Soul Eater no me pertenece. De lo contrario, ya estaría casada con Death the Kid y le hubiese dado 8 perfectos hijos simétricos.
El valor de lo importante
Cambios
- Nunca más volveré a comer spagetti con salsa a la noche – se quejó Maka golpeando su cabeza contra los azulejos del baño.
- No digas eso, es mi comida favorita – le dijo Soul, a su lado.
Eran las 8.30 de la mañana y ambos se encontraban sentados sobre el suelo del baño, apoyando su espalda contra la pared. Se preguntarán por qué. Bueno, no es difícil adivinarlo.
- Espera – por indefinida vez en la mañana, Maka se arrimó al escusado y terminó de devolver la cena de la noche anterior. Soul, a su lado, le sostuvo el cabello. Llevaban haciendo eso desde las 5 de la madrugada, cuando la técnico había comenzado a sentirse mal.
- Maldición – murmuró tirando la cadena del baño, volviendo a sentarse contra la pared. Soul le pasó una toalla húmeda.
- ¿Segura que no quieres que llame a Nygus-sensei? – preguntó Soul tranquilamente, solo para disimular su preocupación.
- No es necesario, estos son síntomas normales del embarazo… ya se me pasará – o por lo menos eso era lo que rogaba Maka quien sentía que ya no tenía nada más que sacar de su interior. – Creo… - respiró profundo –…Creo que ya está.
El arma tomó su barbilla para hacer que lo mirara.
- ¿Segura? – Maka se veía bastante pálida para su gusto.
- Segura – con ayuda de Soul se levantó y se dejó guiar hasta la cama. Haber estado tres horas y media expulsando todo lo que había comido no la había dejado con muchas fuerzas que digamos.
El albino abrió la frazada y la acostó dentro, procurando taparla con cuidado.
- ¿No te meterás conmigo? – preguntó ella.
- Iré a prepararme un café y vuelvo ¿sí?
La Albarn asintió antes de girarse y acomodarse de lado sobre el colchón, cerrando los ojos, recuperando un poco el sueño que había perdido.
Soul sonrió con cariño al ver –por fin-que su técnica se veía mucho más calmada y se dirigió a la cocina para calentar el agua. En medio del proceso de ebullición, el teléfono sonó.
- ¿Hola?
- Hola Soul.
- Hey Kid, ¿Qué haces?
- Llamaba para invitarlos a almorzar en casa. Hoy no nos toca ir a hacer misiones.
- Gracias por la invitación, pero Maka no se está sintiendo muy bien, así que pasaremos por esta vez.
- Ya veo, no hay problema, ¿Qué sucede con Maka?
- Lleva vomitando desde las 5 de la mañana. Ahora se volvió a dormir pero… no se… ¿debería llamar a alguien?
- Los vómitos son síntomas normales del embarazo – la voz de Liz se metió en la conversación.
- Ella me dijo lo mismo.
- Por ahora, haz que tome mucho líquido, mantenla hidratada. Si a la tarde sigue igual, llama a Nygus-sensei.
- ¿Qué acaso ahora eres doctora, Liz? – se burló el chico.
- Solo no soy ignorante, Eater. Avísanos por cualquier cosa.
- Lo haré.
- ¿En qué momento perdí el liderazgo de esta conversación telefónica? – preguntó Kid desde detrás.
- Poder femenino – ridiculizó Liz.
- Sí, claro. Bueno Soul, llámanos por cualquier cosa que necesites.
- Gracias amigo.
- ¡Espero que Maka se recupere pronto! – Patty había entrado en la conversación.
- Gracias Patty, se lo diré.
- Nos vemos al rato.
- Si, adiós.
Volvió a la cocina y suspiró al ver la tetera.
