4

Matt y Sora se encontraban atrapados en el ascensor después de que hubo una falla eléctrica. Mientras tanto, tras recibir el llamado a través del digivice, Tai se comunicó con Izzy para convocar una reunión de emergencia en el departamento del segundo. Aparte de ellos dos, sólo llegaron Joe, TK y Kari. Matt y Sora no respondieron, y Mimi, aunque respondió, nada podía hacer estando en los Estados Unidos.

Ante la impaciencia (y la furia sin explicación de Tai), Kouchiro trabajó duro para encontrar una forma de abrir una puerta al Digimundo y ver de qué se había tratado todo eso, esperando que no hubiera nuevos problemas o que, por lo menos, todos sus compañeros digimons se encontraran a salvo. Después de una hora de intenso trabajo, algo logró.

- No estoy completamente seguro de que esto funcione – murmuró.

- Tiene que funcionar – presionó Tai - ¿Sabes por cuánto tiempo he esperado esta llamada?

- ¿No esperaremos por Matt y Sora? – preguntó Joe.

- No contestan el teléfono. Ellos son los irresponsables que se lo pierden…

- Está bien, creo que está listo – interrumpió Izzy - ¿Confían?

- El que no se arriesga, no cruza el río – dijo T.K. Todos lo miraron - ¿Qué? Es cierto

- Está bien, ¡puerta al Digimundo, ábrete!

Los cinco chicos fueron cegados por una luz de varios colores y luego sintieron como sus cuerpos eran atraídos por una fuerza hacia la pantalla del computador, hasta que, sin darse cuenta, fueron transportados. En un abrir y cerrar de ojos tras el destello cegador de luz de la pantalla, ya se encontraban nuevamente en lo que parecía ser campo abierto en el Digimundo. Pero frente a ellos estaba Gennai, sin darles tiempo para que miraran demasiado a su alrededor.

- ¡Gennai! – exclamaron todos al verlo.

- Hola, niños elegidos. Tanto tiempo sin vernos, ¿no es así?

- ¡Diría que demasiado! – exclamó Kari con una enorme sonrisa.

- ¿Tú nos llamaste? – preguntó Izzy antes de emocionarse – Quiero decir… ¿Eres la razón por la que nuevamente sonó nuestro digivice?

- Sí. Yo lamento ser portador de malas noticias, pero—

- ¡Oh, rayos! – se quejó Joe – Todo comenzará de nuevo, ¿no es así?

- Esta vez es peor – dijo Gennai, y luego guardó silencio de manera solemne haciendo que los demás estuvieran más ansiosos aun ante la noticia – Sus compañeros digimon… Han desaparecido

- ¡¿QUÉ?! – preguntaron casi todos simultáneamente.

- ¿Cómo es posible? – pregunto Tai - ¿Está seguro?

- Muy seguro… Esperé lo suficiente por noticias de ellos antes de contactarlos, pero… Me parece que los rumores son ciertos

- ¿Qué rumores? – preguntó Izzy

- Que los digimons fueron capturados por otro digimon… Uno maligno, que ha estado juntando fuerza y secuaces en este tiempo

- Oh… Es una lástima en verdad – dijo Kari abatida – Pero, no entiendo… ¿Qué podemos hacer?

- Es cierto – murmuró Joe - ¿Por qué recurres a nosotros?, si… Sin ellos no tenemos cómo luchar…

- Lo sé, lo sé. También he pensado mucho en eso – dijo el hombre asintiendo - ¡Esperen un segundo! ¿Por qué sólo hay cinco de ustedes?

- Mi hermano y Sora no respondieron el llamado – explicó T.K. – Mimi está en los Estados Unidos

- Ya veo… Bueno, yo he estado trabajando en un pequeño artefacto. Denme sus digivices – dijo estirando la mano – Creo que yo… Puedo trabajar en ellos y hacer que alberguen un tipo de espíritu digital que permitirá que ustedes transmuten y se transformen, momentáneamente, en digimons.

