- Cazando.

-¿Es que te alegras de verme?- comentó el espadachín, como si de la hora se tratase, al notar el nada disimulado bulto en los pantalones de Usopp. Casi habían chocado cuando Zoro pretendía entrar a la cocina con intenciones de roba-, digo, de tomar prestada una botella de sake (que después devolvería, vacia, claro) y el artillero procedía a salir con visible prisa.

Ante el comentario del primero de a bordo, el chico se sonrojó con violencia, murmuró algún rápido insulto y salió corriendo, seguramente a tomar medidas en contra de su urgente problema inferior. Zoro tan sólo se encogió de hombros ante el extraño comportamiento y entró a la cocina. Se sorprendió un poco al no ver a nadie, pero no perdió oportunidad. Haciendo se con el alcohol, salió del lugar antes de tener a un molesto cocinero encima, jodiendo.

Susodicho cocinero apareció desde la despensa momentos después, con una sonrisa satisfecha sobre los labios, la cual se fue desvaneciendo, al ver la falta de cierto tirador que antes le hacía compañía, para dar lugar a un ceño fruncido. Se le había vuelto a escapar. Aún así, la anterior sonrisa volvió a tomar su lugar sobre los labios del rubio. Sí, se le había escapado, otra vez, pero sabía lo que estaba haciendo. Y eso era suficiente para complacerlo.

Seguramente, la próxima vez estaría con Usopp en esos momentos y podría ayudarle, pensó el chef mientras procedía a darle el toque final a la cena. Y lo más posible era que esa próxima vez se diese esa misma noche.

Que oportuno que justamente el artillero tuviese el primer turno de vigilancia y él, el segundo. Sanji dejó que una languida sonrisa tomase forma sobre su cara. Sí, esta vez no se le iba a escapar.