- Genial, se hirvió el agua… bah, lo que sea…
Se preparó el café de igual manera y se lo tomó con tranquilidad, parado en su balcón, sintiendo como poco a poco el frío se iba alejando para dar paso a la primavera. Su hijo nacería a finales del verano, principio del otoño. No era una mala fecha, no haría ni mucho frío ni mucho calor. Sería perfecto.
Terminó el contenido de su taza y la dejó en el fregadero. Ya más tarde la lavaría. Volvió a la habitación y encontró a Maka dormida profundamente. Su rostro de tranquilidad simplemente lo tranquilizó a él también. Tomó lugar a su lado y la abrazó por la espalda, acariciando su estómago, sintiendo una pequeñísima y casi imperceptible hinchazón. El mini-Eater crecía allí. Tampoco podía esperar mucho, era el tercer mes de gestación, aún no se le notaba la panza, menos con las ropas holgadas que normalmente usaba Maka. Todos los días se preguntaban ¿Qué sería? ¿Niño o niña? Bueno, no era como si eso les importara mucho, ya que solo tenían una sola petición.
- Crece sano… - murmuró inaudiblemente antes de ser transportado al mundo de los sueños.
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- De verdad Soul, no tengo hambre.
El chico la miró entrecerrando los ojos.
- ¿Es algún tipo de evasión porque no te gusta mi comida? – preguntó en broma, aunque poniendo todo su esfuerzo en hacer que su ofensa pareciera real.
- Claro que no, sabes que me gusta cómo cocinas…
- No, está claro que es porque no te gusta – Soul dejó el simple plato de arroz con carne a un costado y giró su rostro en la dirección contraria a la de su novia, cruzando los brazos. Maka lo miró con una sonrisa divertida.
- Oh, ¿se ofendió el señor cool?
Colocó el plato de comida sobre la mesa de luz y se lanzó sobre Soul para hundirlo sobre la cama. Lo aplastó de forma juguetona y comenzaron una falsa pelea inofensiva. Sí, Soul podía sentir su cooledad drenarse fuera de su cuerpo con cada día que pasaba con Maka. Pero se descubrió a sí mismo siendo feliz diciendo todas esas cosas cursis para que su novia sonriera. Si ella era feliz, él era feliz. Dah, cursi.
- En serio, Maka, tienes que comer algo. No tienes nada en el estómago desde anoche y lo que tenías anoche se fue por el escusado.
- Eres un asco – rió la chica, golpeándolo levemente – Pero estoy segura que si como esto terminará con la cena de anoche.
- O tal vez no… vamos, come algo, solo un poco.
Ante la cara de súplica de su arma, Albarn supo que no tenía posibilidad de negarse. Por más que fuera obstinada y cabeza hueca, nunca podría negarle nada a Soul si la miraba con esa carita.
- Bueno, solo para complacerte. ¡Solo un poquito!
El chico le guiñó el ojo y volvió a acercar el plato. Ja. Había ganado.
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- No quiero que siga, por favor, por favor… Soul… - Maka estaba hecha un desastre.
La pareja se encontraba en el mismo lugar en el que estuvieron durante casi todo el día: el baño. Solo que, en ese momento, ella estaba sentada entre las piernas de Soul, apoyada contra su cuerpo, llorando desconsoladamente. Sin saber muy bien qué hacer, su arma solo la acunaba entre sus brazos.
Luego del almuerzo, habían logrado dormir una pequeña siesta pero, solo una hora después, Soul había despertado al escuchar la cadena del baño. Maka estaba mal, otra vez. Y era peor que a la mañana. Habían estado prácticamente toda la tarde sobre el suelo del sanitario.
Ahora, la luna se estaba asomando por el cielo de Death City y Maka se encontraba exhausta: había estado todo el día devolviendo lo poco que había comido, parecía nunca terminar, parecía que nunca se sentiría bien otra vez. Eso, sumado al cansancio y el dolor de estomago que le habían provocado las arcadas, había logrado que Maka se derrumbara en los brazos de Soul.