Todos los chicos se quedaron en silencio mirándolo con la boca abierta.

- Estás tomándonos el pelo – murmuró Tai

- ¿Y pelear nosotros? ¡¿Te has vuelto loco?! – preguntó Joe

- ¡No tenemos ninguna experticia a diferencia de ellos! Podríamos salir realmente dañados de algo así – comentó Izzy

- Y sin embargo… - interrumpió Kari – Nuestros compañeros digimon pelearon para protegernos a nosotros un millón de veces… ¿No sería lo justo que le devolviéramos la mano?

- Sí, Kari está en lo cierto… - apoyó Tai – Ellos incluso murieron y renacieron por nosotros… Y nosotros… Bueno, supongo que es hora de darles una mano

- Pero, entienden lo que está en juego, ¿no? – insistió Joe – Podríamos literalmente morir en el intento… Y nosotros no vamos a volver a nacer. Eso ténganlo por seguro

- Bueno, sea lo que sea que hagamos, creo que lo mejor será que votemos. Tenemos que tomar la decisión juntos, y para eso sería bueno contar con la opinión de Matt, Sora y Mimi – dijo Izzy con parsimonia.

- Explícanos con mayor detalle de qué se trata todo esto – sugirió T.K – Quisiéramos saber exactamente de qué se trata eso de los espíritus digimon

- En el pasado, cuando el Digimundo estuvo en peligro, los Guerreros Legendarios escondieron espíritus digitales por todo este planeta.

- ¿Tenemos que buscar esos espíritus? – preguntó Joe luciendo afligido.

- No, de eso ya ha pasado demasiado tiempo. Pero de seguro puedo utilizar algo de la energía de esos espíritus e intentar replicar algo de ellos

- ¿Algo de ellos? – preguntó Tai.

- Lo suficiente, para que unido con otras características y habilidades de ustedes, pueda crear digimons completamente nuevos. Aunque, no sé cómo eso va a resultar al final

- Son demasiados riesgos – dijo Joe, negando con la cabeza – No sólo el hecho de que no sepas cómo va a resultar al final, sino que quizás tu creación podría ser defectuosa. Podríamos no poder transformarnos nunca, o transformarnos para siempre

- Es un riesgo que yo estoy dispuesto a correr – interrumpió Tai, con algo de prepotencia. Joe lo miró detenidamente - ¿Qué? ¿Acaso no quieres salvar a Gomamon?

- ¡Claro que quiero! ¡Sólo detente a pensar todo lo que está en juego por un segundo!

- Tranquilos, chicos – se metió Izzy – Está claro que esta no es una decisión que hay que tomar así como así. Gennai está intentando buscar una solución para salvar esta situación y creo que lo mínimo que podríamos hacer es escucharlo y luego volver a casa a analizar todas las posibilidades

El grupo de cinco chicos se quedó en silencio tras la última interrupción, mientras Tai se cruzaba de brazos irritado. Para él era más claro que estar viendo a través de un vidrio y le molestaba que no todos hubieran saltado a ofrecerse a ayudar a los digimons, porque para peor, de seguro Matt y Sora lo estarían apoyando. Gennai parecía que decidía si continuar hablando o no, y finalmente optó por hacerlo.

- Trabajaré con sus digivices por si acaso… Sea lo que sean que decidan, estará bien. En cuanto a los otros tres digidestinados, sería bueno que vinieran a entregarme su digivice cuando puedan para trabajar en ellos también

- Nosotros les diremos, Gennai – dijo Izzy – ¡Muchas gracias por comunicarse con nosotros!

Para cuando los niños elegidos volvieron al mundo real tras recibir las lamentables noticias de Gennai, Matt y Sora continuaban atrapados en el ascensor sin poder hacer nada al respecto. El desperfecto eléctrico que había provocado que el ascensor se detuviera era, precisamente, producto de esta actividad del mundo digital. La luz se había ido en toda la zona.

