Iván soltó una risita, y subió la escalerilla primero, mientras que Nee se quedaba justo detrás, inquieta.

—Iván… —Dijo en voz baja, viendo como su compañero se perdía entre el cuadro.

Pero al segundo dio un respingo, por que, literalmente, Iván desapareció.

—¿E-está todo bien-aru? —Se atrevió a preguntar, subiendo la escalerilla lentamente.

No hubo respuesta.

Se asomó al pasaje del cuadro parsimoniosamente, angustiándose un poco más al verlo muy oscuro. Aun le quedaban un par más de peldaños que subir, pero…

—Que… ¡! ¡kyaa!

Dejó escapar un chillido, cuando una mano salió desde el otro lado del cuadro, y tiró de su brazo, jalándola hacia adentro. Gritó cerrando los ojos, muerta del miedo, esperando por lo menos una caída fatal. Pero ésta nunca llegó. En cambio, unos brazos le evitaron el golpe, y la sujetaron con fuerza, pero sin hacerle daño.

—Nee… abre los ojos… —Pidió una voz, que apenas estaba comenzando a volverse familiar para ella.

La china parpadeó, despegando los parpados finalmente. Lo primero que vio fue un rostro conocido, bien cerca del suyo.

—¡¿I-iván?! ¡E-estas muy cerca-aru! —Saltó ella, intentando liberarse.

Iván asintió ligeramente, agachándose y depositándola en el suelo, como si se tratara de algún objeto con etiqueta de "frágil".

—¿Tú me jalaste? ¡¿Por qué has hecho eso?! ¡Casi me da un ataque-aru!

—Lo siento —Se disculpó el ruso— Pero es que si hubieras avanzado aunque fuera un paso más, habrías caído sola.

—¿Qué dices? —Farfulló ella, mirándolo confundida, levantándose del suelo— ¿Por qué me iba a…? ¡Ah!

Volteó hacía arriba, y se puso lívida. La distancia entre el cuadro y el suelo era de por lo menos tres metros.

—¡Aiyaa! ¡Está muy alto…! ¿Cómo lograste jalarme?

—¿Ah?

—¡Ni si quiera tu llegas tan alto-aru!

—Bueno… primero me caí, por qué el último escalón es falso, ¿sabías? Me quedé colgando hasta que te acercaste… y luego te jalé —Sonrió Iván como si nada.

—¡¿Qué?! ¿Te quedaste colgando…? ¿Y luego caíste…?

—Sí… aunque la caída duele un poco… —Suspiró Iván, pero volviendo sonreír inmediatamente.

Nee dio un respingo, y regresó la mirada a él, pensando en algo.

—Es mucha altura-aru… ¿Te has hecho daño?

—No, no… para nada —Sonrió él, de manera aparentemente inocente.

—¿Cómo? Eso no es posible-aru —Replicó Nee a modo de reproche, acercándosele un poco— Algo tuvo que haberte pasado…

Lo miró de arriba abajo, con cierta desconfianza, hasta que se fijó en que el ruso no se quedaba mucho tiempo en la misma posición.

—Lo sabía-aru…

—¿Eh? Pero si estoy bien…

—¡De ningún modo-aru! Te lastimaste las piernas, ¿cierto? —Repuso ella, frunciendo el entrecejo con algo de preocupación.

—Oh, Nee… no tienes que preocuparte tanto por mí —Iván parpadeó— Puedo con mucho más que esto.

—¿Caíste de pie…? —Insistió ella, con la misma tenacidad y paciencia, que solo tenía alguien que convivía con cuatro hermanos menores al mismo tiempo.

—Da. Pero… tuve mucho cuidado al aterrizar. Me preocupaba aplastar la flor…

¿Aterrizar…? ¿La flor…? —La expresión de Nee denotaba confusión.

—Ésta flor… —Explicó Iván, dándose la vuelta, agachándose y recogiendo algo del suelo: Una rosa color violeta, brillante— Hubiera sido una lástima… estaba en el suelo, y pensé que a lo mejor la aplastaría.

Nee fijó la mirada en la flor, asombrada.

—Que bella-aru… pero espera… ¿es color morado? Tiene que ser artificial entonces-aru…

—No sé… no me parece… está muy viva.

—Sí, se ve muy natural. Y es muy bonita-aru… pero, estaba en el suelo… ¿Qué hacía una flor tan linda tirada en el suelo de una galería?

—No lo sé —Repitió Iván, haciendo girar suavemente la rosa entre sus dedos— Me gustaría saberlo. Es cruel abandonarla nada más a su suerte, ¿no te parece?

—Aun así… —Empezó Nee, pero sus ojos captaron el brillo de algo más en el piso, y se calló rápidamente.

Iván lo notó, y siguió su mirada, hasta donde se había detenido.

—Jeje, parece que no dejaron sola a mi rosa después de todo.

En el suelo, detrás de la pata de una pequeña mesa, estaba otra rosa, más pequeña que la que sostenía Iván, y de otro color: rosa.

—Tómala, Nee…

—…Sí… —La chica se aproximó a la flor, en silencio. Se agachó, insegura, y la tomó entre sus manos.

—Qué curioso —Dijo Iván simplemente, pero Nee no fue capaz de captar si había algo más en sus palabras.

—Bastante-aru —Respondió la china, enderezándose— ¿Qué debería hacer con ella…?

—Pues guardarla —Respondió Iván, denotando sorpresa— ¿Acaso ibas a abandonarla?

—N-no pensaba hacerlo-aru —Masculló ella, guardando con cuidado en su bolsillo la pequeña rosa.

Se preguntaba qué clase de traumas tendría una persona que frecuentemente mencionaba el abandono. Algo no cuadraba en el ruso, siempre sonriente… pero no le quedaba más que confiar en él. En ese momento, era su único apoyo. De cualquier manera, no parecía tan malo…

OoOoOooO

Vale, esto es casi igual de corto que el anterior, lo acepto, pero… tenía gripe cuando lo escribí, hum (¿? (- tsundere, please)