- N-no quiero sentirme así… - lloraba la Albarn, escondiendo su rostro en el cuello de su chico.
Soul simplemente no sabía qué hacer. Tener una novia hormonal y descompuesta no era lo que él consideraría una situación cool, por ende, no sabía cómo reaccionar.
- Déjame ir a buscar a Nygus-sensei.
- No, no te vayas… - sí, hormonas de embarazo.
Al estar Maka tan alterada, no podía ni siquiera percibir la preocupación de Soul. Nunca la había visto así, nunca en toda su relación. Y realmente le preocupada que su novia estuviera tan perturbada.
- Tranquila… - volvió a abrazarla y acarició sus cabellos en un intento inútil de calmarla. – Maka, dime, por favor, ¿Qué puedo hacer? No quiero verte así, si tan solo…
- Q-Quédate.
No era necesario que le pidiera eso. Obviamente no se iría a ningún lado.
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Se sentía pesada y adolorida. Sentía que sus párpados se negaban a abrirse, por lo que tuvo que esperar unos segundos para poder visualizar su habitación. Estaba acostada sobre la cama, tapada con la frazada y, aún así, estaba segura de que aunque lo intentara no podría levantarse.
Recordó inmediatamente el día de mierda que tuvo y suspiró con cansancio. ¿Quién diría que el embarazo la haría sentirse así de mal?
Giró en la cama, preparada para preguntarle la hora a su novio pero no lo encontró a su lado.
- ¿Soul?
Ahora que lo pensaba, la casa se encontraba extremadamente silenciosa. ¿A dónde había ido? Hizo un esfuerzo y se levantó de la cama lentamente. Todo le daba vuelta, algo bastante obvio considerando que no tenía nada en el estómago desde el día anterior. Caminó hasta la sala en donde todo se encontraba igual de calmado que en su habitación. La hora en el reloj de la pared indicaba que eran las 11.30 de la noche. ¿En donde se encontraría Soul?
No había ninguna nota, ningún indicio del lugar en donde podría encontrarlo. Se hundió en el sofá cuando un pensamiento golpeó su mente: se había ido.
Se había ido.
Todo el día había estado llorando y descompuesta y Soul se había dado cuenta de que no quería eso para su vida. No quería atarse a esos problemas y se había ido a quien sabe dónde. Con su familia, tal vez, para continuar con su vida de lujos, tranquila y relajada. O con Blair, que había vuelto a su vivir a su antigua casa cuando ambos habían comenzado una relación amorosa, pidiendo espacio y privacidad.
Las manos comenzaron a temblarle y los ojos se le llenaron de lágrimas nuevamente.
- S-Soul…
El ruido de la puerta abriéndose la hizo asustarse. Enfocó sus ojos enrojecidos en la persona que entró y soltó un gemido cuando el albino ingresó al departamento. Por su parte, Soul también se sorprendió:
- ¿Qué haces levantada?
Intentó controlar las lágrimas, realmente lo intentó. Pero no lo logró.
Soul tomó lugar a su lado en el sillón y levantó su mano para secar sus pocas lágrimas con una mirada opacada por la tristeza y la impotencia.
- ¿Sigues sintiéndote mal?
- Pensé… pensé que te habías ido…
El ceño del chico se frunció sin comprender hasta que supo a qué se refería.
- Tsk – la atrajo hacia él - ¿Realmente pensabas que me había ido? Te mataré por pensar eso de mí…
Una risa ahogada salió de la boca de Maka, quien comenzó a tranquilizarse al sentirse entre los brazos de su chico.
- Es que… estuve todo el día así… y pensé…
- Nada. Me ofende que pienses así de mi – le dijo, sin sentirlo realmente. Sabía que las cicatrices que Spirit había dejado en Maka no se iban a borrar nunca, no podía culparla por pensar así – Pareciera que no me conocieras.
- Lo se, perdón. – balbuceó asintiendo y separándose para secarse las lágrimas. - ¿A dónde habías ido?
