamada sin contestar lo había llevado a eso.

-Grandchester-contestó

-Habla la doctora Coswell, Sr. Grandchester.

-Dijo que la llamara si tenía alguna pregunta que hacerle. Necesito saber cómo debo enfrentar algo.

-Pues adelante.

-Supongo que lo que diga quedará entre nosotros.

-Por supuesto. La confidencialidad de mi trabajo se extiende entre los miembros de la familia de mis pacientes. Pero si quiere que le oculte algo a su esposa es otra cosa.

Terry se dio ánimos para seguir a delante hasta obtener la opinión de la doctora.

-Había un distanciamiento entre nosotros antes del accidente, y creo que Candy estaba teniendo una aventura. No sé a dónde iba o por qué estaba en Newark. Quisiera hablar con ella de esto, pero es necesario que recuerde primero.

-Imagino que esa incertidumbre está afectando su relación.

-Tanto como su amnesia.

-Y quiere saber si puede hablarle de sus sospechas.

-Sí.

Hubo un largo silencio antes de que la mujer volviese a hablar.

-­­¿Ha tenido Candy algún destello de recuerdo?

-Si es así, no me lo ha dicho.

-¿Quiere hacer lo que es mejor para usted, o lo que es mejor para ella?

Antes de responder, observó detenidamente la fotografía que descansaba sobre su escritorio. Era de su luna de miel, la que pasaron juntos en Hawai.

-Haré lo que sea mejor para ella.

-Mi opinión, es que Candy debe recordar de forma natural, sin revelaciones traumáticas. No ha pasado una semana desde que salió del hospital, Sr. Grandchester. Cuando se adapte a su medio, los recuerdos podrían volver. Dele tiempo al tiempo.

-Eso significa que no puedo hacer nada.

-Puede apoyar a su mujer. Reconstruir la relación que tenían, o empezar una nueva. Puede ser paciente y esperar.

Después de colgar el teléfono, Terry comprendió que no había obtenido el consejo que esperaba, pero al menos había resuelto su pregunta. No podía compartir sus sospechas con su esposa.

Sólo le quedaba esperar a que ella recuperara sus recuerdos por sí misma. Tendría que vivir con sus dudas y esperar que su matrimonio sobreviviera.

& & &

El viernes en la mañana Teodora trotaba libre por la planicie de hierba en los terrenos adyacentes a la mansión, mientras que Candy hacía un retrato de la yegua en un pequeño lienzo, tratando de distraer sus pensamientos para no pensar en Terry y en los sentimientos que en ella despertaban cuando lo tenía en frente. En los últimos días, había descubierto algo muy característico de él. Cuando no quería confrontar sus sentimientos, se alejaba. ¿Habría sido siempre así en su matrimonio?

Terminaba de darle color a las nubes de su lienzo cuando sintió que la piel se le erizaba. El contacto de una mirada profunda con su piel fue el causante de su crispamiento. Dejó el pincel y el lienzo sobre su estuche cuando sintió que Terry se acercaba. Se volvió dubitativa, preguntándose la razón por la cual estaría en casa, después de haberse marchado antes del desayuno.

La intensa mirada de Terry la hizo sentir como si no llevara puestos los vaqueros ni el jersey.

-¿Por qué volviste tan temprano?-comenzó ella- ¿Ocurrió algo malo?

-No he vuelto para vigilarte, si es lo que te preocupa-le contestó con brusquedad-. Vine por unos papeles, y también para preguntarte algo.

-Aquí me tienes-dijo Candy con una sonrisa que no pudo suavizar la expresión de su rostro.

-Llamó mi madre. Va a dar una fiesta esta noche y quiere saber si asistiremos. Quería consultarlo antes contigo.

-Me gustaría asistir. ¿Quiénes irán?

-Algunos amigos de mis padres, Archie y unos invitados de él. Los conoces a todos. Por eso pensé que tal vez no querrías ir.

-¿Prefieres que me esconda?

-Claro que no. Estaba pensando en ti y en las preguntas que tendrás que soportar...

-Que tendremos que soportar-corrigió ella-. Tuve un accidente No recuerdo nuestro matrimonio. No tengo nada de que avergonzarme, ni tu tampoco.

Terry calló un breve momento antes de hablar.

-¿Has pensado que esas preguntas también pueden resultar incómodas para mí? A fin de cuentas, nuestro matrimonio es lo único que no puedes recordar.

Era eso lo que le preocupaba.

-Lo siento, Terry. Lamento no haber pensado en eso. No tenemos que ir sino quieres-dijo ella bajando levemente la cabeza.

Él metió sus manos en los bolsillos de su pantalón.

-No necesito que te compadezcas de mi-la repuesta de ella endureció más su rostro-. Y no vamos a escondernos. Sólo quería que supieras lo que vamos a afrontar.

