¡Hola, chicos! Eh, ¿tan horrible era el capítulo anterior? No sé, tengo seis reviews y unas 44 lecturas. Los 38 restantes que habéis leído, ¿no os ha gustado o no dejasteis review porque no os apetecía? Soy una chica de inseguridades, un poco de feedback no me vendría mal para saber si estoy llevando esta historia por el camino correcto. ;-)

Y me faltó el review de mi fan number one, .Desi Malfoy Cullen., y también de Agustitanic, a quien también eché de menos. :-(Sobretodo ellos dos porque nunca me habían fallado en ningún capítulo. Por eso, os lo pregunto: ¿tan horrible fue? Espero que no…

No es que esté pidiendo más reviews, estoy contentísima de llevar 21 reviews en tres capítulos, pero tengo unas 250 lecturas, y si las comparas con los reviews… :-S

No sé, algo estaré haciendo mal.

Contesto vuestros maravillosos reviews al final, como ya sabéis. Pero en dos de vuestros reviews, en concreto en el de Debbi y en el de Gabriela, hubo dos preguntas que quizás os estéis haciendo más gente. Debbi preguntaba si no era contradictorio que un Troy descrito como tan alegre, feliz y con ganas de vivir se suicidara. Os copio mi contestación para subsanar dudas:

"Si has leído mis notas de autor, habrás visto que este fic está dedicado a una persona real. El primer Simba, el que originó el papel: Jason Raize. Pues bien, aunque, como bien he dicho, Troy no es Jason Raize, sí que me he basado ligeramente en su historia. Y Jason era así. Una persona que regalaba alegría, esperanza, sonrisas capaces de levantarte el ánimo en un instante, talento, ganas de vivir.
Pero algo le sucedió. Algo le ocurrió (no lo sabemos del todo bien, aunque corren muchos rumores) que le acarreó una fuerte depresión. Al cabo del tiempo, esa depresión lo llevó al suicidio. Con tan sólo 28 años.

Mi respuesta a tu pregunta desde un punto de vista médico (estudio Medicina) es no. No es contradictorio. Es lo que tienen las depresiones. Si la depresión es fuerte, es capaz de cambiarte por completo. Eso es precisamente lo que va a resultar difícil de describir en este fic: el cambio desde un Troy alegre, con planes de futuro, con ganas de vivir, al Troy taciturno y depresivo con tendencias suicidas. Aunque parezca mentira, una de las causas de muerte más frecuentes hoy en día es el suicidio. Es triste, pero es así.

¿Has leído las citas que pongo al principio de ambos capítulos? ¿Las de Jason? Cada cita que ponga al principio de los capítulos tendrá relación con el capítulo en sí. Algunas serán de Jason, otras de gente que lo conocía. Pero las dos que he puesto por ahora son de Jason, y ambas tienen un mensaje completamente esperanzador: "vive cada momento como si fuera el último" y "sólo tienes que luchar por tus sueños para que éstos se hagan realidad".
Esa misma persona de cuyos labios salieron esas palabras se suicidó cinco o seis años más tarde. Y, desgraciadamente, es un caso real.

En el caso de Troy, iré dando pequeñas pistas sobre las causas de su propia depresión conforme pasen los capítulos. Y el cambio será gradual. Lento. Quizás imposible de ver desde dentro del fic, pero un espectador desde fuera será capaz de darse cuenta.

Espero haberte convencido. ;-)
Cualquier duda o cualquier contradicción que veas, me gustaría que me la comentaras. Ayuda mucho tener vuestros puntos de vista, y me ha encantado recibir un review con una crítica constructiva, como el tuyo. Son los reviews que me ayudan a mejorar cada día y me animan a seguir escribiendo."

En cuanto a Gabriela, preguntaba si Troy tenía razones para suicidarse. Pues hombre, yo soy de las que piensa que los problemas existen para ser solucionados, pero eso no les vale a las personas suicidas. Troy tenía problemas que lo llevaron a suicidarse. Quizás a una persona sana no le hubiera llevado hasta ese punto, pero el problema es que Troy no estaba sano. Troy tenía una fuerte depresión. Esa depresión agrandó sus problemas hasta el punto en el que decidió quitarse la vida. En mis capítulos pondré ciertas pistas acerca de los problemas de Troy, a ver si las pilláis.