Soul le ofreció la bolsa que tenía en su mano derecha.
- En la farmacia me dijeron que esto es bueno para los vómitos.
Maka tomó las pastillas y miró a Soul con los ojos brillándole de la emoción.
- ¿Voy a dejar de escupir todo como una maldita canilla?
- Bueno… creería que sí.
Volvió a abrazarlo, sobreexcitada.
- ¡Gracias Soul! – Desde su posición, el arma rió divertido – Perdón por hoy… y gracias por haberte quedado conmigo todo el día…
- No iba a ir a ningún lado, tú me necesitabas – sus palabras la conmovieron – Y, te repito, no puedes vivir sin mí.
Maka respiró profundamente.
- Claro que no.
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- ¡Dame eso!
- ¡No, yo lo vi primero!
- ¡Black, Patty lo vio primero!
- ¡No es cierto!
Aquello era como un deja vu. Todos se encontraban en la casa de Death the Kid pasando una tarde de charla y gritos. Parecía a propósito que, cada vez que se juntaban todos, Black Star y Patty comenzaban una guerra por cualquier cosa.
Últimamente, la cantidad de Kishines había vuelto a la normalidad, apareciendo solo dos o tres por día. Pan comido para los miembros de Spartoi, quienes ya no se presentaban todos los días sino que rotaban con las parejas de siempre para deshacerse de los que rondaban por Death City.
- Black, no seas egoísta y déjale el bombón a Patty-chan.
- ¡Pero Tsubaki, Ore-sama lo vio primero! – se quejó el aludido.
- Se caballero – rió Kid.
Chrona miraba con pesar a la pobre arma de su novio. Ella realmente amaba esos bombones y era verdad que Black Star lo había agarrado primero pero, simplemente, no se podía rendir sin dar batalla antes. Tal vez no había sido buena idea traer esos bombones.
- ¿Puedo comerlo yo?
Todas las miradas volaron a Maka. No se había metido en la pelea en ningún momento, ya que no le interesaba el maldito bombón. Solo quería que dejaran de gritar.
Black Star miró el chocolate en su mano y luego miró a su amiga. Tras pensarlo unos segundos, le extendió el dulce:
- Muy bien Maka, te daré este chocolate solo para que el sobrino de Ore-sama pruebe lo que es una verdadera delicia y entienda la grandeza de mi amabilidad.
- Gracias Black – sonrió ella conmovida, abriendo la palma de su mano para que pusiera el bombón sobre ella. Con gran pesar, el asesino se deshizo del dulce y caminó hasta el sofá donde Tsubaki estaba sentada. Al ver el gesto, la chica le sonrió y se estiró para besarlo con ternura. Su Black Star aún tenía algo de caballerosidad en las venas.
De repente, el gran espejo posicionado en la pared norte de la sala comenzó a brillar y la imagen de Shinigami-sama apareció en su reflejo.
- ¡Hooooola chicos! – saludó, animado como siempre.
- Padre, ¿Qué sucede? – inquirió Kid frunciendo el cejo. Que su padre se presentara de imprevisto en su casa en una reunión con sus amigos no podía ser coincidencia, ni podía augurar nada bueno.
- Necesito que todos los miembros de Spartoi se presenten de inmediato en mi despacho.
Todos cruzaron miradas confundidas. ¿De inmediato? ¿Acaso había sucedido algo grave?
Sin decir más, la imagen del Dios de la muerte desapareció dejando a todos con muchas dudas. ¿Qué necesitaba a todos los miembros de Spartoi? ¿Realmente debía ir Spartoi completo?
Black Star fue el primero en levantarse.
- Bueno, vayamos a ver qué quiere Shinigami-sama y volvamos antes de la cena, hoy toca pizza.
Un asentimiento general recorrió el lugar aunque cierto albino en particular no pudo alejar de su mente el pensamiento de que algo no iba a salir bien.