Sintiendo la lejanía de él, Candy alargó una de sus manos hasta él y alcanzó a sujetar su brazo.

-No es compasión lo que siento por ti. No sé porque no puedo recordar nuestro matrimonio más que tú. A no ser que me ocultes algo.

Por unos instantes, Candy creyó ver una expresión diferente en el rostro de él, pero luego su mirada volvió cerrarse.

-El otro día, llamé a la doctora Coswell porque estaba preocupado por ti. Insistió en lo que ya nos dijo, que los recuerdos volverían solos.

-¿Estabas preocupado por mí?

-¿Por qué te sorprende? Siempre me he preocupado por ti, Candy.

Su última afirmación le dio base para decir lo que pensaba.

-Entonces regresa temprano hoy a casa para que pasemos tiempo juntos-se había quedado esperándolo durante las tres noches anteriores, pero se había dormido antes de que Terry regresara.

Candy pensó que se alejaría cuando sacó las manos de los bolsillos, pero no se apartó. Se limitó a mirarla.

-¿Eso es lo que quieres?

-Sí-contestó ella con simplicidad.

-Volveré a la casa a las seis de la tarde. La fiesta comienza a las siete.

-¿Cómo debo vestirme?

Terry sonrió.

-A mi me gustas así. ¿Dónde encontraste esa ropa?

Por su respuesta, parecía que antes acostumbraba a vestir elegante incluso para estar en casa.

-En uno de los cajones más bajos del armario. Pero no creo que sea lo más apropiado para la cena.

-Busca en tu armario. Sabrás que escoger. Tienes excelentes gustos en cuanto al vestir. Y tratando otro asunto, las cosas que compraste ya llegaron. Están en el vestíbulo.

-¿Quieres verlas?-preguntó sonriendo, pero al ver que Terry miraba su reloj, añadió-. No importa, no es importante.

-Muéstramelas de todos modos. ¿Dónde quieres poner los paquetes?

-Abajo. Pero si tienes prisa...

-Tengo 30 minutos todavía. Vamos. Enséñame lo que compraste.

Estando los dos en el vestíbulo, Terry tomó dos grandes bolsas preguntándose por su contenido. Candy había logrado picar su curiosidad. Ella tomó un tercer paquete más pequeño y lo guió hasta la habitación.

Una vez abajo, Terry la miró mientras sacaba los cojines de una de las bolsas y los colocaba sobre el sofá. Cuando sacó una de las alfombras de otra bolsa, vio como se llevaba una mano a los costados. Enseguida, se la quitó:

-¿Dónde quieres que la ponga?

-Frente al armario archivador del despacho, y la otra en la entrada.

Después de colocar las alfombras en su lugar, Terry miró a su alrededor.

-No cabe la menor duda de que se ve más bonito así.

-Ahora sólo me resta quitar esos feos cuadros de la pared. He pensado tal vez en pintar algo nuevo, y pasar por la galería por algo de inspiración.

-¿Qué tienes pensado?

-No lo sé. Pero quiero que sea algo acorde con el color de las alfombras.

-Hay unas fotos tuyas enmarcadas en la planta de arriba.

-¿De verdad?-su expresión parecía ser la de una niña ansiosa por recibir un regalo.

-Sí. ¿Quieres que las baje?

-Quizás Tom pueda hacerlo. Sé que tienes que irte.

Terry se dio cuanta de que no quería que Tom las bajara. Quería ver la expresión de ella cuando viera aquellas fotografías que la reflejaban en la universidad.

-¿Te importaría esperar hasta esta noche, cuando regresemos a casa? Me gustaría estar aquí cuando las veas.

-¿Por si me ayudan a recordar algo?

Había olvidado la situación en la que estaban, por unos breves momentos.

-Sí, creo que será lo mejor que estemos juntos-contestó tratando de protegerse de nuevo-. Trataré de volver a tiempo esta tarde.

-¿Terry?

Se detuvo en el umbral al escuchar su voz, y la miró fijamente.

-Estoy deseando que llegue esta noche-habló con una voz diferente a la que había estado usando antes.

¿Para estar con él? ¿O para ir a la fiesta?

Terry no preguntó. Se limitó a asentir con la cabeza y salió del despacho, pensando en lo linda que se veía Candy, y cuanto deseaba tenerla en sus brazos otra vez.

Notas finales:

¡Hola otra vez! Hoy aparezco para entregarles otro cap más de esta historia, y como siempre, espero que les guste y que sea de su agrado. Quiero agradecerles otra vez por sus comentarios, y claro por seguir la historia.

Diana querida: claro que le falta sabor a la historia, me sorprendes con tu capacidad de acertar…siempre me delato, :P.

Avances del próx. Cap: Una fiesta, proyectos, ¿rumores de compartir? ¡Candy empieza a recordar su pasado!

Cualquier comentario con un review llegará. Nos leemos en el próximo Cáp. :-)

Karlina.