Y sin más dilación, que me enrollo más que las persianas, aquí tenéis el tercer capítulo, el cual espero que os guste más que el anterior. A parte de dedicárselo, como siempre, a Jason, quiero dedicar este capítulo a la selección española, que acaba de pasar a la final de la Eurocopa. ¡Por fin! xD

Antes de que me preguntéis nada, sí, este fic es completa y absolutamente TROYELLA. Y sí, eso quiere decir que Troy seguirá apareciendo. xD De una forma u otra…

AVISO: En este capítulo hay una escena de suicidio. No es sangrienta, es más bien emocional, pero de todas formas os aviso para que lo tengáis en cuenta.


Jason Raize: "Singing "Endless Night", and sharing the discovery that we have pieces of ourselves from everyone we've touched in our lives. That touches me."

(Cantar "Endless Night", y compartir el descubrimiento de que tenemos trocitos dentro de cada uno de nosotros provenientes de todos los que hemos tratado en nuestras vidas. Eso me hace emocionarme).

¡Busa, Simba!


15 de Febrero, 2004

Albuquerque, East High School

10:00 AM

Ryan aparcó el coche en uno de los pocos sitios libres que quedaban en el parking del East High School, en Albuquerque, lugar de nacimiento y lugar donde estudió Troy Bolton. Tras sacar la llave del contacto del coche, el muchacho se volvió a mirar a Gabriella, quien estaba sentada en el asiento del copiloto retorciéndose las manos con nerviosismo.

- ¿Estás bien? – le preguntó. - ¿Estás segura de que quieres entrar?

Gabriella asintió sin mirarlo, y salió del coche. Ryan suspiró y la siguió. El muchacho se había ofrecido a llevar a Gabriella a una misa que se iba a ofrecer en memoria de Troy Bolton en su ciudad natal.

Esa última semana había sido horrible. La habían pasado tratando de consolar a Gabriella, tratando de hacerle ver que las cosas pasan por una razón, que tenía que seguir con su vida, que era una pena, pero que ya no se podía hacer nada. No lo habían conseguido. Gabriella seguía sin apenas hablar o comer, llorando por las noches hasta caer rendida. No había dejado de ir a trabajar, pero llegó a un punto en el que sus propios superiores le dijeron que se quedara en casa y le desearon que se mejorara pronto.

Al final, todos pensaron que quizás sería bueno darle una conclusión al asunto, y por eso Ryan se había ofrecido a llevarla a esta misa, para ver si la muchacha conseguía dejar a Troy marchar. Gabriella había accedido, ofreciéndole una pequeña y triste sonrisa, pero sonrisa al fin y al cabo. La primera que había cruzado su rostro durante esa semana. Los demás no habían podido ir con ellos, pero a Gabriella no le importaba, era mejor así. Ryan siempre respetaba su decisión de no hablar, y la dejaba sola cuando se lo pedía. Siempre había podido confiar en él, y para Gabriella, Ryan era el mejor amigo que se pudiera desear. Le había alegrado que la llevara él.

La misa se iba a ofrecer en el gimnasio del instituto en el que estudió Troy, con asistencia de familiares, amigos y cualquiera que quisiera acudir. Pronto, Ryan tomó del brazo a Gabriella y la guió por entre la numerosa gente que se había acercado al instituto, en busca de dos sitios libres en el gimnasio para poder sentarse.

El homenaje se realizó sin ningún problema. El gimnasio estaba lleno, y junto a los familiares y amigos, se podía ver a todos aquellos que trabajaron o compartieron escenario con Troy, incluidos todos los actores del elenco original de "The Lion King", muy desconcertados y entristecidos, y los directivos del show, igualmente entristecidos. Durante el tiempo que duró se recordaron cosas de la infancia y juventud de Troy, anécdotas y rasgos del carácter del muchacho. Ryan se encontró pensando que, si lo hubiera conocido, le hubiera caído muy bien. Se comentó que, en un principio, nadie hubiera dicho que Troy acabaría formando parte del mundo del espectáculo, sino que se pensaba que acabaría en la NBA por lo bueno que era jugando al baloncesto. Al parecer, había sido el capitán del primer equipo del instituto en sus años de adolescente.