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Al entrar a la Death Room descubrieron que Kim, Ox y Killik se encontraban presentes acompañados por sus respectivas armas.
- Realmente nos ha llamado a todos, ¿Qué sucede aquí? – pensó Liz en voz alta, a lo que todos coincidieron sin entender.
- Shinigami-sama aún no ha dicho nada – comentó Kim, avanzando junto con su equipo hasta que la totalidad de Spartoi quedó posicionada frente al Dios guardián de Death City. Dentro del lugar también se encontraban Stein y Sid, acompañado de su arma Nygus.
- Gracias por haber venido – pronunció la entidad divina – Se preguntarán por qué los he reunido a todos juntos. Bueno, tiene que ver con la constante apariciones de pre-kishines en Death City y los alrededores.
- ¿Han encontrado la causa? – preguntó Ox.
- Si, y no es nada agradable. – el Dios dejó de hablar para dejar que Sid tomara la palabra:
- Chicos, lamento informarles que el mundo está en peligro otra vez. Hemos estado investigando para encontrar el origen de toda la locura que ha afectado a las almas humanas impulsándolas a corromperse e intentar volverse Kishines y no es más que otro pre-Kishin.
Soul frunció el entrecejo.
- No entiendo. Si solo es un pre-Kishin podemos destruirlo y llevarnos su alma. Problema resuelto.
- No es tan fácil como piensas, Soul – negó Stein, sobresaltándolos por su intromisión – Este Kishin es diferente a Asura o a cualquier otro.
- ¿Qué lo hace diferente?
El profesor se mantuvo en silencio, buscando mentalmente las palabras que compondrían su explicación.
- Digamos que… no puede llegar a ser un Kishin real.
No fue necesario decir que ninguno entendió a qué quería llegar diciendo eso.
- Este Kishin… ha comido más de 500.000 almas humanas.
- ¿¡Qué!? – Jaqueline no había podido contener un grito de horror mientras que todos se aterraban en silencio. Maka tuvo que apoyarse en Soul ante la horrible idea de todas esas almas humanas perdidas en la locura irrazonable.
- Por alguna razón que desconocemos – continuó Sid – este huevo de Kishin aún no se ha convertido en Kishin completamente, por lo que pensamos que tiene algún tipo de "problema" si podemos llamarlo de alguna forma… sin embargo, dado la cantidad de almas que ya ha comido, sabemos que es lo suficientemente fuerte como para invadir de locura a otros huevos de Kishines más débiles y hacerlos actuar como lo estaban haciendo: atolondrados por conseguir almas, sin pensar muy bien que se metían a una ciudad minada de técnicos y armas.
Calló por unos momentos, dejando que Spartoi analizara y asimilara la información.
- ¿Quiere que nos deshagamos de él? – Tsubaki fue la que habló.
- No exactamente. – Stein volvió a tomar el mando de la conversación – Estamos completamente seguros que necesitaremos tiempo, fuerza y estrategia para vencerlo. Lo que queremos que hagan es que todos vayan a donde se encuentra y lo estudien, analizando sus posibles ventajas y desventajas, buscando cualquier cosa que nos dé una pista de porqué no ha madurado aún y de cómo podemos vencerlo.
- Es una misión muy importante – expresó Shinigami, adoptando un tono de voz serio que ninguno pasó por alto – Es por eso que necesitamos la participación de todos.
La habitación quedó en silencio. Hasta que la guadaña mortal habló, titubeante:
- Etto… cuando usted dice "todos"… no se referirá también a Maka ¿verdad?
El Dios de la muerte lo miró por unos segundos.
- Desafortunadamente, cuando digo "todos" significa todos, Soul-kun.
Los puños de Soul se cerraron violentamente, sintiendo la rabia fluir por sus venas.
- ¿¡Está loco!? ¡Ella está embarazada! ¡¿Y usted planea mandarla a un lugar en donde habita un Kishin que se ha comido más de medio millón de almas?! ¿¡Cuál es su problema!?
