Disclaimer: Los personajes de One Punch Man no me pertenecen, sino a su autor (a nomino), El manga es ilustrado por Yusuke Murata y One (historia), el anime pertenece a los estudios Madhouse. Este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Personajes: Saitama/Genos

Aclaraciones y advertencia: Este fic romance, lemon, mención de mpreg y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

Resumen: Omegaverse.Genos hará lo imposible para demostrarle a Saitama que él es digno de estar a su lado y formar un vínculo entre alfa y omega.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

En la imperfección, está la perfección

Capítulo 04.- Celo

—N-no quiero… —gimió. Con paso trémulo se dirigió al baño, necesitaba urgentemente, encontrar algo de alivio y el agua fría era lo único que podía conseguir, al menos por el momento.

Pero no pudo alcanzar su objetivo; se desplomó a mitad de la sala, sus piernas habían dejado de funcionarle. No podía ponerse de pie; sus extremidades se sentían como gelatina; el cuerpo entero ardía y temblaba con la impetuosa necesidad de ser tomado, inseminado, anudado. Podía sentir las piernas débiles y el simple roce de las prendas le arrancaba gemidos de placer. Se desgarró la ropa, urgido por sentirse desnudo contra el frío suelo. El líquido que escurría entre sus muslos desde su obscenamente húmeda entrada.

Gimió. Saitama no podía recordar la última vez que sufrió un celo tan intenso, ni tan doloroso. ¿Es qué estaba experimentando todos los celos que no tuvo durante esos años?

Intentó masturbarse, pero su miembro no cedía, y sus dedos, en su interior, no hicieron más que aumentar la sensación de vacío que sentía. ¿Estaban las puertas y las ventanas abiertas? Quizás algún alfa pudiera oler su necesidad y tomarlo salvajemente. Maldijo al recordar que nadie más que él y Genos vivían en aquella zona y que la mayoría de los kaijin no se veían afectados por el olor de un omega en pleno celo. Lo que daría porque alguien apareciera y lo tomara violentamente. No tenía que ser Genos (aunque en definitiva lo prefería). Ya sólo podía pensar en ser poseído por un Alfa grande y fuerte, con aroma varonil y un pene inmenso que se anudara dentro de él. La sola idea hizo que su excitación aumentara. Casi llorando volvió a intentar con sus dedos; nada, el calor no le dejaba.

Genos regresó a casa luego de hacer unas pequeñas compras, planeaba hacer una cena especial a su maestro como disculpa por haberse ido tanto tiempo sin avisar y por huir del apartamento.

Al llegar a la puerta del piso que compartía con su sensei, se quedó quieto. Podía percibir un olor dulce, salvaje; su cuerpo se tensó, pasó saliva, tratando de controlar su lado alfa que le exigía entrar y poseer al omega; no quera hacerlo, no quería entrar y abusar de su maestro en ese momento de necesidad, retrocedió un paso, dispuesto a irse, pero la voz de Saitama, gimiendo y rogando por alivio, lo clavó al suelo.

—Sensei —ronroneó. Abrió la puerta, casi arrancándola del marco; al instante, el tufo de hormonas inundó sus sentidos, jamás había estado cerca de un omega en celo, sus padres siempre tuvieron cuidado de eso.

Genos se sentía mareado; luchaba por mantener la cordura. Buscó a Saitama con la mirada, jadeó al encontrarlo sobre su futón, con el rostro pegado a la almohada jadeando contra el lecho ajeno, desnudo y con el trasero elevado, masturbándose con desesperación.

—Sensei… —Cuando Saitama volteó el rostro, el cyborg apenas tuvo unos segundos para disfrutar de la vista.

Su rostro sonrojado era casi tan sensual como sus manos que se movían agitadas en un infructuoso intento por auto complacerse. Aquella erótica visión se esfumó en segundos cuando su protagonista salto del futón, para rodear al rubio con sus brazos temblorosos y fundiéndose con él en un beso húmedo y tan cargado de deseo que Genos apenas atinó a corresponder, aferrándose firmemente a sus caderas mientras era arrastrado en dirección a futón entre besos húmedos y caricias torpes.