El acto llegó a su fin tras una emotiva escucha de la canción "Endless Night" interpretada por uno de los susplentes de Troy en "The Lion King". Antes de empezar, el muchacho contó cuánto admiraba a Troy, y el consuelo que tenía al saber que, al menos, lo había conocido y había podido aprender del mejor. Recalcó la amabilidad, la actitud trabajadora y la bondad del muchacho, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara. Cuando cantó, muy emocionado y con lágrimas en los ojos, no hubo una mirada seca en todo el gimnasio. Hasta Ryan se encontró con la quemazón en los ojos que auguraba lágrimas.

Cuando todo terminó, Ryan volvió a tomar del brazo a Gabriella para salir del gimnasio sin perderse entre la multitud. La muchacha no dijo una palabra durante el corto camino hacia el coche, pero cuando se subieron y Ryan arrancó, lo sorprendió con una petición.

- Ryan… ¿te importa llevarme al cementerio de Albuquerque? – pidió. – Será sólo un momento. Luego nos podemos marchar.

- Sí… claro. – murmuró Ryan, sorprendido.

Sin más dilación, el muchacho se puso en camino. Sabía dónde estaba el cementerio porque había tenido familia viviendo en esa ciudad y había pasado muchos veranos en sus calles, así que no tardó demasiado en encontrar el lugar. Cuando llegaron, Gabriella se volvió hacia él y le sonrió.

- Gracias, Ry. – susurró, dándole un beso en la mejilla. Y se bajó del coche.

Ryan la siguió, pero dejándole espacio, sin querer agobiarla.

Tras un rato de búsqueda y unas preguntas a gente que pasaba por allí, Gabriella llegó a la tumba donde descansaba Troy Bolton.

Aquí yace

TROY ALEXANDER BOLTON

Amado hijo, primo y amigo.

Canta junto a los ángeles, Troy.

Nunca te olvidaremos.

Gabriella se sentó frente a la tumba, y por primera vez en todo el día, se concedió la libertad de dejar caer sus lágrimas. Ryan la observó de lejos, y se sentó en un banco, esperando a que la muchacha terminara.

La morena acarició las numerosas flores que descansaban alrededor de la tumba, y después pasó la mano por la fría losa de mármol, dejándola descansar sobre el nombre de Troy.

- Duele pensar que esto es lo más cerca que te voy a tener de aquí en adelante. – susurró, dirigiéndose a la tumba. – Duele pensar que ya jamás voy a poder conocerte en persona, que jamás voy a poder decirte todo lo que me has enseñado, todo lo que has significado y significas para mí. A veces me pregunto por qué duele tanto, si tú y yo nunca… - su voz se quebró, y la muchacha se tragó un sollozo. – Te echo muchísimo de menos. Y no dejo de preguntarme cómo es posible que sienta tu ausencia del mundo, que note que ya no caminas entre nosotros. Que te eche tanto de menos si jamás estuve contigo, si nunca tuve ocasión de saber cómo es el mundo a tu lado. Pero lo cierto es que no importan los por qués. Importa que te echo muchísimo de menos, que el mundo sin ti ha perdido todo el color, que no soy capaz de seguir adelante con mi vida. ¿Qué me hiciste aquella noche, Troy? ¿Qué hechizo me lanzaste? ¿Por qué te sentía tan unido a mí, y por qué me dolió tanto cuando te arrancaste la vida?

Gabriella tuvo que parar, pues los sollozos le impedían decir nada más. Cuando al fin pudo tranquilizarse, la muchacha continuó.

- ¿Por qué lo hiciste? – preguntó, en un susurro. - ¿Qué te ocurrió? ¿Por qué olvidaste poner en práctica todo lo que nos habías enseñado? Nos aseguraste, cada vez que interpretabas "Endless Night", que después de la oscuridad siempre brilla el sol, que después de una tormenta las nubes siempre se aclaran. Tú creías en ese mensaje. Decías que te emocionaba. Y a través de esa canción nos enseñaste a tener esperanza. Ahora me has quitado todo eso. Ya nunca más podré tener esperanza. Ya nunca saldrá el sol para mí, y sobre mi cabeza siempre se cernirán las nubes. Porque sin ti, nada de eso tiene sentido. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no recordaste "Endless Night"? Si la hubieras recordado, si tan solo hubiera pasado por tu mente, tal vez ahora mismo estarías aquí.

