Capítulo 2: Varado

-Joven maestro Lied, por favor venga- repetía el arquero.

-¿Qué sucede Yint?- Pregunto una vos a la distancia, mientras se escuchaba el ruido de pisadas acercándose a las inmediaciones. Se trataba de un grupo de ocho caballeros, cuatro arqueros y lo que parecía un anciano con un gran bastón. La mayoría de los caballeros usaba armaduras plateadas brillantes, a excepción de uno el cual sobresalía de todo el grupo rápidamente; este caballero utilizaba una armadura azul celeste oscura con grabados de oro en el pecho, y una capa blanca con el escudo de armas de un tigre azul a sus espaldas. Los arquero al igual que el joven arquero, vestían ropajes similares pero con ligeras variaciones de color, mientras que el anciano que los acompañaba usaba una túnica una marrón que cubría completamente todo su cuerpo, y en la punta superior de su bastón estaban incrustadas algunas gemas brillantes.

-Mi señor he encontrado un niño, estoy seguro que es el mismo niño que usted escuchó gritar antes.

El caballero azul se separó del grupo, quedando frente al joven arquero y se quitó el casco. -¿Dónde está?- El era un joven como de veintitrés años, su cuerpo era ligeramente corpulento y su rostro denotaba amabilidad, a pesar de que tenía un porte serio además de una cicatriz cortaba en diagonal parte de su mejilla derecha. Su cabello era de una tonalidad dorada oscura, sus ojos café, y como último detalle algunos bellos faciales coronaban su barbilla.

-Por allá maestro Lied- señalo el arquero a un pequeño claro junto a un riachuelo. –Un Lobo "Haze Fang" trato de devorarlo, pero los atravesé su cabeza con una de mis flechas antes de que lo lograra.

Lied, diviso el cuerpo del niño – buen trabajo Yint, será mejor que lo levantemos y lo llevemos al pueblos más cercano, ahí podrán atender sus herida.

-Pero maestro Lied…- replico el anciano con la túnica -¿Qué pasar con nuestra misión? Recuerde que aún no hemos encontrado al "oso infernus" que bajo de la montañas secas ¡Tenemos que matarlo! Sería demasiado peligrosos para los viajeros que dejemos a esa criatura rondando libremente por los senderos estos bosques, y ni hablar de las aldeas cercanas. Es mas no quiero imaginar lo que sucedería si esa bestia llegara a encontrar alguno de los poblados.

-Eso jamás sucederá, continuaremos la búsqueda después de que hallamos dejado a ese niño en algún lugar seguro, y su aun así sigue preocupado por ello, siempre puedo dejarlo a usted junto a varios de mis escoltas para que continúan la búsqueda. No creo que un "oso infernus" sea problemas para un poderoso hechicero.

El anciano entre cerro los ojos con desde y preocupación – eso no será necesario, si el maestro esta indispuesto para continuar podemos reanudar la búsqueda mas tarde.

-Entonces así será…-el joven caballero de cabello dorado denoto una ligera sonrisa de triunfo en sus rostro. Desde un principio sabía que el anciano no tenía las capacidades para derrota a la criatura solo, por lo que dio la opción esperando de antemano que la rechazara. De no haberlo hecho el ansiando hubiera continuado contradiciendo sus decisión durante horas. –Bien, recojan al niño, súbanlo a la parte trasera de uno de los caballos y vallamos al poblado más cercano. Más tarde regresaremos al bosque de la brumas y reanudaremos casería de la bestia infernal que bajo de las montañas secas- ordeno.

-Si maestro Lied…- todas las voces del grupo respondieron al unísono.

Dos días después:

En un pueblo a kilómetros de distancia del bosques de la bruma, en el interior de un orfanato, kelled, duerme tranquilamente sobre una cama. A su costado derecho, una monja con hábitos blancos coloca un paño de agua fresca sobre el rostro del niño. Habían pasado dos días desde que un grupo de caballero, había dejado a ese infante a su cuidado y un no había despertaba. A la mujer le preocupaba cual era el verdadero estado de salud, tomando en cuenta que lo habían encontrado inocente cerca de lo ciénaga pantanosas de los bosques de la bruma. Por lo regula quienes iban a ese lugar, lo hacían para nunca más regresar.