- ¿Llevas el digivice en tu bolsillo? – preguntó Sora sorprendida.

- Siempre – contestó sin dejar de mirar la pequeña pantalla – Nos están llamando

- ¡Demonios! – Sora dio un puntapié a la puerta del elevador y luego intentó presionar nuevamente el botón de emergencia, sin mayor éxito – He esperado este momento literalmente por años y ahora tendré que conformarme con estar encerrada en este ascensor por tú culpa. Pero claro, de seguro a ti no te importa. Lo único que haces ahora es tocar en tu bendita banda y correr detrás de chicas

- ¡No tienes idea de lo que hablas! – dijo molesto – He soñado con este momento casi todos los días desde el día en que dejamos el Digimundo. No creas que porque he hecho otras cosas con mi vida significa que me he olvidado de lo más importante que me ha pasado

- Lo siento… ¿De qué crees que se trata todo esto? ¿Crees que tengamos que regresar al Digimundo?

- Ojalá que así sea – respondió con toda sinceridad.

- ¿Por qué no podía sonar tan sólo diez minutos antes? – reclamó Sora en un murmullo.

- No tiene caso pensar en eso ahora. Estamos atrapados aquí, quien sabe hasta cuándo – dijo mirando hacia el techo del ascensor – La cámara probablemente se ha apagado con el corte de energía. No hay nada que hacer, así que vamos a hablar, ¿quieres?

- ¿Qué tanto hay que hablar? Ayer estábamos besándonos y ahora estabas con Asuka. Creo que todo está bastante claro

- Sé cómo se ve todo esto, pero la verdad es que… Hey, Sora, ¿me estás escuchando? – preguntó, mientras Sora comenzaba a presionar el botón de emergencia unas cien veces seguidas - ¡No hay energía! Deja de ser tan molesta

- ¿Tú me dices molesta a mí? – preguntó indignada – Tú, el rey de los exasperantes

- ¡Tú eres igual! – se defendió – Quiero que me escuches de una maldita vez. Es importante

- Bien

- Esta mañana Tai me dijo directamente y no hipotéticamente, que le gustas y mucho

- Lo sé, también me lo dijo a mí. Por eso creí que lo mejor sería ser honesta con él y decirle la verdad

- Da lo mismo ahora, Sora. Si le contaste, todo se ha ido a la mierda. No sólo porque me va a partir la cara, sino porque le hicimos daño

- ¡Yo no tenía idea! – se defendió.

- ¡Los dos teníamos una sospecha! – respondió exasperado - ¿Sabes qué? No importa. La cosa es que ahora que lo sé, y que más encima lo supe por su boca, cualquier cosa que haga contigo será como traicionarlo. Y no lo haré, ya te lo dije, Tai es una de las mejores personas que conozco, no lo merece. Sin duda no me merece a mí como amigo

- No creas que te vas a zafar con este chantaje emocional. Si realmente eso es lo que sientes, pudiste habérmelo dicho

- ¡Pero si tú fuiste la que se fue arrancando ese día!

- ¡Estaba confundida! Y con justo motivo

- Por como yo lo veo, lo mejor será que no se vuelva a repetir. Y en el intertanto, creo que no tiene nada de malo si me junto con Asuka, o Mina, o quien sea

- Que honorable de tu parte

- ¿Por qué estás tan enojada? ¿Estás celosa o qué? ¿Ahora resulta que te gusto enserio?

- Sí – dijo seriamente. La noticia sorprendió ligeramente a Matt – Sólo que me tomé un poquito más de tiempo que tú antes de querer decirlo. Ojalá tú no lo hubieras hecho y ocasionado toda esta confusión

El ascensor se removió en su lugar al mismo tiempo que volvía la luz, y comenzaba su transcurso nuevamente hacia el primer piso. Los dos jóvenes se quedaron un silencio un rato, esperando a ver quién hablaba primero. El celular de ambos comenzó a sonar también, como si estuvieran recibiendo un montón de mensajes de texto y notificaciones que no pudieron recibir antes.