Acto seguido, la muchacha estalló en angustiados sollozos, con los ojos cerrados y abrazándose el pecho con ambos brazos. No notó que alguien se había parado detrás de ella hasta que ese alguien le puso la mano en el hombro, sobresaltándola.

Gabriella se volvió en un gesto rápido hacia el dueño de esa mano, y se encontró mirando unos ojos verdes y penetrantes. Con un pequeño respingo, Gabriella descubrió delante de ella un muchacho muy parecido a aquél que descansaba bajo sus cuerpos. También tenía el pelo castaño, y los ojos claros, de la misma forma que los de Troy, solo que de un color más verdoso. El resto de sus rasgos eran también similares.

- Oh… - susurró la muchacha, levantándose y limpiándose las lágrimas. – Lo siento.

- No… - dijo el muchacho. – No pretendía sobresaltarte. Sólo… me sorprendió ver a alguien aquí a la hora de comer. Venía pensando que iba a estar solo.

- Yo ya me voy. – susurró Gabriella, lanzando una mirada nerviosa hacia Ryan, que se había levantado y observaba la escena delante de él por si tenía que intervenir.

- No tienes por qué irte. – murmuró el muchacho. – Escuché el final de tu discurso, y pensé en hablar un rato contigo. No tienes prisa, ¿verdad?

- N-no… - contestó Gabriella. – Pero…

- ¿Eras amiga de Troy? – preguntó el muchacho entonces, volviendo la vista hacia la tumba con mirada triste.

Gabriella sopesó posibles respuestas durante un instante.

- Conocida. – contestó al final, no queriendo dar una imagen de loca por haber venido a visitar la tumba de alguien a quien ni siquiera conocía.

El muchacho se volvió hacia ella.

- Me pareces algo más que conocida. – comentó. – Si fueras una simple conocida, no te hubieras molestado en venir aquí. Y no hubieras llorado como lo estabas haciendo hace un instante.

Gabriella no contestó, y el muchacho extendió su mano.

- Kevin Benneth. – se presentó. – Soy primo de Troy.

- Gabriella Montez. – susurró Gabriella, aceptando la mano del chico.

- ¿Has estado en la misa? – preguntó entonces el muchacho, metiéndose las manos en los bolsillos.

Gabriella asintió con la cabeza, sin dejar de observar al muchacho. Así que eran primos. Por eso se parecían tanto. Observando la expresión del Kevin, la morena descubrió a alguien que compartía su tristeza y su horror. El muchacho estaba pálido y tenía ojeras bajo los ojos. Sus dientes estaban ligeramente apretados en un gesto de dolor.

- ¿Estabais muy unidos? – preguntó Gabriella suavemente.

Kevin asintió levemente con un gesto.

- Nos criamos juntos. Me fui a vivir con mis tíos cuando mis padres murieron. Troy y yo teníamos diez años. – susurró, volviéndose hacia la tumba. - En cuanto entré a la universidad me marché, pero Troy y yo seguimos en contacto. Hasta hace unos meses, al menos. Yo sabía que estaba pasándolo mal, pero jamás pensé que llegaría a… a… a esto. Debería haber estado ahí, debería haberle ayudado, pero… - la voz del muchacho se quebró, y una lágrima cayó por su mejilla. – Dios, no dejo de echarme la culpa.

Gabriella avanzó entonces hasta el muchacho y le puso la mano en un brazo.

- No ha sido culpa tuya. – susurró Gabriella, conmovida ante la avalancha de sentimientos que acababa de expresarle aquél desconocido. – No ha sido culpa de nadie. Él no querría que tú te echaras la culpa de nada.

El muchacho se volvió hacia ella con una sonrisa triste.

- De nuevo hablas de él como si fueras más que una simple conocida. – señaló.