—Sensei…

—Genos… por favor… te necesito —la voz de Saitama era una mezcla de dolor y placer insatisfecho. Su maestro sufría y como su discípulo no podía permitirlo. —Métemelo… Por favor… — El cyborg se mordió los labios ante aquella petición. Le pidió darse la vuelta y observo a su sensei acomodarse obedientemente.

Genos se relamió los labios. Podría pasar horas observando aquella hermosa espalda pálida que desembocaba en un trasero firme y apetitoso, casi tan ansioso como su entrada que exhibía descaradamente para él. Sólo para él, el cyborg se sentía inmensamente feliz por tal privilegio.

El rubio se agachó y besó los glúteos de su maestro con adoración. Saitama sintió aquello y se desesperó; necesitaba a Genos dentro de él ¡y lo necesitaba de inmediato!

—Sensei…

—Genos… por favor… te necesito —la voz de Saitama era una mezcla de dolor y placer insatisfecho. Su maestro sufría y como su discípulo no podía permitirlo. —Métemelo… Por favor… — El cyborg se mordió los labios ante aquella petición. Le pidió darse la vuelta y observo a su sensei acomodarse obedientemente.

Genos se relamió los labios. Podría pasar horas observando aquella hermosa espalda pálida que desembocaba en un trasero firme y apetitoso, casi tan ansioso como su entrada que exhibía descaradamente para él. Sólo para él, el cyborg se sentía inmensamente feliz por tal privilegio.

El rubio se agachó y besó los glúteos de su maestro con adoración. Saitama sintió aquello y se desesperó; necesitaba a Genos dentro de él ¡y lo necesitaba de inmediato!

Saitama contuvo el aliento cuando algo húmedo comenzó a penetrarle; Genos metía y sacaba la lengua de la pequeña cavidad, que se abría ansiosa.

—Te necesito… te quiero dentro… —rogaba el calvo quien, para ese momento era un manojo tembloroso y excitado.

Genos dejó la entrada y siguió besándolo ascendentemente, por la columna, erizando la sudorosa caliente piel de su maestro, acariciando el necesitado cuerpo con el suyo propio, hasta que su en el cuello del calvo y su miembro acarició la fisura de Saitama suavemente.

El omega tembló del placer y suspiró el nombre del cyborg, no podía soportarlo más, y su propio miembro rogaba por atención prontamente.

—Genos… ahh… por favor… —Saitama contuvo el aliento cuando algo húmedo comenzó a penetrarle; Genos metía y sacaba la lengua de la pequeña cavidad, que se abría ansiosa.

—Te necesito… te quiero dentro… —rogaba el calvo quien, para ese momento era un manojo tembloroso y excitado.

Genos dejó la entrada y siguió besándolo ascendentemente, por la columna, erizando la sudorosa y caliente piel de su maestro, acariciando el necesitado cuerpo con el suyo propio, hasta que se detuvo en el cuello del calvo y su miembro acarició la fisura de Saitama suavemente.

El omega tembló del placer y suspiró el nombre del cyborg, no podía soportarlo más, y su propio miembro rogaba por atención prontamente.

Genos cogió a su maestro por la cintura y lo posicionó. Su primera estocada, certera, le dejó en claro la lubricación serían un problema. Saitama soltó un gemido ahogado, cerrando los ojos para disfrutar de ese miembro caliente que comenzaba a moverse en su interior, ansioso por complacerlo. No tenía idea de que podía sentirse tan bien tener de alguien en su interior; las veces anteriores habían sido una tortura que ni el celo lograba ocultar, pero ahora, era diferente; Genos priorizaba su placer en lugar del propio.