- Ya no importa – dijo Matt, suspirando – Tampoco me importa si te enojas conmigo. Lo único que quiero que sepas es que nada de lo que pasó o de lo que dije era mentira. No me gustaría que te fueras con la impresión de que te mentí. Como dijiste, eres mi amiga… No le haría eso a una amiga…

- Tengo siete llamadas perdidas de Tai… - comentó Sora mirando su celular, ignorando apropósito lo que Matt acababa de decirle.

- Deberías llamarlo entonces – replicó con una nota de resentimiento en su voz.

- Lo llamaré luego

- No, si es sobre el Digimundo o si es sobre lo que supo, quiero escuchar lo que tenga que decir

Matt le quitó el celular solamente para provocarla, marcó el número de Tai y llamó, colocando el teléfono en altavoz antes de devolvérselo a Sora, quien lo miraba con cara de furia extrema. El teléfono alcanzó a sonar dos veces antes de que el castaño contestara al otro lado.

- Sora – contestó Tai. Sin verlo se notaba que estaba enojado - ¿Se puede saber dónde estás? Estás con Matt, ¿verdad? ¿Por eso no fuiste capaz de ir al Digimundo?

- ¿Qué ha ocurrido con el Digimundo? - respondió incómoda.

- ¿Está allí? ¿Está escuchando esto? Mejor así. Dile que se puede ir a la mierda. Dile que es el peor amigo del mundo y dile que ojalá que nunca regrese al Digimundo con nosotros, porque claramente se equivocaron en entregarle su emblema – dijo antes de colgar el teléfono, sin esperar una réplica.

- ¿Era eso lo que querías escuchar? – le preguntó Sora a Matt.

- No, no realmente…

- Izzy quiere que vayamos a su departamento… Lo antes posible – dijo leyendo un mensaje de texto. Luego lo miró, fijándose que Matt estaba realmente triste por lo que Tai le había dicho – Lo siento... Estoy segura de que va a recapacitar y—

- Lo mejor será que no nos sigamos juntando, Sora. Necesito arreglar esto con él…

- Está bien, supongo…

Lo de no volver a juntarse fue tan enserio que decidió ir a ver a Izzy al día siguiente, mientras Sora fue aquella noche a ver de qué se trataba. El chico, un poco menor que los dos, los citó para explicarles de qué se había tratado la reunión, y para pedirles que le entregaran el digivice, para entregárselos a Gennai. Sora fue ese mismo sábado por la noche. Matt fue a la mañana siguiente.

Izzy abrió la puerta una vez más y nuevamente se encontró de inmediato con Gennai. Parecía que ahora el hombre era parte de los portales, como una especie de guardián.

- Señor Gennai – dijo estirando su mano y abriéndola. Dentro estaban los digivice de Matt y Sora – Estos son los dos últimos, además de el de Mimi… ¿Cómo vamos a volver a entrar al Digimundo sin ellos?

- Cuando haya logrado algo con estos digivices, encontraré la forma de abrir un portal entre la curvatura del mundo digital y del mundo real

- ¿Cuánto cree que demore?

- Podría tardar meses – sentenció con honestidad.

- Sólo espero que nuestros compañeros digimon puedan resistir esos meses…

Matt llegó al colegio a la mañana siguiente para ver, a simple vista y a metros de distancia, la cara irascible de Tai. Nunca antes lo había visto tan furioso, y le asustaba y le dolía que fuera por su culpa. Pero, ¿qué podía hacer? Él era su amigo, tenían que enfrentarlo y de seguro todo terminaría felizmente y con rapidez si le explicaba que había sido un error inocente.

- Hola, Tai – dijo dejando su bolso sobre la mesa.

- ¿Qué quieres? – preguntó enojado.