Gabriella se encogió de hombros, y se volvió hacia Ryan de nuevo, quien esperaba pacientemente.

- Lo digo en serio. – susurró, mirando de nuevo a Kevin. – Él no hubiera querido que nadie se culpara de esto. No creo que hubiera querido que sufriéramos por su causa, aunque eso sea inevitable. Él hizo lo que creyó que debía hacer, y no hubiera dejado que lo detuvieras.

- Quizás tengas razón. – murmuró Kevin. – Gracias. Necesitaba que alguien me dijera lo que me acabas de decir.

- No hay de qué. – susurró Gabriella.

- Ahora sólo me falta convencer a mi tío de que tampoco es su culpa. – susurró Kevin.

- ¿Por qué piensa que es su culpa? – preguntó Gabriella, recolocando algunas flores que se habían caído de sus respectivos lugares.

- Troy y él no se hablaban. – explicó Kevin suavemente. – Mi tío piensa que ha sido por eso.

- Oh… - murmuró Gabriella, volviéndose a mirar a Ryan. Tenían que ponerse en marcha si querían llegar esa noche a Los Ángeles. – B-bueno, me tengo que ir. Muchas gracias, hablar contigo me ha hecho sentirme mejor.

- Yo también me siento mejor, dentro de lo que cabe. – sonrió Kevin, ofreciéndole de nuevo esa sonrisa triste tan parecida a la de Troy. – Espero verte más veces. ¿Vives aquí?

Gabriella negó con la cabeza.

- Los Ángeles. – murmuró.

Kevin enarcó una ceja.

- Yo vivo en Nueva York. – comentó. – Vaya, vivimos bastante lejos el uno del otro. Por cierto, ¿vas a ir al homenaje?

- ¿Homenaje? – preguntó Gabriella.

Kevin asintió.

- El día 8 de Abril en el New Amsterdam Theatre, en Nueva York, donde mi primo representó el papel de Simba tantas veces. – explicó. – Se pondrán videos de Troy de cuando era más joven, videos de Troy interpretando a Simba, habrá discursos, e incluso una ceremonia africana de paso al más allá dirigida por el elenco original de "The Lion King". Yo daré un discurso (NdA: lo de la ceremonia africana lo hicieron con Jason… me hubiera gustado verlo).

Gabriella lo pensó un momento.

- Puede que me acerque. – contestó al final.

- Deberías. – dijo Kevin. – Vamos a dejar espacio en el acto para homenajes de amigos, conocidos e incluso fans. Si quieres, puedes hacer algo.

La idea atrajo a Gabriella desde el principio.

- Sí… estaría bien. –contestó.

- Puedes avisarme cuando tengas pensado lo que vas a hacer, para que te guarde un hueco. – le comentó el muchacho, sacando una pequeña agenda del bolsillo. – Te apuntaré mi número.

Gabriella aceptó la hoja de papel con el número del muchacho y le lanzó una sonrisita fugaz.

- Gracias por permitirme hacer esto. – susurró. – Nos veremos allí.

Kevin le devolvió la misma sonrisa fugaz.

- Nos veremos allí. – se despidió.

Y Gabriella caminó hacia Ryan, sintiéndose tranquila por primera vez en esa horrible semana, mientras que Kevin Benneth la seguía con la mirada, sintiéndose exactamente igual.

Cuando llegó a la altura de Ryan, el muchacho la tomó por los hombros en actitud de apoyo.

- ¿Y ese? – preguntó suavemente.

- El primo de Troy. – contestó Gabriella. Y su voz sonó mucho más parecida a antes de que Troy muriera.

- Estás mejor. – señaló Ryan. No era una pregunta.

- Sí. – admitió Gabriella. – Supongo que Kevin y yo nos hemos ayudado mutuamente.

- ¿Te dio su número? – preguntó Ryan esbozando una sonrisa pícara y señalando el papel que Gabriella apretaba en la mano.

La morena le pegó un codazo amigable.

- Voy a hacer algo para homenajear a Troy. – le explicó. – Parece ser que le van a hacer un gran acto memorial el día 8 de Abril, y me ha dicho que puedo participar. Por eso hemos intercambiado nuestros números.