- Soul, tranquilízate… - le pidió su novia, tomando su brazo derecho.
- ¡No! – Gritó, volviendo sus rubíes hacia ella - ¡Tú no irás a esa misión!
- Soul-kun – lo llamó Shinigami-sama, logrando que la mirada enojada del arma se posara nuevamente en él – Tampoco quiero enviar a Maka-chan a una misión como esa en su estado, pero tienes que entender que es uno de los miembros más fuertes de Spartoi y que su percepción de alma es de vital importante para esta operación.
- ¿Percepción de alma? ¿Solo por eso la mandará a que la lastimen?- Soul estaba alterado. De ninguna manera dejaría que Maka fuera a una misión tan peligrosa, ni en sueños. Hacía tan solo cuatro días que habían pasado toda la jornada en el baño, con ella descompuesta y sintiéndose mal, ¡y ahora se le ocurría mandarla a una misión de ese rango! ¡Estaba loco!
- No planeo mandarlos solos. Stein y Spirit-kun irán con ustedes también. Maka-chan solo irá para encontrar al Kishin, luego se retirará mientras los demás realizan la misión.
- ¿Y usted de verdad piensa que Maka se quedará sin hacer nada? ¿Acaso no la conoce? ¿Qué pasará si la misión no sale como esperamos y el Kishin se descontrola? ¿¡Eh!?
- ¡Soul, basta! – Le gritó su técnica, tomando su rostro entre sus manos – Tranquilízate, por favor…
- Maka…
- Por favor – terminó rogando y, sin importarle toda la gente presente, acercando su frente para apoyarla contra la de él.
La guadaña sintió su aliento y su cálida onda de alma y cerró los ojos, respirando hondo unas cuantas veces.
La Death Room se había quedado en completo silencio. Sus amigos, a su lado, veían la escena con sentimientos encontrados: ellos sabían que Maka era un elemento primordial en las misiones para encontrar almas pero, a la vez, ninguno quería que fuera, por lo que entendían perfectamente el comportamiento de Soul al saber que su familia iría a exponerse a tal peligro. Inclusive Black Star y Kid tenían sus puños cerrados, sintiendo impotencia ante la decisión de Shinigami-sama.
- Soul-kun – Shinigami habló con voz precavida y tranquila, para no volver a alterarlo – La misión es en unas semanas. Debido a la condición de Maka-chan, no puedo obligarla a que vaya. Pero esta operación requiere de todos. No estarán solos, Spartoi completo estará ahí. Así que, por hoy, vayan a casa y piénsenlo.
El chico se soltó suavemente del agarre de su novia y le dedicó una leve sonrisa sin emoción antes de volverse a mirar al Dios:
- No hay nada que pensar, no permitiré que Maka vaya a esa misión.
Acto seguido se retiró de la sala dejando detrás un silencio sepulcral.
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Maka se sentó en el sofá con una taza de té humeante entre sus manos. Suspiró, sin saber cuántas veces lo había hecho en el día, y se recostó contra el respaldar.
Eran las 9.45 de la noche y no había visto a Soul desde que había abandonado la Death Room. Aún se encontraba bastante conmocionada con todo lo que había pasado y necesitaba reorganizar sus ideas como sea.
Luego de salir de Shibusen se habían quedado para hablar en la entrada de la escuela.
- ¡No sabía que estabas embarazada, felicidades! – aún en esa situación, Maka aceptó el abrazo de Kim y Jaqueline y las felicitaciones de Ox y Killik con una sonrisa en su rostro.
- ¿Qué vamos a hacer? – preguntó Liz con tono de voz preocupado.
- Nosotros no podemos hacer nada, es Maka quien tiene que decidir.
- Al parecer Soul ya decidió por ella.
- Estaba muy alterado.