- Nada… Sólo vengo a sentarme en mi puesto que está… Inconvenientemente junto al tuyo – dijo sonriendo nervioso.

- Entonces toma asiento, mi "amigo" - Tai se giró en su eje para empujar, con el pie, el puesto completo de Matt alrededor de un metro hacia el lado izquierdo, quedando ambos bancos separados por un espacio bastante notorio.

- Tai – volvió a murmurar.

- ¡¿QUÉ?!

- ¿Puedes calmarte?

- Lo que quiero es que te vayas al carajo

- Pero Tai, tenemos que hablar de esto y solucionarlo – dijo algo complicado – Porque… Inconvenientemente, también tenemos educación física en un rato

Tai lo miró con una sonrisa que, a gusto de Matt, fue diabólica. Diabólica nivel Diaboromon. Y no supo exactamente por qué era hasta que, después del primer recreo, todos los hombres del curso fueron a cambiarse para educación física y tuvieron que jugar un partido de fútbol en donde Tai le pegó, completamente apropósito, entre tres y cuatro patadas.

Hasta que él perdió la paciencia y terminó por empujarlo.

- ¡¿Se puede saber qué te pasa, maldito idiota?!

- ¡Tú sabes exactamente lo que me pasa, "amiguito"!

Tai le arrojó un puñetazo directo a la mandíbula. No era la primera vez que llegaban a las manos, pero era la primera vez que Tai comenzaba la pelea. Pero Matt no era de los que se quedaba pensando si lo correcto era responderle o no. Simplemente le pegó de vuelta, y terminaron revolcándose en el suelo mientras todos sus compañeros iban a separarlos.

- ¡Ya basta! – dijo el profesor, al mismo tiempo que Nori o Yoshio tomaban a Tai por los hombros – Taichi, te vas a quedar sin el campeonato si continúas

- Quiero matarlo – murmuró Tai, sacudiéndose a sus amigos para soltarse.

Tras unos tensos segundos, decidió encaminarse a los camerinos, mientras Matt hacía lo mismo, pero yendo camino a la sala de música, en donde siempre practicaba con su banda. La verdad era que Tai no estaba decididamente enojado por lo que había pasado entre Matt y Sora. Eso, más que cualquier cosa, le dolía. Lo que lo enfurecía era el hecho de que Matt, a quien pese a todas sus diferencias consideraba su mejor amigo, lo había traicionado.

Al regreso del descanso de educación física, todos estaban comentando que Tai había golpeado a Matt durante un partido de fútbol, pero la gran mayoría había asumido que simplemente alguno de los dos se había picoteado por el juego, y no que había una reacción de ante mano. Recién en las siguientes horas de clases se dieron cuenta de que el banco de Matt estaba separado del de Tai, y que ninguno de los dos se seguía hablando.

- Señor Kamiya – dijo el profesor de Historia Universal – Señor Ishida, ¿se puede saber porque hay un espacio entre sus bancos?

Los dos orgullosos chicos no respondieron, esperando que el profesor se hiciera una idea.

- Hice una pregunta – continuó.

- Señor, de hecho, quisiera saber si podría cambiarme de banco y sentarme con otra persona – requirió Tai, siempre mirando de reojo a Matt.

- En mis tiempos, ¿saben cómo se solucionaban estas cosas?

La sala entera estaba en silencio y con la atención puesta en el profesor, que a veces tenía un sentido del humor muy peculiar, y sutilmente disfrutaba humillando a sus alumnos por ese tipo de cosas.

- Vayan afuera y no regresen hasta que hayan solucionado sus problemas

- ¡¿Qué?! – preguntaron ambos chicos, indignados.

- ¡No puede hacer eso! – alegó Matt.

- Por supuesto que puedo, y lo harán. Y de seguro algún día me lo agradecerán. Vamos chicos, a fuera – dijo abriendo la puerta.