- Ya. Sólo por eso. – rió Ryan, burlándose. Gabriella volvió a darle un codazo, y rodó los ojos. - ¿Y qué es lo que piensas hacer?

Gabriella sonrió suavemente y levantó la vista hacia Ryan.

- Cantar. – susurró.

- No se para qué he preguntado. – sonrió Ryan a su vez. - ¿Qué quieres hacer ahora?

Gabriella suspiró profundamente y se abrazó a sí misma con los brazos.

- Volvamos a casa. – murmuró.

Y se alejó del muchacho, caminando rápidamente hacia el coche.


El vehículo dejó atrás las últimas casas de Albuquerque, adentrándose en la carretera que serpenteaba alrededor del bosque cercano a la ciudad para luego adentrarse un trecho en la espesura. Gabriella se había sentado en actitud pensativa tras haber guardado el número de Kevin con cuidado en su bolso. Miraba por la ventana, hacia los árboles, rememorando los sucesos de ese día, mientras mordisqueaba una barrita energética.

- Pararemos a comer cuando salgamos del bosque. – sugirió Ryan.

- Mmm… - asintió Gabriella, sin dejar de mirar los árboles.

Ryan puso la radio, y una suave música de los años 60 llenó el espacio acústico del coche.

Poco a poco, se adentraron más y más en la espesura y el ambiente se oscureció. Y de pronto, los sentidos de Gabriella se pusieron alerta y el vello de su nuca se erizó. La imagen de unos ojos azul hielo pasó de forma rápida por su mente, y un sentimiento de sufrimiento infinito que le era ajeno se instauró en su corazón.

- ¡¡PARA!! – gritó la muchacha súbitamente.

Ryan, sobresaltado, pisó el freno de forma brusca, y el coche derrapó, quedando atravesado en medio de la carretera. El muchacho se volvió hacia Gabriella.

- ¿Qué diablos…? – comenzó, pero se detuvo al ver que la muchacha ya no estaba en el coche.

- Mierda. – susurró Ryan, quitándose el cinturón y saliendo del coche en pos de Gabriella.

Se abrazó a sí misma, con horror. Una especie de fuerza la guiaba por el bosque, una fuerza a la que era incapaz de resistirse. Imágenes que no pertenecían a su mente habían comenzado a invadirla. Era como si estuviera viendo a través de los ojos de otra persona. Unas viejas zapatillas de deporte, un mechón de pelo castaño claro sobre sus ojos, árboles. Y ese sentimiento. Ese vacío inmenso, ese horror, ese dolor infinito.

Y esa determinación.

- ¡Gabriella!

Ryan la llamaba, pero la muchacha no podía volverse a mirarlo. Tenía que seguir adelante.

Sus pasos rápidos la guiaron alrededor de un río, y la muchacha tuvo que comenzar a trepar por una escarpada pared, camino a un puente que se hallaba a bastante altura, por encima de las copas de los árboles.

- ¡Gabriella!

Su mente seguía llenándose de imágenes. Unas manos que no eran suyas agarraban las mismas piedras en las que ella se estaba apoyando para trepar. Una rama le hizo un corte en una pierna, pero a la morena no le importó. El sentimiento que la había embargado era mucho más fuerte. Rabia. Dolor. Impotencia. Miedo. Angustia. Horror. Vacío. Frío.

Y esa horrible determinación.

- ¡¡Gabriella!! ¿Qué estás haciendo?

La muchacha llegó hasta el puente y trepó por la barandilla, y súbitamente entendió lo que estaba pasando. Cuando esa extraña fuerza la liberó, se dejó caer al suelo de forma suave, abrazando su pecho fuertemente con ambos brazos, mirando sin ver hacia la barandilla opuesta a la que acababa de trepar.

Pero las imágenes siguieron sucediéndose, como si las estuviera viviendo ella misma. Gabriella estaba quieta, pero en su mente seguía moviéndose. Se movía junto a él. Se movía como si fuera él.

"Que alguien lo detenga…" pensó la muchacha de forma agónica.

