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Drabble tres:
Días de la mafía japonesa.
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Hinata Hyuga no estaba muy segura de como paso de salir de la universidad a estar amordazada en una camioneta blindada (que no pertenecia a su familia), siendo analizada inquisitoriamente por un azabache de mirada petrea.
Sasuke Uchiha por su parte, se preguntaba: ¿Por qué él, de entre todos y cada uno de los miembros de su familia tenia que raptar a la heredera de los Hyuga?. Maldito y mil veces maldito Itachi, era injusto que tuviera más derechos solo por haber nacido unos cuantos años antes.
Más curioso que resignado, paseo su vista por la figura de la chica, parando sobre el trozo de tela negra que cubria su rostro.
Sería tan espantosa como decian los rumores como para que el patriarca de la familia Hyuga nunca quisiese mostrarla en sociedad.
¿Tendria tatujes?. No los Hyuga no se tatuaban por costumbre.
¿Piercings entonces? exasperado y maldiciendo su curiosidad insana, tiro del objeto en cuestion.
"Santa mierda, es hermosísima."
Y si bien era conocido su permanente rechazo hacie el genero femenino, como todo hombre necesitaba de vez en cuando la compañia caliente que se acobijara en sus sabanas para una noche de placer carnal.
Aunque al dia siguiente no fuera capaz de recordad siquiera el nombre de su acompañante.
Chocaron sus miradas. Negro confuso, azabache miedoso.
-¿Quien es usted?-Entre los nervios y el revoltijo de dudas sobre su cabeza, Hinata logro articular una pregunta coherente.
-Soy Sasuke Uchiha y hasta que diga lo contrario seras mi rehen- Espeto sin lugar a dudas. No estaba dando una sugerencia, era una orden.
-Es eso...- Dijo ella. Sasuke resoplo fastidiado al ver a la muchacha suspirar aliviada. Le paso por la mente que pudiera ser retrasada.
- No creo serle de utilidad a la familia Uchiha- La descarada sonreía calmadamente, como si no estuviera siendo secuestrada por la mafia japonesa.
-Buen intento- Dijo el con una sonrisa ladeada. De verdad esa chica era todo un estuche de monerias.
En tono ofendido la chica replico - Es la verdad, mi padre no movera un dedo y menos desplazara hombres para rescatarme -
-¿Quieres que te crea que Hyuga no rescatara a su heredera?- Se bufó - ¿Que tipo de padre tienes?-
-Eso mismo me pregunto yo- Muy a pesar de Sasuke, ella no parecia mentir.
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2 dias habian pasado y Hiashi Hyuga no se habia dignado en aparecerse o minimo, de dar señales de entendimiento por su hija.
Debido a ello Sasuke cargaba un humor de perros que ni el se aguantaba. Mientras tuvieran a esa chica como rehen el debia encargarse de ella.
-¿Quieres hacer algo?
-B-bueno en estos dos dias solo se ha quedado en este cuarto junto conmigo a vigilarme -
-¿Crees que estas en un parque de diversiones? No, eres un rehen-
-Pudimos habernos evitado todo esto si al igual que los demás, usted me hubiera escuchado-
-Ya has pasado por un secuestro-Dedujo-¿Quien?
- Los Inuzuka, los Aburame, los Yamanaka, tambien los Nara y recientemente los Namikaze- Mientras la chica enlistaba los apellidos con los dedos, Sasuke acababa de reafirmar su teoria. Esta chica era extremadamente retrasada y tonta.
-Eres una estupida- Desvio la mirada del puchero de la chica - ¿Quien se dejaría secuestrar tantas veces?- Reclamó y aunqie trato de evitarlo, se le escapo una renuente risa que sin querer se extendio en una sonora carcajada.
-Por favor no se burle- Exclamo la chica apenada, y con el rostro carmesí. Pero también fue contagiada y terminaron riendo juntos.
Lentamente un lazo de empatia comenzaba a formarse entre ellos.
Recuperado la calma, Sasuke hablo a la chica.
-Te consedere tu petición- Sin delicadeza arrastro a la chica por media casa.
-¿La cocina?-Pregunto cohibida por la mirada curiosa de todos los recidentes de la casa.
-Tengo hambre- Declaró sentandose en el mesanín de la barra y ordenandole con la miraba y gestos de sus manos que trabajara.
-Entendido- Con una sonrisa comenzo a cocinar, cosa que le encantaba pero que muy pocas veces podia realizar en su casa.
El Uchiha la observaba con el rabillo del ojo, aparentando no tener curiosidad. Paseandose por la cocina, la chica se desenvolvia muy bien y un delicioso aroma comenzo a inundar la habitacion.
Sin descaro describio el cuerpo femenino delante suyo. Tenia un bonito trasero, redondo y grande. Unas piernas torneadas, un rostro exageradamente cautivador y, aunque Sasuke nunca se considero un pervertido, la chica contaba con unas dotes delanteras bastante... suculentas.
-Ya esta listo- La melodiosa voz y un plato de comida recien hecho le devolvio a la realidad de entre sus pensamientos pecaminosos y el problema atorado dentro de sus pantalones.
Esa chica era un peligro para su integridad.
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Hinata se sentía dentro de un sueño. Cuatro dias habian pasado desde su secuestro por parte del azabache.
Y no queria regresar a su casa jamás.
Ironicamente estando secuestrada se sentia mucho más libre que en toda su vida, y aunque sabia que era por obligación; agradecía la cálida compañia del muchacho.
Le habia encargado cocinar para él todos los dias, la había llevado a la biblioteca y le ayudaba a cargar las pilas de libros entre su cuarto y la biblioteca.