Se sintieron un par de risitas y murmullos por toda la sala, al mismo tiempo que Tai y Matt se ponían de pie lentamente y con una mueca de irritación. Ambos se encaminaron hacia la puerta y salieron sin decir palabra, y una vez en el pasillo, el profesor cerró por dentro. Pero a Tai no le importaba si incluso un profesor los quería hacer hablar. Él no se sentía con ganas de arreglar las cosas con Matt.

Comenzó a caminar por el pasillo con dirección al patio, y Matt lo siguió.

- No me sigas

- Creo que necesitamos hablar de lo que ocurrió

- ¿Ahora quieres hablar? Pensé que el problema comenzó porque no me quisiste contar algo importante – dijo ignorándolo, mientras continuaba caminando.

- No sabía si debía decírtelo. No quería hacerte daño… Eres mi mejor amigo

- Los mejores amigos no hacen lo que tú hiciste

- Estoy de acuerdo – dijo asintiendo – No estoy intentando excusarme de eso. Sólo ocurrió… No fue intencional

- "Sólo ocurrió", "sólo ocurrió" – repitió irritado - ¿Se puede saber qué demonios significa eso? ¿Ibas caminando, te tropezaste y caíste justo encima de su boca?

- No. Lo que quiero decir, supongo… Es que no pude evitarlo

- Eso es realmente genial – contestó con ironía – Era justamente lo que quería escuchar. Además, no me refería a eso exactamente, sino al hecho de que me lo ocultaste

- Debí ser honesto contigo desde un inicio…

- Matt, ¿sabes que pienso? Que fue como decirte que me interesaba una chica para que fueras tras ella. Creo que antes de que empezaras con todo ese tema, nunca te habías fijado ni remotamente en Sora. Al menos no como una chica

- ¡Claro que no!

- ¿A quién quieres engañar? No se parece en nada al tipo de chicas con las que siempre has estado

- De verdad sólo ocurrió – se lamentó en voz alta – No sé qué hacer para que me creas. Fue un error… Y te prometo que nunca más haré algo así

- ¿Mentirme?

- Lo prometo. Incluso si se trata de la verdad más horrible de todas, te diré la verdad

- Entonces deberías decirme la verdad de por qué besaste a Sora y no esa excusa barata de que "sólo ocurrió".

- Tai, de verdad sólo ocurrió – repitió exasperado - ¿Por qué te interesa tanto saber el trasfondo que hay detrás de eso? Estábamos conversando y de pronto la besé, ¿de acuerdo? Estaba… No lo sé, vulnerable. Y ya llevábamos demasiado tiempo viéndonos los últimos días. Fue una suma de cosas

- Y el motivo por el que no me lo dijiste fue…

- Es obvio, ¿no? Me dio miedo como fueras a reaccionar

- ¿Esta reacción te parece mejor? – preguntó enojado – Hubiese podido perdonarte si me lo hubieras dicho enseguida, pero ahora lo único que conseguiste fue que perdiera toda la confianza que tenía en ti

- Pero tal vez pueda arreglarlo

- Sí, tal vez puedas – reconoció – Pero ya no quiero ser tu amigo. Nunca trae nada bueno

Matt lo miró fijamente sin saber qué responderle. Usualmente no tenía ningún problema en ganar una discusión, y probablemente se debía a que siempre tenía una actitud relajada mientras que era el resto el que se exasperaba y terminaba perdiendo los estribos. Pero ahora no sabía qué responder, porque en el fondo, quizás Tai tenía la razón…

- Si quieres junta el banco al mío en clases – continuó el castaño, encogiéndose de hombros – De cualquier forma ya no hablamos demasiado desde que crecimos. Las últimas semanas me dio la impresión de que sí, pero supongo que me equivocaba…

- Pero y tú… ¿a dónde irás?

- Eso no te importa. Hasta luego, Matt

Tai se alejó hasta que se perdió tras salir por la puerta de vidrio que daba hacia el patio de la escuela. A los pocos minutos comenzó a llover.