Con horror, Gabriella vio a través de otros ojos cómo trepaba la barandilla hacia el otro lado, como se paraba sujetándose suavemente a la barandilla. Con un sollozo, Gabriella vio el abismo, la altura a la que se encontraba, las revueltas aguas del río bajo sus pies. Miedo. Terror. Angustia. Frío. Dolor. Rabia. Impotencia. Vacío.

Pero, ante todo, determinación.

- ¡¡NO!! – gritó Gabriella, extendiendo la mano hacia alguien que no estaba allí.

Y saltó. Y cayendo, se sintió libre al fin, aliviado de que todo fuera a terminar.

La última imagen que acudió a su mente fue la de aquella muchacha de bucles morenos y ojos color chocolate, sentada en un banco de Central Park. Y, una milésima de segundo antes de que todo se acabara, se arrepintió.

Pero ya no podía hacer nada.

Había acabado.

- ¡Gabriella!

Ryan rodeó el menudo cuerpo de la muchacha con sus brazos, y la sintió temblar. Le dio la vuelta para mirarla a la cara, y lo que vio lo estremeció de pies a cabeza. Sus ojos estaban muy abiertos, horrorizados, repletos de lágrimas de terror y dolor. Su rostro estaba pálido, demudado. Sus labios, ligeramente entreabiertos.

- ¡Gabby! – la llamó Ryan, sacudiéndola un poco.

El pánico en la voz de su amigo sacó a Gabriella de su trance.

- Ryan. – susurró. Y se deshizo en sollozos. – Oh, Ryan.

- Gabriella, ¿qué…? – preguntó el muchacho.

- Fue aquí. – susurró ella, interrumpiéndole. – Fue aquí.

De alguna forma, Ryan entendió de quien estaba hablando.

- Gabby, eso no lo puedes saber. – susurró él, asustado.

- Fue aquí, Ry. – le aseguró ella, mirándolo a los ojos. – Lo he visto.

- ¿Qué lo has…? Gabby, eso no es posible. – dijo el muchacho, asustándose aún más e intentando hablar con lógica. – Estás agotada, no sabes lo que dices. Vámonos a casa.

- Fue aquí, Ryan. – volvió a asegurar ella. – Trepó por ahí… - señaló la pared con una mano temblorosa. – …cruzó hacia la otra barandilla… - la muchacha señaló el punto exacto que había aparecido en su visión. - … y saltó. Saltó, Ry.

- Gabby… - murmuró Ryan, aterrorizado. – Gabby, ¿qué estás…? ¿Qué…?

- Me recordó. – sollozó la muchacha. – Me recordó, Ryan. Y se arrepintió. Cuando ya no tenía remedio. Se arrepintió. Se arrepintió, pero ya no podía hacer nada. Oh, Ryan.

La morena se acurrucó en los brazos de su amigo, quien comenzó a mecerla de forma suave y a murmurar palabras de consuelo. Los segundos pasaron, convirtiéndose en minutos. Los minutos, se convirtieron en horas. Y al fin, exhausta, Gabriella levantó unos ojos completamente rojos y cansados hacia su amigo, que la miraba tremendamente preocupado.

- Llévame a casa. – pidió la morena, en un susurro apenas audible.

Pero Ryan la oyó, y asintió. La ayudó a levantarse, y la tomó de la cintura. Y ambos emprendieron el camino de vuelta, juntos.


Horas después, en el coche, Gabriella cayó dormida. Y Ryan sacó su móvil y marcó unos dígitos con rapidez.

- Taylor… - murmuró. – Soy Ryan.

- ¿Ry? ¿Dónde estáis? Deberíais haber llegado ya, estaba preocupada.

- Estamos a medio camino. – siguió murmurando el muchacho. – La cosa se… retrasó. Y se desmadró. Taylor, estoy preocupado por ella.

- ¿A qué te refieres? ¿Donde está Gabby?

- Ahora mismo está dormida. Pero Tay, ha tenido una especie de… alucinación. Cree que ha visto la forma en que murió ese chico. No he pasado más miedo en mi vida, pensé que se había vuelto loca.

Taylor guardó silencio unos instantes.

- Llamaré a su madre. – dijo entonces. – Creo que a Gabby le vendrá bien tenerla a su lado estos días. No te preocupes. Tráela, y ya veremos qué pasa.