-Ah…- despertó Kelled, sujetándose la cabeza con jaqueca - ¿Qué sucedió?

-Por fin despertaste pequeño- la monja sonrió, retirando el paño de la frente del niño. –Nos preocupaste demasiado, estuviste dormido demasiado tiempo.

-¿Quién ese usted?- abrió los ojos y miro a la monja sorprendido, en su mente la imagen del lobo persiguiéndole era lo último que recordaba - ¡¿Dónde estoy…?!

-Tranquilita pequeño, ya estas a salvo. Te encuentra en el orfanato "madre alada"

-¿Orfanato?- miro a su alrededor confundido. Se encontraba en el interior de una habitación hecha de troncos.

-Así es- aclaró ella. –Unos caballeros te trajeron hace unos días. Ellos te encontraron inocente en los bosques de la bruma ¿por cierto que hacías en ese lugar? ¿Acaso te perdiste? ¿Dónde están tus padres?

-¿Mis padre?- Se preguntó a si mismo con confusión, e instantáneamente como un relámpago recordó todo lo que había sucedido. –Dios mío…- coloco sus manos sobre su boca estupefacto.

Al oír su expresión del niño la monja lo abrazo con fuerza y en su mente imagino que las bestias habían devorado a los padres del pequeño niño. – ¡Perdóname, no lo sabía…!- Expreso con lágrimas en los ojos, sufriendo por el cruel destino que le había tocado a esa criatura inocente frente a ella y acariciando su espalda con dolor. –Debes ser fuerte, piensa que ellos se encuentran en un lugar mejor…

-…- Sin saber que decir Kelled, se quedó en silencio confundió por lo que la mujer decía ¡¿De quién rayos estaba hablando?! ¡Y porque demonios lo abrazaba!

-Tus padres debieron haber sido valientes, es mas ellos debieron protegerte ¿no es asi…?

-Este…- lo pensó uno segundos y decidió seguirle la corriente – si…

-Pues no debes estar asustado mi niño, su sacrificio no será en vano. Nosotras te cuidaremos y te encontraremos un hogar; de lo contrario te criaremos hasta que conviertas en un hombre provecho para el imperio.

"¿Imperio…?" Fue la primera pregunta que paso por su cabeza, pero no la dijo. Le inquietaba no saber a ciencia cierta cuál sería la reacción de la mujer si hacia esa clase de preguntas. Dado a lo último que ella había dicho, estaba claro que pensaba que él era un niño indefenso y que sus padres habían muerto, por tanto no podía decirle que era un hombre el cuerpo de un niño, si lo hacia probablemente pensaría que estaba loco. Lo mejor era dejar las cosas como estaban, mientras pensaba una forma para salir de ese lugar. Tenía que regresar a "Eritia" y arreglar el error que había cometido.

-¿Cuál es tu nombre?- pregunto la monja.

-Kelled, Kelled es mi nombre- "Por ahora usare mi nombre real. Dudo que cause problemas".

-¿Kelled? Que nombre tan extraño, es la primera vez que lo escuchó.

-Puede llamare Kell- dijo nervios, al notar la impresión de la mujer ante su nombre.

-¿Kell? Eso suena mejor. Bien Kelled, yo soy la hermana sofí, y como lo dije ante este es el orfanato "Madre alada" de la aldea "Marca negra"

-¿Marca negra?

-Si sé que suena algo extraño el nombre. Si no mal recuerdo, su origen proviene de un poema que escribió un pastor…- la hermana sofí, se perdió un momento entre sus pensamientos.

-Disculpe hermana sofí…- con su mano, kelled estiro uno de los costado del habito de la monja.

-Si ¿dime?- poso su mirada en el niño.

-¿Está muy lejos el lugar donde esos caballeros de los que hablo me encontraron?- pregunto en tono infantil, aprovechando su apariencia.

-¿Por qué quieres saberlo?- la hermana sofi, levanto sus cejas preocupada.

-No, por nada en especial.

-El bosque de la bruma se encuentra al oeste; caminado puedes tardas un día entero en llegar, y acaballo quizás en un par de horas, pero lo mejor será que te mantengas alejado de ese lugar. Lo habitan muchas bestias salvajes y las personas que entran solas suelen desaparecer…- término sus palabras con un tono lúgubre,

-Mmm….- recordó como aquel lobo que la había atacado ¿acaso habrían criaturas más peligrosas que esa? Se cuestión con duda y preocupación; sin su magia se sentía vulnerable.