Conversaba con ella, y aunque fuera para mofarse, siempre lograba contagiarle su sonrisa.
Por la noche el dormia en el piso muy cerca a ella, vigilandola con esos ojos oscuros que brillaban en la oscuridad, ojos que el primer dia la intimidaron, pero que ahora anhelaba como un pecado silencioso y lujurioso.
No era ciega, ese muchacho era toda una tentación con patas.
Hinata nunca se considero pervertida, pero en la noche cuando el calor los abochornaba y él pensaba que ella dormía. Admiraba al chico desnudarse hasta quedar en ropa interior, a su lado. En la mañana cuando ella despierta, el ya tiene su ropa de nuevo.
Era esto a lo que llamaban sindrome de estocolmo, a Hinata dejo de preocuparle pasada la tercera noche.
Y se dejo caer en las redes pasionales del anhelo, deseaba que el la tomara entre sus fornidos brazos y la hiciera gritar al punto del extasis, donde no recordaría ni su apellido.
¿Donde quedo esa pequeña niña recatada que se sonrojaba con las escenas eroticas de sus novelas romanticas?.
En lo oscuro de su conciencia, la parte que suprimio toda su vida viendo a sus amigas salir con chicos y cogiendo con uno diferente cada semana. Porque los Hyugas eran puros y castos, reteniendose a las pasiones que los alejaban de ser mundanos corrientes. Lo que nadie sabia es que eran mucho peor.
-Es hora de la cena- Anuncio él con la voz grave y ronca que a Hinata derretía. Entre sus cavilaciones se le había ido todo el día.
En un estado de semi-inconciencia y ardiendo en un sentimiento hasta entonces desconocido para ella, se lanzo sobre el objeto de sus deseos.
-Entonces comemé- Devoro su boca, Sasuke sorprendido ante la intromision, solo atino a levantarla por los muslos sintiendo las piernas femeninas aferrarse a su cintura.
Mandando su raciocinio al infierno, correspondio el apasionado jugueteo de lenguas, batallando con la contraria.
Cuando el oxigeno fue suprimido se vieron forzados a separarse por un ligero hilo de saliva, mirandose a los ojos centellantes lo entendieron: Cayeron en algo mucho más prolematico que la pasion y el deseo.
Volviendo a juntar sus bocas con desespero, se tiraron sobre la cama que fue ocupada recientemente por la chica en los ultimos dias.
Hinata debajo de Sasuke y con las piernas aun enrolladas en su cintura podia sentir su exitacion. La dureza de su miembro palpotaba entre sus piernas.
Besos humedos recorrian el cuello blanco de la chica y unas manos expertas masajeaban sus senos rudamente. Sasuke no podia detenerse.
La chica gimoteaba de gusto y entre más lamidas y mordidas, su blusa desaparecio, al igual que su sosten.
Sasuke expectante ante la perfeccion de esos senos, sonrio de dicha.
-P-por favor no me mire asi- Respondio ella abochornda cubriendo con sus brazos su parte delantera.
-Eres increiblemente perfecta- Hinata rebusco mentira en aquellos ojos oscurecidos por el deseo, pero no la encontro. Los hombres siempre miraban sus pechos y le decian obsenidades. Sasuke no miraba a sus pechos, Sasuke le desnudaba el alma.
Lentamente retiro los brazos, recibio su recompensa.
Sasuke estrujaba de nuevo sus pechos y con sus dientes mordia ligeramente sus pezones, mandando espasmos electricos por doquier. Endureciendolos al estante.
Sentia desbordarse, y en un intento de mantener el control afianzo el agarre de sus piernas.
-Vas a matarme- Se quejo Sasuke empezando a senrir su ereccion doler ante el constante roce.
-Lo siento- Lentamente aflojo su agarre. Dando cabida a Sasuke para quitarse la camisa, ante la escrutinia mirada de ella. Lo deseaba.
Por darle gusto y cayendo en la vanidad que siempre lo caracterizo, le ordeno colocarse de rodillas.
-Tócame- Miro duda en su miraba, una mano temblorosa se coloco en en el bulto enfundado en el boxee, y por sobre la tela comenso a masajearlo.
Un ronquido de aprobacion fue todo lo que Hinata necesito para retirar los boxers y tocar en condiciones su longitud. Rodeando sus dos manos en la masculinidad del azabache. Subiendo y bajando. Apretando y acariciando.
Acerco sus tetas y para sorpresa de Sasuke, estas encerraron su miembro, reaccionando con un sonoro jadeo cuando la pequeña lengua daba largas lamidas, sintiendo la suavidad y la humedad, Sasuke sentia desmayarse.
Sintiendo su orgasmo llegar, Sasuke aparto a Hinata y volvio a colocarse sobre ella, retirando la falda y bragas en el proceso.
-Parece que ya estas lista- Palpaba la humedad de su centro e inteodujo sus dedos para asegurarse. Ella estaba a punto para el.
Asi que lentamente se adentro en ella, rompiendo la barrera que demostraba su pureza. Esa chica siempre lograba sorprenderlo.
-Eras virgen- Ella asintio apenada. Sintiendose empatico por una vez en su vida, se detuvo dentro de la temblorina chica que trataba de controlar las sensaciones.
Al cabo de unos segundos ella comenzo el vaiven suave que marcaria el inicio de una noche desenfrenda.
Se amaron y dejaron fluir sus instintos hasta quedar rendidos. ¿Cuanto tiempo habia pasado?, no les importo. Lo unico era que estaban ahora y juntos.
-¿Te iras?- Pregunto Sasuke relajado.
-¿Me dejaras hacerlo?-
-No-
-Entonces tienes tu respuesta.- Y ella jamás mentia.
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