El cyborg continuó bombeando vigorosamente dentro de su maestro, enterrando sus largos dedos en su cintura y jadeando suavemente en su hombro. Era una locura. Saitama jamás se había sentido tan ardiente y tan satisfecho al mismo tiempo, sin embargo, cuando el menor comenzó a lamer ese preciso punto entre su cuello y su hombro; se tensó al recordar entre brumas, cuando fue marcado por Ryuu.

—N-no… —gimió con una mezcla de excitación y miedo.

Genos se separó de Saitama, saliendo por completo de él. Tal acción hizo que el calvo creyera que el cyborg se había molestado y que ahora, lo dejaría así; hambriento y necesitado, muy por el contrario, el rubio le dio la vuelta y se posicionó entre sus piernas, penetrándolo nuevamente.

—Sensei —dijo Genos con voz gruesa —. Lo quiero —y lo besó. A pesar del fuerte olor a omega fértil sin marcar que lo instaba a tomarlo, anudarlo y deja poseerlo; resistió la tentación. No haría nada sin el consentimiento de su maestro.

Genos no podía resistirlo mucho más, apenas sintió su miembro hincharse para formar el nudo besó a su maestro para evitar la tentación de marcarlo. Saitama aceptó el contacto gustoso, disfrutando de los mimos, mientras sentía el semen caliente llenándolo por completo, algo en eso —atrapado como estaba por el nudo de Genos—, se sentía correcto, como jamás creyó experimentar y no tenía idea lo mucho que lo había necesitado.

Mirándose frente a frente, sin poder separarse por unos cuantos minutos, le dio un vistazo a su compañero. Pieles sudorosas, bocas entre abiertas que no tardaron en unirse nuevamente.

Saitama gruñó de felicidad, por primera vez se sentía pleno como Omega.

Había logrado satisfacer plenamente a su Alfa, el éxito se le antojaba extraño pero correcto y lo disfrutó hasta que el nudo se suavizó y el calor volvió a surgir; Genos debió sentirlo también, pues ya estaba listo para continuar como si no hubiese tenido un orgasmo minutos atrás. Sería días deliciosamente largos. Ambos gozaron con la expectativa.

Saitama fue separado del futon, quedando a horcajadas sobre las piernas del cyborg, que lo empalaba tan deliciosamente. Las manos de Genos sujetaron firmemente sus caderas mientras lo penetraba.

Se aferró a los hombros del rubio, mientras éste se erguía, andado por el pequeño departamento, hasta que la espalda de Saitama chocó contra la pared. Comenzando un nuevo vaivén.

Deseó que sus gemidos incomprensibles fueran pago suficiente para un rubio cariñoso y claramente entregado que aun en la euforia del calor, guardaba la suficiente conciencia para controlar su instinto y no marcarlo. Besarlo cariñosamente mientras se acurrucaba contra él en espera de que el nudo se suavizara y pudieran separarse. Todo a su alrededor parecía cobrar sentido. Ese era su destino.

Genos lentamente se había convertido en una parte importante de su vida, primero como un alumno autoimpuesto, luego como amigo y ahora como su…

Cuando Saitama despertó, lo primero que experimentó fue hambre. Recordó lo que había sucedido durante esos últimos días. El color subió a sus mejillas. Se giró sintiendo una extraña mezcla de alivio y decepción al encontrarse solo entre las sábanas revueltas del futón del cyborg que olía a su dueño.

El cuerpo le dolía. Una cuidadosa inspección le dejó claro «nuevamente desilusionado y aliviado», que no poseía marca más allá de un par de moretones en los muslos, el pecho, los tobillos y seguramente la espalda, además de esa sensación pegajosa que Saitama decidió ignorar.