-Bien como parece que tu condición es mejor de lo que pensaba y solo tuviste un par de rapones, no creo que haya la necesidad de llamar a la curadera del pueblo ¿o si?

-No, me siento bien, solo algo aturido.

-Si ese el caso entonces te pediré que te levante de la cama, salgas de la habitación y vallas al patio con los demás niños.

-Es necesario que lo haga en este momento- suspiro desalentado, habían demasiadas cosas que necesitaba digerir, y deseaba un tiempo a solas para pensar.

-Lo lamento sé que es demasiado apresurado, pero ese necesario. Esta la habitación que usamos para atender a los enfermos y heridos, así que quizás alguien necesite utilizarla más tarde, nunca se sabe…- lanzo una pequeña sonría.

-Está bien- asintió Kelled, conprendiendo rápidamente la situaciones.

-Cuando llegaste aquí, tus ropas estaban muy maltrechas y sucias. Por lo que me tome la libertad de quitártelas, lavarlas y remendarlas, espero no te moleste- levanto una camisa de algodón manga larga de un tono blanco amarillento; esta prenda no contaba con botones, si no con una agujeta que serraba la parte superior del pecho.

-¡¿Me quito la ropa?!- levanto la sabana y se sonrojo de golpe ¡Estaba desnudo! – Cree que podría devolvérmela…- se sentí avergonzado, la única mujer que recordaba que lo había visto desnudo era su madre.

-Tómala, ha y aquí está tu pantalón- arrojo el pantalón y la camisa sobre la cama. –No tenías zapatos, por suerte la hermana Evelin encontró un par extra en la bodega, quizás te queden, póntelos los deje bajo la cama.

-Lo hare gracias…

-Bien te dejare para que te cambiarte, cuando hayas terminado ve al patio a conocer a los demás, serviremos la cena más tarde.

-Si…

Sin más que decir la monja se retiró, dejando al niño solo en la habitación. El chiquillo observo la ropa y se estremeció -¿Dónde está mi ropa interior?- busco con la mirada la prenda que faltaba; no obstante parecía que no estaba en el conjunto. –Demonios, creo que en este lugar no existe la ropa interior, otro punto menos para este mundo, lo voy a sumar con los otros puntos negativos equivalentes a no tener poderes ¡y estar atrapado en el cuerpo de un niño!- se sujetó la sien con molestia. El problema que un principio pensaba que tenía solución, se había complicado demasiado ahora que comprendía que no podía usar magia.

-Tranquilízate Kelled- hablo consigo mismo en vos baja, colocándose los pantalones. –Bien, aun no es completamente seguro que no pueda usar magia. Tendré que hacer un segundo intento para corroborarlo, quien sabe, quizás la razón por la que no pude usar magia en ese entonces tal vez se debido a la gran cantidad de "Mana espiritual" que utilice para abrir "la puerta del mundo". De ser así, eso explicaría perfecta el motivo por el cual no pude lanzar ni un hechizo básico de energía; sin embargo de estar equivocado significaría que en este mundo no existe la magia- trago saliva aterrado por la idea. –Ser mejor que lo compruebe para salir de dudas. El tiempo que estuve inocente debido ser sufriente para recobrar todo el "mana" que desperdicie durante el ritual.

Extendió sus manos y pronuncio un hechizo básico para crear un bola de fuego– "Ignis pretum agnit"- ; sin embargo nada sucedió. –Valla ni una chispa…- un escalofrió recorrió el largo de su espalda. –Sera mejor que intente con uno de hielo – "Glaciem cutum umbrim"- extendió ambas manos para crear una enorme estalactita congelada, y justo como en sus su primer intento nada sucedió, ni siquiera una brisa helada escapo de sus palmas, era extraño. –No puede ser…- bajo la cabeza – de haber sabido que esto iba a suceder, jamás hubiera usado ese maldito portal. Sin mi magia jamás poder regresar a "Eritia"- cerro el puño con impotencia. Las lágrimas comenzaban a fluir por sus mejillas.