Seguia lamiendo mi mano como un animal en plena limpieza mientras que Norge se tumbaba en la cama, dandome la espalda. Tuve la libertad de contemplar cada detalle de su cuerpo y darme cuenta de muchas cosas, como su delgadez o lo pequeño que resultaba sin ropa.
Queria decir algo pero no encontraba las palabras, ya que, siempre suponía que si se diera esta ocasión, nos quedaríamos en la cama abrazados diciendo lo mucho que nos queríamos, o eso era lo que sucedía en mis sueños con aquellos marcos floreados que me indicaban que eso no era real, ni mucho menos. Ademas, a parte del detalle de las flores faltaba algo, y es que no me había dicho que me quería.
Y yo tampoco se lo dije...
-Noru... te quiero.-
Esperé la respuesta de sus labios, un beso, un abrazo, cualquier señal, pero solo me miró de reojo como si quisiera aniquilarme con esa mirada, entonces me di cuenta del error que acababa de cometer.
Al intento de replicarle cualquier cosa, la mas mínima, mi voz quiso dejarme en ridículo, con la boca abierta y los pensamientos en mi cabeza, sin emitir ningun sonido.
¿Ahora que? Él seguía sin hacer nada y me sentía frustrado, mi pecho me estaba apretando y mi cabeza se notaba helada, durante un momento no sentí que mis ojos se volvían hacia arriba, dejando todo mi espacio en blanco pero, el hecho de que casi me caia al suelo de boca me hizo volver en si. Había muerto, sin duda, yo sentí que me acababa de matar.
Con mi mano medianamente limpia, decidí volver a vestirme con lo que tenía puesto antes, prescindiendo de colocarme la corbata y, sin decir nada, quise salir de esa habitación a la que no quería volver durante un tiempo. Antes de dar un paso noté como una mano se enganchaba en mi pantalón, era fácil saber de quien era, decidí no volver la mirada.
-¿Te vas?-
-Si, solo un momento.-
-¿A donde?-
-A respirar algo de aire.-
-Den... escucha...-
Al fin, al fin iba a decirme esas dos palabras por las que llevaba esperando desde que le conocí y mas aun, desde que... hice lo que hice, volví la mirada hacia atras con la sonrisa mas dulce que pude tener. -¿Si?-
-Compra leche.- Eso no era exáctamente lo que quería escuchar... ni por asomo. Volví a mirar hacia el frente e hice el amago de seguir andando, Noru finalmente me soltó.
-Esta bien.-
Ignorando todo lo que había por delante, caminé rápidamente hacia la puerta, como si me faltara el aire dentro de esa casa donde estábamos los tres. Cuando estuve en la calle dí una gran bocanada de aire helado, aquel día nevaba, como la mayoría de ellos. Echaba de menos mi hogar, mi tranquilidad, mi soledad. Habría hecho cualquier cosa para volver a recluirme.
Miré hacia el cielo, era una noche nublada, ni siquiera podía ver las estrellas o la luna, era una noche vacía, como la mirada de Noruega. Contemplando esa profunda inmensidad recordé algunas palabras que me llamaron bastante la atención, pensé con detenimiento en la situación y no tenía sentido alguno.
Mi cara empezaba a notarse mojada, no precisamente por los copos que se derretían con el ardor de mi piel, eran las lágrimas de sentirme como la mierda mas miserable del mundo entero, de haber sido utilizado tan fácilmente después de mostrar algo de caracter, de haber sido un completo gilipollas por haberle dado una oportunidad a lo que yo creia que era amor.
Eso no era amor, me negaba a creerlo.
Tras volver la vista hacia la casa, la luz de aquel cuarto se había apagado y me sentí aun mas menospreciado, mi vaso había colmado no por varias gotas, sino por una cascada de agua, y con ese sentimiento eché a correr entre la niebla sin rumbo alguno. Yo no quería estar ahi y volver a mirarle a la cara.
No se cuanto tiempo me pase corriendo, varios minutos seguramente, no se hacia donde fui pero llegue a un parque infantil donde decidí sentarme en uno de los frios y mojados bancos para reflexionar un poco. Posé mis codos sobre los muslos y, curvando un poco la espalda, sostuve mi cabeza con las manos para continuar con mi llanto, generando miles de preguntas que no tenían respuesta que me conformara.
-Nunca imaginé que en mi vida te viera asi, que pena que este día llegara.- Alguien habló cerca de mi, asomé mi cabeza de el escondite que producían mis manos y ahi estaba él.
Vistiendo con ropa ligera, ni siquiera llevaba una bufanda, sus blancos cabellos se confundían con el ambiente, su piel tan suave y pálida como la de su hermano, la diferencia entre ellos dos es que sus ojos mostraban compasión y amabilidad. Cargaba en su mano una bolsa con un par de bricks de leche y Mr Puffin en la cabeza, como un sombrero.
-Ice... siento que me veas asi.-
Islandia curvó sus labios, sonriendo dulcemente y acarició mi húmeda mejilla con el dorso de su mano. Se sentó a mi lado y sacó de su bolsillo una bolsita con regalices, invitandome a uno, acepté el detalle y lo sostuve entre mis frios dedos para, mas tarde llevarmelo a la boca.
-Hablemos, Den.-
Gracias, muchisimas gracias, necesitaba hablar con alguien en aquel momento.