Recordaba los últimos días como un torbellino. El placer y también la falta de vergüenza o decoro. Ryuu, nunca lo hizo sentir así, tan irremediablemente satisfecho que no creía poder volver a sentir placer si no era en las manos de Genos. Lo sorprendente fue la facilidad con que el miedo y sinsabores se desvanecieron con el simple toque del cyborg. Jamás había terminado un celo plenamente satisfecho, con un compañero preocupado por darle placer y comodidad. El sonrojo en sus mejillas aumentó al recordar lo atractivo que le pareció Genos con ese nuevo cuerpo. Con esa piel inusualmente suave; sudorosa (sea lo que sea que hubiese hecho ese científico loco, no podía evitar más que pensar que era un genio). Su miembro, grande, grueso, hinchado y ardiendo por él.

Hablando del diablo. ¿Genos se habría ido nuevamente? No quería verlo y confirmar que el cyborg estaba molesto o herido por no haberlo podido marcar o peor aún que se sintiera culpable por haber "abusado" de su maestro cuando éste se encontraba tan vulnerable, cuando era todo lo contrario, Saitama, muy a pesar de las brumas del celo, habría podido resistir los avances de cualquier alfa que no fuese su cyborg estudiante.

Pensó en darse un baño, pero no podía ponerse de pie. Sus piernas temblaban y terminó de nuevo tumbado en el futón, apenas capaz de ponerse la arrugada camisa de Genos encima cuando éste salió de la cocina ¿tan ensimismado estaba para no notar al rubio a unos metros de él?

Saitama lo miró con aquella expresión neutral que tanto lo caracterizaba, ocultando exitosamente La terrible necesidad que tenía por abrazarse a él y no dejarlo ir.

Genos llevaba un par de pantalones de dormir, su pecho desnudo mostrando la perfección de su musculatura, cabellos revueltos. Lucía tan desaliñado y humano que Saitama se le quedó mirando azorado. Llevaba en las manos una charola con comida fragante recién preparada.

—Buenos días, Sensei.

—Buenos días.

Ambos se dedicaron a desayunar en un incómodo silencio. Genos observaba de vez en cuando a su sensei; ahora que la fiebre del celo había pasado y la necesidad alfa de poseer «y someter» a un omega fue relegada al rincón más oscuro de su mente; tuvo tiempo de sentirse avergonzado por su proceder. Se comportó igual que todos esos alfas en el pasado de su maestro, aquellos que sólo lo habían usado para su propio beneficio. No merecía permanecer al lado de su sensei.

—Genos —el aludido observó al héroe calvo. Saitama podía ver la desolación en esos ojos artificiales, ¿cómo era posible? —Sobre lo sucedido…

—¡Perdóneme Saitama sensei! —exclamó el cyborg; se había arrodillado, con la frente pegada al suelo; el mayor suspiró, debió haber imaginado un comportamiento así de parte del rubio.

—Genos —dijo Saitama, obligándolo a mirarlo de frente —. Tú no hiciste nada malo.

—Abusé de usted —el cyborg pronunció aquellas palabras tan desoladoramente que fueron como dagas para el hombre calvo.

El omega dentro de Saitama le exigía reconfortar a su alfa «porque Genos ya era suyo», lo tomó por las mejillas y besó su frente, sorprendiendo a ambos por tal acción, era tan extraño el contacto físico entre ellos (sin contar lo sucedido durante el celo), pero esto se sentía tan natural y correcto.

—No hiciste nada malo —Genos se sonrojó haciendo que Saitama sonriera; era tan raro ver a un alfa en tan tierna situación.

—¿Puedo intentarlo? —preguntó el cyborg con timidez —Estoy enamorado de ti, sensei, ¿puedo cortejarte?

Saitama estaba tan sorprendido que no se dio cuenta en qué momento, Genos había colocado una cuponera entre sus manos, y no era cualquier cuponera, era una de edición limitada con descuentos que iban desde el 25 hasta un fabuloso 70% (acumulable con otras promociones), y sólo habían sacado a penas una centena para ser entregados a ciertos clientes, ¿cómo es qué Genos lo consiguió?

—¿Puedo intentarlo? —repitió el cyborg, ¿Qué debía contestar?

Continuará…