- Todo iba tan bien… - susurró entonces el muchacho, en tono asustado. – Incluso había vuelto a una relativa normalidad. Y, de pronto, me hizo parar el coche y se bajó, y caminó… Dios, caminó como si conociera el lugar al que iba. Fue… fue muy raro, Tay. Me asustó muchísimo. Fue como si conociera el camino.

- Ryan, tranquilízate. – dijo Taylor, comenzando a temer también por su amigo. – Estás conduciendo, ¿vale? No pienses más en eso. Sólo… tráela a casa. Aquí podremos ayudarla, y hablar de lo que ha pasado.

Ryan suspiró.

- Vale. – susurró. – Llegaremos en unas horas.

- Llámame si pasa algo. – dijo Taylor. – Conduce con cuidado.

- Sí. – contestó Ryan. – Hasta luego.

Tras colgar el teléfono, el muchacho miró de reojo a Gabriella. Se había dormido con la cabeza apoyada en la ventanilla y sin soltar su agarre sobre su pecho, como si tuviera mucho frío, o como si tuviera un agujero o mucho dolor y quisiera taparlo o aliviarlo.

- Oh, Gabby… - susurró Ryan. - ¿Qué vamos a hacer contigo?

Y el muchacho siguió conduciendo, mirando a su amiga de vez en cuando, temiendo por ella como nunca había temido.

Deseando que todo volviera a la normalidad.


Hasta aquí el tercer capítulo. Espero que os haya gustado.

Una aclaración. Jason se ahorcó, no se tiró por un puente. Ya sabéis que no estoy escribiendo su historia, pero tenía que hacer esta aclaración por si acaso. No sea que a alguno os de por buscar y veáis que no fue así.

Contesto reviews:

Debbi: ¡Hola! ¿Recibiste mi contestación al mail? Espero que sí, y que te aclarara las dudas. Ya habrás visto que he puesto mi respuesta a tu pregunta al principio, porque me parece interesante, ya que puede que más gente se esté haciendo esa misma pregunta. De nuevo, muchísimas gracias por tu review, y espero seguir viéndote por aquí. ¡Un beso!

TaniaEfron: ¡Hola, guapa! Muchas gracias por tu review. Si vuelves a leer el tráiler, hay muchas pistas de la forma en que Troy "vuelve a la vida" (que no es exactamente eso lo que pasa, jeje). ¿De verdad te gustó "Endless Night"? ¡Vaya! ¡Genial! Me has dado una alegría, jaja… Por curiosidad, ¿viste la canción a través de mi perfil o la buscaste por tu cuenta? Es que a veces tengo la sensación de que nadie lee mis notas de autor, jaja… en las que, entre otras cosas, escribí que había videos de Jason cantando en mi perfil. xD
Muchas gracias de nuevo por tu review, y espero que este capítulo te haya gustado. ¡Besos!

Marizzita: ¡Holaaa! ¡Vaya, un capítulo en el que no te he hecho llorar! Y eso que era triste… ¿estaré perdiendo mi toque? xD Muchísimas gracias por tu review, y espero que te haya gustado este capítulo. ¡Un besazo!

Gelen: ¡¡Gelen!!
¡¡HOLA!!
¡¡Pero qué alegría verte por aquí!! Por supuesto que me acuerdo de ti, ¿cómo iba a olvidarme? xD
Muchísimas gracias por tu review, me alegro de que te haya gustado, y espero verte más veces por aquí. ¡Muchísimos besos!

Gabriela: ¡¡Tranqui!! xD
Que tú sabes que yo soy de finales felices, no pienses que voy a dejar las cosas así. xD
¡No me mates! xD
En cuanto a lo de las razones, te he contestado al principio del capítulo, como espero que hayas visto. Me ha parecido que era una duda que podía ser general, así que he decidido contestársela a todos.
Muchísimas gracias por tu review, y espero verte por aquí más veces. ¡¡Besitos!!

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

¡Reviews si queréis que actualice lo más pronto posible! Porque cuantos más reviews vea, más me motivaréis. ;-) Y, al fin y al cabo, tengo escritos hasta el capítulo 8, por lo que podría actualizar rápido.

¡Besitos!