- Como para no estarlo – murmuró Black Star, sentándose en el suelo con expresión molesta. Él no quería que su amiga fuera, por más percepción de alma que tuviera. ¡Era peligroso!
- Yo también creo que no es bueno que Maka-chan vaya – comentó Tsubaki, preocupada por la salud de su amiga y su sobrino.
- Nadie quiere que vaya – suspiró Kid, bajando la cabeza – No sé qué demonios tiene mi padre en su mente.
- Bueno, él está pensando en proteger al mundo.
- Igualmente, no puede pedirle a una embarazada que se lance a luchar contra un Kishin, es descabellado.
- Me voy a mi casa.
Spartoi volvió a mirar a Maka, quien se estaba cerrando mejor la campera.
- ¿Quieres que te acompañemos? – preguntó Patty, tomándola de la mano y sonriendo solo como ella podía sonreír.
- No, gracias Patty. Necesito estar sola. Ah, y ahora me recuerdas… - metió su mano en el bolsillo de la campera y extrajo el bombón que le había pedido a Black Star - …esto es para ti.
Los ojos de la rubia se iluminaron.
- ¿Segura que no lo quieres?
Tras negar con la cabeza, Maka le sonrió débilmente al grupo antes de alejarse caminando por la escalinata y perderse por las calles de Death City.
Y allí estaba, sentada sola en el silencio de su apartamento. Tenía mucho para pensar.
Entendía completamente la actitud de Soul. Después de todo, y por más que amara su trabajo con todo su corazón, no quería arriesgarse. Nygus-sensei le había dicho que era peligroso hacer misiones en ese estado y ella no se sentía completamente segura de correr el riesgo y adentrarse en el campo de batalla; no porque no confiara en sus aptitudes como técnico sin por los posibles "cambios de planes". Soul tenía razón en esa cuestión: si la situación se salía de control y ella era lastimada… sintió un escalofrío subir por su espina dorsal e instintivamente se llevó una mano al vientre. No quería que nada le sucediera a su bebé. Y la reacción de Soul había sido porque él quería lo mismo.
La propuesta de Shinigami-sama era clara: percepción de almas, eso era lo que necesitaban. Kid también la poseía pero no era mucho comparada con la de ella. Por otra parte, el hecho de que estuviera embarazada aumentaba la resonancia entre Soul y ella, por lo que si tuvieran que luchar en el más extremo de los casos no se encontrarían totalmente perdidos. Pero el miedo de Soul y ¿Por qué no también? el de ella, podría llegar a dificultar la resonancia.
Tomó un sorbo de té y lo escupió inmediatamente.
- Argh, esto está horrible – se quejó levantándose y yendo a la cocina para colocarle 5 cucharadas mas de azúcar.
Fue en ese momento cuando escuchó la puerta abrirse y se giró para ver a Soul entrando al departamento. Al cruzar miradas con su novia, apretó los labios y bajó la cabeza, sin saber en lo absoluto qué decir.
A Maka se le encogió el corazón al notar sus ojos hinchados. Dejó la taza sobre la mesa y se acercó para tomarlo de la mano y guiarlo hasta el sillón, sentándolo sobre él mientras ella tomaba lugar frente a él, apoyada en la mesa de té. Soul continuaba rehuyendo a su mirada.
- ¿Cómo estás? – quiso saber Maka con voz suave.
La guadaña levantó sus hombros.
- Lamento haberte dejado sola allí.
- Supongo que tenías que pensar.
Tras un leve asentimiento, Soul por fin enfocó su mirada en sus jades.
- ¿Tú también pensaste?
- Si.
- ¿Y?
Maka frunció los labios.
- No llegué a nada concreto. ¿Tu?
- Lo que pienso es lo que dije en la Death Room. Aún luego de horas pensando… siempre llego a lo mismo.
La Albarn lo miró con expresión acongojada.
- Y justamente por eso me fui – dijo Soul levantando su mano para colocarla en la mejilla de su novia – Si te veía a ti colocando esta carita no podría pensar con claridad.
- No se si has pensado con claridad. – acotó ella.
- Puede ser… pero sigo sin querer que vayas.
- Soul, el mundo está en peligro, no podemos tomarnos el lujo de decidir por nuestra cuenta.
- Me da igual que el mundo o el universo estén a punto de explotar. No pondré a mi familia en peligro por eso.
El corazón de Maka saltó de alegría al oír nuevamente esa palabra. Familia. Sonaba tan bonita desde los labios de Soul.
- ¿Es porque tienes miedo de que nos pase algo?
- ¿Eso no es obvio?
- Debes confiar un poco más en nosotros…
- Confiar no es el problema. Estamos hablando de un Kishin. Luchamos contra un patético pulpo y en el medio de la batalla te desmayaste. No sabría qué hacer si te sucede eso otra vez.
Soul tenía un punto. Y ella no podía descartar esa posibilidad.
- ¿Tu quieres ir?
La pregunta del chico la tomó desprevenida. Por un momento no supo como contestar, aún no había decidido nada en concreto. El silencio por parte de su novia hizo que la furia volviera a invadir a Soul.
- ¡No puedo creerlo! ¿Realmente lo estás pensando?
- Soul…
- ¡No hay nada que pensar!
- Necesitan mi percepción de almas.
- Kid también la tiene, que Kid se encargue.
- Sabes que no se compara con la mía.
- ¡Maka, la respuesta es no! ¡No irás!
- ¡Tenemos que ayudar Soul!
- ¡No! ¡No los voy a arriesgar!
- Soul, el plan es simple – le sostuvo el rostro como había hecho a la tarde – Vamos, lo encuentro, ellos investigan y nos vamos. Simple. Nada más. No batallas, no peleas, no nada.
- Sabes que nunca sale como esperamos…
- Existe esa posibilidad pero no haré nada que sepa que puede dañarnos. ¿Acaso piensas que yo no quiero a nuestro hijo? – sus ojos se aguaron.
- Claro que no – poco a poco, la ira de Soul fue cediendo. Eso era lo que tenía Maka: la capacidad increíble de controlar sus emociones y hacerlo cambiar de opinión de un segundo al otro.
La chica respiró hondo y se sentó sobre las piernas de su arma, acunando su rostro contra su pecho.
- Iremos, haremos eso, y volveremos. Sin peligro. ¿Está bien? No lo digo porque no tenga miedo de arriesgarnos, iremos porque sé que podemos hacerlo.
- Maldición Maka – balbuceó Soul abrazándola aún más contra su cuerpo. Sus manos temblaban levemente pero era algo que no había podido parar desde que había abandonado la Death Room. – Te amo.
- Yo también te amo, Soul, todo saldrá bien. – necesitaba decirle esas palabras a su arma, aún cuando ella no estuviera completamente segura de eso.
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No podía dormir. ¿Quién podría en su situación?
Miró por milésima vez a Maka dormida sobre su pecho y recorrió su cintura desnuda con sus dedos. Se habían asegurado que todo saldría bien unas quince veces, como si ambos quisieran convencerse a la fuerza de sus palabras; se habían jurado amor eterno unas tres veces entre medio de los suspiros y jadeos desesperados mientras Soul entraba y salía del cuerpo de Maka en un vaivén perfectamente sincronizado; y la chica se había dormido hacía dos horas atrás mientras los miedos atormentaban los pensamientos de Soul.
Maka le había dicho que todo saldría bien. Pero ese sentimiento no desaparecía de su interior.
¿Realmente, saldría todo bien?
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Repito: ¿vieron? Ahora hago capítulos largos :P
¿Qué creen que va a hacer nuestra pareja? ¿Cuál será la decisión correcta? Chan channn.
¿Un review? :)
¡Les dejo muchos besos!
Hikari x Takeru
